La crónica verde La crónica verde

Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Que este pájaro se vaya a la mierda es muy mala noticia

Macho de roquero rojo. Foto: Wikimedia Commons

Esta maravilla de pájaro, esta preciosidad, se está yendo a la mierda. Es un roquero rojo, un ave antiguamente frecuente de nuestras montañas y ahora más difícil de ver que un político después de unas elecciones. Por eso es muy probable que no lo hayas visto nunca en tus salidas al campo.

Sus poblaciones no es que estén mal, es que se han hundido. Exactamente han caído un 95,3% desde 1998, según datos del Programa de Seguimiento de Aves Comunes en Primavera (Sacre) de SEO/BirdLife, que esta temporada cumple su 25º aniversario en España.

Y si al roquero rojo, que vive en esos lugares de altura que consideramos privilegiados paisajes inmaculados, le va mal, imagínate cómo nos debe de ir a nosotros, que vivimos emponzoñados en ciudades cada vez más contaminadas, comiendo guarrindongadas y apretados cual sardinas en lata. En realidad no hace falta que te lo imagines, lo estamos viendo en directo y en primera persona todos los días, pandemia incluida. Lee el resto de la entrada »

Notición: ¡Han llegado las golondrinas y los primeros vencejos!

Golondrina común. Foto: Pixabay

Ya nos lo anunció el inmortal Antonio Machado: “La primavera ha venido / nadie sabe cómo ha sido”. Decía el poeta que ha despertado la rama y el almendro ha florecido; que ya cantan los primeros grillos. Pero se olvidó de una de las más bellas anunciadoras de la nueva y hermosa estación, nuestras queridas golondrinas. Y ya están aquí, puntuales, cantarinas.

Esta semana he visto dos, las primeras del año. Sorprendentemente estaban peleándose en el aire, gritándose de todo. Vamos a ver, queridas amigas. ¿Os parece normal que os hayáis metido entre pechuga y ala un viaje de 3.000 o 4.000 kilómetros, hayáis atravesado el desierto del Sáhara y cruzado el Mediterráneo para llegar a mi calle birriosa en Quartu de Sant’Elena, donde no hay más golondrinas que vosotras dos, y os pongáis a arrancaros las plumas como quien se tira de los pelos por un triste mosquito, con todos los que tenemos en las salinas? Lee el resto de la entrada »

Aprende a distinguir las golondrinas de los aviones y los vencejos

Golondrina común. Foto: Pixabay

Un vencejo no tiene nada que ver con las golondrinas o los aviones, pero mira que nos cuesta distinguirlos. El error no es culpa de nuestro actual sistema educativo ni de una sociedad cada día más urbana. Ya en 1871, el genial poeta Gustavo Adolfo Bécquer hizo alarde de sus escasos conocimientos ornitológicos.

La media docena de estrofas que componen el famoso poema “Volverán las oscuras golondrinas“, además de ser una hermosa exaltación a la fatalidad y al amor perdido, implica un grave error biológico. Porque el poeta sevillano sabría mucho de literatura, pero de pájaros no tenía ni idea.

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Las aves más pequeñas inician su viaje más largo y peligroso

¿Te has fijado? Ya no hay vencejos en el cielo. Las ruidosas y locas aves del nunca parar, que hasta hace poco llenaban con sus gritos las calles, han desaparecido; están ahora comiendo mosquitos por las selvas de África, en países tan exóticos como Uganda, Tanzania o Kenia, a más de 6.000 kilómetros de sus nidos ibéricos.

Quizá veas todavía algunos, pero son de otra especie muy parecida que suele retrasar estos increíbles viajes, el vencejo pálido en lugar del vencejo común.

¿Te has fijado? Hay ahora muchos pajarillos enredando en los arbustos de parques y jardines. Están descansando de sus formidables viajes migratorios, a medio camino entre el centro y norte de Europa, donde criaron o nacieron, y las junglas africanas donde pasarán el otoño y el invierno.

