La crónica verde La crónica verde

Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Arte, naturaleza y buena onda en Santo Domingo de Silos

Te gusta viajar, pero muchas veces no le sacas a esta experiencia todo su partido. Algunos se conforman con visitar un lugar, ver todo lo que nos dicen las guías que es necesario ver, hacerse unos cuantos selfis para las redes, buscar un lugar donde comer (esto al final es lo que más tiempo nos lleva) y volverse a casa con la falsa sensación de que “ya lo has visto todo”. Otros somos menos turistas y más viajeros. Nos gusta disfrutar de los viajes con los cinco sentidos. No buscamos tan solo lugares. Buscamos paisajes. Y los catamos intensamente, con los cinco sentidos.

Aprovechando mi participación en el programa de Radio Nacional de España “No es un día cualquiera“, dirigido en su edición del verano por el periodista Carlos Santos, he intentado condensar en una sección viajera lo mucho que un lugar nos puede decir y evocar. Una vez emitida, le voy ha dar formato de blog, para que así muchos viajeros puedan aprovecharse de esta información.

Nuestra primera cata de paisaje nos lleva hoy a Santo Domingo de Silos, en Burgos. Que no es tan solo un famoso monasterio benedictino. Es naturaleza, historia, arte y muy buenos alimentos.  Lee el resto de la entrada »

El ser vivo más viejo de Europa cambia de sexo

Fortingall-Yew-trunk

Dicen que el amor no conoce edad. Que siempre es momento para salir del armario y reconocer nuestra sexualidad oculta. Pero hay un ser vivo que ha esperado más que ningún otro para dar tan importante paso. Es un tejo (Taxus baccatta), una rara conífera de la que apenas quedan bosques naturales en Europa.

Tan viejo, tan viejísimo, que le calculan entre 2.000 y 5.000 años de edad. Tan legendario que, se supone, bajo su sombra ya entonces frondosa nació el terrible Poncio Pilato; aquel prefecto romano responsable del suplicio y condena a muerte de Jesús de Nazaret. Y no, este árbol no crece en Judea. Lo hace en Escocia, junto a la iglesia del pequeño pueblo de Fortingall, allí donde las Tierras Altas saben a whisky y huelen a turba. Lee el resto de la entrada »

¿Correr por el Sueve? Los viejos bosques no aceptan carreras

Tejeda

El próximo día 5 de abril está programada una carrera campo a través por los concejos de Colunga y Caravia, de libre inscripción y unos 30 kilómetros de recorrido. Es el I Trail del Sueve “La Pisada del Diantre”. Para ello cuenta con los permisos reglamentarios de los ayuntamientos por los que pasa y del Principado de Asturias.

Lo que podría ser un evento normal se convierte en una aberración cuando la ruta elegida transcurre por el corazón de dos parajes de enorme valor ecológico: el hayedo de la Biescona y la tejeda del Sueve.Tejeda2

Ambos espacios son dos bosques maduros muy especiales del norte cantábrico, pero también extremadamente frágiles. La erosión y su escasa regeneración natural los hace de cristal. Cientos de personas atravesando sus trochas es lo peor que le podría pasar. Con toda la razón, la Asociación Amigos del Tejo y las Tejedas ha puesto el grito en el cielo ante lo que sus miembros califican, a través de una nota de prensa, como “un desatino“. No entienden (y yo tampoco), que unos lugares tan especiales, perfectos para la contemplación y el estudio a través de un plácido senderismo, se conviertan ahora, por culpa de una creciente moda deportiva, en lugar de agitación y pisoteo.

¿Cómo se permite discurrir una carrera de estas características por medio de uno de los mejores hayedos de la Cantábrica y una de las tejedas más importantes de Europa, hábitat de protección prioritaria para la Directiva Hábitat, LIC, ZEC, Paisaje Protegido y no sé cuántas protecciones más? ¿Cómo toda una administración regional contradice de manera tan flagrante los objetivos de conservación y las medidas de gestión que ella misma decreta en el Instrumento de Gestión de la ZEC Sierra del Sueve? ¿Cómo se autoriza esta carrera sin realizar estudios previos de impacto ambiental ni tener en cuenta el número máximo de corredores permitido?

