Cosas que hacer en verano: trabajar la autoestima sexual

Tetas. Es lo que no paro de ver en redes sociales. Cientos y cientos de fotos de tetas. Si ya el pecho era un tema recurrente a lo largo del año, en verano es como si fuera la época oficial de lucirlas con bikinis y bañadores.

Y por mucho que me parezca perfecto que cada cual se fotografíe su cuerpo como le dé la gana, no puedo evitar hacer comparaciones.

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Porque por mucho que me guste un buen escote, eso está lejos de mi alcance natural. Me doy cuenta de que esos trajes de baño o vestidos veraniegos quedarían mejor con una talla más o dos.

Ahora que la ropa es más ligera y me paso el día en crop top, a la hora de estar con mi pareja, el pensamiento de si mi pecho es suficiente, se cuela -como un zumbido de mosquito tigre-, de vez en cuando en mi cabeza.

Tengo claro que la solución, en mi caso, no está en el quirófano. Asumo mi falta de autoestima y el impacto que puede tener en mi vida sexual, y me toca ponerme a trabajar en ello.

Mientras que todos somos más o menos conscientes de la importancia que tiene la consideración con nosotros mismos, reconocer lo que somos y tenemos y apreciarlo, no nos damos tanta cuenta de hasta qué punto afecta a nuestra vida sexual.

He llegado a evitar algunas posturas, prefiriendo hacer otras en su lugar, solo para que la perspectiva jugara a mi favor y mi pecho tuviera el aspecto que, en mi cabeza, debe tener durante el sexo.

No he llegado sola a ese punto, me doy cuenta que la presión social por la construcción de lo que es ser sexy (o incluso el porno) ha jugado un papel fundamental a la hora de que busque los únicos ángulos con los que estoy cómoda en la intimidad.

Puede que a mí solo me afecte a esa zona del cuerpo, pero lo mismo podría haberme dado por las piernas, el culo o incluso mis genitales en vez de por el pecho.

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Averiguar si te pasa a ti es tan fácil como reconocer(te) si te has sentido identificado con mi relato o si sientes rechazo por probar cosas nuevas, sientes preocupación por cómo eres en la cama, incluso si tienes sexo por razones equivocadas (como sentir aceptación en vez de hacerlo por disfrute) o si tomas decisiones -como no usar condón-, por razones ajenas a ti.

Así que ahora que es verano, que hace calor y no queda otra que vernos el cuerpo a menudo, es el mejor momento para aprender a gustarnos. Y va desde mirarnos hasta dedicarnos pensamientos positivos, pasando por buscar nuestras partes favoritas para hacerlas resaltar y descubrir que ese todo no solo nos gusta, sino que nos encanta.

Ahí podemos incluir también las formas de darnos placer. De llegar a la conclusión de que sea cual sea nuestro aspecto, podemos disfrutar con todo nuestro cuerpo.

Y, por supuesto, una vez en la cama, dejar fuera tantos miedos e inseguridades. Ya que tenemos vacaciones, escapadas y, sobre todo, tiempo, relajarnos y aprender sabiendo que el único objetivo es el de pasarlo bien.

No hay que ser bueno o buena en la cama para otra persona, hay que serlo para uno mismo.

Duquesa Doslabios.

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¿Y si aceptamos que en las relaciones de pareja siempre habrá mentiras?

Esta semana llegué a una conclusión: no existen las relaciones de pareja sin mentiras. Antes de que te lleves las manos a la cabeza o te compadezcas por mi vida sentimental, quiero aclarar a qué mentiras me refiero.

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Conoces a alguien, te gusta, salís, el sexo es bueno, salen sentimientos y de repente, en tu perfil de Instagram o Facebook, las fotos que más te emociona ver de nuevo son aquellas en las que estáis juntos.

Una vez llegados a ese punto, alguna mentirijilla ha hecho ya acto de presencia. Y, conforme pasan los años, es habitual que terminen por salir a la luz unas cuantas más.

