Un hombre puede -y debe- ser feminista

Tomás Loyola Barberis () nos ha cedido este texto que ha publicado en su blog y que nos parece importante que se lea en este espacio de de diversidad sexual, de género y familiar. Tomás es gay, periodista y director de Comunicación Online de El Proxeneta, el nuevo documental de Mabel Lozano; y también responsable de comunicación de It Gets Better España y de Ahige, Asociación de Hombres por la Igualdad de Género.

Foto: Dani Logar

Sí. Un hombre puede –y debe– ser feminista. Por supuesto, debemos serlo en el marco que entiende al feminismo como una lucha por la igualdad para mujeres y hombres, erradicando la opresión, la explotación y el sexismo que ellas llevan sufriendo histórica, social y culturalmente a lo largo de los siglos. Pero debemos hacerlo desde la posición que nos corresponde: un papel secundario en una lucha que jamás debemos liderar ni pretender comprender del todo –porque no hemos vivido en nuestras carnes lo que significa ser mujer–, en la que debemos trabajar de forma activa no para ser vistos ni aplaudidos por nuestra descubierta sensibilidad, sino para reconstruirnos a nosotros mismos desde el feminismo, entendiendo que es un proceso que jamás estará completo, porque estaremos constantemente aprendiendo.

De ahí que el hecho de ser feministas no nos convierte ni de cerca en líderes de opinión ni en cabecillas del feminismo. Sería lo mismo que una persona heterosexual pretendiese liderar las reivindicaciones del colectivo LGTBIQ… ¡Imposible! Primero, porque a pesar de su magnífica sensibilidad y empatía, jamás sabrá lo que es sentir miedo de decir “te quiero” o “me gusta esa persona”, o de ir de la mano por la calle con la persona que quiere sin preocuparse por el sitio, la hora o si hay más gente o no; segundo, porque jamás ha sentido ni vivido dentro de su cuerpo las sensaciones, pensamientos o emociones de una persona del colectivo, que no es que sean distintas, pero muchas se viven de forma diferente; tercero, porque no ha sentido la presión de ocultarse o de esconder sus sentimientos… Y podría seguir, pero creo que queda claro el concepto: podemos ser feministas, pero como aliados de la causa; con la idea certera y convencida de que somos apoyo en una lucha que, si bien nos interesa y nos beneficia como personas y como sociedad, no es nuestra y nunca lo será. Al menos no en exclusiva.

Los hombres tenemos algunas ventajas adquiridas simplemente por el hecho de ser leídos socialmente como hombres, por mucho trabajo de equidad que se esté haciendo desde distintos ámbitos de la sociedad. Todavía recuerdo el impacto que me provocó el testimonio de un hombre trans que, desde que comenzó a hormonarse con testosterona, ya no sentía miedo al ir por la calle de noche, porque el temor a una violación se desvanecía simplemente por el hecho de ser hombre. Eso nos demuestra la inmensa labor que tenemos por delante.

Esos privilegios de los que hablábamos podemos constatarlos en muchas experiencias: más libertades para chicos que para chicas, que ellas deben cuidarse más y ser más delicadas, no porque necesariamente lo sean, sino porque es lo que se supone que deben ser; más peligros para ellas en un sistema que permite sin pudor la cosificación de las mujeres, su explotación sexual, donde la prostitución está instaurada como una institución y que, además, es incapaz de erradicar la mutilación, la violencia, el asesinato sistemático, el acoso sexual, entre otras. Pero también se ve en el entorno laboral, en el universitario, en las salidas profesionales, en las carreras escogidas, en el cine, la televisión, los museos, la literatura… Y también lo palpamos en la sociedad y en esos arraigados estereotipos que persisten pese a todos los esfuerzos.

Sobre todo quedan en evidencia en la negación del machismo vigente, en la simulada ignorancia de quien dice no comprender la importancia del lenguaje, de los comportamientos sociales, de la publicidad y de los medios de comunicación en todo esto. Y más visibles son esos privilegios cuando hay personas que hablan de feminazismo como una corriente real, o de la imposición de la ideología –o últimamente también llamada dictadura– de género, una idea aberrante que no hay cómo cogerla, difundida con la única intención de minar, despreciar y desdibujar el motivo por el que estamos aquí: el fin de la opresión machista y del heteropatriarcado.

