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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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El norte más limpio y el sur más sucio ¿Estás de acuerdo?

El 91% de los españoles considera que en nuestro país hay zonas que se encuentran más sucias que otras, especialmente las playas. Según la encuesta de “Actitudes frente a la basuraleza”, elaborada desde el proyecto LIBERA de SEO/BirdLife y Ecoembes  con entrevistas a más de 5.000 personas, un 22% piensa que la región más limpia de España es el País Vasco, un 20% afirma que es Asturias y un 13% se decanta por Cantabria. En contraste, las zonas que los entrevistados consideran con más presencia de basuraleza (basura en la naturaleza) son Andalucía con un 26%, seguida de Cataluña y Murcia, ambas con un 19%.

Los resultados refuerzan un viejo tópico español. También señalan un dato cuanto menos chocante: un 4% de los encuestados asegura no haber visto nunca basura en las playas y espacios naturales o, dicho al revés, el 96% de los españoles reconoce haberla detectado, cifra más que mayoritaria. Lee el resto de la entrada »

Quiere limpiar el mar haciendo gafas de sol con redes de pesca recicladas

Gafas sol

François van den Abeele es un soñador. Y un emprendedor. Amante del mar, de la navegación y el buceo por el Mediterráneo, su sueño es acabar con el plástico que envenena los océanos. Especialmente con esas redes a la deriva responsables de lo que se conoce como redes fantasma: trampas mortales de nylon enredando inútilmente miles de animales durante el más del medio siglo que tardan en descomponerse. Por eso ha ideado Sea2See, una moderna línea de gafas de sol cuyas monturas están hechas exclusivamente con viejas redes de pesca abandonadas. Que quiere hacer realidad gracias a un proyecto de crowdfunding.

Conocí a François el mes pasado en el Sustainable Sunday de Barcelona, una feria de promoción de la sostenibilidad empresarial. Fue allí donde me contó su proyecto, nacido en colaboración con la Agència de Residus de Catalunya (ARC), el proyecto MarViva y la cofradía de pescadores de Palamós. En esa localidad gerundense, en apenas un mes, recogieron una tonelada de redes viejas que son las que le abastecen de materia prima para sus gafas. Redes que previamente deben clasificarse y transformarse en pequeñas partículas de nylon listas para fundir. Y que, no por casualidad, ofrece un material flexible, duradero y muy resistente a los golpes, al agua y al sol. Perfecto para los amantes de los deportes náuticos.

“Lo más difícil fue encontrar al fabricante y que no pensara que estoy chalado”, confiesa. Lo encontró en Milán, en una feria internacional de gafas. Le convenció con su entusiasmo, además de con una interminable lista estadística del horror de estos fantasmagóricos plásticos incorruptibles vagando durante cientos de años por el mar: un millón de aves marinas muertas al año, 136.000 focas y cetáceos, redes cubriendo seis veces la superficie terrestre de España. “A este paso, en el 2050 habrá en los océanos más plásticos que peces“, explica sobrecogido.

Por eso sus gafas son, como François señala, “más una declaración ecologista que un producto”. Y es que pocas cosas hay más visibles y vistosas que unas gafas de sol. Que pretende vender a precios económicos. “Para que las pueda comprar todo el mundo y sea rentable seguir eliminando las redes fantasma”.

Ahora tiene el prototipo, pero aspira a comercializarlo si logra el apoyo de los consumidores concienciados. Por ahora no va demasiado bien. Necesita reunir 39.500 euros antes del próximo 8 de julio y lleva 16.000 euros. Por el bien de nuestros mares, que es el nuestro, ojalá lo logre.

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Guerra europea a las bolsas de plástico

Bolsas

© Jorge París/ 20 Minutos

No es un encelado macho de avutarda haciendo la rueda. Es una bolsa de plástico.

No es una tortuga flotando entre las olas. Es una bolsa de plástico.

El planeta es un gran basurero donde este tipo de embalajes desechables supone un gravísimo problema medioambiental. Al margen de la contaminación paisajística, muchas especies animales los comen confundidos o quedan enredados en ellos con fatales consecuencias para sus vidas. Nuestra mierda es mortal para ellos.

Cada ciudadano europeo usa un promedio de 200 bolsas de plástico al año, de las que casi el 90% no se reutilizan por ser demasiado finas y son desechadas. El 8 % de todas ellas acaba en el mar.

