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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

Entradas etiquetadas como ‘tortuga’

¿Sabes lo que se esconde detrás de una lata de atún?

(GTRES)

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Yo esto del atún lo veo poco claro. Como consumidor, quiero decir. Sólo en España se enlatan al año más de 300.000 toneladas. Y la mayoría nos las comemos nosotros, amigos como pocos de ensaladas, empanadillas y otras variantes. Latas donde la información es escasa, nula o tan pequeña y confusa que es como si no existiera.

Atún claro, rojo, blanco o bonito del Norte (es lo mismo), melva, patudo, de aleta azul, tongol, listado, atún a secas. Este último es el que más compramos ¿verdad? Ni idea de las diferencias entre especies, muchas veces presentadas con su nombre científico para terminar de liarnos. ¡Ni que fuéramos alumnos de Darwin! Lee el resto de la entrada »

600 millas buscando chapapote entre delfines y pardelas

La Crónica Verde

Acabo de pasar cuatro días seguidos navegando por la costa de Gran Canaria en una patrullera de la Guardia Civil. Ha sido una experiencia dura pero extraordinaria. Al final hemos recorrido más de 600 millas por un mar increíble trufado de pardelas, delfines, ballenas y tortugas. Un extraordinario paraíso en peligro.

Como os conté la semana pasada, formo parte del equipo de especialistas de SEO/BirdLife que evalúa el impacto ambiental del vertido provocado tras el hundimiento del pesquero ruso Oleg Naydenov a 24 kilómetros al sur de Maspalomas. Desde el 14 de abril en que se fue a pique está liberando las más de 1.400 toneladas de tóxico fuel de sus depósitos.

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Un bloguero sobre la mancha de fuel del Oleg Naydenov

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Para cuando este post se publique ya estaré navegando por la costa de Gran Canaria en una patrullera de la Guardia Civil. Formo parte del equipo de cien voluntarios de SEO/BirdLife que vamos a evaluar el impacto ambiental del vertido provocado tras el hundimiento del pesquero ruso Oleg Naydenov a 24 kilómetros al sur de Maspalomas.

Desde el 14 de abril, cuando se fue a pique, está liberando al Atlántico las más de 1.400 toneladas de tóxico fuel de sus depósitos a un ritmo de 10 litros a la hora. Los primeros resultados confirman una gran extensión de la mancha, así como la presencia de importantes concentraciones de pardelas, tortugas y cetáceos en la zona. Algunas aves ya han aparecido muertas o petroleadas. Son la punta de un iceberg que poco a poco, a lo largo de muchos meses, emponzoñará uno de los espacios naturales más valiosos de la Unión Europea.

No hemos aprendido nada del Prestige. 13 años después no hay designados puertos de refugio para barcos en apuros que eviten estos desastres. La consigna sigue siendo la misma: “Cuanto más lejos mejor”. Y la realidad, tan contraria como incuestionable: “Cuanto más lejos peor”.

Decía el otro día en Fuerteventura el escritor Manuel Rivas, uno de los intelectuales que más se significaron durante la tragedia del petrolero en Galicia, que hemos convertido los mares en un sinlugar, en el cubo de basura de nuestros desechos.

Tiene razón. Entonces todos gritamos “Nunca máis”. Aquí en Canarias decimos “Más nunca” y llamamos al chapapote piche, pero el grito es el mismo. Estamos hartos de tanta incompetencia, de tanta irresponsabilidad.

No nos damos cuenta de que si matamos los mares nos matamos a nosotros mismos. O quizá sí lo sabemos, pero nos importa una mierda. La que ahora tratamos de recoger en las playas para ocultar nuestras miserias.

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Tocar animales salvajes, sólo en la cama

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Nueva, impactante y divertida es la última campaña de FAADA para promover que las lunas de miel sean respetuosas con los animales.

“Cuando tu esposa (o marido) presuma de haber tocado un animal salvaje en vuestra luna de miel, queremos que todos te miren a ti”.

Muchas de las bodas que empiezan a organizarse en estos meses primaverales incluyen viajes exóticos donde la foto típica suele ser toqueteando animales salvajes en plan aventureros. Ellos y ellas se hacen los valientes subidos en elefantes encadenados, enrollados con serpientes aletargadas, abrazados a monos narcotizados, nadando con delfines estresados y hasta subidos en tortugas.

