La crónica verde La crónica verde

Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Descubre el misterio de los mensajes de piedra escritos en El Hierro

Hoy te invito a dar un gran salto sobre el Océano Atlántico para viajar a la isla del Meridiano, El Hierro, la más occidental y remota de Canarias. Este periplo haría las delicias de Iker Jiménez y todos sus amigos de las ciencias ocultas y las civilizaciones perdidas.

Pero para mí, cual Ulises despistado camino de Ítaca, lo que me apasiona es el viaje. Voy en busca de un misterio irresoluble que, por supuesto seré incapaz de ayudarte a solucionar. Ni los letreros de El Julan son el enigma de la Esfinge ni yo (ya me gustaría) soy Edipo. Pero ver de cerca esos mensajes en piedra y romperte la cabeza tratando de buscarle un sentido a sus jeroglíficos o lo que sean esos signos extraños sin duda merecerá la pena.

Como hay que llegar pronto he pasado la noche en la preciosa casa rural de La Jarita. El acceso a la vivienda hay que hacerlo a pie. Ascender por un estrecho y empinado sendero, empedrado con rocas de lava, tiene su recompensa. Vistas increíbles hacia el Naciente desde donde cada mañana la vida te regala unos amaneceres con sabor a Borges:

“Ya la luz raya el aire”.

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El único cafetal de Europa es canario… y relaja

Café canario tostándose bajo el sol tranquilo del Valle de Agaete.

Café canario tostándose bajo el sol tranquilo del Valle de Agaete.

No todos los cafés nos aceleran, activan, ponen nerviosos. Hay algunos que respiran tranquilidad y transmiten sosiego, buen rollito. Son los que busco. Los que he venido a descubrir al Valle de Agaete, en el noroeste de la isla de Gran Canaria. Los únicos cafetales de Europa, de la Unión Europea para ser geográficamente exactos. Aunque paseando por la plaza del barrio de San Pedro, dominado por las fortalezas pétreas del macizo de Tamadaba, en un paisaje tropical donde abundan papayas, mangas, naranjas, aguacates y tabaco, más parece que estemos en Costa Rica, Jamaica o Colombia que en medio del Atlántico y a tan sólo 200 kilómetros del desierto del Sáhara.

El café encierra en este valle un sabor antiguo. Se trata de una tradición surgida en el siglo XIX y por suerte a resguardo gracias a los más de 40 agricultores empeñados hoy en día en el cuidado artesanal de sus cafetos, como aquí llaman a las plantas del café.

Pero que nadie se espere grandes explotaciones. Todo lo contrario. La producción apenas supera los 10.000 kilos, por lo que prácticamente no llega a las tiendas. Hacerse con un paquete es un lujo. Lee el resto de la entrada »

¿Conoces la isla canaria de la gente feliz?

Sabina de El Hierro

Existe una isla donde la gente es feliz. Donde llamas a las puertas y te abren el corazón.

El Hierro, en el occidente de Canarias, es el territorio más aislado de Europa y, seguramente por ello, el más sabio. Gente inteligente, está apostando muy fuerte por la sostenibilidad. Gracias al proyecto Gorona del Viento es la primera isla en el mundo 100% sostenible pues obtiene toda su energía eléctrica gracias a esos vientos alisios capaces de elevar agua hasta el cráter de un volcán y dejarla caer en un beneficioso círculo energético. Lee el resto de la entrada »

El huracán Joaquín envía un charlatán a Canarias

Charlatán

Te guste o no el mundo de los pájaros, hay sobre ellos noticias sensacionales que interesan a todos. Como la increíble observación realizada estos días en la isla de Lanzarote (Canarias). La realizó el pasado 30 de septiembre mi colega de pajareo en esa isla Francisco Javier García Varga.

Estaba en la localidad turística de Puerto del Carmen haciendo algo de deporte por un camino cercano a la costa cuando, según ha explicado él mismo, le pasó volando y reclamando un ave que no pudo identificar (en estos casos siempre vas sin prismáticos) “pero dejándome ya con la sensación de que lo más probable era que fuese algo raro”, reconoce.

Entusiasta y experto en rarezas ornitológicas, a primera hora del día siguiente ya estaba de nuevo en la zona con todo el equipo bien afilado: prismáticos, telescopio y cámara fotográfica con potente objetivo. Dio pronto con el bicho y sus sospechas quedaron rápidamente confirmadas.