La Sierra del Sueve es muy grande y hay buenos sitios para poder correr por ella sin alterar los lugares más frágiles. Por poner un ejemplo, en el Puerto de la Llama y la majada de Espineres hay ya adaptado un espacio para la celebración de este tipo de eventos públicos masivos. Pero como nos gusta llegar a esos lugares donde nadie llega, la carrera elije precisamente entrar en lo más difícil, que debería de ser lo más intocable.

Da lo mismo. Estamos en elecciones y todo estos días se hace a mayor gloria del elector. Como los lobos, los viejos tejos y las añosas hayas asturianas tampoco votan.

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La receta de la semana: paladea el otoño

Otoño

© Creative Commons

Paladear el otoño, sentirlo, disfrutarlo, caminarlo, tocarlo, olerlo, bañarte en él. Este mes lluvioso y a la vez cálido está siendo espectacular. Especialmente para los aficionados a las setas, colmados como pocos años lo han estado de tan fabulosos manjares. Hasta 130 kilos por hectárea de producción micológica, casi el doble de la media.

Yo también me estoy dando estos días una placentera inmersión forestal en un paraje maravilloso, el monasterio de Poblet, en Tarragona. Participo en un congreso internacional dedicado al tejo, ese árbol mágico y a la vez escasísimo. El lugar no puede ser más acertado, el mismo elegido a mediados del siglo XII por los sobrios monjes cistercienses para fundar uno de los cenobios más impresionantes de Europa, con todo mérito declarado Patrimonio de la Humanidad. Esos ermitaños fueron adelantados ecologistas, pues buscaron bellísimos espacios naturales para aislarse del mundo y dedicarse a la contemplación.

Contemplar. Qué verbo tan fantástico para conjugar en otoño. Precisamente de eso vengo a hablar a Poblet. De que no es posible conservar tejedas, robledales, montañas como cotos cerrados. Sólo si divulgamos sus valores seremos capaces de apreciarlos y, lógicamente, aceptaremos y hasta exigiremos su protección.

Una excelente herramienta para lograrlo es el ecoturismo que, es verdad, también tiene su parte negativa de la mano de esos bestias con dos patas (o ruedas) tan dañinas como las pezuñas del caballo de Atila. Aunque hasta para ellos hay solución: educación. Nuestra gran asignatura pendiente.

Por supuesto, hay lugares delicadísimos donde las visitas contemplativas son imposibles. Esos ni tocarlos. Pero para el resto abrámoslos a nuestro disfrute. Al tiempo llevaremos oxígeno económico a esos valientes empeñados en seguir dando vida a los pueblos, en mantener un paisaje y una cultura tan en peligro de extinción como las tejedas.

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Descubren un viejo tejo anterior a las pirámides de Egipto

Tejo milenario

Este tejo de la iglesia de St Cynog’s, Sennybridge, tiene 5 milenios [WALES NEWS SERVICE]

Imagínate un viejo árbol. Un venerable tejo (Taxus baccata) plantado en un cementerio en lugar de los habituales cipreses (Cupressus sempervirens). Siempre verde, símbolo de eternidad, de nuestra lucha imposible por trascender, contra el polvo eres y en polvo te has de convertir. Rodeado de lápidas, de muerte, de sueños y esperanzas rotas. “Como te veo, yo me vi. Como me ves, tú te verás”, rezaban antes las entradas de los camposantos. Terrible.

Todavía quedan en el norte de España algunos de estos venerables tejos de cementerio, especialmente en Asturias. En realidad los hay por todo el arco atlántico, desde Irlanda y el Reino Unido hasta Normandía.

Dicen los expertos que son reminiscencias de viejas tradiciones de origen celta, cultura que consideraba a los tejos árboles sagrados, unión espiritual entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Algunos, los ejemplares más viejos, podrían incluso haber sido plantados por estos primitivos europeos como parte fundamental de cultos olvidados. ¿Tejos vivos con más de 2.000 años? Parece imposible. Pero no lo es.

