Archivo de la categoría ‘Visibilidad’

Musa maestra mía…

Por Sara Levesque

 

Ahora que sé ser sincera, ahora que ya no temo. Ahora que con mis excusas no me quemo. ¿Cómo se escriben tantos besos en un poema para resucitarle de entre los crisantemos? Lo pregunto porque así podríamos comunicarnos acariciando el lenguaje extremo hasta que el amanecer se nos salga por los ojos sin parecer que jugamos una demo.

Escribiría una melodía de piano narrada, con un contrabajo de panza ovalada y la voz de nuestras miradas para que nos diéramos un buen beso acurrucadas ante dos cafés de madrugada. Que durásemos más de tres segundos pegadas y retomásemos el sinfín de las oportunidades que nos fueron denegadas mientras soñamos con que, por una vez, seamos arriesgadas.

Y es que eres como un libro alternativo en la temática y en su cercanía. Tiñes las grafías del color de tu mirada, y no es el de la tinta más sombría. Eres como esos libros que gustan de leer cuando hace viento y te trasladas con misticismo a la lejanía. Puedes tener una página escrita en rojo y otra con el color de tus ojos, pero no dejas ninguna vacía. Y yo, encantada de la vida, en el infierno me quemaría con tal de confesarte al oído que siempre te leería.

Sé que tengo la imaginación al límite. Y aunque no te lo diga, sigo leyendo todo lo que escribes, a pesar de que tus palabras duelan. Me duele más saber cero de ti. Mi mente es muy mal pensada e infinita. A veces, para bien, y la mayoría para mal. Hasta puedo dibujarte recostada en un sillón hecha un ovillo escribiendo en un cuaderno más traqueteado de lo normal al que le crujen las páginas con esa peculiar melodía otoñal. Y un té, que eso es muy tuyo. Un té que te acabas a sorbos, aunque se quede gélido.

Escribes y lo cuelgas en redes. Y ahí ando yo, lista para leerte y sentirte, disfrutando de sufrir a propósito. Y me voy a dormir enamorada de tus palabras y tu recuerdo porque formas la imagen perfecta para una foto en color, para no soñar en blanco y negro.

Lo bueno de que no me quieras nada es que, al menos, existió cariño por una parte. Hubiese sido genial que el sentimiento del amor creciese en ambos corazones, pero siempre es mejor que haya pegado el estirón en uno, no en ninguno.

Espero con ambición el momento de nuestra próxima reunión, cuando se libere la presión y podamos compartir juntas nuestra más cálida emoción, por qué no decirlo, sobre un mullido colchón. Si me pongo en plan cerda, te confieso que me muero por alimentarme de tus pezones en erección. Si aparco las groserías por un día, deseo hacerte un chupetón en el alma y besarte las heridas que quieras poner a mi entera disposición.

Espero y anhelo lamer tu mirada del color del cielo, beber de entre tus piernas tu néctar sabor caramelo, poner los ojos en blanco cada vez que te huela el pelo, echar a rodar por el suelo como si estuviéramos en celo…

Espero que algún día la vida nos una, poder confesarte a la luz de la luna que te amo más que a ninguna, y que si te entran ganas de llorar estoy dispuesta a ahogarme contigo en tu laguna.
Pero, en especial, lo más vital, aunque suene visceral, es que, si tu corazón sigue siendo de metal, espero que llegue el día en que pueda dejar de esperarte y que ese sea nuestro juicio final. Desde siempre, tu sonrisa es lo que más me apetece. A tu paso, la primavera florece. La mala suerte no rodea a tu número favorito, el trece. Cuando vuelvo a la realidad no imaginas cómo escuece. Gracias a tu locura particular, mi cerebro encantado me desobedece. Nunca escucho ningún titubeo en tus palabras o eso me parece. De etiquetas tu esencia carece. Eres sincera y eso se agradece. Siempre que nos miramos mi valor se fortalece. No dejas de estar a mi lado para entregarme tu cariño, aunque una y otra vez me tropiece. Ya no me asusta cuando oscurece. Pero al abrir los ojos y ver que no estás a mi lado, mi corazón fallece.

Musa maestra mía:

Me miento mucho. Más me merezco. Muchas memeces manifiesto mientras miro misteriosamente madrugadoras memorias. Mencionar mil momentos mutuos me mantienen maldita. Me moriré más madura, Musa madrileña mía.

Mucha mierda… Mañana más.

© Sara Levesque

Manifiesto Rejas Rosas – Orgullo 2024

 

Manifiesto de Rejas Rosas, grupo LGTB del Centro Penitenciario Soto del Real para el Orgullo 2023.

 

Desde Rejas Rosas, grupo de personas del colectivo LGTBI+ privadas de libertad en Soto del Real, queremos compartir nuestro manifiesto para el Orgullo 2024:

Queremos seguir reivindicando este año la lucha contra la discriminación en todos los sentidos.

Queremos una sociedad diversa y respetuosa.

Queremos que nuestra forma de ser y expresarnos sea vista como lo que es: natural, y que no haya rechazo hacia ninguna otra forma de ser.

Queremos que se nos acepte tal y como somos, sin querer cambiarnos.

Queremos dejar de tener miedo por expresar quiénes somos, acabar con los prejuicios, acabar con el acoso y acabar con la hipocresía.

Queremos enseñar que todos somos iguales, y que para hacer fuerte a nuestra comunidad, debemos respetarnos, comprendernos y ayudarnos, porque la discriminación existe también, a veces, dentro del propio colectivo.

