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Contamos historias extraordinariamente cotidianas que nombran cada una de las realidades de la diversidad sexual y de género.

Entradas etiquetadas como ‘cultura’

Por qué leer a Édouard Louis es un acto de insumisión

Por Enrique Anarte (@enriqueanarte)

Édouard Louis (Foto: Alberto Estevez)

En mi casa, en mi entorno, Francia siempre fue un país de valores ilustrados. Signifiquen lo que signifiquen esas palabras. Esa tierra al norte de los Pirineos era una especie de referente al que los españoles con problemas a la hora de sentirnos españoles, afrancesados contemporáneos, mirábamos en busca de inspiración; a veces hasta con un punto de envidia. Pero, sobre todo, con la ávida sed de una cultura sobre la que, creíamos, al mirar desde esta esquina rezagada de Europa, no pesaban tantas lacras, tantos traumas, tanta amnesia.

Evidentemente, aquello tenía mucha más mitología de lo que uno quiere reconocer. No es que la desmemoria sobre la que se construye la democracia española sea comparable, pero tampoco puede afirmarse que la relación de la Francia con su pasado colonial, por ejemplo, esté exenta de injusticias y crueles olvidos que aún envenenan el presente. Como tampoco puede negarse que, más allá de los rincones más románticos y ostentosos de París, habiten realidades que harían enmudecer al instante a aquellos valores ilustrados. O que pocos llegaron a entender, al menos en un principio, cómo fueron posibles aquellas imágenes en las que el catolicismo más retrógrado, autoproclamado “manifestación para todos” (Manif pour tous) sacaba a pasear a las calles de la República el odio a la igualdad. Ese fundamentalismo católico del que tanto hubiéramos sospechado en tierras ibéricas, pero que creíamos moribundo al otro lado de una frontera que dio refugio a todo tipo de almas libres durante las décadas en que sucumbimos al fascismo. Lee el resto de la entrada »

Las historias con que nos nombramos

Por Ramón Martínez

Era 1999 y yo sólo tenía 17 años cuando entré por primera vez en Berkana, la librería madrileña de temática LGTB. Corriendo desde el metro de Chueca, para evitar ser visto -entonces las cosas no eran como ahora-, y casi sin saber cómo nombrarme, escogí La Homosexualidad, de Michael Ruse, con la excusa de un trabajo sobre García Lorca, que un año antes había celebrado su centenario y que era entonces, al menos para mí, el único referente posible.

"Marinero", Iván Pineros
“Marinero”, Iván Pineros

Algunos libros más tarde empecé a estudiar Filología Hispánica, y quise buscar más historias que hablaran de quién era yo, por qué, y en quién podría convertirme. En segundo curso recuerdo tener que afrontar un trabajo sobre Literatura Española del siglo XVI y empeñarme en buscar referencias a la homosexualidad en los textos de aquella época. La profesora me advirtió de que no encontraría demasiado, pero ambos nos sorprendimos al descubrir las referencias veladas en el Lazarillo, la traducción que hizo Fray Luis de la segunda bucólica de Virgilio, e incluso reinterpretando los juegos con el género que hace Juan de la Cruz en su poesía presuntamente mística -¿por qué no amorosa y trans?-. La desconfianza primera se convirtió en no poco entusiasmo y una recomendación: seguir buscando.

Siguió el siglo XVII, con ese Lope ambiguo que en ocasiones parece activista, con ese Cervantes atrevido, con Villamediana insinuando cosas que son casi impensables; vino el escaso XVIII, el más o menos aburrido XIX… Y nuevamente la explosión del siglo XX. Por fin a mi Lorca primero se sumaban más y más camaradas: Benavente el premio Nobel, Aleixandre el incomprensible, Gil de Biedma el cómplice, Terenci Moix, casi como un confidente, Villena el dandy, el maestro Mendicutti, y Cernuda, siempre Cernuda, la piedra angular de ese amor que, por fin, se atrevía a decir su nombre.

Mi doctorado estaba claro: organizar todo aquello, pero era un trabajo demasiado atrevido para una España que aún no había aprobado el Matrimonio Igualitario. Así que seguí con mi búsqueda en paralelo -hoy lo habría hecho de otra manera-, y continué recopilando historias. Pronto llegó la gran duda del método: ¿existe o no una Cultura LGTB? Cultura, subcultura… con nuestra etiqueta, de manera esencial, o simplemente hablando de cultura cuya temática trata la diversidad sexual y de género -mucho más adecuado decirlo así-, todas las historias empezaban a enlazarse. Algunos motivos eran recurrentes, algunos temas se repetían, algunos autores recuperaban las ideas de otros anteriores… Estaba todo listo, sólo había que contarlo.

