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Contamos historias extraordinariamente cotidianas que nombran cada una de las realidades de la diversidad sexual y de género.

Entradas etiquetadas como ‘derechos civiles’

La maternidad lésbica en España

Por Charo Alises (@viborillapicara)

Suerte que un amigo gay reconoció a mi hijo, si no me lo hubieran quitado. En aquella época, como madre soltera, me quitaban al niño. Crié a mi hijo con María, mi pareja, a la que el niño consideró siempre  su otra madre.

Este es el testimonio de Luisa sobre la familia que formó durante la dictadura de Franco. Las familias LGTB ya existían antes que se produjeran  los avances legales de los que disfrutamos hoy. Las leyes vinieron  a dotar de derechos civiles a estos núcleos familiares que durante mucho tiempo tuvieron que permanecer  en la clandestinidad. Sin embargo, a pesar de que las lesbianas ya nos podemos casar y formar una familia, todavía tenemos dificultades para acceder a la maternidad en las mismas condiciones que las parejas heterosexuales.

Respecto a las técnicas de reproducción asistida existe en España una discriminación en el acceso a estos métodos si es a través de la Sanidad Pública. No todas las comunidades autónomas reconocen ese derecho a las mujeres lesbianas. Una sentencia  del Tribunal Superior de Castilla-La Mancha daba la razón a una chica lesbiana a la que se le denegó el acceso a las técnicas de reproducción asistida por no tener ningún problema de infertilidad. En este caso, el Tribunal declaró que la imposibilidad material por parte de una mujer lesbiana de obtener un embarazo de forma natural incluye una relación física heterosexual y por cuanto que ello sería contrario a su dignidad personal. Lee el resto de la entrada »

Si olvidamos los derechos humanos, dejamos de hacer memoria por el Holocausto

Hoy se celebra el Día Internacional de Conmemoración en memoria de las víctimas del Holocausto

Por Andrea Puggelli (@aikkomad) activista italiano LGBTQI

Eleanor Roosvelt (Foto: EFE)

Hoy mas que nunca es necesario aplicar la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Todas las personas nacen libres e iguales, cada una tiene la libertad de pensamiento y de expresión, todas somos iguales ante la ley y podemos solicitar asilo. Toda persona tiene derecho a la vida. Toda persona tiene derecho a la educación y lograr una vida digna. Todas, absolutamente todas. Más allá de la religión, la raza y el sexo y de la orientación sexual y más allá del estado en el que viven.

Es cierto son sólo palabras, pero nunca antes se había escrito algo tan claro. Negro sobre blanco. Lee el resto de la entrada »

Mujeres sin derecho a voto

Por Lucía Rodríguez Sampayo

Se despertó pronto y emocionada como una niña en día de Reyes. Ruby se arregló, se puso su mejor sonrisa y salió a la calle, orgullosa como cada día de la mujer que es, pero con una certeza que jamás había sentido: iba a votar. Ruby conocía sus derechos, cumplía todos los requisitos legales para participar en el proceso electoral y llevaba la documentación en regla; sabía que nadie le estaba regalando nada, y sin embargo vivió aquel día como algo mágico. Porque todavía hay mujeres que no tienen derecho a votar.

El 8 de marzo de 2014, víspera de la segunda vuelta de las Elecciones presidenciales de El Salvador, el Tribunal Supremo Electoral publicó un comunicado de prensa en el que instaba a la población y a los organismos electorales a cumplir la ley, y respetar y garantizar el derecho al sufragio activo del colectivo LGBTIQ, y específicamente de las personas trans. Y Ruby fue la mujer elegida como símbolo de la garantía de ese derecho. Fue al centro de votación rodeada de amigas, de medios, de activistas, y ejerció su derecho como una ciudadana más.

Parece absurdo que un organismo estatal tenga que realizar comunicados públicos para promover el respeto de las leyes, pero era necesario. En la primera vuelta de las elecciones presidenciales, al igual que en procesos electorales previos, muchas personas de la diversidad sexual se quedaron sin votar. Son tantos los impedimentos y las agresiones a las que son sometidas, especialmente las mujeres trans, que a menudo renuncian de antemano a ejercer su derecho al voto. Muchas ni siquiera llegan a solicitar la emisión de su Documento Único de Identidad, en el que han de aparecer con el pelo corto o recogido, sin maquillar, aparentando ser el hombre que no son.
Eso le ocurrió a Camila. El 2 de febrero de 2014 asistió a su colegio electoral con toda la documentación en regla, pero no pudo votar. Le dijeron que se cortara el pelo, que se desmaquillase, que se mostrase y se portase como un hombre; como el hombre que aparece en su DUI.

Camila, el 2 de febrero de 2014. Foto de Wendy Raquel Castillo Villeda.
Camila, el 2 de febrero de 2014. Foto de Wendy Raquel Castillo Villeda.

 

En esa jornada activistas por los derechos LGBTIQ había conformado un grupo de observación electoral que vigiló el cumplimiento de la ley, y específicamente la garantía del derecho a voto; su presencia resultó fundamental para la visibilización de las vulneraciones sufridas por las personas trans, e incluso para el ejercicio del voto de mujeres a las que acompañaron. A pesar de la incidencia, de la presión, de la visibilización, muchas mujeres tuvieron que soportar insultos y volver a casa, humilladas, sin haber podido votar.

Diversas organizaciones, entre ellas ASPIDH Arco Iris, denunciaron las agresiones y la vulneración de derechos sufridas por Camila y por otras mujeres en ese proceso electoral. E iniciaron una campaña de incidencia que culminó con el comunicado público del TSE y un compromiso político: Reformar el Código electoral del TSE, y recomendar y apoyar a la Asamblea Legislativa en la aprobación de una Ley de Identidad.

