Best-Seller

Por Sara Levesque

Aunque me apasionan los deportes de montaña soy más de ciudad que un ladrillo. Siempre que contemplo una ciudad se me presenta como una gran novela. Una obra maestra de portada grisácea. El ruido metropolitano es como miles de palabras que trato de desenmarañar antes de caer rendida a su inspiración. Las ventanas pueden asemejarse a celdas, todas alineadas y superpuestas en fachadas color teja. Casi como una cárcel en la que no me siento encerrada. Si miro un edificio desde muy lejos parece un lapicero ancho despuntando hacia el infinito. Su cuerpo es una combinación de tonos rojizos, amarillentos, negros y camel, y el tejado pizarra es su punta bien afilada. El núcleo urbano es un eterno caos porque el mar está en el lado equivocado. En vez de a los pies, nace desde arriba, donde vive el cielo. A veces, anda tan revuelto que se satura de espuma y surgen esponjosas nubes. Un océano del que no se puede regresar una vez te zambulles en él.

Aun así, la ciudad siempre me ha parecido una gran novela. Un bestseller donde recorren sus páginas una inmensa aglomeración y ninguno de sus componentes le presta atención. Solo se convierte en superventas por la cantidad, desmereciendo la calidad. De ahí el título de «gran ciudad», supongo. La capital no es un lugar agradable para vivir, pero sí para escribir. Para mí, la escritura es VIDA. Una vez leí que la sociedad para la que se trabaja se compone de los mismos elementos que el público para el que se escribe. Por eso, mi paisaje favorito es una ciudad.

La mayor embustera que convive con nosotros es la memoria que se encarga de recordar los amoríos. ¿Por qué? Porque logra modificar esos recuerdos en otros que nos convienen más, duelen menos, son más perfectos o se acercan más a lo que deseábamos que sucediera y no ocurrió. Por eso, ese tipo de memoria es una guarra. No importa a dónde huir. El caos que te has empeñado en dar vida queda muy bien en cualquier ciudad, pueblo, parque o isla abandonada. O bosque.

Y resulta que nada ha cambiado. Sigo acumulando libros sobre ti en una mesa de tres patas. Escritos por ti o escritos por mí para ti. Sonrío, aunque el cielo no lo haga. Y cuando llueve beso el agua, dándome igual si parezco una tarada. Por si acaso te marchas de nuevo con uno de tus cuentos tan verdaderos, como una cruel repetición de la jugada.

Y cuando tengo ganas de escribir solo hay un poema al que deseo ir. De mil maneras te alcancé a querer. Desde el despertar del sol que no me dice nada hasta el hundido, taciturno, intenso, acentuado anochecer. Y en todo ese tiempo qué te voy a decir, mujer; escribir en mi ciudad sobre cómo se besa la lluvia que me inspiras es lo que mejor sé hacer.

© Sara Levesque

“…Como un alumbrado General” Modos de producción, familia y sexualidad

Hoy recomendamos “…Como un alumbrado General” Modos de producción, familia y sexualidad, de Javier Ugarte, publicado por Postmetropolis Editorial.

Los modos de producción constituyen un problema clásico de historia económica, pese a lo cual han sido poco estudiados. “… Como un alumbrado general” analiza los cuatro modos de producción occidentales (esclavismo, servidumbre, capitalismo mercantil y capitalismo tecnológico) con el fin de mostrar sus características, así como las causas de su crisis y reemplazo. Los modos de producción condicionan los tipos de familia y sexualidad.

Sobre ese estudio se levanta la siguiente tesis: el esclavismo, la servidumbre y el capitalismo mercantil intentaban aumentar la producción, y los Estados prosperaban o decaían según su éxito en la tarea. En cambio, el capitalismo tecnológico procura incrementar la productividad, así que los países más productivos disfrutan de mayor prosperidad; en contrapartida, gran parte de su población sufre estrés y agotamiento.

Sobre el autor: Javier Ugarte Pérez es Doctor en Filosofía. Ha publicado artículos e impartido conferencias sobre temática LGBT+, feminismo, racismo, biopolítica y modelos productivos desde una perspectiva materialista. En 1999 contribuyó a la fundación de Orientaciones. Revista de homosexualidades, de la que fue su director. Entre otros libros, ha publicado Las circunstancias obligaban: homoerotismo, identidad y resistencia (Egales, 2011) y Placer que nunca muere. Sobre la regulación del homoerotismo occidental (Egales, 2014). Su obra anterior, Competencia o cooperación. Sobre la ideología que domina la biología (Letra Minúscula, 2021), indaga en las teorías biológicas que fundamentan el racismo, la misoginia y la homofobia.

