Archivo de la categoría ‘ficción’

Weekend

Por Charo Alises (@viborillapicara)

#cinelgtb

 

Dirigida por Adrew Haigh y protagonizada por Tom Cullen (Rusell) y Chris Haigh (Glenn), Weekend es una película inglesa estrenada en 2011 que cuenta la relación sexual y afectiva que mantienen dos hombres durante un fin de semana tras conocerse en un bar de ambiente.

Weekend es una historia sobre intimidad, sexo y amor desvestida de tintes idílicos que podría extrapolarse a cualquier relación entre dos personas que experimentan una atracción física y emocional

Así cuenta Glenn lo que piensa cuando comienza una relación desde una primera experiencia sexual: «¿Sabes cuando duermes por primera vez con alguien que no conoces? Te conviertes en un lienzo en blanco y tienes la oportunidad de proyectar sobre ese lienzo quién quieres ser. Y eso es lo interesante porque todo el mundo lo hace. (…) Lo que ocurre es que mientras proyectas quién quieres ser, se abre un hueco entre quién quieres ser y quién eres realmente, y ese hueco te enseña qué te impide ser quién quieres ser”.

Weekend funcionó bien en taquilla aunque no estuvo exenta de algún reproche ante la falta de arrojo a la hora de plantear la relación entre los protagonistas, inmersos en un relato que adopta las mismas fórmulas que las historias románticas heterosexuales.

La cinta obtuvo 20 premios especialmente en festivales de temática LGBT como los de San Francisco, Milán o el Outfest de Los Ángeles. Destacan dos galardones obtenidos en la edición de 2011 de los Premios del Cine Independiente Británico: Tom Cullen se alzó con el premio al debutante más prometedor y al mejor logro en el diseño de producción.

Para el crítico de cine Jordi Costa, Weekend es una película sobresaliente que, a primera vista, no parece una obra únicamente dirigida al público gay: habla de algo tan universal como el amor y de las subterráneas corrientes emocionales que acaban convirtiendo el ligue de una noche en algo que, cuaje o no, acabará resonando en el futuro. La homosexualidad y su representación no son el tabú a superar, pero la película acaba revelando, sutilmente, su carácter reivindicativo al señalar con el dedo la asumida homofobia en nuestros protocolos de comportamiento. por superada que creamos tener, sobre el papel, la idea de la relación entre personas del mismo sexo, ¿por qué sigue siendo problemático que las parejas homosexuales expresen su afecto en público?, ¿somos conscientes de las veces en que, a lo largo del día, una pareja homosexual escucha un comentario intolerante al fondo, una mirada reprobatoria, un atisbo de incomodidad grupal?

Tomboy

Por Charo Alises (@viborillapicara)

#cinelgtb

 

Película francesa estrenada en el año 2011 y dirigida por Celine Sciamma (Retrato de una mujer en llamas). La cinta se adentra en el sensible tema de la infancia trans a través de la historia de Laurie que con diez años quiere vivir conforme a su verdadera identidad y se presenta a sus nuevas amistades como Mikäel.

Sciama aborda el film con sensibilidad, sin caer en el dramatismo ni en la tragedia. La realizadora, a través de la mirada de un niño trans, hilvana una historia de tensión, suspense, un thriller. Según contaba la directora, su intención era que el film tuviera luz y por eso motivo lo sitúa en verano. No quería que la película fuese un drama. Tenía que ser algo dinámico, ni totalmente positivo ni absolutamente negativo. La intención de la realizadora era seguir el pulso de la infancia, rodar algo vivo, dinámico, conseguir que el público empatizase con ese niño trans protagonista.

La presencia de la infancia en el argumento era, para la realizadora francesa, garantía de veracidad, de frescura, de vida. Necesitaba encontrar a la persona perfecta para interpretar el papel principal. Buscaron en la calle, en las escuelas, en las agencias de publicidad. Al final la elegida fue Zoé Héran ya que tenía las cualidades perfectas para interpretar al personaje. La hija de la actriz Sophie Marceau interviene con un pequeño papel en la película.

En palabras del crítico Jordi Costa, Tomboy logra una delicado fusión entra la silenciosa elocuencia de su protagonista, Zoe Héran, y el lenguaje sensorial empleado por Sciama, capaz de transmitir todos los desvelos de ese cuerpo.

