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Cuando el amor y el deseo aprietan y superan el pudor, dense un achuchón

Querid@s,

Alguna vez le han gritado o ha sido usted el que ha lanzado aquella envidiosa frase que dice ¡Id a un hotel! o ¡El amor es ciego, pero los vecinos no!

Y es que hay veces que el deseo y el amor superan el pudor, y por mucho moro que haya en la costa o ropa haya tendida, no podemos aguantarnos las ganas de más. Y acabamos irremediablemente haciendo el amor en público. No estoy hablando únicamente de sexo, pues ¿realmente hay que estar desnudos para hacer el amor? ¿Acaso un abrazo, un beso no es hacer el amor con el otro?

Parece que hacemos honor a nuestra de sobra conocida fama de latin lovers y no nos cortamos ni un pelo a la hora de mostrar nuestro amor en público. De media las parejas españolas demuestran públicamente su afecto unas 7 veces al día, infinitamente más que otros europeos. Un 28% de los españoles confiesa que alguna vez ha tenido que escuchar la frasecita en la que amablemente se nos invita a marcharnos a un hotel mientras nos entregamos a nuestra pareja en espacios públicos. Además, cosa que no sabía, somos los más propensos a reservar una habitación de hotel para dar rienda suelta a nuestra pasión en una noche en la que no es posible ni en tu casa ni en la mía: un 24% afirma que alguna vez ha reservado una habitación para pasar la noche con su pareja como consecuencia de un calentón irrefrenable. La última vez que fui a un hotel a desfogarme acompañada, parece que no éramos los únicos, porque no había habitaciones libres y hasta el tercer hotel no hubo suerte. Eso sí, una vez hallado, amortizamos la cama hasta el último céntimo.

A una inmensa mayoría (95%) nos encanta mostrar en público el afecto que sentimos por el otro. Algunos llegan un poquito más lejos y se pasan al wild side, porque casi un 7% admite haber practicado sexo en lugares públicos. Me incluyo entre ese 7%, pero no se lo digan a mi madre, por favor. No comulga demasiado con mis ideas ni con mis actos. Yo he hecho el amor o follado (lo que prefieran) en varios sitios públicos. Si me permiten, los compartiré con ustedes. Sólo unos cuantos, no quiere parecerles demasiado fresca.

Con un vasco en una preciosa playa del cantábrico a plena luz del día, aunque era pronto y la gente aún no había amanecido. Menos mal.

Con un catalán en la parte trasera de su coche, aparcado en un precioso mirador con vistas a la costa de la Barceloneta. Acabé con las rodillas ensangrentadas y recordé, después de infinitos años, lo difícil que es hacer el amor en…

Con otro vasco muy canalla en el baño durante una fiesta en casa de un desconocido. Creo que nos pasamos de tiempo, llamaron a la puerta y…coitus interruptus. Y ya en otra época, en otro siglo, cuando aún  era virgen, cuantísimas veces me he manoseado en la fila del cine (y del autobús), en mi portal o en el de cualquiera con el pille de una noche y en los soportales del barrio de los museos de la imponente ciudad de Viena. Y sobretodo con aquel madrileño, Fernando, al que le sigo teniendo muchas ganas y con el que tengo un polvo pendiente. ¡Ay Fernando, cómo me toco en tu verga pensando!

Y para terminar, un “lugar” con lo que no comulgo. Llámenme incongruente, pero así es como lo siento. Está claro que vivimos en la era de Internet, pero creo que no son precisas ni necesarias las constantes demostraciones digitales de amor. No son pocas las parejas que publican sus historias de amor a los cuatro vientos. Uno de cada tres españoles (me parecen demasiados) admite compartir fotos en las redes en mitad de sus citas románticas, convirtiéndonos en los europeos que más fotos publicamos con sus parejas en redes como Facebook o Instagram. Cada uno puede lo que quiera, faltaría más. Y yo puedo opinar también lo que quiera. Al igual que ustedes. Lo respeto, aunque no sé si lo comparto al 100%, si es una demostración espontánea de amor (es el 74% de los caso). Pero si se trata de coleccionar “me gusta”, intentar presumir o dar envidia sobre lo felices que son (14%), dar celos a algunos contactos con los que se quiso pero no se pudo llegar a nada (9%), o incluso tocar las narices a los clásico ex (7%), ahí me rebelo. Más que nada porque me resulta ridículo. De hortera de bolera.

El amor no se vive de cara a la galería, al menos no debería. Se vive para uno mismo, y para los dos.

dirty

PD.: Recuerden. Cuando el amor y el deseo aprietan y superan al pudor, dense un achuchón. O péguense un revolcón.

Que follen mucho y mejor.