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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Twitter se inventó en Canarias hace 2000 años

Silbo

Eso de tuitear (twittear) no es nuevo. Tweet es como se nombra en inglés al piar de un pájaro, ahora mundialmente considerado el trino informativo de los 140 caracteres: Twitter.

Pero lo de informar cual pájaro cantarín lo inventaron hace ya dos milenios los aborígenes canarios. Se llama silbo gomero, y es tan original y único que en 2009 ha sido inscrito por la Unesco en la Lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Ya sabéis que soy un enamorado de La Gomera, de su naturaleza y de su cultura. Hace un año tuve la oportunidad de participar en el rodaje de una serie de documentales de la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente sobre árboles singulares y bosques maduros que, como no podía ser de otra manera, darán relevancia a sus fabulosos bosques de niebla, las selvas macaronésicas de Garajonay. También a ese lenguaje silbado relicto, impresionante, capaz de comunicar a los isleños de un lado al otro del barranco, siempre con la simpática tonadilla final de “bueno, bueno”, algo así como el “corto” de los radioaficionados. Lee el resto de la entrada »

El cuervo se extingue en Canarias

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En Canarias no hay lobos. Pero hay cuervos. Y a estos pobres pájaros les ha caído en el Archipiélago el sambenito de la mala fama que en otros lares tiene el perseguido cánido salvaje.

Negros, ladrones y muy inteligentes, lo tienen todo para sufrir el desprecio de un mundo rural que, desde la llegada de los europeos hace cinco siglos, se ha empeñado en su aniquilación. En estos momentos están a punto de lograrlo.

Las actas del Cabildo de Fuerteventura de abril 1773 lo dejaban muy claro:

“Entendido el daño que causan los cuervos en las criaciones y sementeras [acordaron] se libren despachos circulares para que cada vecino traiga cuatro cabezas de cuervo en cada mano en todo el mes de agosto, so pena de cuatro reales cada uno, que se les sacarán irremisiblemente”.

Como no eran tontos, los supervisores de la carnicería estaban obligados a cortarle los picos a los animales para que no les volvieran a traer de nuevo las mismas cabezas.

No ha cambiado mucho su mala fama desde entonces. Todavía hoy se le acusa de atacar y matar cabritos, comerse los huevos de las perdices, perseguir a los gazapos, arramplar con la fruta de los árboles, el maíz de los sembrados, la uvas de los viñedos; robar pollos a las gallinas, bocadillos a los excursionistas ¡y hasta ropa y llaves del coche a los turistas!

Los últimos censos demuestran lo efectivo de esta persecución. Sólo las islas de Fuerteventura y El Hierro, las más ganaderas, mantienen unas poblaciones cercanas a las 100 parejas. En las demás está a punto de desaparecer. Gran Canaria ha pasado en 30 años de tener 150 parejas a quedarse con tan sólo 13; Tenerife de 80 a 12; La Palma de 50 a 21; La Gomera de 100 a 9.

En toda Canarias, que es como decir en todo el mundo, pues se trata de una subespecie endémica exclusiva del Archipiélago (Corvus corax canariensis), tan sólo hay en estos momentos 365 parejas.

Para complicar aún más las cosas, un reciente estudio genético demuestra que no todos los cuervos de Canarias son iguales. Los de La Palma, por ejemplo, conforman un linaje diferente al resto que impide poder traer aves de otras islas a modo de refuerzo poblacional. Y en la Isla Bonita tan sólo sobreviven 21 parejas, la mayoría confinadas al Parque Nacional de la Caldera de Taburiente.

Pero ¿por qué se extinguen los cuervos canarios? Al contrario de lo que piensan algunos, la culpa no la tienen los escopeteros. Quedan tan pocas aves que dispararlas es ya casi imposible en muchas islas donde son más raras que un perro verde. Las principales razones son las habituales a otros carroñeros amenazados:

  • Venenos. Contra ellos y contra perros asilvestrados. O raticidas igual de envenenadores. También el venenoso plomo de los perdigones, involuntariamente ingerido cuando se alimentan de un conejo o paloma abandonado en el campo por los cazadores.
  • Tendidos eléctricos. Por electrocución o choque. Contra cables eléctricos o contra las aspas de los aerogeneradores.
  • Falta de comida. Por estabulación de la cabaña ganadera o cierre de los vertederos.

¿Se puede hacer algo para impedirlo? Como siempre, la mejor herramienta es la educación. Mientras sigamos viéndolo como un animal a eliminar, al final lograremos eliminarlo. Sólo tendrá futuro si logramos verlo como un verdadero aliado del campo, eliminador de animales muertos, controlador de enfermedades, sembrador de bosques, pieza fundamental de los ecosistemas; también como un importante elemento de la cultura popular.