Desde Rejas Rosas recordamos para este orgullo 2024: queremos vivir sin ataduras, y animar a todas las personas a expresar libremente lo que sientan, porque expresarnos con libertad, tal y como somos, no nos hace débiles, al contrario, es sinónimo de la fortaleza que tenemos.

Visualízate, visualízame, porque tu orgullo es el mío.

 

Best-Seller

Por Sara Levesque

Aunque me apasionan los deportes de montaña soy más de ciudad que un ladrillo. Siempre que contemplo una ciudad se me presenta como una gran novela. Una obra maestra de portada grisácea. El ruido metropolitano es como miles de palabras que trato de desenmarañar antes de caer rendida a su inspiración. Las ventanas pueden asemejarse a celdas, todas alineadas y superpuestas en fachadas color teja. Casi como una cárcel en la que no me siento encerrada. Si miro un edificio desde muy lejos parece un lapicero ancho despuntando hacia el infinito. Su cuerpo es una combinación de tonos rojizos, amarillentos, negros y camel, y el tejado pizarra es su punta bien afilada. El núcleo urbano es un eterno caos porque el mar está en el lado equivocado. En vez de a los pies, nace desde arriba, donde vive el cielo. A veces, anda tan revuelto que se satura de espuma y surgen esponjosas nubes. Un océano del que no se puede regresar una vez te zambulles en él.

Aun así, la ciudad siempre me ha parecido una gran novela. Un bestseller donde recorren sus páginas una inmensa aglomeración y ninguno de sus componentes le presta atención. Solo se convierte en superventas por la cantidad, desmereciendo la calidad. De ahí el título de «gran ciudad», supongo. La capital no es un lugar agradable para vivir, pero sí para escribir. Para mí, la escritura es VIDA. Una vez leí que la sociedad para la que se trabaja se compone de los mismos elementos que el público para el que se escribe. Por eso, mi paisaje favorito es una ciudad.

La mayor embustera que convive con nosotros es la memoria que se encarga de recordar los amoríos. ¿Por qué? Porque logra modificar esos recuerdos en otros que nos convienen más, duelen menos, son más perfectos o se acercan más a lo que deseábamos que sucediera y no ocurrió. Por eso, ese tipo de memoria es una guarra. No importa a dónde huir. El caos que te has empeñado en dar vida queda muy bien en cualquier ciudad, pueblo, parque o isla abandonada. O bosque.

Y resulta que nada ha cambiado. Sigo acumulando libros sobre ti en una mesa de tres patas. Escritos por ti o escritos por mí para ti. Sonrío, aunque el cielo no lo haga. Y cuando llueve beso el agua, dándome igual si parezco una tarada. Por si acaso te marchas de nuevo con uno de tus cuentos tan verdaderos, como una cruel repetición de la jugada.

Y cuando tengo ganas de escribir solo hay un poema al que deseo ir. De mil maneras te alcancé a querer. Desde el despertar del sol que no me dice nada hasta el hundido, taciturno, intenso, acentuado anochecer. Y en todo ese tiempo qué te voy a decir, mujer; escribir en mi ciudad sobre cómo se besa la lluvia que me inspiras es lo que mejor sé hacer.

© Sara Levesque

Pasión por el fútbol y la lectura

Por Nieves Gascón, (@nigasniluznina), la cuentista de nuestro refugio

 

 

Llevo un montón de tiempo pensando en cómo escribir este post. Me encantará recomendarles un estupendo álbum ilustrado de nuevo, pero esta vez va de fútbol y temo decepcionarles porque de este tema no tengo mucha idea. Por este motivo hablé con Pilar, compañera de trabajo, que me dijo que jugó hasta los 12 años en un equipo mixto y le encantaba ¿Pero qué paso? Pues nada, lo dejé porque quería hacer otras cosas de adolescente, me contestó. Debe ser un deporte muy disciplinado, aunque levanta pasiones y hay todo un espectáculo mediático que gira a su alrededor: prensa del corazón, venta de camisetas, anuncios protagonizados por futbolistas, fichajes por cantidades de dinero inimaginables, etc.

He preguntado a Roberto, mi pareja, que de fútbol entiende un montón, y me explica que hay una liga de equipos europeos, la Champions League, y que la ganó el Real Madrid. Este equipo levanta pasiones: recordemos la celebración de su victoria en Cibeles y las calles de Madrid desbordadas por la afición blanca. También hay una Eurocopa en la que ahora juegan, día tras día, las selecciones de cada país. Y también están los Mundiales. Todos los campeonatos de fútbol están absolutamente organizados. Hay una liga masculina y otra femenina, que ganó el Mundial en agosto de 2023, y se lio una buena por el beso de su entrenador, Rubiales, a una de las jugadoras, Jenni Hermoso, en contra de la voluntad de ésta y que tuvo que denunciarle como corresponde a estas tan desagradables situaciones. Este asunto y la polémica posterior, restó protagonismo a la victoria del equipo femenino, además de poner de manifiesto que el mundo del fútbol es bastante patriarcal.