¿Suena apocalíptico? Seguro que más de alguien ha sentido correr un sudor frío por la espalda. Pero, si quitamos el populismo barato y la visión terrorífica de este motivo que nos ocupa, nos quedamos con algo que realmente no debería tener ningún tipo de contestación: la igualdad y el respeto a los demás sin importar su origen, su expresión, su ser. Es decir, una sociedad en la que los seres humanos tengamos las mismas oportunidades y derechos. Es así de sencillo.

El primer paso para ser un hombre feminista, entonces, es aprender que la lucha no es nuestra y apoyarla. Después, vendría el largo y eterno proceso de desaprender los estereotipos, deshacerse de los privilegios y de enfrentarse a todo lo que se supone y se espera de nosotros por el simple hecho de ser hombres. Y el camino para conseguirlo está precisamente al lado de las mujeres, aprendiendo de ellas y, a través del cuestionamiento interno y compartido, replantearnos todo el sistema vigente para construir uno más equilibrado e igualitario.

7 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser AZULMARINOCASINEGRO

    Tenéis el record de 20min con los menos comentarios y encima ejercéis la censura de opiniones que no corresponden con vuestras ideas.
    Asó os va.
    Consejo constructivo: no ser mas sectarios ni heterofobos

    26 agosto 2018 | 10:10

  2. Dice ser Arckadi

    Y el león vegetariano, venga ya

    26 agosto 2018 | 15:52

  3. Dice ser Anonimatus

    Depende de lo que se entienda por feminismo.

    Si es el ‘feminismo’ de victimizar a las mujeres, vilificar a los hombres, exigir cuotas de género y difundir mentiras como la brecha salarial entonces no soy ‘feminista’.

    Si es el feminismo de verdad de esperar de las mujeres lo mismo que de los hombres y darles el mismo trato y respeto entonces si lo soy.

    26 agosto 2018 | 16:14

  4. Dice ser hey!!

    Yo creo en la igualdad de todas las personas, es por lo que nunca podre ser feminista, era feminista hasta que me di cuenta de que no se busca igualdad, si no un matriarcado, no hay ninguna ley que haya sacado el feminismo moderno que sea igualitaria, si no que favorece a la mujer, eso para mi no es igualdad, con el unico argumento de: “es que nosotras lo hacemos menos” pero lo hacen y su castigo es menor.

    Asi que no, no volvere a ser feminista y ya puedes borrar mi mensaje si quieres, que ya sabemos como te las gastas con la libertad de expresión, igual que un dictador.

    27 agosto 2018 | 06:22

  5. Dice ser RAUL CONDES LOPEZ

    Disculpad que comente sin leer el artículo, pero no me apetece. Para mi el titular lo dice todo. Un hombre no tiene porque ser feminista. Puede ser masculinista o simplemente creer en la igualdad. Estoy harto de que nos vendan que el feminismo es bueno y todo lo demás no. Basta ya de tanta tontería, por favor! El hombre no es malo por naturaleza ni la mujer todo lo contrario, tampoco viceversa.

    Ni machismo, ni hembrismo, ni feminismo, ni masculinismo. Solo Igualdad!

    27 agosto 2018 | 10:07

  6. ¡Madre mía, menuda ristra de comentarios!

    Yo estoy contigo, @tomasenlacocina, y siempre lo digo: cualquier hombre, persona, que se precie debe ser feminista.

    Discrepo (solo muy ligeramente) con el papel de los hombres en el feminismo. Tengo muy claro que la homofobia tiene su origen en el machismo, por lo que la lucha, con todas las diferencias que expones en tu artículo, es esencialmente común.

    Sobre lo que comentan de la censura de comentarios, yo creo que no es necesario eliminarlos, porque se califican por si solos.

    Saludos y gracias por el artículo.

    30 agosto 2018 | 21:22

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