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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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El calor del final del verano adelanta la caída otoñal de las hojas

Otoño adelantado por la sequía estival en el Paseo de la Quinta (Burgos)

¿Te has dado cuenta? Los jardines y paseos, incluso las calles de las ciudades, empiezan a cubrirse con hojas secas. El otoño parece haberse adelantado. ¡Pero si acabamos de empezar el mes de septiembre!

“¿Será el cambio climático?”, me pregunta preocupado mi padre en uno de nuestros diarios paseos por La Quinta y Fuentes Blancas, dos bellos pulmones verdes de Burgos. Lee el resto de la entrada »

Las aves más pequeñas inician su viaje más largo y peligroso

¿Te has fijado? Ya no hay vencejos en el cielo. Las ruidosas y locas aves del nunca parar, que hasta hace poco llenaban con sus gritos las calles, han desaparecido; están ahora comiendo mosquitos por las selvas de África, en países tan exóticos como Uganda, Tanzania o Kenia, a más de 6.000 kilómetros de sus nidos ibéricos.

Quizá veas todavía algunos, pero son de otra especie muy parecida que suele retrasar estos increíbles viajes, el vencejo pálido en lugar del vencejo común.

¿Te has fijado? Hay ahora muchos pajarillos enredando en los arbustos de parques y jardines. Están descansando de sus formidables viajes migratorios, a medio camino entre el centro y norte de Europa, donde criaron o nacieron, y las junglas africanas donde pasarán el otoño y el invierno.

Los más diminutos son los mosquiteros musicales. Apenas 9 gramos de peso pero con una increíble capacidad de vuelo que les permite recorrer miles de kilómetros en muy pocos días ¡Y de noche! Para evitar a los depredadores, estos pajaritos vuelan a oscuras, orientándose tan solo con la ayuda de las estrellas y de su asombroso instinto natural. Lee el resto de la entrada »

Las setas tienen dueño, aunque no lo parezca

boletus_edulis

Por fin ha llovido este otoño. Y por fin hay setas en el campo, un nutritivo hobby cada día más extendido en España. Antes apenas unos pocos salían a buscarlas, siempre centrados en unas pocas especies fácilmente identificables. Pero ahora son miles los aficionados y con un altísimo nivel de conocimiento, que unen al apoyo de guías de identificación excelentes, aplicaciones para los teléfonos móviles, redes sociales y el casi infalible GPS.

Lo sabemos todo de las setas salvo un pequeño detalle: que tienen dueño. Algunas veces la propiedad de ese monte al que acudimos es pública, pero otras es privada. Aunque en todos los casos la recolección de estos frutos, como la de la madera, el corcho, la resina, los piñones, las castañas o la caza, está o debería de estar bien regulada.

Los selvicultores españoles reclaman que se reconozca que las setas tienen dueño, que no es otro que el propietario del monte. Así lo recogen la Ley Básica de Montes y el Código Civil, como trata de hacerlo entender la COSE (Confederación de Organizaciones de Selvicultores de España). Lee el resto de la entrada »

Sonata de otoño para proteger a un gigante verde

Roble Urdax

Todavía me tiembla emocionado la voz al recordarlo. Os lo contaba la semana pasada. El domingo dirigí una cata de paisaje frente a un coloso del bosque, el roble centenario de Urdax, en Navarra. Fue una de las actividades previstas a realizar bajo su sombra, con motivo de la celebración de las VI Jornadas de las Aves de Navarra. Además de mi prédica, contábamos también con la del escritor y divulgador ambiental Joaquín Araújo, la poesía recitada por la porteña Patricia Furlong y, esa fue la gran sorpresa, la música de Joaquín Taboada. Aquí mismo lo confieso: nunca pude imaginarme algo tan bello y maravilloso. Lee el resto de la entrada »

La receta de la semana: paladea el otoño

Otoño

© Creative Commons

Paladear el otoño, sentirlo, disfrutarlo, caminarlo, tocarlo, olerlo, bañarte en él. Este mes lluvioso y a la vez cálido está siendo espectacular. Especialmente para los aficionados a las setas, colmados como pocos años lo han estado de tan fabulosos manjares. Hasta 130 kilos por hectárea de producción micológica, casi el doble de la media.