En los próximos 15 días voy a recorrer Canarias dando charlas dedicadas al cuervo. A técnicos y a campesinos. Es mi personal contribución para tratar de salvar a la especie como siempre me ha gustado hacer, divulgando su importancia. Forma parte de una campaña de la Dirección General de Protección de la Naturaleza del Gobierno de Canarias, organizada por TragsatecSEO/BirdLife, para informar, concienciar y sensibilizar acerca de la terrible situación en la que se encuentran las escasas poblaciones de cuervo canario en las islas.

¿Lograremos salvarlo? Al menos lo vamos a intentar.

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La Gomera, año 2 del terrible incendio forestal

 

Garajonay2

El 4 de agosto de 2012 se desataba un pavoroso incendio forestal en La Gomera que afectó al 11% de su superficie y obligó al desalojo de la cuarta parte de toda la población. El fuego fue intencionado. Varios terroristas ambientales llevaban todo el año empeñados en destruir la isla colombina y a punto estuvieron de lograrlo.  Las llamas destrozaron 4.100 hectáreas de terreno, calcinando viviendas, cultivos y ganado. Por suerte (por milagro) no hubo que lamentar víctimas humanas. 

El Parque Nacional de Garajonay se llevó la peor parte. El 20% de la mayor y mejor conservada reserva de laurisilva de Canarias, del mundo, quedó carbonizado. Miles de árboles con más de 1.000 años de edad ardieron como teas. La flora y fauna más amenazada recibió un durísimo castigo del que tardará varios siglos en poder a recuperarse.

Hace poco he regresado a La Gomera. Acompañado de Jacinto Leralta, excelente guía del Parque y mejor amigo, he caminado por esos lugares para mí tan queridos que ahora mismo me resultan irreconocibles. Han pasado dos años y la naturaleza, poco a poco, con fatiga inmensa, empieza recuperarse, pero los efectos del fuego son todavía terribles.

En algunos sitios tienes la impresión de que haya caído sobre el monte una bomba atómica. La tierra aparece calcinada, doblada por el fuego. Los viejos árboles son negros esqueletos retorcidos de carbón. Al pisar, los pies se hunden en una capa esponjosa de cenizas y levantan nubes grisáceas, emitiendo leves sonidos de infinita fatiga. En algunas laderas la lluvia ha arrastrado la capa fértil de tierra, esa acumulada durante siglos por el bosque, dejando al descubierto una tierra descarnada, roja como la carne despellejada de un cadáver, pedregosa, sin vida.

Imposible aguantar las lágrimas. Caminamos despacio, en silencio, con miedo a marchitar con nuestro paso cualquier pequeño brote de esperanza. El sol es aquí más terrible y duro que nunca, implacable. ¡Cómo se echa de menos el color verde, el mar de nubes!

Es ahora cuando afrontas la evidencia de que La Gomera no es un territorio septentrional, sino una isla situada casi enfrente del desierto del Sáhara, bendecida por unos vientos alisios a los que debe la dulzura de su envidiable clima; humedad que se encargan los árboles de ordeñar pacientemente, hoja por hoja, rama por rama, logrando que las nieblas no pasen de largo, que el agua se quede en la isla y fertilice sus campos.

Llegamos a un pequeño arroyo. Sorpresa: tiene agua. La alegría nos dura poco. Junto a la orilla descubrimos un esqueleto calcinado. Le falta la cabeza y parte de las extremidades. Durante unos minutos, pocos e interminables, sufrimos un ataque de pánico. ¿Será de una persona? Mando rápidamente las fotos a un amigo forense. Falsa alarma. Nos confirma que no es humano. Seguramente un pobre burro. Unas decenas de metros más allá encontramos a su cría, igualmente calcinada.

Fuego, muerte, erosión, desesperación. Vuelven las lágrimas.

Pero no todo son malas noticias. Para empezar, queda mucho parque, mucha maravilla sin tocar, anclada en el tiempo y el verdor, esperando nuestra visita. Un 80 % no sufrió el incendio. Y La Gomera sigue siendo el mejor lugar del mundo para ir de vacaciones.

De la zona afectada no todo sufrió con la misma intensidad. En algunos lugares el fuego fue menos intenso. En ellos el monte se recupera a una velocidad sorprendente. Allí nos reencontramos con la esperanza. Por todos lados se ven rebrotes de fayas, acebiños, viñátigos, laureles, brezos. Muchos superan ya los dos metros de altura.

Murieron los gigantes vegetales, pero sólo en apariencia, pues son seres eternos capaces de renacer de sus raíces una y mil veces. Ya lo hicieron antes y lo volverán a hacer las veces que haga falta, no les importa.

El problema es el ritmo. Lo hacen a la velocidad del bosque, una escala muy distinta de la humana. Por eso ninguno de nosotros veremos concluida esa resurrección.

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