Y así aparecí en Cogam, en Fundación Triángulo, en Arcópoli, mis queridxs compañerxs, en las Jornadas de la FELGTB… Y en el Partido Socialista de Madrid, que es mi hogar para el activismo. Y en todas partes necesitaba contar las historias que me ayudaron a conocerme, porque están ahí esperando a ayudar a mucha más gente. “Predicar la palabra”, suelo llamarlo haciendo bromas, pero nuestra palabra, nuestras historias, las que hemos ido contándonos unos a otros a lo largo de los siglos, más o menos perseguidos, más o menos libres… Las historias que nos han convertido en lo que hoy somos, que nos hacen pensar en lo que queremos ser, que nos recuerdan quiénes fuimos. Todas las historias que forman esa madeja enredada a la que llamamos Cultura, sea LGTB, de temática sobre la diversidad, subcultura o no, pero que es nuestro pequeño pedazo de realidad compartida. Nuestro único referente posible, el único país que podemos llamar nuestro: nuestras historias, que existen y conservamos para darnos nombre.

Elmer y el derecho a la diferencia

Nuestra particular apasionada de la literatura, Nieves Gascón (@nigasniluznina) , vuelve al blog para recomendar un libro que nunca debería salir de la lista de ventas, un título a tener en cuenta en estas fechas porque Elmer, de David McKee, es un regalo perfecto.

 

Elmer El elefante

Esta vez hacemos una parada especial en un clásico de la literatura infantil. Elmer, un personaje de origen británico editado por primera vez en 1989, traducido a distintos idiomas (al castellano por Raquel Salagre Muñóz), de David McKee y que va perfectamente por su decimoquinta edición, fácil de encontrar en las estanterías de casi todas las librerías. Esta historia ha llegado a muchos rincones del mundo y se ha hecho adaptación teatral. Pero centrémonos en el relato. Una lectura para compartir antes de dormir y regalar en estas fechas. Aunque el mejor regalo es dedicar un tiempo especial a nuestra familia, a nuestros niños y niñas, para que con cada lectura abran sus mentes a la ficción.

Mundos de fantasía que fomentan la curiosidad, la imaginación y despiertan la afición a la lectura. Un tiempo especial, que es lo que realmente necesitan los niños y niñas en esta época de estrés y tecnología que no pueden sustituir la necesidad relacional del afecto para un crecimiento adecuado a cada edad.

Un cuento recomendable para todas las fases de la infancia. Las y los más pequeños pueden disfrutar de grandes imágenes llenas de colorido y contrastes. Y precisamente para ellos es ‘El chapuzón de Elmer’, otro título del mismo personaje y autor; una edición plástica para mojar y leer en el baño, e incluso morder bajo supervisión. Hay otra edición en tela y hasta se puede encontrar a Elmer relleno, en trapo de colores, listo para achuchar. Las y los neolectores de 6 a 8 años pueden aprender a leer con este cuento de forma divertida.

Elmer un día se plantea no ser diferente al resto de los elefantes de su manada y se pinta de color gris. Cuando vuelve al grupo, pasa desapercibido. No sucede nada hasta que la lluvia cae y le quita la pintura. Vuelve a ser un elefante de colores y sus compañeros se ríen al descubrir su camuflaje. Elmer es diferente y todos los elefantes lo saben, a la vez que disfrutan de su peculiar forma de ser. Así que deciden celebrar una vez al año una fiesta en la que todos, menos Elmer, se pintarán de vivos colores inspirándose en él. Elmer también se pintará de gris elefante para la ocasión y quizá para no sentirse tan diferente. ¿Pero realmente somos todas y todos iguales? No lo creo. Elmer ya es querido por ser un elefante especial en su grupo, no sólo por sus colores, sino porque le conocen, valoran y quieren.

Quizá esa es la clave, conocer y apreciar a cada persona por su valía y respetar el derecho a la diferencia. Una buena premisa para relacionarse y comprobar que podemos llevar un elefante de peculiares colores en nuestro interior. Por la convivencia, el respeto y la diversidad la historia de Elmer es algo más que un cuento para los y las peques que están en ese momenmto de crecer y descubrir, precisamente, que todos somos diferentes.

@LesGaiCineMad, la cultura que nos nombra

Por Nayra Marrero

La Historia nos cuenta lo que pasó, pero las historias en minúsculas nos las cuenta la cultura, que recoge las formas de vivir y de sentir de cada época. Es en el cine, en la literatura, en la música donde nos vemos reflejadas, donde sentimos que está el latido de nuestras generaciones, y es con sus protagonistas con quienes empatizamos mucho mejor que con los señores (eminentemente hombres) que aparecen en los libros de texto sobre nuestro pasado.

La cultura es la que nos recoge y nos sobrecoge y por eso, sea o no un producto rentable, es un asunto valioso, importante.