Yo también me estoy dando estos días una placentera inmersión forestal en un paraje maravilloso, el monasterio de Poblet, en Tarragona. Participo en un congreso internacional dedicado al tejo, ese árbol mágico y a la vez escasísimo. El lugar no puede ser más acertado, el mismo elegido a mediados del siglo XII por los sobrios monjes cistercienses para fundar uno de los cenobios más impresionantes de Europa, con todo mérito declarado Patrimonio de la Humanidad. Esos ermitaños fueron adelantados ecologistas, pues buscaron bellísimos espacios naturales para aislarse del mundo y dedicarse a la contemplación.

Contemplar. Qué verbo tan fantástico para conjugar en otoño. Precisamente de eso vengo a hablar a Poblet. De que no es posible conservar tejedas, robledales, montañas como cotos cerrados. Sólo si divulgamos sus valores seremos capaces de apreciarlos y, lógicamente, aceptaremos y hasta exigiremos su protección.

Una excelente herramienta para lograrlo es el ecoturismo que, es verdad, también tiene su parte negativa de la mano de esos bestias con dos patas (o ruedas) tan dañinas como las pezuñas del caballo de Atila. Aunque hasta para ellos hay solución: educación. Nuestra gran asignatura pendiente.

Por supuesto, hay lugares delicadísimos donde las visitas contemplativas son imposibles. Esos ni tocarlos. Pero para el resto abrámoslos a nuestro disfrute. Al tiempo llevaremos oxígeno económico a esos valientes empeñados en seguir dando vida a los pueblos, en mantener un paisaje y una cultura tan en peligro de extinción como las tejedas.

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Pobres ancianos secuestrados en jardines

Olivo milenario

La historia es real. Un artista se enamoró de un árbol y quiso inmortalizarlo en una pintura única. Era un olivo del Maestrazgo, en Castellón, al que le calculaban 1.300 años. Por ponerle una cifra, pues resulta imposible conocer su edad exacta. Todas las tardes el pintor acudía al olivar buscando esa luz única incidiendo en la corteza retorcida del coloso, que dibujaba con primor de escolar. Pero al llegar un día el gigante había desaparecido. ¿Se habría confundido de lugar? El agujero abierto en la tierra le confirmó su peor presentimiento. Lo habían vendido por un puñado de euros, para desolación del artista y de los muchos vecinos y forasteros que lo admiraban. Un triste cuadro sin terminar fue su último recuerdo.

En la Comunidad Valenciana todos estos árboles grandiosos están protegidos desde 2006. Pero no los que se llevaron antes en camiones a golpe de cheque, la mayoría muertos durante el transporte, abandonados en viveros, languideciendo en rotondas, campos de golf, urbanizaciones; la minoría en jardines donde se coleccionan como un lujo más, los últimos testigos vivos de la historia dando sombra a la piscina.

Uno de ellos, quizá el del cuadro inacabado, se ha hecho famoso. Forma parte de la caprichosa colección de olivos centenarios del banquero Emilio Botín. 475 vetustos ejemplares expoliados a mayor gloria del mercado financiero. Bautizado “Santander”, al menos ha servido para algo más que el adorno. De él se ha extraído la primera secuenciación completa del ADN de la especie.

Gracias a sus añejos genes podremos mejorar la futura producción olivarera. Pero nunca lograremos que el viejo árbol vuelva a disfrutar de esas puestas de sol mediterráneas, auténticamente sublimes en estos días de finales de otoño. Ni que nosotros las disfrutemos a su sombra.

Olivo milenario

Foto superior: Ejemplar secuenciado en el proyecto del CSIC. ©Banco Santander/CSIC

Foto inferior:  Olivo Domiciano, nacido en el Maestrazgo (Castellón) hace casi 2000 años y que fue subastado en Francia por 64.000 euros como escultura viva del Imperio romano“. Las subastas de estos ejemplares únicos que deberían estar protegidos y ser atractivos turísticos de la comarca siguen dando fabulosos beneficios a los intermediarios de tan vergonzoso comercio.

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El san Blas cigüeñil se adelanta cuatro meses

Ciconia

Las primeras cigüeñas blancas cruzan estos días el estrecho de Gibraltar en pequeños grupos, me cuenta mi amigo y experto biólogo de la Fundación Migres Alejandro Onrubia. ¿Para pasar a África? ¿Tan tarde? Pues no. Tan pronto. Porque las patilargas están de vuelta, de regreso a España.

