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¡Que paren las máquinas! ¡Que paren las máquinas!

¡Que paren las máquinas! El director de 20 minutos y de 20minutos.es cuenta, entre otras cosas, algunas interioridades del diario

Sedición, quizás en breve rebelión, palabras mayores

Desobediencia, prevaricación, malversación. Hasta ahora, en la crisis de Estado desatada en Cataluña, las diligencias, las órdenes de registro, los autos judiciales… hablaban de esos delitos. Ahora ya empiezan a hablar de sedición -la Fiscalía, no solo la Guardia Civil-, y en breve quizás de rebelión. Palabras mayores, caminos con marcha atrás muy complicada, si no imposible.

Quizás con fundamento, o con indicios sobrados, no digo que no. Pero la espiral policial y judicial, que era inevitable que se desatara desde que en la primera semana de septiembre el Parlament catalán y el Govern empezaron a cruzar rayas rojas, no ha ido acompañada de una espiral política paralela, en el buen sentido de espiral y de política: el de hablar más, dialogar, afrontar los problemas, transar, pactar. Buscar caminos de futuro más allá del recodo o del cruce del 1 de octubre.

Lo que no han hecho durante al menos cinco largos años ni el bloque soberanista catalán ni el Gobierno de Mariano Rajoy.

Sin un cambio de actitudes y de voluntades, en breve nos resignaremos -parafraseando a Ferlosio- a que vengan más días malos que nos harán más ciegos.

No echen más gasolina al incendio

Salidas de tono, exabruptos, impostaciones, verdades a medias, falsedades flagrantes. En demasiadas declaraciones de los dirigentes políticos de los diferentes partidos, tras agravarse hoy la crisis catalana, se ve más tacticismo, marrullería y estrategia para lograr ventajas para sí o para sus respectivas formaciones que ideas o propuestas para afrontar la crisis institucional más grave de las cuatro últimas décadas en España. Algunos no están echando más leña al fuego. Están echándole directamente gasolina.

Desde hace ya varias semanas, lo más descorazonador de todo lo que estamos escuchando sobre Cataluña es que casi todos tienen razón… en lo que dicen del contrario. Descorazonador porque revela que todos -aunque no en la misma medida- han cometido errores flagrantes, cuando no temeridades de una irresponsabilidad supina. Si cada partido y/o cada dirigente supiera admitir al menos algunos de los propios, aún tendríamos los ciudadanos alguna esperanza de que va a cortarse la espiral de acción / reacción y de declaración intempestiva / réplica aún más incendiaria en la que el conflicto ha entrado desde que los días 6 y 7 de septiembre comenzó el anunciado choque de trenes, o la embestida del tren desbocado del soberanismo catalán al tren cinco años parado del Gobierno de Rajoy.

Los últimos episodios han llevado ya el conflicto a la calle. Si aún les queda a los dirigentes políticos algún atisbo de responsabilidad, deberían abstenerse de echarle al incendio más madera, más gasolina. La calle, y más con el fuerte viento emocional que sopla, es muy inflamable.

La orden de detención de alcaldes, un exceso del fiscal

La orden ayer miércoles del fiscal general del Estado, José Manuel Maza, para que se cite como imputados a los 712 alcaldes catalanes que han anunciado que cederían locales municipales para el 1-0 y para que, si no comparecen, “se proceda a acordar su detención y presentación en Fiscalía” por parte de los Mossos d’Esquadra está suscitando mucho debate público en ámbitos políticos y también, en voz más baja, en ámbitos jurídicos.

Diferentes juristas con los que hablo coinciden en que estamos ante un exceso por parte de Maza. Y lo argumentan así:

A día de hoy -o de ayer, cuando se dio la orden, 18 días antes del 1-0, en lo de los alcaldes estaríamos ante “un anuncio anticipado de lo que, si se produjera, sería un acto de colaboración con un acto ilegal”. El principal acto ilegal, si se produjera, sería la celebración de un referéndum que el Tribunal Constitucional ha suspendido y ordenado que no se haga. Si el Govern, como convocante, consigue que se celebre, aunque sea parcialmente, se estarían cometiendo delitos de desobediencia y prevaricación -el de malversación no ha sido admitido hasta ahora por el TSJ de Cataluña, en los casos en que se ha pronunciado-, delitos que llevan aparejadas penas de inhabilitación y de multas, pero no de prisión.

-Si aunque cometieran el delito y fueran condenados por ello no habría prisión para los que impulsan un referéndum que estás suspendido por el Constitucional -comenta uno de mis interlocutores- no tiene lógica jurídica que se ordene, a medio mes largo del 1-0, cuando aún no se ha cometido ni el delito ni la colaboración con el delito, “la detención” de un alcalde simplemente porque no comparezca a la citación de un fiscal.