Se trataba de una hembra o joven de charlatán (Dolichonyx oryzivorus), un pájaro propio de los ecosistemas agrícolas americanos, así llamado por tener un gusto machacón por el canto. Canto raro donde los haya, metálico y burbujeante; un b’bob-o-lii’ink aflautado y algo onomatopéyico del que procede su nombre vulgar en inglés: bobolink.  Lee el resto de la entrada »

¿Conoces la isla canaria del tesoro?

La isla de Lobos desde el mar es un volcán en medio del Atlántico.

La isla de Lobos desde el mar es un volcán en medio del Atlántico.

Todos los viajeros tenemos una deuda con el escocés Robert Louis Stevenson y su iniciática novela La isla del tesoro. Alimentó nuestros primeros sueños de aventuras en países exóticos, de personajes fascinantes como John Silver El Largo y de playas paradisíacas con aguas de color turquesa.

¿En el Caribe? Muy pocos saben que en Canarias existe uno de esos islotes deshabitados que durante siglos sirvió de refugio a belicosos corsarios; quizá también oculta algún tesoro escondido. Se llama la isla de Lobos, un espectacular volcán surgido hace 135.000 años entre Fuerteventura y Lanzarote, visitable y muy, pero que muy recomendable. Lee el resto de la entrada »

Mucho cuidado con las falsificaciones de Aloe vera canario

Aloe vera

No soy muy dado a creer en productos milagro, pero respecto a las bondades del Aloe vera no tengo dudas. En realidad hay 450 especies diferentes de Aloe, pero la vera (verdadera en latín) es la especie más potente y rica en vitaminas, minerales y aminoácidos. Y su producción ecológica en Canarias, considerada la de mayor calidad, toda una reciente revolución agrícola de floreciente futuro. Si los estafadores no lo impiden.

Probablemente originario de Arabia, en la Antigüedad se generalizó su cultivo por todo el Mediterráneo, que ya elogiaran egipcios y griegos. También en Canarias, desde donde se dice que Colón lo llevó a América y es origen de que “pomada canaria” sea en esas tierras sinónimo de remedio milagroso. De hecho, su otro nombre latino, barbadensis, es una confusión del científico inglés William Miller que describió la planta al tomarla por natural de las islas Barbados, cuando en realidad debió de llegar allí de la mano de algún canario.

No hay huerta o jardín en Fuerteventura o Lanzarote sin al menos una planta de la conocida como sábila. Tradicionalmente formó parte de la botica popular, pues su jugo es excelente para curar dermatitis, quemaduras, acné, eccemas, verrugas y hasta gastritis y úlceras.

Desde hace 20 años existen pequeñas plantaciones ecológicas dedicadas a la producción artesanal de cosméticos, pero la competencia es terrible. Aprovechando la merecida fama de las plantas canarias, el mercado se está llenando de imitaciones que se hacen pasar por producidas en Canarias, pero en realidad están fabricadas en otros países y tienen escasa pureza.

Anuncian productos de Aloe vera 100%, sí, aunque en concentraciones inferiores al 1%. Y nos los pintan de fuerte color verde cuando el extracto natural es incoloro.

Los productos que se venden como aloe canario y no lo son triplican en número de ventas a los locales. No están hechos con jugo natural si no a partir de extractos en polvo. Y no cuentan con las bondades medicinales de unas plantas cultivadas en un ambiente desértico pero volcánico dulcificado por los húmedos vientos alisios, característica que se nota en el resultado final: único. Pero al carecer de una marca de garantía propia, los listillos están haciendo su agosto.

Así que mucho ojo a las etiquetas, porque nos es aloe canario toda gelatina verdosa que nos venden como tal.

En Change.org hay una petición solicitando al Gobierno de Canarias la protección efectiva de este producto natural.

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Ratones ayudan a científicos a descubrir la odisea de los vikingos

Vikingos

Sabemos poco de los vikingos, esos fieros guerreros escandinavos con supuestos cuernos en los cascos (lo cual no es cierto), tripulando barcos con proas rematadas en cabezas de dragón.

Su época dorada se desarrolló entre los siglos IX al XI, pero en realidad fueron mucho más que belicosos marineros. Gobernaron las Islas Británicas hasta ser derrotados por los normandos, igualmente descendientes de vikingos, e incluso crearon los primeros estados rusos. También se movieron por el Mediterráneo, fundando un reino en Sicilia, luchando contra el Califato de Córdoba y el Imperio bizantino.

