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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Comienza la media veda de caza más agresiva y cuestionada

La media veda de tórtola y codorniz se abre estos días en España con fuertes críticas de los ecologistas ante el declive generalizado de las especies objeto de caza, con el agravante añadido de su mala cría este año debido a la sequía.

¿Cuántas codornices has escuchado en el campo? Su machacón “aquí hay panaquí hay pan” apenas suena en los trigos y cebadas encañadas.

¿Cuántos arrullos de tórtolas? Más que oírlas se las echa de menos.

En mis paseos de este verano prácticamente no he visto ni oído codornices o tórtolas. Hasta que han llegado los primeros cazadores con sus cadáveres colgando de las perchas.

Protesta ambientalista

“Otro año más se autoriza esta práctica en una época delicada para estas especies, que además sufren una grave pérdida de hábitats y un declive alarmante. Y no sólo eso, ya que otras especies de reproducción tardía y que no son consideradas cinegéticas, pueden verse afectadas por las molestias de estas prácticas durante su época reproductora. Además en años especialmente secos como este o con una climatología adversa, las especies son más vulnerables, especialmente si tenemos en cuenta que el cereal se ha recogido antes y quedan menos lugares donde criar o refugiarse”, asegura el responsable del Programa de Conservación de Especies Amenazadas de SEO/BirdLife, Nicolás López.

Por otra parte, desde la década de los 90 la superficie agraria en España ha disminuido principalmente a causa del descenso de la superficie dedicada a los cereales de secano. Sin embargo, se ha producido un aumento de la superficie de cultivos leñosos en regadío, de los pastizales y de la superficie forestal, transformando los hábitats agrarios de los que dependen estas especies para criar, alimentarse y refugiarse.

Además de enfrentarse a una climatología adversa, y de sufrir una notable pérdida de hábitats, determinadas prácticas agrícolas intensivas están eliminando los insectos y semillas de los que se alimentan estas aves.

Otra de las causas que provoca un estado de conservación desfavorable para estas especies es la excesiva presión cinegética que soportan sus poblaciones, especialmente durante el periodo de caza de la media veda que se inicia durante la segunda quincena de agosto y que coincide con el final de la época reproductora de ambas especies.

Durante la temporada cinegética, y especialmente en la media veda, se pueden llegar a abatir cada temporada más individuos que los que las poblaciones naturales son capaces de producir en sus nidadas, sobre todo en el caso de la tórtola europea, en la que además, la estación reproductora comienza en el mes de abril y se prolonga hasta finales del mes de agosto, cuando aún pueden encontrarse nidos ocupados. Durante la época estival se están cazando en algunas zonas ejemplares jóvenes inexpertos que apenas acaban de aprender a volar y de emanciparse de los padres, adultos que todavía están criando y que por lo tanto no podrán terminar de hacerlos (las crías dependientes de ellos también morirán), y ejemplares que están en pleno periodo de migración en su paso desde otras zonas de Europa hacia África y que atraviesan la península durante su recorrido. 

Declive de las poblaciones y aumento de las capturas

De acuerdo con los datos estadísticos sobre el número de capturas ofrecidos por el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente (MAPAMA), la tendencia general es de un aumento anual de las capturas de tórtola europea y de codorniz desde 2005 a 2014. Mientras que según los datos poblacionales obtenidos del programa SACRE 2016 de SEO/BirdLife, en el caso de la codorniz, durante el periodo de 1998-2016 sus poblaciones han sufrido un grave declive de más del 66% a escala nacional, y para el mismo periodo, la tórtola europea sufrió también un declive de casi el 30% de su población.

“Aunque los datos de ejemplares abatidos son alarmantes teniendo en cuenta el delicado estado demográfico de las poblaciones silvestres, es más preocupante el hecho de que las administraciones autonómicas en sus órdenes anuales de vedas sigan permitiendo la caza de estas especies a pesar de reconocer el delicado estado de conservación de estas aves y su declive”, reconoce López.

Imagen: Codorniz común ©Juan Bécares

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Las escopetas llevan a codornices y tórtolas hacia la extinción

Codorniz

Codorniz. © Raniero Massoli Novelli / Wikimedia Commons

Como marca la tradición cinegética, el pasado 15 de agosto, día festivo en toda España, se abrió la media veda de caza en Castilla y León y otras regiones. Hay que darse prisa para matar el mayor número posible de codornices y tórtolas antes de que éstas inicien su migración hacia África.