 

FUGAZ de Juanma Samusenko en DLRO Live

 

El artista Juanma Samusenko presentará, FUGAZ, una serie de obras llena de estrellas y flores en forma de metáfora, donde se habla del amor y el sexo, las caricias y el tacto, una pequeña muestra que exterioriza lo que la intimidad nos hace sentir. La exposición forma parte del festival cultural de Madrid Orgullo, Muestra t 2024

El artista vincula la reivindicación LGTBIQ+ con la expresión cultural dentro su propia obra así como en sus colaboraciones; ha trabajado además para artistas como Izal y ha diseñado para AMC Networks, El Salto o Muy Interesante. Formado en la Escuela Superior de Diseño de Madrid en el Grado de Diseño de Producto, el artista reúne una serie de habilidades, como la fotografía, la ilustración, el collage o el matte painting, que emplea combinando el proceso analógico con el digital. Participa en exposiciones colectivas en espacios como el CA Tomás y Valiente, el Royal College of Arts o el Museo de AA DD de Madrid, y en 2019 inauguró Antier (Umbral de primavera), su primera exposición en solitario.

Juanma Samusenko (1992) es colaborador en diferentes editoriales como Egales, Flores Raras y Libroscom, autor y diseñador en el libro Vagos y maleantes (Egales, 2019) y de Hasta aquí hemos llegado (Egales, 2021) e ilustrador de Maricones de antaño (Egales 2020) y Los días jueves (Flores raras, 2024).

FUGAZ estará expuesta del 3 de Julio al 4 de septiembre en DLRO Live  Pelayo, 59, Chueca.

 

Pasión por el fútbol y la lectura

Por Nieves Gascón, (@nigasniluznina), la cuentista de nuestro refugio

 

 

Llevo un montón de tiempo pensando en cómo escribir este post. Me encantará recomendarles un estupendo álbum ilustrado de nuevo, pero esta vez va de fútbol y temo decepcionarles porque de este tema no tengo mucha idea. Por este motivo hablé con Pilar, compañera de trabajo, que me dijo que jugó hasta los 12 años en un equipo mixto y le encantaba ¿Pero qué paso? Pues nada, lo dejé porque quería hacer otras cosas de adolescente, me contestó. Debe ser un deporte muy disciplinado, aunque levanta pasiones y hay todo un espectáculo mediático que gira a su alrededor: prensa del corazón, venta de camisetas, anuncios protagonizados por futbolistas, fichajes por cantidades de dinero inimaginables, etc.

He preguntado a Roberto, mi pareja, que de fútbol entiende un montón, y me explica que hay una liga de equipos europeos, la Champions League, y que la ganó el Real Madrid. Este equipo levanta pasiones: recordemos la celebración de su victoria en Cibeles y las calles de Madrid desbordadas por la afición blanca. También hay una Eurocopa en la que ahora juegan, día tras día, las selecciones de cada país. Y también están los Mundiales. Todos los campeonatos de fútbol están absolutamente organizados. Hay una liga masculina y otra femenina, que ganó el Mundial en agosto de 2023, y se lio una buena por el beso de su entrenador, Rubiales, a una de las jugadoras, Jenni Hermoso, en contra de la voluntad de ésta y que tuvo que denunciarle como corresponde a estas tan desagradables situaciones. Este asunto y la polémica posterior, restó protagonismo a la victoria del equipo femenino, además de poner de manifiesto que el mundo del fútbol es bastante patriarcal.

Esta semana en los partidos que se retransmiten en Televisión Española, el comentarista repite muchas veces que la semana que viene es la Semana del Orgullo y que se estrenará la película Pride (Matthew Warchus y Stephen Beresford, 2014). Me encanta oír a este periodista deportivo y me imagino que todas las personas que ven fútbol, un montón fijo, están abriendo sus mentes y corazones a la diversidad. Ojalá fuera así, pero en el mismo sentido también cabría que los y las futbolistas pudieran salir del armario libremente y les apoyaran sus clubes deportivos, y por supuesto, toda la afición. Pero de momento esto no ocurre y no vemos modelos alternativos de identidad sexual, ni de género en este deporte, más bien vemos a futbolistas superhombres cachas, jóvenes y casados con mujeres cortadas por un patrón de feminidad común y patriarcalmente dictado, madres de un montón de hijos e hijas sin un mal engorde, arruga o cana.

