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Mi nombre es Harvey Milk

Por Charo Alises (@viborillapicara)

#cinelgtb

 

Película estadounidense estrenada el 28 de octubre de 2008, dirigida por Gus Van Sant y protagonizada por Sean Penn, James Franco, Diego Luna, Josh Brolin y Emil Hirch. La cinta está basada en la vida del político Harvey Milk, primera persona abiertamente homosexual elegida para un cargo público en los Estados Unidos (concejal de distrito de San Francisco). Además, Milk fue un férreo defensor y activista de los derechos civiles de las personas LGTBI.

Para ser fieles a la época en la que se desarrolla la historia, desde el diseño de producción y el diseño de vestuario se realizó una investigación sobre la comunidad LGTBI de la ciudad en los archivos del GLBT Historical Society en San Francisco. Estuvieron allí durante semanas examinando fotografías, películas y videos, periódicos, material textil histórico, así como artículos perteneciente a Harvey Milk, donados a la institución por el estado de Scott Smith. Dustin Lance, autor del guión, se entrevistó con personas que conocieron a Milk para documentarse sobre la personalidad del político y el entorno en el que vivió.

También visitaron el lugar donde estuvo la tienda de cámaras de Milk (convertida en la actualidad en tienda de regalos) en la calle Castro y la decoraron tal y como estaba en los años setenta, época en la que tiene lugar la historia . Los productores compraron la que fue tienda de cámaras de Milk para integrarla en la cinta. El rodaje en la calle Castro revitalizó el Teatro Castro. Pintaron la fachada y restauraron las marquesinas de neón. El Ayuntamiento de San Francisco, fue otro de los lugares de rodaje. La oficina de White, donde Milk fue asesinado, se recreó en otro lugar ya que las oficinas del ayuntamiento eran demasiado modernas.

El film arranca con la noticia del asesinato de Milk y de George Moscone, alcalde de San Francisco, para mostrar en flash-back los años de activismo político del primero, contados por él en una grabación magnetofónica.

El director de Todo por un sueño y Elephant, opta por rodar una película de formas clásicas, formalmente en la línea de El indomable Will Hunting y Descubriendo a Forrester, alejándose así de los minoritarios títulos de temática gay Mala noche y Mi Idaho privado. Van Sant se decanta por un tratamiento estético y narrativo capaz de atraer al público. Pretende una aproximación didáctica, para explicar la lucha por los derechos civiles de las personas LGTBI. En este sentido el film recuerda a Philadelphia, aunque ciertos puntos de vista se defienden con menos tapujos. Van Sant se centra en las discriminaciones laborales por orientación sexual e identidad de género, y en mostrar a los distintos personajes como tipos humanos, con los que se puede empatizar, algo a lo que ayuda el magnífico reparto de la película.

La idea de la cinta es dar a conocer la realidad de las personas LGTBI en el momento en el que se desarrolla la historia. El protagonista se describe con honestidad: en su convivencia con dos compañeros sentimentales no se obvian conflictos, actitudes egoístas y tendencias suicidas. Para reafirmar el punto de vista del film, hay ideas originales: que en un cine se proyecte La aventura del Poseidón, la historia de un barco que da un vuelco y queda boca abajo, parece una metáfora de una sociedad cuyos puntos de vista deben ser vueltos del revés. Quizás la película buscaba utilizar las luchas de entonces para acometer las de ahora.

Sean Penn obtendría el Oscar al mejor actor por esta película y Dustín Lance Black se llevaría una estatuilla por su guión.

«He venido a reclutaros.» Con esta frase empezaba sus discursos Harvey Milk. El político luchó con todas sus fuerzas para impedir que la ultraderecha ganara una votación que pretendía aprobar una ley que permitiera denunciar a los profesores de primaria ‘sospechosos’ de ser homosexuales para posteriormente despedirles. Consciente de la amenaza que significaba la extrema derecha, Harvey advirtió hasta la saciedad que aquello no era tan sólo una amenaza para el colectivo LGTBI, sino que era una afrenta contra los derechos humanos y especialmente los de las minorías sociales. Porque una injusticia contra una minoría hoy, lo es para el resto mañana. A pesar de que era una votación que afectaba tan sólo a California, Harvey apeló a toda la nación: «Hago un llamamiento a todas las minorías y especialmente a los millones de lesbianas y gays a que despierten de sus sueños, se reúnan en Washington y le digan a Jimmy Carter y a su nación: «Despierta. Despierta, Estados Unidos. Basta de racismo, basta de machismo, basta de gerontofobia, basta de odio. ¡Basta!»
 

