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Archivo de la categoría ‘Carlos Edmundo de Ory’

Fonemorama para la muerte de Carlos Edmundo de Ory (1923-2010)

Si canto soy un cantueso
Si leo soy un león
Si emano soy una mano
Si amo soy un amasijo
Si lucho soy un serrucho
Si como soy como soy
Si río soy un río de risa
Si duermo enfermo de dormir
Si fumo me fumo hasta el humo
Si hablo me escucha el diablo
Si miento invento una verdad
Si me hundo me Carlos Edmundo

Por infeliz casualidad, tenía pensado traeros hoy un poema de José Bergamín. Otro de esos poetas atípicos que dio el siglo XX español (y vasco, sí). Un escritor que, como Carlos Edmundo de Ory, cultivó el humor -y su ariete, el aforismo- de una forma insólitamente jugosa.

Carlos Edmundo de Ory murió el jueves. Hacía un año y dos días que aquí publicaba uno de sus muchos sonetos, acompañado de un simpático retrato de dandy provecto sin pretensiones y unas cuantas palabras sobre su peculiar universo poético (aunque aquella vez olvidé mencionar la etiqueta literaria por la que estos días más se le recuerda: el postismo).

Carlos Edmundo de Ory ha muerto, dicen algunos, olvidado por todos. Yo no lo creo. Es cierto que su apellido suena tan lejano como su exilio de décadas, pero CEO no ha muerto para la prensa: en su muerte le han cubierto con los adjetivos (iconoclasta, rebelde, ¡raro!, insurrecto) que vivo en la intimidad le arroparon solo. Porque esto, la vida, trataba sobre la ironía, ¿verdad, Don Carlos?

IMAGEN: Efe

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‘Parece ser que el hombre’, de Carlos Edmundo de Ory (1923)

Parece ser que el hombre sufre y como

No hay balanza que pese lo que sufre

Sólo se sabe que el dolor el plomo

Y sin embargo huele como azufre.

No hay tampoco termómetro que diga

Los grados del pesar que sólo pesa

Sólo se sabe que el dolor es miga

De un pan que nunca estuvo en la mesa.

Cuando te encuentres mal busca un rincón

Y ponte allí a comer tu carne cruda

Que está en tus manos como está en tus pies.

Date un banquete hambriento corazón

Y ya verás que el llanto no te ayuda

Ya no te ayuda fue llanto y no lo es.

Uno de sus aerolitos (como Carlos Edmundo de Ory llama a los aforismos) dice: “La poesía es un vómito de piedras preciosas”. En su caso, las selectas arcadas están compuestas de humor, exhuberancia, erotismo, espiritualidad burlona y virtuosismo lingüístico (esa inolvidable “suma secreta de silabeos sabios”).

De Ory lleva más de medio siglo pariendo sonetos como rosquillas, y eso a pesar de que, como confiesa, se considera un pietista: “Dios hizo al hombre y el hombre hizo al soneto“. Sonetos cuyo arte descansa sobre tres patas: el misterio, la estructura insobornable y el maquiavelismo. Una última y sabia recomendación de este (simpático) C.E.O:

No hay palabras de menos ni de más

sino papel y pluma y esqueleto

todo poema es fruto de este apaño.

Seleccionado y comentado por Nacho Segurado.