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Autorizan batidas de jabalí y corzo dentro del aeropuerto de Vitoria

© Bert de Tilly / Wikimedia Commons

AENA ha autorizado batidas de jabalíes, corzos y zorros dentro del vallado del aeropuerto de Vitoria por el riesgo para los vuelos, según informa la edición alavesa del periódico El Correo. La sorpresa es doble pues a la inusual imagen de ver a cazadores pegando tiros dentro de un recinto aeroportuario se une el que dicha actividad se justifique para unas instalaciones infrautilizadas. O quizá sea por eso.

Este aeropuerto ha sido un desastre desde sus comienzos. En noviembre de 1979 la pequeña aldea de Otaza (cuatro casas, tres familias y un discreto templo parroquial de factura barroca) fue íntegramente demolida porque se hallaba en el área de influencia del nuevo aeródromo vitoriano. Muy pronto se vio la escasa utilidad de esta infraestructura frente a los cercanos aeropuertos de Bilbao y San Sebastián. Apenas tiene vuelos de pasajeros. Su principal actividad ha quedado reducida al transporte de mercancías, además de acoger un aeroclub privado.

La novedad es que ahora el aeropuerto de Vitoria es también un facilón coto de caza. Con todo su perímetro vallado, el tiro al jabalí, al corzo o al zorro parece más sencillo que el tiro al plato. Los pobres bichos lo tienen complicado para dar con esos huecos en el recinto por donde algún día lograron entrar.

El problema de los jabalíes

Las poblaciones de jabalí están registrando una gran expansión en toda Europa debido a la falta de depredadores naturales (lobo), altas tasas de reproducción, buena disponibilidad de alimento, alta adaptabilidad, aumento de las zonas arboladas y abandono del mundo rural agroganadero. Dicha expansión está provocando importantes daños a la agricultura, ganadería, jardinería, e incide también en la seguridad vial.

La elevada población de jabalíes en España está extendiéndose por zonas cada vez más urbanas provocando serios problemas en carreteras y áreas urbanizadas. En al menos 80 ciudades ya se han hecho frecuentes, provocando destrozos de mobiliario, accidentes de tráfico e incluso ataques a personas. Pero como también señalan los grupos ecologistas, parte del problema se debe a que las urbanizaciones han invadido el hábitat natural del jabalí.

Sin ir más lejos, en los alrededores de la ciudad de Gijón los vecinos están pidiendo al Principado que autorice batidas controladas para frenar la actual superpoblación de animales. En el noroeste de la Comunidad de Madrid las batidas municipales son ya habituales.

¿Es la caza la única alternativa?

Un estudio publicado en la revista European Journal of Wildlife Research por investigadores españoles del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (UCLM-CSIC-JCCM) y del Principado de Asturias afirma que la caza es el único método fiable para controlar la explosión demográfica del jabalí.

Quirós-Fernández y colaboradores investigaron el crecimiento de las poblaciones de jabalí, el cual, y de acuerdo a una revisión publicada en 2015, aumenta un 20% cada año en Europa. Centraron su atención en la provincia de Asturias, en donde la caza es una actividad recreativa. Los investigadores analizaron los datos anuales de rendimientos cinegéticos (número de animales abatidos por terreno y año) de las reservas de caza y cotos regionales, evidenciando la capacidad que tienen los cazadores para regular las poblaciones de jabalí.

“Los cazadores contribuyen a regular el crecimiento de las poblaciones de especies problemáticas, como el jabalí”, aseguran los autores. Sin embargo, también señalan que la regulación cinegética actual, por si misma, no es capaz de controlar las poblaciones de esta especie, proponiendo que haya más cazadores y que estos sean más efectivos:

“Durante el periodo de estudio sólo la mitad del cupo de animales permitido por batida fueron cazados. Por tanto, los cazadores deberían motivarse y tratar de abatir un mayor número de animales dadas las ventajas económicas y, principalmente, ecológicas que ello conllevaría”.

