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Vender agua de baño usada, el conflictivo fetichismo de Belle Delphine

Que los fetichismos son de lo más variopinto, son algo que en el momento en el que descubrí que había gente a la que le excitaba vestirse y comportarse como un caballo, me quedó más que claro. De hecho, toparme con la Burusera, la venta de bragas usadas, fue algo que también me llamó la atención al ser una experiencia mucho más extendida de lo que esperaba.

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Incluso, casualmente, tuve la oportunidad de vivirla en primera persona cuando puse a la venta un body en Wallapop y solo había hombres interesados en adquirirlo, lo que me produjo sentimientos encontrados. No era esa la intención que tenía cuando pensaba en darle una segunda vida a la prenda.

E incluso cuando quería deshacerme de unas zapatillas de deporte, algún fetichista poco sutil me preguntó cómo de usadas estaban.

Y aunque nunca ha pasado por mi mente compartir ese tipo de productos personales con desconocidos que le darían un uso sexual -prefiero compartirlo con alguien que conozca en el caso de que lo disfrute-, me consta que ciertas mujeres encuentran una forma de sacarse un dinero en este tipo de ventas como os conté en esta publicación.

Bragas, calcetines, deportivas… El armario de ropa interior parece haberse quedado obsoleto en la parafilia. El nuevo objeto de deseo va más allá y es igual o más personal que todos los anteriores: agua de baño.

Esta ocurrencia tan loca ha sido la que la cosplayer Belle Kirschner, conocida artísticamente como Belle Delphine (también os hablé de ella aquí) le ha propuesto a sus seguidores.

Aunque empezó con tarros de 250 ml, el éxito de su Gamer Girl Bath Water llegó hasta eBay con subastas disparadas. Algo que debió hacerle reflexionar y tomar nota para hacer la acción a mayor escala.

“Voy a vender agua de baño por última vez”, empezaba la publicación de la cosplayer. “La diferencia es que en esta ocasión es suficiente como para ahogarse en ella. Si estás extra sediento, no busques más. También tendrás un vídeo personalizado en el que aparezco bañándome en el agua que te mando”.

Eso sí, como la propia Belle recuerda: “No es para beber, solo para fines emocionales”, ya que más de un fan ha colgado vídeos en Youtube ingiriendo el líquido de los tarros.

Más de seiscientos mil likes y un gigantesco “Agotado” acompañaban la publicación de Belle Delphine. Un paso más en el fetichismo convencional que ha causado todo tipo de reacciones.

Mientras que muchos han calificado la acción como “genial” o “icónica”, hay quienes la consideran, simple y llanamente, asquerosa.

Por mucho que respete la libertad de cada uno de hacer con su cuerpo lo que le de la gana, hay dos cosas que me chirrían. En primer lugar el precio, 10.000 dólares por agua usada. Cuando en Etiopía parte de la población tiene que escarbar para conseguir un poco de agua, llena de lodo, para poder llevarse a la boca, la idea de vender agua usada por casi 8.99 euros es cuando menos indignante.

Sobre todo porque no solo hay quien está dispuesto a pagar ese dinero por una satisfacción sexual, sino también por quien está dispuesto a utilizar ese agua para lucrarse.

En segundo lugar, la higiene. Aunque se ha puesto en tela de juicio si el agua es o no es auténtica, pensar en recibir agua usada para darse un baño por otra persona, no es precisamente lo más limpio que se me viene a la cabeza (vale que tampoco lo es recibir bragas sudadas llenas de flujo).

Que se popularice un producto que, de ser auténtico, llevaría células muertas, hace que me pregunte qué es lo siguiente que nos espera en el camino del fetichismo. ¿La roña de los dedos de los pies? ¿Toallas con sudor de la axila? ¿Mocos?

Pero sobre todo, ¿realmente estamos dispuestos a comprar estos productos? Porque sin demanda no hay oferta…

Duquesa Doslabios.

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