Hablando de visibilidad y representatividad TRANS

Apoyo Positivo

 

Cada 31 de marzo, desde 2009, se conmemora a nivel internacional el Día de la Visibilidad Trans, jornada que surge de manos de Rachel Crandall con el objetivo de visibilizar y sensibilizar sobre la situación de las personas trans en la sociedad y la negación continuada de derechos a la que están sometidas.

En Apoyo Positivo trabajamos a diario para mejorar las condiciones de vida de las personas trans y sus entornos cercanos, amigues y familias, su acceso en salud y la protección necesaria dentro de los entornos educativos, y aprendemos también a diario a dejar el espacio necesario para que sean ellas las que tracen el camino a la plena inclusión y representatividad. Porque hasta el momento, no sólo existe una vulneración de derechos fundamentales hacia el colectivo trans, sino que además socialmente cuesta todavía comprender las diferentes realidades que forman parte de nuestro paraguas trans, y la invisibilidad de algunas de ellas se muestra aún mayor, debido a los marcos y referentes patriarcales que han reflejado a las personas trans históricamente.

En nuestras acciones alrededor de este día en 2022, hemos querido dar voz a distintas visiones trans de personas creativas que participan en nuestros proyectos de innovación comunitaria, hablando de su transición, de esa visibilidad y de su realidad diaria.

Por un lado, os traemos una entrevista con Afioco y Ondina, directore y actore de NO BINARIO, primer capítulo de LOCURA, la 4ª Temporada de nuestra serie INDETECTABLES (que ya podéis ver en abierto en nuestra web!), para explorar con elles las identidades no binarias y trans masculinas y la visibilidad social, laboral y cultural que tienen en España.

Hablamos mucho de mujeres trans, pero ¿qué ocurre con otras identidades? ¿Hombres trans, personas no binarias,…?

 

Y, ¡como regalo sorpresa!, os traemos un adelanto de la quinta temporada de INDETECTABLES.

VIEJES aborda como temporada los problemas de la diversidad en la etapa adulta, cuando en muchas ocasiones vuelven los armarios, y se acentúa un componente cada vez más común en nuestra sociedad como es la soledad, que se agrava aún más en las personas diversas, LGTBIQ, VIH, etc.

Una entrevista a Laura Frenchkiss y Koko, dos artistas y personas trans de diferentes generaciones que muestran las diferentes caras de la diversidad en una visión intergeneracional.

Queremos dedicar esta pieza a la memoria de Laura Frenchkiss que llenó nuestras vidas, actividades y nuestra CASA Torremolinos de su alegría y energía.
Que el viaje te sea leve.

 

Inmensas gracias Afioco, Ondina, Laura y Koko.

Si como persona trans necesitas asesoramiento o ayuda, siempre puedes contactarnos: diversidad@apoyopositivo.org

 

Los largos tentáculos de la represión de las disidencias sexuales

Pablo Morterero (@pabloMorterero)

 

Candela García fue detenida y encarcelada en Barcelona en los años sesenta por realizar “ademanes de homosexualidad”. Cuando presentó su solicitud para acogerse a los beneficios previstos para las víctimas de la Ley de Vagos y Maleantes y de Peligrosidad y Rehabilitación Social, aprobados durante el gobierno de Rodríguez Zapatero, vio como se la rechazaban, ya que a ella no se le aplicó la Ley de Vagos, vigente en ese momento, sino el artículo de escándalo público previsto en el Código Penal. A pesar de ser detenida y torturada por homosexualidad, a ojos de la legislación actual, no fue víctima del franquismo.

Uno de los errores que hemos cometido desde el activismo LGTBI ha sido no comprender que la represión de las disidencias sexuales (en el pasado y en el presente) tiene un componente sistémico, más allá de tal o cual circunstancia. Y esto viene ocurriendo tanto en las investigaciones históricas sobre la represión durante el franquismo como en las estrategias destinadas a superar muchos de los obstáculos a los que nos enfrentamos.