Los más diminutos son los mosquiteros musicales. Apenas 9 gramos de peso pero con una increíble capacidad de vuelo que les permite recorrer miles de kilómetros en muy pocos días ¡Y de noche! Para evitar a los depredadores, estos pajaritos vuelan a oscuras, orientándose tan solo con la ayuda de las estrellas y de su asombroso instinto natural. Lee el resto de la entrada »

Un joven naturalista pide ayuda para salvar a las golondrinas

Aitor Mora es un joven de 18 años de Binéfar (Huesca) empeñado en salvar a las golondrinas, las benéficas aves que en este mes están comenzando a llegar después de haber pasado casi medio año en sus cuarteles africanos de invierno. Las protege en su pueblo y en toda España, preocupado por el declive cada vez más generalizado de estas especies de aves ligadas a medios agrícolas y urbanos. Él mismo lo explica así:

“Hace casi dos años, alarmado por el descenso poblacional de la golondrina común, decidí tomar cartas en el asunto. Así nació el Proyecto AvIn (Aves Insectívoras), al que se sumaron colaboradores de todo el país. Gracias a ellos, golondrinas, aviones y vencejos ya cuentan con planes a escala local para su conservación, al que esperamos se incorporen más amigos de las aves”. Lee el resto de la entrada »

Los vencejos avisan pero nosotros seguimos haciendo el cafre

Vencejo cafre © Juan Varela

Vencejo cafre © Juan Varela

El titular no es mío, es de Asun Ruiz, la directora de SEO/BirdLife, pero se lo tomo prestado por lo certero e inmejorable. Resume a la perfección una nota de prensa que su organización ha lanzado advirtiendo de algo aparentemente tan anecdótico como es la expansión de una especie de origen subsahariano hasta hace poco desconocida no sólo en España sino en toda Europa, y que lentamente va colonizando el territorio español: el vencejo cafre (Apus caffer).

Se parece al vencejo real y cría casi exclusivamente en nidos que les roba a otra especie africana de reciente expansión por España, la golondrina dáurica (Cecropis daurica). Lee el resto de la entrada »

El increíble viaje de un vencejo pekinés supera a Marco Polo

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Durante siglos hemos estado fascinados por los vencejos, esas gritonas aves de nunca parar, capaces de comer, copular y hasta dormir en el cielo. Sin duda el ave más común y desconocida de nuestra fauna.

Gracias a las nuevas tecnologías, esa fascinación se está tornando en absoluto asombro científico. Como ya os conté en otro post,  Goyeneche, un joven vencejo común nacido en 2012 en Madrid, viajó hasta Uganda y Tanzania, cerca del lago Victoria, para meses después seguir hasta Kenia, cerca de la isla de Zanzíbar, a 6.000 kilómetros de su nido. La vuelta la hizo pasando por la República Democrática del Congo, la costa de Camerún e incluso una zona de alta mar cerca de la costa de Liberia. En menos de diez meses realizó un viaje de más de 20.000 kilómetros antes de regresar a Madrid… y todo ello sin detenerse a descansar o dormir.

Pero hasta en esto nos gana China. Un estudio ha revelado que los vencejos de Pekín (Apus apus pekinensis) que crían en su turístico Palacio de Verano viajan más de 13. 000 kilómetros, solo de ida, para pasar el invierno en el sur de África antes de retornar al país asiático la primavera siguiente, lo que sumaría alrededor de 26.000 kilómetros en su periplo migratorio anual. Visto así, Marco Polo queda como un aprendiz de viajero.

Según explica SEO/BirdLife a través de un comunicado, esto significa que, en su tiempo de vida, de media esta subespecie oriental del vencejo común  cubrirá una distancia migratoria mayor de 180.000 kilómetros, cerca de la mitad de distancia desde la Tierra a la Luna. La información ha sido publicada por el portal británico Rare Bird Alert, especializado en la divulgación de rarezas y otros aspectos fascinantes de las aves. Lee el resto de la entrada »

Viajeros imposibles: de Madrid a Kenia sin parar a dormir

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© Wikimedia Commons

Casi de repente, los cielos españoles han enmudecido. ¿Te has dado cuenta? Apenas quedan vencejos. Esas aves locas y gritonas que pasan raudas por los edificios en cerradas formaciones. Las mismas que nos estropean tantas fotos de paisajes al cruzar veloces por delante del objetivo de la cámara. Esas que mucha gente confunde con las golondrinas pero nada tienen que ver con ellas. Los vencejos se han ido.