A estas alturas, y tras comerme varias de todos los tipos y colores, he entendido que las mentiras se dividen en categorías.

Y solo hay dos: las mentiras que se dicen para proteger al otro y las que se dicen para protegerse a uno mismo.

Es en el primer grupo donde puedo incluir ese “qué guapa estás” cuando pasas por tu peor día de regla, has dormido dos horas y las hormonas hacen fiesta en tu cara en forma de acné.

Ahí va también cuando te dice que no ha oído ese pedo, aunque incluso tu vecino de al lado haya sentido la vibración en la pared.

En definitiva, aquellas que se justifican en nombre de los modales, el tacto, la consideración hacia la otra persona o incluso empatía, porque sabes que no es la verdad lo que necesita escuchar en ese momento.

Forman parte de la segunda categoría las mentiras por razones, ni más ni menos, egoístas.

Creo que cuando el objetivo es el de proteger los sentimientos de la otra persona y sea sobre asuntos sin gravedad, siento que no solo se puede vivir con ellas, sino que incluso son necesarias para la convivencia (esto se puede aplicar también a todo tipo de relaciones: familiares, amistades, compañeros del trabajo…).

Pero el otro tipo de mentiras no deberían ser tan frecuentes. Es más, todos aquellos engaños, manipulaciones de la verdad o casos en los que se oculta información relevante que solo buscan cubrirse las espaldas, evitar peleas, proteger imagen o se dan por una cuestión de ego, no deberían ni existir en una relación.

Por que son esas las que, una vez descubiertas, hacen tambalear la pareja al haberse dañado el pilar de la confianza. ¿Las consecuencias? Desastrosas. Distancia emocional, se pierde la intimidad, la conexión y hasta las ganas.

Así que empecemos a asumir que habrá mentiras en nuestra vida por parte de la persona a la que queremos (y hacia ella por parte nuestra), pero seamos muy conscientes de qué es lo que las motiva.

Al final, mentir es una decisión y, como otras, debe ser tomada por las razones correctas.

Duquesa Doslabios.

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Este es el juguete sexual con el que se mantiene la distancia de seguridad

Puede que salgamos a la calle, que procuremos hacer vida normal (dentro de las nuevas medidas) o que volvamos a quedar con los amigos, pero el espacio entre nosotros parece ahora más importante que nunca.

Aunque siempre está el ciudadano de turno que pasa por tu lado como si no hubiera más que un centímetro cuadrado de acera, ya no nos sentimos tan cómodos como antes en las distancias cortas.

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Y es algo que también ha llegado al sexo, claro. Desde que el coronavirus empezó a expandirse, las teorías para evitar su contagio no han parado de salir.

Mientras que los expertos de algunos países pedían la abstención total, otros recomendaban confinarse con la pareja. Al poco de que las videollamadas se convirtieran en una de las nuevas formas de erotismo, con el desescalamiento también salieron posibles posturas con menor riesgo (como el perrito) o tener sexo con mascarilla.

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Pero, ¿qué significa eso entonces para la industria de los juguetes sexuales? ¿Solo es seguro utilizar el succionador -u otros artículos del estilo para la masturbación-, y a solas?

Aunque podríamos estar frente al boom de los juguetes que se controlan a distancia, lo cierto es que hay quien incluso ha creado un artículo perfecto para jugar sin arriesgarse al contagio.

El británico Lee Allen ha ideado un dildo de silicona de 1 metro de longitud que se coloca con arneses de velcro, perfecto para intimar respetando la distancia mínima a la que se supone que no hay contagio del virus.

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El único fallo que le veo es que todavía no está a la venta, pero con su crowfunding pretende popularizar el juguete.

Sobre todo entre “muchas parejas incapaces de hacer el amor según las medidas del gobierno o con la posibilidad de tener nuevos compañeros sexuales completamente descartada”, dice la web de recogida de fondos.

“Llega una nueva posibilidad, una nueva forma de tener sexo, la esperanza para esas parejas frustradas sexualmente. Permite conectar al mismo tiempo que mantener la distancia. Ya no tienes que estar cerca para intimar”.

