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La crónica verde La crónica verde

Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Graban con un dron el tremendo impacto medioambiental de las grandes granjas porcinas

La organización internacional Igualdad Animal ha obtenido por primera vez imágenes con dron de las explotaciones porcinas intensivas de Cataluña, responsables de un grave problema medioambiental de contaminación por nitratos de acuíferos y ríos en la región. Lee el resto de la entrada »

Piden que el lobo sea declarado especie protegida en Cataluña

Desde la Fundación Fauna se ha lanzado una petición de recogida de firmas on line para lograr que el lobo sea declarado especie protegida en Cataluña. En la actualidad el polémico cánido salvaje sólo tiene este estatus en Andalucía, Castilla-La Mancha, Extremadura, Madrid y Murcia, además de en Portugal. En Galicia, Asturias Cantabria, Castilla y León, País Vasco y La Rioja es a todos los efectos una especie cinegética cuyas poblaciones son habitualmente controladas a tiro limpio. En Cataluña hasta el momento no había lobos, así que no estaba prevista su declaración como especie estrictamente protegida. En realidad acaban de llegar. Los primeros aparecieron en el año 2000.

La reducida población catalana de lobos es muy curiosa. Gracias al estudio genético realizado a partir de heces y pelos, se ha podido confirmar su procedencia italiana. Son por tanto ejemplares pertenecientes a la subespecie Canis lupus italicus y no a la Canis lupus signatus, la típicamente española. Lee el resto de la entrada »

El hacha amenaza a los últimos abuelos del bosque

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Abeto centenario del amenazado bosque singular de Riu de la Cerdanya. © Acció Natura

Hay técnicos, políticos, a los que el bosque no les deja ver los árboles. El conjunto sigue, pero el individuo viejo, centenario, monumental, soberbio desaparece entre la masa amorfa de los jóvenes ejemplares aparentemente más productivos (tan sólo en metros cúbicos de madera) sin que notemos la tragedia.

Los últimos abuelos del bosque no sólo son importantes reductos de biodiversidad, testigos del cambio climático, generadores de paisaje, dinamizadores sostenibles de las economías rurales y herramientas de educación medioambiental. Son ante todo la experiencia genética de los más fuertes, atesorada durante siglos contra vientos e incendios. Sus características ambientales, estéticas y educativas les otorgan un valor económico muy superior al valor de la madera que se pueda obtener de ellos. Pero los estamos talando.

El último y más alarmante caso se ha producido en Cataluña. Allí hay tan pocas masas de árboles viejos que las tienen perfectamente catalogadas. Muchas son de propiedad pública, pero da lo mismo. En los últimos cinco años se ha destruido una cuarta parte de los bosques singulares inventariados por el CREAF (Centre de Recerca Ecològica i Aplicacions Forestals).

Los 292 bosques centenarios incluidos en el inventario del CREAF, que cubrían una superficie de 2.355 hectáreas (equivalentes al 0,3% de la superficie forestal arbórea de Cataluña), eran representativos de la diversidad forestal y estaban formados por pequeños rodales, generalmente inferiores a 10 hectáreas, enclavados dentro de bosques con menor valor, que se habían librado de las talas forestales y los incendios desde hace siglos. En los escasos casos donde se había podido realizar una prospección científica dentro de estos bosques habían aparecido casi siempre especies nuevas para la comarca, Cataluña o el mundo.

Tan solo el 10% de su superficie está protegida de una manera efectiva (reservas naturales, acuerdos de custodia del territorio, compra de derechos de tala, etc.), pero esto tampoco garantiza nada. De hecho, el último caso de tala autorizada afecta a un rodal del bosque centenario de Bagues del Riu, de titularidad pública y situado en el Parque Natural del Cadí-Moixeró, que fue subastado el pasado mes de mayo, pese al informe negativo del propio órgano gestor del parque y del espacio Red Natura 2000.

Catorce entidades conservacionistas y científicas han firmado un manifiesto donde solicitan la paralización de las talas de árboles en estas joyas naturales. ¿Les harán caso? De momento siguen ganando aquellos que no ven los árboles del bosque.

