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Guía de regalos eróticos para esta Navidad

Querid@s,

En esta vida, y en especial en estas Navidades que se aproximan inminentemente, de sin esperar nada a cambio y reciba sin tener que pedirlo, sobre todo si se trata de placer sexual. Cuando hablamos de sexo, el mayor placer reside en ver que nuestra pareja lo está pasando pipa. Regalar jolgorio y buenas “vibraciones” es posible estas fechas tan entrañables. Por eso las grandes marcas de juguetería erótica nos traen las mejores propuestas de juguetes para adultos con los que sorprender a amantes, amores  y amigos.

Llene estas navidades de regalos sexis y traviesos pensados para el placer en solitario o disfrutado con la pareja. Con la Navidad a la vuelta de la esquina, nos asaltan las dudas sobre cuál será el regalo perfecto para nuestra pareja, para esa amiga con la que no hay manera de acertar o para aquel amigo duro de roer al que sorprender de verdad. El blog de Lilih Blue ha armado una guía rápida para los más despistados, y que no les pille el toro. Si aún no ha hecho sus compras navideñas, eche un vistazo.

Porque en fiestas hay que vestir de etiqueta, regale TUX

TUX es el primer esmoquin para el pene de la Historia. El regalo perfecto para sorprender a hombres elegantes que pensaban que ya lo tenían todo, esta sofisticada pieza de ropa interior masculina es un esmoquin de pene, confeccionado en satén y adornado con una elegante pajarita. Su diseño en talla única es perfecto para todos los hombres; alta costura para el evento más seductoramente formal. 

Porque hay que celebrar el advenimiento de la sana lujuria, regale La Confesión.

La caja de regalo sexy La confesión está pensada para que los tos tortolitos den rienda suelta a sus fantasías más traviesas sin renunciar al máximo de confort. Por eso, este set contiene TIANI™ 3, un excelente vibrador para parejas que lleva la mujer al hacer el amor; las esposas de seda 100% con cadena SUTRA, y un hidratante personal.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Porque hay que celebrar el fin de los tabúes, regale HUGO.

¿Un regalo para hombres que saben donde está su Punto P y les encantan los orgasmos manos-libres? HUGO es su solución. Se trata de un refinado vibrador anal y sofisticado masajeador de próstata con control remoto que representa una nueva forma de entender el placer masculino, tanto si es parte del juego de alcoba, como si se disfruta a solas. Con sus dos potentes motores, en la punta y en la base, HUGO está recubierto por una elegante y suave silicona sobre un diseño pensado para alcanzar los más grandes e intensos orgasmos, sin necesidad de usar las manos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

O COBRA LIBRE II – Diseño futurista, también para ellos

Para principiantes y experimentados, el COBRA LIBRE II es el juguete ideal para llenar de diversión las navidades de los hombres, ya que ofrece más que un coche de ensueño. Ahora los hombres podrán cerrar los ojos y dejarse llevar con este sensual juguete. El interior está forrado con una suave silicona que permite al hombre introducir su pene sin necesidad de sentirse incómodo, estimulando el glande gracias a los dos motores encargados de la vibración. Gracias a su forma ergonómica, se adapta perfectamente a la mano, haciendo más fácil su uso. Su funcionamiento es muy intuitivo y permite comenzar a un ritmo suave hasta alcanzar increíbles revoluciones. Además, puede utilizarse bajo el agua para aquellos que buscan relax y placer en la bañera o en la ducha.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Porque una imagen vale más que mil palabras, regale una POLAROID

¿Les gusta sacarse fotos íntimas? Un regalo supremo es una de esas cámaras de fotos Polaroid. En estos tiempos que corren de cámaras digitales y smartphones, hackeo y posteo de imágenes no deseadas en internet, la Polaroid tiene una ventaja sobre todas las demás: su carácter análogo impide que las fotos queden en internet o en algún disco duro. O peor , en la nube. Además, la revelación del film tiene una duración finita. La foto en cuestión, con el tiempo, se borra. Si quieren.

Porque hay algunas que saben disfrutar de lo lindo, regale LADY BI& MISS BI

Como su propio nombre indica, Lady Bi es un vibrador muy femenino, para aquellas a las que el tamaño sí les importa. Con un elegante diseño, este vibrador con estimulación doble será capaz de satisfacer a las mujeres más exigentes gracias a sus dos motores y su gran potencia. Todo un placer para los sentidos, intuitivo y ergonómico, que garantiza alcanzar el clímax con la estimulación del punto A, el área situada cerca del cérvix.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Porque es un gusto despertarse de buen humor, regale LITTLE ROOSTER

Little Rooster

La traducción literal de este accesorio es pequeño gallo. ¿Qué es? Un vibrador-alarma. El aparato se programa durante la noche a una hora específica, se coloca en la entrepierna y le regala un despertar paulatino y sumamente placentero. Es casi como tener una erección mañanera. Dispone de varias velocidades, es silencioso y se recarga vía USB.

