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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Caza de trufas en Huesca, vegetariana y muy sabrosa

Esta primavera he disfrutado algo único: acompañar a un veterano cazador de trufas con sus perros. Si luego tienes la suerte, como la tuve yo, de recibir explicaciones de los máximos expertos en este manjar, y terminas catándolos en restaurantes de alto copete, comprobarás que la cuadratura del círculo ecoturistíco gastronómico es posible. Por supuesto, trufa negra de la verdadera (Tuber melanosporum), no todas esas falsificaciones y subproductos que nos cuelan demasiadas veces.

Gracias a una invitación del congreso Hecho en los Pirineos, un grupo de periodistas nos acercamos a Tierrantona, un pequeño pueblo perteneciente al municipio de La Fueva (Huesca). Allí nos esperaba impaciente José Luis Araguás y sus todavía más nerviosos perritos Sota y Canela. Lo teníamos todo en contra. Caía la noche, hacía más de un mes que no llovía y la temporada de trufas había concluido ¿Cazaríamos alguna?

Éste vídeo en mi canal de YouTube [¿todavía no te has suscrito] resume gráficamente la jornada:

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El Día sin Carne alerta del aumento de la ganadería industrial y el cultivo de soja

Ternero. Foto: Pixabay

El elevado consumo actual de carne en Europa requiere de grandes cantidades de pienso producido a partir de soja para alimentar al ganado. Según ha denunciado la asociación ecologista Amigos de la Tierra a través de un comunicado, “la Unión Europea planea reducir la dependencia de las importaciones de soja de Latinoamérica expandiendo el monocultivo en Europa del Este”.

En el Día Sin Carne (20 de marzo), Amigos de la Tierra, que lleva años denunciando la expansión de estos monocultivos en América Latina, hace un llamamiento a los Estados Miembro para reducir la demanda de carne en la UE y poner freno a la ganadería industrial dependiente de la soja tanto en Sudamérica como en Europa.

La UE es uno de los principales consumidores del mundo de carne y productos de origen animal, con una demanda anual por cabeza de 68,8 kilos en 2017. Además del consumo interno, la exportación de carne a terceros países, principalmente cerdo y pollo, es un importante negocio para las grandes empresas cárnicas de la UE.

“El consumo actual de carne barata producida en explotaciones industriales es muy elevado y sus consecuencias negativas para el medioambiente y la salud humana son irrefutables”, alerta Amigos de la Tierra. Lee el resto de la entrada »

La Hora del Planeta propone este año un día entero sin carne ni plásticos

Cada año la #HoraDelPlaneta 🌍💡 da visibilidad a la pérdida de biodiversidad y el cambio climático con, paradójicamente, un apagón mundial.

Este año sus promotores, WWF, dan un paso más allá, pidiéndonos esfuerzos adicionales no tan solo durante una hora, sino a lo largo de todo el día. Una jornada completa, la del próximo 30 de marzo, en la que nos instan a:

  • Tratar de reducir a cero el consumo de combustibles fósiles.
  • No usar plásticos de un solo uso.
  • No consumir carne.

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Vamos a comer más pollo y queso, pero menos carnes rojas

Las aves de corral son la única carne que experimentará un fuerte aumento en la producción y el consumo de la Unión Europea, mientras que la demanda de productos lácteos tradicionales como el queso seguirá creciendo. Los europeos comeremos menos carnes rojas, menos carne en general, más aceite de oliva y el consumo de productos ecológicos seguirá aumentando.

Estas son solo algunas de las proyecciones de las perspectivas agrícolas de la UE para el informe 2018-2030 recientemente publicadas por la Comisión Europea. Lee el resto de la entrada »

¿Te atreverías a pasar toda una semana sin comer carne?

Vacas en una granja (Foto Greenpeace).

Una semana entera sin probar la carne… ni el jamón. ¿Serías capaz de conseguirlo?

Es lo que propone la Semana Mundial Sin Carne, que este año se celebra entre el 11 y el 17 de junio. Y no se trata (solo) de una campaña internacional de vegetarianos o veganos. Especialmente es una campaña ecologista. Se intenta ante todo concienciar a la población de nuestra dependencia planetaria creciente con un consumo masivo de carne que está provocando gravísimos e irreversibles problemas ambientales, además de muchísimo sufrimiento animal. Lee el resto de la entrada »

Viernes Santo sin carne ¿Penitencia o ecologismo?