Esta semana en los partidos que se retransmiten en Televisión Española, el comentarista repite muchas veces que la semana que viene es la Semana del Orgullo y que se estrenará la película Pride (Matthew Warchus y Stephen Beresford, 2014). Me encanta oír a este periodista deportivo y me imagino que todas las personas que ven fútbol, un montón fijo, están abriendo sus mentes y corazones a la diversidad. Ojalá fuera así, pero en el mismo sentido también cabría que los y las futbolistas pudieran salir del armario libremente y les apoyaran sus clubes deportivos, y por supuesto, toda la afición. Pero de momento esto no ocurre y no vemos modelos alternativos de identidad sexual, ni de género en este deporte, más bien vemos a futbolistas superhombres cachas, jóvenes y casados con mujeres cortadas por un patrón de feminidad común y patriarcalmente dictado, madres de un montón de hijos e hijas sin un mal engorde, arruga o cana.

A niñas, niñes y niños también les gusta el fútbol. Hace unos días me crucé saliendo del ascensor con uno de mis pequeños vecinos perfectamente equipado con la camiseta y pantalones de la selección española. Ese equipamiento lo conozco; de otros dudo. Como decía Gabriel García Márquez, más o menos, “Si a todo el mundo le gusta el fútbol, yo debo estar equivocado”. A mí me pasa lo mismo, y es la razón de mi desconocimiento. Vuelvo a mi joven vecino futbolísticamente equipado. Cuando me cruzo con peques les digo algo para que sonrían, pero en este caso estaba tan serio y formal que me quedé absolutamente paralizada. Si le digo algo de su equipamiento deportivo, quizás meta la pata, me dije a mi misma. Así que nos saludamos sin comentarios añadidos y todo por la formal pasión por el fútbol, que profundamente respeto, aunque no comparto.

A mi sobrino Oliver, de 7 años, también le gusta el fútbol y quiere ser Messi cuando juega en el jardín. En casa jugamos al fútbol en familia sin distinción de edad ni género, pero si gana nuestro pequeño Messi, mejor.

En síntesis, el fútbol, el deporte rey, que no reina, debiera ser menos patriarcal y trasmitir valores de respeto, libertad y diversidad. Acorde a este objetivo, en esta ocasión recomendamos el álbum ilustrado Martina Futbolista, de Susanna Isert, escritora y creadora de la conocida Daniela Pirata, e igualmente de la ilustradora Marta Moreno, publicado el pasado mes de marzo por Nube Ocho, de la Colección Égalitè. Esta edición, en varias lenguas (inglés, castellano, catalán e italiano), tiene una hermosa tapa dura y de gran tamaño, ideal para el manejo de peques de a partir de 4 o 5 años.

El relato nos traslada al mundo de Martina, una niña que quiere jugar al fútbol y lo hace realmente bien, no solo técnicamente, sino con valores de solidaridad, para el disfrute y participación de todes. Esta protagonista es una gran futbolista que cuida de sus compañeras, compañeros y compañeres, llegando a abandonar un equipo muy competitivo, únicamente de niños, a pesar de ser éste muy potente y ganador de partidos.

Esta publicación trata una trama tan ejemplar como necesaria en relación con el mundo del fútbol profesional, que aún hoy es y se mantiene discriminatorio con mujeres y grupos LGTBIQ+.

Martina deja el primer equipo de chicos que la discrimina por ser niña, y organiza otro equipo espontáneamente en el parque, al que se suman niñas, niños y niñes que quieren disfrutar jugando. Este segundo equipo, solidario y cooperativo, consigue quedar el segundo en la liga del barrio. Aunque finalmente el mejor equipo no es el ganador, no hará falta llegar a la perfección, pero si a la total convicción de que ganar no es lo más importante de esta historia, sino los valores de cuidado, respeto y cohesión.

Recomendamos con ilusión Martina Futbolista en este mundo de gran afición futbolística, del que participan peques de todas las edades. Este precioso, grande y colorido álbum ilustrado es para todes, para leerlo muchas noches antes de dormir, mejor en familia, y especialmente estas vacaciones. Leer es absolutamente compatible con hacer deporte. Igual pasión por el fútbol que por la lectura. Prometo seguir intentándolo.

¡Hasta pronto!

Sauvage

Por Charo Alises (@viborillapicara)

#CineLGTBI

 

Película francesa de 2018 dirigida por Camille Vidal-Naquet. Léo (Félix Maritaud) es un joven de 22 años que vende su cuerpo por algo de dinero. Los hombres pasan por su vida y él solo busca afecto allí donde pueda conseguirlo.

El director comentó que empezó la historia con un personaje, una energía. Un joven solitario que camina de un encuentro a otro, anhelando el amor, impulsado por una capacidad de amor inextinguible que lo mantiene en marcha, sin importar el mundo violento que lo rodea. Vidal escribió un primer borrador del guión y comenzó a reunirse con jóvenes chaperos en el Bois de Boulogne , un lugar conocido para la prostitución en París, a través de una organización benéfica. Solo pretendía entrar en contacto con unos pocos vagabundos pero noche tras noche forjaró fuertes lazos con las personas que conoció allí y acabó pasando tres años en ese lugar. Todos estos encuentros le ayudaron a impulsar la escritura del guión.

Lo que más llama la atención de la película es que, a pesar de las cosas violentas que Léo soporta, lo envuelve todo en una profunda ternura. El protagonista utiliza trucos para conseguir momentos de dulzura cada vez que tiene ocasión, para besar a alguien, o para tomar a un hombre en sus brazos. No comparte el cinismo o desapego de sus compañeros de trabajo. De hecho, le reprochan su actitud que se percibe como una falta de profesionalidad.