En Gales, en la parroquia de San Cynog, en el condado de Powys, los expertos acaban de confirmar la extraordinaria edad de uno de estos abuelos vegetales. Los estudios de ADN no ofrecen dudas. El colosal ejemplar es anterior al cristianismo. Incluso a los celtas. Y hasta a los egipcios y sus pirámides. Gigante pausado, tiene nada menos que 5.000 años. Nació tres milenios antes que Jesucristo y sigue tan tranquilo, creciendo a un ritmo de eternidad. Increíble.

Tras conocer estos datos, la iglesia de Gales ha lanzado una campaña para proteger éste y otros árboles milenarios vecinos a sus templos.

Me dan envidia. En España también tenemos viejos, viejísimos tejos, pero no los cuidamos ni los protegemos. Los cortamos. Total ¿qué son 5.000 años frente a la insoportable levedad del hormigón?

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El tejo debe ser Patrimonio de la Humanidad

No existe árbol más mágico y maravilloso que el tejo (Taxus baccata), el viejo templo vegetal de nuestros antepasados prehistóricos, el más antiguo de Europa. Herederos de ese antiquísimo linaje cuyos orígenes se pierden en la noche de los tiempos, nos quedan aún hermosos ejemplares en el norte de España. Allí dan sombra a vetustas iglesias o apartados cementerios donde todavía hoy, en pleno siglo XXI, siguen reafirmando su misterioso contenido espiritual, su magia, su eternidad.

A estos árboles de una carga cultural y religiosa tan tremenda los llamamos Tejos Cultos. Y los queremos proteger de nosotros mismos, de nuestras obras y de nuestros cuidados mal entendidos. Por eso, desde el Observatorio Convergente de Árboles Singulares y Monumentales, promovido por la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente (FFRF) y al que pertenezco, hemos solicitado la declaración de este tipo de tejos del norte de España y el Arco Atlántico europeo como Patrimonio de la Humanidad.

Tienen todos los méritos para ello y, lo más importante, muy probablemente sea ésta la única alternativa para garantizar su conservación.

Y es que estos árboles formidables muchas veces centenarios han envejecido en los últimos 20 años más que en todos sus últimos siglos de larga existencia. La apertura de zanjas a su lado les arrancaron las raíces, el asfaltado de las calles los secó, la instalación de muros los estrangularon, las podas los mutilaron. Pobres.

Muchos no lo resistieron y han muerto. Como el simbólico tejo de la iglesia mozárabe de Santa María de Lebeña (Cantabria) que, más que muerto en marzo de 2007, fue asesinado por obras estúpidas y tratamientos incultos. De nada le valió estar protegido. Como dijo entonces una vecina, “al quererlo curar se lo cargaron“. Y es que hay amores que por atrevidos, matan. Hoy el bello árbol es tan sólo un fantasmagórico trozo de tronco partido.

En la imagen superior, el centenario tejo de Lebeña antes de sufrir las mortales obras de reforma de su entorno. Bajo estas líneas, el mismo tejo en la actualidad.

Y abriendo el post, el fenomenal tejo de la iglesia de San Cristóbal de Valdueza, en Ponferrada (El Bierzo, León), un símbolo vegetal por suerte aún vivo.

Los gamos se comen un bosque milenario

Es la última selva europea, un bosque de leyenda en una tierra legendaria donde las personas más ancianas afirman sin pestañear que allí, entre las raíces de alguno de esos tejos milenarios (y hay cientos), se esconde el fabuloso tesoro abandonado por los moros tras su derrota en Covadonga.

La tejeda más grande del mundo, 8.000 tejos (Taxus baccata) agazapados en un inaccesible macizo calizo con vistas al mar Cantábrico, será próximamente declarada por el Principado de Asturias Monumento Natural, la joya del nuevo Paisaje Protegido de la Sierra del Sueve.

Pero ni su protección, ni el estar catalogada como Lugar de Importancia Comunitaria (LIC), va a salvar a esta impresionante tejeda, más bella y extensa que las más famosas de Irlanda e Inglaterra, de una lenta agonía. Porque ese bosque primario único está siendo asesinado por una gigantesca manada de gamos (Dama dama), allí llevada artificialmente sólo para satisfacer las aficiones venatorias de un selecto grupo de cazadores.

