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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Un caballo andaluz es el símbolo estadounidense de la libertad

 

Muy pocos saben que uno de los símbolos más auténticos y originales de los Estados Unidos, el caballo Mustang, proviene de España. Y más concretamente de los caballos de la Marisma del Entorno Natural de Doñana. Unos animales que llegaron durante la conquista de América, se asilvestraron y muy pronto se extendieron por toda Norteamérica hasta superar los dos millones de cabezas a comienzos del siglo pasado.

Masacrados por los rancheros, molestos por la competencia que les hacen a sus vacas por los pastos, ahora mismo están protegidos. Lo de Mustang, tan americano, en realidad proviene de la palabra española mesteño, que es como ya en el siglo XIII se llamaba a los animales que no tenían dueño conocido, y que por las leyes de Castilla debían pasar a propiedad de las mestas o concejos de ganaderos.

Su historia ha sido recogida por la productora cinematográfica Azul Media, quien según informa Marca España, ha decidido difundir entre la población española y estadounidense el origen del mustang a través del proyecto “Mesteño. El caballo de la marisma que conquistó América”. Un documental que profundiza en la vida en libertad, la historia y las tradiciones asociadas a los caballos que habitan en las marismas de Doñana y que se dividen en dos razas: el caballo de las Retuertas y el caballo marismeño. Lee el resto de la entrada »

No tenemos ni idea de lo que comemos

Fish_and_chips

Clásico fish&chips o pescado frito con patatas. © Wikimedia Commons

Me lo olía. Tan mal como me huelen algunos de esos establecimientos de comida rápida que me niego a denominar restaurantes. Da igual lo que pidas. Hamburguesa de ternera o kebab de cordero. Tan sólo cambia el formato del bocata, pues al final muchos te dan la misma bazofia, puré de carne de procedencia ignota.

© Wikimedia Commons

© Wikimedia Commons

Ya se nos ha olvidado el escándalo de la carne de caballo, pero seguro que por ahí siguen sus proteínas relinchando/rechinando entre nuestros sufridos dientes.

El último informe de la OCU es demoledor. De 25 kebabs analizados en Madrid, tan sólo uno era 100% la prometida carne de vacuno. 11 presentaban una higiene deficiente y la vaca tenía plumas, pues en un 50% era pollo.

Todo eso sin entrar en su calidad ni analizar de dónde vienen y en qué condiciones se crían esos pobres animales que acabarán travestidos en nuestras mesas, tras haber hecho más kilómetros dentro de un congelador que los famosos baúles de la Piquer, doña Concha.

¿Qué quieres que te den por 4 euros?, dirá más de uno. Pues quiero que no me estafen ni jueguen con mi salud.

Porque volviendo a los kebabs, el mismo informe de la OCU señala que superan en aporte de sal y grasas a las hamburguesas más denostadas, que ya es decir. Y por ello sus expertos recomiendan moderar el consumo.

Muy complicado, por no decir imposible, evitar lo que no se ve o, peor aún, lo que no se quiere ver. En muchos comedores y restaurantes la merluza es panga vietnamita, el mero triste perca del Nilo (la pesadilla de Darwin), la lasaña de ternera tiene caballo y cerdo, la empanada de atún es de bacoreta o listado y el pulpo a la gallega, ¡ay el pulpo a la gallega!, se hace con potón del Pacífico.

Destrozando el bello poema de Campoamor, podríamos decir que “en este mundo traidor / nada es verdad ni mentira”. Sobre todo si hablamos de comidas.

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Cada vez comemos más hamburguesas de caballo, queramos o no

Caballos

Toda la vida he escuchado en casa una divertida anécdota familiar. Un día vino a comer el jefe de mi padre, que se las daba de gourmet (además de chulo insufrible) y mi madre, como gran venganza, le preparó un guiso de caballo asegurándole que se trataba de novillo. El hombre salió encantado y mi madre aún se ríe de él, pues ofrecerle ese plato secreto le resultó mucho más repelente, y más vengativo, que darle gato por liebre.