Hoy sabemos que exploraron algunas áreas del Atlántico Norte, estableciendo poblados en Groenlandia y Terranova, esas grandes islas heladas del extremo norte de Canadá.

Pero la gran noticia científica ha sido descubrir que los vikingos también llegaron mucho más al sur. Y lo más sorprendente ha sido el método utilizado para dar con la prueba de este desconocido poblamiento meridional. Porque no se han desempolvado viejos manuscritos ni excavado nuevos yacimientos arqueológicos. La clave nos la han dado los ratones.

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Acorralado el vigía palmero de la autopista

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Viajemos hoy a La Palma, la Isla Bonita de Canarias, en busca de un árbol muy especial al que se le calculan 400 años. Según se sale del aeropuerto y se toma la autopista hacia la capital, Santa Cruz de La Palma, justo antes de pasar bajo el viaducto de desvío hacia Los Cancajos y El Socorro, muy pocos, prácticamente nadie, se fijan en la solitaria sabina canaria (Juniperus turbinata ssp. canariensis) que crece al borde de la carretera, en lo alto de una loma cortada a bisel por las máquinas de Obras Públicas para facilitar el trazado de la moderna vía de comunicación. Junto a ella, el talud abierto para permitir la construcción de una vivienda le ha acercado aún más al abismo. Y por detrás, una gran cantera se acerca inmisericorde hacia el árbol, devorando con mordiscos certeros la montaña de volcán.Sabina2-001

El vigía de la autopista está rodeado pero no se rinde. Valiente y altivo, sigue de pie en la cima, coronando un territorio cuya transformación es cada día más radical, profunda y vertiginosa. Se me antoja un faro verde oscuro, aparasolado, con la mirada fija en el horizonte, hacia un mar abierto por el que ha visto llegar las primeras naves cargadas de inmigrantes europeos dispuestos a tomar posesión de la isla, pertrechados con bueyes y arados para abrir cultivos en unos bosques virginales que ya nunca volvieron ser lo mismo, afanados por plantar cultivos americanos como la papa, el millo, el tomate o el tabaco, pero también mediterráneos como el trigo, la cebada o el viñedo.

Tiempos de abundancia a los que siguieron otros muchos de hambre. Barcos de vela y después a motor. Caminantes descalzos, recuas de mulas y burros, carretas, coches, camiones y bólidos con locos al volante. Todo lo ha visto siglo tras siglo este árbol, una realidad siempre cambiante, siempre anhelante.

Si nos acercamos a su tronco, seguro que todavía podemos oír el murmullo de los rebaños de cabras sesteando bajo su sombra, canturreados por el pastor, un hombre enjuto como este malpaís imposible donde su pedregosa superficie sólo deja crecer cornicabras, vinagreras y aromáticos inciensos, pero cierra el paso incluso a la dura tunera.

Este gran ejemplar de sabina crece sobre un estéril terreno de lavas sin apenas suelo, directamente sobre rocas a las que aprisiona con sus raíces. A su alrededor presenta una acumulación cuadrada de piedras a modo de pretil, levantada durante la construcción del muro de piedra que protege el talud bajo el que se edificó una casa. Cinco grandes ramas se abren como las varas de un paraguas a partir del escaso metro de altura de su fuste, aunque su aspecto resulta poco frondoso, seguramente por el crónico estrés hídrico que sufre. Y es que poca agua se puede extraer de un pedregal tan inmisericorde, aunque se lleve cientos de años intentándolo.

Pero por si carreteras, canteras, ganado, sequía y piedras fueran poco, el viento le azota de día y noche hasta haber logrado doblegar ligeramente su altiva figura, inclinándola hacia el sur. Aunque nada más. Nadie puede con esta sabina colosal, la última representante de un bosque esquilmado hace siglos, respetada por el hacha tan sólo en agradecimiento a su benéfica sombra.

Aquí el tiempo ni fluye ni se transforma, no corre para tratar de esquivar el mañana, ni se pierde tras el viento. Junto a la vieja sabina el tiempo no pasa, se queda. Bajo ella les propongo un ejercicio de concentración. Cierren los ojos, intenten imaginarse esos tiempos pretéritos de anhelos y pobrezas, y vuelvan a abrirlos mirando hacia el horizonte. Sólo el mar sigue siendo el mismo.