Vencejo con geolocalizador © Javier de la Puente SEO BirdLife

Vencejo con geolocalizador © Javier de la Puente / SEO BirdLife

Llegaron muy tarde de África, al final de la primavera, y se van muy pronto, a mitad del verano. La mayoría de sus efectivos europeos ya ha abandonado el continente europeo. El pasado sábado, voluntarios de la Fundación Migres censaron más de 30.000 vencejos en uno solo de los observatorios instalados en el Estrecho de Gibraltar. Lo cierto es que cientos de miles de ellos están cruzando por todo el sur español. Un flujo constante que se mantendrá activo hasta la próxima semana.

¿A dónde van?  En realidad son más de allí que de aquí. En realidad son de ninguna parte. Hijos del viento, tras siglos de incógnitas, los movimientos de esta pequeña ave (apenas 40 gramos de peso) empiezan a conocerse ahora gracias al uso de minúsculos geolocalizadores instalados sobre sus espaldas a modo de diminutas mochilas.

No son GPS. Registradores de la cantidad de luz recibida, mediante complicadas fórmulas astronómicas a partir de la hora del amanecer y del anochecer y del número de horas diarias de luz, son capaces de especificar dónde se encuentra el ave en cada momento.

En verano de 2012 SEO/BirdLife marcó ocho vencejos comunes con geolocalizadores y, un año después, los técnicos del Programa Migra consiguieron recapturar uno para descargar la información almacenada en su aparato. Se trataba de Goyeneche, un joven vencejo nacido ese mismo año en Madrid.

Los resultados obtenidos nos han dejado a todos boquiabiertosDesde el municipio madrileño de Nuevo Baztán, viajó hasta Uganda y Tanzania, cerca del lago Victoria, para meses después seguir hasta Kenia, cerca de la isla de Zanzíbar, a 6.000 kilómetros de su nido. Muy diferentes esas extensas áreas de selvas y sabanas de su meseta castellana de nacimiento.

La vuelta la hizo pasando por la República Democrática del Congo, la costa de Camerún e incluso una zona de alta mar cerca de la costa de Liberia. En menos de diez meses realizó un viaje de más de 20.000 kilómetros antes de regresar a Madrid… y todo ello sin detenerse a descansar o dormir.

No pueden parar. Como su nombre científico indica [Apus significa en griego “sin patas”], tienen tan atrofiadas las extremidades inferiores que es como si no existieran. Apenas pequeñas garras para colgarse unos segundos de riscos y paredes.

Comen, beben, copulan y hasta duermen en el aire. Sólo reposan para incubar y alimentar a los pollos. El resto del año, 24 horas al día, vuelan y duermen a gran altura. Si cayesen al suelo no podrían levantarse. Por eso yo las llamo cariñosamente “las aves de nunca parar”. 

Este verano se han marcado más vencejos con geolocalizadores gracias al patrocinio de la Fundación Iberdrola. Un total de 32, en tres provincias españolas: 22 en Madrid, 6 en Ciudad Real y 4 en León, todos equipados con esos dispositivos en su espalda que nos permitirán espiar sus secretos viajes imposibles.

Se acaban de ir y ya los hecho de menos. 

El viaje del vencejo ‘Goyeneche’ ©SEO-BirdLife

El increíble viaje del vencejo ‘Goyeneche’. ©SEO-BirdLife

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Por fin llegó el verano a la naturaleza

Sí, ya lo sé. Astronómicamente el solsticio de verano es el 21 de junio (exactamente a las 17,16 horas) y para tan mágica fecha aún falta mes y medio. Pero para la naturaleza española el verano ha comenzado.

Personalmente defiendo la llegada de los ruidosos vencejos a las frías tierras mesetarias de Burgos como el inicio oficial de la nueva y esperada estación. Hace casi un mes se hicieron habituales en los cielos de Sevilla y Cáceres, pero para estas aves especializadas en alimentarse del plancton aéreo, de esos mínimos y abundantísimos insectos arrastrados por el aire cual maná, cruzar las montañas del Sistema Central y adentrarse en nuestra particular Siberia española no es tarea fácil. Sólo cuando la primavera está plenamente desarrollada se atreven a dar el salto. Y ahí están los primeros, persiguiéndose en sus kamikazes vuelos alrededor de los chapiteles de la catedral burgalesa. Dentro de poco se harán habituales, y en seguida sus gritos aéreos nos traerán el recuerdo de los pesados días de canícula estival.

