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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

Entradas etiquetadas como ‘plaguicidas’

Última oportunidad para las abejas y su mundo

Foto: Greenpeace

Las abejas y la mayor parte de los insectos se están extinguiendo en el mundo. La culpa es exclusivamente nuestra. Hemos modificado el paisaje, cuadriculado, contaminado, empobrecido. Y por si todo esto fuera poco, insecticidas de última generación, los neonicotinoides, están provocando una debacle dada una extraordinaria toxicidad no calculada.

La próxima semana puede ser el principio de una rectificación necesaria. La propuesta de la Comisión Europea para ampliar la prohibición de tres neonicotinoides peligrosos para las abejas se discutirá -y se podría someter a votación- los próximos 12 y 13 de diciembre en Bruselas.

80 organizaciones europeas se han unido para exigir a la Unión Europea que prohíba total y urgentemente tres insecticidas neonicotinoides altamente tóxicos para las abejas: imidacloprid, clotianidina y tiametoxam. Lee el resto de la entrada »

Europa prohíbe el uso de pesticidas en zonas de interés ecológico

El respaldo del Parlamento Europeo a la propuesta de la Comisión Europea de prohibir los plaguicidas en las Superficies de Interés Ecológico (SIE) a partir de la PAC del 2018 no ha satisfecho a nadie. La Alianza UPA-COAG lo considera “un error de graves repercusiones para el sector agrario”, mientras que la Federación Internacional de Movimientos de Agricultura Ecológica de la Unión Europea (IFOAM UE) lo considera insuficiente frente a las todavía numerosas prácticas agrícolas nocivas para el medio ambiente. Lee el resto de la entrada »

La estrategia del avestruz nos ahoga en mierda

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© Wikimedia Commons

Mi tío Nemesio no necesitó censos ni análisis. Me lo dijo muy clarito un día en que me llevó, casi en volandas, a dar un paseo desde Hontoria hasta Cubillo a su ritmo incansable de guardia civil retirado, ajeno a sus 80 años:

“Ahora ya casi no quedan pájaros en el campo por culpa de todo ese sulfato que le echan a los cultivos”.

Yo jadeaba mientras trataba de imaginarme cómo serían esos casi silenciosos lugares preñados de cantarinas calandrias, terreras, mochuelos, perdices y tórtolas. Sitios donde en un par de generaciones habíamos pasado de miles de aves a unidades.

Hoy he vuelto a acordarme de él cuando he leído las conclusiones de los programas de seguimiento de aves comunes. Las conclusiones a muchos años de control y estudio son terroríficas. En los últimos 30 años hemos perdido en Europa 421 millones de pájaros, que se dice pronto, de los que el 90% proceden de las 36 especies más comunes y asociadas a los medios agrarios. A nosotros y a nuestras fábricas de alimentos.

Según datos de SEO/BirdLife, el alcaudón real (Lanius meridionalis) es el ave con declive más acusado en España, un 65%, seguido de la perdiz roja (Alectoris rufa), el 37%, y la tórtola europea (Streptopelia turtur), el 25%.

Mi tío Nemesio acertó. La principal razón para explicar tan preocupante y salvaje descenso aviar es toda esa mierda que echamos a esos campos de mierda para producir una mierda de alimentos, eso sí, en gran y rentable escala.

Cuando él era joven los sistemas agrícolas eran más respetuosos con la naturaleza y menos industrializados. Ahora todo está mecanizado, un paisaje homogeneizado sin linderos ni barbechos donde los pesticidas de última generación están acabando con los insectos, empezando por las imprescindibles abejas. Y sin ellos todo el ecosistema se ha venido abajo.

Mi tío me enseñó a moverme deprisa y observar despacio, como hace el alcaudón. Pero nuestra sociedad está optando por un ave torpe y asustadiza, el avestruz. Una peligrosa estrategia, pues ocultando la cabeza en el agujero del consumo tan sólo lograremos ahogarnos en nuestra propia mierda.

Artículo científico al que hago referencia: Richard Inger, Richard Gregory, James P. Duffy, Iain Stott, Petr Voříšek, Kevin J. Gaston. Common European birds are declining rapidly while less abundant species’ numbers are rising. Ecology Letters, 2014; DOI: 10.1111/ele.12387

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Los plaguicidas nos arrastran hacia un mundo silencioso… y hambriento

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Imagen: © Colin Grey / Wikimedia Commons

En 1962 Rachel Carson horrorizó al mundo al explicar cómo el DDT, peligroso y cancerígeno insecticida, arrastraba al mundo hacia una Primavera Silenciosa. Un planeta sin aves canoras. Bosques y campos sin otros sonidos que el viento y nuestros coches. 10 años después se prohibía su producción y uso. Pero no hemos aprendido nada.