Aunque todavía no ha creado el prototipo, veremos si la campaña del británico tiene éxito y, sobre todo, si significa un punto de partida para la industria sexual, que puede tomar nota de su idea y aplicarlo a sus productos.

Duquesa Doslabios.

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Conversaciones con un fetichista de la ropa transparente

Como buena pogonofílica (las barbas me producen pasión), soy muy consciente de lo que supone ser fetichista. Además, hay tantas cosas peculiares que pueden excitarnos, que es habitual que más de una forme parte de nuestro repertorio.

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Quizás la mía no sea especialmente conocida por el nombre. Otras como el exhibicionismo, el sadismo, el masoquismo o la podofilia son las más comunes de todas las que nos rodean.

Pero hace poco, a través de Instagram, un seguidor que prefiere mantenerse en el anonimato, me habló sobre el fetiche de la ropa transparente. En su cuenta (@feti_sheer), recopila este tipo de prendas.

Claro que, para mí, las piezas semitupidas, no son más que una elección de estilo. Solo hay que echarle un vistazo a cualquier tienda o incluso a una alfombra roja para ver que la ropa con transparencias está muy extendida.

Pero tal y como me explica mi seguidor, también es posible encontrarle el lado erótico a este tipo de tejidos.

Tal y como me cuenta, la excitación se produce al “ver personas con este tipo de prendas (aunque también se puede usar la tela aparte). No es solo es el hecho de que las prendas sean transparentes o traslúcidas, sino que también hay gusto, atracción y excitación por la textura que pueda tener la tela entre los dedos”.

“Abrazar, acariciar o apretar a quien viste la prenda y sentirla. Incluso, tenerla entre las manos produce una sensación muy excitante y placentera”, afirma.

Este sería un derivado de la elifilia, una obsesión sexual por los tejidos, y aunque dentro del abanico de estos podríamos incluir el cuero, la lana, la mesa o el satén, en el caso de la ropa transparente se reduce a otro tipo de materiales.

La organza y el chiffon son sus favoritas, ya que admite que el tul o la malla, -así como las texturas como red o encajes-, no le atraen lo mismo.

¿Por qué estas en concreto? “La organza tiene un encanto adicional cuando, además de tersa y lisa, también es brillante. Esa es la textura perfecta, ya que es sensual a la vista y agradable al tacto”, afirma.

Como reflexión final, me gustaría aclarar que en mi armario, ese tipo de prendas tienen para mí una única misión: vestirme en el día a día.

Sin embargo es importante entender que, independientemente de nuestros gustos, podemos aceptar y normalizar todo tipo de parafilias (siempre y cuando las practiquemos en la intimidad con un consentimiento de por medio sin que dañen ni perjudiquen a nadie, claro).

Duquesa Doslabios.

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5 formas tan sencillas de facilitar el sexo oral que ya deberías estar probando

Una de mis frases favoritas de Sexo en Nueva York es la que menciona Samantha cuando dice que, si el sexo oral fuera fácil, no se le llamaría “hacer un trabajito”.

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Porque claro, la teoría, aparentemente, es sencilla. Nadie tiene que estudiar cómo besar, lamer o chupar.

Pero, ¿cuántas veces, en plena faena, piensas en que te empieza a doler el cuello, te dan calambres en los brazos, se te está metiendo el pelo en la boca o cualquier otro tipo de pensamiento que te saca, mentalmente, del momento?

Aunque parece muy obvio, si no tenemos ni idea de si lo que hacemos gusta o no, podemos empezar por preguntar si vamos bien. Es preferible parar, poner un nuevo rumbo e ir en el sentido correcto, que estar haciendo las cosas de una forma que no termina de gustar.

A la hora de colocarse, una buena posición es fundamental. Y sí, lo ideal sería que ambos estuvieran cómodos, una razón por la que no siempre estar completamente tumbado es lo mejor.

El borde de la cama, una silla o la esquina del sofá son algunos lugares que nos permiten tener dos alturas, algo que el cuello de quien está poniendo en práctica sus habilidades orales, agradece infinitamente.