A niñas, niñes y niños también les gusta el fútbol. Hace unos días me crucé saliendo del ascensor con uno de mis pequeños vecinos perfectamente equipado con la camiseta y pantalones de la selección española. Ese equipamiento lo conozco; de otros dudo. Como decía Gabriel García Márquez, más o menos, “Si a todo el mundo le gusta el fútbol, yo debo estar equivocado”. A mí me pasa lo mismo, y es la razón de mi desconocimiento. Vuelvo a mi joven vecino futbolísticamente equipado. Cuando me cruzo con peques les digo algo para que sonrían, pero en este caso estaba tan serio y formal que me quedé absolutamente paralizada. Si le digo algo de su equipamiento deportivo, quizás meta la pata, me dije a mi misma. Así que nos saludamos sin comentarios añadidos y todo por la formal pasión por el fútbol, que profundamente respeto, aunque no comparto.

A mi sobrino Oliver, de 7 años, también le gusta el fútbol y quiere ser Messi cuando juega en el jardín. En casa jugamos al fútbol en familia sin distinción de edad ni género, pero si gana nuestro pequeño Messi, mejor.

En síntesis, el fútbol, el deporte rey, que no reina, debiera ser menos patriarcal y trasmitir valores de respeto, libertad y diversidad. Acorde a este objetivo, en esta ocasión recomendamos el álbum ilustrado Martina Futbolista, de Susanna Isert, escritora y creadora de la conocida Daniela Pirata, e igualmente de la ilustradora Marta Moreno, publicado el pasado mes de marzo por Nube Ocho, de la Colección Égalitè. Esta edición, en varias lenguas (inglés, castellano, catalán e italiano), tiene una hermosa tapa dura y de gran tamaño, ideal para el manejo de peques de a partir de 4 o 5 años.

El relato nos traslada al mundo de Martina, una niña que quiere jugar al fútbol y lo hace realmente bien, no solo técnicamente, sino con valores de solidaridad, para el disfrute y participación de todes. Esta protagonista es una gran futbolista que cuida de sus compañeras, compañeros y compañeres, llegando a abandonar un equipo muy competitivo, únicamente de niños, a pesar de ser éste muy potente y ganador de partidos.

Esta publicación trata una trama tan ejemplar como necesaria en relación con el mundo del fútbol profesional, que aún hoy es y se mantiene discriminatorio con mujeres y grupos LGTBIQ+.

Martina deja el primer equipo de chicos que la discrimina por ser niña, y organiza otro equipo espontáneamente en el parque, al que se suman niñas, niños y niñes que quieren disfrutar jugando. Este segundo equipo, solidario y cooperativo, consigue quedar el segundo en la liga del barrio. Aunque finalmente el mejor equipo no es el ganador, no hará falta llegar a la perfección, pero si a la total convicción de que ganar no es lo más importante de esta historia, sino los valores de cuidado, respeto y cohesión.

Recomendamos con ilusión Martina Futbolista en este mundo de gran afición futbolística, del que participan peques de todas las edades. Este precioso, grande y colorido álbum ilustrado es para todes, para leerlo muchas noches antes de dormir, mejor en familia, y especialmente estas vacaciones. Leer es absolutamente compatible con hacer deporte. Igual pasión por el fútbol que por la lectura. Prometo seguir intentándolo.

¡Hasta pronto!

Sauvage

Por Charo Alises (@viborillapicara)

#CineLGTBI

 

Película francesa de 2018 dirigida por Camille Vidal-Naquet. Léo (Félix Maritaud) es un joven de 22 años que vende su cuerpo por algo de dinero. Los hombres pasan por su vida y él solo busca afecto allí donde pueda conseguirlo.

El director comentó que empezó la historia con un personaje, una energía. Un joven solitario que camina de un encuentro a otro, anhelando el amor, impulsado por una capacidad de amor inextinguible que lo mantiene en marcha, sin importar el mundo violento que lo rodea. Vidal escribió un primer borrador del guión y comenzó a reunirse con jóvenes chaperos en el Bois de Boulogne , un lugar conocido para la prostitución en París, a través de una organización benéfica. Solo pretendía entrar en contacto con unos pocos vagabundos pero noche tras noche forjaró fuertes lazos con las personas que conoció allí y acabó pasando tres años en ese lugar. Todos estos encuentros le ayudaron a impulsar la escritura del guión.

