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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Los cerdos vietnamitas amenazan a los jabalíes españoles

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La culpa la tuvo George Clooney. Como él, muchos quisieron tener de mascota un cerdito vietnamita. Con apenas 5 kilos, tiene pinta de no haber roto un plato en su vida. Pero vaya si los ha roto. Los imitadores del actor no se pararon a pensar que compraban un cerdito, cer-di-to. Una cría que con el paso del tiempo se convirtió en adulto ganando peso y tamaño. No como nuestros cerdos blancos, que pueden llegar a pesar 300 kilos, pero sí casi los 100. ¿Les parece posible tener un bicho así trotando por el pasillo? El original regalo de Reyes pronto se convirtió en un tormento. Pero sus dueños no podían convertirlos en chorizos, así que optaron por “liberarlos”.

Viet-na-mi-ta. Procedente de Vietnam. Ni de Móstoles ni de L’Hospitalet. Muchos no lo han entendido así. Y han soltado sus cerditos glotones por el campo español.

“No harán daño a nadie”, pensará más de uno. “Podrán vivir salvajes, igual que un jabalí”. Exactamente, ahí está el problema. Estos cerdos asiáticos, una raza de otro continente, se han adaptado perfectamente a nuestros montes. Incluso han hecho tan buenas migas con los jabalíes que se han reproducido con ellos dando lugar a extraños híbridos, como demuestra un reciente estudio científico publicado en la revista Animal Biodiversity and Conservation.

¿Divertido? En absoluto. Es una catástrofe ecológica. Su presencia pone en peligro la pureza genética de nuestros jabalíes autóctonos. Sin miedo al ser humano aumenta el peligro de que produzcan daños en la agricultura. También provocarán accidentes de tráfico. Y todo por no tener un poco de cabeza sus dueños.

Mapaches, serpientes, coatís, galápagos, cotorras,… Nos estamos cargando la naturaleza a golpe de liberaciones descabelladas. Cuando lo fácil sería acudir a una protectora de animales y dar hogar a alguno de tantos perros y gatos abandonados, dejando a cerdos vietnamitas y al resto de este zoo loco de exóticas en sus países de origen.

Foto: Pets clan

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El mosquito tigre amenaza al turismo español

La noticia ha tenido escasa repercusión mediática. Los científicos han localizado una población estable de mosquito tigre (Aedes albopictus) en el municipio de Bunyola (Mallorca).

Vaya novedad, dirán algunos. Mosquitos hay en todas partes. Es verdad, pero no como éstos. Detectados por primera vez en España en agosto de 2004 (Sant Cugat y Cerdanyola del Vallès), en apenas cinco años los mosquitos tigre han colonizado el litoral mediterráneo extendiéndose por Cataluña, Castellón, Alicante, Murcia y, ahora, también Baleares.

Su llegada afecta muy negativamente a las zonas turísticas, impotentes para evitar ataques a una clientela que huye espantada. Sólo quien han sufrido la dolorosa picadura de este insecto originario del sudeste  asiático sabe bien lo que supone la aparición de tan molesto invasor. Son muchos quienes rechazan conocidos lugares donde pasar las vacaciones si saben que en ellos medran tan molestos vecinos.

Como la mayoría de los mosquitos, las únicas que pican son las hembras, pero éstas lo hacen con especial daño, igual de día que de noche. Y crían en cualquier mínimo lugar con un poco de agua como jarrones, cubos, macetas, latas y hasta juguetes abandonados, haciendo prácticamente imposible su erradicación. Por algo está considerada una de las 100 especies exóticas invasoras más dañinas del mundo.

El mosquito tigre es un insecto que se reconoce por su mayor tamaño y por las rayas negras y amarillas de aspecto atigrado que presenta en el cuerpo y patas. No es venenoso ni contagia enfermedades raras, pero pica que se mata.

Convertido en un turista más, es sin duda el menos deseado, el más incómodo y contraproducente. Un bicho al que las abundantes lluvias de este templado otoño le darán más alas para invadir nuevas ciudades, nuevas zonas hoteleras, nuevos centros turísticos y residenciales.

Podíamos, deberíamos, haber evitado su llegada a España con controles serios en las fronteras, pero la batalla está perdida. Como se ha perdido para evitar el avance del picudo rojo que devora las palmeras, del mejillón cebra que atasca cualquier tubería, de la avispa asesina que nos deja sin abejas, del caracol manzana que arrasa los campos de arroz. El mundo es ahora tan global que hasta compartimos las plagas. Sin programas serios de detección y erradicación temprana, estos nuevos invasores tienen todas las de ganar. Y nos confirman lo que ya sabíamos. Que cada cosa, animal o planta tiene su sitio en el planeta y debemos dejarlos en ese sitio. O si no, atengámonos a los picotazos.

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Los coatíes conquistan Mallorca

Esto de las mascotas exóticas se está convirtiendo en un gravísimo problema de conservación. Y no sólo por la aparición en el campo de serpientes, iguanas, loros, ardillas, escorpiones o tarántulas. Ya os conté en este mismo blog la existencia de una floreciente colonia de mapaches en el madrileño Parque Regional del Sureste, originada por la imprudente e ilegal suelta en el espacio protegido de ejemplares comprados como mascotas pero que al final resultan una molestia.

Pues bien, ahora le llega el turno a los coatíes (Nasua nasua), igualmente disponibles en Internet por unos 500 euros ejemplar. Estos pequeños parientes de los mapaches, también de procedencia americana, han comenzado colonizar Mallorca, especialmente la Sierra de la Tramontana. Los primeros animales se vieron en 2004, pero ya antes había informaciones de payeses que señalaban la presencia de “pequeños osos hormigueros” en la zona. En dos años se han capturado nada menos que 12 ejemplares en libertad. Y lo más problemático es que algunos de ellos eran juveniles, lo que indicaría que han nacido en el campo.

Los técnicos mallorquines tratan de erradicarlos del medio natural e incluso el Gobierno balear lo ha declarado este año especie cazable, pero dado lo abrupto del terreno y asombrosa capacidad de adaptación de estos narigudos animales quizá sea ya imposible acabar con ellos.

Sin embargo su erradicación será todavía más difícil si la gente sigue comprando estas mascotas, descubren luego que es imposible tenerlas en casa y las terminan soltando en el monte, ajenos al destrozo ecológico que pueden causar. No sólo desplazan a la fauna autóctona, pues se comen nidos y pajarillos de especies amenazadas, sino que incluso han llegado a atacar a corderos recién nacidos.

Controlar el tráfico de especies exóticas parece todavía muy exótico y las Administraciones no están haciendo nada para atacar el problema desde la raíz, impidiendo la venta de estos animales. Y por nuestra parte, mientras nuestro amor a los animales quede reducido al capricho de tener un coatí o un mapache en el jardín, tampoco avanzaremos mucho en la defensa de la Naturaleza.

El coatí amenaza a la fauna autóctona de Mallorca.