Al igual que el hecho de que te sujeten en pelo si tienes melenaza. Vale que existen los coleteros, pero para esas ocasiones en las que quedan en casa, que te lo recojan con la mano -haciendo una cola de caballo- te quita la preocupación de que se te metan mechones en el ojo (o en la boca, lo cual es muy incómodo).

En cuanto a nosotras, podemos poner de nuestra parte con el simple gesto de separar los labios vaginales. A fin de cuentas, nosotras tampoco tenemos que hacer más que facilitar la llegada al clítoris.

Si tiene dudas de por dónde llegar, mostrando directamente el camino no solo conseguimos que sepa dónde es el lugar, también le ahorramos que tenga que estar sujetándolos al mismo tiempo que masajeando con la lengua y jugando con los dedos.

Duquesa Doslabios.

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‘365 días’, ni tan erótica ni sucesora de ‘Cincuenta sombras de Grey’

Cada vez estoy más convencida de que el cine es una de las herramientas más potentes del patriarcado para romantizar la violencia de género.

No dejes de leer todavía, que voy a justificar mi respuesta.

@iammichelemorroneofficial

Desde hace unas semanas, la película 365 días no deja de salir en la lista de las más populares en Netflix. Una popularidad que viene, en parte, por quienes dicen que es la nueva versión de Cincuenta sombras de Grey.

Para que te ahorres el verla, te voy a resumir la trama en una línea: un mafioso millonario secuestra a una mujer con la que una vez soñó y le da un año para enamorarse de el.

Ya para empezar, solo pensar en que un desconocido que ha soñado conmigo me mantenga retenida a la fuerza durante un año (o el tiempo que sea en realidad) me parece escalofriante.

Pero ahí empieza la capa de purpurina: el actor que interpreta al protagonista no tiene nada que ver con los que suelen salir detenidos en las noticias. Es guapo, joven, está en forma y se compromete a no tocarla hasta que ella se enamore de él. ¿Todo un caballero? Todo un lavado de cerebro.

Mientras una sucesión de escenas que parecen salidas de Pretty Woman -por aquello de que él le compra todo tipo de cosas-, ponen el lazo al objetivo de sacarle el romanticismo a un delito, muchas de las espectadoras de la película afirman fantasear con secuestros.

Que una mujer vea este tipo de películas y sueñe con protagonizar algo así es como si una persona homosexual comienza a fantasear con agresiones homófobas porque hay una película que las expone como parte de una historia romántica.

Si eso parece una barbaridad, ¿por qué esto no?

Y eso solo en cuanto al hilo conductor. En la película no faltan estereotipos de industria pornográfica como violaciones, violencia física durante el sexo y por supuesto la premisa de que lo que más desea la víctima es practicarle una felación a su secuestrador.

No que le hagan un buen cunnilingus de esos en los que terminas sudada, con el pelo enmarañado y despatarrada, no. Viendo que así es cómo se representa el deseo femenino, da la sensación de que las personas autoras la ficción saben poco o nada de lo que realmente nos excita a las mujeres.

O quizás es que, una vez más, estamos ante el nuevo ejemplo de adoctrinamiento por parte de la cultura popular y sus productos de éxito. Violencia física, sexo sin consentimiento y una relación sexual en la que el pene es el centro.

¿Y lo peor? Que esta ficción tenga cabida en una plataforma del alcance de Netflix.

Una historia tan vieja, casposa, machista y cansina que de verdad hace que me pregunte por qué no parece haber interés en sacar tramas nuevas en las que se inviertan los papeles.

En explorar otros tipos de relaciones que no estén basadas en un hombre dominante y una mujer sumisa, que nos conviertan en sujetos activos y no en las habituales víctimas. Unas ficciones que nos empoderen, no que nos sigan doblegando.

Porque aunque solo sea una película, el cine nos moldea, nos enseña y nos sirve de referente. Así que yo pregunto, ¿son estas las relaciones que queremos? ¿No es una forma de perpetuar relaciones desiguales entre hombres y mujeres?

