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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Las ciudades se están convirtiendo en las Galápagos de la naturaleza

Las ciudades se están convirtiendo en cárceles para nosotros y para muchos de los animales que nos acompañan en este encierro dorado. Un aislamiento que acelera los procesos evolutivos de las poblaciones de algunas especies de aves y por lo tanto favorece la aparición de nuevas especies en menos tiempo. Algo así como las Galápagos en versión isla urbana rodeada de campo. Así lo revelan investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales en Madrid  que han comparado más de 50 pares de especies de aves similares que viven en la ciudad y en el campo.

En realidad a los parientes pajariles de la ciudad les va mucho mejor que a sus primos del campo. Son medios hostiles para la mayoría de los animales, pero también ofrecen ventajas como una mayor cantidad de comida disponible, la presencia de menos depredadores o un ambiente menos frío. Un balance difícil que explica el que pocas especies logren colonizar nuestras selvas de hormigón y cristal. Lee el resto de la entrada »

Cambiar de compañero es muy beneficioso (para los líquenes)

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El cambio de compañero puede convertirse en una sabia decisión evolutiva, al menos para los líquenes, esas extraordinarias parejas surgidas de la simbiosis entre un hongo y un alga o cianobacteria, capaces de convertirse en los primeros colonizadores de vida en terrenos tan hostiles como las lavas recientes.

Las cianobacterias fueron los primeros organismos capaces de hacer la fotosíntesis, es decir, las responsables de la primera presencia de oxígeno en la atmósfera terrestre.

Te acodarás de las clases del instituto. En los líquenes el hongo aporta nutrientes para que el alga los sintetice a través de la fotosíntesis, de tal manera que ambos salen beneficiados de la unión. Pero tan sabia relación no es producto de la casualidad. Hay mucho flirteo evolutivo por medio.

Investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) han comprobado ahora que la relación existente entre hongos y organismos fotosintéticos que da lugar a dos líquenes del género Lichina no se produce por azar, sino que tiene un origen evolutivo. El estudio se ha centrado en dos especies que habitan las costas del Atlántico y se encuentran distribuidas en un amplio margen geográfico que va desde las costas de Canarias hasta Escocia.

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En este estudio se han analizado molecularmente las cianobacterias de las dos especies de líquenes de aguas frías, Lichina pygmaea y Lichina confinis. La primera vive en la franja intermareal, es decir, que el agua la cubre cuando la marea sube. La segunda vive en la franja supralitoral, por lo que sólo recibe las salpicaduras del agua durante la marea alta.

“Se trata de dos especies que conviven en espacios diferentes pero muy cercanos entre sí”, aclara a través de una nota de prensa la investigadora del MNCN, Asunción de los Ríos.

Rüdiger Ortiz, primer autor del trabajo, lo contextualiza:

“Aunque ambos líquenes se encuentran a sólo unos metros hay una especialización ecológica de los hongos hacia sus compañeros fotosintéticos”.

Hasta ahora se habían observado casos en que los hongos podían ser más especialistas o generalistas respecto a sus compañeros fotosintéticos, o incluso cómo esas relaciones variaban en el espacio, pero ésta es la primera vez que se demuestra de forma tan contundente la especialización ecológica en líquenes.

“Nosotros hemos comprobado por primera vez que existe, por un lado, un efecto evolutivo que marca la selección de una cianobacteria compatible y, por otro lado, hemos visto cómo las condiciones ambientales (humedad, temperatura del agua, efecto del viento, etc), que varían a una escala geográfica mayor, también influyen a la hora de seleccionar distintas cepas dentro de un determinado linaje compatible de cianobacerias”, explica Sergio Pérez-Ortega, investigador del MNCN.

Asimismo, la datación de las cianobacterias asociadas en estas simbiosis liquénicas demuestra que, en este caso, las cianobacterias colonizaron primero este hábitat marino y posteriormente llegaron los hongos.

El trabajo incrementa por lo tanto el conocimiento disponible sobre cianobacterias que establecen relaciones simbióticas con hongos dando lugar a líquenes, y permite sugerir a ambas especies como modelo para testar diferentes hipótesis de la coevolución de organismos simbiontes.

En la foto superior, de izquierda a derecha Lichina cofinis y Lichina pygmaea  (que se sumerge cuando sube la marea), las dos especies de líquenes estudiados.