Concluido el periodo de nidificación, con la llegada de los calores de julio emprendieron un larguísimo viaje hacia el sur, cruzaron el mar, atravesaron Marruecos y después el desierto del Sáhara en busca de, como decía Félix Rodríguez de la Fuente, “sus cuarteles de invierno”. Pero en realidad ese retiro apenas fue veraniego y otoñal.

Justo cuando empiezan los primeros fríos, las primeras cigüeñas tempraneras regresan a la península Ibérica. “La naturaleza se ha vuelto loca” dirá más de uno. Pues tampoco. Derrotado el viejo refrán de “Por san Blas (3 de febrero) la cigüeña verás”, desde hace décadas son normales estas avanzadillas en octubre, casi 4 meses antes de lo previsto.

Resulta evidente. El viaje ya no les compensa. Huyen del hambre y no del frío como pensábamos. Miles de ellas ni siquiera eso. Se apuntan a los vertederos y pasan de viajar. O se hacen sorprendentemente urbanas como las del madrileño barrio de Vallecas. Allí, y para asombro del vecindario, cientos de blanquinegras se han encariñado con antenas de televisión, luminosos y voladizos, industriales atalayas convertidas en pajariles dormideros. Las vi esta semana y me quedé maravillado.

Su aparición coincide en el tiempo con la llegada, estos sí, de nuestros turistas invernales. Grullas, ánsares y milanos reales abandonan los fríos nórdicos en busca de buen clima y mejor campo. Son los heraldos del invierno, como recuerda un refrán que, éste me temo que acertado, asegura:

“Grullas en el cielo, carbón en el brasero”.

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Los baños de bosque alivian las depresiones otoñales

Decía Pablo Neruda que en otoño la tierra se extiende y respira, mientras al mes y a los árboles se les caen las hojas. Manuel Machado se sentía “triste como una tarde del otoño viejo”. Yo prefiero la visión de Ángel González, maravillado por esas luces doradas que son fuego, o vida.

Todo esto me lo cuento durante mis baños de bosque, de naturaleza. Porque no sólo es posible darse baños de árboles. Es absolutamente necesario, especialmente en estas fechas donde, por culpa de la reducción de las horas de sol, el 30 por ciento de los españoles sufre la “depresión de otoño”. Será porque no conocen los baños de bosque, el mejor antidepresivo natural.

Los japoneses lo llaman Shinrin-yoku, tan famoso que hasta lo recomienda la Agencia Forestal nipona como saludable actividad anti estrés ligada a la aromaterapia.

La receta es sencilla y muy sabrosa. Madruga en fin de semana. Cálzate unas botas, elije el viejo jersey de lana, una buena cazadora y echa a andar por un bosque como quien se zambulle en las cálidas aguas del Mediterráneo. En silencio. Respirando plácidamente al ritmo del canto de las aves. Dejando que el viento se lleve los pensamientos, que el murmullo de tus pasos sea la mejor música. Agudiza el oído para disfrutar con el sonido único de pisar las hojarascas, los charcos, escuchar a las ramas susurrar secretos y agitar conciencias, recuerdos. Después de unas horas de paseo busca la compañía de un viejo árbol. Sentado junto a él saca el bocadillo o, mejor aún, una pieza de fruta, y disfruta del momento.  Olfatea. Tras las abundantes lluvias de esta semana, el olor a bosque, hojas, setas, castañas, barro nos reconcilia con nuestro pasado más natural. Y nos relaja infinitamente.

No hay duda. Los mejores paseos del año son ahora. Y si no tienes un bosque cerca, elije parques y jardines. ¿O eres de los que prefieren pasear por el centro comercial?

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Las aves viajeras se van con el otoño pero podemos seguir espiándolas desde casa

No lo vas a notar, pero según cálculos del Observatorio Astronómico Nacional mañana sábado 22 de septiembre, exactamente a las 16:49 horas, llega el otoño. No será el día 21, como nos enseñaron en el colegio, por culpa de la poco ajustable órbita de la Tierra alrededor del Sol con nuestro calendario gregoriano. De hecho, a lo largo del siglo XXI el otoño se iniciará en los días 22 y 23 de septiembre, pero nunca el 21.

Sea como fuere, tenemos por delante 89 días y 20 horas de melancólica estación hasta que el 21 de diciembre (esta vez sí) nos llegue el invierno. Tiempo de hojas marchitas y tardes doradas cuando, como dijo Juan Ramón Jiménez,

“en una decadencia de hermosura

la vida se desnuda”.

