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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Preparados para cazar avutardas y buitres

Avutarda

Estos días los machos de avutarda (como el de la foto) andan como locos buscando hembras. Aves polígamas, nuestras grandes pavas de la estepa son una joya ibérica, pues las 25.000 censadas en España suponen la mitad de toda la población mundial y el 80% de la europea.

Desde que en 1980 se prohibiera cazarlas su número apenas ha aumentado. La mecanización de la agricultura, el uso masivo de fertilizantes y pesticidas, junto con esos tendidos eléctricos contra los que chocan como moscas en un parabrisas no les dan respiro. Sin embargo, muchos cazadores reclaman ahora su caza como supuesto mejor sistema de protección. Para pasmo de los científicos, aseguran que eliminando a los machos viejos las hembras criarían más pollos.

Me río por no llorar. O por no gritarles bien alto: ¡Tarugos! Por desgracia, este tipo de tancretadas no son un caso aislado.

Otros amigos del rifle, esta vez en Asturias, proponen abrir la veda del oso en cuanto sus poblaciones sean mínimamente viables. Una comunidad donde han decidido matar todos los años cientos de cormoranes, criminalizados injustamente como los responsables del descenso de la pesca en unos ríos donde cada vez hay más pescadores y menos salmones.

Los lobos, ya se sabe, de protegidos nada. Tantos ingenieros y biólogos para que al final su gestión científica vuelva a apostar por el método del palurdo, a tiro limpio.

Sambenito del que ya no se libran ni los pobres buitres leonados, carroñeros, limpiadores de basura, pero últimamente señalados como feroces atacantes de indefensos corderitos. Una próxima normativa en Extremadura (la estrategia regional contra el veneno) autorizará a acabar con ellos si así lo decide la autoridad competente, a sabiendas de la imposibilidad de separar los ejemplares sanguinarios de los bonachones, de la falsedad de la mitad de las denuncias y de la inutilidad de tal eliminación.

¿Estamos locos, tontos o es año electoral?

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Pescadores asturianos exigen acabar con nutrias, garzas y cormoranes

Garza real

El Principado de Asturias, antiguo modelo de ecoturismo, donde la naturaleza era su principal bandera económica, está empezando a sufrir un grave proceso de ceguera ambiental. Sin estudios serios ni valoraciones sosegadas, sus responsables políticos parecen empeñados en solucionar los problemas de gestión a la vieja usanza, a tiro limpio.

¿Daños del lobo? Se les mata, igual da que estén en un Parque Nacional como el de Picos de Europa o campen por montañas desprotegidas. El número de ajusticiados se calcula a ojo, desde los despachos y valorando tan sólo el interés político de quienes protestan. Este año unos 90 ejemplares incluyendo cuatro camadas. Entre ellos dos valiosos ejemplares que formaban parte de costosísimos programas de estudio científico.

¿Daños de los cormoranes? También se les mata. Igual da dónde y cómo. El número de ajusticiados se calcula por el mismo método que con el lobo. A ojo y porque sí. ¿Por qué no? Este año más de 200 aves. Una cifra absolutamente aleatoria, decidida para calmar las protestas de esos pescadores (por suerte no todos, pero sí los más gritones) que no aceptan que un pájaro salvaje se coma delante de sus narices la trucha o el salmón que ellos podrían haber pescado.

Pero no es suficiente. Todos quieren más. Como la asociación de pescadores El Esmerillón, que ahora piden matar nutrias y garzas reales en los ríos para salvaguardar la población asturiana de truchas. No se les ocurre pedir que haya menos pescadores. No, qué va. La competencia se la quieren quitar de los que no protestan, de los animales, para garantizarse así la exclusividad de algo tan indefendible como es una actividad puramente lúdica. Los grupos ecologistas culpabilizan de estas salidas de tono directamente a los responsables políticos, más propensos por escuchar a los ruidosos que a los sensatos.

Porque por favor, no me vengan con el cuento de que son especies invasoras, alóctonas. Quien así habla demuestra una terrible ignorancia. El que especies como el cormorán grande (Phalacrocorax carbo) hayan logrado remontar siglos de persecución y tengan poblaciones en aumento por toda Europa no las hace extranjeras ni antinaturales. Precisamente este año se está haciendo un censo en toda Europa para conocer con más detalle su número y evolución, que es como se deben hacer las cosas. Con datos y no con tiros. Pero quizá no convenga saber que los escasos análisis de los estómagos realizados sobre los cormoranes que todos los años se matan en ríos de Asturias demuestran que la tasa de depredación sobre los salmones es mínima y ni siquiera llega al 5% del total de presas consumidas.

Ayer hablaba de ello con un viejo cazador y pescador. Sus argumentos eran los de siempre. Pura incultura. “Esos animales son dañinos“, me decía. “Hay que acabar con ellos, erradicarlos“.

¿Y con el exceso número de cañas y escopetas, con esos no hay que acabar?, le pregunté yo con malicia. Su respuesta fue de sorpresa: “Hombre, contra esos no podemos”.

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Los pescadores declaran la guerra al cormorán

La mayoría de los pescadores odia a los cormoranes grandes (Phalacrocorax carbo), unas aves que se alimentan de peces y por lo tanto son una incómoda competencia para ellos, como las garzas o las nutrias.

Encima esas aves no son de aquí, vienen del norte de Europa a pasar el invierno en nuestros ríos y embalses. Hace 40 años eran muy pocas, estaban en peligro de extinción y apenas llegaban a España un millar de ellas. Pero por suerte sus poblaciones nórdicas se han recuperado y ahora arriban a nuestras tierras más de 75.000 ejemplares. ¿Por suerte?

Para algunos amigos de la caña la recuperación del cormorán es una desgracia con la que quieren acabar a tiro limpio. Y no es una manera de hablar. De especie protegida ha pasado de golpe a especie exterminable.

Los primeros en abrir la veda del cormorán han sido los asturianos. Los responsables del Principado, siempre tan sensibles a los votos, han autorizado a los pescadores la eliminación este año de 260 ejemplares, un 20 por ciento de toda la población regional. Por contentarles más que nada, pues saben que la culpa del descenso de los peces no la tienen esos pájaros, sino el aumento de las licencias y la sobrepesca. Hagan cuentas. Mil pájaros no pueden pescar más que los 40.000 pescadores con licencia en el Principado.

El problema es aún más grave, pues nadie parece controlar este descaste/desastre. Dispare si quiera señor pescador, pero no nos critique. Y los cadáveres de los pobres pájaros quedan en las orillas, pudriéndose en el suelo, quizá como idiota escarmiento para unas aves sin duda menos irracionales que ellos mismos.

Los primeros cormoranes han aparecido a primeros de diciembre entre la playa y la Ría de Navia. Una docena en apenas una semana, frente a los cinco que se habían establecido como cupo máximo para todo ese río. La matanza ilegal, injustificada y desproporcionada, ha sido denunciada por el ornitólogo David Álvarez en su estupendo blog Naturaleza Cantábrica, pero también en los juzgados.

Mientras, los pescadores leoneses afinan su puntería contra estas pobres aves en un vergonzoso juego en red desde donde piden, ni más ni menos, que el exterminio de toda la especie. Eso se llama amor a la Naturaleza. Aunque quizá sólo es un problema de racismo y xenofobia. ¿Los odiarán por ser extranjeros y negros?

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En la fotografía superior de David Álvarez, dos de los 12 cormoranes tiroteados por supuestos pescadores en la desembocadura del río Navia, en Asturias. Sobre estas líneas, un espléndido ejemplar vivo seca sus alas al sol.