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¿Tan malas son las malas hierbas?

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“Mala hierba nunca muere”, afirma el refrán castellano. ¿Tan malas son las malas hierbas? Como siempre, hablando de Naturaleza, la mejor respuesta resulta terriblemente ambigua: “Según”.

Empecemos por el principio ¿Qué es una mala hierba? Básicamente, aquella planta que crece en un lugar donde deseamos que no lo haga. Y que, curiosamente, es donde mejor se da: en las pequeñas huertas y en los campos de cultivo, en los jardines e incluso entre las baldosas.

Son millones de euros, y miles de toneladas de herbicidas, los que cada año gastamos en tratar de controlarlas. De ahí que nos parezcan tan malas. Incluso existe una asociación científica centrada en su estudio y eliminación, la Sociedad Española de Malherbología.

En el jardín de mi casa las sufro a diario. Son las únicas que crecen lozanas e impetuosas, a su bola. Pero también las reconozco una gran belleza. Especialmente esas especies capaces de adornar las juntas de las aceras, de brotar en grietas imposibles del asfalto urbano, de colgar de los canalones o de convertir nuestras anodinas cunetas de carretera en maravillosos (pero efímeros) jardines floridos. Capaces también de ofrecernos ricas ensaladas y una no menos interesante botica natural… si las conocemos.

Precisamente esta semana, el biólogo Jon Marín acaba de publicar en Pol.len Edicions el libro “No hi ha mala herba” (No hay mala hierba). Se trata de una curiosa guía de ecología y cultura alrededor de las plantas silvestres comestibles de entornos urbanos y periurbanos catalanes. Las protagonistas son una selección de una veintena de especies que se pueden encontrar fácilmente en nuestras ciudades. “Representan una reserva de diversidad hasta ahora poco valorada “, recuerda Marín.

No hay que ir muy lejos para descubrir plantas silvestres comestibles y medicinales. Las tenemos en grietas y arcenes junto a nuestras casas, pero no las vemos . Y para mirarlas con otros ojos, este libro te ayudará a descubrirlas, conocerlas y a considerar que, en el fondo, no son tan malas.

Foto: Nut Creatives

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España pierde una cuarta parte de sus mejores bosques maduros

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Hay noticias terribles que apenas tienen repercusión en la opinión pública. Especialmente las referidas al medio ambiente. Por ejemplo, la terrible desaparición de los últimos bosques maduros españoles, aquellos verdaderamente viejos y complejos, nuestras últimas selvas ibéricas.

No tenemos datos nacionales, pero sí sabemos que en los últimos 5 años se ha perdido una cuarta parte de los poco más de 200 bosques centenarios inventariados en Cataluña. Y la culpa no la tuvieron los incendios forestales. Su desaparición o grave degradación se debe, directamente, a talas autorizadas.

Esos 200 bosques únicos cubrían apenas el 0,3% de la superficie arbórea catalana, pero daban cobijo a una extraordinaria riqueza biológica y paisajística. El 90% de las formaciones centenarias pertenecían a manos privadas y no contaban con protección efectiva, aunque las protegidas y de titularidad pública tampoco se salvaron del exterminio.

Eran auténticos tesoros dentro de bosques con menor valor, islas de biodiversidad que durante siglos se habían librado de las talas y los incendios. Eran. Pasado irrecuperable. Porque han sido eliminados a hachazo limpio y a una velocidad escalofriante.

Es verdad, no se arrasó todo el bosque. Tan sólo una parte. Pero fue la más valiosa, la más insustituible. También la que estaba llamada a convertirse en dinamizadora sostenible de las economías rurales gracias a su explotación turística o pedagógica ¡Cuántos bosques escuela hemos perdido!

La falta de interés de la Administración por conservarlos, unida a la desatención y la crisis económica, han puesto en la picota a las masas arbóreas con mayor valor biológico del país, se lamentan los expertos de DEPANA, Ecologistas en Acción, GEPEC-EdC, Greenpeace e IPCENA. Una vez más los árboles raquíticos, productivos, no nos dejan ver el bosque, el ecosistema, nuestro futuro.

