Entradas etiquetadas como ‘Diversidad’

Día del orgullo hetero

Viñeta de Teresa Castro (@tcastrocomics)

 

La enfermedad eres tú

Por Mar Tornero (@MarTornero)

Vicepresidenta del Colectivo GALACTYCO,

de Gais, Lesbianas, Bisexuales y Trans

de Cartagena y Comarca.

 

No le hemos creído, Doctor. No nos creemos que Ud. haya escrito en el epígrafe “Enfermedad Actual” la palabra “homosexual” por un simple error, aunque ese epígrafe sea el saco donde se vierte cualquier apreciación que el facultativo considere importante. Para cualquiera con el pensamiento imbuido de respeto y conocimiento sobre la realidad LGTBI ambas apreciaciones juntas le provocarían una sonora alarma, como si leyera “sexo débil” y “mujer”.

Porque la historia de nuestra civilización ha considerado durante siglos que la homosexualidad era una tara maligna a la que había que machacar, extirpar, condenar, reprimir. Porque la homosexualidad ha sido motivo de mofa, de desprecio, estigmatización, rechazo y violencia. Y porque, aún hoy, nos cuesta mucho sentirnos en igualdad de trato en este país, siendo uno de los más avanzados en respeto al colectivo LGTBI.

No nos lo creemos porque Ud., estoy segura, nunca escribe “heterosexual” en ninguno de sus informes, porque no considera relevante esta orientación sexual, a pesar de que las relaciones sexuales entre hombres y mujeres tienen potenciales peligros que no tienen las relaciones entre personas del mismo sexo. No indica “heterosexualidad” porque la da por hecho hasta que alguna paciente le cuenta lo contrario, como si le contara algo especial. No lo objeta porque en sus creencias es la que considera dentro de su normalidad, siendo las demás circunstancias tolerables pero extrañas, algo ajeno al seudocientífico conocimiento de que la sexualidad es solo la capacidad humana para procrear, esa cosa que nos lleva a que nuestros genitales se pongan en funcionamiento, siendo todo lo demás desviaciones de la maquinaria llamada cuerpo humano y que pueden meterse en el saco de “circunstancias patológicas”.

En la actualidad sabemos que ser homosexual no es una enfermedad, ni provoca enfermedades. Sabemos que ninguna orientación sexual es causa de patología alguna. Sabemos también que quien considera a gais, lesbianas, bisexuales o trans como seres tarados o patologizados es un cafre ignorante, aunque cuente en su haber con infinitos conocimientos de otra índole. Ya podría Ud. haber descubierto la manera de revivir a un muerto y ser merecedor de un Premio Nobel por ello, yo seguiría pensando que es ignorante de algo básico y esencial para millones de personas: el respeto a su dignidad, demostrando con ello que adolece de la base sobre la que sustentar todo aquello que ha construido con su intachable currículum.

En esta España avanzada necesitamos más formación y conocimiento sobre diversidad, esa diversidad que desmonta algunos privilegios del ser hegemónico para acoger con completa normalidad y en igualdad la diferencia, sin extrañezas, sin singularidades que nos mortifican por tratarse de minorías. Las personas homosexuales hemos vivido rompiendo absurdos esquemas culturales profundamente arraigados en nuestro civilizado occidente, hiriéndonos en esa ardua tarea. Personas como Ud. deberían darnos las gracias por estos avances, dignificándonos así la herida, y ya que ocupan un lugar seguramente merecido por su ciencia y excelencia, arrimar el hombro en su quehacer cotidiano siendo ejemplo de lo que nos hace más grandes: ampliar el espacio para sentir nuestra dignidad intacta y nuestras libertades, abandonar los clichés contra los que nos hemos dejado la piel.

La enfermedad está en considerarnos enfermos, ténganlo claro, así como en la pasividad institucional frente a estos “errores”.

 

*Participa en esta petición colectiva para formar en diversidad sexual y de género 

 

Presunción de heterosexualidad

Viñeta de Teresa Castro (@tcastrocomics)

 

Bibliotecas Humanas. Escuchar para entender.