Una revisión de la literatura científica publicada en los últimos años sobre los plaguicidas sistémicos o neonicotinoides confirma que están causando daños significativos a un gran número de especies de invertebrados beneficiosos y son un factor clave en el declive de las abejas.

Según los autores del estudio, el uso generalizado de estos productos está teniendo un impacto similar al del DDT y su efecto va más allá de las tierras de cultivo.

Según explica SEO/BirdLife a través de un comunicado, lejos de asegurar la producción de alimentos, estos plaguicidas están amenazando la propia capacidad productiva a largo plazo, pues reducen o eliminan los polinizadores y los controladores naturales de las plagas, elementos clave del buen funcionamiento de los sistemas agrarios.

La preocupación sobre el impacto de los plaguicidas sistémicos o neonicotinoides en una amplia variedad de especies beneficiosas ha crecido en los últimos 20 años, pero hasta ahora las evidencias no habían sido consideradas concluyentes.

Para realizar un análisis completo de la situación, el Task Force on Systemic Pesticides, un grupo internacional de científicos independientes que asesora a la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), ha revisado durante cuatro años toda la literatura científica disponible, más de 800 estudios publicados en revistas de alto impacto sometidas al sistema de revisión por pares.

Este meta-análisis, el Worldwide Integrated Assessment (WIA), será publicado próximamente en el Journal Environment Science and Pollution Research. Su conclusión es que hay claras evidencias de que los plaguicidas sistémicos causan un impacto tan grave que exigen una imperiosa regulación de su uso.

 

Las aves agrarias están en declive 

Para SEO/BirdLife, ésta es una prueba más de la degradación ambiental de los sistemas agrarios, detectada ya a través de sus programas de seguimiento de aves, que muestran un declive continuado de las especies comunes asociadas a los paisajes agrarios.

Por ejemplo, la golondrina, Ave del Año de 2014, muestra una reducción de su población de más del 30% en la última década. Y otras, como la codorniz, el sisón o la calandria están en una situación similar.

El uso de plaguicidas se une a otros factores que influyen en este escenario de pérdida de biodiversidad, como la reducción directa de hábitats favorables o enfermedades nuevas traídas con el comercio internacional de mercancías.

Aunque la UE ya ha prohibido temporalmente el uso de estos productos en algunos cultivos, el problema tiene una escala global. De acuerdo con SEO/Bird Life, sería necesario empezar a trabajar en un cambio profundo del modelo agrario, reconectando los sistemas productivos a los ciclos naturales.

Esto podría tener un impacto en los rendimientos por hectárea en ciertas zonas, pero igualmente acabaría reduciendo los costes crecientes en inputs y ofrecería más garantías de futuro sobre el suministro de alimentos. Cuestión que por otra parte requiere atajar también otros problemas como la distribución, el acceso y el desperdicio de comida, junto con los modelos de consumo y las dietas.

En todo caso, lo fundamental ante los neonicotinoides sería aplicar el principio de precaución, pero no se hace. El principio máximo de nuestra sociedad actual es el del negocio. Los que vengan detrás, ya sean abejas, pájaros o nuestros hijos, que arreen.

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Los plaguicidas ponen en peligro a las abejas y a toda la agricultura

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En 1962 Rachel Carson nos habló de esa Primavera Silenciosa, un planeta sin aves canoras al que estábamos condenados si seguíamos utilizando el DDT, peligroso y cancerígeno insecticida. 10 años después se prohibía su producción y uso, aunque todavía hoy la leche materna presenta altas concentraciones de este tóxico; las mujeres españolas el doble que la media europea.

En la India un antiinflamatorio, el diclofenaco (Voltarén), utilizado tanto para la artritis en humanos como para tratar afecciones del ganado, provocó en una década el exterminio del 95% de los buitres, decenas de millones de ejemplares. Los medicados cadáveres reventaban los riñones de las carroñeras, al provocarles una mortal insuficiencia renal. Su uso veterinario está ahora prohibido.

Como con los buitres, algo muy parecido está ocurriendo con las abejas. Desaparecían por millones y nadie sabía la razón. El misterio de las colmenas vacías ha sido finalmente desvelado. La culpa la tienen los plaguicidas neurotóxicos. Ante las muchas evidencias científicas, la Comisión Europea propuso en enero pasado prohibir tres de estos insecticidas (imidacloprid, tiametoxam y clotianidina). Pero es una solución parcial. En realidad se deberían prohibir todos. Urgentemente.

