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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Vendo lobo o algo parecido

Perro lobo

Me lo he encontrado nada más llegar a Burgos. Tradicional paseo por La Quinta y Fuentes Blancas, saludo obligado a media ciudad paseante y, allí estaba. Un lobo auténtico. O al menos eso parecía. Estaba atado a la puerta de un bar, así que, por lógica, no podía ser un ejemplar salvaje. Al momento me acordé de lo que decía Félix Rodríguez de la Fuente respecto al primero de estos cánidos salvajes que vio en su vida. Un fiero ejemplar al que intentaban dar caza en su pueblo, Poza de la Sal, cuando era niño.

Fíjate en sus ojos. Son de un brillante amarillo ámbar. Hipnotizantes. Tanto que el jovencito Félix, a quien esa vez habían situado estratégicamente para que diera el aviso a los cazadores si veía llegar al perseguido animal, lo dejó escapar sin emitir apenas un leve sonido, mudo ante la impresión provocada por la presencia cercana de ese formidable lobo.

Yo hice lo mismo frente al animal que tenía a mi lado. Al momento los ojos me revelaron su condición de mascota. Marrones claros pero sin un atisbo de fiereza y, por supuesto, sin ese espectacular color del que hablaba Félix. Sólo podía ser lo que aquí en España se conoce por un “perro lobo“. Un cruce de macho de lobo con hembra de perro. Forzado o natural, esto último no tan raro. De hecho, los últimos estudios genéticos han demostrado no sólo que el perro es la domesticación del lobo salvaje, sino que ésta surgió hace menos de 20.000 años en China a partir de no más de 50 lobas salvajes. E incluso más. Otro trabajo científico ha demostrado igualmente que en las poblaciones ibéricas lobunas hay  un 4% de ejemplares híbridos, todos ellos de padre perro y madre loba.

Supuse por ello que el ejemplar burgalés sería uno de estos híbridos forzados, un wolfdog. Pero me equivoqué. Como rápidamente me explicó un seguidor en mi cuenta de Twitter [@lacronicaverde], naturalista, burgalés y experto precisamente en el lobo, lo que acababa de ver, admirar y fotografiar era un pastor checoslovaco. “Hay varios en la ciudad”, me confirmó. “Incluso un criadero en [el barrio de] Castañares”.Collage lobo

¿Pastor checoslovaco? Ni idea de la existencia de esa raza. Rápidamente mi compañera bloguera en 20 Minutos, Melisa Tuya, me brindó igualmente a través de las redes [esta vez Instagram] toda la información necesaria: “Raza nueva, de 1999. Cuesta de 1.000 euros para arriba, por lo que he visto. […] Me da que también necesitan manos expertas […] Para gente que sabe bien lo que tiene entre manos”.

La Wikipedia, una vez más, nos amplía con detalle la información. El perro lobo checoslovaco es un híbrido de lobo con pastor alemán al que se le supone el temperamento, la mentalidad y la capacidad de entrenamiento del pastor alemán, junto con la fuerza, la constitución física y la resistencia de los lobos. Físicamente tienen una apariencia muy similar a los lobos de los Cárpatos. En resumen. Como tener en casa un lobo. O algo casi parecido.

Prácticamente todos los meses me llega algún mensaje al blog de gente bastante inculta (a tenor de las numerosas faltas de ortografía con las que escriben), donde me piden información comprar un lobo. Lo quieren “cueste lo que cueste”. E incluso algunos me especifican la edad: “Ni muy cachorros ni adultos”. ¿Un lobo en casa? ¿O un león, una pantera, un oso? ¿Estamos locos?

Esta sociedad nuestra nunca dejará de sorprenderme. ¿Cómo puede alguien aspirar a tener en su casa un animal salvaje, o un híbrido que se lo parezca? Y puestos en nuestros cabales, buscando una mascota: ¿Cómo se puede preferir un perro de raza extraña valorado en una millonada, cuando miles de perros anónimos son abandonados y sacrificados todos los meses en España? Sinceramente, no lo entiendo.

La mía es una opción personal, lo sé, pero prefiero mil veces un maravilloso chucho rescatado de la perrera. Y seguir soñando porque algún día, como le pasó a Félix, caminando por el campo me encuentre frente a frente con los ojos ambarinos de un lobo salvaje, nos miremos apenas un segundo y siga su trote libre para no volver a encontrármelo nunca más.