Cuando estudiamos la represión franquista de las personas homosexuales (gais y lesbianas), bisexuales, trans e intersex, solemos fijarnos en determinadas leyes, como la de Vagos y Maleantes y su sucesora, la de Peligrosidad y Rehabilitación Social. Esta mirada reduccionista nos ha llevado a no observar otras vías por la que el régimen de la Dictadura perseguía la homosexualidad y la transexualidad, como determinados artículos del Código Penal (como el de escándalo público o la diferencia de edad de consentimiento para relaciones homosexuales y heterosexuales) e incluso las actuaciones de los Tribunales de Honor. Pero aun teniendo en cuenta estas normas, seguiremos sin comprender la dimensión real de la persecución.

Y es que debemos partir del hecho (no privativo de la dictadura franquista) del carácter cisendoheteronormativo del sistema que automáticamente expulsaba a las márgenes todas aquellas realidades y comportamientos que no se ajustan a la norma.

Es decir, que la represión franquista no se puede explicar exclusivamente a través de las leyes sino del complejo proceso legal y social (médico, educativo, laboral, deportivo, etc.) que hacía que las personas homosexuales, bisexuales, trans e intersex sufrieran la exclusión, la persecución y, por último, la represión, ya fuese física (terapias y mutilaciones), social (sistema educativo, sanitario, laboral, religioso, etc.) o penal (encarcelamiento, destierros, etc.)

Y esta mirada sistémica debemos extenderla al presente. Cuando en los 70 se luchó por la derogación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, nadie parecía darse cuenta que en los 80 sería el artículo de escándalo público el que nos persiguiera. Cuando se luchó, y consiguió, modificar el Código Civil para permitir el matrimonio igualitario de forma que se evitara cualquier aplicación discriminatoria, no nos imaginábamos que, a la hora de registrar conjuntamente a un bebé por parte de las parejas de hecho de mujeres, se les exigiese estar casadas, requisito no exigible a las parejas de hecho integradas por un hombre y una mujer. O que cuando una mujer o una pareja de un hombre y una mujer van al registro civil consular para registrar a un bebé, nadie pregunta si han sido progenitores por gestación por subrogación, cosa que sí se exige a un hombre solo o a una pareja de hombres.

Debemos aceptar que, tanto ayer como hoy, cualquier interpretación de las normas legales y sociales se hará desde una perspectiva cisendoheteronormativa, que nuestra orientación, nuestra identidad o nuestra corporalidad será analizada y valorada dentro de lo correcto/incorrecto, lo deseable/indeseable, y lo beneficioso/perjudicial. Es decir, no se nos enjuiciará por lo que hacemos, sino por lo que somos.

Por eso no deja de sorprender la convicción de aquellas personas LGTBI que sostienen que ellas no han sufrido ninguna discriminación por su orientación, su identidad o su corporalidad.

Pero nada más lejos de mi intención el promover desde el activismo cualquier tipo de victimismo. Como pedía Séneca a Helvia, no deseemos para nosotros el más despreciable de los méritos, el parecer los más desgraciados.

Pero sí asumir el carácter sistémico de la represión y la discriminación, saber que cuando investigamos el pasado, o luchamos contra una norma, ya sea social o legal, nos enfrentamos solo a uno de los muchos tentáculos de la cisendoheteronormatividad, cuya denuncia y superación debe ser el objetivo final de nuestra lucha.

 

Contar la vihda en pastillas

Por Daniel Cortez Abreu (@doctokind)

“Todes se preocupan del tiempo(…) se han buscado categorías universales para explicarlo y medirlo, para darle palabras a esa experiencia. Yo tengo frascos, frascos que contienen pastillas, pastillas que contienen días. Treinta días transcurren antes de abrir otro frasco, no se trata de una categoría abstracta: el tiempo toca mi lengua, tiene sabor, se desliza por mi garganta y luego se disuelve en mi estomago, El tiempo es una realidad material. El tiempo nunca había tenido una forma más concreta

Palabras de Lucas Nuñez y Rodrigo Ortega en su obra Prospectos, expuesta en “Cero Positivo” de Mueganxs

 