Sí queridos amigos. Os parecerá mentira, pero los gamos se están comiendo la tejeda del Sueve. No a los ejemplares gigantes, tan duros e inmensos como las rocas, pero sí a sus hijos, inexistentes desde hace 50 años. Y sin descendencia no hay futuro.

Esos herbívoros no son como los bellos asturcones que corren por las praderas. Son unos recién llegados. Hacia 1960 se trajeron 50 del coto del Palacio de Riofrío (Segovia), y les ha ido tan bien que, a pesar de los disparos, son ahora más de un millar. 1.000 bocas hambrientas para las que los brinzales de tejo son un manjar irresistible. 4.000 patas pisoteadoras, en un paraíso donde los lobos, sus predadores naturales, han sido sustituidos por las escopetas.

Como nuestros políticos son siempre tan políticamente correctos, han decidido que entre las 150 cabezas que reclaman como máximo botánicos y ganaderos, y el millar defendido por los cazadores, lo justo es mantener entre 400 y 700 ejemplares. Suficientes para que nuestra maravillosa tejeda siga siendo devorada poco a poco.

Podas salvajes, muerte segura

La noticia salió publicada con toda la inocencia de quien no es consciente de la barbaridad que ha cometido. Tres tejos (Taxus baccata) venerables de Sanabria, podados hasta la ridiculez, empujados sin razón hacia una muerte segura.

El periodista de La Opinión de Zamora, sin embargo, lo anuncia con candidez, pero utilizando adjetivos que, por tratarse de delicadísimos árboles, ponen los pelos de punta a cualquiera mínimamente sensible, como imagen renovada, poda en extensión o típico tronco desnudo. Lo presenta así:

Los tres grandes tejos que presiden los ámbitos de la iglesia de Chanos, situada en un punto central del pueblo, presentan estos días una imagen completamente renovada, muy lejos de la expansión que suelen ofrecer estos centenarios árboles.

El pueblo decidió podarlos en toda su extensión, dejando únicamente la guía, lo que deja ver al desnudo el típico tronco de una especie cargada de simbolismo.

Hace falta ser salvajes. Y eso que dicen que aprecian a los tejos. Pues si no llegan a quererlos, los habían convertido en bancos para sentarse junto a la iglesia. Aunque después de tan traumática poda todo se andará.

¡Líbranos Señor de los bienintencionados con un hacha!

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Foto: La Crónica de Zamora.

Protegen el mayor bosque de tejos de Europa

¡Al fin una buena noticia!

El mayor bosque de tejos de Europa será declarado espacio protegido este otoño.

Así lo ha anunciado el Principado de Asturias. Porque aunque parezca increíble, la mayor tejeda europea se esconde en una recóndita sierra del oriente asturiano, en el Sueve, muy cerca de Ribadesella.

En un inaccesible rincón de estas montañas de litoral que ya miran al mar Cantábrico, apenas 80 hectáreas, duermen su sueño de la historia más de 8.000 tejos, la mayoría muy viejos, muchos de ellos milenarios. Son la última mancha relicta de unos bosques antediluvianos en permanente retirada. La última gran tejeda, salvada del hacha sólo por la incomunicación de su complicado acceso.

Una mancha forestal de impresionante belleza, pero también de asombrosa importancia ecológica.

Un ejemplo son las aves migratorias. La gran altitud y cercanía a la costa de este bosque permiten la orientación de las aves que atraviesan el mar desde el Reino Unido y encuentran aquí no sólo un punto de referencia vital, sino también un lugar donde recuperar rápidamente fuerzas tras el enorme esfuerzo realizado.