La cinta es un delicado y conmovedor retrato de la infancia trans. Una aproximación respetuosa y sútil al descubrimiento infantil de la identidad sexual. Una historia contada con delicadeza y emotividad.

Tema central de Tomboy es la manera en la que un niño trans toma conciencia de su realidad y hace frente a las dificultades que supone visibilizar su identidad sexual a otras personas y, en especial, a su madre y a su padre.

Los prejuicios infantiles hacia la diversidad sexual que se muestran en la película, son un reflejo del rechazo a la diferencia que los adultos transmiten a la infancia y que en la cinta se resume en una frase: Es asqueroso.

La transfobia es una forma de violencia extrema hacia la infancia trans que no tiene por qué materializarse en agresiones físicas. Los insultos, el rechazo y el aislamiento social también son formas de agredir.

A través de la historia de Mikaël, la película quiere hacer consciente al público de la necesidad que tiene ese niño trans de vivir conforme a su identidad, de ser aceptado y de habitar el mundo de forma segura.

 

Disobedience

Por Charo Alises (@viborillapicara)

#cinelgtb

 

Película inglesa estrenada en 2017 y dirigida por Sebastián Lelio (Gloria, Una mujer fantástica). Protagonizan la cinta Rachel Weisz (Ronit), Rachel McAdams (Esti) y Alessandro Nivola (Dovid).

El guión es de Sebastián Lelio y Rebecca Lenkiewicz y está basado en la novela del mismo título escrita por Naomi Alderman.

Ronit (Rachel Weisz) abandonó la comunidad judía donde nació y se crio cuando su padre, respetado rabino, la descubre manteniendo relaciones sexuales con Esti (Rachel McAdams), su mejor amiga de la infancia. Asentada en Nueva York y dedicada profesionalmente a la fotografía, Ronit vuelve a Londres dos décadas después para asistir al funeral de su padre. Se reencuentra con Esti y la atracción resurge entre ambas.
Weisz, que además de protagonizar la cinta ejerció como productora, estaba buscando una historia de amor entre dos mujeres. Según comentó, leyó mucha literatura lésbica hasta que encontró Disobedience.

Adquirió los derechos del libro y, con la productora Frida Torresblanco, decidió poner en marcha el proyecto. La actriz envió en guión a Sebastián Lelio. Rachel Weisz había visto Gloria y admiraba el tratamiento que Lelio daba a las mujeres en sus películas, por eso pensó que Sebastián seria la persona más indicada para orquestar la cinta.

Ronit, mujer fuerte e independiente, rompió los lazos de la encorsetada moral en la que fue educada. Fotógrafa de profesión, su elección laboral choca con las normas judías ultraortodoxas sobre la representación de imágenes. Vive sin ninguna de las restricciones que su educación religiosa le había impuesto desde la infancia. Fuma, consume alcohol, mantiene relaciones sexuales cuando y con quien le apetece y se niega a cumplir con el pretendido deber de formar una familia y tener descendencia. Su relación con Esti no le supone ningún tipo de diyuntiva moral. Solo le preocupa la repercusión que su regreso pueda tener en la vida de su recobrado amor.

Liberada del peso de las tradiciones, Ronit no comprende como Esti se ha plegado a seguir unas normas que considera “medievales”. Sus relaciones familiares se deterioraron a raíz del conflicto surgido por el descubrimiento de su relación proscrita. El exilio a Nueva York marcó una distancia, no solo física sino también social y cultural, con la comunidad que la desterró. Su madre había fallecido años atrás y la relación con su padre era inexistente hasta que tuvo noticias de su muerte y regresó para el funeral. Al llegar se encuentra con un medio hostil que la rechaza.

Cuenta Rachel Weisz que ella, a pesar de que su padre era judío y su madre se convirtió a judaísmo al casarse, no recibió una educación religiosa. Decía la actriz, que la película se rodó muy cerca de donde vivió en su infancia pero que, a pesar de tener esa proximidad con la comunidad judía ortodoxa, nunca supo nada sobre sus costumbres porque son personas muy reservadas. Como su personaje hacía años que había abandonado las tradiciones judías, Weisz no tuvo que documentarse sobre ese aspecto para interpretar su papel.

