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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Los monos de Gibraltar se extinguen en África

Macaco

Mañana miércoles 16 de marzo se celebra el Día Internacional del Macaco. Los macacos (Macaca) son un género de primates muy especiales. Aparte de nosotros, los únicos que viven más allá de los trópicos, llegando hasta el norte de África, sur de Europa, China y Japón. Se han descrito 22 especies diferentes, siendo las más conocidas el macaco japonés (Macaca fuscata) [el que se baña en agua caliente para huir de la nieve] y la mona de Gibraltar (Macaca sylvanus). Esta última me fascina desde la primera vez que la vi en La Roca, supe de su origen, y años más tarde me la encontré de nuevo en los bosques de cedro de Marruecos.

Es el único miembro del género Macaca que vive fuera de Asia, pero esta cercanía a la supuestamente desarrollada Europa no le ha traído ninguna ventaja. Todo lo contrario. Está en peligro de extinción. En treinta años, la población salvaje se ha reducido un 65%. Lee el resto de la entrada »

Churchill ya no puede salvar a más monos de Gibraltar

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© Wikimedia Commons

En septiembre de 1944, en plena ofensiva aliada contra el ejército alemán, el primer ministro Winston Churchill tiene un temor supersticioso. Conoce la leyenda de que el día en que los monos desaparezcan de Gibraltar, la Roca dejará de ser británica. Y en ese momento sólo quedaban cuatro animales, herederos de los llevados en 1704 por los ingleses para asegurarse un alimento extra en caso de sitio español. Churchill se cree la historia y considera muy alta la posibilidad de perder la colonia. Por ello encargará a un comando especial de soldados de élite una misión tan secreta como sorprendente, por no decir ridícula: reforzar la población de monos de Gibraltar con animales africanos.2004Barbary_Macaque_on_market_Photo_AAP_Ronald_Troostwijk[5]

Ahora, eso sí, lo hicieron muy bien. Para evitar problemas de consanguinidad se capturaron macacos de las dos poblaciones salvajes existentes, la argelina y la marroquí; 24 en total, 12 de cada núcleo. Desde entonces y hasta 1991 su cuidado fue responsabilidad de la Royal Navy. Ahora son cerca de 300, así que la pertenencia del territorio a Isabel II parece garantizada.

Donde está ahora el problema es en las poblaciones naturales de este macaco (Macacus sylvanus). De Berbería y no de Gibraltar, pues su distribución natural es norteafricana.  La única especie de primate al norte del Sáhara.

Según ha informado la asociación AAP Primadomus a través de un comunicado de prensa, en los últimos 30 años la población en Marruecos y Argelia ha descendido espectacularmente, de 23.000 a tan solo 8.000 ejemplares; una impactante caída del 65%.

Un informe del investigador de la Universidad de Utrecht Daan van Uhm revela que aproximadamente 200 macacos de Berbería, en su mayoría crías, son capturados en estado salvaje en Marruecos cada año para alimentar el comercio ilegal de mascotas en Europa y la industria turística.

Por lo no hablar de los muchos que, como me explicó hace dos años en el Rif un naturalista marroquí, son directamente cazados y comidos como una presa cinegética más.

Sin un Churchill salvador que decida poner fin a esta sangría, los pobres macacos desaparecerán del bosque y terminarán, apenas los más afortunados, provocando risas a los visitantes petardos del zoológico.

Según coinciden los expertos, si la Unión Europea y Marruecos no toman las medidas necesarias para poner fin al comercio y la caza ilegal, así como a la destrucción de los bosques donde vive, la especie corre serio peligro de extinguirse.

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Aves y desierto. Estudian el cambio climático a las puertas del Sáhara

charranes

Hace un par de semanas os hablé de mi viaje al sur de Marruecos para conocer en detalle el proyecto Climatique. Entonces me centré en los profundos cambios socieconómicos, y por lo tanto ecológicos, que se están desarrollando a toda velocidad en nuestro país vecino. Algunos lectores de esta bitácora se mostraron muy interesados por el tema y me pidieron más datos. Vuestros deseos, ya lo sabéis, son órdenes.