Tradicionalmente, comer carne de caballo en España estaba relacionado con la pobreza y la necesidad. Por eso me ha sorprendido la noticia de que cada vez se consume más equino en nuestro país. Casi 15.000 toneladas el año pasado. Y no lo elegimos por ser más saludable y tener menos grasa, sino básicamente por ser más barato.

Su asequible precio está relacionado con algo aún más terrible. Ante la crisis económica y el aumento del precio de los piensos, la falta de mercado de venta, alquiler o doma de los animales vivos ha provocado el repunte de su producción cárnica. En lugar de disfrutar con montar tan maravillosos seres los estamos enviando masivamente al matadero; los estamos convirtiendo en comida para perros o albóndigas de bajo coste.

Tristemente relacionado con ello es el reciente escándalo de las hamburguesas británicas e irlandesas, supuestamente de ternera, pero que en un alto porcentaje están hechas con caballo, casi seguro español. Aunque si allí ha llegado esa carne que nunca han comido, imagínense lo que puede haber en las nuestras. Prefiero no saberlo.

Se trata de una estafa al consumidor sin repercusión para la salud, pero para un inglés el engaño es mucho peor que el perpetrado por mi madre. En ese país perros, gatos y caballos son considerados queridas mascotas. Y nadie es tan salvaje como para comérselas.

Yo en el fondo tampoco. Veo en el supermercado carne de potro y se me saltan las lágrimas. ¿Comida de crisis? Por eso me estoy haciendo vegetariano.

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Un decreto amenaza a los últimos ponis salvajes de Galicia

La única cabaña de caballos salvajes de España, la más numerosa de Europa, está en peligro de desaparecer. Los garranos o ponis gallegos están amenazados por un decreto regional que impone fuertes multas a los propietarios por dejarlos en el monte, como se ha hecho desde hace miles de años. Los resultados de esta norma irreflexiva han sido fatales. Hace dos años había entre 18.000 y 20.000 cabezas de este animal único en Galicia. Ahora, aunque no hay censo oficial, no quedan más de 16.000. Los últimos equinos indomables a los que la administración se empeña en domesticar a golpe de boletín oficial. Algo tan difícil como domesticar jabalíes.

La nueva normativa dificulta la tenencia de dichos caballos, encareciéndola con tasas y caros microchips identificativos (más caros que los propios potros), burocratizándola y obligando a encerrar los animales en “pastos registrados”. Si el animal no tiene chip, será sacrificado.

Los garranos galaicos tienen un enorme valor biológico como mantenedores de unos paisajes únicos donde las praderas se intercalan con los bosques. También ayudan a evitar los incendios forestales. Incluso podrían llegar a ser considerados subespecie equina independiente, la Equus ferus atlanticus. Pero sobre todo tienen una inmensa importancia cultural. Especialmente en reuniones ganaderas únicas como la tradición de los curros o “rapa das bestas”, fiesta anual donde se les encierra por un día para raparlos y sanearlos, siendo devueltos después al monte. Sobreviven en un ambiente hostil donde no podría vivir un caballo doméstico, en dura lucha con el lobo, a cuyas poblaciones ayudan involuntariamente a conservar reduciendo así el impacto en la ganadería.

El biólogo Santiago Bas López es el promotor de una cibercampaña lanzada a través de Change.org para proteger a los últimos garranos galaicos. En 15 días ha logrado más de 10.000 firmas. Su objetivo es salvar al caballo salvaje “de un decreto que lo aboca a la extinción”. La suya y la de una cultura milenaria.

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Regresan a España los caballos salvajes de Altamira

Mañana, 24 de octubre, correrán libres por San Cebrián de Mudá (Palencia) tres caballos de la raza Prezwalski, los más parecidos a los que pintaron nuestros antepasados en las cuevas de Altamira y Tito Bustillo. Son la última raza de caballos salvajes de Europa, herederos de los grandes rebaños de herbívoros que cazaban los hombres de Cromagnon, extinguidos en la Península Ibérica hace más de 1.000 años.