Foto: La Fageda d’en Jordà. Wikimedia Commons

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Cataluña autoriza la captura de 50.000 pinzones

Me escribe Cristian, un amante de la naturaleza, tan asombrado como indignado. La Generalitat de Catalunya acaba de autorizar la captura de miles de fringílidos para enjaularlos y dedicarlos a la cría en cautividad. Se podrá hacer desde ya y a lo largo de varios días del próximo mes de diciembre de 2011, concretamente los jueves, sábados y festivos. El anterior gobierno de coalición había dejado de dar estos polémicos permisos, que ahora ha decidido recuperar el president Artur Mas tras recibir personalmente a los cazadores y aduciendo la tan mañida tradición pajaril del territorio.

El Decreto recién publicado empeora aún más las viejas autorizaciones catalanas. Entre otras barbaridades, incluye cupos que serán prácticamente imposibles de controlar y que más parecen la lista de inocentes deportados al campo de concentración de Auschwitz, a saber:

Pinzón vulgar (Fringilla coelebs): 46.885 ejemplares

Jilguero (Carduelis carduelis): 6.504 ejemplares

Verderón (Carduelis chloris): 3.490 ejemplares

Pardillo (Carduelis cannabina): 3.367 ejemplares.

Como ha resumido en Avesforum otro ornitólogo,

en esta ocasión la autorización va más allá de la simple captura de machos de cuatros especies (Carduelis carduelis, Carduelis chloris, Carduelis cannabina y Fringilla coelebs). Ahora, además, se autoriza la captura de hembras para la cría en cautividad, se dejan las especies capturables sin ningún tipo de protección especial (se descatalogan de la lista de especies en régimen de protección especial) y todo esto porque (textualmente): “…es una medida que debe adoptarse con urgencia para que la actividad pajaril (ocellaire), de reconocida tradición en Catalunya, pueda tener continuidad en el marco de una normativa específica que la haga compatible con la conservación de la biodiversidad…”.

Ahora resulta que enjaular aves salvajes es compatible con la conservación de la biodiversidad. ¡Tócate los pies! ¿Lo harán para entretener con los trinos de jilgueros y pardillos a una parte de los indignados parados? Porque si es así, me temo el “efecto contagio” al resto del Estado. Pobres aves, van a acabar sufriendo los daños colaterales de nuestra actual crisis económica.

Los toros no son biodiversidad

La decisión de prohibir las corridas de toros en Cataluña ha provocado la furibunda reacción de los taurinos acerca del atropello a la libertad que tal acuerdo parlamentario supone. ¿Y la libertad de los animales a que su muerte no sea un doloroso espectáculo sangriento?

También dicen que es un atropello a una añeja manifestación artística, algo que como historiador del Arte no logro descubrir, a no ser que los pasos del torero se consideren la versión armada del baile flamenco. Sin embargo, podemos hablar de ello. Sensibilidad, arte y libertad son conceptos llenos de matices, abiertos a la opinión del respetable.

Pero hay un bulo científico que no acepto por falaz, el de asegurar que si desaparecen los toros desaparecerá la dehesa mediterránea, ese prodigio de bosque domesticado donde cultura y naturaleza se unen en feliz maridaje.

En España hay unos 6,3 millones de hectáreas de dehesa, de las que sólo 300.000 se dedican a la cría de ganadería brava, apenas el 5 por ciento del total. Pocas son explotaciones puras, pues la mayoría se destinan igualmente a la cría de vacas, cerdos ibéricos y caballos, mucho más rentables para el medio ambiente. Evidentemente, acabar con los toros no supone acabar con la dehesa.

Tampoco es el toro de lidia el último superviviente del uro o toro salvaje paleolítico (Bos taurus primigenius). No es una especie amenazada. De hecho, ni siquiera se le considera una raza autóctona, apenas un grupo mestizo nacido en el siglo XVIII cuya única seña de identidad (endeble) es la bravura.