Lo que más llama la atención de la película es que, a pesar de las cosas violentas que Léo soporta, lo envuelve todo en una profunda ternura. El protagonista utiliza trucos para conseguir momentos de dulzura cada vez que tiene ocasión, para besar a alguien, o para tomar a un hombre en sus brazos. No comparte el cinismo o desapego de sus compañeros de trabajo. De hecho, le reprochan su actitud que se percibe como una falta de profesionalidad.

Léo lleva su placer dondequiera que lo encuentre mientras que el resto de hombres que se prostituye lo hace exclusivamente para ganar dinero. A diferencia de los otros, Léo dice: «beso». No le importa el dinero: nunca cuenta el dinero que gana, nunca aparece en la película gastando nada. No está apegado a nada material. Él está en otra parte. Una de las cosas raras que no regala es su nombre de pila… Desde el primer borrador, el realizador no quería nombrar a un solo joven en la calle. Como si su identidad secreta fuera su posesión más preciada. La mayoría de ellos piensan en la prostitución como un actor que interpreta un papel: por unos minutos se convierten en otra persona, en un personaje que es diferente para cada cliente. Cuando Claude, el cliente que vive en Canadá le pregunta su nombre Leo responde: Llámame como quieras, comentaría el realizador.

Leo es un personaje muy solitario, pero esa soledad es también su fuerza. Según el director, Léo goza de absoluta libertad, con todos los aspectos aterradores y admirables que conlleva. Tal libertad es como la de Kerouac cuando escribió: «No había ningún lugar a donde ir excepto a todas partes». Esa libertad es como la de Mona en «Sin techo ni ley» de Agnès Varda (Sans Toit ni loi): al negarse a cumplir con las normas sociales, al negarse a imponerle nada, el personaje experimenta una vida dura en la calle como su propia normalidad. En mi película, Léo nunca se queja de su trabajo o de sus condiciones de vida. Es un personaje enigmático, no sabemos nada de sus antecedentes.

La película no te invita a tratar de entender cómo y por qué Léo ha terminado aquí, sino a vivir con él, a compartir los momentos vertiginosos de su viaje. Es una experiencia bastante sensorial: lo que el director quería era reproducir su cabeza y hacer que el público experimentara la sensación de deslumbramiento y desorientación que provoca la exclusión.

A la hora de escribir el guión, el realizador, según contó, tuvo en mente a Mona en Sin techo ni ley, también pensó en Paul Newman en La leyenda del indomable: Este tipo soñador, fuera de contacto con la realidad, que se encuentra en la cárcel entre matones reales. Luke es un inadaptado, un poeta de otro tipo, pero es intrépido, soporta la violencia y las humillaciones y siempre se recupera. Hay una cualidad radiante alrededor de él que ilumina ese ambiente sombrío. Me impresionó este personaje que nunca pierde el corazón. Parece frágil, no apostarías por él, pero eventualmente aguanta hasta el final, a diferencia de los otros, que no tienen su capacidad de resistencia. Su fuerza proviene de su humanidad y de la alegría que difunde a su alrededor. Del mismo modo, en «Sauvage», Léo, con su inocencia y su comportamiento a menudo infantil, está fuera de sincronía en este ambiente donde todo el mundo se ha endurecido y está luchando por sobrevivir. Al principio pensamos que no lo logrará, pero su resplandor, su fortaleza lo convierten en uno de los tipos más duros que hay.La película aborda la relación con nuestros cuerpos: como los maltratamos, como los cuidamos. Cuerpos, piel, manos están siempre presentes en la cinta.

Comentaba el realizador que ,a diferencia de los acompañantes que trabajan en Internet, los jóvenes que viven y se prostituyen en la calle no tienen fácil acceso a la higiene, la comida ni al sueño. Por lo tanto, sus cuerpos a menudo sufren dolor, están dañados, carecen de la atención y el cuidado necesarios. Sin embargo, sus cuerpos siguen siendo objetos de deseo. El reto era reconciliar estos dos aspectos de manera efectiva en la película.

Sobre el tratamiento del color , dependiendo de las escenas, las sombras de la piel, su calidez y textura están armonizadas con precisión, a veces empujando hacia el erotismo y otras en cambio, dirigiéndose hacia pieles raídas, casi enfermizas porque la piel de los actores cuenta mucho de lo que ocurre en la historia.