Las aves migratorias son excelentes indicadoras de los cambios ambientales que sufre nuestro planeta. Son tan dependientes del clima que su modificación puede beneficiar a algunas o provocar la extinción de otras, al alterar comportamientos o rutas de viaje. Por eso resulta muy importante estudiarlas allá donde se muestran más vulnerables. Desde marzo de este año, un grupo de investigadores canarios analiza los efectos del cambio climático sobre la  migración de la aves en el sur de Marruecos, en el marco de un proyecto de cooperación denominado Climatique y liderado por el Instituto Tecnológico de Canarias.

Los valles, ríos, lagunas y playas del sur de Marruecos acogen cada año a miles de aves que viajan entre el continente europeo y el África ecuatorial en busca de zonas donde alimentarse, pasar el invierno o reproducirse. La región de Souss Massa Drâa es para muchas de ellas un importante lugar de descanso durante ese largo viaje. Así, cada primeva y otoño hacen escala especies tan sensibles e importantes como la espátula, el carricerín cejudo, la tórtola europea o la golondrina común.

Esta región es el límite entre la cuenca mediterránea y el desierto del Sáhara, por lo que el estudio de fenómenos como el avance del desierto, la migración de las aves e insectos y el ciclo anual de las plantas resulta vital para el diseño de acciones futuras encaminadas a frenar el cambio climático en la cuenca mediterránea.

Tan interesante y poco conocida zona fronteriza ha sido elegida por un grupo de investigadores canarios de la empresa Birding Canarias para estudiar la relación entre la migración de las aves y el cambio climático. Lo hacen dentro como una de las acciones de Climatique, cuyo objetivo principal es el intercambio de experiencias entre institucionales y profesionales en los sectores relacionados con la lucha contra las repercusiones negativas que el cambio climático está generando en las regiones de Canarias y Souss Massa Drâa.

El estudio se ha desarrollado durante los periodos migratorios primaverales y otoñales, en los meses de marzo a mayo y de agosto a noviembre. Durante este tiempo se han censado aves migratorias, estudiado las especies reproductoras y seguido la migración de las paseriformes a través de una estación de anillamiento científico.

Una vez terminado el trabajo de campo, los datos obtenidos se compararán con registros climáticos, tomados en la región durante el periodo de estudio, con el fin de analizar las relaciones entre llegadas de aves, tiempo de permanencia en la región y su adaptación a los cambios ambientales.

Como veis, un interesante trabajo verdaderamente ejemplar del que fui testigo y colaborador durante dos inolvidables semanas. Una maravillosa experiencia que debo agradecer a Juanjo, Pedro y Juan, cuya amistad no fue óbice para que me levantaran casi todos los días a las 4 de la mañana para ir a anillar aves. Pero mereció la pena.

ornitologos

pescador

Fotos: Birding Canarias y Oliver Yanes. La primera es de un grupo de charranes en la playa de la desembocadura del río Massa. La segunda son los ornitólogos censando aves en ese mismo espacio natural. La tercera es un martín pescador recién anillado al que se está pesando y tomando otros datos biométricos antes de proceder a su liberación.

El Proyecto Climatique está financiado por el Programa de Cooperación Transfronteriza España – Marruecos (POCTEFEX), por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional FEDER, liderado por el Instituto Tecnológico de Canarias – ITC, y cuenta con la participación de socios locales marroquíes como el Consejo Regional de Souss Massa Drâa, el Servicio Regional de Medioambiente de Souss Massa Drâa y la Universidad Ibn Zohr de Agadir.

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El desierto se frota las arenas del cambio climático

Souss-Massa Acabo de regresar de un viaje por el Sáhara. Allí he tenido la oportunidad de conocer el programa Climatique de cooperación transfronteriza entre España y Marruecos. Un proyecto piloto que estudia las aves migratorias como excelentes indicadores del estado del clima.

Traigo aún impreso en la retina el maravilloso sol africano meciéndose tras las palmeras de ese oasis que es el Parque Nacional de Souss-Massa. Pero también una gran preocupación por lo que se nos viene encima: el desierto.

La zona de estudio es el último cauce estable de agua dulce donde pueden reponer fuerzas miles de aves antes o después de atravesar el inmenso y árido Sáhara. Hasta él llegan retazos finales de bosques casi fósiles como los de argán (el del famoso aceite de la eterna juventud) que han sido declarados Patrimonio de la Humanidad. Un lugar tan importante como tremendamente frágil, pero sometido a una presión agrícola tremenda.