Por eso, pero también por educación, sensibilidad y coherencia, Europa las ha declarado la guerra. Aunque es una guerra muy lenta. El último ataque lo han protagonizado recientemente los Veintiocho al acordar reducir drásticamente el uso de bolsas de plástico en los próximos años: en un 80% de aquí a 2025 o garantizando que no se distribuirán gratuitamente a partir de 2018. El objetivo es que en los próximos cinco años su uso anual por ciudadano baje de 198 a 90 bolsas.

Es un paso importante, pero no definitivo. El Comité de las Regiones había depositado sus esperanzas en una prohibición total de las bolsas de plástico gratuitas antes de 2020, el establecimiento de unos objetivos obligatorios para todos los Estados miembros en el ámbito de la UE y la introducción de gravámenes a todas las bolsas a fin de garantizar una reducción del 80 %.

Esta solución es menos ambiciosa, aunque mucho mejor que la que se había llegado a barajar inicialmente, cuando el nuevo comisario europeo se planteó retirar todo el paquete de medidas para reducir su uso.

Lo que está claro es que con estas medidas adoptadas se reconoce que las consecuencias medioambientales, sociales y económicas de tener que deshacerse cada año de 100.000 millones de toneladas de bolsas de plástico en Europa son ilógicas e inaceptables.

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Un estudiante de 19 años inventa una solución para limpiar los océanos

Clean Ocean

Boyan Slat, 19 años, sueña con recoger toda la basura flotante de los océanos © The Ocean Cleanup

¿Qué podemos hacer para eliminar las ingentes cantidades de plástico que contaminan gravemente nuestros mares? Esa basura que mata albatros, pardelas y cetáceos. Esa mierda que ensucia las profundidades abisales más inaccesibles. Esas islas flotantes de desechos tan grandes como un continente.

Evidentemente, lo primero es no tirar basura y cumplir la regla de las tres erres de la ecología: reducir, reciclar y reutilizar. Pero también es importante limpiar todo lo ensuciado, algo que no hace ningún país, empeñados como estamos en considerar a los océanos como los vertederos comunitarios más gigantescos del planeta.

Por eso me gusta mucho el proyecto de Boyan Slat, un joven holandés de 19 años que ha patentado un invento genial, capaz de retirar del mar cientos de toneladas de plásticos. Un gran embudo de bajo coste y sin riesgo para la fauna. Lo acabo de leer en el periódico francés Le Figaro [gracias @luimguisel por el enlace], donde se elogian los muchos premios logrados por un chaval que, en realidad, quiere ser ingeniero aeroespacial, pero al que su afición al submarinismo le reveló este grave problema medioambiental.

Inteligente y ambicioso. Ha creado una fundación, The Ocean Cleanup, donde cuenta con la colaboración de un centenar de voluntarios. El objetivo: desarrollar tecnologías para extraer, prevenir y detectar los objetos de plástico que contaminan los océanos.

Para llevar a cabo su investigación, el joven estudiante puso en marcha una primera campaña de crowdfunding que le ha permitido recaudar más de 65.000 euros y confirmar el éxito de su invento. Ahora necesita 2 millones de euros más para culminar su sueño, acabar con la gigantesca isla flotante de plásticos del Océano Pacífico en menos de 10 años. Su sueño es el de todos nosotros. Ojalá se convierta pronto en una realidad.

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Es madre a los 63 años de su hijo número 35

Se llama Wisdom, sabiduría en inglés, y acumula el saber que sólo los años y la experiencia pueden aportar a una madre. Porque Wisdom, el albatros más famoso de todos los tiempos, sigue pulverizando los récords maternales conocidos. A sus 63 años está cuidando a su hijo número 35. Y lo hace con delicadeza extrema, tan ilusionada como si fuera el primero.

Wisdom es una venerable hembra de albatros de Laysan (Phoebastria immutabilis) y está considerada la madre más vieja del mundo. Anillada en 1956, en ese momento ya era un ejemplar reproductor al que le calcularon cinco años de edad.

Máxima fidelidad. ¿Quieres otro dato imposible? Los albatros de Laysan se aparean tradicionalmente con una pareja para toda la vida. Eso quiere decir que muy probablemente Wisdom lleva 60 años conviviendo con el mismo macho. Increíble ¿verdad?

Máxima paciencia. Otro dato para el asombro. Los albatros de Laysan ponen un solo huevo a la vez, cada año, pero no todos los años. La razón es que la crianza del pollo es larguísima y necesitan más de un año para incubar y sacar adelante a su descendencia.