Hace unas semanas comencé a contar las pastillas con mayor atención. No solamente a nivel numérico, sino también discursivo. Como muches, desde que me dieron el primer bote, he medido una parte de mi vida basándome en ellas. Es como tener un propio “antes y después de la era común”, pero mi comunidad temporal es otra. La última vez que conté con atención, cuantifiqué unas decenas de pastillas, las suficientes hasta que me toque recoger la próxima tanda de botes de medicación, que ni siquiera sé si tendré. Y aunque logre obtener los siguientes botes, con lo que se siente como el “beneplácito” del sistema, la ansiedad seguirá rasgando y haciéndome mella hasta la próxima cita. Entonces la vida y el tiempo se muestran como un ciclo, aunque sepamos que no lo son. El recordatorio es infalible: es el sistema el que siempre decidirá si puedo seguir manteniendo a raya el virus en sangre, si tengo cabida dentro de la tan celebrada cifra de personas con estatus virológico indetectable en el proyecto político del Estado español. Porque la indetectabilidad no es exclusivamente una posibilidad biológica y farmacológica: es una cuestión de clase social, de racialidad y migración, de género, de afectos y estigma. La indetectabilidad no es lo que me otorga validez y humanidad, y aún así muchos se centran en que nuestra vida gire en torno a ello sin ni siquiera garantizarnos las condiciones básicas, no solo para lograrla, sino también para mantenerla. No obstante, para muches estos ciclos son tan débiles que se rompen con la posibilidad de que en la próxima cita te toque la desafortunada lotería y la farmaceuta de turno en el hospital te diga “lo siento, el sistema no nos permite dispensarte otro bote más”.

Han pasado varias semanas desde que la Comunidad de Madrid anunció las medidas que institucionalmente excluyen a cientos de personas inmigrantes con VIH del sistema madrileño de salud. Desde entonces las pastillas como parámetro temporal tienen otra carga simbólica, tienen otro efecto en mi mente, en mi cuerpo, en nuestra lucha, en nuestra supervihvencia. El peso de las pastillas ahora es otro: ya no son exclusivamente una unidad de medida temporal, también se transforman en una magnitud de ansiedad y preocupación, su fuerza gravitatoria se expande. Ahora pesan diferente en mis manos, dentro de mí estomago y en mi mente. Si estas medidas son otra forma de la necropolítica, se me ocurre que transcurren en una dimensión temporal a la que, teoricamente, nadie es ajena: la farmacotemporalidad. Especialmente nuestros cuerpos con VIH saben vivir inmersos en ella.

Casi al mismo de que la situación en Madrid se agravara, Mueganxs —un colectivo mexicano que se define como una “red de vinculación creativa de la disidencia sexual y de género/antirracista”— anunciaba su expozición digital “Cero Positivo: infectar las narrativas, parasitar los espacios”. Esta experiencia, al alcance de un móvil inteligente, ha sido un sacudón que de virtual poco tiene: lo sentí hasta en la última célula. Escuchar, leer y observar el trabajo de compañeras como Camila Arce ha sido un reencuentro motivador, pero sobre todo he sentido cada palabra de Lucas Nuñez, narrada por la voz de Rodrigo Ortega, como si me tocaran. Su voz retumba y te inunda, así como inunda el espacio que se explora a través de la pantalla. A mi me tocó, además, una fibra especial que he tenido todas estas semanas sensible; Lucas y Rodrigo hablan sobre el tiempo medido en pastillas de antirretrovirales, una realidad material, no una categoría abstracta. Nuestra vida se mide en pastillas: las que te quedan para ver si puedes viajar, las que has guardado para pasar la noche fuera de casa, las que te has tomado desde el diagnostico, las que te sobraron del cambio de tratamiento, las que has consumido desde que se implementó una medida que marca y discrimina a miles de cuerpos, las que nos tomábamos mientras preferían no hablar de nosotres, o las que te saltas para ver si llegas a rendir el bote que no sabes si en la próxima cita del hospital vas a poder renovar.

Sin embargo, más allá de la magnitud temporal, de mi calculo burdo de más o menos cincuenta botes consumidos y apelando a la polisemia de la palabra “contar”, me pregunto por las historias que nuestras pastillas pueden relatar: ¿qué narrarían nuestros botes? No quiero quedarme solo con el afán de medir la vida en parámetros numéricos y colocarla en una línea cronológica, también quiero pensar en los discursos que transcurren con cada bote: ¿qué puedo contar de la vida que ha pasado mientras he ido gastando cada uno? ¿qué ha pasado mientras cada pastilla se diluye en mi organismo para mantener la indetectabilidad? ¿quiénes han llegado a mi vihda y que cuerpos ya no existen desde que abrí cada bote? ¿qué historias no habrán podido contar los cuerpos de quienes nunca tuvieron un bote entre las suyas? ¿cómo han sido mis relaciones, mis afectos, los cuidados y los errores cometidos al desechar cada bote? ¿Cómo serían las historias de todos los botes que un cuerpo con VIH, con sida, con estigma, bichoso, infectado y marcado, tienen para narrar? No tengo dudas de que estás preguntas no tienen respuesta simples y exclusivamente individuales. Sin embargo, la tasación de nuestra vida, en números, en la percepción etnocéntrica de un tiempo que “avanza” hacia lo mejor, mientras deja “atrás” a esos cuerpos otrerizados me hace pensar en la necesidad de rescatar la respuesta y la reflexión colectiva.