No son los únicos heraldos veraniegos. En realidad ya han llegado de la lejana África todas las aves migrantes, cucos y ruiseñores, alimoches y aguiluchos, currucas y zarceros. Lo mismo ocurre con las flores, donde violetas y primaveras han dado paso a amapolas, margaritas y achicorias.

Aprovechando noches menos frías y la oscuridad de una luna todavía en incipiente cuarto creciente, es igualmente el momento de escuchar el misterioso canto de chotacabras y cárabos. También de mirar por encima de nuestras cabezas y descubrir que el paisaje celeste ha cambiado. Júpiter ha sido sustituido por un luminosísimo Saturno, y hoy mismo podremos gozar de la mejor lluvia de estrellas del trimestre, las originadas por el cometa más famoso de la historia, el Halley.

Con tantas novedades ¿te apuntas a disfrutar de este intenso verano biológico?

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El otoño ya está aquí

¿El otoño ya? ¿A mediados de agosto? ¿Cuando todavía cientos de miles de personas disfrutan de las vacaciones veraniegas y otros tantos esperan con impaciencia a septiembre?

Pues sí queridos amigos. Quizá no para nosotros, pero para la Naturaleza el otoño ya ha llegado.

No hace falta más que salir al campo para darse cuenta de su presencia. Miren si no los castaños de Indias (Aesculus hippocastanum). No es que estén enfermos. Su follaje mustio, cada vez más ocre y menos verde, con esas ruidosas alfombras de hojarascas bajo el ramaje, son señal inequívoca de que las sequías veraniegas han dado finalmente paso a la otoñal caída de la hoja.

Y muchas aves están en estampida postnupcial, camino de sus cuarteles de invierno. ¿Se acuerdan de los ruidosos bandos de vencejos surcando veloces los cielos en multitudinarias agrupaciones sobre nuestras cabezas? Pues búsquenlos ahora. No están. Se han ido. Salvo algunos pocos rezagados que aún se empeñan por sacar adelante a sus tardías polladas, el grueso de la población de estos increíbles pájaros de nunca parar caminan raudos hacia el sur, en busca de insectos en sus duras y lejanísimas tierras transaharianas.

Si nos pusiéramos ahora mismo en el Estrecho de Gibraltar, prismáticos en mano, veríamos cómo en este impresionante cuello de botella de las migraciones pajariles, la Operación Paso del Estrecho está en uno de sus momentos más álgidos.

Allí decenas de ornitólogos se afanan estos días para contar con la máxima precisión posible el continuo trasiego de aves hacia el sur, en un momento en el que nos encontramos con el pico migratorio de cigüeñas y milanos, así como con un paso muy importante de aguiluchos cenizos y alimoches.

No es una exageración. Según la Fundación Migres, diariamente cruzan por alguno de los observatorios ubicados entre Gibraltar y Algeciras camino de África más de 4.000 cigüeñas blancas y hasta 10.000 milanos negros.

Pero tampoco hace falta irse tan al sur para detectar esta locura viajera. Basta con salir al campo o acercarnos a un parque, donde daremos con facilidad con la presencia siempre confiada de los norteños mosquiteros musicales (Philloscopus trochilus) o los papamoscas cerrojillos (Ficedula hypoleuca). No son visitantes habituales. Tan sólo están de paso. Acaban de llegar y ya se van. Ellos, como las cigüeñas o los vencejos, están en migración activa.

Cuesta aceptarlo, pero la desaparición de las aves estivales, el amarilleo de los árboles, los días cada día más cortos y los rayos solares cada vez más oblícuos nos señalan lo mismo: el otoño se aproxima. Todavía nos quedarán días de sol, playa y montaña pero, no se engañen, estamos en tiempo de descuento.

Habrá que aprovecharlo al máximo ¿no les parece?

Apretado bando de cigüeñas sobrevolando el cada vez más peligroso Estrecho de Gibraltar camino de África.