El director quería filmar la desnudez y hacerla parecer normal. Estos jóvenes exponen sus cuerpos simplemente porque son sus herramientas de trabajo. Durante la fase preparatoria, antes del rodaje, Valven pidió al coreógrafo Romano Bottinelli que preparara los cuerpos de los actores para que aprendieran a utilizarlo como una herramienta, sin mostrar ningún signo de vergüenza o vacilación. Y sobre todo, para el director, era crucial que su lenguaje corporal fuera diferente al de los clientes, por eso los actores que les dan vida no recibieron ningún entrenamiento físico antes del rodaje. De esta forma, en la película, los clientes son mucho menos elegantes que los chicos de la calle, sus cuerpos se ven más pesados, más torpes.

El cuerpo de Léo es a menudo maltratado, muestra lo difícil que puede ser la vida en la calle. Sin embargo, a él se le ve fuerte, poderoso y libre en la película. A propósito de esto, el realizador comentaba que cuando Léo baila y suda, en escenas de club, podemos sentir su energía, su resistencia, esa fuerza viva interior.

La intención de Valven era retratar la vida cotidiana de los trabajadores sexuales callejeros y cómo el ritmo de esa vida diaria está determinado por una sucesión de actos sexuales. Estos jóvenes son trabajadores invisibles, nadie los quiere ver y sin embargo no se puede prescindir de ellos. La película muestra como es la vida de estos chicos que subsisten gracias a su sexualidad. Ellos son los que tienen que lidiar con las violentas fantasías de los habitantes de la ciudad. Conocen las preferencias sexuales de los clientes, sus frustraciones, su soledad y también las formas de sexualidad invisibles como las de los hombres con discapacidad o los ancianos.

Esta diversidad revela la ternura de Léo, su tendencia a ser desplazado fácilmente, a entregarse, pero también a veces su imprudencia, su falta de discernimiento, su lado infantil, que parece tan fuera de lugar respecto a su trabajo. Cuando conoce a Claude, Léo intenta parecerse a algunos de sus colegas. Se comporta de forma mecánica, fría, cínica. Trata de ser un auténtico profesional, como sus compañeros de oficio.

El rodaje se hizo con un equipo pequeño. El director quería tener completa libertad para filmar desde diversos ángulos durante las tomas. Su intención era que la cámara fuese parte del equipo. A pesar de esa forma de rodar que el propio realizador calificaría de salvaje, Valvan pretendía que todo fuera preciso, con muy poca improvisación durante la filmación. El director indicó a los actores que dijeran sus líneas sin modificarlas para que coincidieran con la idea que él tenía en mente. Por otra parte, la intención era conciliar esa meticulosidad a la hora de rodar con momentos de energía fuera de control.

Sobre la elección de Félix Maritaud para el papel de Léo, el realizador comentó que lo que más le impresionó de él es que no tenía miedo de nada. Es un actor capaz de hacer cualquier cosa, perderse por completo en su personaje, cualquiera que sea la escena. Según Valven, Félix posee mucho instinto y determinación.

Para Maritaud, la libertad de Leo implica también una forma de soledad. Decía el actor que la libertad de su personaje reside en el hecho de que su cuerpo no está atado por un sistema productivo, ya sea la educación superior, un trabajo, una hipoteca, etc. Su soledad se debe a su pertenencia a un sector de la sociedad marginado y precario. Hoy nadie vive de una manera tan primitiva. No necesita un teléfono móvil para ponerse en contacto con la gente, se las arregla solo con su cuerpo, su presencia, su suerte. Con Camille hemos trabajado mucho su animalidad. Léo agarra las cosas casi como si fuera siempre la primera vez. La forma en que reacciona físicamente es muy directa. Hay una especie de conciencia instantánea sobre él, nada es calculado, manipulado o sistemático.

Sobre la relación que su personaje tiene con su amigo Ahd, Maritaud comentaba que puedes sentir que están unidos por la misma historia, se conocen desde hace mucho tiempo. Léo está asombrado de Ahd, de una manera algo enfermiza, mientras que Ahd no sabe lo que quiere. De alguna manera son personajes opuestos: Léo es siempre abierto y totalmente desinteresado, mientras Ahd sigue repitiendo que no es gay, él siempre está ahí controlando.

Respecto a la importancia de las drogas en la vida de Léo, para Maritaud era tan simple como que estaban allí a su alrededor y una vez que las prueba se convierte para él en un hábito.