Léo lleva su placer dondequiera que lo encuentre mientras que el resto de hombres que se prostituye lo hace exclusivamente para ganar dinero. A diferencia de los otros, Léo dice: «beso». No le importa el dinero: nunca cuenta el dinero que gana, nunca aparece en la película gastando nada. No está apegado a nada material. Él está en otra parte. Una de las cosas raras que no regala es su nombre de pila… Desde el primer borrador, el realizador no quería nombrar a un solo joven en la calle. Como si su identidad secreta fuera su posesión más preciada. La mayoría de ellos piensan en la prostitución como un actor que interpreta un papel: por unos minutos se convierten en otra persona, en un personaje que es diferente para cada cliente. Cuando Claude, el cliente que vive en Canadá le pregunta su nombre Leo responde: Llámame como quieras, comentaría el realizador.

Leo es un personaje muy solitario, pero esa soledad es también su fuerza. Según el director, Léo goza de absoluta libertad, con todos los aspectos aterradores y admirables que conlleva. Tal libertad es como la de Kerouac cuando escribió: «No había ningún lugar a donde ir excepto a todas partes». Esa libertad es como la de Mona en «Sin techo ni ley» de Agnès Varda (Sans Toit ni loi): al negarse a cumplir con las normas sociales, al negarse a imponerle nada, el personaje experimenta una vida dura en la calle como su propia normalidad. En mi película, Léo nunca se queja de su trabajo o de sus condiciones de vida. Es un personaje enigmático, no sabemos nada de sus antecedentes.

La película no te invita a tratar de entender cómo y por qué Léo ha terminado aquí, sino a vivir con él, a compartir los momentos vertiginosos de su viaje. Es una experiencia bastante sensorial: lo que el director quería era reproducir su cabeza y hacer que el público experimentara la sensación de deslumbramiento y desorientación que provoca la exclusión.

A la hora de escribir el guión, el realizador, según contó, tuvo en mente a Mona en Sin techo ni ley, también pensó en Paul Newman en La leyenda del indomable: Este tipo soñador, fuera de contacto con la realidad, que se encuentra en la cárcel entre matones reales. Luke es un inadaptado, un poeta de otro tipo, pero es intrépido, soporta la violencia y las humillaciones y siempre se recupera. Hay una cualidad radiante alrededor de él que ilumina ese ambiente sombrío. Me impresionó este personaje que nunca pierde el corazón. Parece frágil, no apostarías por él, pero eventualmente aguanta hasta el final, a diferencia de los otros, que no tienen su capacidad de resistencia. Su fuerza proviene de su humanidad y de la alegría que difunde a su alrededor. Del mismo modo, en «Sauvage», Léo, con su inocencia y su comportamiento a menudo infantil, está fuera de sincronía en este ambiente donde todo el mundo se ha endurecido y está luchando por sobrevivir. Al principio pensamos que no lo logrará, pero su resplandor, su fortaleza lo convierten en uno de los tipos más duros que hay.La película aborda la relación con nuestros cuerpos: como los maltratamos, como los cuidamos. Cuerpos, piel, manos están siempre presentes en la cinta.

Comentaba el realizador que ,a diferencia de los acompañantes que trabajan en Internet, los jóvenes que viven y se prostituyen en la calle no tienen fácil acceso a la higiene, la comida ni al sueño. Por lo tanto, sus cuerpos a menudo sufren dolor, están dañados, carecen de la atención y el cuidado necesarios. Sin embargo, sus cuerpos siguen siendo objetos de deseo. El reto era reconciliar estos dos aspectos de manera efectiva en la película.

Sobre el tratamiento del color , dependiendo de las escenas, las sombras de la piel, su calidez y textura están armonizadas con precisión, a veces empujando hacia el erotismo y otras en cambio, dirigiéndose hacia pieles raídas, casi enfermizas porque la piel de los actores cuenta mucho de lo que ocurre en la historia.

El director quería filmar la desnudez y hacerla parecer normal. Estos jóvenes exponen sus cuerpos simplemente porque son sus herramientas de trabajo. Durante la fase preparatoria, antes del rodaje, Valven pidió al coreógrafo Romano Bottinelli que preparara los cuerpos de los actores para que aprendieran a utilizarlo como una herramienta, sin mostrar ningún signo de vergüenza o vacilación. Y sobre todo, para el director, era crucial que su lenguaje corporal fuera diferente al de los clientes, por eso los actores que les dan vida no recibieron ningún entrenamiento físico antes del rodaje. De esta forma, en la película, los clientes son mucho menos elegantes que los chicos de la calle, sus cuerpos se ven más pesados, más torpes.

El cuerpo de Léo es a menudo maltratado, muestra lo difícil que puede ser la vida en la calle. Sin embargo, a él se le ve fuerte, poderoso y libre en la película. A propósito de esto, el realizador comentaba que cuando Léo baila y suda, en escenas de club, podemos sentir su energía, su resistencia, esa fuerza viva interior.

La intención de Valven era retratar la vida cotidiana de los trabajadores sexuales callejeros y cómo el ritmo de esa vida diaria está determinado por una sucesión de actos sexuales. Estos jóvenes son trabajadores invisibles, nadie los quiere ver y sin embargo no se puede prescindir de ellos. La película muestra como es la vida de estos chicos que subsisten gracias a su sexualidad. Ellos son los que tienen que lidiar con las violentas fantasías de los habitantes de la ciudad. Conocen las preferencias sexuales de los clientes, sus frustraciones, su soledad y también las formas de sexualidad invisibles como las de los hombres con discapacidad o los ancianos.