Frente a esta solución drástica, municipios como el madrileño de Las Rozas capturan a los jabalíes con jaulas-trampa, que luego son sacrificados o trasladados a cotos de caza. En Cataluña se está estudiando poner en marcha una campaña de esterilización.

En el aeropuerto de Vitoria, AENA ha elegido el método tradicional del pim, pam, pum. ¿Habrán aprovechado también para revisar el vallado y que no se les cuelen más bichos dentro?

Referencia: Quirós-Fernández F, Beltran JM, Acevedo P, Gortázar C (2017). Hunters serving the ecosystem: the contribution of recreational hunting to wild boar population control, European Journal of Wildlife Research, DOI 10.1007/s10344-017-1107-4

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Los cerdos vietnamitas amenazan a los jabalíes españoles

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La culpa la tuvo George Clooney. Como él, muchos quisieron tener de mascota un cerdito vietnamita. Con apenas 5 kilos, tiene pinta de no haber roto un plato en su vida. Pero vaya si los ha roto. Los imitadores del actor no se pararon a pensar que compraban un cerdito, cer-di-to. Una cría que con el paso del tiempo se convirtió en adulto ganando peso y tamaño. No como nuestros cerdos blancos, que pueden llegar a pesar 300 kilos, pero sí casi los 100. ¿Les parece posible tener un bicho así trotando por el pasillo? El original regalo de Reyes pronto se convirtió en un tormento. Pero sus dueños no podían convertirlos en chorizos, así que optaron por “liberarlos”.

Viet-na-mi-ta. Procedente de Vietnam. Ni de Móstoles ni de L’Hospitalet. Muchos no lo han entendido así. Y han soltado sus cerditos glotones por el campo español.

“No harán daño a nadie”, pensará más de uno. “Podrán vivir salvajes, igual que un jabalí”. Exactamente, ahí está el problema. Estos cerdos asiáticos, una raza de otro continente, se han adaptado perfectamente a nuestros montes. Incluso han hecho tan buenas migas con los jabalíes que se han reproducido con ellos dando lugar a extraños híbridos, como demuestra un reciente estudio científico publicado en la revista Animal Biodiversity and Conservation.

¿Divertido? En absoluto. Es una catástrofe ecológica. Su presencia pone en peligro la pureza genética de nuestros jabalíes autóctonos. Sin miedo al ser humano aumenta el peligro de que produzcan daños en la agricultura. También provocarán accidentes de tráfico. Y todo por no tener un poco de cabeza sus dueños.

Mapaches, serpientes, coatís, galápagos, cotorras,… Nos estamos cargando la naturaleza a golpe de liberaciones descabelladas. Cuando lo fácil sería acudir a una protectora de animales y dar hogar a alguno de tantos perros y gatos abandonados, dejando a cerdos vietnamitas y al resto de este zoo loco de exóticas en sus países de origen.

Foto: Pets clan

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Ecologistas califican algunas batidas de jabalí de peligroso “botellón armado”

Muchas y muy duras han sido algunas de las críticas que ha recibido mi artículo de la semana pasada sobre el peligro de salir al campo cuando hay cazadores cerca, escrito tras la muerte de un pobre jubilado que recogía castañas en El Bierzo y al que mataron de un tiro tras confundirlo con un jabalí. Ya van por 152 los comentarios, pero me he visto obligado a borrar otros 100 comentarios más donde se vertían graves insultos tanto a cazadores como a personas contrarias a la caza.

Al hilo de esta polémica, el Fondo para la Protección de los Animales Salvajes (FAPAS) ha emitido un comunicado de prensa donde da más datos sobre este grave problema de seguridad. Según la veterana asociación conservacionista, las batidas al jabalí en importantes zonas de Castilla y León están “descontroladas” y son un peligro para personas y fauna.