Pienso en mis respuestas y leo las de mis amigas mientras me retumban las palabras de Lucas y Rodrigo:

“(…) pienso en que llegará el día en que podré inundar mi pieza con ellos, podré hacer el camino al hospital con frascos, incluso podría construir el mismo hospital, armar sus pasillos y murallas.”

Finalmente, mientras me pregunto sobre las historias que cada persona que es excluida del sistema sanitario tiene para contar y como marca a todos los cuerpos que se ven afectados –directa o indirectamente– por la materialidad de estas medidas que se piensan ajenas e insensibles, caigo en la misma reflexión a la que siempre volvemos muches y con la que concluyen Rodrigo y Lucas en su obra: “me pregunto cuantos frascos tendré que tomar antes de ver una cura…”.

Agradecimientos. Gracias a Lucas Nuñez por permitirme usar su texto como medio de reflexión y sanación. Puedes escuchar, ver y apreciar la obra de Lucas, Rodrigo Ortega, Camila Arce, Saúl de León y otres maravilloses artistas en “Cero Positivo: infectar las narrativas, parasitar los espacios” en el perfil de Mueganxs, disponible en el siguiente enlace: http://mueganxs.com/cero.html 

 

¡No sin la H!

Viñeta de Teresa Castro (@tcastrocomics)

 

FELGTBI+ anuncia los Plumas y Látigo más culturales y reivindicativos

FELGTB (@felgtb)

 

La Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans, Bisexuales, Intersexuales y más (FELGTBI+), vuelve, como cada año, a entregar sus Premios Plumas y Látigo, premios que reconocen el activismo y el compromiso de personas, organizaciones y proyectos.

En este año, que la gala vuelve a ser presencial, las plumas son las siguientes:

La periodista Noemí López Trujillo, de Newtral, porque desde  su labor profesional ha desmentido bulos y desinformaciones, especialmente sobre las personas Trans.

Abril Zamora. Actriz, guionista y directora de cine que hizo visible su identidad de género a través de sus redes sociales, y desde entonces ha demandado una mayor diversidad y más oportunidades para el colectivo trans en los medios.

Estirando el Chicle. Un podcast de comedia que surge de la necesidad de Victoria y Carolina de “salsear” sobre todas las cosas que les indignan, hablando de la realidad del colectivo LGTBI+ desde un punto de vista feminista y crítico.

A la compañía teatral A Panadaría, por su incansable trabajo desde el activismo cultural lésbico.

Las menciones especiales son para Casal Lambda, Camino Baró, Mila Martinez y Verónica Ruíz. A título póstumo, la recibirá Joana Barrafont.

En esta ocasión, el látigo se concede a los gobiernos de Polonia y Hungría. Y es que hay lugares en la propia Unión Europea que están sirviendo de entrada de discursos contra el colectivo LGTBI+. Acciones que se traducen en retrocesos legales, como la prohibición del aborto en Polonia, de hablar de diversidad sexual en los colegios en Hungría con su ley contra el colectivo LGTBI o con la creación de “zonas libres de LGTBI+” en Polonia.

 

Las personas con VIH nos queremos vivas

Por Daniel Cortez Abreu (@doctokind)

 

Recientemente la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid publicó en su página web el nuevo procedimiento para la solicitud del “Documento de Asistencia Sanitaria para Ciudadanos Extranjeros sin residencia legal en España (DASE)” que ahora elimina la posibilidad de que los hospitales madrileños puedan directamente aprobar y garantizar el acceso a la atención sanitaria a las personas inmigrantes. De esta manera se pierde una vía importantísima para garantizar el tratamiento sanitario a las personas con VIH, que ahora deben pasar por un procedimiento centralizado en el que se exigen ciertos requisitos, en la mejor de las situaciones, retrasaría el acceso al tratamiento antirretroviral (TAR) durante meses, lo que constituye un grave peligro para las personas que vivimos con VIH.

