Archivo de la categoría ‘Educación’

Zoofilia

Por @MoscasDeColores

 

“La fornicación contra natura realizada entre hombres o de personas con animales se castigará con pena de cárcel; también se podrán retirar los derechos civiles.”

(código penal alemán siglos 19 al 20)

“a nuestros niños con ocho años, ahora, se les dan unos cursillos en que, bueno, aquí tengo alguno, por cierto, en que se les dice que, bueno, tienen que probar a ser niña, y a la niña ser niño y, y todo esto con ocho años, y probar nuevas prácticas sexuales y explicárselas a las demás, y hablan de zoofilia y de parafi…, y todo esto se lo cuentan, esto se lo cuentan talleres”

(Rocío Monasterio en una entrevista en esRadio, siglo 21)

 

Hay quien tiene la convicción de que si una persona es una mujer, entonces su cuerpo es el de una mujer, su expresión es la de una mujer y su anatomía es tal que es especialmente complementaria a la de una persona que es un hombre, cuyo cuerpo es el de un hombre, que se expresa como un hombre y cuya anatomía es especialmente complementaria a la de una mujer. Es un determinismo biológico, es lo natural, es lo obvio, y además es lo que posibilita la reproducción. Salta a la vista que es la verdad.

Esta idea, esta creencia, es muy antigua. Lleva con la humanidad mucho tiempo, y ha llegado hasta hoy a través de dos vertientes, la religiosa, en la que el sexo es solamente reproductivo, y la científica, ya superada en parte, en la que cualquier cosa que estuviera fuera de ese paradigma psico-biológico y determinista, era una desviación, que integraba la homosexualidad en el grupo de las filias.

La vertiente religiosa nos lleva hasta el Levítico, en el que se intentaba controlar el comportamiento sexual que entonces existía de facto, como el sexo con familiares, el sexo con animales, o cualquier actividad sexual que no fuera procreativa, como el coito anal o la felación.

La vertiente científica iniciada a finales del siglo 18, pretendía clasificar y explicar la diversidad sexual que existía, también de facto, y lo hacía con la idea de lo normal y lo desviado.

Las palabras de Rocío Monasterio tienen que ver con esa visión religiosa, procreativa y patologizadora de la sexualidad, pero además expresan implícitamente el reconocimiento de la diversidad sexual: la diversidad sexual existe, pero no nos gusta, no la queremos.

Y como no la quieren, patalean, como quien sabe que no tiene más remedio que aceptar la realidad, como quien sabe que su visión del mundo no es, finalmente, la comúnmente aceptada.

Pero, que a nadie le quepa la menor duda, Rocío Monasterio sabe que lo que dice es falso, pero utiliza esta herencia cultural, que todo el mundo conoce, para hacernos chantaje sentimental, porque como decía nuestro querido Eduard Punset, a la bacteria hay que darle un argumento.

Si cuando el debate del matrimonio igualitario exageraban diciendo que ¿qué sería lo siguiente? ¿Casarse con una cabra?, con el debate sobre la educación sexual, relacionan la diversidad sexual con la zoofilia. ¡Oh my god! ¡¡¡Enseñar zoofilia a los niños!!! Hay que proteger la infancia.

Relacionar la diversidad sexual con la zoofilia es la misma estrategia que relacionar la homosexualidad masculina con la pedofilia, es apelar a los mejores sentimientos de las personas que no quieren ningún mal para la población infantil y juvenil. Lo mismo que hacen en Rusia y en otros países de su entorno.

Pero lo que en realidad están haciendo es creerse con el derecho a enseñar a sus niñas y niños que la realidad es distinta a la que es por el mero hecho de que la realidad les disgusta, pero dando un paso más que, por ejemplo, los Estados Unidos, donde el creacionismo y la evolución de Darwin están en el mismo nivel de verosimilitud. Porque les disgusta, pero también, porque les interesa pescar en un caladero de votos en el que reina por su ausencia la cultura sexual.

En este mundo hay personas transgénero, hay personas homosexuales, asexuales, intersexuales, una tipología amplia y específica, hasta 58 identidades apunta Monasterio, que ella querría ver reducidas a una: las anormalidades. Negando a las generaciones jóvenes la realidad que ella misma reconoce, no pretende otra cosa que mantenernos sexualmente analfabetos.

Y por eso hace lo que hace Rocío Monasterio. Y con ella Putin, Salvini y Orbán entre otros. Hipocresía, incultura, votos, votos, votos… Y por eso dice lo que dice Monasterio, con ese tono suave, casi susurrando: zoofilia y parafi.

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Género y violencia: sobre la abolición, las fronteras y les hijes de otres

Por Victor Mora (@Victor_Mora_G ‏)

 

A propósito de la afirmación tan contundente como poco específica de la “abolición del género”, se despliegan de tanto en tanto tormentas de críticas y agresiones en red (que más pronto que tarde, como sabemos, pueden transformarse en otra cosa). El uso de ‘todes’, por ejemplo, como marca de género neutro, se critica hasta la náusea por parte de ‘abolicionistas del género’. Es frecuente también ver el enfrentamiento violento contra personas o familias que optan por una crianza crítica con los estándares del género. Una crianza crítica que puede ir desde cuestionar los elementos tradicionales asociados al género y ponerlos en disputa, hasta posicionarse políticamente en el uso lingüístico de ese neutro en lo que refiere a sus hijes, para generar con ello un espacio de habitabilidad del género más libre y, en fin, respirable. Quienes se enfrentan y tratan de ridiculizar estos posicionamientos hablan como si utilizar las marcas de género binarias y tradicionales no fuera también un posicionamiento político que, por demás, es continuista de la violencia que la estructura misma del género contiene. Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de abolición del género?

Hasta hace unos años afirmar que el género era una cuestión cultural, una construcción (esto es: no natural) era algo común salvo, claro está, en reductos conservadores. Las implicaciones de la naturaleza quedaban atrás desde el consabido “no se nace mujer” para comenzar un nuevo camino en la desarticulación de la subordinación de las mujeres, sometidas a una opresión política, social y cultural, que nada tenía de natural (o ‘biológico’). Mucho ha llovido desde entonces.

La desvinculación de la “naturaleza” del sexo de sus devenires políticos supuso una revolución epistémica que sigue siendo difícilmente rebatible, aunque de unos años a esta parte, no obstante, se haya pretendido desmantelar todo el trayecto en nombre, paradójicamente, de la lucha contra la misma opresión. Quizá, lo más difícil de desmantelar era la propia noción de género, por lo que se ha pretendido afirmar que como tal ‘construcción cultural’ no era, pues la ‘opresión verdadera’, que pasaría a ser, entonces, el sexo (ese natural, ese biológico). Lo único cierto es que el hecho de que unos genitales sean visibles y tangibles y la normatividad de género no sea algo medible en los mismos términos no quiere decir, evidentemente, que el género no exista o exista menos. La primera opresión que se administra al sexo es, efectivamente, el género, como conjunto de códigos sociales, culturales y políticos que se administran simbólicamente a cada criatura que nace con unos genitales determinados.