A diferencia de Ronit, Esti, mujer de un carácter más dócil, permanece en la comunidad donde nació y creció. Tras la marcha de Ronit, queda profundamente abatida y, por recomendación del rabino, termina casándose con Dovid, su mejor amigo de la infancia. Parece un buen matrimonio, aunque se nota una relación falta de pasión por parte de Esti. Ocupa su tiempo entre su trabajo como profesora en una escuela para chicas judías y el cuidado de la casa. Aparentemente se encuentra satisfecha con su vida y con su profesión, pero su atracción únicamente hacia las mujeres y en concreto hacia Ronit, le acaba pesando. Tiene que hacer frente a un conflicto interno que le obligará a decidir entre vivir en libertad su sexualidad o seguir perteneciendo a la comunidad donde siempre ha vivido. Se define como una mujer muy devota y siente vértigo ante el dilema que la vuelta de Ronit le ha planteado.

Para preparar el papel, Rachel McAdams entró en contacto con una comunidad judía y así poder asimilar sus costumbres, muy alejadas de su educación protestante. Según cuenta la actriz, la acogieron muy bien y su trabajo de documentación se reflejó en la construcción del personaje de Esti.

Uno de los temas de la película es el rechazo de la comunidad judía ultraortodoxa a la relación lésbica de Esti y Ronit. La posición del judaísmo respecto a la homosexualidad hace que sea complicado la integración de las personas LGTBI en esa comunidad religiosa

Hay una escena que fue particularmente comentada tras el estreno de la cinta: el reencuentro sexual entre las protagonistas. Considerada el corazón de la película, en esta escena Ronit libera sentimientos que había encerrado durante muchos años. Sebastián Lelio solo contaba para rodar con una indicación en el guión: hacen el amor. Ante esta escueta información, el director optó por dibujar cada uno de los planos de esa parte y plantear la escena como una coreografía. Al ser un momento tan íntimo, el día del rodaje solo estuvieron presentes las actrices, el director y el personal técnico imprescindible. No hay desnudos. Las emociones se transmiten a través de los rostros y las demás partes del cuerpo se imaginan, dotando a la escena de una especial sensualidad. Las actrices hablaron bastante sobre ese momento en particular, de esta forma, adquirieron confianza a la hora de rodar. Weisz y McAdam coinciden en que hubo mucho cariño y ternura en ese momento .

Disobedience es una historia de amor entre mujeres que desafían las convicciones morales y religiosas de su entorno.

Una mujer fantástica

Por Charo Alises (@viborillapicara)

#cinelgtb

 

Película chilena dirigida por Sebastián Lelio (Gloria, El año del tigre, Disobedience) y protagonizada por Daniela Vega (La Visita), Luis Gnecco (Neruda), Aline Küppenheim (Allende en su laberinto) y Francisco Reyes (El Club). La cinta se estrenó el 7 de septiembre de 2017. Seleccionada para competir por el Oso de Oro en la edición número 67 del Festival Internacional de Cine de Berlín, obtuvo el premio al mejor guión en ese certamen. Fue elegida mejor película extranjera en la 90.ª edición de los Premios Óscar —la segunda estatuilla en la historia del cine chileno tras el cortometraje animado Historia de un oso— y ganó el Premio Ariel en la categoría de Mejor película iberoamericana y el Goya a la mejor película iberoamericana en la 32.ª edición de estos galardones.

Marina (Daniela Vega), aspira a convertirse en cantante mientras trabaja como camarera. Orlando (Francisco Reyes), es dueño de una imprenta. Ambos idean una vida juntos pero sus planes se quiebran cuando Orlando muere de forma repentina. Entonces Marina se ve obligada a enfrentarse a la transfobia de la familia de su novio y tendrá que luchar por afirmar su personalidad y ser reconocida como la mujer fantástica que es.

Sebastián Lelio comenzó a rodar Una mujer fantástica con el título de La mujer fantástica, pero en la fase final del montaje decidió cambiar el determinado por el indeterminado. Daniela es una de tantas mujeres fantásticas aunque Lelio la aísla para remarcar así su lucha y su soledad. Marina subraya su nombre porque con él se identifica a pesar de que en su carné de identidad aparezca un nombre que le resulta ajeno. El respeto al nombre con el que una persona trans se reconoce, es una cuestión de dignidad.