En las órdenes de citación de un fiscal, me añaden, sólo se suele añadir expresamente que se detenga al citado si no comparece cuando los delitos son más graves y llevan aparejada penas de prisión, e incluso en muchos de estos se evita el término “detención” y se sustituye por la expresión de que sea “conducido por la fuerza pública”.

-En lo de los alcaldes estamos ante una acción preventiva -me comenta otro jurista de larga trayectoria y con altas responsabilidades en el pasado-, y la prevención de los delitos no es una tarea que corresponda al fiscal, sino a la Policía. Quien tendría que haber dado la orden de investigar a los alcaldes, de creerlo necesario, sería el Ministerio del Interior. La Fiscalía está cargando con un fardo que no le corresponde.

El plan Rajoy para el 1-0: evitar la batalla de la calle y desbaratar la logística

Ayer lunes por la noche. Había concluido, sin incidentes, la manifestación independentista en la Diada. Quizás con menos asistentes que en años anteriores, pero aun así multitudinaria.
–La batalla jurídica la vamos a ganar totalmente, la de la legitimidad yo creo que también la estamos ganando… –me dice uno de los más cercanos colaboradores de Rajoy; y, tras una pausa–. La única donde nos pueden ganar es la de la calle.
La calle se ha convertido en una de las principales preocupaciones del Gobierno de Rajoy en la crisis catalana. Que no haya un incidente, que no haya algún altercado callejero en las tres semanas escasas que faltan para el 1-0.
–Que no pierda los nervios un guardia civil joven ante una provocación de alguien de la CUP.
Que no haya una foto que acabe trasladando una imagen de los independentistas como pueblo oprimido, sobre todo fuera de España.
Por esta y por otras conversaciones similares que he tenido, veo que la estrategia del Gobierno, por ahora, no va por la reacción dura, de tipo halcón –artículo 155 de la Constitución, Ley de Seguridad Nacional, etc.–, a la que solo se recurriría si se agravara mucho la espiral en la parte independentista –desobediencia flagrante a algunas de las resoluciones del Constitucional, por ejemplo– sino por la reacción blanda, de tipo paloma: recursos jurídicos, cuidar mucho las formas, buscar «la proporcionalidad».
Y mientras tanto, de aquí al 1 de octubre, impedir materialmente que ese domingo haya en Cataluña algo que pudiera parecer una consulta homologable. ¿Cómo? Desbaratando desde hoy mismo la logística: que no haya publicidad institucional de la Generalitat llamando al referéndum, que haya el menor número posible de espacios públicos donde se constituyan colegios electorales; que apenas haya mesas, cabinas, sobres, papeletas o urnas; que no haya material informático para el control; que no haya una empresa externa que lleve un escrutinio que se pueda presentar como fiable…
Para esto último han sido convocados hoy por la Fiscalía el jefe de los Mossos y los jefes máximos en Cataluña de la Guardia Civil y de la Policía.
–El 1-0 habrá en Cataluña algo que querrá parecerse a un referéndum -me comenta otro interlocutor, un miembro del Gobierno-, pero finalmente parecerá en realidad una mascarada.

Sánchez se hace fuerte en el PSOE

“¡600 personas! ¡No recuerdo nada igual!”, decía un miembro de la Ejecutiva socialista con ya unos cuantos años de experiencia en la primera fila de la política. Pedro Sánchez ha convertido esta mañana el desayuno informativo con que inauguraba la temporada y trazaba las principales líneas de la agenda socialista en un alarde de autoridad, un cierre de filas en el partido y casi en un ejercicio de reconciliación interna, pues estaban todos los que ahora mandan en la organización (Cristina Narbona, Adriana Lastra, José Luis Ábalos, Margarita Robles…), y unos cuantos de los que estuvieron impulsando o apoyando otras vías en la batalla de las primarias de la primavera pasada: José Luis Rodríguez Zapatero, Patxi López, Óscar López, Javier Lambán, Ignacio Urquizu, Abel Caballero…

Incluso viejas glorias, y además juntas. En una misma mesa (la Mesa Gris, según la organización: o por mucha materia gris o por grey power), siete exministros socialistas, siete, unos de Felipe González y otros de Zapatero, y bien apretados y avenidos. En este orden en el anillo: Enrique Barón, Elena Salgado, Magdalena Álvarez, Carlos Westendorp, Luis Atienza, Bernat Soria y Carmen Calvo.

– ¿Ya apuntaba maneras de jovencito? -le pregunto a Westendorp, quien tras ser ministro de Exteriores fue nombrado Alto Representante de Naciones Unidas en Bosnia y contrató como su jefe de gabinete al entonces veinteañero Sánchez.