Por Charo Alises (@viborillapicara)

 

Entre las iniciativas para promover el respeto y la empatía, encontramos una propuesta muy original y efectiva: las bibliotecas humanas. Las bibliotecas humanas se basan en la importancia de conocer diferentes experiencias para compartir vivencias y, de ese modo, humanizar a quienes nos pueden parecer diferentes .

Este proyecto nace en Dinamarca en el año 2000 cuando Dany Abergel, Asma Mouna y Ronni Abergel idearon una actividad para poner remedio a la oleada de violencia nocturna que sufría Copenague , después de que un amigo común fuese apuñalado brutalmente. Empezaron con la ONG Stop the Violence llevando a cabo una campaña de sensibilización y educación dirigida a despertar la conciencia de la juventud sobre la violencia . Del éxito de esta actividad nacieron las Human Library como movimiento internacional.

Son bibliotecas con “fondos humanos”. No se prestan libros, se prestan personas para conversar con otras y exponerles sus circunstancias. La idea es compartir historias de vida que rompan estereotipos y nos acerquen realidades que consideramos ajenas. Estos libros humanos son peculiares ya que pueden variar dependiendo del momento en que se lean ya que están escritos en la tinta indeleble de la tradición oral.

«Human Library at University of Essex» by University of Essex is licensed under CC BY 2.0

Las personas que se ofrecen como libros humanos para formar parte de esta original biblioteca, lo hacen de forma totalmente voluntaria y gratuita. Suelen ser personas migrantes, enfermas, refugiadas, con alguna discapacidad, personas con situaciones complicadas que tienen una historia de la que podemos aprender. Compartiendo sus vivencias, quienes escuchan a estas personas, conocen nuevas realidades y empatizan con su situación, rompiendo prejuicios, fomentando el diálogo y el respeto entre gente de diferentes países, culturas, religiones, capacidades, formas de vivir, de amar y de sentir.

Las bibliotecas humanas ofrecen títulos tan interesantes como “Soy refugiada”, “Soy autista”, “Vivo en la calle”, , “Soy una persona trans, “Crecí en un orfanato, “Sufrí abusos sexuales”, “ Creo en el poliamor o “Vivo con VIH. Son historias llenas de vida que proporcionan una visión que combate los prejuicios.

Las sesiones suelen tener una duración de veinte minutos o media hora y se trata de conversar con esa persona a la que también se le puede preguntar. Como explicó Daniel Goldin, director de la Biblioteca de Vasconcelos en México, a El País en una entrevista concedida a este periódico el 23 de febrero de 2016:

Cualquier persona posee un saber que puede compartir, y lo que hace este formato es reconocer el saber, no tratar al público sólo como una persona ignorante que viene a conocer algo nuevo sino como una vasija llena que puede compartir y enriquecer a otras personas. Se trata de romper la barrera entre el creador y el público

Más de ochenta países cuentan con bibliotecas humanas. El éxito de la experiencia danesa animó a replicar la idea en otros lugares Rumanía, Islandia, Noruega, Canadá, India, Estados Unidos y Portugal siguieron la estela de Dinamarca. En España existen bibliotecas humanas en Madrid, Barcelona o Sevilla.

Más información aquí: Guía Biblioteca Humana

 

«Human Library at University of Essex» by University of Essex is licensed under CC BY 2.0

Vidas contagiosas, aulas limpias

Rodrigo García Marina (@rodrigogmarina)

 