Sobre la preparación de su personaje Felix Maritaud comentó que en la escuela de arte, había trabajado mucho en el uso del cuerpo y la sexualidad con fines políticos, no sólo en términos teóricos, sino también a través de actuaciones reales. Esta forma de liberar al cuerpo de sus inhibiciones le ayudó a acercarse al personaje. Al final del rodaje, el actor tuvo una pequeña fase rebelde. Esto vino después de seis semanas cuando había pasado la mayor parte del tiempo siendo manipulado, rechazado, manoseado… Maritaud experimentó el mismo tipo de saturación que sintió el propio Léo,

Para el actor, el desafío con este personaje era como tomar un paisaje devastado y encender una llama en el medio que aligeraría el resto. Se podría decir que lo que es insondable viene del exterior, y que Léo rompe esto haciendo todo completamente humano. Cuando empezamos a trabajar en el personaje, sentimos que teníamos que hacerlo absolutamente radiante, de lo contrario habría sido demasiado deprimente para todos. Y políticamente, habría sido un error idealizar a un personaje que hubiera sido el arquetipo del tipo que se siente mal. Lo que hicimos fue lo contrario: todo va mal en la vida de este tipo, pero sigue siendo luminoso.

 

Homofobia y mentiras: la vida sexual de los sacerdotes en el seno de la Iglesia

 

Hoy recomendamos La casta de los castos, de Marco Marzono, publicado en España este mes de junio. Una exhaustiva investigación antropológica que retrata la vida en comunidades cerradas como los seminarios, y las complejas relaciones de dominación, no solo sexual, que existen en la institución de la Iglesia entre sacerdotes.

Fruto de años de investigaciones y decenas de entrevistas con sacerdotes y ex-sacerdotes, el sociólogo italiano Marco Marzano nos ofrece una perspectiva lúcida sobre la vida sexual del clero. En la práctica, solo el 10 % respetarían los votos de castidad y la gran mayoría que optan por la carrera sacerdotal serían homosexuales. En los seminarios operan mecanismos perversos a través de los cuales la mentira, el silencio y la negación se vuelven funcionales para la organización de la Iglesia. Hombres entrenados para ocultar su esencia más íntima, sus emociones y deseos. En el mejor de los casos, esto les permite desviarse de la norma y aceptar su propia sexualidad. Otros nunca llegan a un acuerdo en su relación con el sexo y terminan, en el peor de los casos, convirtiéndose en abusadores.

¿Por qué defiende la Iglesia católica el voto de castidad de los sacerdotes y cómo aborda la delicada cuestión de la afectividad de los clérigos? ¿Cómo transforman decisivamente los años de seminario la relación con la sexualidad de los futuros sacerdotes? Marco Marzano intenta responder a estas preguntas en este ensayo documentado mediante un riguroso análisis de la literatura científica y, sobre todo, a través de decenas de entrevistas en profundidad con sacerdotes y personas que han abandonado el sacerdocio. El cuadro que emerge es un corte transversal de la vida íntima de una clase sacerdotal formada desde los seminarios por la institución a la que pertenece para ocultar una parte de la existencia en lugar de vivirla plena y serenamente.

De las palabras recogidas durante años de trabajo de campo surgen historias personales de dolor, tormento, soledad, pero también un sistema de mentiras y secretos que produce consecuencias dramáticas para los propios sacerdotes y para toda la comunidad cristiana.

«Para Marzano, uno de los fines principales de los seminarios es inculcar la castidad y la obediencia. Si el objetivo último fuera el mero estudio de la teología, ¿por qué esa necesidad de sacar a los seminaristas de sus casas y concentrarlos en un edificio único con poco contacto con el exterior.»

Emilio de Miguel Calabia, ABC

Sobre el autor:

Marco Marzano es profesor titular de Sociología en la Universidad de Bérgamo, uno de los fundadores de la revista Etnografia e Ricerca Qualitativa y colaborador de Il Fatto
Quotidiano.it. Entre sus publicaciones se encuentran Cattolicesimo magico: Un’indagine etnografica (2009), Quel che resta dei cattolici: Inchiesta sulla crisi della Chiesa in Italia (2012), La società orizzontale: Liberi senza padri con Nadia Urbinati (2017) y La Chiesa immobile: Francesco e la rivoluzione mancata (2018)

 

Azul II

Por Sara Levesque

 

Y entonces, la vi. Una mujer diferente a las demás que me hechizaba porque no seguía el maldito guion. Con piernas tan eternas dentro de su pantalón verde tirando a marrón. Aparentaba una silueta angulosa desde lejos, apuñalando el suelo con sus zapatos de tacón. Sus cabellos cobrizos de seda natural, más esponjosos que el algodón, me hicieron creer que era la viva imagen de la pasión. De piel de raso tropical, quise esnifar su aroma por completo, aunque, por defecto, me llevase un sonoro bofetón.