Pero saber que está allí, en el monte, es y será para mí suficiente.

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Churchill ya no puede salvar a más monos de Gibraltar

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© Wikimedia Commons

En septiembre de 1944, en plena ofensiva aliada contra el ejército alemán, el primer ministro Winston Churchill tiene un temor supersticioso. Conoce la leyenda de que el día en que los monos desaparezcan de Gibraltar, la Roca dejará de ser británica. Y en ese momento sólo quedaban cuatro animales, herederos de los llevados en 1704 por los ingleses para asegurarse un alimento extra en caso de sitio español. Churchill se cree la historia y considera muy alta la posibilidad de perder la colonia. Por ello encargará a un comando especial de soldados de élite una misión tan secreta como sorprendente, por no decir ridícula: reforzar la población de monos de Gibraltar con animales africanos.2004Barbary_Macaque_on_market_Photo_AAP_Ronald_Troostwijk[5]

Ahora, eso sí, lo hicieron muy bien. Para evitar problemas de consanguinidad se capturaron macacos de las dos poblaciones salvajes existentes, la argelina y la marroquí; 24 en total, 12 de cada núcleo. Desde entonces y hasta 1991 su cuidado fue responsabilidad de la Royal Navy. Ahora son cerca de 300, así que la pertenencia del territorio a Isabel II parece garantizada.

Donde está ahora el problema es en las poblaciones naturales de este macaco (Macacus sylvanus). De Berbería y no de Gibraltar, pues su distribución natural es norteafricana.  La única especie de primate al norte del Sáhara.

Según ha informado la asociación AAP Primadomus a través de un comunicado de prensa, en los últimos 30 años la población en Marruecos y Argelia ha descendido espectacularmente, de 23.000 a tan solo 8.000 ejemplares; una impactante caída del 65%.

Un informe del investigador de la Universidad de Utrecht Daan van Uhm revela que aproximadamente 200 macacos de Berbería, en su mayoría crías, son capturados en estado salvaje en Marruecos cada año para alimentar el comercio ilegal de mascotas en Europa y la industria turística.

Por lo no hablar de los muchos que, como me explicó hace dos años en el Rif un naturalista marroquí, son directamente cazados y comidos como una presa cinegética más.

Sin un Churchill salvador que decida poner fin a esta sangría, los pobres macacos desaparecerán del bosque y terminarán, apenas los más afortunados, provocando risas a los visitantes petardos del zoológico.

Según coinciden los expertos, si la Unión Europea y Marruecos no toman las medidas necesarias para poner fin al comercio y la caza ilegal, así como a la destrucción de los bosques donde vive, la especie corre serio peligro de extinguirse.

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¿Te apetece un selfie junto a un animal de zoológico?

Leones

Los zoológicos lo están pasando mal. Mucha gente, por suerte cada vez más, rechaza esa exhibición indigna de animales encarcelados a mayor gloria de nuestra curiosidad. El resto, achuchado por la crisis, se lo piensa dos veces antes de pagar una entrada para hacer fotos con el móvil a un aburrido león entre rejas. Así se explican los nuevos productos ofertados en los zoos para cubrir su cada vez mayor agujero económico. Interactúe con los lemures, dé de comer a los loros, acaricie los monos, cuélguese las serpientes, nade junto a delfines y leones marinos. Disfrute de sensaciones nuevas muy salvajes. Hágase un selfie (autofoto) junto a un animal de zoológico. Todo por una módica cantidad extra de dinero.

¿Experiencia única? Que alguien me explique qué tiene de emocionante sobar animales medio sedados o directamente adormilados, seres salvajes convertidos en dóciles mascotas. Que alguien me explique qué tiene de educativo ese manoseo. Qué tiene de valiente, como no sea el peligro de pillar una enfermedad o recibir un mordisco.

¿En qué ayuda el toqueteo a la conservación de las especies amenazadas, muchas de ellas en peligro de extinción precisamente por su masiva captura y venta ilegal? En nada.