El pasado verano tuve la inmensa suerte de visitar este bosque de hadas en compañía de Ignacio Abella, el profeta de los árboles, de quien ya os he hablado, y de un grupo de arqueólogas de Atapuerca. Soy incapaz de expresar aquí las inmensas sensaciones recibidas en este punto caliente de biodiversidad, seguramente también centro emisor de buenas energías. Durante la ascensión nos acompañaron varios caballos asturcones con sus crías, tan duros y bellos como estas tierras. Una vez dentro, una espesa niebla nos cubrió de magia, ofreciéndonos una explosión de emociones en el interior de su selva húmeda, erguida sobre un duro lapiaz al que el musgo dulcificaba hasta convertirlo en un idílico paisaje más propio del Hobbit y su Tierra Media. ¡Qué maravilla!

Pero seguro que, al igual que yo, os preguntaréis todos: ¿Cómo es posible que no se haya protegido antes un santuario natural así?

Pues un paraíso de este calibre no sólo no se mimó, sino que se ha permitido su degradación. Soltando allí gamos, cuya avidez, unida a la del ganado, está acabando con los pocos brotes nuevos de tejo, condenando al bosque a su muerte por puro envejecimiento.

Pensaréis que, aunque tarde, la declaración de este singular espacio como Paisaje Protegido acabará con todas sus amenazas. Yo tengo mis dudas.

Y si no, que se lo pregunten a los gestores medioambientales asturianos, quienes antes de protegerlo ya hablan de abrir pistas de acceso a este peculiar rincón, bajo la escusa de favorecer los estudios científicos. Mal empezamos.

Aquí podéis ver algunas fotos hechas por mi el verano pasado de la tejeda del Sueve y de sus asturcones. ¿No os parece un lugar espectacular?

Escribe a los tejos milenarios y le responden

RECOMENDACIÓN ESPECIAL PARA EL DÍA DEL LIBRO

Ignacio Abella es carpintero y ama los árboles. ¿Un contrasentido? En absoluto. Es además un sabio naturalista y un escritor como la copa de un pino, aunque seguramente a él le gustaría más serlo como la copa de un tejo, su especie vegetal más admirada.

Ignacio acaba de publicar un libro maravilloso, La memoria del bosque (RBA-Integral), el último de una fantástica trilogía iniciada con La magia de los árboles y seguida con La magia de las plantas. Presentado como las “crónicas de la vieja selva europea”, habla con todo detalle de cultos, culturas, mitos, leyendas y tradiciones surgidas a la sombra de los árboles.

Todo el libro rezuma sensibilidad y mucha información. Pero especialmente me ha sorprendido lo más anecdótico de su trabajo. Entre otras diversas formas de recabar información, ha enviado numerosos cuestionarios a los santuarios de los más antiguos tejos de Normandía y Bretaña, en el oeste francés. Los dirigió a M. / Mme. If (Señor / Señora Tejo), seguido del nombre del pueblo y el código postal.

Sorprendentemente, muchos le han respondido, de la mano de sus alcaldes, oficinas de Turismo o párrocos.

“No en vano, en todos sus siglos sospechamos que nadie antes había escrito a estos viejos”,

reconoce el propio Abella.

El resultado obtenido con esta encuesta es asombroso. Nos ha permitido descubrir un numeroso grupo de venerables árboles milenarios, considerados sagrados desde antes de la romanización, que siguen vivos, llenos de leyendas y, lo más importante, siguen recibiendo el cariño y la atención de sus vecinos de dos patas.

Ésta es mi especial recomendación para hoy, Día del Libro. Y que me perdonen los catalanes, pero en lugar de un libro y una flor muerta, les invito a regalar una flor viva. O mejor aún, un retoño de árbol autóctono. A fin de cuentas, el papel está hecho de su médula y gracias a ella nuestras ideas se han conservado indemnes durante siglos. Como nuestros árboles, quienes con toda seguridad nos sobrevivirán a nosotros. A pesar de nosotros mismos.

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Tejo milenario conocido como “El Abuelo” de Rascafría. Uno de los seres vivos más viejos de la Tierra, depositario de La memoria del bosque. La especie-pasión de Ignacio Abella, en la imagen superior asendiendo este verano hacia la increíble tejera del Sueve, en Asturias.

Y bajo estas líneas, un viejísimo tejo normando convertido en capilla católica, manteniendo de esta manera su ancestral carácter sagrado.