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CRÓNICAS DEL MARGEN – El exilio interior

Por Víctor Mora (@Victor_Mora_G)

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Habitar, como habitamos, los márgenes de la norma sexual y de género, deja en nuestros cuerpos una huella similar al exilio, una marca original de no pertenencia que se encuentra en tensión permanente para las vidas queer. La huella se intensifica o decrece según transcurren acontecimientos, y el devenir de nuestro propio margen nos hace a veces sentir proximidad y otras, como ocurre últimamente, un profundo distanciamiento. Creo que es importante pensar sobre esas emociones, sobre ese terreno compartido que tiene algo, quizá, de continuidad con episodios del pasado que podemos recuperar para su reinterpretación y, en última instancia, como lugar de encuentro para poner en común sentires y crear alianzas.

’Exilio interior’ fue el nombre que se le dio a la experiencia de quienes se quedaron en territorio fascista, conquistado por los sublevados después de la guerra. Para la resistencia entonces no hubo, desde luego, ninguna opción afortunada o menos dramática. Huir, marchar físicamente al exilio como vía última de supervivencia fue una de esas ‘opciones’ forzosas, y otra, la que habitaron todes les que no pudieron cruzar la frontera, fue la del exilio interior. Convivir con fantasmas y desaparecides, transitar por cementerios cuneta y fosas comunes que multiplicaban sus kilómetros, fueron partes de este singular exilio, del exilio interno que experimenta quien sabe positivamente en su fuero interno que no pertenece a ese contexto. Quien sabe que no forma parte de esa cartografía conquistada por el terror, que su cuerpo y su corazón no pertenecen. El exilio interior es el destierro dentro de casa, el saberse polizón en el nuevo rumbo que se ha impuesto con violencia, el saberse barbarie en la nueva lógica, en la nueva razón. 

Cruzar la frontera geográfica dibujaba una distancia física, medible en kilómetros, pero la vida que quedaba atrás era la misma que la que dejaban quienes se quedaron a habitar el margen interno, el simbólico y obligatoriamente silencioso del exilio interior. Es precisamente en ese margen interno, en ese espacio de deslocalización intramuros, donde creo que hoy, en este contexto tan distinto y a la vez extrañamente similar, podemos volver a encontrarnos. La memoria puede traernos ese terreno obtuso de la marginalidad privada que, estoy convencido, tenemos en común muchas más personas de las que podemos imaginar a priori. Es cierto que no salimos de una guerra (aunque a veces pueda parecer que esa guerra nunca ha dejado, en realidad, de producirse), sin embargo, creo que el sentimiento de desarraigo y no pertenencia es algo compartido por todes les que afrontamos nuestro contexto actual con perplejidad primero, desde la rabia aguda y la profunda tristeza después. El extrañamiento y la distancia fueron un espasmo, una especie de empujón. Nuestro cuerpo seguía dentro del mapa, pero fuera al mismo tiempo, exiliado, en el margen. Es cierto que no salimos de una guerra (aunque a veces pueda parecer que la narrativa bélica contamina todo el texto y que nos envuelve la lógica del golpe y la derrota), sin embargo hay fantasmas que han despertado y que se nos adhieren al cuerpo, como los de la amenaza, como los de la peligrosidad.* Es cierto que no salimos de una guerra, más bien, estamos en plena batalla por el significado, por la narrativa, la memoria y el devenir. Batallas que se liberan en nuestro cuerpo y el de les compañeres, cuerpos expuestos a niveles de violencia que no podíamos recordar, cuerpos que se pretende aislar, señalar, tutelar, ningunear. Una batalla que, si bien se escribe con los modos tradicionales de la propaganda, traza sus renglones mediante estrategias nuevas. El extrañamiento radical se produce cuando nos enfrentamos a esas mentiras que insisten en nuestra peligrosidad, sabiendo que son mentiras, sabiendo que quien las lanza contra nosotres sabe también, perfectamente, que son mentiras. El extrañamiento se produce cuando se disfraza de alarma social, de inseguridad jurídica, de peligro para la mayoría, para 47 millones… lo que no es otra cosa que la pataleta del privilegio ciego, que se resiste a codazos, que se impone como sea, con las mentiras y el desprecio que su mantenimiento exija. 

Como decía al principio, las emociones del exilio que sin duda compartimos, son parte de una tensión en movimiento. No habitamos el margen al que otrora nos obligaba el totalitarismo, no hace falta recordarlo. Sin embargo, sí parece haberse olvidado que hay más similitudes que diferencias con todo texto normativo que pretende jerarquizar unos cuerpos sobre otros, que pretende señalar y deshumaniza experiencias y condiciones. 