A efectos prácticos, si algo podemos ver con claridad tras las decisiones políticas del gobierno de extrema derecha húngaro son algunas de las debilidades de los argumentos que, en el pasado, empleamos para defender a nuestra comunidad LGTB. Hace unos meses, cuando las personas trans ponían el cuerpo en los espacios virtuales y políticos para la aprobación de la Ley de autodeterminación de género, fue común volver a una noción ingenua del derecho. Se consideraba que la razón última para la aprobación de esta misma ley era un sustrato inherente a ese cajón del desastre denominado “Derechos Humanos”, el cual pareciera contener una serie de derechos naturales obviando que la historia de la justicia es justo una historia de la lucha por alcanzarla e incluso, si decidimos ir más allá, un constante ciclo de su paulatina ganancia-pérdida. Sin dar por válida la consecución argumentativa de los multiculturalistas políticos, cabe aceptar una de sus contraargumentaciones: estos “Derechos Humanos” son un tipo de derechos que solo se exigen fuera de la comunidad occidental. Lo cual, más allá de las buenas intenciones, indica que, si las personas trans son personas, todavía queda alguien-algo en el límite que coteja lo humano y transita el plano de la monstruosidad.

Hannah Arendt en “Los orígenes del totalitarismo” nos explica que, a lo largo del siglo XX, pese a existir una noción común de ser humano, los Estados consintieron que distintos grupos sociales, étnicos, sexuales quedaran fuera de la jurisdicción. “Quedar fuera” de la regulación jurídica es ante todo estar al margen de la norma en un sentido menos obvio de lo que quizá esta frase pretende. Pues quien queda fuera, no solo está excluido por una vía negativa del disfrute de una serie de garantías que lo convierten en sujeto jurídico, sino que se expone a la vulnerabilidad de la imposibilidad real del afuera. Por eso, el margen no es un margen como tal, sino una posición política de subordinación totalizante produciendo, como señala Butler, que estas personas no solo vivan ausentes de derecho, sino que la ley misma les conduce a problemas. Por ejemplo, cuando un policía interpela constantemente a una persona racializada en la búsqueda de “los papeles”. En definitiva, en la búsqueda del afuera con el que cualquier entidad jurídica puede oponerse a quien no queda bajo la regulación positiva de la ley.

La cuestión es más capciosa de lo que cualquiera primeramente pudiera llegar a imaginar. Cabe preguntarse qué se prohíbe realmente cuando se prohíbe hablar sobre cuestiones LGTB en un aula y por qué en un aula y no, por ejemplo, en la parada de autobús, el supermercado o el hospital. Lejos de lo que las campañas de desprestigio han querido vender tanto en Hungría como en España con el auge de la ultraderecha, la promoción de diversidad sexual en las escuelas son proyectos didácticos cuyos objetivos quedan difícilmente definidos en el momento en el que es complejo calibrar para quiénes sirve. En el plano de lo político ocurre que la aprobación de medidas para particulares afecta al cómputo total del grupo. Pongamos un ejemplo: si se adecúa el espacio para que personas con diversidad funcional puedan acceder más fácilmente al aparcamiento, la virtud política no se ejecuta exclusivamente sobre las personas que por sus capacidades físicas tienen una mayor dificultad para operar en carretera. También transforma la totalidad de la sociedad, haciendo entender que determinados sujetos requieren de determinados servicios de los que otros quedamos exentos. Por ello, la educación en diversidad sexual puede serle de utilidad a aquel menor LGTB que se encuentra habitualmente en una situación de exclusión escolar para entender que no es la única persona en el mundo de su condición y que, de hecho, el mundo, pese a las distintas regulaciones y persecuciones sexuales a lo largo de su historia y geografía, posee dicha diversidad. Y también sirve para desenmascarar a acosadores y cómplices, para sensibilizar a compañerxs que a partir de ese momento pueden decidir “poner el cuerpo” como escudo. Ese cuerpo que nos obligan a “poner”, no permitiéndonos salir de núcleos de auto referencialidad constante y que nos hace estar tan cansadxs. Compañerxs: ¡necesitamos tantos escudos solidarios! 