El Viernes Santo recuerda cada año recuerda la muerte de Jesús de Nazaret. Desde el Concilio de Nicea (año 325) la fecha varía cada año al regirse por el calendario lunar siguiendo la tradición judía. De esta forma el Domingo de Resurrección es siempre el primer domingo después de la primera luna llena de primavera, de tal manera que la Semana Santa nunca será antes del 21 de marzo ni después del 23 de abril.

Otra curiosidad de este viernes es la obligatoriedad entre los cristianos de practicar el ayuno y abstinencia de carne. Dieta estricta y vegetarianismo, que diríamos ahora. En realidad el Canon 1251 del derecho Canónico amplía el ser vegetariano a todos los viernes del año:

Todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne, o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal; ayuno y abstinencia se guardarán el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.

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Me rindo. No habrá Navidad vegetariana

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© Wikimedia Commons

Los vendedores de fruta y verdura lo saben y aceptan con resignación la llegada de unas semanas de incomprensión generalizada hacia sus productos. Por mucho que se empiece a notar en España una leve recuperación en el gasto alimenticio navideño, lo verde sigue teniendo poco espacio en la cesta de la compra de estos días de contenido derroche. De hecho, la Navidad es para fruteros y verduleros su peor época del año.

Mariscos, cordero, merluza, pavo, jamones, besugo, bacalao o ternera han desbancado de las mesas de Nochebuena y Año Nuevo a todo producto vegetal. De aparecer alguno será, a lo sumo, como guarnición o en ensalada. Y salvo las uvas en Nochevieja y alguna que otra piña tropical, los polvorones, turrones, mazapanes y chocolates mandan rotundos en los postres.

Quizá aparezca algún cuñado vegetariano, el rarito de la familia, poniendo caras y pidiendo plato especial, pero lo tradicional es y ha sido siempre relacionar una buena comida con abundantes manjares de origen animal. Porque como recuerda el sabio refrán castellano, “de un cólico de acelgas nunca murió rey ni reina”. Y para un par de días que nos vemos todos al año, tampoco es cuestión de enredarse en discusiones sobre el impacto ambiental de consumir tanta carne y pescado, los peligros para la salud de toda esa medicación con la que los atiborramos o el inmenso sufrimiento infringido a las ocas para producir el denostado foie. O proponer un cambio de dieta a la familia. ¡Ni se te ocurra!

Por todo ello me temo que, una Navidad más, mi militancia ecologista deberá decretar el temporal cese de las hostilidades. Y puesto que “no hay más alta virtud que la prudencia“, prometo eludir las discusiones sobre política, religión, fútbol o vegetarianismo. No se me vaya a enfadar el personal y descubra aquello tan terrible de “tripa vacía, corazón sin alegría”.

Pues eso, que ¡Feliz Navidad!

Pregunta para el debate: ¿Alguno de vosotros tiene problemas en las comidas navideñas por ser vegetariano? Contadnos, contadnos.

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Hasta (en) los huevos de las superbacterias

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Si la Organización Mundial de la Salud (OMS) está preocupada, todos deberíamos estarlo, y mucho. Pero no lo estamos. En realidad no hacemos caso a sus científicos, que llevan años encendiendo todas las alarmas, cada vez más angustiosas, respecto al peligro de las superbacterias, aquellas resistentes a los antibióticos.

Frente a ellas no tenemos armas. 25.000 personas mueren al año en Europa por su culpa. Y esta terrible cifra no para de crecer, hipotecando nuestro futuro y el de nuestros hijos.

En el último siglo, gracias a Fleming, Chain y Florey, la medicina moderna ha salvado millones de vidas tras vencer a la mayoría de las enfermedades infecciosas. Un gigantesco avance ahora amenazado por culpa del mal uso que hacemos de los antibióticos.

Los usamos cuando no son necesarios (eliminan bacterias, nunca virus como gripe o catarros), los dejamos de usar antes de concluido el tratamiento (reforzando involuntariamente sus defensas en lugar de las nuestras) o los tomamos sin enterarnos, ocultos en la carne, el queso o la leche.

Sí claro. ¿No lo sabías? La comida también tiene antibióticos. En pequeñas cantidades, pero los tiene.

Este tipo de fármacos se usan ya más con los animales que con las personas, incluso aunque estén sanos, pues con ellos se acelera su crecimiento, engordan más y se previenen enfermedades. Vamos, que así son económicamente más rentables para ese monstruo empresarial al que llamamos industria alimentaria.