Esta diversidad revela la ternura de Léo, su tendencia a ser desplazado fácilmente, a entregarse, pero también a veces su imprudencia, su falta de discernimiento, su lado infantil, que parece tan fuera de lugar respecto a su trabajo. Cuando conoce a Claude, Léo intenta parecerse a algunos de sus colegas. Se comporta de forma mecánica, fría, cínica. Trata de ser un auténtico profesional, como sus compañeros de oficio.

El rodaje se hizo con un equipo pequeño. El director quería tener completa libertad para filmar desde diversos ángulos durante las tomas. Su intención era que la cámara fuese parte del equipo. A pesar de esa forma de rodar que el propio realizador calificaría de salvaje, Valvan pretendía que todo fuera preciso, con muy poca improvisación durante la filmación. El director indicó a los actores que dijeran sus líneas sin modificarlas para que coincidieran con la idea que él tenía en mente. Por otra parte, la intención era conciliar esa meticulosidad a la hora de rodar con momentos de energía fuera de control.

Sobre la elección de Félix Maritaud para el papel de Léo, el realizador comentó que lo que más le impresionó de él es que no tenía miedo de nada. Es un actor capaz de hacer cualquier cosa, perderse por completo en su personaje, cualquiera que sea la escena. Según Valven, Félix posee mucho instinto y determinación.

Para Maritaud, la libertad de Leo implica también una forma de soledad. Decía el actor que la libertad de su personaje reside en el hecho de que su cuerpo no está atado por un sistema productivo, ya sea la educación superior, un trabajo, una hipoteca, etc. Su soledad se debe a su pertenencia a un sector de la sociedad marginado y precario. Hoy nadie vive de una manera tan primitiva. No necesita un teléfono móvil para ponerse en contacto con la gente, se las arregla solo con su cuerpo, su presencia, su suerte. Con Camille hemos trabajado mucho su animalidad. Léo agarra las cosas casi como si fuera siempre la primera vez. La forma en que reacciona físicamente es muy directa. Hay una especie de conciencia instantánea sobre él, nada es calculado, manipulado o sistemático.

Sobre la relación que su personaje tiene con su amigo Ahd, Maritaud comentaba que puedes sentir que están unidos por la misma historia, se conocen desde hace mucho tiempo. Léo está asombrado de Ahd, de una manera algo enfermiza, mientras que Ahd no sabe lo que quiere. De alguna manera son personajes opuestos: Léo es siempre abierto y totalmente desinteresado, mientras Ahd sigue repitiendo que no es gay, él siempre está ahí controlando.

Respecto a la importancia de las drogas en la vida de Léo, para Maritaud era tan simple como que estaban allí a su alrededor y una vez que las prueba se convierte para él en un hábito.

Sobre la preparación de su personaje Felix Maritaud comentó que en la escuela de arte, había trabajado mucho en el uso del cuerpo y la sexualidad con fines políticos, no sólo en términos teóricos, sino también a través de actuaciones reales. Esta forma de liberar al cuerpo de sus inhibiciones le ayudó a acercarse al personaje. Al final del rodaje, el actor tuvo una pequeña fase rebelde. Esto vino después de seis semanas cuando había pasado la mayor parte del tiempo siendo manipulado, rechazado, manoseado… Maritaud experimentó el mismo tipo de saturación que sintió el propio Léo,

Para el actor, el desafío con este personaje era como tomar un paisaje devastado y encender una llama en el medio que aligeraría el resto. Se podría decir que lo que es insondable viene del exterior, y que Léo rompe esto haciendo todo completamente humano. Cuando empezamos a trabajar en el personaje, sentimos que teníamos que hacerlo absolutamente radiante, de lo contrario habría sido demasiado deprimente para todos. Y políticamente, habría sido un error idealizar a un personaje que hubiera sido el arquetipo del tipo que se siente mal. Lo que hicimos fue lo contrario: todo va mal en la vida de este tipo, pero sigue siendo luminoso.

 

Homofobia y mentiras: la vida sexual de los sacerdotes en el seno de la Iglesia

 

Hoy recomendamos La casta de los castos, de Marco Marzono, publicado en España este mes de junio. Una exhaustiva investigación antropológica que retrata la vida en comunidades cerradas como los seminarios, y las complejas relaciones de dominación, no solo sexual, que existen en la institución de la Iglesia entre sacerdotes.

Fruto de años de investigaciones y decenas de entrevistas con sacerdotes y ex-sacerdotes, el sociólogo italiano Marco Marzano nos ofrece una perspectiva lúcida sobre la vida sexual del clero. En la práctica, solo el 10 % respetarían los votos de castidad y la gran mayoría que optan por la carrera sacerdotal serían homosexuales. En los seminarios operan mecanismos perversos a través de los cuales la mentira, el silencio y la negación se vuelven funcionales para la organización de la Iglesia. Hombres entrenados para ocultar su esencia más íntima, sus emociones y deseos. En el mejor de los casos, esto les permite desviarse de la norma y aceptar su propia sexualidad. Otros nunca llegan a un acuerdo en su relación con el sexo y terminan, en el peor de los casos, convirtiéndose en abusadores.

¿Por qué defiende la Iglesia católica el voto de castidad de los sacerdotes y cómo aborda la delicada cuestión de la afectividad de los clérigos? ¿Cómo transforman decisivamente los años de seminario la relación con la sexualidad de los futuros sacerdotes? Marco Marzano intenta responder a estas preguntas en este ensayo documentado mediante un riguroso análisis de la literatura científica y, sobre todo, a través de decenas de entrevistas en profundidad con sacerdotes y personas que han abandonado el sacerdocio. El cuadro que emerge es un corte transversal de la vida íntima de una clase sacerdotal formada desde los seminarios por la institución a la que pertenece para ocultar una parte de la existencia en lugar de vivirla plena y serenamente.