Althusser, un filósofo marxista estructuralista francés explicó que, en la medida en la que el policía dice “alto” y te para, el poder interpela a las personas. Esta interpelación en el análisis del discurso reparte unos papeles muy distintos entre conversadores. Una de las cuestiones que más pudo consternarme durante el prolongado debate de la “Ley Trans” fue el torticero cambio de tornas. Se puede, y, de hecho, por salud democrática, se debe ser críticxs con los anteproyectos de ley en términos generales. Sin embargo, lo que podría haber sido una discusión acerca de la garantía jurídica rápidamente se convirtió en una cuestión ontológica donde las mujeres trans, para la ultraderecha y algunxs activistas de izquierdas, eran simplemente hombres travestidos con infinitas ganas de entrar en las cárceles y baños públicos para así poder violar a las mujeres cis. Estas barbaridades, junto con las falacias voluntaristas de la identidad y la orientación (habría que preguntarles si acaso ellxs eligieron su condición sexual o si fue, más bien, un modo complejo de expresión con el que viven) lo único que señala es algo que, lejos de ser nuevo ocurre desde hace siglos: la imperiosa lucha por marginalizar nuestras vidas y volverlas contingentes frente a la seudonecesidad cisheterosexual. Toda esta infamia, entre otras cosas, tan solo ha servido para proporcionarle puestos de poder en redacciones a determinadas personas (espero que estén contentxs con el espectáculo montado a costa del dolor ajeno) y generar una imposibilidad de debate acerca de la garantía jurídica y la protección no exclusoria de distintos colectivos.

Sin embargo, esto no ha podido darse sin el surgimiento de una palabra contagiosa y la lucha por la toma del lugar de enunciación. Sigo observando con sorpresa cómo estxs activistxs de izquierdas llevan más de un año tuiteando diariamente sobre las vidas trans. Obviando justo lo esencial: que el anteproyecto de ley acoge vidas y que estas vidas son usualmente precarias. ¿Acaso no existían más problemas sociales? ¿No era necesario alzar la voz a raíz de otras injusticias? El absurdo es tal, que se ha llegado a exigir responsabilidades políticas a la ministra de Igualdad tras la barbarie de la violencia vicaria como una falsa consecuencia compartida con la defensa de la Ley Trans.

Cualquier persona es crítica frente a determinadas cuestiones del tipo que sean, incluso de aquellas que no nos interpelan directamente, pero ¿qué es aquello que nos conduce a enunciarlo día tras día? La interpelación del poderoso. En la medida en la que alguien habla, la otra persona calla pues si no, no podría mantenerse una conversación. En pocas ocasiones consentimos que alguien nos interpele durante el tiempo que quiera sin necesidad de obtener una respuesta por nuestra parte. Las palabras contagiosas, las que por lo visto pregonamos, producen un radical daño en la infancia, en la familia, en la regulación heteronormada de producción social. Necesitan fuerza de trabajo empobrecida e imágenes culturales que reproduzcan el futuro de la servidumbre. Nuestras palabras, como nuestras vidas, cumplen la virtud de ser peligrosas en su contagio. Pues en la medida en la que se expresan, evidencian otro modo de estar en el mundo permitiendo que potencialmente el testigo se libere. La transición política de orden mundial hacia un espectro más conservador requiere del borramiento de lo monstruoso: aquello cuya condición es mostrar o revelar en sueños la existencia de otra cosa. No son acciones disparejas. La paulatina precarización de las relaciones laborales y el empobrecimiento produce sumisión. La muerte del tejido sindical produce sumisión. La a-historización del mundo produce sumisión. Que nuestras vidas no puedan ser vividas produce sumisión.

Seamos víricas. Tomemos sus tribunas, pongamos nuestra voz.

 

«Happy Gay Pride?» by A.Davey is licensed under CC BY-NC-ND 2.0

¿LA FAMILIA? BIEN, GRACIAS

Juan Andrés Teno (@jateno_)

Tras la brevísima intervención de Ana Iris Simón hace unos días en un acto organizado en el Palacio de La Moncloa han surgido una legión de opinadoras y opinadores que se posicionan, no ya contra las ideas expuestas por la escritora, si no alrededor del concepto de familia, en singular, que parece ser que familia solo hay una.

Estos artículos vienen impregnados de una supuesta posición progresista, de izquierdas, y han fijado su atención en las intrínsecas maldades que trae consigo la familia, siempre en singular, y concibiendo la misma como la integrada por progenitores heterosexuales con hijos.