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Llegan las viejas locas a Canarias

Pardela

Un año más han llegado, puntuales a su cita. Son mis queridas viejas locas, las pardelas cenicientas (Calonectris diomedea). Las he visto ayer cuando regresaba en el ferry de Lanzarote a Fuerteventura, justo enfrente de ese solitario volcán en medio del Atlántico que es la isla de Lobos.

Espantadas por las espumas (y ruidos) del barco, levantaron cansinas el vuelo más de 50 de estas curiosas gaviotas nocturnas, nuestro albatros europeos. No me extraña que se hicieran las remolonas.

Desde que abandonaron las aguas de Canarias, hace ahora cinco meses, se han metido entre pecho y pluma más de 10.000 kilómetros de océanos impetuosos. Sin tocar tierra firme, durmiendo y alimentándose en el mar, buscando esas curiosas “autopistas de viento” que les permiten surfear sobre las corrientes marinas, han visitado las aguas del sur de África pasando antes por Brasil como quien se da un pequeño rodeo. Y ahora regresan de nuevo a Canarias con el difícil empeño de sacar adelante un nuevo pollo, tan sólo uno por pareja, que entre incubación y cría no estará listo para enfrentarse a tan formidable aventura viajera hasta dentro de seis meses; todo un récord de crianza en la naturaleza.

Aún más. Para encontrar pesca suficiente los adultos se verán obligados a hacer largos desplazamientos entre Canarias y la costa del Sáhara y Mauritania, mientras el pollo esperará pacientemente en su hura la llegada de la pitanza incluso durante varios días de exigente ayuno.

Tanto trabajo para que muchas de estas aves se queden en el camino enganchadas en los anzuelos de algún palangre, intoxicadas por un vertido tóxico o por los numerosos plásticos de nuestra basura marina que trágicamente ingieren al confundirlos con comida. Tanto trabajo para que luego un descerebrado se canse de su gato y lo suelte cerca de la colonia, con el torpe propósito de que el minino acabe con decenas de estas aves maravillosas y protegidas. O para que otro bodoque capture los pollos y se los coma en ese escalofriante desafío a la razón en que consiste el bestialismo de buscar raros caprichos gastronómicos.

Todo eso pensaba yo ayer mientras seguía con la vista el vuelo pausado de las pardelas sobre las olas canarias. Buena suerte viejas compañeras. Locas, que estáis locas.

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Los músicos de Bremen se van a Fuerteventura

Burrito cabra

Sira es una cabrita de costa, de esas que aún viven salvajes y asalvajadas en los cotarros de Fuerteventura, manejadas por los ganaderos como ya lo hacían los aborígenes canarios hace 2.000 años: en apañadas, lo más parecido a rodeos pero a pie, para recogerlas en corrales de piedra (gambuesas), marcarlas (golpes lo llaman) y volver a soltarlas.

Pero Sira tuvo mala suerte, o buena según se mire. Nació sin lengua, aunque es posible que se la arrancara un cuervo, quién sabe. El caso es que su madre la abandonó, pues el pobre animal era incapaz de mamar.

Luis y Sofía se la encontraron medio muerta. Y en lugar de dejársela como merienda a los buitres (guirres) decidieron adoptarla. Tienen sitio de sobra en su casa, un precioso centro dedicado al turismo rural entre las montañas de los Cuchillos de Vigán y las lavas del Malpaís Grande.

Luego llegó Lola, otra cabrita pero ésta de las de corral. Y hace unos meses se incorporó a tan curioso grupo Nene, un burrito de ocho meses, peludo y suave como Platero. Ningún problema. Es tal la armonía natural de ese sitio que cabritas y borrico han hecho piña. Tanto, tanto, que el asno ha terminado por creerse cabra.

No te puedes imaginar la escena cuando salen juntos, triscando felices por los caminos de Tenicosquey (Antigua). Lola enseñando a tragar a Sira, quien debe inclinar al máximo su cabeza para que el alimento caiga al estómago por gravedad, mientras Nene las imita como un caprínido más, saltando alborozado entre los olivos e incluso tratando de ponerse sobre dos patas para llegar a los brotes más jugosos.

Si juntamos a estos tres con el gallo, el perro bardino y alguno de los gatines remolones de la casa de huéspedes, ya tenemos asegurado un concierto exclusivo de los músicos de Bremen. Perdón, de los músicos de Tenicosquey.

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