El que cada vez haya menos codornices y tórtolas europeas (la común, no confundir con la abundante turca) no es problema. De hecho, desde hace años los grupos de investigación y conservacionistas claman por prohibir durante unos años esta carnicería de los últimos mohicanos, en la esperanza de que sus maltrechas poblaciones puedan recuperarse algo. Caso omiso. Se siguen manteniendo unos cupos imposibles, 30 codornices y 8 tórtolas por cazador y día.

La_caza_de_la_codorniz

Goya. Caza de la codorniz

¿Alguien logró estos días tales perchas? Quizá alguno en Burgos, la tierra más codornicera de España, pero la mayoría de los cazadores se volvió a casa con los cartuchos en los bolsillos. En la comarca de Sahagún, donde he pasado unos días, todos con los que hablé estaban enfadadísimos; se volvían a casa de bolo. También como marca la tradición, algún joven de aguilucho y de milano negro recibió el plomo de los indignados escopeteros. Yo vi dos.

Pero vamos a ver. ¿No habíamos quedado que los cazadores son gestores medioambientales? ¿Desinteresados amigos de la naturaleza empeñados en mantener sano el ecosistema eliminando las poblaciones excedentarias y cuidando a las menguadas?

Pues con la codorniz y la tórtola no lo parecen. Más se diría que sólo les interesa disparar a estos animales al grito ibérico de “el que vega detrás que arreé“.

De hecho, y según SEO/BirdLife, en la media veda se pueden llegar a abatir cada temporada más individuos de los que las poblaciones naturales son capaces de producir en sus nidadas.

Especialmente grave es la situación de la tórtola europea, cuya época reproductora comienza en el mes de abril y se prolonga hasta finales del mes de agosto, justo cuando los cazadores aún pueden encontrarse nidos ocupados.

¿Quieres más precisión? De acuerdo con los datos obtenidos por el programa Sacre 2012 de SEO/BirdLife, en el caso de la codorniz (gráfico 2), durante el periodo de 1998-2013 sus poblaciones nacionales han sufrido un grave declive de más del 53%. Para el mismo periodo, la tórtola (gráfico 3) sufrió un declive de más del 30% de su población.

Es verdad que la culpa de esta extinción no la tienen tan sólo los cazadores. El mayor culpable es el terrible cambio agrícola registrado en el campo español en las últimas décadas, con nefastas consecuencias para la fauna salvaje.

Por ejemplo, no es de recibo que a mediados de agosto la mayor parte de los campos castellano-leoneses estén ya arados o quemados sus rastrojos. Y aún más grave, la superficie dedicada a los cereales de secano es cada vez menor, sustituidos por cultivos leñosos en regadío como el maíz (transgénico, por supuesto).

Pero tampoco es de recibo que ante el delicado estado demográfico de las poblaciones silvestres de estas aves, las Administraciones autonómicas sigan autorizando año tras año unos cupos mucho mayores que los que capturan los propios cazadores.

Eso, estimados técnicos y/o políticos, no se puede llamar gestión del recurso. Ni el silencio de los cazadores, que deberían exigir una moratoria urgente, se puede llamar amor a la naturaleza. Eso, sencillamente, es ser un salvaje irresponsable.

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Tendencia poblacional de la codorniz común en España 1998-2013 (Fuente: SEO/BirdLife. Datos del Programa Sacre).

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Tendencia poblacional de la tórtola europea en España 1998-2013 (Fuente: SEO/BirdLife. Datos del Programa Sacre).

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Los plaguicidas nos arrastran hacia un mundo silencioso… y hambriento

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Imagen: © Colin Grey / Wikimedia Commons

En 1962 Rachel Carson horrorizó al mundo al explicar cómo el DDT, peligroso y cancerígeno insecticida, arrastraba al mundo hacia una Primavera Silenciosa. Un planeta sin aves canoras. Bosques y campos sin otros sonidos que el viento y nuestros coches. 10 años después se prohibía su producción y uso. Pero no hemos aprendido nada.

Una revisión de la literatura científica publicada en los últimos años sobre los plaguicidas sistémicos o neonicotinoides confirma que están causando daños significativos a un gran número de especies de invertebrados beneficiosos y son un factor clave en el declive de las abejas.

Según los autores del estudio, el uso generalizado de estos productos está teniendo un impacto similar al del DDT y su efecto va más allá de las tierras de cultivo.

Según explica SEO/BirdLife a través de un comunicado, lejos de asegurar la producción de alimentos, estos plaguicidas están amenazando la propia capacidad productiva a largo plazo, pues reducen o eliminan los polinizadores y los controladores naturales de las plagas, elementos clave del buen funcionamiento de los sistemas agrarios.

