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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Los científicos confirman que los lobos ayudan a tener el ganado más sano

Lobos y ganado se presentan como enemigos irreconciliables, pero en realidad no lo son tanto. Su presencia, lejos de ser un problema, puede ayudar a controlar enfermedades que provocan graves pérdidas económicas al mundo rural como es la tuberculosis. Y que le suelen contagiar al ganado jabalíes, ciervos, corzos, gamos y otros grandes animales silvestres.

Los lobos se centran en las presas más vulnerables, aquellas que pueden cazar con menor esfuerzo como son los individuos enfermos. Ello permite reducir de forma natural la transmisión de estas enfermedades, reportando así un beneficio a la economía del sector agropecuario.

Esta es una de las conclusiones extraídas de la publicación ‘Aspectos esenciales del lobo y su gestión‘ que se enmarca dentro de las acciones de comunicación y divulgación del LIFE ‘El lobo en Andalucía: cambiando actitudes‘, cuyo objetivo principal es sensibilizar sobre la importancia de conservar las poblaciones de lobos en Andalucía. Su autor es Juan Carlos Blanco, biólogo que lleva más de 25 años dedicado al estudio y conservación del lobo en España. Lee el resto de la entrada »

Matarán un centenar de ciervas en León para dar de comer a los lobos

El plan de gestión del lobo en Castilla y León es, cuanto menos, curioso. Por un lado permite cazar 143 lobos anuales hasta 2019 (aunque el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León lo ha anulado por falta de informes científicos independientes) y por otro les da de comer para favorecer el aumento de su número.

Esto último no ha gustado nada en Riaño (León). Según informa el Diario de León, el nuevo plan de la Reserva Regional de Caza de Riaño contempla que un total de 98 ciervas serán cazadas por la guardería para cebar a los lobos.

La indignación leonesa no es por salvar a los ciervos o por que quieran hacer pasar hambre a los lobos. Los responsables de las juntas vecinales, propietarios de esos terrenos, critican el dinero que no ganarán por estas piezas que, de otra manera, podrían ser subastadas. Lee el resto de la entrada »

Los lobos logran modificar el curso de los ríos

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Un vídeo está corriendo estos días como la pólvora por Internet. Ha sido colgado por la página norteamericana Sustainable Man y subtitulado al castellano en La Voz del Muro. Explica el sorprendente cambio registrado en el Parque Nacional de Yellowstone (Estados Unidos), tras la reintroducción del lobo. Extinguido de la región hacía 70 años, su llegada en 1995 fue concienzudamente seguida por los científicos. Y el resultado es que los cánidos salvajes han logrado modificar los cauces de varios ríos.

Su aparición, es verdad, ha eliminado a algunos competidores como el coyote. Pero por el contrario, ha beneficiado enormemente a decenas de especies amenazadas.

¿Cómo ha sido posible algo así? El secreto está en lo que en ecología se conoce como “cascadas tróficas“. El vídeo te lo explica muy bien, pero por si no puedes reproducirlo te lo resumo.

Hasta la llegada de los lobos, el número de ciervos se había disparado, pues en Yellowstone la caza está prohibida. En consecuencia, la vegetación natural se encontraba seriamente dañada. Los lobos empezaron a cazar ciervos, pues eran presa fácil para ellos, pero lo más interesante fue el cambio que se produjo en el comportamiento de esos grandes herbívoros. Atemorizados por el nuevo depredador, dejaron de frecuentar los lugares más desprotegidos como el fondo de los valles. E inmediatamente, en esas zonas comenzó a regenerarse la vegetación natural. En algunos sitios, la altura de los árboles se quintuplicó en sólo 6 años.

Las hasta entonces orillas desforestadas de los ríos pronto se cubrieron de sauces y álamos. Detrás de ellos llegaron las aves forestales, muchas especies hasta entonces inexistentes. Y también aparecieron los castores, amigos de roer árboles y hacer grandes presas que modifican el curso de los ríos. Es así como los lobos lograron cambiar indirectamente su aspecto. Hasta tal punto que estas modificaciones han reducido los efectos de la erosión, estrechado los cauces, generado lagunas y remansado rápidos.

Y todo porque los lobos expulsaron de los valles a los ciervos. Pero aún hay más. Esas presas de los castores dieron cobijo a peces, anfibios, reptiles y mamíferos como la rata de agua o la nutria. Al desaparecer los coyotes aumentaron los ratones y los conejos, oportunidad que supieron aprovechar rapaces, comadrejas, zorros y mofetas. Las poblaciones de carroñeras también se beneficiaron enormemente de todos esos restos animales dejados abandonados por los lobos. Incluso los osos, quienes además de la carroña también disfrutaron de una cantidad inusitada de arbustos repletos de fruta y bayas.