Porque además del cuerpo, también hay que cultivar la mente, regale el Kamasutra Navideño

¿Conoce los términos “los renos se vuelven salvajes” o “el expreso polar”? Si no tiene ni idea de lo que le estoy hablando, en The Naughty and Nice Christmas Kama Sutra le instruyen.

Kamasutra
Qué mejores regalos para clausurar el año y recordar que lo importante en estos días tan solidarios es saber dar y recibir.

Feliz Navidad, casi lo olvidaba.

Y que follen mucho y mejor.

Fóllame hasta las lágrimas

Querid@s,

Lloras en esos orgasmos en los que sientes un maravilloso latigazo entre el coño y el culo y que te hace sentir de puta madre. Son orgasmos empapados de algo profundamente salvaje.

Todos compartimos la misma forma de alcanzar el clímax. Contracciones rítmicas vaginales, contracciones del esfínter anal y la eyaculación definitiva. A pesar de esto, cada persona vive el orgasmo de una forma diferente. A su manera. En el goce sexual hay un ingrediente subjetivo muy personal e intransferible para cada uno de nosotros. Como las huellas de los dedos. Jamás habrá dos orgasmos iguales. Y eso es precioso. Esos espasmos divinos en los que buscas como una loca sabanas a las que agarrarte mientras mueres pequeñamente.

Los orgasmos se viven como una gran explosión de placer y calor que te inunda el cuerpo y sientes que ardes. Algunas mujeres perdemos el sentido durante unos segundos, abandonamos la consciencia y extraviamos nuestro propio rumbo. Una desorientación involuntaria que sabe a gloria. Como cuando uno se va de viaje y se pierde a propósito. Sólo que cuando se tiene un orgasmo, uno se pierde por los rincones de su propia existencia.

Un orgasmo puede tener miles de matices subjetivos. En cada uno  se imprime un colorido distinto, un aroma diferente, una tonalidad propia. Acaso tornasol. O sabor a chocolate. A veces hasta dan ganas de llorar. ¿Por qué lloramos cuando follamos? Puede que usted no haya llorado nunca y piense que la que le habla es una loca. Pero es posible, muchas mujeres lloramos. Se puede llorar antes, durante y después del orgasmo. Especialmente inquietantes son esas lágrimas que asoman tímidamente o con una fuerza desgarradora en la cuenta atrás del orgasmo, si es de los antológicos. Hablo de ese instante en que una viene o se va en forma de una descarga incontrolable de tensión sexual desbordante de serototina, oxitocina, prolactina y endorfinas. Pura felicidad.

Porque hay muchas maneras de follar. No siempre, normalmente casi nunca, pero a veces, cuando se alinean los planetas y los astros pactan mágicamente, cuando se conecta de verdad con alguien y con el universo, cuando un@ se enamora del@ otr@ mientras folla, un@ siente que alberga entre sus piernas uno de esos polvos tan virtuosos que conmueven, tan intensos que son capaces de ablandar y suavizar los esguinces del alma, que son los que más duelen.

El sexo, intuyo, es un catalizador. También quitapenas y medicina redentora. Porque alivia la piel, sacia las ganas y consuela el alma cuando uno se siente desgraciado. El sexo (el buen sexo) es todo lo que no es feo, egoísta, malvado y ruin. Es todo lo que no duele ni lastima. Bendito lenitivo que mitiga el dolor y amengua tormentos.

Confieso que he llorado unas cuantas veces. Confieso que me gustaría llorar infinitamente más de lo que lloro y no dejar de hacerlo nunca, pero eso no es algo que se escoja. Ocurre o no ocurre, así de simple. Es un llanto involuntario, son lágrimas inmigrantes que no saben de donde vienen ni hacia dónde se dirigen. Quizás más allá de los confines de nuestras propias parcelas.

La primera vez que lloré fue mientras hacía el amor con mi primer novio. Mi padre se había muerto sin despedirse hacía ya unos meses. No eran buenos tiempos. Sin duda los peores hasta ahora. Estaba apenada todo el día porque se despidió a la francesa y me quedé con dos de sus frases que las tengo grabadas a fuego en las entrañas: Hija, se me va la vida (horas antes de palmarla) y Si no fueras mi hija me casaría contigo (esto me lo decía prácticamente cada día). Sorprendentemente también estaba cachondísima y ansiaba sexo a todas horas. Mi novio se había marchado a vivir al extranjero y esa era la primera vez que nos veíamos después de varios meses. Después de olerle tanto y tan profundamente que su esencia se me había metido en ese hueco que hay entre la nariz y el cerebro, hicimos el amor en la cama de sus padres. Por la tarde, con las luces encendidas y tumbada sobre él, sentía que se me acababa el aire. Mientras follábamos pensé que iba a morirme de tanto amor.