De las palabras recogidas durante años de trabajo de campo surgen historias personales de dolor, tormento, soledad, pero también un sistema de mentiras y secretos que produce consecuencias dramáticas para los propios sacerdotes y para toda la comunidad cristiana.

«Para Marzano, uno de los fines principales de los seminarios es inculcar la castidad y la obediencia. Si el objetivo último fuera el mero estudio de la teología, ¿por qué esa necesidad de sacar a los seminaristas de sus casas y concentrarlos en un edificio único con poco contacto con el exterior.»

Emilio de Miguel Calabia, ABC

Sobre el autor:

Marco Marzano es profesor titular de Sociología en la Universidad de Bérgamo, uno de los fundadores de la revista Etnografia e Ricerca Qualitativa y colaborador de Il Fatto
Quotidiano.it. Entre sus publicaciones se encuentran Cattolicesimo magico: Un’indagine etnografica (2009), Quel che resta dei cattolici: Inchiesta sulla crisi della Chiesa in Italia (2012), La società orizzontale: Liberi senza padri con Nadia Urbinati (2017) y La Chiesa immobile: Francesco e la rivoluzione mancata (2018)

 

Si empezáramos de nuevo

Por Sara Levesque

 

Si empezáramos de nuevo, ¿sabes lo que haría? Te cantaría con mi voz desigual y algo apagada para que lloviera y tú empezaras a recitar tu más bello poema, empapándome con él, mojándote conmigo.
Si comenzáramos de cero, no me importaría calarme de los huesos al alma con cada uno de tus versos, los que detienen el corazón y los que lo aceleran en exceso.

Si volviéramos al inicio de aquel otoño por la tarde, yo te mostraría cómo puse fin a una timidez que no me condujo más que a perderme en el silencio de ninguna parte.

Si me dejara de tonterías, mataría encantada todas tus dudas y las mías con un beso interminable, aunque durase tan solo un segundo.

Si la distancia no supusiera un dilema, dejaría de emborronar mis cuadernos con palabras bonitas sobre ideas suicidas para iluminarlos con lo más hermoso del mundo, que empieza en tus ojos y nunca termina.

Si me volvieras a sonreír como hacías siempre, yo te querría más que nunca. Te escribiría en prosa o en verso palabras de esas que, según las vas leyendo arrancan la mordaza y vas sonriendo.

Si dejaras de oírme para escucharme, si abrieras los ojos para verme en vez de mirarme, entenderías que yo siempre he querido saberte feliz, y te acompañaría encantada en cada tropiezo que te haga sangrar cualquier cicatriz… aunque sea lejos de Madrid. Porque tu corazón es el mejor destino para mí.

Y que yo te quise causar de todo menos dolor, y quitarte cualquier cosa que te borrase la felicidad, alejarte de lo peor.

Tuve más miedo de mí que de lo que me hacías sentir.

Y que no te querré para siempre, porque mis palabras son guiones sin escribir, pero sí te amaré todo el rato que nos dure ese momento. Y de nosotras dependerá si lo queremos o no hacer eterno.

Si nos diéramos una oportunidad en condiciones, no volvería a enumerar las estrellas del cielo todas esas noches que no estuviste junto a mí, y pasaría a contar las veces que brilla la luna en tus pupilas cada vez que me miras. Dejaría de planear una guerra en el lado de los buenos autores o los malos soñadores para hacer el amor contigo en la misma cama y sanarnos los escozores. Revolvería todas las palabras del mundo hasta encontrar unas que rimen sin que nos timen.

Ahora que sé ser sincera, si empezáramos donde quisimos una vez, no volvería a dejarme arruinar por mi timidez.

Quizá sanaría las heridas que me he ido abriendo en este camino de años fingiendo, nadando a contracorriente en los recuerdos del ayer persiguiendo por doquier algo imposible de sostener.

Traficaría con los sentimientos, recorrería los lunares de tu espalda y de todo tu cuerpo, perdería mi norte por el sur de tus caderas y le aullaríamos al cielo nocturno como dos fieras. Te regalaría un sueño y mil estrellas más la luna, porque a ti te sigo amando como a ninguna.

Si me dices que sí, yo giro el mundo para que siempre te dé el sol y te acompaño en las tinieblas cuando sientas que has perdido el control.

Quiero regalarte una idea, dos relatos, tres palabras e infinidad de novelas y textos desde el foso de mi abismo. Tú fuiste el poema todo el tiempo. Tanto buscar las palabras adecuadas… Y no salían de tu boca sino de tus pupilas.
Busco un relato para antes de marcharme. Una novela que refleje lo que un día brilló en mí. Un verso desde el ventanal.

Un poema de la chica cobarde de Madrid que tropezó con el paso que debía dar una noche de abril. Quiero dar vida a la vida con una rima y que tú le otorgues la entonación que se te antoje.

Un relato capaz de cerrar a versos las cicatrices de cada duda fallecida. Un relato con el que lanzarnos a bailar y regalarnos el abrazo que nos alcanzamos a negar. Un abrazo que a ti se te ha llegado a olvidar y en el que yo no me paro de ahogar.

Si empezáramos de nuevo, te acariciaría con mi mirada y nunca más me mentiría. Te prometería una sonrisa cada día y jamás me escondería.