Su flor fue lo que más me enamoró. No era de las que se ponen en la solapa o tiesas en un jarrón. Una flor en la que, cuando hace calor, siempre apetece darse un chapuzón y, si el clima es frío desilusión, reconforta más que atiborrarse en la soledad devorando un bombón. De la que nunca te sacias y se lo expresas gimiendo a pleno pulmón. Aquella flor exótica entre su jardín sin corrupción brotaba brillando con cada lametón. Parecía estar en llamas y resultó ser ese tipo de luz que uno tanto ama sin pedir perdón.

Y entonces, apareció junto a ella. Existía una mariposilla que se atrevió a volar. Sus alas eran las más alegres que haya apreciado mi mirar. De colores vivos, teñidas de un potente amarillo solar. En cada una se apreciaba un punto azul verdoso simulando el tono del mar. Su revoloteo era muy irregular, casi podría asegurar que rozaba lo bipolar. Cuando la sentía, solo ansiaba empaparme con su aletear.

Ascendía por mi vida exhibiendo su estelar danzar y descendía por mis miedos, que solo ella era capaz de abrazar cuando me echaba a temblar. Habitaba en mi pancita, ahí practicaba su gran salto mortal. Sabía que no me quería dañar, pero surcaba mis días con tanta ferocidad que, a veces, me lograba asustar. La mayor parte del tiempo me hacía sentir fenomenal, audaz, valiente y colosal. Debo confesar que, en ocasiones, deseaba que se largara y me dejara en paz.

Esa mariposilla revoloteaba sin parar. Impregnada del aroma de ella, que no me cansaba de esnifar. Así me susurraba que no me olvidase de que la quería recordar, de que no me dejase amilanar si algún día encontrase el valor necesario para preguntarle si le apetecía que nos ilumináramos un ratito en particular.

Ella no sabía de género, tiempo ni edad. Solo vivía en mí porque le rodeaba su esencia tersa y veraz. Me confesó que aborrecía el frío polar. Y yo aprendí a mudarme del hielo al que llamo hogar para que no se sintiera dispar. Construí para ella un cálido lugar repleto de flores de mil colores por las que pudiera retozar. A mi mariposilla le confesé desde la oscuridad de mi soledad que, de aquella mujer diferente a las demás, me llegué a enamorar.

Es verdad que nos unió el color del optimismo y la bonanza: el azul.

Azul celeste. Azul silvestre. Azul de cualquier techo que se acueste. Azul añil. Azul abrazando todo el mes de abril. Azul pacífico. Azul nada terrorífico. Azul calma. Azul comiendo de mi palma. Azul con que mi corazón se empalma. Azul que revive la paz en mi alma. Azul zafiro. Prefiero el azul del estanque del Retiro. Azul del arbitrario aire que aspiro.

Azul Antártida helada. Azul frescura abrigada. Azul aguas marinas. Azul de las ascuas en ruinas. Azul para bañarse. Azul donde sanarse. Azul para chapotear. Azul similar a un sosegado mirar. Azul lágrimas de cristal. Azul lluvia torrencial. Azul temporal bajo el que charlar. Azul abrigándonos al son de su ventoso cantar.

Azul taciturno cielo nocturno. Azul nomeolvides. Azul tú decides. Azul burbuja. Azul que el firmamento sobre el mar dibuja. Azul que a sus aguas empuja. Azul de tus vaqueros. Azul chapoteo o crucero. Azul marino. Azul para bailar blues saboreando un vino. Azul delfín. Si su azul representa la tranquilidad, que sea un azul sin fin.

© Sara Levesque

 

 

 

¿Nuestro Orgullo?

Viñeta de Teresa Castro (@tcastrocomics)

 

 

Educación y colectivo LGTB+: una necesidad activista

Por Elena Flores

 

Ahora que está cerca la fecha del Orgullo, vemos a miles de abanderados LGTB+ alzar la voz para clamar por la necesidad de políticas y espacios seguros para el colectivo. El mes de la diversidad se convierte cada año en una gala donde influencers, empresas y políticos aspiran a ganarse los likes de un colectivo sensible que en junio se convierte en marca y el resto del año se ve ninguneado por el devenir capitalista y patriarcal.

La realidad es que cada junio el pinkwashing reaparece para apropiarse de una reivindicación que los activistas mantenemos los 365 días del año. Sin embargo, hay entidades que se suman a esa ola de venta que favorece que los pregones y las galas de premios, incluso las marchas —que han pasado a llamarse coloquialmente cabalgatas del Orgullo con todo lo que su semántica implica— se llenen de supuestos aliados que lo único que hacen por el colectivo es cobrar por ceder su imagen para vender el mensaje de que todo está ganado.