Aquí hay dos problemas, el primero es entender que ese “simbólicamente” conlleva toda una estrategia establecida de códigos que se traducen también en elementos físicos (como ropa, adornos, juguetes o libros) y en otros que, nuevamente, no por no ser físicos existen menos (comportamientos, actividades sociales, formas de hablar, etc.). Todo ello está marcado por el género. El segundo problema, y es el más difícil de comprender porque no tiene una respuesta concreta (ni tiene porqué tenerla, pero ya hablaremos de eso), es que si bien todas las existencias en sociedad, todos los cuerpos, están marcados por una relación entre el sexo y el género, es una relación que en muchos aspectos permanece velada para nosotros, es diversa, inesperada, no es siempre binaria, y sigue siendo, en gran medida, misteriosa. Los códigos culturales de la masculinidad y la feminidad se imbrican en los cuerpos de maneras variadas, complejas y plurales. El binarismo es un empeño (contextual, cultural y situado) que no se corresponde con el despliegue de múltiples formas de habitar el espectro que conforma la relación sexo-género. Históricamente hemos tratado de buscar respuestas paramédicas, morales, religiosas… todas han contribuido a la violencia. Y es que el género es la violencia, y en esa afirmación podríamos encontrar un principio de acuerdo, pero, ¿desde dónde/cuándo comenzamos?

Primero, quizá, por asumir que sea cual sea nuestro habitar sexo-género, hubo un principio de imposición de un modelo (patriarcal, cis, binario, heterosexual) que se dio por hecho cuando nacimos y que se nos desplegó encima con toda su fuerza cultural (y toda su violencia implícita).

Decir que el género es la violencia, es afirmar que es una opresión que nos afecta a todes, lo cual no significa que sus implicaciones sean equivalentes. Sí significa, sin embargo, que es una cuestión estructural que atraviesa a todos los cuerpos y que organiza su distribución en el espacio social, y condiciona el acceso a la redistribución y el reconocimiento, como lo hacen todas las opresiones estructurales. Si decimos que el género es la violencia, ¿convenimos en que abolir el género es un objetivo común? De acuerdo, por qué no, vamos a probarlo. ¿Cuáles son las estrategias? Veamos dos de ellas.

Una de las estrategias más recientes en nuestro contexto, en nombre de la abolición del género, ha sido atacar a una minoría vulnerable. Como sabemos el argumento que más se suele utilizar contra las personas trans (concretamente contra las mujeres trans) es que perpetúan los roles de género, y como lo que se pretende es abolir el género, atacar a las mujeres trans se ha convertido en el estandarte de un sector que se autodenomina ‘radical’ y que, desde luego, ha reproducido y esparcido radicales violencias. Sobre el problema TERF, es interesante ver el video que compartió en 2019 la youtuber ContraPoints, titulado ‘Gender Critical’, en el que expone claramente todos los puntos (hasta el absurdo) de este posicionamiento político (porque es un posicionamiento político, que elige la exclusión de cuerpos vulnerables y la violencia sobre los mismos). ContraPoints explica que un buen símil podría ser posicionarse políticamente en contra de la existencia de las fronteras geopolíticas, y como estamos en contra de las fronteras geopolíticas, nos negamos a dar la documentación a los migrantes que las cruzan, porque lo que hay que hacer es abolir las fronteras. Y más allá, en lugar de ir en contra de las instituciones políticas que recrudecen la división fronteriza, elegimos ir en contra de los migrantes que las cruzan, es decir, de las personas que más sufren esta división política. Otra estrategia podría ser la de asumir que las fronteras existen y que, como el género, por más que no sean visibles o tangibles, los parámetros históricos y políticos han levantado estas divisiones que desembocan en situaciones, a veces, de invivible injusticia. Si asumimos que las fronteras, como el género, existen, por más que nuestra intención final sea abolirlas (esto es: que no sean necesarias), el camino que tenemos por delante, el primer paso, el urgente, es hacer que sea lo más habitable, lo más fácil, lo menos violento posible para todas las personas.

A la luz de esta idea (que también es un posicionamiento político), parece que, por ejemplo, una crianza crítica con los estándares del género, que los enfrente, que no asuma el despliegue patriarcal cis heterosexual sobre unos genitales como necesario y dé por hecho una identidad esencial, es un posicionamiento que va, precisamente, contra las estructuras y no contra personas o colectivos. Es un posicionamiento que genera otro espacio posible de desarrollo, no sometido a los estándares que el sexo-género impone, y que tratará de dar la mayor autonomía y libertad posibles sobre el propio reconocimiento. En resumen, parece que las tentativas críticas de agitación de los estándares, la transformación de usos lingüísticos, la reapropiación de conceptos y el intento de generación de espacios de intimidad y desarrollo más respirables, al final, hacen más por deconstruir la estructura del género que ir en contra de las personas que más se perjudican de esta división binaria, construida y cultural (y que no por construida y cultural, insisto, existe menos).

Quizá no se trata tanto de imponer un eslogan contundente que caiga en lo inespecífico (y que sirva como excusa para llevarse por delante a quien te incomoda), sino de tratar de crear más y más espacios de libertad con alternativas posibles para hacer que el género sea (o intentar, al menos, que acabe siendo) un lugar habitable para más personas, menos violento, menos determinista y lo más fluido posible.

 

 

Imagen: «Autorretrato como niña trans», Roberta Marrero, 2018

Relatos para combatir al miedo con humor y amor

Por Nieves Gascón, (@nigasniluznina), la cuentista de nuestro refugio

 

Esta mañana de domingo me quedé en la cama un ratito más junto a mi gata Olivia, con la que convivo desde hace once años y como una bruja de cuento, aprovechando una hora más de sueño por el cambio horario. También tengo una preciosa bola de cristal azul, de las de ver el futuro, y me encantan las medias largas de rayas de colores. Decididamente tengo vocación de bruja, o quizás como feminista, recojo el relevo como descendiente de las brujas que no quemaron en los tiempos de La Inquisición, aunque el feminismo más aburguesado me da serios disgustos últimamente rechazando el avance del reconocimiento de los derechos de las mujeres trans, infravaloradas por no ser original y biológicamente mujeres. Pero esta es otra historia para no dormir, y además a recuperar en otro momento.