Si bien hoy por hoy podemos aseverar sin matices que no se puede vivir de los logros del pasado, y que esos mismos logros instrumentalizados han servido (también) para ampliar privilegios y acrecentar distancias entre márgenes, lo que no haremos, desde luego, es asumir que no podamos reapropiarnos nuevamente del significado, intervenirlo y reescribir el texto del margen, el nuestro, el que nos pertenece y del que somos única autoridad. Hablemos de ello. Desde lo colectivo, desde ese sentimiento compartido de no pertenencia, como hemos hecho históricamente tantas veces, Crónicas del margen se plantea como un espacio para habitar ese destierro y compartirlo. Un lugar para hablar de nuestros espacios, textos, performances, expresiones y propuestas. Las crónicas, en definitiva, de todo lo que también está pasando en este contexto extraño que también es el nuestro y en el que se teje la red que va a escribir (que ya está escribiendo) el futuro que imaginamos. 

 

Imagen de Asphaltwitch (@asphaltwitch)

Texto de Alana Portero – Peligrosidad estatal

 

Históricas LTB: Audre Lorde

Por Charo Alises (@viborillapicara)

#MujeresLesbianas

No son nuestras diferencias las que nos dividen. Es nuestra incapacidad para reconocer, aceptar y celebrar esas diferencias (Audre Lorde)

Guerrera, mujer, negra, madre, lesbiana, poeta, así era como se identificaba Audre Geraldine Lorde, nacida en Harlem, Nueva York el 18 de febrero de 1934. Lorde dedicó sus poemas y sus obras en prosa a los derechos civiles, el feminismo y la identidad femenina. Utilizó su dominio técnico y su capacidad de expresar emociones para volcar  su ira e indignación por las injusticias civiles y sociales que presenció y vivió. Su obra más conocida es La hermana, la extranjera, ​ un libro de ensayos que contiene varios de sus textos más influyentes de las luchas contra el racismo, el machismo y la opresión heterosexual como son No hay jerarquías en la opresión y Las herramientas del amo no destruirán la casa del amo.

Después de superar un cáncer de mama y tras reflexionar sobre las discriminaciones sufridas por las mujeres, que se superponen a las de raza y de orientación sexual y que se suman a la enfermedad, publicó en 1981 Los diarios del cáncer un texto dirigido tanto a quienes han vivido o viven la experiencia, como para quienes acompañan a otras en el proceso. Lee el resto de la entrada »

Otro capítulo de la Historia apenas contado

Por Nieves Gascón, (@nigasniluznina)


Hace unos meses Cristina Pesquera, compañera de trabajo y gran lectora, me hizo una recomendación. No me podía perder un imprescindible de la novela clásica juvenil, Celia en la revolución de Elena Fortún, con Introducción de Marisol Dorado, Prólogo de Andrés Trapiello, en versión reimpresa y editada en 2016 por Editorial El Renacimiento (primera edición en 1987).

Elena Fortún, en realidad Encarnación Aragoneses, es una periodista y escritora de comienzos del siglo XX, aficionada a la lectura de Pérez Galdós, que nos descubre a través de la mirada de una adolescente, la España de la Guerra Civil, del 18 de julio de 1936 a 1939. Con un realismo riguroso acompañamos a Celia en su trayectoria como desplazada por diferentes ciudades, de Segovia a Madrid, luego a Valencia, Albacete, de vuelta a Valencia, Barcelona, de vuelta a Madrid y finalmente al puerto de Valencia, para embarcar al exilio y destino incierto como refugiada, a Marsella, Omán ó cualquier otro lugar.
En el transcurso de la historia, vivimos junto a la protagonista, el temor en el conflicto, a la muerte en las cunetas al amanecer, a las bombas, las sirenas, a la separación familiar, e incluso a la pérdida de sus amistades, sus hermanas, su abuelo y su padre, ambos republicanos. Lee el resto de la entrada »

La violación de los derechos LGBT, ¿un crimen de lesa humanidad? #Orgullo (#5)

Por Paco Ramírez, director del Observatorio Español contra la LGBTfobia

Foto: Alisdare Hickson

Foto: Alisdare Hickson

En 73 países se persigue la homosexualidad legalmente y se penaliza severamente. En total son 13 los países y zonas en las que castigan con la pena de muerte los actos homosexuales, entre ellos: Afganistán, Arabia Saudí, Brunei, Irán, Mauritania, Pakistán, Sudán, Yemen, algunos estados del norte de Nigeria y algunas zonas del sur de Somalia. En otros países, la homosexualidad puede ser castigada con cadena perpetua o duras penas de prisión, añadiendo a ello el estigma social y el rechazo mayoritario de su entorno y su comunidad. Si a todo ello añadimos las torturas, los malos tratos por parte de policía y en prisión, incluso hasta castigos físicos como latigazos en plena plaza pública para escarnio social, podemos hacernos una idea de este paisaje nada halagüeño para gays y lesbianas en estos países. Lee el resto de la entrada »