Sin embargo, este año parece que el devenir del mensaje reivindicativo es otro y que, al fin, estamos poniendo el foco en algo que podría ayudarnos realmente a lograr los objetivos que la agenda LGTB+ se marca. Por fin, alguien ha tenido la inteligente idea de reivindicar la Educación como garante de derechos y dejarse de ahondar en cuestiones superficiales que no arreglan nada si no modificamos el sustrato.

Como profesora me siento en la necesidad de decir alto y claro un “ya era hora”. Pero es que, además, como profesora que sufrió acoso laboral por ser lesbiana, asumo aún más la necesidad de que este año empiece a ser un antes y un después a la hora de plantearnos cuáles van a ser las peticiones que generemos a la hora de reivindicar derechos y cuáles van a ser las líneas que se sigan a partir de este momento.

Para mí—y creo que para muchas otras personas también— es esencial que sean la Educación y la Cultura las que sustenten el cambio que tanto perseguimos, pues estas son el único garante de democratización y liberación de estigmas que tenemos al alcance de nuestras manos durante todo el año y no cuando nos convertimos en el objeto de una campaña de marketing.

Ahora que a muchos políticos se les llena la boca hablando de Educación en valores, mientras que los discursos reaccionarios colonizan Europa, es el momento de incidir en que los valores más importantes para una estabilidad política y de paz son la tolerancia y el respeto.

Por eso es hora de asumir que, frente a lo que ocurre según ha concluido el estudio de la FELGTBI y CC.OO donde se corrobora que 4 de cada 10 docentes sufrimos actos de LGTBIfobia durante el desarrollo de nuestra labor docente, asegurar que el profesorado y todos los agentes educativos mantengan ese diálogo de tolerancia de manera incesante debe ser nuestro objetivo primordial.

Por eso ahora que quedan pocos días para que llegue el 28 de junio y salgamos a la calle a reivindicar nuestros derechos, planteémonos de dónde venimos y hacia dónde vamos para que a partir del 1 de septiembre, cuando llegue la vuelta al cole, sepamos cuál va a ser la línea argumental que vamos a seguir para erradicar el odio que contra nosotros se vuelca.

 

Rainbow pride flag flying in the daytime breeze. Original public domain image from Wikimedia Commons

Hasta aquí hemos llegado

 

Hoy recomendamos «Hasta aquí hemos llegado», un libro colectivo publicado por Egales, con prólogo de Eduardo Rubiño, que sigue estando de gran actualidad.

El movimiento LGTBIQ+ parece estar en horas bajas. El mensaje que lanzan las asociaciones y colectivos tradicionales llega a la ciudadanía cada vez con mayor dificultad mientras los discursos de odio siguen avanzando de manera imparable.

Pero ¿existe otro activismo fuera del asociacionismo? Fuera de esos ámbitos, hay muchas más voces dispuestas a ofrecer ideas nuevas. Hay activismos más allá del activismo tradicional que conocemos y ha llegado el momento de hacer resonar esos mensajes que pueden abrirnos nuevos caminos y devolvernos la esperanza en un futuro mejor que tanto necesitamos. Es el momento de pararnos a conversar entre nosotras y gritar con rabia: «¡Hasta aquí hemos llegado!».

«Hoy más que nunca necesitamos sentir que allí donde alguien sufra una agresión no va a encontrar soledad, sino una familia dispuesta a protegerlo. Necesitamos ocupar con la cabeza bien alta todos los espacios sabiendo que nos tenemos los unos a los otros. Y que quienes se atreven a atacar a alguien por vestirse de una determinada manera o por ir cogido de la mano con su pareja sepan también que no van a quedar impunes y que tendrán respuesta. Sabemos que la LGTBIfobia se combate sobre todo abordando las causas, apostando por la educación, transformando la cultura y cerrando la puerta a los que inoculan y construyen el odio».

Del prólogo de Eduardo Rubiño

Con textos de:

Juanma Samusenko

Enrique Aparicio

Darío Gael Blanco

Elena Marín Serrano

Ártemis López

Carlos Carvento

Arte Compacto (Juanra Sanz y Bernardo Pajares)

Lidia García

Nacho Esteban

Carlos Barea

Vicent Lozano Gil

Jimena González Gómez

Ramón Martínez