Escribo este post en la noche de Halloween. Mis hijas se han disfrazado y han salido con amigos y amigas, que esta noche se transforman en fantasmas y seres terroríficos para dar mucho miedo o mucha risa.

En este ambiente de terror, reviso los diferentes títulos de nuestra estantería de diversidad y género, y encuentro varios relatos relacionados con los seres más tenebrosos relacionados con esta noche de miedo. El primero ¡UUUH!, álbum ilustrado de Fran Roselló y Chiara Boffi, editado en 2017 por La Locomotora, que describe la historia de un pequeño fantasma perdido en el recorrido de la atracción de feria del Castillo Encantado, que disfrutan Didac y Aina. Este niño y esta niña se encuentran con el fantasma y le ayudan a buscar a su familia, en concreto a sus dos padres. Por el camino van encontrando a familias muy diversas, como la Mujer Loba y sus cuatro cachorritos, la Señora Fankenstein divorciada y enamorada de la Bruja, con quien cría a su bebé, además de otros personajes como el Señor Vampiro,colgado del techo y boca abajo. Todas estas familias tienen algo en común: el amor como eje que alimenta las relaciones entre sus integrantes. Este título es recomendable para pequeños, pequeñas y pequeñes de a partir de cinco años, con ayuda, porque el modelo de letra es un poco complicado a priori, aunque estéticamente original. El gran tamaño y protagonismo de las ilustraciones hacen esta edición cuadrada y de tapa dura, especial, accesible y muy dinámica.

Otro álbum ilustrado de edición impecable, de trapa dura, alargada, grande, y manejable para manos pequeñas, es la del álbum Daniela Pirata y la bruja Sofronisa de Susanna Isern y Gómez, editado recientemente, en 2021 por la editorial NubeOcho, como tercera entrega de una serie de relatos: Daniela Pirata, el primero, el segundo, Daniela y las chicas piratas, y este tercero que nos ocupa. Este cuento tiene unas preciosas coloridas, dinámicas y expresivas ilustraciones de gran tamaño y todo lujo de detalles. El texto combina letras minúsculas con mayúsculas que lo hacen muy accesible a neolectores y neolectoras de a partir de cinco años. La “malvada bruja Sofonisa” vive escondida en “Isla Tenebrosa”, tiene increíbles poderes y con sus “pociones mágicas” puede hacer hasta “temblar la tierra”. Sofonisa es un oscuro personaje de pelo malva que causa estragos a Daniela pirata y su tripulación, además a los habitantes de Isla Volcán, a quienes odia por que son felices. Pero tanta maldad tiene una lógica explicación que no voy a contar, y la bruja es capaz de superar su odio con ayuda de Daniela y su tripulación.

Y para continuar con brujas malvadas, recomendamos Cosas de brujas, álbum de Mariasole Brus y Marta Sevilla, también editado por NubeOcho en 2019, y ganador de la V Edición del Premio de Literatura Infantil Narrar La Igualdad, creado por la asociación italiana Woman to Be, para “difundir una literatura de igualdad que promueva el respeto de la identidad y luche contra los estereotipos”. Esta edición también combina letras minúsculas y mayúsculas de trazado sencillo y accesible para peques de a partir de cinco años. Las ilustraciones son divertidas, de vivos colores, dinámicas y gran tamaño. El texto confronta una historia ágil, brillante y muy graciosa, dando tratamiento desde una perspectiva de género muy adecuada a la edad de lectores y lectoras, para hacer entender que con independencia de ser niño, niña, niñe o bruja, las actividades y juegos que nos gustan no tienen que estar predestinados o asociados a ningún género. Los niños pueden peinar muñecas y las brujas no tienen que hacer maldades además pueden estar bien peinadas, y hasta a prender a surfear con una escoba mágica. Lo importante es romper estereotipos y disfrutar de lo que hacemos dejando las etiquetas de género y los prejuicios de lado.

Y para cerrar este post escrito en una noche de terror, es necesario recomendar un clásico como Donde viven los monstruos, con texto e ilustraciones Maurice Sendak en 1963, mi ejemplar editado en España por Alfaguara en 16ª edición en 2008 (primera edición en 1984), habiendo una edición posterior de 2014 por la editorial Kalandraka. Este cuento clásico, sin embargo muy actual, ha a acompañado a varias generaciones de niños, niñes y niñas, para quitarles el miedo a los monstruos, siendo uno de los primeros álbumes ilustrados de la historia y adaptado al cine en 2009 por el director Spike Jonce, con guion de él mismo junto al guionista Dave Eggers. Este relato cuenta como Max un niño un tanto trasto, es castigado por su padre y madre a irse a la cama sin cenar y esa misma noche se traslada en barco por el mar atravesando días, noches, semanas, meses y años, hasta llegar al lugar donde viven los monstruos, que le intentan asustar, pero Max les amansa utilizando truco retador y termina liderándolos. De esta manera se organiza la mayor de las juergas monstruosas, hasta que Max da por finalizada la celebración y envía a todos los monstruos a la cama sin cenar. No voy a contar el final porque este relato es de obligada lectura para peques y grandes, además de una maravillosa obra de la narrativa infantil. Tanto la edición, mate y con tapas duras, como las ilustraciones de finos trazados en armónicos tonos ocres, hacen a esta obra única e irrepetible.

Espero que con todos estas recomendaciones contribuyamos a que se disipen todos los miedos nocturnos de niños, niñas y niñes, porque las brujas, fantasmas y monstruos no existen, o únicamente viven en la ficción alimentada por nuestra imaginación, y sobre todo por la de niñas, niños y niñes. Todos estos álbumes les ayudaran a aprender que los fantasmas son vulnerables, pueden tener dos papás, que las familias son diversas, que podemos jugar a lo que nos apetezca sin ningún encorsetamiento de género y sobre todo que podemos dominar a nuestros monstruos internos con humor.

Confieso que siento mayor temor por vivos o vivas que por muertos o muertas en esta oscura y lluviosa noche de Halloween. El temor real lo debemos tener de los actos de intolerancia, los discursos de odio y falta de respeto a la diferencia y frente a la diversidad de género e identidad sexual. Temamos a la LGBTIfobia y al fascismo institucional, un peligro auténtico, y acompañemos el aprendizaje de niños, niñes y niñas, con amor y respeto a la diferencia, ensalzando el derecho a la igualdad y la libertad.
Pero sobre todo lean y disfruten.

¡Hasta pronto!