¿Agricultura en el desierto? Efectivamente, cultivos industriales bajo plástico para satisfacer la demanda europea de frutas y hortalizas, muchos de ellos promovidos por empresarios españoles y franceses.

La nueva Almería se desarrolla en el sur de Marruecos y tienen tanto derecho como nosotros para hacerlo. Otra cosa son las consecuencias ambientales. Las aves hace tiempo que encendieron todas las alarmas. Especies adaptadas a los ambientes saharianos avanzan hacia el norte mientras las norteñas retroceden o se refugian en enclaves montañosos. Otras modifican sus hábitos migratorios. Y todas sufren de una manera u otra el aumento de la contaminación del aire y el agua, la desaparición de los hábitats naturales, el avance de nuestra sociedad urbana y el retroceso del mundo rural tradicional.

Este viernes concluye en Varsovia la 19 Cumbre del Clima. Una oportunidad global para no continuar con este error garrafal, pero todo parece indicar lo evidente. Nadie está dispuesto a levantar el pie del acelerador. Y mientras tanto el desierto se frota las arenas.

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Resuelto el misterio de las palmeras gigantes

Antena falsa

Ayer me llevé una sorpresa morrocotuda. Estoy de viaje por Marruecos y me acerqué a ver aves a la desembocadura del histórico río Muluya, muy cerca de la frontera con Argelia. Se trata de una importantísima zona húmeda, amenazada por el avance de un desarrollo turístico desordenado, que tiene en la cercana localidad de Saïdia su principal centro neurálgico. La mayoría de los hoteles de allí son de capital español, así que sabemos muy bien de lo que hablamos cuando decimos “desarrollo turístico desordenado”.

El caso es que desde lejos, y muy cerca de los hoteles, descubrí una palmera gigantesca. La más grande que nunca había visto. Buscador de árboles singulares, me acerqué a contemplar el portento, aunque cuanto más me aproximaba más extraño me parecía. Al final descubrí su secreto. No era un árbol monumental. Era una antena de telefonía móvil camuflada de palmera. Toda ella metal pintado. Unos kilómetros más allá se levantaba otro engendro parecido.

La explicación a tal derroche de camuflaje lo tiene nuestro miedo (real o condicionado) a las radiaciones de este tipo de instalaciones. Nadie quiere estar en un hotel en cuyos tejados se levanten las polémicas antenas, pero nadie tampoco quiere un hotel donde no haya cobertura telefónica. ¿Resultado? Las compañías telefónicas han decidido engañarnos disfrazando sus antenas de todas las formas posibles. Incluso hay colectivos vecinales reconvertidos en cazadores de antenas. Las he visto ya trucadas como chimeneas e incluso como pirámides. Hasta en China me encontré una también con forma de árbol, una supuesta araucaria de 50 metros. Todo con tal de que no sepamos que tenemos alguna de ellas sobre nuestras cabezas.

Así que ya lo sabes. Si te encuentras un árbol gigantesco, antes de admirarlo acércate a él y dale unos golpecitos en el tronco. Quizá te lleves una sorpresa.

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Bosquicidio en Marruecos

Miren la foto. ¿No se les saltan las lágrimas? ¿No sienten al menos un escalofrío?

Más de cinco siglos de vida, quizá mil años, convertidos en un gigantesco tarugo de madera olorosa, a lomos de un destartalado camión aparcado en una desforestada planicie frente a las desnudas montañas de donde se arrancó a este viejo cedro del Atlas Cedrus atlantica.

¿Cuántas historias podría habernos contado, cuánta magia trasmitido, cuánto amor comunicarnos?

Hoy ya no existe.

Convertido en anodinos tablones, habrá servido para hacer puertas con las que cerrar de las miradas indiscretas los palacetes de los nuevos ricos occidentales. Para proteger con el debido lujo nuestras propiedades privadas, dándole al mismo tiempo un toque “cool” y étnico a nuestras mansiones.

La imagen, publicada en el Foro Andaluz de la Naturaleza, evidencia una triste realidad. En los últimos 20 años ha caído bajo el hacha implacable el 60% de los bosques de cedro de Marruecos, especialmente los ejemplares centenarios, los más valiosos para el ecosistema, pero también los más apetecibles para el mercado internacional de la madera.