La cultura además es un titán que se atreve con todo, incluso se atreve a echarle un pulso a la Ley, a la Norma. Es la que marca lo que está bien o mal en nuestro día a día, perpetuando nuestros prejuicios sociales o combatiéndolos.

Hace unos días nos decía Miguel Lorente a quienes asistimos a las I Jornadas de Micromachismos que si el conocimiento de la mujer no se incorpora a la cultura es una pseudocultura que no considera importante a las mujeres para lo común y las excluye. Esa misma idea es aplicable a lesbianas, gais, bisexuales, transexuales, intersexuales.

La cultura que nos reconoce como época tiene que incluir la visión de la diversidad sexual y de género, la mirada de un colectivo del que, como recogemos en este blog, forma parte al menos 1 de cada 10 personas, y cuya representación artística tiene un peso mucho menor (sobre todo si juntamos la realidad mujer y lesbiana, bisexual o trans).

Fotograma de Las Ventanas Abiertas, de Michele Massé
Fotograma de Las Ventanas Abiertas, de Michele Massé

Para compensar la balanza cultural actual existen contrapesos tan importantes como el 19º LesGaiCineMad, el Festival Internacional de Cine que la Fundación Triángulo organiza cada año en Madrid y que se inauguró el pasado jueves.

Habrá un día en el que las mujeres de 70 años habrán sido visibles toda su vida, y será una película la que les cuente cómo era amar fuera de la ley. Salir del armario, que es hoy el pan de cada día, dejará quizá incluso de ser un tema de conversación, pero podremos ver en un viejo largometraje cómo se vivía en los 80 o en los primeros años del segundo milenio. Y ninguna mujer tendrá que hacer un viaje a su pasado para conciliarse con él, porque ser transexual le cambiara la vida, como le pasó a Carla Antonelli y nos lo contó Fernando Olmeda.

 

Hay muchas cosas que, a este respecto, está cambiando a la velocidad de la luz. Será la cultura la que refleje lo que sentimos, pero también la que combate hoy, en una dura batalla, la imagen que algunos quieren imponer sobre nuestra realidad, o la ausencia de esa imagen para que acabemos difusos, desenfocados por el silencio.

Para no perdernos, y porque merece la pena que no te lo pierdas, desde 1 de cada 10 queremos recomendarte sobrecogerte, reconocerte o simplemente disfrutar en el LesGaiCineMad que estará en cartelera en Madrid hasta el próximo 13 de noviembre.

El viaje de Carla es el viaje de todos

Nos sumamos con estas entradas a las acciones globales por la despatologización trans

 

                                                                      Por Fernando Olmeda, periodista, profesional de la televisión, director de documentales, autor de libros y director de ‘El Viaje de Carla’

La idea de realizar un documental biográfico sobre Carla Antonelli nació en 2009, cuando recibió el Premio Cardón, la distinción más importante de Güímar (Tenerife), su pueblo natal. Iniciamos entonces un rodaje que, por diferentes causas, fue posponiéndose, hasta que, en la primavera del año pasado, decidimos concretar el guion y desarrollar el proyecto hasta el final.

El argumento es tan sencillo como emotivo: treinta y dos años después de verse obligada a marcharse de Canarias para conseguir una existencia acorde a su identidad de género y libre de los prejuicios sociales vigentes en los años setenta, Carla Antonelli -activista y referente nacional e internacional del colectivo LGTB, actriz, tertuliana de televisión y diputada en la Asamblea de Madrid- regresa para reencontrarse con sus recuerdos y hacer balance de su vida. El viaje de Carla explora el viaje interior que significó aquel regreso en dos etapas, que se inició en 2009 y finalizó en 2013, cuando participó en la fiesta mayor de Güímar, a la que no asistía desde 1976.

El documental narra los momentos clave que influyeron decisivamente en su singladura vital. Muchos de esos momentos son desconocidos. Porque su faceta pública se conoce bastante, pero es menos conocido el resto de su biografía. En los ambientes nocturnos del espectáculo y el trabajo sexual callejero, Carla vivió todo tipo de situaciones; por su trayectoria en defensa de los derechos del colectivo transexual -y especialmente la Ley de Identidad de Género-, se convirtió en referente indiscutible; como actriz, participó en películas y series de televisión; como diputada autonómica madrileña, ha ampliado su ámbito de actuación a otros campos, como la problemática de los menores o el drama de los niños robados durante el franquismo.

Se trata de un proyecto personal que he desarrollado con un excelente grupo de profesionales, y que cuenta como valor añadido con una hermosa banda sonora que incluye temas de intérpretes como Alicia Ramos, cantautora transexual también natural de Güímar. Participan amigos de la infancia, familiares, compañeras del espectáculo, estrellas de televisión, políticos, vecinos de Güímar y activistas LGTB. Destacan los testimonios de Pedro Zerolo, Jordi González y Boti García Rodrigo. Creo que, gracias al tratamiento visual elegido, la abundancia de voces y las imágenes inéditas que rescatamos, hemos logrado un documental con un enfoque positivo, hermoso y vibrante.