Duquesa Doslabios.

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¿Relaciones más flexibles? Reflexiones de parejas tras el confinamiento

Hasta hace poco, creía que la mayor prueba de fuego para una pareja era la de vivir juntos (descubrir las respectivas costumbres y que la relación siga, pese a ellas, es todo un reto).

Pero claro, hablo de la era precoronavirus.

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He cambiado de idea y he decidido que el desafío más grande ha sido el de aquellas parejas que han convivido juntas durante confinamiento.

Si ya de por sí el roce hace que en ciertas ocasiones surjan discusiones, lo de estar las 24 horas juntos, sin poder ver a nadie más, ha llevado la paciencia -y las broncas- a otro nivel.

No todo iba a ser malo, por supuesto, soy de las que piensa que, todas aquellas relaciones que hayan sobrevivido, han subido otro escalón.

Los meses aislados en casa han dado para mucho. Redescubrirnos a nosotros mismos, conocer de nuevo al otro y crear una rutina en pareja, cuando la vida social era poco viable, ha sido como crear una nueva relación dentro de la nuestra.

Si la cuarentena nos ha hecho reflexionar sobre la vida, el capitalismo o la política, mirar al otro y analizar de nuevo la relación, también han pasado por ahí.

Y la conclusión, en ciertos casos, no ha sido precisamente la de seguir como antes. Según un estudio realizado por la plataforma Ashley Madison, donde se han encuestado a más de 1.800 usuarios, 1 de cada 5 mujeres (19%) tiene previsto pedir una relación abierta a su pareja.

Como miembros de una sociedad monógama, que esta opción se ponga sobre la mesa, puede ser un shock siempre que una de las dos personas no se encuentre en ese punto.

Pero lo cierto es que salirse de la exclusividad parece ser el siguiente paso que algunos quieren que dé su pareja. También, según el estudio, tener citas y aventuras era la segunda actividad más deseada y esperada.

Nos tocará descubrir si será la vida sentimental para quienes acepten esta nueva forma de amor, capaz de alcanzar en popularidad a las relaciones exclusivas.

Al final, como en cualquier otro tipo de pareja, la sinceridad, la confianza y el cariño seguirán siendo las bases (con el añadido del número extra de miembros).

Duquesa Doslabios.

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‘Todos hemos sido o somos homófobos porque nos hemos criado en una sociedad que lo es’

Acaba de terminar el mes de junio, ese que, entre los otros once, se ha ganado el título del mes del Orgullo. Sin embargo, no podemos permitirnos que las reivindicaciones se queden solo en esos 30 días. Hay que pelearlo todo el año.

Y sí, la lucha es independiente de nuestra orientación sexual, ya que, al final, la máxima de querer libremente es algo que deberíamos defender a toda costa.

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No es fácil hacerlo, sobre todo cuando vivimos en un mundo en el que el peor insulto que puedes encontrar en un estadio de fútbol o en un grupo de WhatsApp es ‘maricón’ o decimos que ‘menuda pena lo de Pablo Alborán, con lo guapo que es’.

El Orgullo es una lucha externa, pero también interna, algo que descubro junto a Javier Martínez Madrid, coach sentimental para gais.

Es imposible no emocionarse cuando cuenta esa historia en su canal de YouTube de cómo decírselo a sus padres era la llave para vivir su sexualidad plenamente. Un momento bonito, que, a día de hoy, todavía recuerda con cariño.

Si nos colamos en cualquier tertulia de autobús, podría parecer que la igualdad de derechos está ya conseguida, pero lo cierto es que aún nos queda camino por delante.

La aceptación total del matrimonio igualitario, nuestra propia homofobia -fruto de lo que hemos interiorizado de la sociedad homófona en la que hemos crecido-, las agresiones… Una serie de asignaturas pendientes que, según Javier, el entrevistado de esta semana, tienen solución.