La preocupación sobre el impacto de los plaguicidas sistémicos o neonicotinoides en una amplia variedad de especies beneficiosas ha crecido en los últimos 20 años, pero hasta ahora las evidencias no habían sido consideradas concluyentes.

Para realizar un análisis completo de la situación, el Task Force on Systemic Pesticides, un grupo internacional de científicos independientes que asesora a la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), ha revisado durante cuatro años toda la literatura científica disponible, más de 800 estudios publicados en revistas de alto impacto sometidas al sistema de revisión por pares.

Este meta-análisis, el Worldwide Integrated Assessment (WIA), será publicado próximamente en el Journal Environment Science and Pollution Research. Su conclusión es que hay claras evidencias de que los plaguicidas sistémicos causan un impacto tan grave que exigen una imperiosa regulación de su uso.

 

Las aves agrarias están en declive 

Para SEO/BirdLife, ésta es una prueba más de la degradación ambiental de los sistemas agrarios, detectada ya a través de sus programas de seguimiento de aves, que muestran un declive continuado de las especies comunes asociadas a los paisajes agrarios.

Por ejemplo, la golondrina, Ave del Año de 2014, muestra una reducción de su población de más del 30% en la última década. Y otras, como la codorniz, el sisón o la calandria están en una situación similar.

El uso de plaguicidas se une a otros factores que influyen en este escenario de pérdida de biodiversidad, como la reducción directa de hábitats favorables o enfermedades nuevas traídas con el comercio internacional de mercancías.

Aunque la UE ya ha prohibido temporalmente el uso de estos productos en algunos cultivos, el problema tiene una escala global. De acuerdo con SEO/Bird Life, sería necesario empezar a trabajar en un cambio profundo del modelo agrario, reconectando los sistemas productivos a los ciclos naturales.

Esto podría tener un impacto en los rendimientos por hectárea en ciertas zonas, pero igualmente acabaría reduciendo los costes crecientes en inputs y ofrecería más garantías de futuro sobre el suministro de alimentos. Cuestión que por otra parte requiere atajar también otros problemas como la distribución, el acceso y el desperdicio de comida, junto con los modelos de consumo y las dietas.

En todo caso, lo fundamental ante los neonicotinoides sería aplicar el principio de precaución, pero no se hace. El principio máximo de nuestra sociedad actual es el del negocio. Los que vengan detrás, ya sean abejas, pájaros o nuestros hijos, que arreen.

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Una de cada ocho especies de aves del planeta están en peligro de extinción

Dodo

Las aves son bellas, pero ante todo son un excelente bioindicador del estado de salud de nuestros ecosistemas. Fáciles de ver, también de identificar, pero muy frágiles a las alteraciones del hábitat, la evolución de sus poblaciones a mejor o a peor nos señalan con certera efectividad hacia dónde va la naturaleza, que es el planeta, nuestra casa y único hogar posible.

¿Hacia dónde vamos entonces? Hacia la pérdida irreversible de biodiversidad.

Una de cada ocho especies de aves en el mundo están en peligro de extinción según un reciente estudio de Birdlife International, la mayor coalición de organizaciones de conservación del mundo integrada por 121 ONGs de todos los países y que cuenta con 13 millones de socios y 7.000 grupos locales. El ‘State of the World’s Birds’ es un informe exclusivo sobre el estado de conservación de más de 10.000 especies de aves en el que han participado cientos de científicos. En él se avisa que tan dramática estadística podría ser una evidencia del “rápido deterioro del medio ambiente global y que podría afectar al género humano”.

BirdLife International es la autoridad oficialmente designada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) para informar sobre las aves que deben ser incluidas en la Lista Roja de especies en extinción. En la última revisión, 1.313 especies (una de cada ocho del total mundial) fueron clasificadas como amenazadas de extinción. De ellas, 189 están consideradas “En Peligro Crítico”. Desde el año 1500 se estima que se han perdido ya 150 especies de aves, un ritmo de desaparición que supera varias veces la pauta natural de extinción.

Empezamos por el mítico dodó, pero ahora están en peligro especies tan familiares como los gorriones, casi desaparecidos del Reino Unido, o las codornices y las tórtolas comunes, que cada vez tienen menos de comunes.

Todas las alarmas están encendidas en esta loca carrera mundial hacia el desastre ambiental, pero nuestra disparatada nave planetaria no encuentra el freno. O no quiere pisarlo, que es peor.