Por si fuera poco, la expansión del cultivo de cáñamo indio (Cannabis indica) para abastecer de hachís a Europa está causando una grave deforestación en las montañas del Rif, en lugares tan emblemáticos como la región de Ketama. Y lo que no talan los agricultores lo degradan los ganaderos quienes, azuzados por el hambre, están sometiendo a este frágil bosque a un sobrepastoreo insostenible.

Más al sur, en el Atlas Medio, el avance del desierto y el aumento de la cabaña ganadera está dando lugar a un terrible bosque, el de los cementerios de cedros, antiguos cedrales de cuyos arboles muertos apenas quedan ya sus esqueletos en pie.

Dice Hermann Hesse en El viandante:

“Un árbol es vida de la vida eterna”.

Y añade:

“Quien ha aprendido a escuchar a los árboles ya no desea ser un árbol. No desea ser más que lo que es”.

Desgraciadamente, nuestra sociedad ya no escucha a los árboles, a la Naturaleza. Preferimos talarlos, convertirlos en insulsos metros cúbicos de madera.

Indudablemente, perdemos eternidad.

Argán, el aceite de la eterna juventud

El viajar, que no es lo mismo que hacer turismo, te permite hacer descubrimientos sensacionales. En mi último viaje la sorpresa ha sido el aceite de argán.

El argán (Argania espinosa) es un árbol único en el mundo, exclusivo de las resecas montañas del Atlas y el Antiatlas marroquí, en las regiones de Essaouira y Agadir, a las puertas del desierto. Sus bosques adehesados asemejan montes de encina, con ejemplares centenarios creciendo en pedregales imposibles. Por su importancia ecológica, pero también cultural y económica, en 1999 la UNESCO declaró a estos bosques Patrimonio de la Humanidad.

Especie tan dura como estas tierras, hasta hace poco agonizaba debido a la tala indiscriminada debido a la alta calidad de su dura madera. Sin embargo, gracias a las mujeres bereberes y al descubrimiento por los occidentales de las maravillosas propiedades del aceite de argán, tanto nutritivas como cosmetológicas, la extinción del árbol se ha detenido y sus masas forestales comienzan a recuperarse.

El aceite de argán es el más caro del mundo (50-100 euros el litro), el más desconocido y milagroso de todos, el secreto de la belleza y la salud de las mujeres bereberes, oro líquido, bálsamo sublime.

Para su extracción es necesario un lento y laborioso proceso desarrollado exclusivamente por mujeres, quienes se encargan tanto de su recolección como de la impecable extracción de la almendra interior tras quebrarle su duro hueso interior. Las machacan a mano, usando tan sólo dos piedras, sentadas en el suelo sobre una esterilla, arrulladas por el hipnotizante murmullo del constante matraqueo.

Trabajando 12 horas diarias, las 60 mujeres de la cooperativa de mujeres Tafyoucht de Mesti (Tiznit) que recientemente visité, tan sólo producen 100 litros al mes, sin contar el tiempo invertido en su recolección manual en el monte y posterior transporte hasta la almazara a lomos de burro. Hacen falta 35 kilos de sus peculiares aceitunas para obtener un único litro del preciado aceite. Así que este aceite, de caro nada. Porque además, el dinero obtenido con su venta permite financiar proyectos de alfabetización en la zona y, lo más importante, ofrece un medio de subsistencia a las mujeres, especialmente viudas y divorciadas.

Un poco de aceite de argán, de delicioso sabor a nuez, untado en esponjoso pan bereber, es una de las experiencias gastronómicas únicas de todo viaje al suroeste de Marruecos. Si además le añadimos propiedades antienvejecimiento, contra la impotencia e incluso anticancerígenas, su consumo, más que un acto responsable con el tercer mundo, es todo un ejercicio de egoísmo personal.

Una mujer bereber de Mesti parte semillas de argán utilizando dos piedras. Su jornada laboral diaria habitual en la cooperativa es de 12 horas.

Una joven de la cooperativa, la única que hablaba un poco de francés, nos muestra las modernas prensas de argán con las que han sustituido los rústicos molinos de mano tradicionales denominados R’ha.