En la Unión Europea y Estados Unidos los animales de granja ya reciben más de 10.000 toneladas de antibióticos al año, por encima del doble que nosotros. Como para extrañarnos luego de la existencia de superbacterias y alergias.

¿Antibióticos hasta en la leche? Y hasta (en) los huevos estoy yo de tanta mierda que comemos sin enterarnos.

Si quieres conocer con más detalle este tremendo problema de las superbacterias y la resistencia a los antimicrobianos, te recomiendo los siguientes enlaces:

Foto: Pixabay

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Carnismo, el nuevo palabro de los vegetarianos estrictos

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Me acabo de encontrar con un palabro, con un nuevo concepto, que no deja indiferente a nadie: carnismo. Dícese de aquel sistema de creencias que nos condiciona a comer determinados animales, a alimentarnos básicamente de carne.

Lo han adoptado los vegetarianos estrictos, los veganos, como contraposición a su elección, más que alimentaria, vital. Abstenerse del consumo o uso de productos de origen animal. No sólo comerlos. También usar pieles, lanas, aromas, tintes o cueros.

Yo no soy ni lo uno ni lo otro, pero he de reconocer que ambos términos me hacen pensar.

Melanie Joy, profesora de Psicología y Sociología en la Universidad de Massachussetts, es una de las que más están publicitando el carnismo por todo el mundo. Tiene la culpa su último libro, titulado: “Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas” (Editorial Plaza y Valdés, colección Liber Ánima).

Porque así se ha hecho toda la vida, dirá más de uno. Pero no es verdad. Hay mucho de cultural en los hábitos alimentarios; perfectamente lógico comerse un perro en China e inadmisible matar una vaca en India.

En nuestra cultura fue siempre así, justificará alguno. Pero tampoco. Hace apenas un siglo la carne era un aderezo en los platos de verduras y legumbres, en pequeñas cantidades, y ahora ocurre exactamente lo contrario, las verduras son un acompañamiento poco más que decorativo del filete.

Al margen de éticas y conceptos, la actual y planetaria tendencia social hacia el carnismo o como lo queramos llamar tiene efectos demoledores sobre el medio ambiente y nuestra salud. A más carne, más ganado y más cultivos de forraje. También más contaminación.

¿Solución? Quizá apostar por otro palabro: locávoro. Comer productos cercanos, apoyar a nuestra agroganadería más sostenible. Incluso en Navidad, cuando nos convertimos en consumidores compulsivos de todo: ¿Totalvoros?

Foto: Retrato de Rudolf II. Giuseppe Arcimboldo (circa 1590).

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Por qué me he hecho vegetariano

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Hace unos años yo mismo me sorprendía cuando os contaba en esta misma columna la campaña lanzada por el ex Beatles Paul McCartney. El famoso cantante nos proponía hacernos vegetarianos una vez por semana, exactamente los lunes, como contribución de la Humanidad para luchar contra el cambio climático. Ello es debido tanto a la producción de piensos para el ganado, lo que ha provocado una gigantesca y creciente deforestación planetaria, como al hecho de que los rumiantes emiten con sus flatulencias gran cantidad de metano, un gas 23 veces más perjudicial que el CO2 como agente del calentamiento global.

Más tarde os informé de las advertencias de la Organización Mundial de la Salud (OMS) respecto al peligro del exceso de antibióticos en la alimentación animal. Cuyo resultado son carnes trufadas de medicamentos que ingerimos con total desconocimiento de sus posibles repercusiones en nuestra salud.

Y al final tenía que ocurrir. Me he hecho vegetariano. O casi, pues en realidad tan sólo he eliminado de mi dieta la carne. Como pescado, huevos y queso, junto a fruta y todo producto vegetal proveniente de la huerta. Pero desde hace un año no pruebo chuletones, ni chorizo ni morcilla, algo sorprendente en un burgalés como yo. Yo mismo no me lo creo.

Algunos pensaréis que lo hago por novelería, como denominan en Canarias al esnobismo. En absoluto. Es tan sólo el resultado de una profunda reflexión personal. De una actitud y de un modo de vida que pretende ser más respetuoso con su entorno. De una necesidad de vivir de manera más saludable, sin tantos aditivos ni hormonas. Sin provocar tanto sufrimiento a los animales de granja.

Es una decisión individual, alejada de cualquier radicalismo. Paso de Paul McCartney y de los lunes sin carne. Soy vegetariano. Y me siento mejor.

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