Esta medida aparece luego de que, durante varios meses, compañeres de las ONG y redes de apoyo psicosocial, relacionadas a la respuesta comunitaria del VIH y del sida, se estén enfrentado a las dramáticas situaciones de personas inmigrantes con VIH a quienes se les ha negado la entrada al sistema de salud madrileño o a quienes, ya una vez dentro del sistema, han sido excluidas de la prestación del servicio, sin poder si quiera retirar su TAR, un elemento fundamental para poder preservar nuestra calidad de vida y bienestar. Una medida como esta no solo consideraría que todas las personas en vías de regularización o sin residencia legal tienen las mismas necesidades –hecho alejado de la compleja realidad social que vivimos – sino que establece otro obstáculo institucional para la garantía de los derechos fundamentales y aumenta la inequidad social.

A un par de semanas del 1 de diciembre, el día mundial del sida, esta escandalosa situación no hace más que empeorar y los casos de personas inmigrantes con VIH a los que se les niega o excluye de la atención sanitaria madrileña aumenta y se acumula, a pesar de que la infección sea de declaración obligatoria y por tanto necesite una atención sanitaria especializada y urgente, tal como reconocen organismos supranacionales e internacionales como ONUSIDA, la OMS y la Unión Europea. Pero más allá de la grave vulneración que supone para los derechos fundamentales, la ausencia o la interrupción del TAR significa una verdadera tragedia para las personas que vivimos con VIH. Es sinónimo de poner en peligro nuestra relativa calidad de vida, el control virológico alcanzado, el nuestro bienestar físico y social, haciéndonos también más vulnerables a nivel psicológico, social, económico y laboral. Así, este protocolo deja a un lado a muchos cuerpos que no pueden soportar, ni esperar, que el aparato burocrático estatal decida aprobar quienes y cuando precisan de atención sanitaria.

Sin embargo, esto no surge de la nada, ni aparece a última hora: también es consecuencia del aumento de los discursos de odio hacia la otredad como valor negativo en el terreno político. Se ha restado importancia a las consecuencias de legitimar o dar espacio a narrativas que buscan la eliminación de quienes han sido catalogades como enemigos. En otras muchas situaciones se alude a la equidistancia como si no fuese una decisión y posición política que no hace sino legitimar estos discursos. Hace cuatro años, cuando recibí mi diagnóstico, la discusión política parecía ser diferente, aunque empezaba a notarse el peso de los agentes y las narrativas de la ultraderecha. Cuando estos discursos cobraron mayor relevancia en el debate político, con todo lo que podían suponer, se ignoraban sus consecuencias, porque parecía – y aún parece – que lo simbólico es algo abstracto e inerte que no se traduce en la realidad material y social, como ahora justamente pasa en este tipo de políticas de salud pública que se convierte en medidas que específicamente afectan a quienes somos considerados un peligro para la integridad de la nación como proyecto político.

Es necesario recordar que estas medidas son una expresión del racismo y la xenofobia institucional, y por lo tanto estructural, así como de una Ley de extranjería mantiene y promueve la precariedad, la discriminación y la vulnerabilidad social a cientos de miles de personas.

Es incluso una falacia aceptar que este nuevo procedimiento afecta solamente a las personas inmigrantes sin residencia legal, puesto que también excluye a aquellas personas con un estatus migratorio regular, como en el caso de los estudiantes con estancias de estudios de larga duración, cuyos seguros privados no cubren el acceso al tratamiento antirretroviral en el país, que específicamente en el Reino de España es exclusivamente distribuido a través de la red hospitalaria pública. El personal médico tampoco puede recetar la medicación para ser adquirida o comprada en las farmacias comunitaria – esas a las que vamos cuando queremos comprar un medicamento como el paracetamol –, por lo que deja sin opciones incluso a quienes supuestamente podrían tener los recursos para acceder al mismo. No obstante, tampoco es una opción viable: el coste de los esquemas antirretrovirales de última generación supera las cifras de unos cuantos miles de euros y para muchas es un gasto imposible de asumir. Nuestra adherencia crónica al tratamiento – el grado de cumplimiento – es fundamental para garantizar la supresión de la replicación del virus en sangre y otros líquidos biológicos, mejorando la calidad de vida asociada a la salud, y sobre todo, permitiendo llegar a niveles de indetectabilidad, situación en la que no es posible la transmisión del virus durante las prácticas sexuales – incluso cuando no se utilizan otros métodos de prevención como el condón – y reduciendo también la posibilidad de transmisión del VIH de la gestante al feto y al compartir material para inyección intravenosa. Así vemos que la garantía del acceso al TAR, no solo tiene beneficios individuales, sino también colectivos: es una estrategia de prevención que permite disminuir la transmisión del virus dentro de una población.