Un mundo sin abejas es mucho peor que un mundo sin pájaros. Por cada euro que estos insectos producen en forma de miel, polen, cera, jalea real o propóleo, revierten 20 euros en forma de polinización. Sólo para Europa este desinteresado trabajo vale 22.000 millones de euros, pues de él depende la germinación del 84 % de los 264 principales cultivos agrícolas. Lo mismo ocurre con las plantas silvestres.

Empeñados en convertir la producción mundial de alimentos en una beneficiosa factoría de enormidades enlatadas no nos damos cuenta de lo evidente: sin abejas no hay paraíso. Ni futuro.

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¿Son realmente más saludables los alimentos ecológicos?

¿Son los alimentos ecológicos más saludables que los convencionales? La pregunta nos la hacemos cada día más gente. Y la respuesta nos ha llegado de la mano de una profunda revisión científica dirigida por investigadores de la Universidad de Stanford (USA). Por desgracia, su difusión en la prensa se tergiversó, concluyendo que

“tanto gastar un poco más en alimentación, tanto esmerarse en acudir a tiendas con conciencia, en buscar productos “más naturales”, y resulta que los alimentos orgánicos apenas son un poco más sanos”.

Extrañado, he acudido a la fuente original, el artículo publicado en Annals of Internal Medicine. Y lo que allí se dice es muy diferente.

Los científicos han analizado 17 estudios en humanos y 223 estudios en alimentos. Es cierto que no se han encontrando relaciones significativas entre alergias y tipo de comida. Que se han detectado niveles de pesticidas más bajos en la orina de los niños que consumen dietas orgánicas frente a las convencionales, pero no en los adultos. Se demuestra, sin embargo, que comer frutas y vegetales ecológicos reduce hasta un 30% la exposición a los plaguicidas. Respecto a las carnes, la contaminación bacteriana de pollo y cerdo es baja en ambos. Pero en la carne industrial la resistencia a los antibióticos es un peligroso 33% superior.

Concluye el estudio que los alimentos convencionales son tan nutritivos como los ecológicos aunque reconociendo que, sin sobrepasar los límites legales, nos aportan muchos más plaguicidas y bacterias resistentes. No estoy de acuerdo. En los orgánicos se aprovecha hasta la piel y se disfruta de unos sabores inigualables, por no hablar de su beneficio medioambiental en el agua, la fauna y la flora, además del apoyo a la producción local. ¿Son más saludables los alimentos ecológicos? Este estudio lo confirma ¿no te parece?

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Los insecticidas contaminan los ríos de Europa

Parecen limpios, naturales, rebosantes de vida, pero están enfermos. Los ríos de Europa sufren una grave contaminación. Y la culpa no la tienen las fábricas ni los vertederos. La culpa la tiene una agricultura industrial que riega los campos de insecticidas, productos sintetizados que al final acaban en la red fluvial arrastrados por las lluvias o vertidos directamente por incorrectos manejos de los agricultores.

La tendencia futura es mucho más alarmante. Según recoge el servicio Euroalert de la Unión Europea, se espera que los ríos cada vez estén más afectados por los plaguicidas.

Los resultados de este estudio, llevado a cabo por científicos del Centro Helmholtz de Investigación sobre el Medio Ambiente (UFZ), han sido publicados en la revista Ecological Applications y demuestran cómo el uso de insecticidas para fines agrícolas puede poner en serio peligro los ríos europeos. Tras realizar comparaciones de proyecciones climáticas y cambios en el uso del suelo, los miembros del proyecto concluyeron que el uso de este tipo de sustancias podría provocar que extensas áreas entren a formar parte en los próximos años del 40% de la superficie continental donde los ríos ya no gozan de una situación ecológica óptima.

¿La razón? El cambio climático aumentará las poblaciones de insectos, estos acabarán convirtiéndose en plagas, y el empleo de insecticidas para luchar contra ellos se disparará. Se prevé que en 2090 el uso de plaguicidas se multiplique por 23 en Europa, dependiendo del grado de aumento de la temperatura y de los cambios en el uso del suelo.

Para mitigar este impacto los científicos recomiendan crear zonas de amortiguación a lo largo de los ríos. Y aunque no lo señalen, esas zonas deberían apostar por la agricultura ecológica, la única que logrará dejar de emponzoñar el campo, el agua y nuestros alimentos.

Estas reservas se convertirían así en refugio para las especies amenazadas, desde donde iniciar futuras repoblaciones una vez se lograra reducir las elevadas concentraciones actuales de insecticidas. Imprescindibles custodios de biodiversidad y salud.

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