Un resumen del State of the World’s Birds puede descargarse desde este enlace. La imagen que ilustra este post es el dibujo que Roland Savery hizo en 1626 de uno de los últimos dodós, ave ya extinta.

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Codornices y tórtolas están amenazadas por la media veda que comienza esta semana

Entre mañana miércoles y el sábado comienza la caza de la media veda en la mayor parte de España. Miles de cazadores afilan nerviosos sus escopetas, aún a sabiendas de que las perchas serán raquíticas. Como el año pasado y los anteriores, las previsiones son pesimistas. La sequía y los incendios complican todavía más la temporada.

Cada vez hay menos codornices y tórtolas comunes en el campo. Una escasez que, sin embargo, no impedirá masacrar a sus reducidas poblaciones ibéricas. La Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife) ha advertido sobre el “alarmante declive” de la tórtola europea y la codorniz debido a la excesiva presión cinegética durante la media veda y la intensificación y abandono de los medios agrícolas. Nadie parece hacerles caso, a pesar de que sus afirmaciones se basan en un detallado trabajo de campo realizado por miles de ornitólogos.

Entre 1998-2010 la tórtola común o europea (Streptopelia turtur, no confundir con la abundante y urbana tórtola turca) ha sufrido un declive en la zona centro (Castilla-La Mancha, Extremadura, Madrid y Castilla y León) de un 39% y de un 29% a escala nacional.

En el caso de la codorniz (Coturnix coturnix), durante el mismo periodo experimentó un marcado declive en la zona centro (Castilla-La Mancha, Extremadura, Madrid y Castilla y León) de un 53% y de un 38% a escala nacional.

Este año en Santibáñez-Zarzaguda (Burgos) donde suelo escuchar 4 y hasta 6 machos de codorniz, tan sólo he oído uno. Y el pasado fin de semana, tres tórtolas comunes que observé en Monte Louro (Muros, A Coruña) fueron la gran sorpresa ornitológica del día.

Es cierto. En las dos últimas décadas la superficie dedicada a los cereales de secano es cada vez más escasa. Los regadíos se han generalizado, transformando los habitats agrarios de los que dependen estas especies. Pero la mayor amenaza es la caza. Una caza que coincide con el final de su época reproductora y en la que se abaten cada temporada más individuos que los que las poblaciones naturales son capaces de producir en sus nidadas, sobre todo en el caso de la tórtola europea.

Lo van a conseguir. Los cazadores van a acabar extinguiendo dos especies que siempre fueron muy comunes en los campos españoles, tan sólo por el gusto de apretar el gatillo. Los políticos lo saben pero les dejan hacer. Dicen que la caza da dinero. Disfrutar con el monótono arrullo de las tórtolas en el campo les parece tan sólo una debilidad de enamorados.

¿Y tú qué opinas? ¿Habría que suspender al menos este año la media veda? ¿Has visto u oído alguna codorniz o tórtola en el campo?

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El gato que extinguió al chochín

El hombre es el depredador que mayor número de especies vertebradas ha extinguido de la faz de la tierra. El segundo es el gato, nuestro fiel compañero doméstico desde hace 9.000 años.

Sólo en Gran Bretaña, los 8 millones de gatos caseros censados cazan al año no menos de 75 millones de aves silvestres como gorriones, petirrojos o mirlos. Con esa misma proporción, los 50 millones de gatos europeos consumen anualmente más de 400 millones de pajaritos, una tercera parte de los calculados para Estados Unidos.

Amo los gatos, pero reconozco mi pena cada vez que uno de ellos te deja triunfal a los pies el cadáver de una de estas pobres aves, justo antes de ponerse a comer en su siempre bien surtido comedero. Nunca pierden su instinto cazador.

La extinción más rápida de una especie la provocó un gato. Se llamaba Tibbles y era la mascota de David Lyall, el ayudante del farero de la isla Stephens, un pequeño saliente rocoso entre las dos islas principales de Nueva Zelanda. Allí vivía un extraño pájaro nocturno no volador, algo parecido a un chochín, en cuya caza se especializó el eficaz felino doméstico. Los 16 ejemplares llevados como trofeo a su amo son los únicos de un ave que nadie vio nunca viva, bautizada para la ciencia Xenicus lyalli. En un solo invierno, el de 1895, acabó con la totalidad de la población mundial, sin duda muy pequeña. Él los descubrió y él solito los exterminó.