Fahrenheit 451 LGTBIQ+

Viñeta de Teresa Castro (@tcastrocomics)

 

La vuelta al cole y a la LGTBIFOBIA

Juan Andrés Teno (@jateno_)

 

En sólo unos días toda la población escolar iniciará un nuevo curso lectivo. Parece ser que, debido a la situación de evolución positiva de la pandemia, las clases van a retomar la normalidad que se vivía en los centros educativos tras dos años extraños de ausencias y virtualidad. Esto significaría que se acabaría la educación a distancia y el cuerpo a cuerpo será la novedad de septiembre a junio.
Volverán las criaturas, de 3 a 16 años, a poblar las aulas, los pasillos, los patios y las zonas comunes. En mayor o menor medida volverán los contactos físicos, los abrazos, el mirarse a la cara. Y también lo hará la LGTBIfobia.

Unos de los principios docentes en este país en la educación en valores. Los colegios e institutos no son solo proveedores de conocimientos científicos si no de transmisión de comportamientos democráticos que hagan posible que esta sociedad siga evolucionando y que se haga más amable y respetuosa, especialmente hacia las minorías.

Todavía existe una parte de la ciudadanía, y por ello de madres y padres, que siguen afirmando alegremente que “en la escuela se enseña y que en la casa se educa”. Es inoperante que un docente muestre a su alumnado como sumar, hacer una raíz cuadrada o despejar una ecuación si no transmite también conceptos éticos y de convivencia. Hasta sobran las explicaciones, por que si algo han mantenido las distintas normas que los gobiernos han ido dictando en las últimas décadas ha sido el principio básico de la educación en valores.

Por mucho que nos pese seguimos viviendo en un país machista, racista, adultocéntrico y LGTBIfóbico. Sigue molestando que la mujer tenga los mismos derechos que el hombre, que los inmigrantes sin recursos puedan incorporarse a la sociedad, que se escuche la voz de la infancia y la adolescencia y que las personas LGTBI tengan los mismos derechos que sus coetáneos heterosexuales y cis.

Esta violencia que sufren las personas LGTBI y sus familias empieza a ser asfixiante. Frente a un reciente informe europeo que revela que España es el país europeo con mejor aceptación social a gais, lesbianas, bisexuales y personas trans, en este país se ha constatado un importante crecimiento de la violencia hacia este colectivo con agresiones casi diarias, incluyendo el asesinato del joven Samuel. Y eso partiendo del hecho de que solamente se denuncian en torno al 10% de los casos de LGTBIfobia.
Se tendrá que analizar el porqué de este incremento de la violencia. Pero es evidente que se ha dado apariencia de legalidad a la LGTBIfobia al ser sostenida por la tercera fuerza política del país que ha situado a 52 diputados y diputadas en el Congreso. Esta irracionalidad democrática de la extrema derecha siempre ha existido, pero no contaba con un altavoz organizado y amparado por las reglas democráticas. Consecuencia directa es que se confunda un delito de odio con la libertad de expresión o de acción. Además, recientemente, desde la izquierda política, y a través de una parte del feminismo, se ha propagado un discurso tránsfobo, que poco a poco va tiñéndose de homofobia. Ellas son las TEFRS.

Sorprende la juventud (aunque las haya de todas las edades) de las personas que ejercen la violencia verbal y física contra lesbianas, gays, bisexuales y personas trans. Su edad evidencia un sistema educativo que no ha sabido afrontar la educación en diversidad y que no ha podido frenar discursos de odio procedentes de las familias, amigos o cualquier otro escenario de socialización.

Esta violencia social es inevitable que se cuele en las aulas a lo largo del mes de septiembre y durante todo el curso 2021/2020. Y lo es porque inevitablemente se está gestando también en los centros educativos, donde puede permanecer larvada o estallar en episodios de acoso escolar.
Son muchas las voces que, desde hace años, reivindican la enseñanza en los centros de la diversidad afectivo sexual, familiar y de género. Demandas que son ignoradas o que llegan a las aulas con cuentagotas.

No se puede pedir al profesorado que hable de orientaciones e identidades a su alumnado cuando no ha sido formado previamente en estas materias. Por ello se sigue necesitando la participación de entidades y activistas LGTBI para que esta información llegue a las aulas, sobre todo ahora tras dos años de casi total ausencia de las mismas en los centros educativos.

Sucede que la mayoría de las autonomías tiene aprobadas leyes LGTBI que indican que este tipo de materias deben ser abordadas en las aulas, pero también ocurre que, aun existiendo este automandato, las distintas consejerías de educación se lo pasan por el arco del triunfo. Se está comprobando que la normativa LGTBI sólo está siendo utilizada para que los políticos de turno se hagan la foto de rigor con los representantes de las entidades el día de su aprobación, ya que no está siendo implementada en Madrid, Cataluña, Región de Murcia o Andalucía. Y no son los únicos ejemplos, hay más, son casi la totalidad de las autonomías.

Es de recibo reconocer el esfuerzo que se hace desde algunos centros educativos para abordar las cuestiones de diversidad o de centros de formación del profesorado para desarrollar cursos. Pero son tan insuficientes, llegan a un número tan reducido del alumnado que pueden considerarse anecdóticos.
Lo mismo ocurrirá cuando se apruebe, si es que se aprueba, la normativa estatal. Es urgente que las consejerías de educación cumplan con los mandatos parlamentarios, que formen a la totalidad de profesorado, que obliguen a los centros educativos a trasladar estos conocimientos al alumnado y a penalizar a quien no lo haga. Pero, claro, si el consejero o la consejera de turno no acata una ley que le dicta el desarrollo de estas materias, es ilusorio pensar que traslade este mandato a los centros y el profesorado.

Es urgente que desde la Educación Infantil se aborde la diversidad familiar de manera sistemática y que, con el paso de los cursos, se dé información certera y científica sobre diversidad afectivo-sexual e identidad de género. Como esa violencia que está llenando de moratones, heridas y muerte a las personas LGTBI de este país traspase las verjas de los centros educativos los únicos responsables serán los políticos que no cumplen con sus obligaciones.

Y, paralelamente, es importante que todas las universidades formen en estas materias a los futuros docentes, para que una vez asentados en los centros de enseñanza no tengan que esperar su admisión a unos escasos cursos de formación que llegan con escasez y demasiado tarde.

Además, hay que recordarle a las direcciones de los centros que quien dirige sus acciones son las leyes y normas educativas y no la actitud desafiante de padres ultraconservadores o madres TERFS.
De poco sirven los presurosos comunicados de algunas entidades LGTBI exigiendo a los ejecutivos autonómicos la aplicación las leyes LGTBI si luego corren aturdidas a su llamada en los actos publicitarios de presentación de un folletito o un video inocuo con el que lavan la cara ante sus ausentes políticas de diversidad.