Trabajo citado: Ortiz-Álvarez, R., de los Ríos, A., Fernández Mendoza, F., Torralba Burrial A. y Pérez Ortega, S., (2015). Ecological Specialization of Two Photobiont-Specific Maritime Cyanolichen Species of the Genus Lichina. PloS One DOI: 10.1371/journal.pone.0132718

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Isidro de Atapuerca vence al Oso Yogui

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Quienes se acerquen este verano por el Museo de la Evolución de Burgos se van a encontrar con una agradable sorpresa: la Sima de los Osos. Se trata de una nueva exposición temporal que podrá verse de forma gratuita hasta finales de año. En ella se exhibe un cráneo de oso de más de 400.000 años, una magnífica escultura de un individuo adulto de la misma especie y un audiovisual de Javier Trueba sobre el proceso de excavación y el trabajo de laboratorio de limpieza y estabilización de los fósiles.

El cráneo no es un cráneo cualquiera. Se trata de Isidro, el mejor de los más de 300 ejemplares de Ursus deningeri, un antepasado del actual oso pardo (Ursus arctos) acumulados hace unos 400.000 años en ese asombroso cementerio natural de animales y homínidos que es la Sima de los Huesos.

Y la escultura tampoco es una más. Es Isidro, pero con piel y músculos. Un ejemplar de casi 2 metros de altura, erguido sobre sus patas traseras, de gran fuerza plástica, recreado por Sonia Cabello, profesora de escultura en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid y que ha sido concebida con un impecable rigor científico a partir del  asesoramiento de las doctoras en Paleontología Nuria García y Elena Santos. Lee el resto de la entrada »

Culitos limpios, cópula (de avutarda) segura

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Una avutarda hembra examina la cloaca exhibida por el macho © Franz Kovacs / CSIC

La avutarda (Otis tarda) es un pájaro sorprendente. Tan voluminoso y pesado (hasta 18 kilos), que parece mentira que pueda volar. De ahí le viene lo de “ave tarda”. Prefiere caminar a emprender su casi imposible vuelo.

Con pinta de grandes pavos salvajes, desde niño los buscaba en las parameras castellanas, admirado de sus espectaculares paradas nupciales o “ruedas”, esas curiosas reuniones de sexo en grupo donde los machos elaboran una peculiar danza circular para atraerse el mayor número posible de hembras, en plan fiesta adolescente.

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Aceitera común (‘Berberomeloe majalis’). © WikiCommons

Espiándolas con el telescopio, nunca imaginé sus últimos secretos recientemente desvelados por científicos del Museo de Ciencias Naturales-CSIC.

Resulta que los barbones ingieren veneno a propósito en un extraño comportamiento entre automedicación y droga sexual. Cuando llega la primavera se hartan a comer dos especies de insectos muy tóxicos, la aceitera (Berberomeloe majalis y Physomeloe corallifer), cuyos componentes químicos tienen capacidad para matar a un ser humano. Pero no a ellos. Sólo los más fuertes logran consumirlos en gran número sin daño aparente y con una doble finalidad: eliminar sus parásitos intestinales y aparentar mayor fuerza y salud frente a las hembras. Animales polígamos, cuanto más puedan atiborrarse con estos indigestos coleópteros, más y mejor ligarán.

Por eso las Julietas de avutarda lo primero que miran a los Romeos es su culo, que los mozos exhiben frente a ellas con orgullo de machos alfa. Uno por uno analizan el blanco plumaje que rodea a la cloaca para garantizar que la zona por la que entrarán en contacto durante la cópula esté libre de parásitos o de síntomas de su presencia como la suciedad producida por una diarrea.

Por eso el macho asume el riesgo de ingerir un producto muy venenoso. Para mostrar a las hembras que es resistente a su toxicidad y que dicha resistencia puede transmitirla a su descendencia. Culitos limpios, cópula feliz.

Artículo científico al que hago referencia: Carolina Bravo, Luis Miguel Bautista, Mario García-Paris, Guillermo Blanco y Juan Carlos Alonso (2014). Males of a strongly polygynous species consume more poisonous food than femalesPLOS ONE. Doi: 10.1371/journal.pone.0111057

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Descubren en un museo la mascota disecada de Darwin

En una reciente visita al Museo de Historia Natural de Londres me he encontrado con una increíble historia que me gustaría compartir con todos vosotros. Trata de la pérdida y descubrimiento de la curiosa mascota adoptada por Charles Darwin en las islas Galápagos y que le acompañó a lo largo de su largo viaje en el Beagle; esa vuelta al mundo fundamental para elaborar su famosa teoría de la evolución biológica.