Lo queremos tocar todo. Vale muy bien. ¿Y después? Que el pobre bicho vuelva a su jaula. Ah no, que hay otra modalidad nueva. Llévese el animal a casa. Como hizo hace poco el conocido Kiko Rivera. Ameniza tus fiestas más chachis con cachorros de león. ¡Es super cool! Unas risas entre whiskys y gin tonics, fotitos con flash y devolución del bicho al zoo tras haber pagado la correspondiente tarifa. ¿Dejarán llevar cocodrilos a las piscinas? Vaya juerga con los colegas.

Por algo José Saramago, que era un hombre sabio, pedía cerrar los zoológicos de todo el mundo. Pero en lugar de eso los hemos abierto al espectáculo de los bobalicones. Ya lo decía Albert Einstein:

“Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro”.

El proyecto InfoZoos.org ha denunciado la creciente moda en los zoos andaluces de prestar animales salvajes como reclamo publicitario o como préstamo a particulares. Tienes más información en este enlace.

Foto: Wikimedia Commons

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El lince ibérico, ¿futura mascota de La Roja?

Lince¿Qué podemos hacer para salvar de la extinción al lince ibérico? Científicos, periodistas, políticos, fiscales, guardas y hasta cazadores aportan decenas de ideas en un libro que acaba de publicar la Sociedad Española para la Conservación y Estudio de los Mamíferos (SECEM) en el marco del proyecto Life Iberlince. Pero de todas ellas la más original es la propuesta de la veterinaria Astrid Vargas: elegirlo mascota de la Selección Nacional de Fútbol. Mejor aún de las de España y Portugal, territorios donde sobreviven los últimos ejemplares del planeta, apenas 300.

Astrid sabe de lo que habla. Desde 2003 a 2010 fue responsable de poner en marcha el exitoso proyecto de cría en cautividad de nuestro gran felino. Antes había logrado un milagro parecido en Estados Unidos, donde salvó al turón de patas negras  (Mustela nigripes), extinguido en la naturaleza. No por casualidad, la famosa primatóloga Jane Goodall la tiene en su personal lista de “héroes de conservación”.

Hace unos meses estuve con ella y reconozco haber caído seducido por su entusiasmo, su inteligencia y sí, también por su belleza. Esa misma pasión medioambiental que ella derrocha a raudales es la que nos propone como eficaz tabla salvadora del lince ibérico. Dejar los argumentos científicos y apostar por los sentimientos. Lograr que nuestro orgullo por tan bello animal se extienda a todo el país y lo sintamos como algo profundamente nuestro que merece la pena defender.

No se me ocurre ningún otro animal mejor para representar a La Roja: fuerte, noble, ágil, rápido, hermoso y muy, muy nuestro, exclusivo. Icono nacional, querido y protegido por todos, emblema en camisetas y muñecos, su protección efectiva en el campo llegaría de forma natural.

¿Lo lograremos? Si algún día lo conseguimos, hasta yo mismo, analfabeto del fútbol, aplaudiré emocionado los triunfos de nuestra escuadra bermeja, ¡la selección de los linces!

El libro “Ideas para conservar al lince ibérico. Nuevas aportaciones para la supervivencia del felino más amenazado del mundo” cuenta con la contribución del instrumento financiero LIFE de la Unión Europea y es fruto de la participación de SECEM en el Proyecto LIFE+ Iberlince, “Recuperación de la distribución histórica del lince ibérico (Lynx pardinus) en España y Portugal (LIFE10NAT/ES/570)”, cuyo beneficiario coordinador es la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía.

Precio: 6 euros (gastos de envío incluidos)
Boletín de pedido

Contacto: SECEM, secretaria@secem.es

Foto: Wikimedia Commons

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Los cerdos vietnamitas amenazan a los jabalíes españoles

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La culpa la tuvo George Clooney. Como él, muchos quisieron tener de mascota un cerdito vietnamita. Con apenas 5 kilos, tiene pinta de no haber roto un plato en su vida. Pero vaya si los ha roto. Los imitadores del actor no se pararon a pensar que compraban un cerdito, cer-di-to. Una cría que con el paso del tiempo se convirtió en adulto ganando peso y tamaño. No como nuestros cerdos blancos, que pueden llegar a pesar 300 kilos, pero sí casi los 100. ¿Les parece posible tener un bicho así trotando por el pasillo? El original regalo de Reyes pronto se convirtió en un tormento. Pero sus dueños no podían convertirlos en chorizos, así que optaron por “liberarlos”.

