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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Icíar Bollaín escribe en La Crónica Verde para defender los olivos monumentales

Firma invitada: Icíar Bollaín – directora de cine

Hoy viernes, 6 de mayo de 2016, la directora madrileña estrena su última película, “El Olivo“. En ella denuncia el expolio de árboles monumentales y el desarraigo provocado por la burbuja inmobiliaria en el levante español. Este texto que puedes leer a continuación lo ha escrito para nuestro blog de La Crónica Verde.

Olivos de la vida

La directora Icíar Bollaín durante el estreno de la película " El Olivo " en Madrid.Acabemos con el expolio de los olivos milenarios. Hasta hace muy poco yo no tenía mayor relación con ellos que verlos en infinidad de rotondas o jardines de lujo.  Olivos de troncos enormes y retorcidos, casi más escultura que árbol, que en el boom de los años 2000 se convirtieron en elementos decorativos, yendo a parar algunos hasta China. Lee el resto de la entrada »

Icíar Bollaín: “Con el arranque de olivos monumentales perdemos un patrimonio único”

Icíar_Bollaín

Este viernes 6 de mayo se estrena El olivo, de Icíar Bollaín, una bellísima película que denuncia el expolio patrimonial que supone el arranque de olivos milenarios para abastecer un mercado especulativo de rotondas, campos de golf y chalés de millonarios. Lee el resto de la entrada »

Pobres ancianos secuestrados en jardines

Olivo milenario

La historia es real. Un artista se enamoró de un árbol y quiso inmortalizarlo en una pintura única. Era un olivo del Maestrazgo, en Castellón, al que le calculaban 1.300 años. Por ponerle una cifra, pues resulta imposible conocer su edad exacta. Todas las tardes el pintor acudía al olivar buscando esa luz única incidiendo en la corteza retorcida del coloso, que dibujaba con primor de escolar. Pero al llegar un día el gigante había desaparecido. ¿Se habría confundido de lugar? El agujero abierto en la tierra le confirmó su peor presentimiento. Lo habían vendido por un puñado de euros, para desolación del artista y de los muchos vecinos y forasteros que lo admiraban. Un triste cuadro sin terminar fue su último recuerdo.

En la Comunidad Valenciana todos estos árboles grandiosos están protegidos desde 2006. Pero no los que se llevaron antes en camiones a golpe de cheque, la mayoría muertos durante el transporte, abandonados en viveros, languideciendo en rotondas, campos de golf, urbanizaciones; la minoría en jardines donde se coleccionan como un lujo más, los últimos testigos vivos de la historia dando sombra a la piscina.

Uno de ellos, quizá el del cuadro inacabado, se ha hecho famoso. Forma parte de la caprichosa colección de olivos centenarios del banquero Emilio Botín. 475 vetustos ejemplares expoliados a mayor gloria del mercado financiero. Bautizado “Santander”, al menos ha servido para algo más que el adorno. De él se ha extraído la primera secuenciación completa del ADN de la especie.

Gracias a sus añejos genes podremos mejorar la futura producción olivarera. Pero nunca lograremos que el viejo árbol vuelva a disfrutar de esas puestas de sol mediterráneas, auténticamente sublimes en estos días de finales de otoño. Ni que nosotros las disfrutemos a su sombra.

Olivo milenario

Foto superior: Ejemplar secuenciado en el proyecto del CSIC. ©Banco Santander/CSIC

Foto inferior:  Olivo Domiciano, nacido en el Maestrazgo (Castellón) hace casi 2000 años y que fue subastado en Francia por 64.000 euros como escultura viva del Imperio romano“. Las subastas de estos ejemplares únicos que deberían estar protegidos y ser atractivos turísticos de la comarca siguen dando fabulosos beneficios a los intermediarios de tan vergonzoso comercio.

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Abuelos de mil años “para comérselos”

El actor Juan Echanove ha sido nombrado embajador de los olivos milenarios de la mancomunidad del Sénia, una región cercana al Maestrazgo que agrupa a 27 pueblos valencianos, catalanes y aragoneses. No se me ocurre iniciativa más imaginativa y rentable para dar a conocer las riquezas de un paisaje único, forjado a la sombra de los olivos de la variedad autóctona Farga y donde la cultura mediterránea de romanos y griegos se hermana con unos ejemplares de árboles monumentales que seguramente fueron plantados hace 2.000 años por nuestros antepasados culturales. Parafraseando la famosa serie televisiva, esos abuelos de mil años están “para comérselos”, al menos el maravilloso zumo de sus aceitunas.