Es así cómo un pequeño número de lobos no sólo ha logrado modificar el ecosistema de un espacio tan inmenso como Yellowstone, sino que incluso ha sido capaz de cambiar su fisonomía. Absolutamente increíble ¿No te parece?

Este argumento, el de las cascadas tróficas, deberían tenerlo muy en cuenta nuestros gestores ambientales. Especialmente los del Parque Nacional de Picos de Europa, o los de las comunidades autónomas de Asturias, Cantabria y Castilla y León, empeñados como están en exterminar a tan imprescindible escultor de la naturaleza. Pero no hay peor sordo que el que no quiere oír.

Foto: Wikimedia Commons

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Cazadores y taurinos se ponen los huevos de la cultura por montera

¿Qué relación existe entre los toros y la caza? Aparentemente ninguna, pero ésta es una apreciación errónea. Se ha encargado de ratificarla el consejero balear de Turismo, Carlos Delgado, quien el año pasado tuvo el raro placer de matar de un disparo a su primer ciervo.

Defensor de la cultura venatoria, no dudó en confirmar su supuesta hazaña como mandan las viejas tradiciones cinegéticas.

Primer paso, foto sonriente rifle en mano frente al cadáver de imponente cornamenta. Para que quede bien claro. Lo maté yo solito, soy un héroe y éste es mi merecido trofeo.

Segundo paso, bautismo de sangre. Saca el machete de monte y le rebana los testículos para, y ahí llega el guiño taurino, ponerse los huevos por montera. Olé el macho español. ¡Va por todos ustedes! Lógicamente es necesaria una segunda foto con tan peculiar sombrero sanguinolento que mancha su cara de coágulos y semen. Ahí está el político conservador alzando ambos brazos con los dedos en forma de uve, ratificando su victoria sobre el herbívoro.

¿Les suena? En el sangriento Toro de la Vega de Tordesillas el premio siempre han sido los testículos del toro, que igualmente exhibía el alanceador con el signo de la victoria. Y en las plazas el trofeo son las orejas y el rabo de las víctimas.

Las imágenes del consejero, publicadas en su edición dominical por el periódico Última Hora, han provocado una fuerte reacción en contra. ¿Estará arrepentido de su proeza? En absoluto. Quienes protestan personalizan esa cultura defensora del derecho de los animales que los amigos del rifle y el capote tachan despectivamente como “cultura de Bambi”. No se dan cuenta de su error. La nuestra es la cultura de la civilización y la suya, por muchos huevos cortados que le echen a su defensa, es la del incivismo.

Foto: Carlos Delgado, posando con los testículos del animal cazado sobre su cabeza. (ÚLTIMA HORA)

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Las aves viajeras se van con el otoño pero podemos seguir espiándolas desde casa

No lo vas a notar, pero según cálculos del Observatorio Astronómico Nacional mañana sábado 22 de septiembre, exactamente a las 16:49 horas, llega el otoño. No será el día 21, como nos enseñaron en el colegio, por culpa de la poco ajustable órbita de la Tierra alrededor del Sol con nuestro calendario gregoriano. De hecho, a lo largo del siglo XXI el otoño se iniciará en los días 22 y 23 de septiembre, pero nunca el 21.

Sea como fuere, tenemos por delante 89 días y 20 horas de melancólica estación hasta que el 21 de diciembre (esta vez sí) nos llegue el invierno. Tiempo de hojas marchitas y tardes doradas cuando, como dijo Juan Ramón Jiménez,

“en una decadencia de hermosura

la vida se desnuda”.

Es tiempo también de grandes cambios en la naturaleza. De berreas de ciervos encelados y de viajes imposibles de las aves estivales hacia África.

Hasta hace poco, la migración de los pájaros era un misterio. ¿Dónde se iban las golondrinas finalizado el verano? Aseguraba Aristóteles que se escondían en agujeros y allí hibernaban. Otros las imaginaban enterradas durante meses en el barro. El anatómico inglés John Hunter trató de demostrarlo empíricamente en el siglo XVIII: capturó un grupo de golondrinas, esperó al otoño y las sumergió bajo el lodo. Llegada la primavera, y tras comprobar que todas habían muerto, comenzó a dudar.

Más prudente, su contemporáneo el naturalista alemán Johann Leonhard Frisch ató cintas de colores a las patas de las avecillas y las soltó. Cuando meses después todas ellas regresaron con la primavera, dedujo que no habían estado enterradas pues las cintas se veían limpias.

Hoy tenemos una tecnología maravillosa que nos permite saber con exactitud a dónde van las aves. Y gracias al proyecto migraciondeaves.org de SEO/BirdLife y al apoyo de los satélites, podemos seguir sus movimientos desde el ordenador día a día.