La vuelta al cole sigue siendo para una parte de una nuestra infancia y adolescencia un episodio terrorífico del que han podido liberarse durante el periodo vacacional o el inicio de un infierno que les afectará el resto de sus vidas.

Si a partir de la semana que viene un niño, una niña o un niñe, un adolescente o un joven vuelve a su casa, tras la jornada educativa, con lágrimas en los ojos, insultos en su dignidad o moratones en su cuerpo, espero que las consejeras y consejeros de educación de las diferentes autonomías sientan el dolor en sus entrañas, porque ellos son los primeros y últimos responsables de que esto siga sucediendo.

JUAN ANDRÉS TENO

Periodista y activista LGTBI especializado en Diversidad Familiar

Cuenta en Twitter: @jateno_ 

Blog: https://familiasdecolores.wordpress.com/

 

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¿Quién le da la vuelta al cole?

Por Julián Guerra (@JulenWar)

 

Con el inicio del curso escolar volvemos a reflexionar sobre las carencias del sistema educativo, y entre ellas, las que se dan en el tratamiento de la diversidad afectivo-sexual. Para muchos, estos temas han pasado a cuarto o quinto lugar de importancia por entender que los protocolos anti-Covid deben ser prioritarios. Pero no olvidemos que la falta de atención a esta diversidad en los centros educativos también arrebata vidas y que, sin ningunear a la originaria de Wuhan, la LGTBfobia ha de ser considerada también una pandemia.
Los enfermos de este mal los encontramos en todo el mundo y su poder de contagio parece que aumenta. En España hay variantes muy peligrosas, como la de las tres letras verdes o la de cierta Consejera de Estado, y cuyo peligro ninguna autoridad parece advertir.

Pero seguimos iniciando cursos con esas carencias. El profesorado no aborda, salvo excepciones heroicas, estos temas, bien porque en el diseño curricular de su Comunidad no aparezcan, bien porque, apareciendo, ninguna administración educativa se preocupe de cerciorarse de que se llevan a cabo. O por miedo a padres contagiados de la variante de tres letras verdes; y es comprensible, porque el sistema no parece protegerles, no les invita de forma rotunda a tratar la diversidad afectivo-sexual de manera habitual. No debe seguir siendo este un “tema transversal” del que se habla “si se da la ocasión”, sino que debe formar parte de la rutina escolar.

Estamos tan acostumbrados a decir “sistema educativo” como un sintagma cerrado que llegamos a perder la noción de lo que significa la palabra sistema. En un sistema todos los elementos están relacionados entre sí y contribuyen a alcanzar un objetivo común. Por eso es inútil que existan personas o acciones aisladas en un centro, o en un país, que se esfuercen en incluir esta educación. Desde el Ministerio hasta el último conserje de colegio, pasando por consejeros, delegados, inspectores, directivas, profesores y AMPAS forman parte del sistema educativo y la labor de cada uno de ellos debe perseguir los mismos fines, entre ellos el de la educación en diversidad, de forma coordinada y coherente.

Entonces, ¿qué debe cambiar en los centros educativos respecto a este tema para que no tengan carencias? Para empezar, se debe informar a los profesores -y no solo tutores- sobre su obligación de incorporar estos conocimientos de diversidad, impartan lengua o matemáticas. Y, consiguientemente, se debe formar a estos profesionales en esta materia.

Asimismo, las personas al cargo del Departamento de Orientación deben poseer la capacidad necesaria para atender al alumnado en todo lo relativo a estos asuntos. Los profesores del colectivo empezamos a estar hartos de que estas personas nos envíen alumnos, alumnas, e incluso alumnes, porque no están preparadas para comprenderles. Que ayudamos encantados, pero no es nuestro cometido, y en muchas ocasiones nos colocan en situaciones de peligro.

Aparte de esto, ya es hora de que la Administración vele por el cumplimiento de las leyes revisando lo que los libros de texto -la gran mayoría en manos de editoriales filocatólicas- incluyen en sus páginas. ¿Por qué siempre tengo que sumar los caramelos que a Antoñito le da su padre y los que le da su madre? ¿No puede Antoñito tener dos madres alguna vez? ¿Por qué no hay ilustraciones o fotografías que retraten a parejas o familias diversas? ¿Son menos buenas?

Por otro lado, todos los agentes de la comunidad educativa deben estar formados en la legislación. No puede ocurrir que quien debe iniciar el protocolo trans, por ejemplo, espere a informarse de qué es “el protocolo trans” cuando llegan los padres a solicitarlo. No puede ocurrir que se tema al “pin parental” desconociendo su ilegalidad.

Y por último, toda la documentación –física o digital- que emane del centro (formularios, cartas, carteles…) debe incluir a todas las personas receptoras posibles. Las familias homoparentales no queremos seguir teniendo que tachar “padre” o “madre” cuando nuestros hijos nos traen papelitos del cole, y, sobre todo, no queremos que ellos perciban esa falta de consideración para con su modelo de familia.

Adoptar estas medidas no es tan difícil. Hay algunos centros estupendos, todavía muy pocos, donde se hace y bien, aunque tengan poca colaboración institucional. Pero no podemos conformarnos con las excepciones, porque eso se diluye en algo tan grande como un sistema. Necesitamos que se generalicen estas actuaciones, para que todo el alumnado pueda estar protegido frente a esta pandemia. Porque la educación también es una vacuna.

 

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Bibliotecas Humanas. Escuchar para entender.

Por Charo Alises (@viborillapicara)

 

Entre las iniciativas para promover el respeto y la empatía, encontramos una propuesta muy original y efectiva: las bibliotecas humanas. Las bibliotecas humanas se basan en la importancia de conocer diferentes experiencias para compartir vivencias y, de ese modo, humanizar a quienes nos pueden parecer diferentes .

Este proyecto nace en Dinamarca en el año 2000 cuando Dany Abergel, Asma Mouna y Ronni Abergel idearon una actividad para poner remedio a la oleada de violencia nocturna que sufría Copenague , después de que un amigo común fuese apuñalado brutalmente. Empezaron con la ONG Stop the Violence llevando a cabo una campaña de sensibilización y educación dirigida a despertar la conciencia de la juventud sobre la violencia . Del éxito de esta actividad nacieron las Human Library como movimiento internacional.

Son bibliotecas con “fondos humanos”. No se prestan libros, se prestan personas para conversar con otras y exponerles sus circunstancias. La idea es compartir historias de vida que rompan estereotipos y nos acerquen realidades que consideramos ajenas. Estos libros humanos son peculiares ya que pueden variar dependiendo del momento en que se lean ya que están escritos en la tinta indeleble de la tradición oral.

