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Lo que debes saber si quieres tener sexo en lugares públicos

Si perteneces al grupo de los que pensamos que la vida es demasiado corta como para tener una vida sexual aburrida, seguramente estarás familiarizado con el concepto de tener sexo en lugares públicos o agorafilia, y, si no, te va a acabar picando la curiosidad, que por algo has hecho click en el titular.

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¿De dónde nos viene ese deseo de tener sexo “al fresco”? Apetece por varios motivos: porque hablamos de lugares “prohibidos”, porque tiene un riesgo añadido de que nos descubran, o, generalmente la más común, porque el calentón no se aguanta y la cama está muy lejos o que, directamente, no hay disponibilidad de casa. O simplemente porque te apetece, vaya.

De hecho, recuerdo una vez hablando con un caballero que me dijo que lo mejor que podría haber hecho la Iglesia era convertir el sexo en tabú, ya que gracias a eso, era algo tan divertido.

Pero por muy divertido que nos parezca, ¿tenemos que tener cuidado? El Código Penal solo prohíbe la exhibición y provocación sexual y solo tiene sanción si dicha actuación ocurre ante menores o incapaces (además tiene que ser una exhibición obscena de realmente mostrarle a alguien los genitales).

Por tanto, se entiende que si se da una relación sexual de una pareja en un lugar público, la intención no es exhibirse por lo que no es sancionable.

Si bien podemos pasar un poco del Código Penal, debemos atenernos al código cívico, ya que la única regla que deberíamos seguir es que aunque te la estés jugando, procurar de verdad no jugártela. Está muy bien el aquí te pillo, aquí te cepillo, pero intenta evitar traumas innecesarios al resto de ciudadanos inocentes que no tienen el más mínimo interés en ver lo mucho que quieres apretarte a alguien.

Respecto a los lugares preferidos, y según el último estudio de Dr. Ed, plataforma que pone en contacto con doctores vía online, realizado entre 500 americanos y 500 europeos reveló que el lugar más común son los bosques o parques. Qué le vamos a hacer, cuando se dice que la cabra tira para el monte es por algo.

Del monte va seguido el coche, la playa, los baños públicos y el cine, que encabezan los puestos más altos de la lista. Menos habituales son la universidad o biblioteca, en un vestuario, en la piscina, en el balcón, en el trabajo, en el garaje o en el ascensor.

Además, de la cosecha Doslabios, me gustaría añadir azoteas, festivales, probadores, en una celebración familiar o en una discoteca.

Mi propuesta es la siguiente, ¿qué tal si, aprovechando que aún no ha terminado el primer mes del año, incluyes en tu lista de propósitos aderezar tu vida sexual con algún sitio de los comentados?

Duquesa Doslabios.

Entren, follen y salgan sin dar demasiado la nota

Querid@s,

Follar, corrernos y correr el riesgo (todo a la vez) de ser descubiertos nos pone. Mucho. ¿O no? A mí sí me pone. Pocas veces descarto disfrutar al máximo de las dosis de ilegalidad que estos asuntos amatorios nos brindan. Y sin duda los baños de los bares, los restaurantes, las discotecas o los centros comerciales (odio las grandes superficies comerciales, así que no me busquen por estos últimos tocadores porque no me encontraran) se han convertido en una elección frecuente para las parejas cachondas que no pueden esperar a llegar a casa para entregarse a la lujuria.

No se hagan los locos y no me nieguen que cachondos, nunca se han sentido irremediablemente atraídos por ellos y no precisamente para utilizar sus instalaciones. Para pasarlo teta piruleta, atiendan:

Uno rapidito que el tiempo es oro: No pierdan el tiempo susurrándose lindeces, recitándose poemas de amor, regalándose románticas carantoñas. No es el momento ni es el lugar. Salvo que esté en un cinco estrellas, los baños públicos son uno de los lugares más infames en los que echar una canita (dos como mucho) al aire. Yo iría al grano, como los animales que todos llevamos dentro.

Queda claro que al estar en un lugar público la idea de despelotarse enterit@s es descabellada. La última vez que lo hice me quité la camiseta y él me arranco el sujetador. Al llevar falda sin medias debajo, no tuve necesidad de quitarme nada más. En nuestro caso basta con correr las bragas a un lado. En el caso de ellos, una ligera bajada de pantalones.
Posturitas para no acabar descalabrad@s: En un lugar cerrado donde el espacio es limitado, el abanico de posibilidades también lo es.  No queda otra que inclinarse hacia adelante, abrir las piernas y hacerlo por detrás (evite hipnotizar con su mirada a la taza del váter). Si ella no es partidaria de esta postura tan canina, siéntese usted sobre el inodoro y que ella (o él) se coloque a horcajadas sobre usted. Otra alternativa es que el más fuerte de los dos se apoye contra la pared y la pareja se suba envolviéndole con las piernas.
¿Damas o Caballeros?
Cuando pienso en sexo en los excusados, siempre me pregunto ¿En el baño de damas o en el de caballeros? Y siempre dudo. Lo que leo dice que ante la luda, es más recomendable optar por el de los hombres, por aquello de que en principio los chicos usan el baño más rápido y con menos frecuencia que nosotras. Será menos probable que te pillan con las manos en la masa. Personalmente discrepo. A estos juegos amistosos prefiero jugar en territorio conocido. Además los baños de señoras suelen estar más limpios que el de ellos.
Sean discretos
Si uno de los dos grita demasiado, habrá que taparle la boca. Acallar a la fiera que uno lleva dentro excita aún más, así que contrólense un poco. La tertulia obscena, los gemidos y los gritos pueden ser unos perfectos chivatos. Sustitúyanlo por los susurros. Como canta Depeche Mode, enjoy the silence.

Al terminar la faena que cada cual recomponga su compostura. Abróchense la blusa, no olviden subirse la bragueta y salgan con discreción. Pueden hacerlo de la mano o uno detrás de otro, como ustedes prefieran. A pesar de las potenciales complicaciones, los tocadores son el único lugar público que son un clásico fiable. Entren cuando no haya fila, cierren el pestillo y vuélvanse locos de atar.

P.D. ¿Están conmigo en que estos arrebatos, los helados de sabores raros, las noches de verano o una ducha caliente en invierno son de esas cosas que hacen que la vida valga la pena¿ Bueno, y que además lo suyo es puro vicio.

 Que follen mucho y mejor.