Se están dando pasos importantes en la visibilización de las problemáticas y en la exigibilidad de los derechos de la población LGBTIQ, y específicamente de las más vulnerables y estigmatizadas, las más expuestas a los ataques de odio, las mujeres trans. Pero todavía tenemos mucho camino por hacer.

El próximo mes de marzo se celebra en El Salvador un nuevo proceso electoral. Una nueva oportunidad para demostrar el compromiso con los derechos, con las mujeres. Para que nunca más tengamos que hablar de mujeres sin derecho a voto.

Lesbianas a contraluz: Esquemas de iluminación básica II

Os traemos la segunda entrega de la clase de fotografía de Laura Ramírez Martín dedicada a la luz. Si te la perdiste, no tienes perdón. Antes vinieron el enfoque, y el por qué de todo esto, la clase de presentación

La situación es la siguiente: Tenemos a la pareja de lesbianas a contraluz, en forma de mancha negra plana, silueteada, sin detalles que la definan. Sugerimos que, desde nuestro punto de vista, las condiciones desiguales de iluminación en el conjunto de la escena impiden la visibilidad adecuada de lo que tenemos justo delante. Mientras que hay mucha luz al fondo, la pareja queda a oscuras por el contraste, que es excesivo.

Soluciones posibles:

  1. Una solución de emergencia para visibilizar a la lesbiana a contraluz es usar un flash. Añadiendo una luz extra reducimos el contraste, pero cuidado: cuando los recursos son artificiales hay que tener un grado de control y conocimiento del aparato que no es fácil de conseguir y recordamos que el flash de aficionado, ese que va incrustado en la cámara y se dispara él solo todo el tiempo, ha hecho mucho daño a la fotografía en general.
    Ejemplo:
Laura y Susana. Foto de Laura Ramírez

Laura y Susana. Foto de Laura Ramírez

Conseguimos unas lesbianas al flash con cara de susto.

Vemos aquí que para iluminar una escena, además de intensidad y dirección, también importa la calidad de la luz. Y la luz de flash es dura y fría, aplana, aplasta, afea, sacude, te hace daño a los ojos… y sobre todo, te saca de contexto. La lesbiana es presentada al mundo de esta guisa, con un sartenazo de blanco puro en la cara a bocajarro. Es verdad que soluciona el problema del contraste, pero de qué manera.

¿Os parecen formas de iluminar a alguien? Yo creo que no. Por favor… pero si parecen un corta y pega… El flash tiene otro color, resulta artificioso, su luz es muy agresiva para la delicada piel del bollo común y corriente. Y claro, pasa lo que pasa, que se llena el mundo de imágenes imposibles, forzadas, metidas con cuña, cutres y dañinas. Es como vivir a mitad de horneado, cual bollito a medio hacer. Y pretendernos además agradecidas por ello: Vale, os aceptamos, podéis quedaros por aquí pero sin molestar. Incluso podéis casaros siempre que no lo llaméis matrimonio… ¿qué más queréis?

Queremos lo mismo que tú.

Recurrir al flash es señalar a la lesbiana y marcar bien clara la diferencia, es coserle a la camisa un distintivo negro en forma de triángulo, dejarla para a vestir santos, incrustarla en una ley de parejas de hecho, ¡que tu pareja de a luz a un hijo y para que sea tuyo haya que completar una yincana en el Registro Civil!  ¿a santo de qué no podemos optar como pareja a la inseminación artificial en un hospital público? 

Como si fuéramos pulpo o barco. O si no, ¿qué? ¿os lleváis el juego a casa? Soluciones rápidas para gente con prisa, que quiere estandarizar en lugar de comprender, un puto parche. El flash de aficionado es a la Fotografía lo que toda esta sarta de sucedáneos a los derechos del colectivo LGTBI y resto de letras que haya que ir añadiendo. Soluciones de pacotilla que producen escenarios falseados, rechinan, resultan artificiosas. Pero como sucede en la propia práctica fotográfica, hay muchos (a saber por qué) que prefieren el artificio y todo lo complican, hacen cuentas, formulan y reformulan, se inventan maneras de forzar las cosas cuando lo más sencillo, como suele suceder, es lo más efectivo si lo que queremos es de verdad incluir a todo el mundo en el mismo circo.

2. ¡Lo importante es el concepto! y el contexto.

Por todo esto la solución mejor depende del posicionamiento. Tanto del fotógrafo como de, en este caso, la fotografiada. Y es, como siempre, la más fácil, la más lógica, sencilla y natural: Darle la vuelta a la tortilla, digo a la lesbiana, que no es lo mismo pero es igual… y que le de la luz.

Susana y Laura. Foto de Laura Ramírez

Susana y Laura. Foto de Laura Ramírez

Que sí, que nos llegue la luz, pero suavita, oiga. No nos enchufen con sus focos de tercer grado, queremos luz natural, sin filtros, ni artificios, sin disparos de flash agresivos que nos descontextualicen. Cambiar la composición de lugar y dejar que nos definamos, que nos mostremos, inseminarnos por la Seguridad Social, adoptar tranquilamente hijos e hijas… queremos poder vivir como las demás mujeres, optar exactamente a lo mismo que las demás.

Como ven, la cuestión es clara, para enfocar e iluminar el problema no hay mucho más que explicar: Que caiga luz, mucha luz sobre la lesbiana. Necesitamos intensidad suficiente, que el haz de luz resulte cálido y una posición adecuada.

Además, hay que deconstruir el blanco puro. En el cole aprendimos que al hacer pasar un rayo de luz por un prisma aparecen todos los colores del arco iris. Como por arte de magia, pero no es magia ni cosa de brujas, ¡es el género humano en toda su variedad y esplendor!