Pues sí, encanto, eso es lo que haría.

© Sara Levesque

 

La ‘Academia de Geras’ Un novedoso proyecto para conseguir un envejecimiento LGTBI saludable

La Fundación 26 de diciembre lanza La Academia de Geras, un proyecto que busca formar a personas mayores de 50 años LGTBIQ+ para mejorar su conocimiento sobre el proceso de envejecimiento; y prepararlas para este momento vital que es continuo, heterogéneo, universal e irreversible.

Se trata de aprender a envejecer y comprobar cómo un envejecimiento feliz y saludable es posible si se sabe cómo.

La Academia cuenta con una web www.academiadegeras.com que incluye el cuestionario ‘¿Qué seré de mayor?’ para recabar datos sobre los hábitos y las actitudes relacionadas con el envejecimiento saludable en el colectivo LGTIBQ+

Como se expuso en el Informe de la ponencia de estudio sobre el proceso de envejecimiento en España, presentado en el Senado en 2022 por la Presidenta de la Comisión de Derechos Sociales, cerca de un millón de personas mayores en España pertenecen al colectivo LGTBI+.

En el citado informe se expuso también que el envejecimiento, desde el punto de vista social y cultural, parece haber dejado de ser una más de las etapas vitales para convertirse en un estigma. Una etapa que se invisibiliza y en gran medida, se niega y se oculta de lo público.

En este sentido, deviene especialmente relevante destacar la incidencia de esa invisibilización en un sector de la población que ha estado de por sí tradicionalmente invisibilizado, como es el caso de la comunidad LGTBI+, una comunidad que ha comenzado a conquistar espacios de visibilidad, igualdad y reconocimiento social en las últimas décadas.

Por todo ello, para atender las situaciones de doble discriminación que existen en el sector de población mayor que pertenece a la comunidad LGTBI+, la Fundación 26 de ha creado la Academia de Geras, un proyecto que tiene como objetivo reforzar las redes de apoyo y la creación de sinergias y evitar el aislamiento de las personas mayores del colectivo, con especial atención a las del medio rural.

Y tú, ¿qué quieres ser de mayor?

Este proyecto de formación y sensibilización, financiado por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 para la promoción de sus Objetivos de Desarrollo Sostenible, se basa en una metodología experiencial y participativa dirigida a generar un aprendizaje significativo en las personas destinatarias sobre envejecimiento saludable en el colectivo mayor LGTBIQ+, a través de una academia itinerante y online.

Uno de los pilares de esta academia es la web www.academiadegeras.com, que incluye el cuestionario ‘¿Qué seré de mayor?’, donde se recabarán datos sobre las necesidades y temáticas que resulten de mayor interés y desean abordar las personas mayores. También se han creado perfiles en las redes sociales que más usan las personas mayores de 50 años: Facebook e Instagram.

Asimismo, el proyecto se difundirá en cuatro eventos del Orgullo LGTBIQ+ en Badajoz, Madrid, Lugo y Maspalomas, donde se realizarán acciones de calle; y en tres academias itinerantes en Madrid, A Coruña y Alcázar de San Juan, donde se desarrollarán talleres y ponencias en colaboración con entidades locales.

La primera de estas acciones de calle se llevó a cabo este sábado 1 de junio en las Fiestas de los Palomos de Badajoz. Allí hubo una carpa informativa donde personas trabajadoras y voluntarias de la Fundación 26 de Diciembre explicaron a los asistentes cómo un envejecimiento feliz y saludable es posible si se sabe cómo.

 

Recluta de mierda. Historias de un gay en la mili

Pablo Morterero (@pabloMorterero)

 

Leyendo “Recluta de mierda. Historias de un gay en la mili” de Francisco Antonio Macera Garfia, he revivido la angustia (olvidada por otra parte bajo toneladas de recuerdos) con la que viví los años previos a incorporarme a filas, aplazada primero por estudio y de la que más tarde me libré declarándome objetor de conciencia, días antes del fatídico momento.

No dudo que para muchos, hacer la mili fue una experiencia extraordinaria, posiblemente más por la tendencia a idealizar el pasado o recordar sólo los buenos momentos de la juventud perdida, pero para la mayoría de la población masculina de la época, cuanto menos eran 13 meses perdidos, y en lo peor, un suplicio sin paliativos.

Es curioso que una vivencia que afectó a millones de hombres, haya dejado tan poca literatura. A nivel general, solo recuerdo “Morirás en Chafarinas” de Fernando Lalana. Seguro que habrá más de carácter autobiográfico, pero sorprende que no exista incluso estanterías con dicha temática en nuestras bibliotecas y librerías.

Macera, un chico bastante inocente y muy creyente de principios de los setenta, relata en su libro autobiográfico sus experiencias en un ignoto Centro de Instrucción de Reclutas (CIR), cuyo nombre omite el autor, pero que no debía estar muy lejos de la ciudad de Sevilla, a pesar de que tardara ¡casi cinco horas en tren! un frío sábado de enero de 1972. Veinte años después, en cinco horas podías ir y volver de Sevilla a Madrid. ¡Cómo cambió España tras la muerte del dictador!

La amena lectura hace que sus 390 páginas pasen como un suspiro, lo que ayuda su carácter epistolar con un desconocido amigo, cuya inicial es T. Como nos informa el autor, “Recluta de mierda” se sustenta en un diario donde durante la mili fue apuntando sus experiencias, que para hacerlo ilegible utilizaba un criptografía que a la postre no fue tan discreta como pensaba.