Máxima resistencia viajera. Otra cifra imposible. Los científicos calculan que a lo largo de su longeva vida Wisdom ha recorrido más de 3 millones de millas, ¡casi 5 millones de kilómetros! 63 años sorteando tormentas y tifones, pescando con habilidad, esquivando los miles de palangres que diariamente matan a sus congéneres, burlando venenosos plásticos, eludiendo chapapote y otros vertidos asesinos. ¡Una heroína!

La cría número 35 de Wisdom nació el pasado 4 de febrero en una isla del atolón de Midway, un pequeño territorio de los EE.UU. ubicado en el Pacífico Norte, entre Honolulu y Tokio. Hasta el próximo invierno el pollo no volará y se independizará de su longeva madre, con quien ya no volverá a tener contacto nunca más.

Sus áreas de alimentación son la costa oeste de América del Norte, incluyendo el Golfo de Alaska, y pasan sus primeros tres a cinco años en constante vuelo sobre el mar, sin tocar tierra. Incluso es muy probable que duerman mientras vuelan sobre el océano, pues sus alas son tan inmensas y rectas que una vez en el agua les resulta muy difícil remontar de nuevo el vuelo.

Como dice un colega ornitólogo, a sus 63 años Wisdom está ya cerca de jubilarse y se merece hasta el último centavo de su pensión ¿no te parece?

Foto: Ann Bell/USFWS

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Llega la (mala) moda de las comidas preparadas

Ready meals

Es lo que tiene viajar. Descubres, te sorprendes… y comparas. Esta semana estoy en Londres, una ciudad que me asombra y escandaliza por igual.

Por ejemplo, y empiezo por lo malo, resulta increíble que el país donde probablemente más libros de cocina se publican del mundo y más y mejores programas gastronómicos se pueden ver en televisión, sea donde sus moradores menos cocinan. Al margen de la mareante densidad de restaurantes de todo tipo por kilómetro cuadrado, la popularización de las comidas preparadas no tiene parangón en Europa.

Bocadillos, sándwiches, ensaladas, pizzas, sushi, sopas, fruta, postres. Todo, absolutamente todo, se compra ya cocinado, bien embalado, listo para consumir en el trabajo, un parque o en casa. No os podéis imaginar las ingentes cantidades de envases de plástico y papel tirados a la basura que ello supone. Porque el reciclaje es aquí, en esta gran metrópoli, muy poco eficiente. Una carencia que se suple con la polémica incineración de residuos.

La parte positiva es el amor de esta gente por la jardinería, los huertos urbanos, los alimentos ecológicos y las muy educativas granjas-escuela. Gracias a ello es posible encontrar praderas con ovejas y bosques con ciervos en medio de un espectacular paisaje de rascacielos. O mercados populares con infinitas variedades de hortalizas.

Por eso aquí siempre me asalta la misma duda. Analizando un comportamiento de consumo tan contradictorio en un país, por otro lado, tan avanzado, lo veo como el modelo a seguir también en España, queramos o no, pues es el que marcan los tiempos. Y no me gusta. La solución sería españolizar los hábitos alimenticios de Europa (dieta mediterránea, slow food) a cambio de aumentar nuestra sensibilidad con el entorno natural. Pero dudo que esta terrible crisis del sistema nos vaya a dejar hacerlo.

Os dejo a continuación unas imágenes de esta gran ciudad de inmensos contrastes. Por ejemplo, un rebaño de ovejas pastando muy cerca de la City londinense, en el barrio de Mudchute (Isle of Dogs).

Ovejas

 

O esta otra del famoso mercado de Borough, meca de la comida con denominación de origen.

Market

Pero por el contrario, aquí os muestro una prueba irrefutable de esta locura por la comida embalada: copas de vino francés de beber y tirar, ¡como si fuera un yogur!

Copa vino

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El arte reivindica un mar sin plásticos… ni chancletas perdidas

FlipFlop_fish_1000

El plástico nos ahoga. Un material que usamos como desechable cuando en realidad puede tardar décadas, y hasta siglos, en degradarse. Ya os he hablado varias veces en La Crónica Verde de los terribles efectos de tanto plástico arrojado al mar: islas de plástico, albatros ahogados en plástico. Pero hasta ahora no os había contado que también se puede hacer arte con estos deshechos. Es el proyecto Skeleton Sea, que precisamente la gente de Madrid puede conocer de primera mano este fin de semana si se acerca al congreso temático “Por un mar sin plásticos”, programado en la quinta entrega de la mayor feria de submarinismo de España, la Dive Travel Show 2013.