El rechazo de la familia de su pareja fallecida es retrato cruel de la transfobia social que tienen que soportar las personas trans aún en los momentos más duros de sus vidas. A pesar de que la ex esposa de su pareja no la quiere ver y los hijos la humillan y desprecian, Marina no renuncia al derecho de dar el último adiós a su novio. El hermano de Orlando en un intento de que Marina no aparezca por el entierro, le ofrece parte de las cenizas del difunto. La familia quiere mantener el funeral dentro de lo que consideran “normal”

Normal es, por supuesto, Marina, personaje bien elaborado por Lelio (hábil creador de roles femeninos como ya demostró en Gloria) e interpretado impecablemente por Daniela Vega. Vega es una mujer trans y su aparición en esta película cumple con una de las reivindicaciones más importantes de las personas trans en el cine: que los papeles de personajes trans se asignen a interpretes trans. Esto no significa que Daniela Vega obtuviese el papel solo por su identidad sexual ya que, como demuestra en la película, su construcción de Marina es sobresaliente.

Cuando se dijo que la película tenía aromas a Almodóvar, Lelio afirmó en San Sebastián:

Tomo la comparación como un halago, aunque mi referente siempre fue Belle de Jour de Buñuel. Probablemente haya un gran nivel canónico proveniente de Almodóvar de estas temáticas. Siendo muy honesto- y te lo dice alguien que hace poco volvió a ver Todo sobre mi madre bañado en lágrimas- entre las películas que me inspiraron Una mujer fantástica no estaban las de don Pedro. Pero los espectadores encuentran siempre pistas, huellas de las que los directores no éramos conscientes. Aunque con el protagonismo de una mujer transexual, más guiños asumidos al melodrama, cruzada por el thriller, en una película que es también una reflexión sobre el cine, entiendo la referencia almodorvariana. Yo pensaba más en Jean Moreau de Ascensor para el cadalso. Moreau ha sido una clara influencia en el personaje que encarna Daniela Vega.

Al decidir la transexualidad de la protagonista, yo, que vivía en Berlín, investigué en Chile cómo sería su día a día. Dos personas distintas nos dijeron de Daniela, literalmente, que era fantástica. Tras la primera charla, yo salí transformado. Me voló la cabeza. Supe que no haría el filme sin una actriz transexual y que Daniela sería nuestra asesora. Nos hicimos amigos por Skype. Poco a poco su presencia fue calando en el guión. A mitad de la escritura sentí el segundo clac: Daniela era Marina. Ella además trajo una pregunta:¿qué es una mujer?

Por su parte, Daniela Vega diría que viendo la película te vas a sumergir en el universo de una persona que está pasando por un proceso de luto y es ahí donde empieza su periplo, por la pena, por el dolor y por el prejuicio de la familia que la hace sentirse no muy bien. La película es una historia de amor separada por la muerte y la transexualidad de Marina es un aderezo que viene a dar un matiz un poco más dramático a la situación. Pero es una historia de amor. Por eso Marina y Orlando conectan con el resto de las personas, porque ser trans es un dato desde el prejuicio, pero esto es una historia de pérdida, una historia de amor y de muerte. El prejuicio viene de parte de los demás, es un problema de los otros, un problema de quien observa la acción. Nosotros buscamos preguntarnos más que nada ¿quién dijo que no se podían vivir ciertos cuerpos, habitar ciertos cuerpos?, ¿hasta dónde llega la empatía de la familia? La transexualidad de Marina no es un problema ni para ella ni para Orlando. Es un problema que vemos cuando el resto de la familia de Orlando la asedia por eso. Ser transexual es difícil porque en muchos países no existen leyes que definan exactamente como hacer una transición correcta, leyes que resguarden los derechos de la gente trans.

Una mujer fantástica, además reivindicar los derechos de las personas trans exponiendo las situaciones humillantes y discriminatorias que tienen que soportar en determinadas situaciones, es, sobre todo, un canto a la libertad personal, a la autonomía y a la determinación de luchar por una vida digna en la que los derechos fundamentales de las personas sean reconocidos por encima de cualquier consideración o prejuicio social.

Un poquito de amor, humor y reflexión: desvelando identidades no binarias

Por Nieves Gascón, (@nigasniluznina), la cuentista de nuestro refugio

 

Hace un par de meses que no escribo para vosotres, lectores y lectoras de 1decada10. Me parece mucho más tiempo, quizás porque en el mientras llegó 2022, en el continúa el vertiginoso contagio de Omicrón, que aunque nos pille vacunadas en este privilegiado lado del mundo, nos agota por la constante incertidumbre en la que vivimos desde hace dos años. Les echaba de menos y espero que no sea demasiado tarde para desear un 2022 más generoso de inversión en gasto social, sanitario y garantía estatal de derechos humanos para los colectivos LGTIB+.