He querido destacar la lucha denodada de personas como Carla por vivir conforme a su identidad de género; el compromiso de personas como Carla con la lucha en favor de la igualdad legal y social; la capacidad de superación de personas como Carla, que, aun teniendo casi todo en su contra, logran salir adelante.

Además de su carácter biográfico, El viaje de Carla tiene espíritu combativo. Mi objetivo es exhibirlo en festivales de temática social y LGTB, así como en colectivos y entidades ciudadanas, en España, y en América Latina y Europa. Hay que seguir luchando contra la discriminación y la estigmatización del colectivo transexual. Hay que seguir apoyando a los padres y madres de niños y niñas transexuales que, sin ser precisamente ideal y con muchas carencias aún por resolver, crecen y viven un entorno mucho más favorable que el que vivió Carla.

El viaje de Carla es el viaje de Carla Antonelli. Pero es también el viaje de todas las personas LGTB. Es el viaje de todos nosotros.

Viaje de Carla

Foto de El Viaje de Carla

Vivir la transexualidad sin gafas

Nos sumamos con estas entradas a las acciones globales por la despatologización trans

Por Alicia Ramos,  cantautora con estilo cercano al country y al rock; de sus conciertos, a pesar del retrato descarnado que hace de la sociedad, la gente sale esperanzada.

Alicia Ramos
Foto de Sara Matarrubia.

Me llamo Alicia Ramos. Soy una mujer transexual. También tengo 1,75 dioptrías de miopía en el ojo derecho. Ni siquiera uso gafas, no tengo. Pues así es como intento vivir mi transexualidad, sin gafas.

Comencé mi tratamiento hormonal cuando ya tenía cuarenta años cumplidos, de modo que me había dado tiempo a aprender a distinguir la identidad sexual de la orientación y de la expresión de género, no me creaba conflictos ninguna de las tres cosas y tenía la firme determinación de seguir siendo tan feliz como hasta entonces, o más.

Vengo de una cultura en la que el cristianismo se impuso hace sólo cinco siglos y no ha calado demasiado en la idiosincrasia del pueblo, de modo que tampoco tuve que luchar contra ideas reaccionarias, machistas o contra una heteronormatividad extrema, sólo contra mi propia ignorancia, que siempre resulta más sencillo. A mí por lo menos.

Creo que las personas felices son por lo general más útiles a la comunidad que las que están amargadas o a disgusto consigo mismas, aunque no puedo demostrarlo con datos científicos, del mismo modo que creo que la alegría es una forma de disidencia.

Hace muy poco que he empezado una relación de pareja con otra mujer, que a su vez tiene hijos, y me he trasladado a su barrio. Y cuento esto para ilustrar la idea de que la alegría es una forma de disidencia, porque hay demasiadas personas en un entorno preexistente en el que irrumpo yo, y nuestra relación, y nuestra interacción con el entorno escolar, otras madres, la panadería… que han hecho del cotilleo en torno a nosotras una actividad fundamental, yo diría frenética, lo que me hace pensar, no sin pesar, que sus vidas están diseñadas para ser espectadores. Este orden de cosas nos convierte en consumidores, contribuyentes, espectadores… en todo menos en protagonistas de nuestras propias vidas. ¿Te gusta el deporte? Ves como otros juegan al fútbol, sientes los colores, y ganas o pierdes con ellos. ¿Te gusta la música? Ves los programas de televisión que convierten a incautos en estrellas por un ratito. Y así todo. De modo que cuando aparece alguien, o “álguienes”, que han decidido vivir sus propias vidas, establecer sus propios criterios, hacérselo a su manera, surge un conflicto. El conflicto se establece entre las ideas “yo me he jodido toda la vida, ¿qué se han creído éstas?” y “la tarde que me pasé de cañas con ellas es lo más divertido que me ha ocurrido en años”.

Cartel de Alicia RamosLa alegría es una forma de disidencia porque favorece la confianza de unos en otros, paso previo indispensable para la creación de redes horizontales de solidaridad ciudadana, idea que a la perpetuación del actual orden de cosas le viene más bien mal.

Creo que me he ido un poco del tema. Supongo que resumiendo diría algo así como “hay demasiadas cosas que hacer para perder el tiempo preocupándome por 1,75 dioptrías de miopía en el ojo derecho o por ser transexual, hay que seguir viviendo”.

P.D. El próximo concierto de Alicia Ramos será el 16 de octubre en el Dog&Roll Bar Madrid