Echanove, que el pasado 19 de enero se comprometió en la feria FITUR (Madrid) a ejercer de embajador de este bien patrimonial, ha reiterado este compromiso “allá donde vaya”, y ha reconocido que no será una tarea difícil “ya que con sólo enseñar una fotografía de estos tesoros naturales la gente puede hacerse una idea de lo que significan”.

Paradójicamente, en Jaén, la capital mundial del aceite de oliva, se rinde homenaje estos días a los olivos milenarios y monumentales con una exposición de fotografías de ejemplares castellonenses realizadas por Arturo Esteve. ¿No hay olivos milenarios en Jaén? Los había, pero los arrancaron prácticamente todos hace muy poco tiempo para adornar rotondas y campos de golf de medio mundo. Un expolio del que ahora se lamentan los jienenses y que da aún más valor a los del Maestrazgo, salvados gracias al cariño de sus dueños y a una ley valenciana ejemplar.

Os incluyo a continuación un precioso texto que Echanove a dedicado a estos árboles monumentales:

Estos olivos milenarios, que brotan sobre la tierra, que irrumpen con fuerza y señorío desde lo mas profundo de la tierra… Estos olivos cuyas raíces en forma de voluptuosa melena seducen nuestros ojos e inquietan nuestras almas… Estos olivos, que desde tiempos inmemoriales llegaron a nuestra tierra de forma casual o intencionada… ¡que mas da¡ Estos olivos, ancianos de la tribu, sabios entre sabios, pacientes y dolientes… Estos olivos, testigos de nuestra formación, de nuestros triunfos y derrotas… Estos olivos que de forma elegante destruyen las fronteras geográficas de nuestro País para agruparse en torno a una comarca propia… Estos olivos que, antes de ser tales, fueron simples acebuches… y que a fuerza de darnos la paz en sus ramas, alcanzaron estatura de gigantes… Estos olivos son los que, llorando, nos ofrecen el más preciado tesoro de su sangre… sangre que celebra la dicha y ahoga la desgracia. Sangre que brota y brotará para nosotros y los que nos sucedan. Sangre del alma… del alma de la tierra… del alma de la historia.

Foto de Juan Echanove junto a un olivo milenario obtenida de la bitácora del propio actor: Un blog para comérselo

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Cabra montés: amor a testarazos

Hace frío pero la sangre está muy caliente. El viento gélido de las altas cumbres nos trae estos días los golpes secos, violentos, de imponentes testarazos retumbando en el aire. Todavía no han concluido los ciervos el prodigio de su berrea cuando, con la llegada de noviembre, en las sierras españolas comienza otro espectáculo aún más impresionante, el celo de la cabra montés (Capra pyrenaica).

En Sierra Nevada, Maestrazgo, Ronda, Sierra Morena e incluso en la cada vez más masificada sierra madrileña de La Pedriza, pueden verse ya a los grandes machos dándose cabezazos inmisericordes, tratando de lograr los favores de alguna hembra con la que establecer coyunda.

La conservación de este emblemático endemismo, joya exclusiva de la Península Ibérica, tiene en los cazadores una doble historia de culpa y mérito. Ávidos de sus colosales cuernas, fueron ellos los que la sometieron durante siglos a una incansable persecución, llevándola al borde de una extinción que acabó con las razas pirenaica y gallega, mientras dejaba tan sólo un macho y siete hembras en Gredos.

Pero también fueron los cazadores los que pusieron en marcha las primeras reservas de caza, embriones de nuestros parques naturales, donde una acertada gestión cinegética las ha permitido hacerse habituales de nuestras serranías, superando los 50.000 ejemplares.

Contrario como sabéis a los amigos del rifle, personalmente prefiero disfrutar de estas exhibiciones de la naturaleza con unos prismáticos antes que ensangrentarme las manos. Buscar a las cabras en las solanas de las pedrizas, al calor del sol mañanero. Y en la distancia, sin molestarlas, contemplar las salvajes competiciones de los machos para hacerse con el mayor número posible de hembras. Largas peleas para lograr fugaces cópulas de apenas dos o tres segundos, seguro de supervivencia de tan extraordinario animal.

Todos fuimos atentos espectadores de estas luchas en la pequeña pantalla de la mano de Félix Rodríguez de la Fuente. Gracias a su labor y a la de tantos otros, hoy este espectáculo es cada día más habitual. Disfrutemos pues de él. Merece la pena.