No se me olvidará el final de 2021, en concreto el 27 de noviembre, día en el que perdimos a Almudena Grandes, a la que quisiera rendir un pequeño homenaje recordando a uno de sus personajes, un hombre homosexual y superviviente de la novela Las tres bodas de Manolita (2014, Editorial Tusquets): Francisco Román Carreño conocido como “La Palmera”, bailaor que entabla amistad con una chica vulnerable de barrio, a la que bajo su influencia, se transforma en una exótica bailaora. En el mundo de la farándula y los tablaos, antes, durante y después de la Guerra Civil Española (de 1936 a 1939), sus integrantes sobreviven en un contexto de violencia, permitiéndose pequeñas licencias de excentricidad, debido a que en este mundo del espectáculo con el que “coquetean” los fascistas, permite la supervivencia de personas de sexualidad y reputación “dudosa”, no exentas de riesgo de poder ser represaliadas, torturadas, abusadas o asesinadas en cualquier momento. También es un lugar donde se ocultan republicanos perseguidos o un ambiente propicio para el espionaje. Pero mejor lean esta fascinante novela y si me apuran, todas las que conforman estos Episodios de una Guerra Interminable de la grande Almudena Grandes. Se congeló el tiempo en el que nos dejaste. No podemos olvidar una obra tan brillante y trayectoria tan valiente, a la vez tan reparadora con nuestra memoria histórica.

 

También perdimos a Verónica Forqué, una de las mejores actrices de nuestra escena. En uno de sus últimos trabajos encarnó una mujer lesbiana en la película Salir del Ropero (2019), donde es la pareja de la también desaparecida Rosa María Sardá. Ambas hacen un tándem insuperable, tan tierno y romántico que llegan a lo más hondo de nuestros corazones mostrando que el amor no tiene edad, ni identidad sexual ni de género, y que es una enorme satisfacción el poder encontrarlo.

Sin más preámbulo y para recuperar pilas, paso a recomendar dos publicaciones estupendas para adolescentes en adelante: Del Otro Lado de – vivencias en cómic de mujeres trans de aquí y de allá, edición coordinada por nuestra compañera de blog Teresa Castro, y Paty Ortiz de Zárate, editado por las ONGs Mugen Gainetik y Gethiu, en octubre de 2021, y otra segunda recomendación: Más puta que las gallinas, y otras animaladas machista, de Luis Amavisca y Sonia Pulido, editado a finales de 2021 por NubeOcho, de la colección NubePimienta.

Centrémonos primero en Del Otro Lado de- vivencias en cómic de mujeres trans de aquí y de allá, segunda publicación tras Viñetas de tortas y bollos- Cómic lésbicos desde dos orillas, primer trabajo recopilatorio de relatos de diferentes artistas gráficas de España y Latinoamérica, que ya comentamos en este espacio tras su publicación en 2018. De entonces ahora, nos consta que Teresa Castro ha continuado trabajando sus tiras e historias con un sentido del humor inteligente, a modo de microrrelatos o escenas que ponen de manifiesto tanto el activismo por la defensa de los derechos de las mujeres lesbianas y colectivos LGTBI+, con una visión crítica y personal de nuestra sociedad, aún insoportablemente heteropatriarcal y de imposición de género binario propio de una concepción arcaica y negadora de una realidad diversa.

Esta segunda publicación se trata de una preciosa edición de diseño en tapa blanda, algo más rígida que la anterior, con estupendas portadas bilingües en castellano y euskera, sin contraportada, en la que disfrutamos de nuevo de relatos gráficos de diferentes artistas que nos describen la vivencia transexual, visión necesaria para poder conocer cada vivencia variada, concreta, y tan puesta en tela de juicio y debatida en el proceso de elaboración del proyecto de ley trans en España, e incluso atacada tanto por parte del colectivo feminista (el más institucional), como por las ideologías más conservadoras. En definitiva y una vez más, esta edición reúne a autoras españolas y latinoamericanas, en concreto a Teresa Castro, María José Manzano, Susanna Martín, Sydney Hilton, Amalia Darien, Estuarda Recinos, Catalina Parra, Elsa Ruiz, Sara Soler, y Xulia Vicente, cada una con su propio estilo e influencias, todas interesantes y sobre todo, con una forma de relatar muy especial.