La situación que se nos presenta es realmente grave, tiene consecuencias nefastas no solo para la salud y la integridad individual, sino también para el bienestar colectivo. Es una clara consecuencia de los discursos políticos que siempre han buscado borrar, eliminar o matar al “otro”. Es un atentado contra los esfuerzos y la historia de los movimientos sociales, contra la memoria de aquellas personas que han dado incluso su vida por hacer posible que muchas sigamos vivas ahora.

Parece que a las autoridades – y muchas personas fuera de los órganos de poder – se les olvida la dimensión social del virus, que incluso aparece explicita en sus siglas: la “H” en VIH es de humana, como decía mi querido Lucas “Fauno” Gutiérrez, activista argentino. Pero nos abocaremos a rescatar nuestra humanidad con el fuerte sentimiento comunitario que tanto nos caracteriza, y en el que plenamente confío, para salir vivas y juntas de nuevo.

 

Represión política de gais, lesbianas y trans durante el Franquismo: la memoria necesaria

Pablo Morterero (@pabloMorterero)

 

La cinta triunfadora de este año en el Festival de Cine Europeo de Sevilla y que ha recibido el Giraldillo de Oro, Great Freedom, cuenta una historia carcelaria de amor homosexual entre dos presos alemanes y, sobre todo, desvela un hecho histórico insoportable.

Cuando las tropas norteamericanas llegaron a los campos de concentración nazi, mientras a los presos judíos, gitanos, discapacitados y militantes de izquierda fueron liberados, los homosexuales fueron llevados de inmediato a prisiones donde continuaron encarcelados. Es decir, sufrieron en los campos de exterminios con el régimen nazi, y siguieron sufriendo en las prisiones de los regímenes de las Repúblicas Federal Alemana (capitalista) y Democrática Alemana (comunista).

Seguro que muchas personas en nuestro país se sentirán conmovidas por la película y escandalizadas por ese ignominioso trato dispensado por los liberadores del nazismo a gais, lesbianas y trans. ¿Imaginarán que en España se vivió una situación similar durante los larguísimos años oscuros del franquismo?

Y es que, en nuestro país, el triunfo del ejército franquista en 1939, y tras la sistemática eliminación de la oposición política de socialistas, anarquistas y comunistas, supuso que el régimen totalitario fijara su mirada en la otra disidencia, la sexual.

El hecho diferencial del franquismo hacia la homosexualidad respecto a tiempos anteriores, fue su conversión de un pecado en una amenaza política al régimen. Esta transformación alcanza su máxima explicitación en Mauricio Karl, un prolífico escritor e instructor de la academia donde se formaron generaciones de policía de la Dictadura, quien afirmó: “la sodomía tiene una función comunista a través de los siglos pues ambas aberraciones, aun siendo de distinto tipo son contrarias a la familia, a la propiedad privada y al orden tradicional”.

Es decir, la homosexualidad ya no era un vicio que afectaba a la religión, si no un elemento corrosivo en el seno de la nueva España nacida del 18 de julio, que era necesario eliminar.

Este hecho es el que convierte la persecución del régimen franquista de gais, lesbianas y trans en represión política, similar a la sufrida por militantes de partidos y sindicatos, como recoge la Ley 2/2017, de 28 de marzo, de Memoria Histórica y Democrática de Andalucía.

Pero esta realidad, que a nuestros ojos de 2021 está meridianamente clara, no lo estuvo en 1977 para las fuerzas políticas de la Transición y en muchos casos, ni siquiera para las propias personas homosexuales y trans. Por eso, mientras las otras víctimas de la represión política del franquismo fueron liberadas por la Ley de Amnistía, y posteriormente reparadas, homosexuales y trans tuvieron que esperar hasta después de aprobada la Constitución, para ser “liberadas” en 1979, tras la aprobación del Real Decreto que excluyó la homosexualidad de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social en diciembre de 1978, y apenas reparadas durante el gobierno de Rodríguez Zapatero.

A todo ello hay que unir dos hechos terribles, insuficientemente investigados.