Por ello la Fundación FAADA ha decidido dirigirse a este colectivo de los recién casados para explicarles de una forma gráfica por qué no deberían contratar actividades turísticas como paseos, sesiones fotográficas y todo tipo de interacciones con animales salvajes. La campaña se presenta por primera en Barcelona vez durante la en la feria de turismo B-Travel que se celebra este fin de semana.

“Hace tiempo que pensamos en hacer algo así”, explica a través de una nota de prensa Giovanna Costantini, coordinadora de la campaña. “ Son bastantes los agentes de viajes que nos han alertado de que numerosas parejas escogen destinos exóticos -encabezados por Tailandia- para su luna de miel y contratan actividades como paseos en elefantes o visitas a centros de tigres en cautividad para convertir el viaje de su vida en una experiencia aún más difícil de olvidar”, comenta Costantini.

La campaña de FAADA ha sido concebida por la agencia de publicidad Contrapunto BBDO y pretende generar curiosidad en las parejas de novios. “El objetivo final es que entiendan que un momento mágico para ellos esconde una vida de drama, cautividad, hambre, maltrato, explotación y separación de las crías de las madres para los animales que se utilizan en este tipo de actividades”, afirma Jennifer Berengueras, coordinadora de Proyectos de FAADA.

“La alternativa es promover un turismo respetuoso, sugerir y explicar que existen verdaderos centros de rescate o proyectos de protección de los animales en los que los novios pueden vivir una experiencia igualmente mágica, respetando y aprendiendo sin utilizar a los animales”, asegura Haydée Vila, responsable de Comunicación de FAADA.

Por otro lado, esta Fundación recuerda además que este tipo de interacciones con animales salvajes también son peligrosas para las personas, como demuestran los numerosos accidentes ocurridos a lo largo de los años, y que pueden convertir un viaje de ensueño en una pesadilla.

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Guerra europea a las bolsas de plástico

Bolsas

© Jorge París/ 20 Minutos

No es un encelado macho de avutarda haciendo la rueda. Es una bolsa de plástico.

No es una tortuga flotando entre las olas. Es una bolsa de plástico.

El planeta es un gran basurero donde este tipo de embalajes desechables supone un gravísimo problema medioambiental. Al margen de la contaminación paisajística, muchas especies animales los comen confundidos o quedan enredados en ellos con fatales consecuencias para sus vidas. Nuestra mierda es mortal para ellos.

Cada ciudadano europeo usa un promedio de 200 bolsas de plástico al año, de las que casi el 90% no se reutilizan por ser demasiado finas y son desechadas. El 8 % de todas ellas acaba en el mar.

Por eso, pero también por educación, sensibilidad y coherencia, Europa las ha declarado la guerra. Aunque es una guerra muy lenta. El último ataque lo han protagonizado recientemente los Veintiocho al acordar reducir drásticamente el uso de bolsas de plástico en los próximos años: en un 80% de aquí a 2025 o garantizando que no se distribuirán gratuitamente a partir de 2018. El objetivo es que en los próximos cinco años su uso anual por ciudadano baje de 198 a 90 bolsas.

Es un paso importante, pero no definitivo. El Comité de las Regiones había depositado sus esperanzas en una prohibición total de las bolsas de plástico gratuitas antes de 2020, el establecimiento de unos objetivos obligatorios para todos los Estados miembros en el ámbito de la UE y la introducción de gravámenes a todas las bolsas a fin de garantizar una reducción del 80 %.

Esta solución es menos ambiciosa, aunque mucho mejor que la que se había llegado a barajar inicialmente, cuando el nuevo comisario europeo se planteó retirar todo el paquete de medidas para reducir su uso.

Lo que está claro es que con estas medidas adoptadas se reconoce que las consecuencias medioambientales, sociales y económicas de tener que deshacerse cada año de 100.000 millones de toneladas de bolsas de plástico en Europa son ilógicas e inaceptables.

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Descubren en un museo la mascota disecada de Darwin

En una reciente visita al Museo de Historia Natural de Londres me he encontrado con una increíble historia que me gustaría compartir con todos vosotros. Trata de la pérdida y descubrimiento de la curiosa mascota adoptada por Charles Darwin en las islas Galápagos y que le acompañó a lo largo de su largo viaje en el Beagle; esa vuelta al mundo fundamental para elaborar su famosa teoría de la evolución biológica.