Era una tortuga, pero no una tortuga cualquiera. Se trataba de una cría de la tortuga gigante de la isla de Santiago, años más tarde bautizada científicamente Chelonoidis darwini en honor del insigne naturalista británico. En esa época la recolección de especímenes era fundamental para avanzar en el estudio y la catalogación de la naturaleza. Amante de los animales, Charles Darwin se encariñó con este animal y lo tuvo como mascota en su camarote desde octubre de 1835 hasta su llegada a Falmouth en octubre de 1836 tras el largo periplo.

Tuvo suerte el animal, pues sólo 4 de las 48 tortugas llevadas al Beagle se salvaron de servir de comida a la tripulación y lograron llegar vivas a Inglaterra.

Como era de prever, la tortuguita no aguantó el húmedo clima inglés y murió apenas un año después. Científico escrupuloso, Darwin entregó el cadáver de su exótica mascota al museo, donde rápidamente fue disecado y etiquetado. Pero contra todo pronóstico el ejemplar se perdió, extraviado entre las colecciones. ¿Se puede perder una valiosa tortuga disecada? Pues sí, es perfectamente posible.

La razón principal de este olvido fue que el número original de su catalogación se había escrito en la parte interior del caparazón, una zona invisible si no se abre y da la vuelta al animal disecado. Por eso, desde 1874 aparecía en los catálogos oficiales como ejemplar joven de procedencia desconocida.

Mientras hacía una lista de los reptiles colectados por Darwin en el Beagle, el conservador del museo Colin McCarthy se sentía frustrado de no encontrar entre las colecciones conservadas ninguna tortuga, algo ciertamente extraño. Así que decidió revisar todos los animales y sus etiquetas. Para su sorpresa, hace 5 años hizo un importante descubrimiento. Cuando miró la zona ventral del caparazón de este animal desconocido comprobó que tenía en sus manos a la perdida tortuga de Darwin. Así lo demostraba el registro original: Número 37.8.13.1 y lugar de recolección, James Island, ahora conocida como San Salvador o Santiago. “Ha sido uno de los momentos más excitantes de mi carrera” reconoció posteriormente Colin.

170 años después, el Museo británico muestra orgulloso esta tortuga perdida y recuperada como parte de la colección original del Beagle. Y allí la podéis ver todos los que os acerquéis a sus vitrinas, repletas de sorpresas tan curiosas como ésta que hoy os traigo al blog.

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El futuro es promiscuo, al menos para las mariposas

En la variedad está el gusto… y el futuro. Así lo piensan las mariposas. O al menos así lo interpretamos nosotros después de que un importante estudio científico haya demostrado que la promiscuidad, incluso con elementos totalmente ajenos a los intereses y hasta a los genes de la propia especie, ayuda a sobrevivir; a sobrellevar con éxito eso que llamamos lucha por vida.

En principio nos referimos a las mariposas, aunque somos muchos quienes incluso en estos sesudos descubrimientos creemos ver un guiño cómplice de la naturaleza. Será el verano.

Os doy más detalles. Un numeroso equipo internacional de investigadores ha secuenciado por primera vez el genoma de la mexicana mariposa del cartero (Heliconius melpomene). Los resultados, publicados en la revista Nature y dados a conocer por la Agencia SINC, demuestran que la reproducción entre diferentes especies de lepidópteros ha contribuido positivamente al intercambio de colores para perfeccionar su mimetismo, herramienta fundamental que evita a los depredadores.

No contentos con desear a la vecina del bosque de enfrente, el haber buscado y logrado una hibridación aparentemente antinatura les ha traído a estos lepidócteros más ventajas que inconvenientes. Las mariposas habrían mejorado así su camuflaje y, con ello, aumentado la supervivencia. Sin embargo, este mariposeo no es habitual. Según los investigadores, sólo entre uno de cada mil y uno de cada diez mil ejemplares del promiscuo insecto recolectados en el medio silvestre es híbrido.

