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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Estas vacaciones, no te olvides de visitar jardines históricos

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Escribo este post en el avión, de regreso a España después de un largo (e intenso) viaje por Polonia. Allí he participado en un congreso internacional dedicado a los árboles monumentales, oportunidad que me ha permitido conocer unos espacios naturales únicos. Bosques míticos como el de Bialowieza, en la frontera con Bielorrusia. O montañas alpinas como los Montes Tatras. Pero lo que sin duda más me ha admirado han sido sus jardines botánicos e históricos. ¡Qué maravilla! Impecablemente cuidados, llenos de gente, repletos de información, cuajados de multicolores flores de cientos de especies. La comparación con España resultó inevitable. ¿Cómo tenemos nuestros jardines públicos? Bastante mal.

En primer lugar los tenemos olvidados o, aún peor, ni sabemos que existen. Sí los más populares, como el Real Jardín Botánico de Madrid, el Generalife y la Alhambra o La Granja de San Ildefonso. ¿Pero qué me dicen del Botánico de Valencia, los sevillanos jardines de María Luisa o los del Palacio Real? Pocos, muy pocos, incluyen estos lugares en sus listas turísticas de “lo que hay que ver”. Pero no lo dudan a la hora de recorrer los de Versalles, Tokio o Nueva York.

Esa falta de interés por nuestros jardines públicos, ese terror a pagar entrada para ver árboles y flores, explica el escaso presupuesto en conservación que dedicamos a ellos. Y es ahí donde se ven las diferencias.

En Polonia (o Francia, Reino Unido, Italia,…) la gente ama sus jardines. Disfruta paseando por ellos, aprendiendo botánica, relajándose bajo sus acogedoras sombras, comprobando el paso de las estaciones.

¿Dónde está la diferencia? En la sensibilidad. Pero ese sentimiento también se aprende. Aprovechemos pues este verano el privilegio de contar con algunos de los jardines más bellos del mundo. Visitémoslos. Disfrutémoslos. Son nuestra cultura y, aún más importante, nuestra conexión estética con la naturaleza.

En la foto superior, un detalle del maravilloso Jardín Botánico Atlántico de Gijón. De obligada visita para todo amante de la belleza y/o de la naturaleza.

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Llega a Madrid uno de los árboles más raros del mundo

Acabo de regresar a casa tras un emocionante viaje a Madrid, donde he tenido el privilegio de asistir a la plantación de uno de los árboles más raros del planeta. Se trata del ciprés del Sáhara (Cupressus dupreziana), uno de los escasos descendientes de los 231 ejemplares que aún quedan vivos en el mundo, la mayoría de ellos con más de 2.000 años de edad.

Se trata de una especie en grave peligro de extinción, originaria del altiplano del Tassili n’Ajjer, en Argelia, cuya edad milenaria se relaciona con los míticos bosques anteriores a la llegada del desierto y con una extraordinaria cultura neolítica desarrollada a su sombra hace 8.000 años. En la actualidad constituye una población arbórea única y aislada, alejada cientos de kilómetros de los árboles más cercanos, localizada en un entorno único declarado Parque Natural y Cultural, Patrimonio de la Humanidad y Reserva de la Biosfera.

El espécimen es una donación del Instituto para la Protección de las Plantas (IPP) de Florencia, gracias al proyecto europeo del ciprés “CypFire” del programa MED que desarrolla el Departamento de Árboles Monumentales de la Diputación de Valencia, y la colaboración del Observatorio de Árboles Singulares de la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente.

¿Dónde pensáis que hemos plantado esta joya? No hay duda, en el Real Jardín Botánico de Madrid, uno de los más importantes del mundo y que gracias a esta primavera lluviosa luce ahora más bello que nunca. Lo podéis ver cuando queráis por debajo de la Terraza de los Laureles, donde están los famosos bonsáis de Felipe González, y junto a la colección de agaves americanos.

Como madrina para tan singular acto tuvimos la suerte de contar con la siempre entusiasta y querida amiga Odile Rodríguez de la Fuente, hija del admirado naturalista, quien recibió el retoño con la misma emoción que sentimos nosotros al entregárselo. No lo veremos, pero ojalá aguante vivo varios miles de años como sus primos del desierto.

En la imagen superior, Odile Rodríguez de la Fuente planta el retoño de ciprés siguiendo las indicaciones de Mariano Sánchez, vicedirector del Real Jardín Botánico de Madrid, y del jardinero Eustaquio Bote (Foto: Jose Moya). Sobre estas líneas, uno de los viejísimos ejemplares que aún subsisten en el desierto argelino del Sáhara.

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