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Las personas que se ofrecen como libros humanos para formar parte de esta original biblioteca, lo hacen de forma totalmente voluntaria y gratuita. Suelen ser personas migrantes, enfermas, refugiadas, con alguna discapacidad, personas con situaciones complicadas que tienen una historia de la que podemos aprender. Compartiendo sus vivencias, quienes escuchan a estas personas, conocen nuevas realidades y empatizan con su situación, rompiendo prejuicios, fomentando el diálogo y el respeto entre gente de diferentes países, culturas, religiones, capacidades, formas de vivir, de amar y de sentir.

Las bibliotecas humanas ofrecen títulos tan interesantes como “Soy refugiada”, “Soy autista”, “Vivo en la calle”, , “Soy una persona trans, “Crecí en un orfanato, “Sufrí abusos sexuales”, “ Creo en el poliamor o “Vivo con VIH. Son historias llenas de vida que proporcionan una visión que combate los prejuicios.

Las sesiones suelen tener una duración de veinte minutos o media hora y se trata de conversar con esa persona a la que también se le puede preguntar. Como explicó Daniel Goldin, director de la Biblioteca de Vasconcelos en México, a El País en una entrevista concedida a este periódico el 23 de febrero de 2016:

Cualquier persona posee un saber que puede compartir, y lo que hace este formato es reconocer el saber, no tratar al público sólo como una persona ignorante que viene a conocer algo nuevo sino como una vasija llena que puede compartir y enriquecer a otras personas. Se trata de romper la barrera entre el creador y el público

Más de ochenta países cuentan con bibliotecas humanas. El éxito de la experiencia danesa animó a replicar la idea en otros lugares Rumanía, Islandia, Noruega, Canadá, India, Estados Unidos y Portugal siguieron la estela de Dinamarca. En España existen bibliotecas humanas en Madrid, Barcelona o Sevilla.

Más información aquí: Guía Biblioteca Humana

 

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Cómo el ataque a los derechos LGBT+ dañará la salud pública

Fernando Alvaro. Periodista Independiente

 

La votación del nuevo proyecto de ley del partido Fidesz, prevista para el 15 de junio en el parlamento húngaro, pone en peligro la salud pública y el futuro de jóvenes húngaros. Disfrazada de legislación que «protege a los menores», esta ley en realidad prohibirá cualquier discusión sobre la identidad de género y la orientación sexual, haciendo ilegal cualquier contenido que «promueva» o «retrata» la diversidad u orientación de género, y que pueda tener consecuencias catastróficas en diversas áreas de la sociedad.

Protegiendo a los jóvenes … ¿o propaganda?

Si, como lo representa esta nueva encuesta, Budapest es la ciudad que se siente más europea de todas en el viejo continente, esta ley es un golpe bajo para los ciudadanos y sus voluntades. El martes 15 de junio de 2021, el partido de gobierno de Orban, Fidesz, propondrá una nueva ley «anti pedofilia». Este proyecto de ley, sin embargo, además de censurar los productos pornográficos para menores, también quiere censurar cualquier situación y producto que «promueva la sexualidad para sus propios fines, promueva el cambio de género o promueva la homosexualidad hacia los menores».

“El proyecto de ley contra la pedofilia introduce sanciones contra los profesionales e instituciones que lo violen, amenazando la libertad del derecho a la educación y el derecho a la salud. Además, es muy probable que esta ley contribuya a la violencia y otras formas de acoso de los jóvenes en la comunidad LGBT, en contra de los derechos y libertades que toda persona debería tener «. escribe Human Rights Watch.

No es la primera vez que el gobierno de Orban ataca a una minoría: solo el año pasado, Dòra Dúró, vicepresidenta del movimiento ultraderechista húngaro «Our Homeland», rompió públicamente algunas páginas de un libro infantil llamado «Wonderland is for Everyone ”, en el que las historias tradicionales húngaras se reescriben para incluir a personas de las comunidades romaní y LGBT+, calificándola de“ propaganda homosexual ”. El gobierno húngaro ordenó entonces que se imprimiera un descargo de responsabilidad al principio del libro, que dice: «comportamiento inconsistente con los géneros tradicionales de juegos de rol».

Una pregunta europea

En 2018, el Parlamento Europeo decidió tomar medidas contra las autoridades húngaras y polacas, votando por mayoría para sancionar a los dos gobiernos por presuntas violaciones de los valores fundamentales de la Unión Europea, incluida la discriminación contra minorías y migrantes. Ambos gobiernos insisten en que no han violado los valores de la Unión Europea, pero ante leyes como la que próximamente se votará en el parlamento húngaro, es difícil creer en sus afirmaciones.

En Polonia, el ministro de Educación, Przemyslaw Czarnek, famoso por sus comentarios misóginos y homofóbicos (como definir a las personas LGBT+ como «personas no normales» y mujeres «llamadas por Dios» para procrear y pensar primero en la familia, luego en la carrera), es implementar un cambio completo en el sistema educativo polaco.

Recientemente, ha promulgado una legislación en la que el director decidirá si las organizaciones externas en las escuelas son apropiadas, a pesar de los deseos de los padres de los alumnos. Legislación que recuerda el papel que tuvo la política en los gobiernos de régimen, en el que el gobierno dictaba cómo educar a los jóvenes, a través de la propaganda en las escuelas y escondiéndose detrás de excusas como la religión y los roles «tradicionales».

La historia de Kyler Prescott

Un claro ejemplo de cómo esta ley dañará a la comunidad LGBT+ húngara, especialmente a los más jóvenes, es el del estadounidense Kyler Prescott, de catorce años.

Kyler fue constantemente intimidado por sus compañeros porque recientemente había “declarado” como transgénero, por lo que su madre decidió acompañarlo al hospital con la esperanza de que pudieran ayudarlo con sus tendencias de autolesión y pensamientos de suicidio que sufría.

El personal del hospital, sin embargo, se refirió a Kyler con su género de nacimiento, el femenino, y no con el que se identificó, es decir, el masculino. Además, fue dado de alta del hospital antes de lo esperado, sin haber recibido el tratamiento adecuado. Trágicamente, Kyler se quitó la vida unos meses después.

Una ventana al futuro de Hungría: Rusia

Si la muerte de Kyler no fuera suficiente, lo que sucede en Rusia podría ser una ventana para ver el impacto que tiene tal regla en la sociedad, y que podría depender de los jóvenes húngaros si se aprueba.

En 2013 el gobierno ruso introdujo la «ley anti-gay»: la ley es particularmente similar a la que será votada por el parlamento húngaro, siempre con la excusa de «proteger» a los menores, el gobierno ruso ha decidido que este último no pueden exponerse a la homosexualidad, para no convertirla en la «norma». Como se informa en el informe de Human Rights Watch, esta ley no ha hecho más que aislar aún más a los jóvenes de la comunidad LGBT+ de la sociedad, tal como lo hizo Kyler.