No sé a vosotros, pero a mí esta noticia me ha desatado la libido veraniega. Y me hace pensar en Jack Nicholson y Jessica Lange ¿Qué por qué? Pues porque a la mariposa se le llama “del cartero” y, como en la película protagonizada por ambos actores, el repartidor “siempre llama dos veces”. De casa en casa, de flor en flor. ¿Será el calor, querida Jessica?

Referencia bibliográfica:

The Heliconius Genome Consortium. “Butterfly genome reveals promiscuous exchange of mimicry adaptations among species”. Nature 7398 (485): 1-5, 16 de mayo de 2012. DOI: 10.1038/nature11041

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Llévate toda la biblioteca de Darwin a casa

En mis conferencias sobre biodiversidad siempre comienzo igual. Por culpa de una falsa alarma de fiebre amarilla Charles Darwin no pudo desembarcar en Tenerife. Se truncó así la que iba a ser la primera escala de un largo viaje alrededor del mundo que cambió la Ciencia y la idea que hasta entonces teníamos del Universo. La Teoría de la Evolución se gestó en ese fabuloso periplo de cinco años, aunque tampoco le habría hecho falta al joven Darwin culminarla. En Tenerife, en las Islas Canarias, habría podido descubrir las mismas pruebas de radiación adaptativa que se encontró en Galápagos, las mismas evidencias de que nuestra grandeza biológica es tan sólo resultado de una azarosa selección natural. Se quedó así con las ganas de caminar por el Teide y contemplar el gigantesco drago centenario cuya existencia conocía gracias a los escritos de Humboldt.

Y es que en esa época los científicos, ávidos lectores, sabían con detalle todo lo que se publicaba, estuviera escrito en el idioma en que estuviera. Por eso me hace muchísima ilusión que ahora, gracias a las nuevas tecnologías y a un proyecto de la Universidad de Cambridge, sea posible revolver y hasta descargarte en el ordenador los 730 volúmenes en los Charles Darwin escribió comentarios y notas a pie de página.

Se trata de la Darwin’s Library, prácticamente la mitad de su biblioteca personal de 1.480 libros, la mayoría auténticas joyas de bibliófilo. En estos momentos ya hay 330 disponibles, accesibles y gratuitos.

Y qué queréis que os diga. No son lecturas de verano, pero emociona profundamente leer las reflexiones de este inmenso sabio escritas en su letra menuda y pulcra hace ahora siglo y medio. Si paralelamente leemos estos días su entretenidísimo libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo el placer será aún mayor. Os lo recomiendo.

En la imagen, la biblioteca de Drarwin en su casa de Down House. Foto: Cambridge University Library.

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Los buitres llegaron a Canarias siguiendo a los hombres y sus cabras

La revista científica británica BMC Evolutionary Biology publicó ayer un interesantísmo trabajo donde se demuestra que los buitres llegaron a las islas Canarias hace tan sólo 2.500 años, siguiendo los rebaños de cabras de los primeros aborígenes que colonizaron el archipiélago.

Pero algo aún más increíble. En estos dos milenios las aves isleñas han evolucionado de forma distinta a sus vecinos continentales, de tal manera que son ahora mismo una subespecie endémica diferente a cualquier otra conocida; denominada majorensis en homenaje a la Maxorata (Fuerteventura), la única isla donde en la actualidad sobrevive este pequeño buitre. Nunca antes un proceso evolutivo había sido tan rápido.

Ya sabéis muchos que durante más de diez años formé parte del equipo que ha estudiado al guirre o alimoche canario, un taxón gravemente amenazado de extinción. De ser abundante en prácticamente todo el archipiélago, en apenas 50 años sus poblaciones se desplomaron y en la actualidad tan sólo sobreviven 150 ejemplares.

Cuando descubrimos que tenía diferencias, no sólo de tamaño (es más robusto y está más adaptado a volar con viento) y de comportamiento (al contrario que los peninsulares no es migrante), sino también genéticas, nos quedamos asombrados. Calculamos entonces que para haber evolucionado de una manera tan radical debería haber llegado a las islas hace decenas de miles de años. Y como entonces no había grandes mamíferos terrestres en Canarias, supusimos que se alimentaría de las colonias de aves marinas, focas y lagartos gigantes.