Retrocedamos en el tiempo. Hace 16 años las fuerzas reaccionarias de este país, la jerarquía de la iglesia católica y el Partido Popular, llevaron a centenares de miles de personas a Madrid para manifestarse contra el matrimonio de personas del mismo sexo. Acudieron a la llamada del Foro de la Familia para que toda la orbe no olvidara que solo existía un modelo de familia: La conformada por un padre y una madre con hijos en común.

Ese mismo modelo de familia es el que ejemplifican en estos momentos quienes critican las palabras de Simón y por tanto hacen el mismo ejercicio de reduccionismo ideológico que los que se lanzaron a las calles en el 2005.

Aquella llamada a la cordura carpetovetónica de una España provinciana pareciera que había quedado sepultada por las vivencias de una sociedad avanzada que reconoce y aplaude los distintos modos de familias, en plural, por que hablar de familias es hablar de heterogeneidad y diversidad.

Las familias homoparentales ganamos aquella batalla con el ejercicio diario de crianza y cuidados a nuestras criaturas. Y creíamos haber salido vencedoras de una guerra, a la que, visto lo visto, aún le quedada un refriega final.

Los próceres del pensamiento social de este país que ahora critican a Ana Iris han olvidado un dato fundamental. En España sólo el 30% de los hogares los habitan familias biparentales con hijos (y se incluyen aquí el fenómeno de la homoparentalidad) y que hay un 70% más que ha elegido un modo diferente de convivencia. Y todas ellas son familias. 

Pareciera ser que estas personas de artículo fácil han sufrido experiencias negativas en su familia de origen (algunas llegan a relatarlas) y resulta que todas ellas declaran no haber constituido aún su propia familia. Este último aspecto es importante porque su opinión, aun siendo aceptable en un estado democrático y de derecho, tiene la misma validez moral que la que sale de la boca del obispo de turno, que habla de lo que no conoce pero que lo hace por una suerte de superioridad moral emanada del cielo en su caso o esgrimiendo la intelectualidad y la modernidad en el caso de los otros.

Se ha llegado incluso a poner en duda la capacidad de crianza de madres y padres por basarse en un modero rígido de convivencia en el que las personas mayores de edad imponen sus criterios y las menores de edad obedecen a la fuerza como si fueran el último reducto de la esclavitud. Solo cabe afirmar que aún no se ha inventado (y se han intentado en muchas ocasiones) un modelo de crianza más óptima que la se da en seno familiar.

Y claro que no todas las familias son perfectas, claro que padres y madres nos equivocamos, pero ni somos dictadores de las costumbres ni pretendemos serlo, al menos las madres y padres que yo conozco.

Ellas y ellos, en mayor o menor medida, además de fórmulas teóricas de análisis social, con frases y citas propias de una agenda gregoriana, acaban relatando los males de sus propias familias de origen y proyectan sus frustraciones al conjunto de la sociedad. Yo les pediría que se diesen una vuelta por los parques infantiles (ahora que la pandemia los ha reinaugurado) y contemplen a niñas, niños y niñes felices; por las puertas de los colegios y oigan a progenitores preocupados por la educación de sus criaturas y por desarrollar modelos de crianza que posibiliten su desarrollo más óptimo. Y sobre todo que salgan a cualquier calle y comprueben, oh maravilla de las maravillas, que existen familias con dos madres, dos padres, un solo padre o una sola madre, familias con hijos adoptados o acogidos, familias donde coexisten diferentes razas o culturas, en fin: familias.

Resulta agotador intentar explicar lo obvio a una parte de la supuesta progresía de este país que niega implícitamente la existencia de familias sin hijos, familias de una sola persona o familias poliamorosas.

Uno, que ha deambulado por los centros educativos difundiendo eso de la diversidad familiar, ha podido comprobar que la infancia y la adolescencia de este país tiene muy asimilado que existen diferentes tipos de familias y que lo importante no es quienes las integren, sino las relaciones que se establezcan entre ellos.