Al igual que la ley propuesta por el partido de Orban, el gobierno ruso tiene derecho a sancionar a quienes propongan «propaganda de relaciones no tradicionales»: debido a estas multas, el gobierno ha censurado sitios web, grupos en línea que ofrecen apoyo psicológico y asesoramiento a menores de la comunidad LGBT+ y clínicas de asesoramiento psicológico.

Si el gobierno de Viktor Orban está tan obsesionado con proteger a las familias y los jóvenes, siguiendo los valores de la «libertad cristiana», ¿por qué no protege a sus propios ciudadanos de la discriminación? Un joven húngaro, de cualquier género u orientación sexual, siempre seguirá siendo un joven húngaro.

 

 

Fernando Alvaro. Periodista Independiente

fernandoalvar2110@gmail.com

 

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Vidas contagiosas, aulas limpias

Rodrigo García Marina (@rodrigogmarina)

 

A efectos prácticos, si algo podemos ver con claridad tras las decisiones políticas del gobierno de extrema derecha húngaro son algunas de las debilidades de los argumentos que, en el pasado, empleamos para defender a nuestra comunidad LGTB. Hace unos meses, cuando las personas trans ponían el cuerpo en los espacios virtuales y políticos para la aprobación de la Ley de autodeterminación de género, fue común volver a una noción ingenua del derecho. Se consideraba que la razón última para la aprobación de esta misma ley era un sustrato inherente a ese cajón del desastre denominado “Derechos Humanos”, el cual pareciera contener una serie de derechos naturales obviando que la historia de la justicia es justo una historia de la lucha por alcanzarla e incluso, si decidimos ir más allá, un constante ciclo de su paulatina ganancia-pérdida. Sin dar por válida la consecución argumentativa de los multiculturalistas políticos, cabe aceptar una de sus contraargumentaciones: estos “Derechos Humanos” son un tipo de derechos que solo se exigen fuera de la comunidad occidental. Lo cual, más allá de las buenas intenciones, indica que, si las personas trans son personas, todavía queda alguien-algo en el límite que coteja lo humano y transita el plano de la monstruosidad.

Hannah Arendt en “Los orígenes del totalitarismo” nos explica que, a lo largo del siglo XX, pese a existir una noción común de ser humano, los Estados consintieron que distintos grupos sociales, étnicos, sexuales quedaran fuera de la jurisdicción. “Quedar fuera” de la regulación jurídica es ante todo estar al margen de la norma en un sentido menos obvio de lo que quizá esta frase pretende. Pues quien queda fuera, no solo está excluido por una vía negativa del disfrute de una serie de garantías que lo convierten en sujeto jurídico, sino que se expone a la vulnerabilidad de la imposibilidad real del afuera. Por eso, el margen no es un margen como tal, sino una posición política de subordinación totalizante produciendo, como señala Butler, que estas personas no solo vivan ausentes de derecho, sino que la ley misma les conduce a problemas. Por ejemplo, cuando un policía interpela constantemente a una persona racializada en la búsqueda de “los papeles”. En definitiva, en la búsqueda del afuera con el que cualquier entidad jurídica puede oponerse a quien no queda bajo la regulación positiva de la ley.

La cuestión es más capciosa de lo que cualquiera primeramente pudiera llegar a imaginar. Cabe preguntarse qué se prohíbe realmente cuando se prohíbe hablar sobre cuestiones LGTB en un aula y por qué en un aula y no, por ejemplo, en la parada de autobús, el supermercado o el hospital. Lejos de lo que las campañas de desprestigio han querido vender tanto en Hungría como en España con el auge de la ultraderecha, la promoción de diversidad sexual en las escuelas son proyectos didácticos cuyos objetivos quedan difícilmente definidos en el momento en el que es complejo calibrar para quiénes sirve. En el plano de lo político ocurre que la aprobación de medidas para particulares afecta al cómputo total del grupo. Pongamos un ejemplo: si se adecúa el espacio para que personas con diversidad funcional puedan acceder más fácilmente al aparcamiento, la virtud política no se ejecuta exclusivamente sobre las personas que por sus capacidades físicas tienen una mayor dificultad para operar en carretera. También transforma la totalidad de la sociedad, haciendo entender que determinados sujetos requieren de determinados servicios de los que otros quedamos exentos. Por ello, la educación en diversidad sexual puede serle de utilidad a aquel menor LGTB que se encuentra habitualmente en una situación de exclusión escolar para entender que no es la única persona en el mundo de su condición y que, de hecho, el mundo, pese a las distintas regulaciones y persecuciones sexuales a lo largo de su historia y geografía, posee dicha diversidad. Y también sirve para desenmascarar a acosadores y cómplices, para sensibilizar a compañerxs que a partir de ese momento pueden decidir “poner el cuerpo” como escudo. Ese cuerpo que nos obligan a “poner”, no permitiéndonos salir de núcleos de auto referencialidad constante y que nos hace estar tan cansadxs. Compañerxs: ¡necesitamos tantos escudos solidarios! 

Althusser, un filósofo marxista estructuralista francés explicó que, en la medida en la que el policía dice “alto” y te para, el poder interpela a las personas. Esta interpelación en el análisis del discurso reparte unos papeles muy distintos entre conversadores. Una de las cuestiones que más pudo consternarme durante el prolongado debate de la “Ley Trans” fue el torticero cambio de tornas. Se puede, y, de hecho, por salud democrática, se debe ser críticxs con los anteproyectos de ley en términos generales. Sin embargo, lo que podría haber sido una discusión acerca de la garantía jurídica rápidamente se convirtió en una cuestión ontológica donde las mujeres trans, para la ultraderecha y algunxs activistas de izquierdas, eran simplemente hombres travestidos con infinitas ganas de entrar en las cárceles y baños públicos para así poder violar a las mujeres cis. Estas barbaridades, junto con las falacias voluntaristas de la identidad y la orientación (habría que preguntarles si acaso ellxs eligieron su condición sexual o si fue, más bien, un modo complejo de expresión con el que viven) lo único que señala es algo que, lejos de ser nuevo ocurre desde hace siglos: la imperiosa lucha por marginalizar nuestras vidas y volverlas contingentes frente a la seudonecesidad cisheterosexual. Toda esta infamia, entre otras cosas, tan solo ha servido para proporcionarle puestos de poder en redacciones a determinadas personas (espero que estén contentxs con el espectáculo montado a costa del dolor ajeno) y generar una imposibilidad de debate acerca de la garantía jurídica y la protección no exclusoria de distintos colectivos.