Empecé a notar como un conmovedor y larguísimo orgasmos me catapultaba, y me acariciaba las alas como si fuera una mariposa. Le sentí de verdad, le deseaba sobreexcitada, acelerada y con la respiración entrecortada. Sentí un brutal latigazo entre el coño y el culo y me di cuenta de cuánto le quería, de que estaba tan dentro de mí que podía atravesarme el alma. Y de repente fui consciente de que estaba encharcada de felicidad como nunca y me entraron unas enormes ganas de llorar. Lloré. Lloro al recordarlo. Lloraba porque me sentía viva de cojones. Ahora creo que también lloraba porque sabía que aquello no duraría para siempre. Pero qué bien me sentaba.

Mi amiga Micaela, que es una de esas mujeres entre un millón, dice que cuando llora es porque siente que está pasando a una fase más allá. Que está jugando en otra liga, un polvo Champions League. De repente siente que se va, que se la llevan a otra parte. Ayer mismo me contaba “El otro día lloré. Tuve un orgasmo brutal. Es como volver de ese placer. No querer volver, pero de repente vuelves. Es maravilloso. Es un llanto a la vida. Es un llanto brutal. Es rematadamente maravilloso. Es de los llantos más bonitos que hay.”

Lo que mi adorada Micaela me contó me recordó algo. También lloré la última vez que me acosté con el amor de mi vida. Ese que tuve, no retuve y jamás volveré a tener. La última noche que pasamos juntos me metí en su cama con mucha ansia. Quería que me atravesara el cuerpo literalmente e hicimos el amor. Y lloré. Esta vez lloré después de correrme gloriosamente. Lloré lágrimas negras. Lloré amargamente como lo hace el cielo en una tormenta perfecta porque esta vez, mientras follábamos, me di cuenta que ya no le quería. Al menos no de esa manera loca e irracional en la que le había amado hasta darme cuenta de que ya no quedaba nada de lo que sentía por él. Me dio mucha pena darme cuenta de que se nos había acabado el amor. ¿Cómo es posible? Con lo mucho y bien que le quise. Siempre pensé que le querría para toda la vida, que tendría suficiente amor a borbotones para regalarle el resto de su vida. Y de la mía.

Siempre que he llorado he sido plenamente consciente de que estaba viva en todos los sentidos y a todos los niveles posibles de la palabra “viva”. He sentido ese instante por todos los poros de mi piel y en cada puto centímetro de mi cuerpo. Incluso en recovecos perdidos que había olvidado que existían. Sin embargo, no conozco a ningún hombre que haya llorado. No lo digo a malas, simplemente nunca he conocido a ningún hombre llorón. Será que ellos no lloran. No lo creo.

Una última pregunta para terminar. ¿Qué es lo que un@ se deja en cada orgasmo? Yo me dejo la vida, parte de mí, por eso es como si me muriera pequeñamente. También siento que me voy a otro sitio. Creo que cuando uno se corre a lo grande es como si te montaras en una máquina del tiempo que te permite correr o volar y te lleva a cualquier otra parte. Un lugar en el que quieres quedarte para siempre. Pero sólo permaneces unos instantes, que siempre saben a poco. Saben tan bien y están tan ricos, que saben a demasiado poco. Y entonces lloras, porque no puedes controlar el llanto. Desnud@ en cuerpo y alma, libre de todo estigma, no tienes que esconder esas lágrimas. Morriña de esos instantes de felicidad infinita. ¿Nada más amargo que lo que perdí? Sentimos que estamos donde queremos estar y con quien queremos estar. Que podríamos morirnos en ese preciso instante y tan contentos.

Y sentimos que alcanzamos el cielo con la punta de los dedos. Que podemos rasgar las nubes y atravesarlas.

Dicen los franceses que el orgasmo es como morirse pequeñamente, de ahí la pétite mort. Pero sin dolor. Quizás por eso también se llora, porque se está muriendo un poquito. Para mí es como pegarle un bocado a la vida tan grande que no me cabe en la boca. Es tanto lo que siento que incluso después de vaciarme, de irme, venirme y correrme, todavía queda felicidad dentro de mí. Y para sacarla, no me queda otra que llorar. A veces como una descosida. Si alguna vez follamos y me hacen llorar, no se asunten ni me pregunten. Que mi llanto no les desconcierte. Ya saben por qué lloro. Simplemente sigan amándome. Si alguna vez follamos, fóllenme hasta las lágrimas. Como habrá confianza, fóllame hasta las lágrimas.

Que follen mucho y mejor.