Las 27 razas bovinas verdaderas de España, esas sí que están en peligro de extinción, nueve de ellas con menos de 1.000 ejemplares y al menos cuatro ya extinguidas. También lo están las dehesas, arruinadas por el abandono del campo, el urbanismo destructor, la sobreexplotación y las malas prácticas en el arbolado. Eso es biodiversidad en peligro, y no unos tristes toros criados para su linchamiento público.

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El lobo llega a Cataluña

Poco a poco, el lobo (Canis lupus) está recuperando sus territorios perdidos. Su última conquista han sido las montañas catalanas del Pirineo y el Prepirineo, de donde el cánido salvaje había sido exterminado hace más de un siglo. Desde 1935 se le consideraba formalmente extinguido de Cataluña, pero al final ha regresado, pues resulta imposible poner puertas al campo.

Al principio (año 2004) fueron observaciones aisladas, ejemplares jóvenes vagabundeando por los valles en busca de alguna manada a la que sumarse. Sin embargo, al final les ha gustado el país y se han quedado.

Todavía no se puede hablar de la existencia de una población estable catalana, pues tampoco se ha podido comprobar su cría en la zona. Aún así, los responsables de Medio Ambiente de la Generalitat tienen ahora mismo constancia de la presencia de al menos cinco lobos diferentes, cuatro en el parque natural de la Sierra del Cadí-Moixeró, que se mueven hasta l’Alt Urgell, y un quinto en la Cerdanya.

Este último fue visto el pasado mes de abril por un vecino de Riu de Cerdanya a menos de 150 metros de su casa. Al principio pensó que podía tratarse de un perro grande, pero cuando le vio salir de entre unos arbustos tirando de un corzo que acababa de matar se le disiparon todas las dudas.

Aunque no está estrictamente protegido, el lobo no está considerado especie cinegética en Cataluña y por lo tanto no se puede perseguir, matar ni capturar.

Por supuesto, estos lobos atacan al ganado, principalmente vacas y ovejas, además de a la caza mayor, aunque de momento los daños no son muy elevados. Pero aunque así fueran no habría que verlos como la llegada del enemigo. En realidad, la presencia del lobo es una garantía de la buena salud de nuestros espacios naturales, el mejor regulador natural de especies problemáticas y en expansión como el jabalí, especializado en eliminar a los ejemplares más débiles y enfermos, mejorando de esta manera sus poblaciones.

¿De dónde vienen estos lobos?

Los análisis genéticos realizados a los excrementos localizados de estos ejemplares no dejan lugar a dudas. Vienen de la vecina Francia, a través del corredor que forman los Alpes marítimos franceses, pero son italianos. Allí llegaron desde Italia en 1992, cuando en el parque nacional de Mercantour se detectaron dos lobos procedentes de los Apeninos. Ahora ocupan 13 zonas diferentes y la población francesa supera el medio centenar de ejemplares.

¿Son iguales a nuestros lobos ibéricos?

En realidad son parecidos pero diferentes, y es eso precisamente lo que les hace más interesantes. Porque como han demostrado los análisis genéticos, estos lobos pertenecen a la subespecie italiana (italicus) y no a la ibérica (signatus), cuyas poblaciones, también en expansión, ya están avanzando por el pirineo aragonés.

De todas formas, son varios los expertos que rechazan la existencia de estas divisiones y consideran idénticos a todos los lobos europeos.

¿Llegarán a juntarse las dos subespecies?

Sin duda esto va a ocurrir más pronto que tarde. Las dos subespecies, algo así como razas pero con diferencias genéticas, producto de su aislamiento durante varios miles de años, acabarán juntándose e hibridándose en Cataluña.

¿Qué pasará entonces?

Los lobos ganarán en diversidad genética, pues recibirán sangre nueva, y eso les hará más sanos y mejor adaptados al medio, pero perderemos biodiversidad al desaparecer dos subespecies. Un proceso natural que no es ni bueno ni malo, tan sólo es ley de vida, la ley de la Naturaleza, siempre cambiante, siempre en permanente evolución.

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En la imagen en blanco y negro, realizada por David Serramitjana y publicada en el Diari de Girona, puede verse a la derecha el lobo observado el mes pasado en la Cerdanya, al que ladra un gran perro doméstico.