Las familias, como escenario necesario de socialización, no son entes abyectos que persiguen la alineación del ser humano, no tienen capacidad en sí mismas de ninguna acción, pues quien les dan “vida” son las personas que la integran. Y, como es ridículamente obvio, estas personas pueden ser o pueden tener conductas que sean buenas, malas o regulares.

Ser familia no implica consanguineidad y parentesco. Parece increíble que tengamos que explicar una obviedad como esta en pleno siglo XXI y ante quienes se suponen que apuestan por los avances sociales. Pero ahí seguimos.

Y como parece que no se entiende nada si no hay ejemplos concretos, paso al modo empírico. Hace 25 años que constituí una familia con otro señor, por lo que es fácilmente deducible que somos gais. Cuando la ley nos lo permitió nos casamos y adoptamos un niño de raza negra. Ahora estamos a la espera de que nos asignen otra criatura a través de la figura del acogimiento. En nuestra casa no existen roles de género, la consanguineidad no rige nuestros destinos y los apellidos son una fórmula legal y no un modo de vida. Nuestra criatura está creciendo bajo los principios de la igualdad y la diversidad. Somos elementos activos de una revolución social (como muchas otras personas) callada y pacífica que, considero, es la más importante que ha vivido este país en las últimas décadas: la que tiene como protagonista a la familia, a su estructura, a los miembros que la integran y a las relaciones que se dan entre ellos. Y eso a pesar de que no nos consideramos salvadores de la patria y de que compramos en algunas ocasiones en grandes almacenes que tienen una banderola verde en su anagrama.

Y, para ir terminando, y seguir cultivando la amistad en este delirio postmodernista en el que han sumergido al hecho familiar, quiero hacer saber a los amantes de los animales que sus mascotas nunca podrán ser “sus hijos”, serán parte de su familia, los querrán desde lo más profundo de su corazón, pero no son “sus hijos”. Sobre todo por lo pernicioso que es humanizar a los animales y animalizar a los humanos. No es cuestión de prioridades, si no de veracidades.

Nótese que el título de este artículo no es una copia del de la película de Masó, sino una interpretación evolucionada del mismo, por que los seres humanos evolucionamos, las familias evolucionamos y, además, nos hemos convertido en motor de cambio social.

JUAN ANDRÉS TENO

Periodista y activista LGTBI especializado en Diversidad Familiar

Cuenta en Twitter: @jateno_ 

Blog: https://familiasdecolores.wordpress.com/

 

«rainbow love bench, yachats oregon» by Photos by Portland_Mike is licensed under CC BY-ND 2.0

 

Lesbianas en la Historia: La reina Cristina de Suecia

Por Charo Alises (@viborillapicara)
#MujeresLesbianas

 

Cristina de Suecia nació en Estocolmo el  8 de diciembre de 1626. Hija de Gustavo II Adolfo y de María Leonor de Brandeburgo, reinó en Suecia desde 1632, pero con plenos poderes desde 1650. Gran protectora de las artes, fue una importante  mecenas. 

Pertenecía a la dinastía real de los Vasa, iniciada en 1521. Su madre procedía de la dinastía alemana de los Hohenzollern. El nacimiento de Cristina parece que no fue bien recibido por su  madre, quien deseaba darle a Gustavo II Adolfo un heredero varón que siguiera sus pasos. Sin embargo, el rey  aceptó de buen grado a su hija y en 1627 la confirmó como su heredera. Gustavo Adolfo estaba muy apegado a Cristina y ésta  profesaba a su padre una gran admiración. 

Al morir el rey de forma prematura, Cristina se convirtió en reina de Suecia antes de cumplir los seis años, quedando bajo la regencia del canciller Oxenstierna.