No se pierdan este diseño de edición en el que la mitad del libro está en un sentido en castellano, y girándolo en sentido contrario, ciento ochenta grados, la otra mitad está en euskera.

Cabe señalar que desde los escenarios de fondo de Donosti en la primera página, hasta la última historia de imagen en un estilo más manga, cada uno de los relatos son absolutamente diferentes, sorprendentes, y nos hacen reflexionar explorando emocionalmente experiencias trans diferentes entre sí. Un gran trabajo y colaboraciones absolutamente brillantes.

Volviendo a nuestra segunda recomendación, Más puta que las gallinas, y otras animaladas machista, y después de La perra, la zorra y la loba, primer álbum ilustrado de la colección NubePimienta, tanto el escritor Luis Amavisca y la ilustradora Sonia Pulido realizan en esta ocasión, un repaso a dichos populares machistas que relacionan a las mujeres de forma peyorativa y sin sentido, con animales, atribuyéndoles cualidades y características absurdas, basadas en prejuicios y estereotipos.

El relato es una sucesión de escenas que en su desarrollo desmontan cada expresión o dicho, como Más puta que las gallinas, Más pintada que una mona, ¡Menuda loba!…, dándoles la vuelta desmontando este imaginario popular de atribuciones despectivas e insultantes hacia las mujeres, y en definitiva, manifestaciones de una cultura de violencia de género absolutamente asimilada e instalada en las relaciones sociales de forma reductiva, caduca, con perspectiva de género exclusivamente binario, patriarcal y represivo. El lenguaje es un claro reflejo de ideología y manifestación de las relaciones de poder.

Este álbum ilustrado combina una obra gráfica impresionante, cuidada, colorida, y que en relación al texto, se complementan en cada una de las ideas y audaces críticas a estas formas de definir el rol de las mujeres, guiadas por ideas estereotipadas que en definitiva sostienen un orden social de privilegios masculinos.

Espero que ambas publicaciones les hagan reflexionar y analizar la sociedad en la que vivimos y que a todas luces requiere y necesita un cambio absolutamente viable de relaciones de poder, un orden social mucho más justo y coherente con la realidad social, cada vez más visiblemente diversa.

Pero sobre todo lean y disfruten.

¡Hasta pronto!

 

 

 

Soy Luisa, la monstrua

Juan Andrés Teno (@jateno_)

Soy Luisa la Monstrua, vieja, fea y pobre; aunque hace muchos años fui un niño guapo que jugaba, feliz, saltando la espuma del mar. Tuve una madre con manos impregnadas en jabón que me abrazaba y me llenaba de besos y un padre que me incrustó la plancha ardiendo en la cara cuando me sorprendió vistiendo las enaguas de mi hermana. Alcancé la madurez con el golpe y supe quien era buscando la causa de las quemaduras.

Un día de primavera robé los ahorros de mi casita marinera y me planté radiante en una Barcelona que creía me daría la oportunidad de ser lo que siempre fui y nunca me dejaron ser. Aunque cantaba y baila como la que más, mi deformidad facial me vomitó directamente a la noche del barrio chino, a los abrazos de veinticinco pesetas y al sexo no deseado de hombres oscuros.

Mi dinero de puta de calle me procuró las primeras hormonas y, años más tarde, muchos años más tarde, una operación clandestina que me robó cualquier placer en la cama, pero que me devolvió la dignidad plena de mujer que nunca deberían haberme negado.

Pasé por la cárcel, como muchas otras, no por vender mi cuerpo, sino por ser un peligro social en un país que estaba enfermo. Lloré mucho hasta ser una mujer reconocida por todas y cuando lo tuve en mis manos supe que seguiría sufriendo por no ser hombre y perder privilegios.

Un 26 de junio, en año 77 del siglo pasado, me lancé a Las Ramblas con mi pancartita de puta feliz, soñando con un país más amable para quienes apenas salíamos a pasear al sol y derretíamos nuestro futuro en sábanas usadas de miserables pensiones.

Esa España de libertad, que me metió en las venas un chico rubio del FAGC, llegó, pero lo hizo demasiado tarde para mi. Es cierto que puede adoptar con orgullo el nombre mi madre en mis papeles oficiales. Sí, ya era Luisa, aunque nunca dejé de ser La Monstrua. 