Sin irnos tan lejos tenemos el caso de Canarias. La llegada del gato al archipiélago hace 2.000 años se considera una de las causas de la desaparición de algunas aves poco voladoras como la codorniz gomera (Coturnix gomerae) o el escribano patilargo (Emberiza alcoveri), además de dos múridos gigantes de Tenerife y Gran Canaria (Canariomys bravoi y Canariomys tamarani) y del lagarto gigante de La Palma (Gallotia auaritae).

Una vez más la culpa no es de ellos, es nuestra por llevarlos y soltarlos. Nuestra también es la responsabilidad medioambiental de tenerlos controlados. Poniéndoles cascabeles que les dificulten la caza y recriminándoles siempre sus capturas. Porque las mascotas, donde mejor están es en casa.

En la imagen superior, dos de los 15 únicos especímenes disecados que existen del raro chochín de Stephens.

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Descubren viva y a la venta en un mercado una codorniz extinguida

Es sin duda el descubrimiento natural más sorprendente de los últimos años. Ornitólogos filipinos han encontrado viva una rarísima codorniz, el Torillo de Worcester (Turnix worcesteri), puesta a la venta en un mercado de aves de corral en la sierra de Caraballo, en la isla principal de Luzón. Como explica gráficamente el diario británico Daily Telegraph, cuando los miembros del Wild Bird Club de Filipinas descubrieron al pájaro éste iba “camino de la cazuela”, pues estaba a la venta como una gallina más.

Hasta el momento, esta especie de torillo tan sólo era conocido anteriormente a través de dibujos hechos sobre la base de especímenes muertos conservados en museos, pues nadie en el último siglo la había logrado ver viva. De hecho, tras su localización, se sigue sin saber nada de ella, ni dónde, ni cómo, ni cuántas viven.

No sé de qué guindo se cayó el presidente del club Michael Lu, quien a preguntas del periodista dijo sentirse triste por que los vecinos “no valoran la diversidad biológica a su alrededor”. En una sierra perdida le van a decir a un indígena que tenga cuidado con las especies en peligro de extinción, de las que los expertos ni siquiera saben si siguen vivas o no. Lo que hace falta es más investigación y más esfuerzos de educación.

Mientras tanto, y aunque nos pese, los filipinos más humildes seguirán haciendo caso a ese refrán tan castellano que seguramente forma parte allí de nuestra herencia hispana: “Ave que vuela, a la cazuela”. Y es que el hambre no entiende de biodiversidad.

Menos codornices para los cazadores

Cumpliendo la vieja tradición cinegética, más de un millón de cazadores han salido este largo fin de semana con sus perros a matar codornices. Una vez más la Virgen de Agosto marcó el comienzo de la media veda en una gran parte de España, pistoletazo de salida de una nueva temporada en la que se matarán unos 30 millones de animales.

Para alegría de las codornices y desesperación de los cazadores, las primeras jornadas se han presentado muy desiguales, aunque con el denominador común de haberse abatido muchos menos pájaros que en años pasados. Salvo excepciones, las perchas no han pasado de 3-4 codornices por escopeta.

A los que nos gusta el campo ya lo sabíamos. Quizá por el frío y exceso de lluvia, quizá por el cambio climático, quizá por la cada vez mayor presión cinegética, este año las africanas han criado poco y mal.

Me lo reconocía el día antes de comenzar la media veda el catedrático de Prehistoria Germán Delibes, hijo del famoso escritor vallisoletano y, como toda la familia, entusiasta cazador:

Apenas hay codornices en el campo. Cerca de nuestra casa en Sedano siempre se oían tres o cuatro machos cantando y este año no escuchamos ninguno. Yo no saldré a cazar, me recuerda demasiado a esos días calurosos de verano acompañando a mi padre por las rastrojeras en busca de unos pájaros de los que cada vez quedan menos.

Miguel Delibes se confesaba siempre “un cazador que escribe antes que un escritor que caza”, afición que contagió a todos sus hijos. Muy mayor para salir al campo (88 años), sin perros adiestrados y cada vez más preocupado por el medio ambiente, las escopetas poco a poco han ido arrinconándose en la casa familiar que los Delibes tienen en la localidad burgalesa de Sedano.

¿Cundirá el ejemplo? El empobrecimiento del campo, la confirmación de que hay demasiados cazadores y pocas piezas, de que es más el daño que hacen a la Naturaleza que el beneficio obtenido, ¿les hará colgar las escopetas y cambiarlas por unos prismáticos o un cámara de fotos? Mucho me temo que no.