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De verdad que no es para tanto no llegar al orgasmo

Mi primera reflexión de este lunes no ha sido otra que preguntarme si de verdad hace falta llegar al orgasmo cada vez que tenemos sexo. Claro que es la cúspide del placer, pero creo que se están generando altas expectativas alrededor de ese momento.

Y sentir presión en la cama es, literalmente, lo peor que puede pasar, ya que dificulta todo lo demás.

DEREK ROSE

Soy consciente de que escribir este tema es un poco arriesgado si me paro a considerar la brecha orgásmica -a día de hoy todavía tan amplia- entre hombres y mujeres.

“Es que para mí lo normal ya es tener sexo sin correrme”, podría decirme más de una, especialmente si ha sido un encuentro casual (algo que expliqué hace casi un mes).

Pero quiero hablar de los casos en los que sí suele haber reciprocidad y ambas personas se preocupan porque haya igualdad de placer.

Puede resultar un poco agobiante -y esto lo digo por experiencia propia- que esté demasiado pendiente de tus sensaciones.

“¿Cómo vas? ¿Todo bien? ¿Te falta mucho?” son algunas expresiones que casi quieres contestar de mala gana. Como si fueras un huevo en agua hirviendo y él estuviera contando los minutos para sacarlo cuando se haya cocido.

“Voy pasándomelo estupendamente. Sí, todo bien. Sí, me falta mucho y después de este diálogo, te puedo asegurar que mucho más que antes de que dijeras nada” podría ser una respuesta perfectamente válida.

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No necesitamos la presión de que nos controlen con un reloj, porque al final es algo que fastidia y apaga la excitación.

Quizás un día se tarde más o que incluso no se llegue por mil razones: una jornada dura en el trabajo, cansancio físico o mental, los vecinos discutiendo a voces, saber que el resto de compañeros de piso están durmiendo o, simplemente, que por el día del mes, no estés con la vagina en su momento más esplendoroso y aquello te produzca más molestia que placer (este último sí que solo se aplica a nosotras).

Pero que pase alguna de esas cosas, no significa que no se puedan disfrutar de otros momentos del sexo, de besos, caricias, de juegos, masajes, masturbación, penetración…

En nuestra mano está empezar a normalizar que no pasa nada por parar porque ya es cansado, apetece ponerse a hacer otra cosa o incluso porque, como hace unos meses, hacía demasiado calor.

Igual más que tomarnos el sexo como corredores profesionales, con el único fin de atravesar la línea de meta, deberíamos planteárnoslo como senderistas: disfrutando del trayecto y dando la vuelta cuando nos apetezca.

Duquesa Doslabios.

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