Es tiempo también de grandes cambios en la naturaleza. De berreas de ciervos encelados y de viajes imposibles de las aves estivales hacia África.

Hasta hace poco, la migración de los pájaros era un misterio. ¿Dónde se iban las golondrinas finalizado el verano? Aseguraba Aristóteles que se escondían en agujeros y allí hibernaban. Otros las imaginaban enterradas durante meses en el barro. El anatómico inglés John Hunter trató de demostrarlo empíricamente en el siglo XVIII: capturó un grupo de golondrinas, esperó al otoño y las sumergió bajo el lodo. Llegada la primavera, y tras comprobar que todas habían muerto, comenzó a dudar.

Más prudente, su contemporáneo el naturalista alemán Johann Leonhard Frisch ató cintas de colores a las patas de las avecillas y las soltó. Cuando meses después todas ellas regresaron con la primavera, dedujo que no habían estado enterradas pues las cintas se veían limpias.

Hoy tenemos una tecnología maravillosa que nos permite saber con exactitud a dónde van las aves. Y gracias al proyecto migraciondeaves.org de SEO/BirdLife y al apoyo de los satélites, podemos seguir sus movimientos desde el ordenador día a día.

Así sabemos que Picoto, un halcón abejero (Pernis apivorus) marcado en el cacereño Valle del Jerte, devora ahora insectos en Liberia. O que una carraca europea (Coracias garrulus) de Villamanta (Madrid) campea en estos momentos por el sur de Níger con la misma confianza que hace poco lo hacía por la cuenca del río Alberche.

Aunque millones de ellas no llegan. Como la pequeña buscarla pintoja (Locustella naevia) que esta semana se estrelló contra los cristales del Museo de la Evolución Humana de Burgos. Otra víctima inocente más de nuestros modernos edificios transparentes inútilmente iluminados toda la noche. Pero así es la naturaleza y el hombre. Es el otoño. Es la vida.

Foto: Técnicos de SEO/BirdLife instalan en Madrid un emisor GPS a una carraca, Ave del Año 2012, que ahora pasa el otoño en Níger (África centro occidental) tras recorrer más de 3.200 kilómetros y atravesar seis países en apenas un mes. Guillermo Prudencio/EFE

Mapa: Pantallazo del viaje de la carraca anillada en el sur de Madrid, según el mapa ofrecido por el proyecto migraciondeaves.org de SEO/BirdLife.

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Llueven sapos y gallipatos en La Mancha

En Caracuel de Calatrava, Ciudad Real, sus vecinos alucinan. Desde la semana pasada las calles de este pequeño pueblo manchego de poco más de 150 habitantes están invadidas por sapos y muy especialmente gallipatos (Pleurodeles waltl), el mayor de nuestros tritones ibéricos. Sólo salen por la noche. La noticia y fotos que acompañan a esta entrada las ha colgado J.C. Laguna en la página meteorológica eltiempo.es. Da detalles pero también pregunta:

“Llevamos varios días con las calles llenas de sapos, ranas y salamandras, sobre todo estas ultimas, es impresionante, se ven a cientos por no decir a miles. ¿Es normal?

La verdad es que no es nada normal. Con las primeras lluvias otoñales los anfibios salen de su, no tanto letargo pero sí inactividad veraniega. Impelidos por los excesos hormonales se lanzan por las noches con pasión a los placeres de la procreación. Aunque quedan tan pocos que es difícil encontrarse a alguno en el campo.

Para estos increíbles animales, tan beneficiosos para nosotros pues se alimentan de larvas de insectos y de sanguijuelas, los tiempos actuales no son nada buenos. La contaminación o destrucción directa de charcas y pozos, los atropellos, los pesticidas y el cambio climático están poniendo en serio peligro a sus poblaciones.

Ver todos estos cientos seres de pegajosa piel buscando novio/a por las calles del pueblo debería alegrarnos por lo que tiene de excelente señal biológica. Por algo están protegidos. Pero la reacción suele ser la contraria. Nos dan asco. O los tememos, no vayan a ser venenosos.

Son inofensivos y beneficiosos pero, ¿qué harías tú si te encontraras esta pequeña marabunta de simpáticos sapos y gallipatos a la puerta de tu casa?



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