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Justo dos minutos después de hacerme esta foto en el metro de Chueca, al bajar las escaleras mecánicas, me he encontrado con un chico de 19 años, tirado en el suelo, con un ataque de ansiedad bajo estos mismos colores. . Su padre le ha visto una conversación de WhatsApp en la que le decía te quiero a otro chico. . Su reacción ha sido llamarle maricón y darle una patada. . Y él ha salido corriendo hasta llegar a Chueca, donde pudiera encontrar a otras personas como él. . Hemos sido varios los que hemos estado calmándole y hasta ha llegado a bromear en el último rato. . Ahora va hacia su casa, donde su madre sí le apoya, cargado con el cariño de mucha gente, un par de abrazos, mi número de móvil y un listado de asociaciones a las que acudir. . Ojalá que él, al igual que yo, pueda sonreír muy pronto ante estos mismos colores. . . #homofobia #lgtbifobia #itgetsbetter #gay #gaymadrid #instagay #gaycoaching #gaylifecoaching #coachinggay #gaybeard

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¿Cómo se puede concienciar a ese porcentaje de personas que no aceptan el matrimonio igualitario o están a favor de que se le llame mediante otro nombre?
De acuerdo con el estudio de LELO con motivo de los 15 años de matrimonio igualitario en España, casi un 20% de los españoles está en contra de esta unión entre personas del mismo sexo. Lo mejor que podemos hacer desde el colectivo LGTBI+ es seguir visibilizándonos a nosotros mismos, a nuestras relaciones de pareja y a nuestras familias, sean como sean, del mismo modo que lo haría una persona heterosexual. Ocultarnos es entrar en el juego de quienes siguen rechazando nuestra igualdad y de quienes nos quieren dentro de un armario. Les guste o no, tenemos el derecho y la libertad de poder casarnos con quien queramos y las familias que formamos son igual de válidas que las de cualquiera. Nos deben de encontrar de frente y sin miedo.

A nivel personal, ¿cómo podemos trabajar la homofobia?
En primer lugar, debemos asumir que, en mayor o menor grado, todos hemos sido o somos homófobos, básicamente porque nos hemos criado en una sociedad que lo es y hemos interiorizado muchas creencias en este sentido. Hemos avanzado muchísimo, por supuesto que sí, pero la LGTBIfobia sigue estando en nuestro entorno y, en los últimos años, está legitimada por discursos de odio. Habiendo asumido esto, tenemos que pillarnos en esos pensamientos que nos surgen, en aquellas frases que decimos o, incluso, en lo que sentimos ante personas del colectivo. Estar atentos a ello, nos va a permitir adquirir conciencia e ir cambiando poco a poco nuestra forma de pensar, de expresarnos y también lo que sentimos. Todo ello, desde la humildad, la curiosidad, el interés en aprender y el máximo respeto a otras realidades, con indiferencia de que las entendamos o no.

Casos como el de Pablo Alborán hablando sobre su orientación sexual, ¿son todavía necesarios?
Por supuesto que son necesarios. La encuesta de LELO revela que 38% de las personas LGTBI+ en España todavía no ha hablado de su orientación a familiares o amigos por miedo al rechazo o a lo que puedan pensar, así que este tipo de ejemplos pueden inspirar a mucha gente. Mientras haya una sola persona que sea discriminada, que se sienta inferior o que sufra simplemente por su orientación sexual o su identidad de género, seguirá siendo necesario que haya referentes visibles, tanto famosos como anónimos. Mostrarnos tal y como somos, sin tapujos y sin eufemismos, marca la diferencia para aquellos que siguen dentro del armario o que están descubriéndose, como es el caso de niños, niñas y adolescentes.

¿Te imaginas lo que puede suponer que Pablo Alborán salga del armario para un adolescente de, por ejemplo, un entorno rural, que está en el armario y que siente que va a ser rechazado toda su vida por lo que es? De pronto, ve que un hombre de éxito y que ha alcanzado sus metas profesionales da este paso y recibe aceptación y cariño. Se puede convertir para él en todo un ejemplo a seguir, en un símbolo de esperanza.