Por un lado, las víctimas directas de la Ley de Vagos y Maleantes primero y de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social después (leyes que por otra parte se aplicaban de forma clasista, afectando principalmente a jóvenes de extracción obrera, de baja cualificación y en muchas ocasiones analfabetas) eran obligadas al destierro. Cualquiera se puede imaginar como podía afectar a una persona joven, de baja cualificación y sin red social ni familiar en una ciudad extraña. En muchos casos terminaban en la prostitución, que en los años 70 venía acompañada con el consumo de heroína y en los 80, del VIH-Sida. Es decir, en muchas ocasiones, ser víctima de las leyes represivas de la homosexualidad suponía una condena a muerte en diferido. Además, el SIDA afectó sobre todo a la población homosexual, lo que hace que, por desgracia, sean pocos los supervivientes que han podido dejar constancia pública de la persecución política que sufrieron.

Pero es que, además (y a diferencia de las víctimas de la persecución por la militancia política, sindical o de derechos humanos), gais, lesbianas y trans no tienen descendientes que se sientan orgullos de sus padres, tíos o abuelos, y que reivindiquen su memoria.

Gais, lesbianas y trans, víctimas políticas del régimen franquista por su orientación sexual y/o su identidad de género, esperan una reparación que apenas llega a cuenta gotas. Y debemos ser las entidades LGTBI las depositarias de esta memoria la que reivindiquemos su sufrimiento y opresión, en estudios, propuestas políticas, y jornadas como la que este 17 y 18 de noviembre de 2021 se celebrarán en el Palacio Marqueses de la Algaba de Sevilla, organizadas por la Oficina de Memoria Histórica del Ayuntamiento de Sevilla, en colaboración con la asociación Adriano Antinoo.

Por Pablo Morterero, presidente de Adriano Antinoo y coautor de “Lo personal es político. Historia del Movimiento Homosexual en Andalucía”.

 

Proceso de empoderamiento LGTBIQ+

Viñeta de Teresa Castro (@tcastrocomics)

 

La visibilidad de las personas intersex también es importante

Por Krisol Pro Derechos Humanos Intersex de Adriano Antinoo

 

Este 26 de octubre volvemos a conmemorar el Día de la Visibilidad Intersex. Para Krisol Pro Derechos Humanos Intersex de la Asociación Adriano Antinoo se trata de una fecha importante, porque si algo agrava la terrible situación por la que han pasado las personas intersex a lo largo de la historia es su invisibilidad, provocada, entre otras cosas, por una mal entendida protección por parte de los profesionales de la salud así como de los familiares.

Las personas intersex suponen alrededor del 1,7% de la población, que en España se traduce en que al menos 800.000 personas presentan una corporalidad con rasgos intersex; o que en un centro educativo de 200 personas, puedan existir alrededor de 3 personas.

Si existen tantas personas intersex ¿cómo es posible que la gran mayoría de la población no conozca ni un solo caso en su entorno social, vecinal, familiar o laboral?

Un asfixiante silencio rodea la vida diaria de las personas intersex, que impide que su realidad corporal sea considerada jurídica, clínica y socialmente de forma adecuada.

En España son importante las medidas que hay que implementar para que la atención a la realidad intersex de los sistemas administrativos, médicos, educativos y sociales sea correcta.

Pero sin duda, ello será mucho más difícil si las propias personas intersex y sus familias no asumen el reto de la visibilidad. Como en otros casos, y que ha afectado históricamente a las personas homosexuales, bisexuales y trans, se trata de un proceso complejo, que requiere un gran respeto por parte de todas y de todos.

Pero para Krisol Pro Derechos Humanos Intersex de la Asociación Adriano Antinoo se trata de un proceso esencial para poder avanzar en la defensa de los derechos de las personas intersex a su pleno desarrollo corporal y social, sin mutilaciones genitales, y sin procesos clínicos y administrativos que vulneran sus derechos fundamentales.

Y por ello, es fundamental promover espacios seguros para las personas intersex y sus familiares, grupos de iguales que con el apoyo de las personas aliadas, puedan trabajar en un proceso de empoderamiento que conduzca finalmente a una mayor visibilidad.

Uno de esos espacios es el propio Grupo Krisol, con base en la ciudad de Sevilla pero que se extiende a lo largo de la Comunidad Autónoma de Andalucía. Un espacio de personas intersex, familiares y aliados a disposición de toda la comunidad intersex.

 

Para más información en intersex.adrianoantioo@gmail.com