Sin embargo, esto no ha podido darse sin el surgimiento de una palabra contagiosa y la lucha por la toma del lugar de enunciación. Sigo observando con sorpresa cómo estxs activistxs de izquierdas llevan más de un año tuiteando diariamente sobre las vidas trans. Obviando justo lo esencial: que el anteproyecto de ley acoge vidas y que estas vidas son usualmente precarias. ¿Acaso no existían más problemas sociales? ¿No era necesario alzar la voz a raíz de otras injusticias? El absurdo es tal, que se ha llegado a exigir responsabilidades políticas a la ministra de Igualdad tras la barbarie de la violencia vicaria como una falsa consecuencia compartida con la defensa de la Ley Trans.

Cualquier persona es crítica frente a determinadas cuestiones del tipo que sean, incluso de aquellas que no nos interpelan directamente, pero ¿qué es aquello que nos conduce a enunciarlo día tras día? La interpelación del poderoso. En la medida en la que alguien habla, la otra persona calla pues si no, no podría mantenerse una conversación. En pocas ocasiones consentimos que alguien nos interpele durante el tiempo que quiera sin necesidad de obtener una respuesta por nuestra parte. Las palabras contagiosas, las que por lo visto pregonamos, producen un radical daño en la infancia, en la familia, en la regulación heteronormada de producción social. Necesitan fuerza de trabajo empobrecida e imágenes culturales que reproduzcan el futuro de la servidumbre. Nuestras palabras, como nuestras vidas, cumplen la virtud de ser peligrosas en su contagio. Pues en la medida en la que se expresan, evidencian otro modo de estar en el mundo permitiendo que potencialmente el testigo se libere. La transición política de orden mundial hacia un espectro más conservador requiere del borramiento de lo monstruoso: aquello cuya condición es mostrar o revelar en sueños la existencia de otra cosa. No son acciones disparejas. La paulatina precarización de las relaciones laborales y el empobrecimiento produce sumisión. La muerte del tejido sindical produce sumisión. La a-historización del mundo produce sumisión. Que nuestras vidas no puedan ser vividas produce sumisión.

Seamos víricas. Tomemos sus tribunas, pongamos nuestra voz.

 

«Happy Gay Pride?» by A.Davey is licensed under CC BY-NC-ND 2.0

LA DIVERSIDAD EN LAS AULAS

Francisco Navarro  (@imfranxu)

https://linktr.ee/Imfranxubooks

 

 

Por desgracia, la LGTBIfobia ha estado presente en la gran mayoría de los ámbitos de la vida de las personas LGTBIQ +, en la escuela, en el trabajo, en la familia… 

Y la misma, no considero que sea una fobia; no es nada más y nada menos que una reacción maquillada de intolerancia y odio hacia lo no-normativo; odio hacia lo que es contrario a lo que la sociedad tradicional y el estigma social nos implanta

La categoría que más me da que pensar es la que está presente en las aulas. 

Más del 60%  de los jóvenes que sufren Bullying en la escuela o en el instituto se debe a razones de orientación sexual o diversidad de género. Partiendo de aquí, existen muchos centros educativos en los que no existe un protocolo para estos casos, o no lo tienen en marcha. 

Personalmente en mi infancia tuve que enfrentarme a la homofobia en el instituto; Ya en el colegio me llamaban «maricón», cuando ni siquiera conocía el significado de aquella palabra. Hacían bromas molestas y ofensivas de manera continua y para mí era muy duro.

Conforme crecía, todo empeoraba un poco más, y las bromas se convertían en insultos, y los insultos en amenazas, y las amenazas pues, en agresiones físicas. Recibía vejaciones a diario, a la vista de directivos del centro que catalogaban sus actos como «cosas de críos» o como » una broma». 

Salir con miedo al patio, y seguir sintiéndolo camino a casa tras la salida. 

Me hicieron volverme frío, inseguro y asocial; perder las ganas de continuar con mi vida social y académica, y no querer salir de casa. 

Todo ello me hace pensar en varias cosas que se vienen a mi mente como si de un huracán se tratase. ¿Realmente esos niños eran tan crueles? ¿ De verdad esos profesores y profesoras consideraban las vejaciones una broma?. 

¿Cómo podría ser una broma algo que se ha cobrado la vida de muchos jóvenes que se han quitado la vida a causa de ello? Aquellas «bromas» como las llamaban y aquellos comentarios me hacían sentir vulnerable, que no era válido o que era un mero bicho raro diferente a los demás, un ser que no merecía el respeto de la multitud. Es triste que tres, cuatro o diez sinvergüenzas te hagan olvidar quién eres o cuál es el verdadero significado de la felicidad; que solo consigan que  te familiarices con el miedo y la vergüenza, o que te acostumbres a ver la impunidad de tus agresores a ojos de un equipo directivo de un centro educativo en el cuál no escuchan tu manifiesto y tu llamado de ayuda. 

Con el paso de los años pude darme cuenta de que no estaba tan solo, porque comencé a conocer gente de mi condición, gente «rara» que era como yo y me aceptaba tal y como soy. 

He intentando sacar algo bueno de tanto dolor, llegué a la conclusión de que ahora veía el mundo de otra manera, porque conocí la empatía, por las nuevas generaciones que estaban por venir y que por desgracia estaban expuestas a todo aquello. 

Me hizo ver que todos esos agresores solo eran títeres movidos por la desinformación y las ideas cognitivas de sus padres y madres. 

Que la raíz de todo mi dolor y el dolor de las personas pertenecientes al colectivo se solucionaba con algo tan sencillo como lo es la educación. A día de hoy sigo teniendo secuelas de todo aquello; me derivó en ansiedad y en agorafobia* ( es la fobia a los lugares públicos. En particular se trata de un trastorno de ansiedad ante espacios sin límites claros o situaciones en las cuales la amplitud del lugar impide al afectado poder escapar o incluso recibir ayuda en caso de un ataque de pánico) . Me sigo preguntando por qué a día de hoy no enseñan a estos niños y niñas que existen distintos tipos de orientación sexual y la gran diversidad que existe con respecto al género, y por qué no enseñaron a mis agresores que yo era igual que los demás y que los demás eran igual que yo. 

Nuestra infancia es uno de los pilares fundamentales en la construcción de nuestra personalidad, y tenemos que asegurarnos de que nuestras nuevas generaciones crecen en igualdad y rodeados de respeto ; en aulas en las que todos sean válidos. 

Todo aquello que sufrí me animó a seguir luchando, y a día de hoy, sigo en guerra por dar visibilidad en los centros educativos a estas problemáticas, para así evitar que otros y otras jóvenes sufran lo que yo sufrí. 

 

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