Posiblemente, la mili de Macera, para su pesar, no fue el paradigma de la mayoría de los chicos homosexuales y bisexuales que reemplazo tras reemplazo, sufrían un sistema violento, arbitrario y doloroso. Sin llegar a los niveles que sufrió el autor más por su inocencia que por su rebeldía, millones de hombres padecieron meses bajo una disciplina castrense cuyo objetivo real no era defender la patria, sino sustentar un régimen corrupto y enriquecer a miles de militares que saqueaban los cuarteles, como tuvo la desgracia de descubrir nuestro autor. Un saqueo completamente legítimo, debían pensar, como vencedores de la cruzada nacional del 36.

Pero la novela no sólo muestra el carácter violento y arbitrario sobre el que se sustentaba el servicio militar obligatorio para la mitad de la población, sino que además refleja las violencias ampliamente interiorizadas por una sociedad, la española, sometida a tres décadas de tiranía franquista.

Tan interiorizadas que se volvieron invisibles, y que hoy observamos con horror cuando una novela o un documental (como el reciente de la cadena CUATRO sobre el Patronato de Protección de la Mujer, “Las Descarriadas”) nos lo muestra sin paños calientes. De esa forma, los protagonistas de “Recluta de Mierda” viven las violencias sin cuestionarlas, como parte del “decorado” del CIR, aspirando, como mucho, a evitarlas sin señalarse.

“Recluta de mierda. Historias de un gay en la mili” no es solo una entretenida novela, recomendable para cualquier público, sino además esencial para todas aquellas personas que hoy se identifiquen como “queer”. Porque también se trata de un documento fundamental de memoria LGTBI, lejos de los grandes relatos de la acción militante. Porque nuestra memoria se basa, sobre todo, en la lucha cotidiana por la supervivencia en un sistema hostil, violento y doloroso.

«Recluta de Mierda. Historias de un gay en la mili», Francisco Antonio Macera Garfia. Editorial Punto Rojo, Libros. ISBN 979-83-89989-54-2.

Paco Macera es un activista LGTBI que inició su militancia en el Movimiento Homosexual de Acción Revolucionaria (MHAR) de Sevilla y que a lo largo de su vida ha mantenido el compromiso con la lucha por la libertad para vivirse y vivir plenamenta la corporalidad, la identidad y la orientación.

Carta II

Por Sara Levesque

 

Cuando llegué al destino, lo primero que hice fue acercarme hasta un lugar muy especial al que ya le tenía echado el ojo. Un lugar donde elegí cambiar la melancolía del piano por la bohemia que encierra Mishka con su reggae, aunque no lo parezca. Un lugar donde sentí libertad de mí misma y pude sonreírle al horizonte abrazada de emociones positivas, no acorralada por las adversidades.
Es cierto que vivo en una constante contradicción y parece que ahí es donde encuentro el equilibrio. Dicen de mí que soy cariñosa y cercana, pero adoro el hielo y su gélida distancia. ¿Será por eso que elegí aquel destino? Ya que yo solita me había destruido, ¿necesitaba reconstruirme entre taciturnos carámbanos sin otra compañía que la de mi mochila, en la que ya no guardaba pesares, sino algo tan corriente como ropa y libros? Quizá necesitaba darme una palmadita en la espalda yo misma para ser bien consciente de que nunca me había ido de mi lado.
Existen muchos países que anhelo visitar. Demasiadas cabañas donde deseo ir a soñar. Cientos de caminos que exijo transitar. Infinitud de pasos que dar… Hoy, con la vista flotando sobre este insondable mar, sé que de desamor no volveré a enfermar porque fui capaz de borrar el rastro de su mirar de mi palpitar. La valla que separaba la arena del mar ya no la percibía como un impedimento para saltar, sino como un apoyo sobre el que aprender de nuevo a respirar.
Detrás de él surgía el océano descomunal, profundo, interminable, irascible… Al ser el extremo del continente, los vientos no contaban con tierras alrededor que les limitasen. Podían danzar tan rápidos y coléricos como quisieran, componiendo un baile bramador, furioso, aullador.
Detrás de él vivía el mar. Detrás de ese cartel, imperioso y solitario. Un cartel tallado en madera con letras impresas del color más completo de todos: el blanco. Un cartel que separaba el punto más austral de Argentina, tierra cristalina, con el comienzo del continente siempre nevado.
Permanecí de pie, emocionándome con el horizonte. Para los ojos urbanos, no era más que la visión hermosamente simplona de mucha agua. Mi perspectiva, en cambio, descubría caminos invisibles, ideas prometedoras, esperanzas renacidas. Con ilusión dentro de mi corazón, observé el cartel, de nuevo la textura del agua, y sonreí aún más. Anunciaba lo que parecía una futura realidad: Ushuaia, fin del mundo. ¿Significaba el fin de un mundo donde mendigaba una oportunidad a la musa que siempre me tendía su mejor excusa? Si era así, bienvenida fuera mi nueva vida tras la experiencia.
Detrás de él, recordé cuánto me echaba de menos. Detrás de él, firme frente a lo que estuviera por llegar, dije dos palabras en voz alta que jamás me había atrevido a expresar:
ME QUIERO.
Y es que visto uno, vistos todos; salvo en su caso, que viste los ojos más lindos de la vida.

Antes de acabar te haré una pregunta, querida persona que lee tan bonito. Y responde(te) con total sinceridad:
¿A quién ves cuando cierras los ojos?

© Sara Levesque