Era una tortuga, pero no una tortuga cualquiera. Se trataba de una cría de la tortuga gigante de la isla de Santiago, años más tarde bautizada científicamente Chelonoidis darwini en honor del insigne naturalista británico. En esa época la recolección de especímenes era fundamental para avanzar en el estudio y la catalogación de la naturaleza. Amante de los animales, Charles Darwin se encariñó con este animal y lo tuvo como mascota en su camarote desde octubre de 1835 hasta su llegada a Falmouth en octubre de 1836 tras el largo periplo.

Tuvo suerte el animal, pues sólo 4 de las 48 tortugas llevadas al Beagle se salvaron de servir de comida a la tripulación y lograron llegar vivas a Inglaterra.

Como era de prever, la tortuguita no aguantó el húmedo clima inglés y murió apenas un año después. Científico escrupuloso, Darwin entregó el cadáver de su exótica mascota al museo, donde rápidamente fue disecado y etiquetado. Pero contra todo pronóstico el ejemplar se perdió, extraviado entre las colecciones. ¿Se puede perder una valiosa tortuga disecada? Pues sí, es perfectamente posible.

La razón principal de este olvido fue que el número original de su catalogación se había escrito en la parte interior del caparazón, una zona invisible si no se abre y da la vuelta al animal disecado. Por eso, desde 1874 aparecía en los catálogos oficiales como ejemplar joven de procedencia desconocida.

Mientras hacía una lista de los reptiles colectados por Darwin en el Beagle, el conservador del museo Colin McCarthy se sentía frustrado de no encontrar entre las colecciones conservadas ninguna tortuga, algo ciertamente extraño. Así que decidió revisar todos los animales y sus etiquetas. Para su sorpresa, hace 5 años hizo un importante descubrimiento. Cuando miró la zona ventral del caparazón de este animal desconocido comprobó que tenía en sus manos a la perdida tortuga de Darwin. Así lo demostraba el registro original: Número 37.8.13.1 y lugar de recolección, James Island, ahora conocida como San Salvador o Santiago. “Ha sido uno de los momentos más excitantes de mi carrera” reconoció posteriormente Colin.

170 años después, el Museo británico muestra orgulloso esta tortuga perdida y recuperada como parte de la colección original del Beagle. Y allí la podéis ver todos los que os acerquéis a sus vitrinas, repletas de sorpresas tan curiosas como ésta que hoy os traigo al blog.

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Nada 21.000 kilómetros en busca de alimento

La noticia ha sido difundida por The Associated Press, publicada en inglés en Usa Today, y más resumida en castellano en El Nuevo Herald.

Un grupo de científicos realizó un seguimiento de una tortuga laúd (Dermochelys coriacea) que nadó desde Indonesia hasta la costa de Oregón (Estados Unidos) y desde allí fue a Hawai en busca de alimento. En total, el animal recorrió por el Océano Pacífico cerca de 21.000 kilómetros a lo largo de 647 días, momento en el que el emisor se quedó sin batería y dejó de emitir. Según los investigadores, este nomadeo se explica por la necesidad de encontrar lugares con alimento suficiente para poder criar. Están especializadas en comer medusas.

Las tortugas laúd son las más grandes del mundo, pues pueden llegar a medir hasta 2,7 metros de largo y llegar a pesar hasta 900 kilos. Estos formidables animales existen desde hace 100 millones de años, pero la pesca comercial los está colocando al borde de la extinción. De hecho es la tortuga marina que más peligros corre en el mundo. Los conservacionistas estiman que la especie podría extinguirse en 30 años.

“Las migraciones de esta magnitud exponen a los animales a una multitud de riesgos en el mar”, resumen Scott Benson y Peter Dutton, científicos del Servicio Nacional de Piscicultura Marina de California en un trabajo científico que escribieron el mes pasado en la revista Chelonian Conservation and Biology. Por ello han solicitado a los gobiernos del mundo un esfuerzo extra en la protección de los medios marinos.

Benson estima que actualmente viven menos de 5.000 hembras adultas en el océano Pacífico. ¿Y machos? Un misterio. Los machos no pueden ser contados fácilmente porque no llegan a la costa. Sólo lo hacen las hembras para desovar y regresar al mar, su verdadero mundo. Allí son las reinas de un inmenso país acuático sin fronteras. Pero lleno de peligros.

Fotografía difundida por la organización World Wildlife Fund en la que aparece la viajera tortuga verde con un equipo de rastreo por satélite en su caparazón, mientras se dirige al mar en una playa remota en la provincia de Papua, en Indonesia.