Viet-na-mi-ta. Procedente de Vietnam. Ni de Móstoles ni de L’Hospitalet. Muchos no lo han entendido así. Y han soltado sus cerditos glotones por el campo español.

“No harán daño a nadie”, pensará más de uno. “Podrán vivir salvajes, igual que un jabalí”. Exactamente, ahí está el problema. Estos cerdos asiáticos, una raza de otro continente, se han adaptado perfectamente a nuestros montes. Incluso han hecho tan buenas migas con los jabalíes que se han reproducido con ellos dando lugar a extraños híbridos, como demuestra un reciente estudio científico publicado en la revista Animal Biodiversity and Conservation.

¿Divertido? En absoluto. Es una catástrofe ecológica. Su presencia pone en peligro la pureza genética de nuestros jabalíes autóctonos. Sin miedo al ser humano aumenta el peligro de que produzcan daños en la agricultura. También provocarán accidentes de tráfico. Y todo por no tener un poco de cabeza sus dueños.

Mapaches, serpientes, coatís, galápagos, cotorras,… Nos estamos cargando la naturaleza a golpe de liberaciones descabelladas. Cuando lo fácil sería acudir a una protectora de animales y dar hogar a alguno de tantos perros y gatos abandonados, dejando a cerdos vietnamitas y al resto de este zoo loco de exóticas en sus países de origen.

Foto: Pets clan

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La atribulada historia de Elisa, la gallina que superó el trauma de la violencia de género

Elisa Elisa fue víctima de violencia de género… en el gallinero, pues es una gallina.

Al principio todo iba bien. Estaban solos el gallo y ella, estupendamente cuidados en el jardín de mis amigos, mucho terreno para explorar en un pequeño pueblo de la isla de Fuerteventura. Vivían un idilio, alternando momentos locos de cópulas desenfrenadas con otros más plácidos aprovechados para poner algún que otro huevo, no muchos. Los suficientes para justificar el pienso.

Pero un buen día aparecieron Michelle y las otras tres nuevas. El gallo quedó deslumbrado con las recién llegadas de un gallinero vecino al que su dueña había dado cerrojazo. Y Elisa fue automáticamente repudiada, apartada de su pareja y del resto del grupo.

El pobre animal cayó en una terrible depresión. Se quedaba de espaldas a todos, mirando embobada la pared. Triste. No contentas con ello, las otras cuatro la picoteaban inmisericordes. Hasta que un día Elisa tomó una decisión trascendental. Abandonó el gallinero y se fue a vivir a la huerta. ¡Bendito cambio! Ha vuelto a recuperar la alegría. Mejor sola que mal acompañada.

Todas las noches se encarama sobre la malla del techo del pequeño invernadero y allí descansa plácidamente como si durmiera recostada en una hamaca. Cuando alguna vez el gallo se acerca a ella, orgullosa, lo desprecia.

Sus dueños están felices con el cambio. Aunque han perdido una ponedora han ganado una mascota. Sí, no te extrañes. Elisa es ahora una más de la familia. Le encanta el tomate y la corteza de ese buen queso de cabra que nunca falta en la casa.

Es verdad que algunas veces se pasa de confianzuda y hay que invitarla a salir del salón, no lo vaya a poner todo perdido, pero a mis amigos les merece la pena aunque ella no les pague con una sonrisa pues ¿pueden sonreír las gallinas?

En la foto la gallina Elisa junto a los pies de su dueña, esperando alguna corteza de queso majorero.

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Cada vez comemos más hamburguesas de caballo, queramos o no

Caballos

Toda la vida he escuchado en casa una divertida anécdota familiar. Un día vino a comer el jefe de mi padre, que se las daba de gourmet (además de chulo insufrible) y mi madre, como gran venganza, le preparó un guiso de caballo asegurándole que se trataba de novillo. El hombre salió encantado y mi madre aún se ríe de él, pues ofrecerle ese plato secreto le resultó mucho más repelente, y más vengativo, que darle gato por liebre.