Así sabemos que Picoto, un halcón abejero (Pernis apivorus) marcado en el cacereño Valle del Jerte, devora ahora insectos en Liberia. O que una carraca europea (Coracias garrulus) de Villamanta (Madrid) campea en estos momentos por el sur de Níger con la misma confianza que hace poco lo hacía por la cuenca del río Alberche.

Aunque millones de ellas no llegan. Como la pequeña buscarla pintoja (Locustella naevia) que esta semana se estrelló contra los cristales del Museo de la Evolución Humana de Burgos. Otra víctima inocente más de nuestros modernos edificios transparentes inútilmente iluminados toda la noche. Pero así es la naturaleza y el hombre. Es el otoño. Es la vida.

Foto: Técnicos de SEO/BirdLife instalan en Madrid un emisor GPS a una carraca, Ave del Año 2012, que ahora pasa el otoño en Níger (África centro occidental) tras recorrer más de 3.200 kilómetros y atravesar seis países en apenas un mes. Guillermo Prudencio/EFE

Mapa: Pantallazo del viaje de la carraca anillada en el sur de Madrid, según el mapa ofrecido por el proyecto migraciondeaves.org de SEO/BirdLife.

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Comienza el mejor concierto de la naturaleza: la berrea

Ni Madonna ni Tom Waits. Me quedo con la berrea de los venados, que al módico precio de un paseo campestre podremos disfrutar desde este mismo fin de semana y a lo largo de todo el otoño.

Ancestral ritual de procreación, a los espeluznantes bramidos del ciervo (Cervus elaphus), el mayor de los cérvidos españoles (casi 150 kilos), le sigue y acompaña el sonido de los testarazos de los inflamados machos saturados de testosterona.

Se acercan, se miran, se miden, chocan las cornamentas, se enredan en un bosque de puntiagudas cuernas y lo hacen todo ante la aparente indiferencia de las hembras. Falsa apreciación. Éstas en realidad no pierden detalle de la pelea, concentradas en elegir al venado más poderoso, al futuro padre de unos cervatos que, por ese instinto tan natural conocido como “el gen egoísta”, deberá ser el mejor de la manada.

Superado el desmogue, la caída primaveral de las cornamentas, liberadas las nuevas armas de su funda de terciopelo, el bramido característico de los machos, grave y profundo, semejante al de un toro, puede oírse a kilómetros de distancia. No es una llamada romántica, es un grito salvaje, puro sexo.

Los ciervos, como buenos rumiantes, se agrupan en rebaños. Los hay de tres tipos, los de machos, los de hembras y crías, y los mixtos. Estos últimos son de escasa duración, pues tan sólo se forman ahora, durante la berrea.

Pasado el calentón reproductor, donde los ciervos han intentado copular con el mayor número posible de ciervas, perderán el interés territorial por sus picaderos y se separan de ellas. Prefieren juntarse con otros de su mismo sexo, con esos con los que tanto habían peleado, y vagar sin rumbo en busca de pastos nutritivos, ajenos por tanto a todo lo que tenga que ver con ayudar a sacar adelante a la prole. Unos zánganos, vamos.

La unidad familiar queda por lo tanto limitada a la hembra adulta, la cría del año, la cría del año anterior y la de dos años antes si fue una hembra. Muchas veces, a esta unidad social básica se le añaden algunas familias amigas que aumentan así el tamaño de la manada, favoreciendo la vigilancia colectiva frente al ataque de los depredadores, pero siempre sin la presencia de machos adultos.

En las manadas de hembras, los más jóvenes ocupan el centro, al calor protector de las más expertas. En las de machos ocurre exactamente al contrario. Los más fuertes dominan a los más jóvenes o débiles, ocupando las posiciones más seguras, pero ninguno se arriesgará nunca por los demás. Ante la presencia del depredador, el único pensamiento positivo es el de “sálvese el que pueda”.

Aunque no se engañen, tampoco la vida del venado es un camino de rosas. El celo los desgasta mucho, apenas comen, y por ello no suelen disfrutar de más de dos o tres años reproductivamente buenos, y eso después de haber tardado cinco años en lograr hacerse con su primer harén.

Al amanecer o al atardecer, en claveros del bosque, praderas o dehesas, podremos contemplar fácilmente el espectáculo. Aunque a juzgar por el terrible machismo de estos animales, no se les ocurra nunca copiar su comportamiento.

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Los principales datos biológicos aquí aportados se han obtenido de la excelente Guía de campo de los mamíferos de España (Juan Carlos Blanco, GeoPlaneta, 1998).