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El blog de Lilih Blue El blog de Lilih Blue

Historias de amor, sexo y otros delirios

¿Has sufrido Tindstagramming?

Todos hemos usado Internet para ligar, todos. Y quien esté libre de pecado que niegue haber dado nunca un like con segundas intenciones.

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Hace diez años, el ligoteo se daba a través del Messenger, con esas conversaciones tan llenas de emoticonos que hacían las palabras innecesarias, con los zumbidos urgentes que seguían los apremiantes “cnt” o “ctxt” y con abreviaturas que harían las delicias de cualquier desencriptador.

Después pasamos a las redes sociales, a Tuenti, Facebook, Instagram y esos “Me gusta” que en realidad significan “Me da absolutamente igual lo que publiques porque quien me gusta eres tú“.

Es algo tan natural y a lo que estamos tan acostumbrados que ya nadie se sorprende cuando te dicen que dos personas se han conocido en la red, especialmente desde el desarrollo de aplicaciones como Loovoo, Tinder, Happn, Meetic… o un sinfín más de juegos de palabras en inglés convertidas en los nuevos puntos de encuentro en la era 2.0.

Algunas, como es el caso de Tinder, te permiten enlazar tu cuenta de Instagram con el perfil del programa, lo que significa que se da acceso a las imágenes de la red social y permite a los que ven tu perfil conocerte más allá de la información que se escriba en la aplicación.

Sin embargo, hay ciertos usuarios que, no contentos con el unmatched (cuando el otro usuario decide que no está interesado y elimina a esa persona de la lista de usuarios que pueden verla o mantener conversación con él o ella) deciden salir de la aplicación e iniciar conversaciones en Instagram, llegando incluso al punto de, en algunos casos, insultar a la persona por no haberle dado la oportunidad de conocerse.

Esto, además de demostrar la incapacidad de más de uno (o de una) de no aceptar un “no” por respuesta, es una falta de respeto hacia la voluntad de la otra persona y algo que demuestra que no se tiene mucho amor propio a la hora de forzar una conversación, que por uno de los lados no es deseada, de esa manera.

No olvidemos que una cosa puede ser insistir y otra muy diferente acosar. Y me temo que los hay que tienen los conceptos mezclados.

 

1 comentario

  1. Dice ser Carla

    No tengo redes sociales, nunca me han gustado y a pesar de ello, no sé si me salvaguarda por completo de poder ser víctima de cualquier tipo de acoso. Desde luego que me siento más tranquila así con la exposición mínima a la que voluntariamente me someto y poco más. Tengo dirección de correo y un grupo de contactos de whatsapp tan reducido, que formamos una pequeña familia.
    Hace tiempo que vaticino (sin mucho mérito por mi parte pues la situación está cantada de antemano) una generación de futuros acosos/acosados y otra serie de males prevenibles si se tomaran las medidas adecuadas, por culpa del exceso de información que muchas personas manejan de otras y del mal uso que pueden hacer de ella. Hemos pasado de cuidar la privacidad como el bien más preciado, para mí lo sigue siendo, a colgarla en un escaparate a la vista de tanto cuerdos como locos, con las consecuencias que esta actitud irresponsable puede traernos. Tecleas el nombre de una persona en la barra del buscador y acabas sabiendo de él/ella, su familia, sus logros, sus errores, hasta sus multas. Una calamidad y un riesgo en potencia. Tan acostumbrados que estamos a comunicarnos por las redes, se nos va a olvidar hablar, hablar de verdad, frente a unos ojos, sin trampa, sin comodines en forma de caritas que hablen, expresen emociones por nosotros.

    Susana, tomo nota yo le comento lo que me pidas, pero te advierto que diga lo que le diga, hará lo que le dé la santa gana, que es lo que mejor sabe hacer y uno de sus mayores atractivos. Saludos afectuosos para todas!

    17 octubre 2017 | 18:55

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