Tradicionalmente, comer carne de caballo en España estaba relacionado con la pobreza y la necesidad. Por eso me ha sorprendido la noticia de que cada vez se consume más equino en nuestro país. Casi 15.000 toneladas el año pasado. Y no lo elegimos por ser más saludable y tener menos grasa, sino básicamente por ser más barato.

Su asequible precio está relacionado con algo aún más terrible. Ante la crisis económica y el aumento del precio de los piensos, la falta de mercado de venta, alquiler o doma de los animales vivos ha provocado el repunte de su producción cárnica. En lugar de disfrutar con montar tan maravillosos seres los estamos enviando masivamente al matadero; los estamos convirtiendo en comida para perros o albóndigas de bajo coste.

Tristemente relacionado con ello es el reciente escándalo de las hamburguesas británicas e irlandesas, supuestamente de ternera, pero que en un alto porcentaje están hechas con caballo, casi seguro español. Aunque si allí ha llegado esa carne que nunca han comido, imagínense lo que puede haber en las nuestras. Prefiero no saberlo.

Se trata de una estafa al consumidor sin repercusión para la salud, pero para un inglés el engaño es mucho peor que el perpetrado por mi madre. En ese país perros, gatos y caballos son considerados queridas mascotas. Y nadie es tan salvaje como para comérselas.

Yo en el fondo tampoco. Veo en el supermercado carne de potro y se me saltan las lágrimas. ¿Comida de crisis? Por eso me estoy haciendo vegetariano.

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Descubren en un museo la mascota disecada de Darwin

En una reciente visita al Museo de Historia Natural de Londres me he encontrado con una increíble historia que me gustaría compartir con todos vosotros. Trata de la pérdida y descubrimiento de la curiosa mascota adoptada por Charles Darwin en las islas Galápagos y que le acompañó a lo largo de su largo viaje en el Beagle; esa vuelta al mundo fundamental para elaborar su famosa teoría de la evolución biológica.

Era una tortuga, pero no una tortuga cualquiera. Se trataba de una cría de la tortuga gigante de la isla de Santiago, años más tarde bautizada científicamente Chelonoidis darwini en honor del insigne naturalista británico. En esa época la recolección de especímenes era fundamental para avanzar en el estudio y la catalogación de la naturaleza. Amante de los animales, Charles Darwin se encariñó con este animal y lo tuvo como mascota en su camarote desde octubre de 1835 hasta su llegada a Falmouth en octubre de 1836 tras el largo periplo.

Tuvo suerte el animal, pues sólo 4 de las 48 tortugas llevadas al Beagle se salvaron de servir de comida a la tripulación y lograron llegar vivas a Inglaterra.

Como era de prever, la tortuguita no aguantó el húmedo clima inglés y murió apenas un año después. Científico escrupuloso, Darwin entregó el cadáver de su exótica mascota al museo, donde rápidamente fue disecado y etiquetado. Pero contra todo pronóstico el ejemplar se perdió, extraviado entre las colecciones. ¿Se puede perder una valiosa tortuga disecada? Pues sí, es perfectamente posible.

La razón principal de este olvido fue que el número original de su catalogación se había escrito en la parte interior del caparazón, una zona invisible si no se abre y da la vuelta al animal disecado. Por eso, desde 1874 aparecía en los catálogos oficiales como ejemplar joven de procedencia desconocida.

Mientras hacía una lista de los reptiles colectados por Darwin en el Beagle, el conservador del museo Colin McCarthy se sentía frustrado de no encontrar entre las colecciones conservadas ninguna tortuga, algo ciertamente extraño. Así que decidió revisar todos los animales y sus etiquetas. Para su sorpresa, hace 5 años hizo un importante descubrimiento. Cuando miró la zona ventral del caparazón de este animal desconocido comprobó que tenía en sus manos a la perdida tortuga de Darwin. Así lo demostraba el registro original: Número 37.8.13.1 y lugar de recolección, James Island, ahora conocida como San Salvador o Santiago. “Ha sido uno de los momentos más excitantes de mi carrera” reconoció posteriormente Colin.

170 años después, el Museo británico muestra orgulloso esta tortuga perdida y recuperada como parte de la colección original del Beagle. Y allí la podéis ver todos los que os acerquéis a sus vitrinas, repletas de sorpresas tan curiosas como ésta que hoy os traigo al blog.

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