– Sí, ya apuntaba bien.

– Se lo recomendé yo -tercia Barón.

En otros a los que pregunto, alguna reticencia –“¡Como para no estar hoy aquí!, creo que pasan lista”, dice entre bromas y veras un diputado recientemente rebajado de tareas- y algún análisis que se expresa ambiguo:

– Pedro está más maduro -me comenta un parlamentario que no fue sanchista en las primarias, y no tengo tiempo -porque se lo llevan otros- de preguntarle si en la acepción 2 o en la 4 del DRAE.

El propio Sánchez se ve más maduro (en la acepción 2). Cuando hablaba del golpe que le propinaron Susana Díaz y algunos otros barones, hace ahora un año, dejaba caer el líder socialista, en su intervención ante los 600 asistentes:

-Lo que no mata… -y ha hecho una pequeña pausa- …te hace más fuerte.

Cuatro grandes asuntos en la agenda de Pedro Sánchez


Tras un agosto familiar y casi desaparecido no solo para el común de los ciudadanos sino también para parte de la dirección del PSOE -salvo el paréntesis tras los atentados del 17-A-, Pedro Sánchez ha reaparecido a medias esta mañana, para hablar de Cataluña, y reaparecerá del todo mañana martes, en un desayuno informativo con varios centenares de invitados organizado por Europa Press en Madrid.

El acto no será uno más de los muchos de este tipo que se programan en la capital. Tendrá sustancia, propuestas concretas. Dado que el líder socialista no dispone de una tribuna institucional permanente, al no ser diputado, la dirección del PSOE y el propio Sánchez han decidido espaciar sus intervenciones públicas y en cada una de ellas presentar alguna idea fuerza o alguna propuesta novedosa que aspire a durar algo más que unas horas en los medios de comunicación.

En el acto de mañana, el discurso de Pedro Sánchez girará en torno a los cuatro grandes asuntos que el líder del PSOE considera que marcarán la agenda política de los próximos meses. Son éstos: el debate sociolaboral, la educación, las pensiones y Cataluña. En el primero de ellos, según las fuentes consultadas, podría haber propuestas muy novedosas.

Todas hieren, la última mata

En sus comparecencias sobre la corrupción en su partido -judiciales, parlamentarias, ante la prensa…-, Mariano Rajoy es de ciclo alterno trifásico: unas veces miente, otras no contesta a lo que le preguntan y otras ataca a quien le interpela con un ‘y tú más’. Hoy, en el Congreso de los Diputados, el presidente del PP y del Gobierno ha activado las tres fases. Los suyos en el pleno le ovacionan el trifásico, en vez de preguntarse el porqué de la sobreactuación, y se dicen a sí mismos a la salida, una vez más, que su líder sale indemne de la cita.

Creo que se equivocan. Ni el PP logra desprenderse de las muchas inmundicias de corrupción que le han minado internamente estos años ni Rajoy se quita ante buena parte de la opinión pública el estigma de que sabe mucho más de lo que dice sobre la corrupción en su partido. Que quizás la toleró, la propició o se pudo beneficiar personalmente de ella. Y que cuanto más calla o que cuanto menos se explica, más crecen las sospechas.

Dice Rajoy que ya ha comparecido en sede parlamentaria 52 veces sobre temas de corrupción. Es muy probable que le queden algunas más. Al calendario policial y judicial sobre la corrupción en el PP le faltan aún muchas hojas por arrancar.

‘Omnes feriunt, ultima necat’, dice un lema frecuente en algunos viejos grandes relojes de pared o de torre. Todas (las horas) hieren, la última mata. Con la corrupción pasa algo parecido. Aunque no lo parezca, cada caso, cada episodio, cada detalle -y cada mentira o media verdad consiguientes- es una gota más que se añade al vaso. Hasta que rebosa.

Le pasó a Esperanza Aguirre. Se creía siempre a cubierto de las hediondas salpicaduras del PP de Madrid, hasta que la hora Ignacio González la mató políticamente.

El reloj sigue en marcha, presidente.

 

El conflicto en El Prat, compendio de puntos negros de nuestra economía

Un servicio en una infraestructura pública -el de seguridad en el aeropuerto de El Prat- privatizado por una empresa pública, Aena, que se lava las manos.

Una concesionaria, Eulen, a la que le ha ido muy bien en su cuenta de resultados con operaciones como esta, que huelen a capitalismo de amiguetes.

Unos trabajadores malpagados y saturados de horas extra, tan desmotivados e indignados que acaban declarándose en huelga.

Unos usuarios que padecen el mal servicio y se sienten con razón rehenes de unos y de otros.

