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‘Noche de San Juan’, de Juan Luis Panero (1942)

NOCHE DE SAN JUAN

Anticuado, interrogo a las estrellas,

su desnudo, inapelable misterio,

mientras miro las llamas en la playa,

en esta noche cuando empieza el verano.

Lector de Drieu o Pavese, sé también

lo sencillo que puede ser acabar con la historia,

no preguntar ya nada, olvidar para siempre

esta apariencia de tarjeta postal.

Frente a mí, imperturbables, desveladas,

pasan, en silencio, vida y muerte,

evitando, con un rictus cansado,

este fantasma insomne, este papel en blanco,

esta hoguera apagada que perdura.

Algunos leímos la poesía de Juan Luis Panero por azar y terminamos abrazados a ella por necesidad. El manual de la sedicente juventud indica que lo correcto es sentir fascinación por Leopoldo María, el -según dicen- varias veces maldito. En mi caso, tal fascinación fue efímera. Duró lo que tardé, gracias a un librero que equivocó sus nombres, en conocer la poesía de su hermano.

Yo recordaba al Juan Luis de El desencanto. Un hombre todavía joven, circunspecto, con una dicción impecable. Le recordaba barajando cuatro fotografías -Scott Fitzgerald, Cernuda, Camus y Kavafis- y confesándose un mitómano empedernido. De creer a su biógrafa Mar González Veiga, quien hace un retrato suyo muy halagador, Juan Luis Panero no es un misántropo y un huraño, sino un solitario descreído con conciencia de serlo.

Poéticamente, Juan Luis no es esteta ni veneciano, al contrario que tantos de su generación. Sus poemas, como este Noche de San Juan, son infinitamente menos crípticos que los de Leopoldo María, y evocan una madurez áspera, un desasosiego hondo y sin mistificaciones.

PD: Felipe Benítez Reyes, declarado admirador de la poesía de Juan Luis Panero (la antología de éste en la editorial Renacimiento lleva su sello), también ha escrito un poema a la noche de San Juan. Aunque menos intimistas y sin convocar al suicidio (Drieu La Rochelle, Pavese), sus versos suenan -como es de rigor- igualmente elegíacos y nostálgicos.

NOCHE DE SAN JUAN

Qué secreta y hermosa

es la noche festiva para aquel

que no tiene pasado: un tiempo frío

dentro del corazón.

Qué exacta noche

de fuego y juventud.

Qué diferente

ya de cuando éramos

aquellos que en la sombra

furtivos se besaban y reían.

Las muchachas se obsequian como entonces

y los amigos beben en una copa igual

a la que ya apuramos cuando fuimos

como estos que ahora se adueñan de la vida.

Seleccionados y comentados por Nacho Segurado.