Estos caballos compartirán el espacio palentino con un sorprendente grupo de bisontes europeos (Bison bonasus), donde ya pastan en régimen de semilibertad 15 ejemplares y ha nacido la primera cría. España contribuye así a los esfuerzos internacionales por salvar estas dos especies y, a la vez, recupera con ellas los símbolos del paleolítico pintados en las cuevas hace 30.000 años.

Fernando Morán, presidente del Centro de Conservación del Bisonte Europeo en España, es el promotor de tan aventurero proyecto que considera una apuesta de futuro y desarrollo sostenible. Le apoyan, entre otros, el alcalde de San Cebrián de Mudá y el periodista ambiental Benigno Varillas.

Soñar con el regreso de los grandes rebaños paleolíticos es ya imposible. Pero lo que sí pueden lograr estos animales es ayudar al desarrollo rural de zonas que se están quedando sin habitantes y sin ganadería como es la montaña palentina, al mismo tiempo que se protege a animales en peligro de extinción y se lucha contra los incendios forestales. Aunque sólo sea por ello, el proyecto merece la pena.

La reserva nacional del bisonte europeo está en San Cebrián de Mudá, Palencia (www.mundominer.es). La visita es guiada, cuesta 4 euros y dura unas dos horas. Como los animales se mueven libres por la reserva no hay seguridad de verlos, por eso se recomienda ir a primera hora de la mañana.

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Llega el champú milagro inspirado en los caballos

Al salir ayer del supermercado, poco antes de pagar, la solícita cajera me mostró una botella de champú de caballo.

– “¿No le interesa probarlo?”, me espeta. “Es buenísimo para el pelo”.

– “Gracias, pero no tengo caballo”, le respondo con igual amabilidad.

– “No es para los caballos, es para las personas”, me advierte sin perder la sonrisa.

– “¿Está hecho con extracto de caballo?”, pregunto horrorizado.

– “No, no creo”, me responde dudosa. Y rápidamente llama por el intercomunicador a su jefe para confirmarlo. Segundos después, respira aliviada:

-“No tiene nada que ver con los caballos. Se llama así por llamarlo de alguna manera. Pero tiene biotina, que es algo muy bueno para el pelo. Y sólo cuesta 6 euros”.

Rechacé la oferta y me quedé intrigado. ¿Qué tienen en común los champús con los caballos?

Para quienes hayan tenido la misma duda se lo cuento: no tienen nada en común.

Por lo que se ve, algunos cuidadores de caballos se lavan el pelo con el mismo champú con el que les lavan las crines a sus animales, a pesar de que los equinos carezcan de cuero cabelludo. Y también, según parece, el resultado en cuanto a brillo y fortaleza resultaba espectacular. En España se ha corrido la voz gracias al boca a boca, y desde hace poco hay una auténtica fiebre cosmética por este productos cuyo uso en principio no debería de estar indicado para las personas. ¿Pero de verdad funciona?

Dicen que el secreto de este jabón está en un ingrediente casi mágico, la biotina. Una vitamina que, empero y según los especialistas, no se absorbe por nuestro de natural impermeable cuero cabelludo, y que el organismo (de personas y de caballos) produce de forma natural. Así que poco podrá hacer por nuestros tupés y pelucones.

Me temo, queridos amigos y amigas, que nos hallamos ante otro de estos productos milagro tan del gusto de los magufos de la cosmética. Esos que nos ofrecen sin parar babas de caracol, proteínas de seda (pero no de garbanzo), liposomas antiarrugas, iones, química cuántica o veneno de serpiente, entre otras moderneces de discutible efectividad.

Y es que parece mentira que estemos en pleno siglo XXI y sigan contándonos eso de “pero a mí me funciona” al estilo de los charlatanes del salvaje oeste americano. Primero llegaron sus carromatos ambulantes y ahora tenemos incluso a sus caballos. Engrifada se me ha quedado la melena.

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Impiden una matanza de caballos salvajes en Rumanía

Nos escribe una lectora a la redacción de 20Minutos, indignada por una noticia terrible que apenas está teniendo eco en Europa. Los aproximadamente 2.500 caballos salvajes del Bosque Letea, un importante espacio natural situado en el corazón de la Reserva de la Biosfera del Delta del Danubio, en Rumanía, están amenazados de muerte.

