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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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¡Increíble! Así bailan los estorninos con un halcón peregrino

La naturaleza nunca deja de sorprendernos. Salgo al campo a última hora de la tarde y me encuentro nubes negras moviéndose rítmicamente por el cielo. Son estorninos.

Un puntito negro, algo más grande que los demás, parece marcar cual director de orquesta el hipnótico movimiento de formas que se abren y cierran dibujando formas extrañas en los aires. Es un halcón peregrino.

¿Qué ocurre allá arriba?

El espectáculo resulta alucinante. Son miles de estorninos danzando sobre la laguna como un único cuerpo sensual frente a los requiebros del incansable halcón peregrino, su eterna (y peligrosa) pareja de baile.

Esta tarde han elegido bailar sobre las nubes una música hermosísima, el vals de las flores de Tchaikovsky, segundo acto del inmortal ballet El Cascanueces. Lo he grabado con emoción contenida en el Parque Natural de Molentargius, en el sur de la isla de Cerdeña.

El halcón peregrino está empeñado en cazar alguno de esos miles de estorninos nacidos en el norte de Europa y que, cual inteligentes cucos, pasan el invierno en los templados y bien surtidos campos mediterráneos. Los espera al caer el día, cuando llegan en apretados bandos hacia el carrizal donde pasarán la noche todos juntos, en ruidosa compañía.

El esfuerzo es brutal para la rapaz, que no para de lanzar ciegos ataques furibundos contra los apretados grupos de aves, incapaz de elegir una presa de entre los cientos de pájaros que, como arenas de la playa, se le escapan por entre las garras una y mil veces.

Creo que es una hembra joven:

  • Hembra por su buen tamaño, superior al de los machos de esta especie.
  • Joven por su inexperiencia, empeñada en capturar lo imposible.

¿Qué forma es la más que se repite?

Como me recuerda un gran amigo y sabio, en estas composiciones fractales siempre aparecen bordes curvos.

Fijaos cómo se repiten las esferas en el momento de más tranquilidad y pasan a esferas deformadas por la presencia del halcón en los momentos de mayor tensión. Ya lo defendía el teórico de las formas Jorge Wagensberg en su libro La rebelión de las formas: “La esfera protege”.

Es la forma más estable. En la materia inerte la adopta una gota de agua, un planeta o una burbuja de aire. En el mundo vivo un huevo, una sandía o un bando de estorninos. En la materia inteligente las cúpulas de nuestras catedrales.

Llegan concentrase en este dormidero sardo decenas de miles de estorninos, volando juntos en apretada nube negra que se mueve como si fuera un único individuo, a semejanza de los cardúmenes de peces en el mar. Para mí es un hipnótico baile de pájaros.

Los ingleses lo llaman “Murmuraciones”.

¿Cómo hacen para volar juntos sin chocarse?

Es todavía un misterio, pero básicamente se resume en buen oído y excelente vista.

Para moverse apretados de forma sincronizada y con tantos cambios de dirección, sin molestarse ni chocar entre ellos, los estorninos necesitan estar bien comunicados. Por eso vuelan haciendo mucho ruido, informando al resto de estorninos de su posición exacta.

El otro factor clave es la luz y oscuridad. Durante el vuelo en grupo siempre tienden a seguir las siluetas oscuras de sus compañeros y evitan las zonas con claros por donde ven pasar la luz. Esto es lo que crea esos movimientos rápidos y permite los cambios bruscos de dirección.

Lo que todavía no sabemos es quién y cómo se decide el movimiento de todo el bando. Yo creo que pasa como en una banda de música, que el ritmo lo marcan todos los músicos a la vez, tocando como si fueran un único instrumento.

Hay otra razón importante para explicar estos bailes aéreos que no debemos pasar por alto: les gusta. Estoy seguro de que los estorninos disfrutan de estos vuelos; les causa placer. Los hace más felices.

¿Por qué se juntan en esos grades bandos solo en invierno?

Porque que en invierno no tienen que atender a los pollos y el hambre les aprieta. La suya es una estrategia de supervivencia.

Además de facilitar la búsqueda de alimento, los grandes bandos sirven a los estorninos para despistar a los posibles depredadores, como los halcones. Es mucho más fácil detectar cualquier amenaza cuando suman miles de ojos pendientes de cualquier intruso.

Para los depredadores, por otro lado, estos grandes bandos reducen su éxito durante la caza. Con sus movimientos y constantes cambios de dirección, los estorninos logran despistar al depredador, que no alcanza a fijar la atención en una única presa.

Esta estrategia es muy parecida a la de los bancos de peces. O a la de las cebras frente a los leones. A mí me ocurre lo mismo cuando entro en una cafetería llena de gente: no consigo identificar entre tantas caras a la persona con la que he quedado. Imagino que es su manera de defenderse de mí.

¿Por qué los grandes bandos se ven al atardecer?

Porque es cuando los estorninos están a punto de entrar al dormidero. Duermen todos juntos y van buscando los buenos lugares donde pasar la noche seguros. El lugar con menos peligro será siempre el centro, aunque tiene un serio inconveniente. Durante la noche te caerán encima las cacas de quienes duermen en las ramas más altas.

Allí, cantando cientos de miles todos juntos, el aflautado canto de un individuo acaba transformándose en esta pesadilla sonora.

¿Por qué vienen a dormir a nuestras ciudades?

Pues básicamente por dos razones. La primera, porque donde vivimos no hay más depredadores que nosotros mismos, y por las noches no les molestamos. Es por lo tanto un lugar seguro y tranquilo.

La segunda razón y aún más importante, es que, gracias a nuestra iluminación artificial, nuestro asfalto, nuestra contaminación y nuestras calefacciones, en las ciudades hace siempre más calor que en el campo. Y eso lo saben los estorninos.

Pero cuando un dormidero es de medio millón de pájaros vocingleros que ocupan un parque o los árboles de un paseo, tenemos un problema urbano.

¿Se les puede/debe desahuciar de las ciudades?

En la mayoría de las ciudades españolas, estas incómodas, sucias y ruidosas concentraciones nocturnas se están combatiendo con grabaciones estridentes de los gritos de alarma del pájaro, disparos de aire comprimido, petardos e incluso halcones, pero tienen escaso éxito.

Es preferible aceptarlos. Disfrutar de la asombrosa sincronización de los bandos haciendo mil garabatos imposibles en el aire. Y ante todo, evitando aparcar el coche debajo de donde ellos duermen o amanecerá cubierto de mierda.

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