¿Llegaremos algún día a ese punto en el que no exista como tal ‘salir del armario’ porque no ya no damos por hecho que lo convencional es la cisheterosexualidad?
Ojalá que sí. Ese sería el estado ideal, que no existiese la presunción de cisheterosexualidad. Pero para eso aún falta mucha educación y mucha apertura de mente. De todo ello se habla en el vídeo en el que he tenido el placer de participar y que ha lanzado LELO para conmemorar los 15 años del matrimonio igualitario en España (sobre estas líneas). Al final, hoy en día, y por muy tolerantes que seamos, se tiende a dar por hecho que un niño tendrá novia y una niña, novio, y así se les hace saber con diferentes comentarios al respecto que, aunque no son malintencionados, están marcando lo que “debería ser”. Lo mismo ocurre con la identidad de género, que se sigue asociando por completo a los genitales.

¿En qué medida afecta vivir en una sociedad que discrimina por la orientación sexual? ¿Qué problemas puede generar? 
Afecta muchísimo y en diferentes áreas de la persona. Sufrir LGTBIfobia deja secuelas como, por ejemplo, baja autoestima, ansiedad, deformación en la forma de pensar, vulnerabilidad a las drogas o LGTBIfobia interiorizada, entre muchas otras. En definitiva, secuelas que pueden afectar en gran medida al día a día de cualquier persona y a situaciones tan cotidianas como mantener una relación de pareja satisfactoria, gestionar momentos de estrés laboral o afrontar cualquier proyecto con seguridad. Es como llevar una carga adicional que hace que todo cueste más trabajo.

¿Cómo podemos aportar nuestro granito de arena? ¿Por dónde empezar?
¿Qué se puede hacer? Pues, primero, las personas LGTBI+ que lo necesiten deberían acudir a un profesional que les pueda ayudar a afrontar y superar todas estas secuelas, todo ello sin dar un paso atrás ante la LGTBIfobia. Es decir, mostrándose visibles y plantando cara a todo ese odio. En cuanto a las personas cishetero, es esencial que se conviertan en aliadas de la causa, ya no solo aceptando y fomentando la diversidad, sino también haciendo frente a la LGTBIfobia. Conseguir una sociedad libre de odio y discriminación por sexo, orientación sexual, identidad de género, raza, edad, físico, etc., es beneficioso para todos.

Las agresiones homófobas son la parte más conocida del problema, pero ¿cuáles son los microhomofobismos más típicos?
De acuerdo con los datos del estudio de LELO, dos de cada diez españoles han sido testigos de alguna agresión homófoba a lo largo de su vida. Pero también hay microhomofobismos, que pueden ser más difíciles de detectar. A raíz de la salida del armario de Pablo Alborán hemos sido testigos de algunos de ellos, tanto en redes sociales, como en medios de comunicación. Expresiones como “¡qué pena, con lo guapo que es!”, “¡qué lástima, si era el yerno ideal!” o “¡menudo desperdicio!” están a la orden del día. Que alguien sea gay no es motivo de pena, ni de lástima. Tampoco deja de ser guapo ni el yerno ideal (si no, que le pregunten a mi madre) y, ni muchísimo menos, se convierte en un desperdicio. A menudo tenemos expresiones tan interiorizadas que no nos damos cuenta del significado real de las palabras. Atención a la palabra “desperdicio”. Que alguien sea gay es un desperdicio. Es decir, algo que ya no tiene valor, que se tira a la basura, restos de algo que ya no sirve, que se ha echado a perder. Debemos ser cuidadosos con las palabras que usamos, aunque a priori la intención no sea la de hacer daño.

Duquesa Doslabios.

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¿Por qué cuando más nos preocupa la eyaculación precoz es en verano?

Oficialmente estamos en la temporada del sol, la playa (piscina para los que somos más de ciudad), el plan de barbacoa con los amigos y ¡las consultas de eyaculación precoz!

Sí, la que es la disfunción sexual más común entre los hombres parece ganar especial protagonismo en este momento del año, que es cuando aumentan las consultas al respecto.