No son anticaza. De hecho, afirman que “las batidas de jabalí en zonas de especial valor, practicada de forma moderada, pudieran resultar aceptables o de utilidad bajo un riguroso control y respetando los principios legales que las regulan”.

Sin embargo, y según el FAPAS, la realidad en Castilla y León es que muchas batidas se practican en su expresión más anárquica y desordenada, sobre todo en aquellas donde la titularidad recae en la Junta de Castilla y León o tiene responsabilidad en ellas ante la presencia de algunas especies catalogadas en peligro de extinción como el oso pardo o el urogallo cantábrico.

En opinión de este colectivo, la Junta de Castilla y León auspicia e impulsa en muchos lugares un régimen de pseudo-anonimato para esta actividad, convirtiéndose en un literal “botellón armado”, una de las modalidades de caza más agresivas y de mayor riesgo.

Este descontrol convertiría a las áreas rurales en lugares de habituales “emboscadas” para todo administrado, sea vecino ocioso, atareado propietario o sorprendido turista por la intencionada falta de publicidad de las mismas. Y como prueba de ello, los ecologistas dan un preocupante dato. En su opinión, es casi norma que ni la Guardia Civil ni los propios Agentes Medioambientales de la administración autonómica sean conocedores de la práctica de esta peligrosa modalidad cinegética.

Armas de caza, alcohol y escaso respeto a la ley. Visto así da miedo. Por eso me gustaría conocer tu opinión.

¿Consideras estas afirmaciones del Fondo para la Protección de los Animales Salvajes una exageración sin fundamento?

¿Una generalización interesada donde las malas prácticas de unos pocos perjudican a una mayoría respetuosa con las normativas y las leyes?

¿O cada vez te da más miedo salir a campo no te vayas a encontrar con alguna bala perdida?

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Mucho cuidado con ir al campo si hay cazadores cerca

Ocurrió el pasado fin de semana. Sábado por la tarde de un bello día otoñal en El Bierzo (León). Hace ya demasiado frío para salir a por setas, pero no tanto como para no darse un saludable baño de bosque. Paulino García, jubilado de 66 años, decide pasear junto a su mujer por el soto de un amigo, un lugar mágico tapizado de hojas secas y cuajado de frutos. Estaban apañando castañas para hacer el típico magosto, una castañada, cuando sonó salvaje un disparo de escopeta. Paulino cayó muerto de una perdigonada en el estómago. Un cazador le confundió con un jabalí.

Dice el refrán que las armas las carga el diablo, pero no es verdad. Las cargan por ejemplo los cazadores, y algunos las disparan a todo lo que se mueve. Según estadísticas oficiales, cada año muere en España una media de 20 personas por accidentes de caza y casi un millar resultan heridas. Pueden parecer pocas para los 800.000 aficionados españoles a esta actividad, pero muchos para los 46 millones restantes que preferimos el paseo calmado al disparo y muerte de entre 30 y 50 millones de animales salvajes cada año, además de muchos millones de especies protegidas consideradas por este colectivo como indeseables alimañas; que recogemos nuestras basuras y no entendemos que se siembre el campo con más de 6.000 toneladas del venenoso plomo de sus perdigones; que amamos nuestras mascotas y no entendemos el ahorcamiento de perros o su abandono.

Tampoco entenderé nunca que eso de disparar sea tan fácil. Que la Guardia Civil no obligue a los cazadores a advertir de su presencia, a acotar la zona donde disparan (el 80 % del territorio español es cinegético) para evitar estos accidentes. Para que si hay disparos fortuitos sean entre ellos y no a pobres jubilados que recogen castañas.

Actualización: Al hilo de las numerosas críticas a este post y más de medio centenar de comentarios con todo tipo de insultos, os incluyo el enlace de la última barbaridad: Encuentran tiroteada un águila imperial en La Janda, Cádiz, entre fincas cinegéticas. Estaba anillada y era objeto de segumiento científico. No haré comentarios.

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