Allí se podrán ver algunas increíbles esculturas hechas con la basura que el mar devuelve a las playas. Entre ellas Free FlipFlop, el increíble pez multicolor de dos metros realizado con chancletas abandonadas en la costa. La idea fue de mis colegas Xandi Kreuzeder y Kuki de Dios. Un loco proyecto realizado en apenas un día y en el que tuve el placer de participar como recolector de cholas, como llamamos en Canarias a las que los anglosajones denominan flip-flop por el peculiar sonido que emiten al caminar. Y digo loco proyecto porque la playa elegida fue una de las más salvajes y bellas de Fuerteventura, Esquinzo, cerca de El Cotillo, donde presuponía que no habría apenas basura. Pero la había. Y mucha. Gracias a la colaboración de los surferos aparecieron zapatillas y aletas por cientos. Más de 250 en apenas 24 horas.

Os dejo a continuación el vídeo que resume el increíble trabajo de estos dos artistas. Pero no me busquéis haciendo piruetas sobre una de esas tablas, lo mío no es el equilibrio.


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Uno de cada 10 españoles es guarro, derrochón y egoísta

Son datos oficiales de la última encuesta realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Uno de cada diez españoles nunca ha reciclado ni vidrio, ni plástico, ni papel y, además, se jacta de ello. El resto de la población que recicla vidrio, plástico, papel, aceite, medicamentos y electrodomésticos viejos son, según tan insolidario colectivo, unos idiotas.

Conozco varios de estos especímenes antirreciclaje, algunos incluso catedráticos de Universidad. Las razones esgrimidas para justificar el ser guarro, derrochón y egoísta son variadas, pero básicamente se pueden resumir en cuatro tipos:

  • Modelo 1: El listillo. Antes llevaba el casco de vidrio a la tienda y me daban una perra gorda. Ahora me dicen que se lo dé a una empresa para que las perras se las lleve ella. Yo no regalo mi dinero a nadie.
  • Modelo 2: El tontillo. Cuanto más ensucie más puestos de trabajo harán falta para limpiar las ciudades. En tiempo de crisis hay que echar una mano.
  • Modelo 3: El vago. ¿Trabajar yo? ¿Y gratis? Vamos, anda.
  • Modelo 4: El bodoque. ¿Separar y reciclar la basura? ¿Qué es eso?

Seguramente tú también conoces a gente que encaja perfectamente en éstos u otros modelos parecidos. ¿Qué podríamos hacer para convencerlos de su errónea actitud? Efectivamente, educarlos. Aunque con algunos de estos guarros de dos patas lo tenemos muy, muy difícil.

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Búhos de plástico contra las gaviotas

Antonio Miguel, aficionado a la ornitología, se llevó un susto morrocotudo hace unas semanas. Estaba comenzando a comer en su casa de Málaga cuando, de repente, su mujer miró por la ventana y le señaló. “Mira, un águila posada en la casa de enfrente”. Parecía un águila pescadora, algo imposible de observar en medio de la ciudad.

Antonio soltó la cuchara y salió corriendo a por los prismáticos. ¡Qué desilusión! No era un águila. Era un búho, pero de plástico.

Según ha explicado el propio afectado en un foro de aves andaluzas, varios de estas rapaces de pega se han instalado para ahuyentar a las gaviotas de los tejados malagueños. Y según reconoce, “la verdad que su función la realizan muy bien, pues ahora hay menos gaviotas”. Tiene, sin embargo, la teoría de que si no cambian de posturita al buhito, las gaviotas descubrirán el engaño y empezaran a posarse nuevamente en las azoteas.

Al menos el método es de lo más natural. No como en la vecina provincia de Cádiz, en el Campo de Gibraltar, donde la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía ha anunciado que en los próximos años declararán la guerra a las gaviotas, destruyendo nidos por cientos y matando adultos por miles, incluso a tiro limpio en los vertederos. Ellos lo llaman descastes, pero yo prefiero llamarlo desastres.

Si hay muchas aves es porque hay mucha basura. Para controlar su número bastaría con tirar menos y reciclar más. Es más fácil matar gaviotas, pero infinitamente menos práctico, como se ha demostrado una y otra vez por toda Europa. Si matas adultos facilitas el reemplazo con jóvenes. Si destruyes nidos las colonias se mudan a lugares inaccesibles. Los animales son siempre más listos que nosotros.