Fui joven y alegre y tuve un novio alto y fuerte, un toro azul que me bebía la vida en cada mirada. Besaba mis cicatrices con pasión y en sus brazos era una diosa inmaculada y pura. En sólo tres años el sida me lo robó lleno de llagas y terriblemente delgado. A él le dediqué todos mis ahorros en un entierro maldito al que no quiso acompañarme nadie. Con mis lágrimas aboné una tumba de margaritas que nunca pude olvidar.

Me lancé de nuevo a la calle y seguí amando mentiras y mojando camas que no eran la mía, soñando siempre con aquel hombre joven que seguía susurrándome versos al oído. Crecieron cicatrices en mi espalda y el sudor y el olor a tabaco de hombres ajenos me envolvían día y noche mientras devoraba todos los libros que caían en mis manos, libros que me llevaban a otros lugares y otros destinos donde poder ser feliz.

Se hizo una luz catódica en nuestro camino. A mis compañeras de calle las entrevistaban periodistas sedientas de otra Veneno en el chino barcelonés, pero mi cara quemada y las inyecciones baratas de silicona clandestina me hacían imposible reivindicar ante una cámara, aunque fuese la que más había leído, la que más sabia: seguía siendo Luisa la Monstrua.

Una mañana de invierno tuve que llorar a mi madre muerta en la puerta de la iglesia, primero, y tras la verja del cementerio, después, porque mi padre me negó la entrada y me zarandeó entre insultos y amenazas policiales. Dos años después, fui yo, sola, la que le limpió los últimos humores y la que lo amortajé con el triste y raído traje de su boda. Acaricié sus nervadas manos no queriendo olvidar las tardes de otoño en las me enseñó a pescar mientras acariciaba mis rizados cabellos. Supe que tenía que perdonarle para poder seguir viviendo.

Me llegó la vejez y la acepté plácidamente, pero seguía trabajando con mi cuerpo, ya agrietado por los años, frio, casi inerte, siempre suspirando por aquel novio joven que me envolvió en sonrisas durante tres veranos. Mi esfuerzo era intentar ahorrar para que cuando mis huesos se quebrasen pudiera comer, aunque fuera una vez al día. Sólo tenía a mis queridas amigas de la calle, con quienes compartía el chocolate caliente en el que mojábamos nuestras lágrimas y regábamos con carcajadas estruendosas antes de volver a las esquinas.

Hace unos meses escuché en la radio que nos llaman mutantes, que abusamos de los niños, que lo nuestro sólo es un deseo, que no es real. Ese no es el feminismo que he leído y la sororidad que he practicado en las calles. Me levanto, me miro al espejo y las cicatrices me recuerdan lo mucho que me ha costado llegar y que no puedo claudicar. Mi dolor no pueden heredarlo las que vienen detrás, ni los golpes, ni las zonas oscuras… Nunca, nunca renunciaré, aquel chico del FAGC me lo inoculó y mi activismo durará siempre.

Tengo la alacena de mi pequeño piso del Raval llena de lentejas y arroz. Vivo en cuarentena constante y no es la pandemia lo que me preocupa sino que no haya nadie que me cierre los ojos cuando todo acabe. He tenido la triste suerte de cumplir demasiados años y ver morir, una a una, a todas mis amigas del Chino. A todas las maquillé dentro de su ataúd, todas volaron guapas y lloradas. Pero para mí no habrá lágrimas.

La semana pasada salí por última vez de la casa y una chica que se ofreció a llevar mis bolsas hasta la casa me dijo “señora”. En 95 años era la primera vez que lo oía: “señora”, “señora”, “señora”.

Hace dos días que no puedo levantarme a hervir arroz, el único alimento que ingiero desde el martes. Sólo tengo fuerzas para manejar este lapicero que brinca desbocado entre reglones.

Las persianas están bajadas y no sé si es de día o de noche.

Tengo sueño, mucho sueño.

A veces creo que veo amanecer desde la casita de mi infancia.

Siento que el sol y la brisa acarician mi rostro.

Oigo que me llama mi madre.

Huelo sus manos.

Tengo sueño

Soy tu hija, mamá ¿dónde estás?

JUAN ANDRÉS TENO

Periodista y activista LGTBI especializado en Diversidad Familiar

Cuenta en Twitter: @jateno_ 

Blog: https://familiasdecolores.wordpress.com/