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Y es que según los datos del NHS, el sistema de salud de Reino Unido, además de ser la disfunción más típica, el 80% de los casos no se tratan por vergüenza.

Pero no nos hace falta irnos muy lejos para saber cómo va la salud sexual masculina, ni pensar -leyendo esos resultados-, que aquí nos libramos.

El doctor Jesús E. Rodríguez, director del Instituto Sexológico Murciano y jefe de investigación de Myhixel (el método natural para controlar la eyaculación), se encarga de afirmarnos lo contrario.

En España sucede lo mismo, hasta el punto de que, según el especialista, uno de cada cuatro españoles la padece o padecerá a lo largo de su vida.

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Y, si se da en las primeras experiencias, “nos acompañará toda la vida si no se le pone remedio”, afirma el doctor.

Sorprendentemente, como decía más arriba, es en verano cuando las consultas se multiplican. Las causas son varias, aunque en ningún caso significa que por el calor haya una predisposición a que se desarrolle la disfunción.

Por un lado, se debe a que muchos hombres llevan meses padeciendo los síntomas y postergando el momento de tratarse. Es ahora cuando, en palabras del doctor “la gente tiende a afrontar tareas a las que antes no se le ha podido dedicar tiempo”.

Entre el trabajo, la rutina, los compromisos familiares y con amigos, era difícil sacar un momento para el cuidado personal, lo que sucede en menor medida en verano, la estación en la que estamos más relajados y con la agenda libre.

Aunque también se debe al “aumento de las relaciones sexuales, tanto en personas sin pareja estable como con pareja estable”, admite el especialista.

Y, no podemos olvidar que, en el caso de este año, también el confinamiento ha afectado a la salud sexual masculina haciendo que haya un repunte en los problemas de erección. Lo importante es recordar que, sea por el motivo que sea, es algo que tiene solución.

Duquesa Doslabios.

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Ni higiénicas ni saludables, la cara B de las duchas vaginales

La primera vez que vi la película La fiesta de las salchichas, tuve que buscar qué clase de objeto era el villano: una ducha vaginal animada.

Y sí, como periodista curiosa, me pudieron las ganas de seguir indagando en lo que era aquella especie de jeringuilla pensada para llenar de líquido la entrepierna.

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Para mi sorpresa, internet me regaló con la búsqueda imágenes de todo tipo de edemas y productos para ‘limpiar’ bien a fondo la zona.

Yo que pensaba, inocente de mí, que la vagina era lo bastante autosuficiente como para limpiarse sola… Resultaba que el capitalismo había encontrado otra cosa más en las que las mujeres debíamos gastar dinero.

Aquel instrumento -a medio camino entre parte de un set de un juego educativo de química y un instrumento de tortura de la Inquisición-, servía para introducir soluciones líquidas en la vagina mediante una especie de pera, con la promesa de dejar las paredes impecables y con buen olor.

Pero además, hay mucha leyenda negra alrededor de este producto. No sirve para prevenir las ETS por mucho que se hagan antes o después de tener sexo. Es más, es la mejor forma de cargarte el pH de la flora vaginal, lo que significa que queda todavía más expuesta.

Tampoco es anticonceptiva, no va a servir para evitar que los espermatozoides sigan su camino por tus entrañas.

Es más, si se usa con regularidad, puede llegar a producir a largo plazo dificultad para quedarse embarazada o incluso embarazos de riesgo.

Y eso sin hablar de las infecciones o irritación vaginal que suelen ser un clásico efecto secundario de este tipo de artículos.

Entonces, ¿qué hacemos con la vagina? ¿Cómo la limpiamos? Pues en la ducha y como limpias otra parte del cuerpo, con agua y jabón en la vulva, dejando que la zona interior siga con su autolavado.

Nos sale arriesgado lo de obsesionarnos con productos con olor para camuflar nuestro perfume propio, cuando es algo natural y, no una señal de falta de higiene.

Duquesa Doslabios.

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