Una administración pública -la central: el Ministerio de Fomento y el Gobierno- que primero no interviene porque dice que es un conflicto privado y después ‘militariza’ el servicio privado porque considera que es una emergencia pública y manda a la Guardia Civil a hacer de esquiroles de los huelguistas.

Otras administraciones públicas -la autonómica catalana y la local de Barcelona- con escasas posibilidades reales de intermediación, por una normativa obsoleta e ineficiente.

El conflicto de El Prat es un compendio de muchos de los puntos negros de la economía española. Las cacareadas modernización, recuperación, eficiencia, productividad y competitividad… de nuestra economía eran esto: dejación de funciones por parte de la administración, peores servicios públicos, mejores rendimientos privados, pauperización del empleo y de los salarios…

 

 

En el undécimo Harry Hole, Jo Nesbø se toma un descanso

A unos 6.000 kilómetros de la fría Oslo, y entre calores africanos, acabo de terminar la lectura de la larguísima -casi 600 páginas- La sed (Roja & Negra, Penguin Random House), undécima y por ahora última entrega de la serie del policía Harry Hole, del noruego Jo Nesbø.

Tipo curioso Nesbø, pues antes que escritor de novela negra de éxito mundial fue cantante pop, compositor, agente de Bolsa y alguien me contó en Noruega -creo recordar que un colega del diario VG, del grupo al que perteneció 20minutos– que incluso reportero ocasional en Dagbladet, el diario popular competidor de VG. Ah, y autor de interesantes cuentos para niños que también están editados en castellano.

Como las diez entregas anteriores -solo me he perdido una, lo enmendaré rápido-, La sed engancha desde el comienzo y es altamente adictiva. Nada que objetar por ahí. Pero no sé si por mi saturación como lector fiel de la serie o por la fatiga de Nesbø como su creador, lo cierto es que la sed de novedad, de innovación y de maduración del personaje se sacia esta vez poco. El autor se ha tomado un descanso, se ha relajado un poco. Demasiadas pistas de culpables que se nota que no lo son, demasiados trucos literarios ya vistos, demasiadas relaciones cruzadas entre personajes algo forzadas, de nuevo al amago de que antes o después se cogería el exalcohólico Hole una tremenda borrachera… Creo, además, que es el primer libro de la serie en el que sospecho quién es el asesino antes de transcurrido el primer tercio del texto.

Para los fervorosos de Nesbø -como yo-, La sed es de obligada lectura por mantener la afición. Para los que aún no conozcáis a Hole, os sugiero mejor que o bien lo hagáis por su orden natural de publicación -El murciélago, Cucarachas, Petirrojo...-, y así os evitáis el autospoiler, o bien por alguna de las grandes: por ejemplo, El muñeco de nieve, en mi opinión la mejor.

PD. Si eres aficionado a la novela negra, quizás te interese esta vieja entrada en mi blog: Cada ciudad, su detective. Ya mencionaba en ella a Hole, pero no lo incluía en el ramillete de mis detectives favoritos: Adamsberg, Mandrake, Belascoarán, Gordiano, Montalbano… Hoy sí lo haría, pese a La sed.

Buenas noticias para Pedro Sánchez

El Barómetro del CIS de julio, publicado hoy, está lleno de buenas noticias para el PSOE y para su líder, Pedro Sánchez.

– Coloca al PSOE a menos de cuatro puntos porcentuales del PP: 28,8% de voto estimado CIS para el PP y 24,9% al PSOE (en las últimas elecciones generales, la diferencia a favor del PP fue de 10,37 puntos).

– En voto directo, el partido que lidera Pedro Sánchez aventaja con cierta holgura al que lidera Mariano Rajoy: 19,1% para el PSOE frente a 17,1% para el PP.

– Pobre reputación para ambos líderes, pero Sánchez sale bastante mejor valorado que Rajoy cuando se les puede medir con datos homogéneos: en la valoración del 0 al 10, ambos suspensos, pero el socialista logra 3,73 puntos de nota media y el popular 2,79.

– Cuando se pregunta por la confianza que inspiran uno y otro, están muy igualados tanto en los apoyos (al 18,6% de los encuestados le inspira mucha o bastante Rajoy y al 18,4% mucha o bastante Sánchez), como en los rechazos (al 79,8% de los encuestados, Rajoy les inspira poca y ninguna confianza, y al 78,5% poca o ninguna Sánchez).

-El incremento de voto le llegaría ahora al PSOE de sus dos graneros más ansiados: el 6,7% de los que le votarían ahora votaron a Unidos Podemos en 2016 y el 12,3% de sus  ahora votantes no votó en las elecciones de hace poco más de un año.

Sin elecciones a la vista, el reto del PSOE esa hora consolidar la tendencia, cosa harto difícil por la volatilidad del voto. “En ello estamos”, comentan en la dirección socialista.