Este nuevo descubrimiento nos rompe de nuevo los esquemas a todos. Como explican los investigadores y ha recogido El País, “la introducción de fuentes de alimentos nuevas y abundantes por parte de los humanos habrían permitido no solo la colonización de los alimoches, sino también su expansión demográfica y su adaptación putativa al nuevo medio ambiente de las islas”. Por lo tanto, y ésta es la gran novedad, los resultados sugieren que la actividad humana puede disparar la divergencia evolutiva en muy poco tiempo.

Creamos especies con nuestros actos, pero también las destruimos. Como el pobre guirre canario, tan cercano a nosotros que nos siguió en nuestras colonizaciones, y al que ahora, que ya no nos interesa su presencia como basurero del campo, lo envenenamos o le colocamos tendidos eléctricos contra los que se estrella mortalmente. Somos bastante ingratos ¿no os parece?

El trabajo publicado se titula The role of humans in the diversification of a threatened island raptor. Está firmado por cinco prestigiosos investigadores de la Estación Biológica de Doñana y puede descargarse íntegro en este enlace.

Foto: Gustavo Peña / Cabildo de Fuerteventura

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La historia de la Humanidad contada en dos pasos

Entre estas dos fotografías nos separan tres millones y medio de años. Son dos huellas dejadas en el polvo. La primera fue hecha por un Australopithecus sobre cenizas volcánicas de Tanzania. La segunda la hizo en la Luna, el 21 de julio de 1969, el astronauta Neil Armstrong tras pronunciar su famosa frase:

“Es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad”.

Dos huellas resumen el inmenso salto dado por nuestra especie ¿Hacia dónde? Evidentemente hacia el progreso, aunque en este nuevo milenio recién inaugurado algunos dudamos si esta carrera evolutiva de nuestra especie no se nos estará yendo un poco de las manos, a la vista de los gravísimos desastres medioambientales provocados, esquilmación de recursos naturales, guerras, hambres, destrucciones,…

La imagen la publica el estupendo blog de Ciencia Amazings.es, donde un lector recuerda con tino una magnífica reflexión del dibujante Quino:

– Telediario: Desde el arco y la flecha hasta el cohete teledirigido es impresionante lo que ha avanzado la técnica.
-Mafalda: Y deprimente lo poco que han cambiado las intenciones.

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Los pingüinos aprenden a volar para huir del cambio climático

Desde pequeños aprendimos que los pingüinos son aves incapaces de volar. Por eso y porque caminan a trompicones los llamamos pájaros bobos. Volaban sus antepasados, pero perdieron esta habilidad hace miles de años para adaptarse a la dura vida de los polos, donde pasaron a volar como flechas bajo el agua, pues fuera de ella todo eran hielos perfectamente transitables a pie.

Sin embargo, según ha anunciado Bird Life International, el cambio climático les ha obligado a dar un increíble paso atrás en la evolución.

La proeza la acaba de protagonizar el pingüino de Adelia (Pygoscelis adeliae). El aumento de la temperatura en el Antártico ha reducido la plataforma de hielo, disminuyendo los lugares de cría y alimentación de las aves. Así que este animal, que de bobo no tiene nada, ha recuperado su capacidad perdida de volar, como acaban de descubrir al mundo las cámaras de la BBC, en un sorprendente documental presentado por el ex Monty Python Terry Jones titulado Milagros de la evolución.

¡Vuelan! ¡Los pingüinos pueden volar!

Aunque ni volando los pingüinos escaparán de la amenaza de la extinción, pues el cambio, lejos de beneficiarles, puede perjudicarles gravemente. Porque su nueva capacidad de volar les permitirá ampliar mucho más sus lugares tradicionales de alimentación. Y cuanto más al norte, más probabilidades tendrán de morir enganchados en una red o en el anzuelo de un palangre.

Todavía estaba dando saltos de emoción viendo esta noticia cuando, gracias a una amiga inglesa, me acabo de dar cuenta de la fecha. Ayer era primero de abril, el día mundial de los Santos Inocentes para los anglosajones (April Fool’s Day), los italianos (pez de abril), los franceses (poisson d’avril) y hasta los menorquines.

Sí queridos amigos. Hemos sido objeto de una inocentada global. Los pingüinos no vuelan.

Una noticia falsa apoyada en una certeza, la hecatombe mundial en la que nos estamos metiendo por culpa de nuestro desenfrenado desarrollo global. Ellos podrán aprender a volar de nuevo pero ¿y nosotros? ¿Seremos capaces de cambiar, de detener nuestra autodestrucción?