El canciller cumplió con los deseos del rey, tomó a Cristina bajo su protección y comenzó a preparar su educación de forma metódica. Por razones de Estado, la  reina fue separada de su madre siendo muy niña y puesta al cuidado de su tía Catalina, hermana del difunto rey. Cristina pasó un par de años junto a su primo Carlos Gustavo, el futuro soberano Carlos X Gustavo, pero volvió al cuidado de su madre cuando su tía Catalina falleció. La relación con su madre fue difícil lo que motivó que  la niña pasara  a vivir con la  hermana del canciller Oxenstierna.

 Oxenstierna se hizo cargo de educar a Cristina en asuntos de Estado y política. El obispo Johannes Mattiae Gothus, nombrado jefe de estudios, instruyó a la joven reina  en idiomas, filosofía, historia, teología y astronomía, entre otras materias. Mattiae dejó testimonio de  la gran facilidad para el aprendizaje y la enorme sed de conocimientos que mostraba Cristina. La asignatura  preferida de la soberana eran los idiomas que siguió aprendiendo a lo largo de  su vida.

Cristina poseía un temperamento fuerte, inquieto y vivaz, así como una gran energía física. Los llamados quehaceres femeninos no le atraían, tampoco los lujos, joyas o ropajes. Prefería vestir ropas simples y cómodas, y especialmente indumentaria considerada masculina en aquella época.  Mostraba gran destreza  en  deportes como la equitación, la caza y la esgrima. Dormía poco y dedicaba gran parte de su tiempo al estudio

Dotada de una inteligencia viva y una cultura humanista, fue una reina brillante en la política pero descuidada en asuntos de Estado lo que causó  insatisfacción entre el pueblo sueco. Convirtió Suecia en uno de los reinos más cultos y refinados de Europa, hasta en punto que Estocolmo fue apodada la  Atenas del norte.

Cristina siempre se mostró reticente a casarse. Cuando el Senado la instó a contraer matrimonio en 1649, ella respondió:

El matrimonio implica una sujeción a la que no me siento capaz de someterme, y no puedo predecir cuándo podré superar esa repugnancia.

La reina  mantuvo una relación sentimental con Ebba Sparre, una dama de la corte famosa por su belleza. La monarca dirigió a Ebba numerosas cartas que confirman el amor entre ellas. En 1657 durante su exilio en Pesaro, Cristina escribe a la condesa Spare:

Si no has olvidado la facultad que tienes sobre mí, recordarás que ya son doce años que estoy poseída por ser amada por ti.

Finalmente soy tuya de tal manera que es imposible que me pierdas, y no será más que el final de la vida que dejaré de amarte.

Como Cristina no tenía ninguna intención de contraer matrimonio y para evitar habladurías sobre su orientación sexual, nombró príncipe heredero al trono a su primo Gustavo Adolfo el 10 de marzo de 1649.  

La reina sueca se convirtió al catolicismo en 1654 en medio de una gran crisis religiosa y abdicó en su primo que se convertiría en el rey Carlos X.

Para evitar ser víctima de represalias, se marchó de Suecia y vivió en  diversos países europeos. Finalmente se instala en Roma donde pasaría el resto de sus días dedicada a diversas obras de caridad, la música, la pintura y el teatro.  

 

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1 de mayo interseccional

Por la Plataforma 1 de Mayo interseccional

 

El 1 de mayo, “Día internacional de los trabajadores” se celebra desde hace más de 100 años. Como sabemos se conmemora la huelga que en 1886, exigía la jornada laboral de ocho horas. Sin embargo, lejos ha quedado ya aquél sujeto obrero que durante décadas se evocaba al pensar en la clase trabajadora: hombre, cis, hetero, blanco y operario fabril. Así como lejos ha quedado también la idea de que las feministas son mujeres cis blancas de clase media. Hoy, trabajadoras somos todas, tanto asalariadas  como quienes ejercen los cuidados sin ningún tipo de remuneración. La clase trabajadora somos las amas de casa, las pensionistas, las estudiantes.