Se les quiere convertir en filetes para reducir la presión que su alto número supone a la flora protegida de un amenazado hábitat forestal único en el mundo, especialmente a sus lianas y otras especies trepadoras. En realidad, la matanza oculta un oscuro negocio de venta de carne de equino hacia países como Italia.

Estos caballos salvajes eran animales domésticos utilizados para los trabajos de labranza por la población local, pero fueron abandonados por sus propietarios tras la caída del comunismo, a partir de 1989, y ahora su excesivo número pone en peligro los hábitats y despierta la codicia de los tratantes.

Hace unos días, gracias a los esfuerzos de los voluntarios se ha podido parar un camión que transportaba 54 caballos del Bosque Letea a un matadero. Los pobres animales estaban en unas condiciones pésimas, sin haber comido y bebido agua durante más de 48 horas. Cuatro murieron y otros están muy heridos. Como critica nuestra informante: ¡Y las autoridades no mueven ni un dedo!

Hay alternativas. Como evitar que entren en el bosque. En 1994 ya se hizo. Se instaló una alambrada para proteger Letea de los caballos, pero al carecer de mantenimiento se ha ido rompiendo y actualmente no sirve para nada. Más sencillo sería capturarlos y trasladarlos a otras regiones naturales de Rumanía, o venderlos, pero no se hace.

El matadero parece ser la única y salvaje alternativa hasta el momento aceptada. A no ser que nuestras protestas lo impidan. En este enlace tenéis toda la información, actualizada (en inglés) por una meritoria asociación rumana de protección de los animales. Hay también una página en Facebook con su versión en castellano, SOS Delta Caballos.

Y para los escépticos os dejo a continuación un terrible vídeo donde una televisión rumana muestra el incivilizado método con el que se están capturando a estos pobres caballos para llevarlos al matadero. Absolutamente terrorífico ¿no os parece?

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Australia quiere matar 10.000 caballos salvajes

En Australia los caballos salvajes son una plaga, una terrible plaga sobre cuatro patas a la que se acusa de dañar los ecosistemas. Por eso las autoridades han decidido acabar con ellos por lo sano. A tiro limpio.

Sólo en el Parque Nacional de Carnarvon, en el Estado de Queensland, ya han matado más de un millar en el último año. La mayoría desde helicópteros, dejando a los animales heridos abandonados a su agonía. 10.000 más serán sacrificados en los próximos tres años si no se logra parar entre todos esta barbarie. Si no se buscan otras alternativas menos salvajes como la captura, la traslocación o la esterilización.

Australia es el hogar de unos 300.000 caballos salvajes, la mayor población de este tipo en el mundo, a pesar de ser allí una especie introducida. Los trajeron los ingleses desde Europa en el siglo XVIII. Fueron una gran ayuda para los colonos, tanto como animales de tiro como para carne. Pero ahora molestan. Sobre todo en los parques nacionales, donde su abundancia pone en peligro a las especies vegetales autóctonas. Porque como cruelmente ha señalado Keith Muir, director de la Fundación Colong para la Vida Silvestre , un grupo ambiental de Sydney que apoya el sacrificio de los populares brumbies, “los caballos son animales exóticos que no pertenecen a Australia”. Y añade este sujeto mal llamado ecologista:

“Si soltaran canguros en América sería como los caballos aquí. Estarían disparándolos como locos para tratar de controlarlos”.

Pues no despreciable señor. No lo haríamos. Como tampoco dispararíamos a las vacas y a las ovejas que por millones pueblan su país, con toda probabilidad ambientalmente mucho más dañinas que los pobres equinos.

No conozco ningún ser vivo más maravilloso que el caballo. Como ya os conté en una ocasión, sólo la noble energía del contacto con su piel cura graves enfermedades.

¿Matarlos en masa como a ratas? Jamás. Debemos impedirlo. ¿Qué podemos hacer? De momento, firmar aquí en contra de esta salvajada. Hasta él momento apenas se han recogido 5.000, pero podemos llegar al millón. La mía ya la tienen. ¿Y la tuya?