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Del vídeo de Carlos Ríos comiendo sandía a solo pensar en el sexo con fruta

Hace dos días me llegó una historia de Instagram. En él aparecía Carlos Ríos, un conocido nutricionista, devorando una sandía. No como te la solían partir tus padres cuando eras pequeña -primero en rodajas, cada rodaja en trocitos y si eso, una vez dividida, está ya lista para ser degustada-, todo lo contrario. Con la boca a ras, usando todos los dientes y a dos manos.

@carlosriosq

 

No es que aquella noche estuviera especialmente receptiva, ni que yo sea una gran devota de la sandía, pero el vídeo me caló hondo. Hasta el punto de que fue casi el fin de mis ganas de dormir. Ya no tenía sueño, tenía la energía propia de cualquier día por la mañana.

“¿En qué me estoy convirtiendo si es ahora la fruta lo que me excita?”, le pregunté a una amiga, esa que ya está acostumbrada a todas mis perversiones.

El momentazo del vídeo. @carlosriosq

Al menos tenía el consuelo -ese que si es de muchos, es de tontos- de que no era la única. En unos minutos, el vídeo se había convertido en uno de los temas más comentados en Twitter. Parecía que ninguna podía quitarle el ojo a la sandía.

Y, aunque no era una noche con las temperaturas especialmente altas en España, la sensación general era que todas nos moríamos de calor.

Ni vibradores del tamaño de caños maestros ni sexo entre cuatro personas con posturas de contorsionismo, el auténtico erotismo era eso. “Chúpate esa, pornografía”, parecían querer decir esos tuits. “Te ha adelantado un hombre comiendo sandía”.

Al poco, esa misma amiga a la que le preguntaba si estaba loca, me mandó una publicación de Instagram. Genial, en apenas minutos había pasado de desconocer el universo frutal, más allá de mi nevera, a excitarme con sandías y que también me alterara el ritmo cardíaco un mango tallado con forma de vulva.

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Yes I eat the fruit

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No me malinterpretéis. Como bloguera de sexo siempre estoy abierta a descubrir hasta dónde llegan las fronteras de mis fantasías. La intriga de por qué la fruta, era demasiado fuerte como para no buscar más información al respecto.

Lo que me pasa se llama dendrofilia, una atracción hacia árboles y plantas que incluye utilizar frutas o vegetales como elementos del juego sexual.

Sentirse excitada por ellos, algo que estaba experimentando en carnes, es uno de los efectos que engloba esta parafilia, algo que, en mi opinión, tiene tanto éxito porque en general las mujeres solemos sentirnos más estimuladas por la carga erótica de las imágenes que implican el uso de la imaginación.

¿La gracia del juego? Ponerse en el lugar de la fruta viendo esos vídeos.

Y si hasta ahora no había probado este tipo de experimentación, quizás este es un punto de inflexión y tengo que empezar más a menudo por el puesto de frutas del mercado (y ver si el calabacín está de oferta).

Duquesa Doslabios.

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