Las vidas precarias, migrantes, negras y marrones, gitanas y asiáticas. Las disidentes de género, sexuales y/o cuerpo, las discas, las supervivientes de la psiquiatría. Todas las que no entramos dentro de la idea euroblanca de “sujetos políticos”, todas las que no entramos en sus modelos coloniales, capacitistas, heterosexuales. Somos nosotres, la clase trabajadora, quienes sostenemos la vida en momentos de crisis y somos también quienes más sufrimos las consecuencias del sistema capitalista, que explota y deshecha cuerpos que a sus ojos, no importan. Lee el resto de la entrada »

Dos recomendaciones para parar y reparar este precipitado mes de mazo

Por Nieves Gascón, (@nigasniluznina), la cuentista de nuestro refugio

Ya estamos en el mes de marzo y casi no me doy cuenta por la cantidad de cosas de las que estoy pendiente. Tercera ola Covid 19, vacunas e intentos de especulación de las grandes empresas farmaceúticas, pendiente de la campaña de Amnistía Internacional para la defensa de la Atención Primaria de Salud, no podía estar más de acuerdo, gracias me devolvéis la fe en la humanidad y admiro a les, las y los activistas.

Ertes, despidos, elecciones sindicales, aprovecho y saludo a mis compañeras de sección de CCOO. Teletrabajo y redacto documentos sin fin. Tengo una preciosa familia con gata como el gato de Mili Hernandez que va de casa en casa y convive con familias muy diversas, como mi gran familia extensa.

En términos generales esta es nuestra vida, muchas personas pueden identificarse y tiene mucho sentido por dos motivos: internet nos abre puertas al trabajo, activismo, colaboraciones y actividades para todo el día. Llegó el 8 de marzo y dosifiqué fuerzas para disfrutar como otro año más, para que se pintasen las calles de morado. Además, ahora, las redes sociales se nos abrieron más posibilidades de expansión de esta tonalidad tan preciosa y feminista que nos viste a todas en estos días.

Y cuando hablo de todas, incluyo a las mujeres transfeministas, que las hay y desde hace mucho tiempo, a las transgénero y transexuales, por que el feminismo es la lucha por la igualdad, se gestó por este motivo y cabe en todos aquellos lugares donde hay personas discriminadas. Sino es así carece de sentido para mí que el feminismo me ha ayudado tanto a entender a verme y ver de forma sorora a otras mujeres. No puedo creerme la polémica actual en relación al feminismo, más recalcitrante me temo, y en contra de los colectivos de mujeres trans, sobre todo porque no he visto públicamente nada en contra de los hombres trans en ninguna declaración o debate. Lee el resto de la entrada »

¿Quién teme a lo queer? – En el punto de partida

Por Victor Mora (@Victor_Mora_G ‏)

Foto: Rocío Jurado, por Roberta Marrero IG: @roberta__marrero

 

 

 

Yo quisiera encontrarnos cara a cara.

Retomar desde la herida.

Atrevernos desde cero.

Sin reservas ni mentiras.

Juan Pardo / Rocío Jurado

 

 

“Es cansado”, es lo que más leo y escucho últimamente, “es cansado”, y es verdad. Estamos exhaustes. Como si cada día llegásemos a un nuevo punto de no retorno, al final de un camino equivocado.

Dentro de las disputas por el significado que no dejan de producirse (y cabe recordar, que toda batalla de terror lingüístico se libra en los cuerpos), me llama la atención la especie de comunión implícita que existe desde tantos flancos sobre un sentido compartido de lo queer como enemigo fatal, asociado a la catástrofe (secta queer, dictadura queer, ideología queer, Inqueersición, etc.). Afrontamos un nuevo escenario que, paradójicamente, nos retrotrae a lugares antiguos, al mapa en el que lo queer (como insulto y estigma) servía de cajón de sastre donde aglutinar toda experiencia y expresión disidente de la norma. Conviene, quizá, retomar. Volvamos, ya que nos invitan, a ese punto de partida, y preguntémonos qué ha pasado, pero también qué queremos que pase. Quizá, y precisamente porque no es nada fácil, esa es la pregunta que tenemos que hacernos. Lee el resto de la entrada »