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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Ratones ayudan a científicos a descubrir la odisea de los vikingos

Vikingos

Sabemos poco de los vikingos, esos fieros guerreros escandinavos con supuestos cuernos en los cascos (lo cual no es cierto), tripulando barcos con proas rematadas en cabezas de dragón.

Su época dorada se desarrolló entre los siglos IX al XI, pero en realidad fueron mucho más que belicosos marineros. Gobernaron las Islas Británicas hasta ser derrotados por los normandos, igualmente descendientes de vikingos, e incluso crearon los primeros estados rusos. También se movieron por el Mediterráneo, fundando un reino en Sicilia, luchando contra el Califato de Córdoba y el Imperio bizantino.

Hoy sabemos que exploraron algunas áreas del Atlántico Norte, estableciendo poblados en Groenlandia y Terranova, esas grandes islas heladas del extremo norte de Canadá.

Pero la gran noticia científica ha sido descubrir que los vikingos también llegaron mucho más al sur. Y lo más sorprendente ha sido el método utilizado para dar con la prueba de este desconocido poblamiento meridional. Porque no se han desempolvado viejos manuscritos ni excavado nuevos yacimientos arqueológicos. La clave nos la han dado los ratones.

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Tres países se reparten las Islas Afortunadas

Teide2007

Pensamos en las Islas Afortunadas y automáticamente la imaginación (y las ganas) nos lleva a Canarias, sobre todo ahora que el invierno aprieta. Sin embargo pocos saben que esas islas tan deseadas son para los biólogos muchas más de las que imaginamos. En realidad agrupan a cinco archipiélagos repartidos en tres países: España, Portugal y Cabo Verde. Y si me apuras, también hay un enclave en el continente africano; Marruecos sería el cuarto país macaronésico.

Fueron los griegos quienes situaron ese mítico territorio al oeste de las columnas de Hércules.  Islas Afortunadas o de la Felicidad (μακάρων νη̂σοι; makárôn nêsoi), el Paraíso a donde iban las almas de los difuntos virtuosos. En la actualidad Macaronesia es un concepto fundamentalmente biogeográfico y botánico acuñado a partir del siglo XIX y que agrupa a los archipiélagos volcánicos de Azores, Madeira, Salvajes, Canarias y Cabo Verde, además de una amplia franja costera africana situada en Marruecos, al sur de Agadir.

Tan interesante rincón del planeta tiene desde hace muy poco una completa plataforma en Internet. www.macaronesian.org es una herramienta digital de consulta y acceso universal con contenidos en español, portugués e inglés. Incluye una enciclopedia multimedia y una biblioteca virtual con más de dos mil entradas con archivos de texto, audio, vídeo e imágenes sobre diferentes temas vinculados a la Historia Natural de esta región.

La creación del portal es una de las principales acciones desarrolladas en el marco de “PLINIO XXI”, un proyecto cofinanciado por la Comunidad Europea a través del Programa de Cooperación Transnacional Madeira-Azores-Canarias (MAC) 2007-2013, promovido por el Cabildo de Tenerife y con la Universidad de Cabo Verde como principal socio.

Son muchos los amigos míos que participan en este proyecto. Y muchos más los que nos vamos a beneficiar de su existencia. Te invito a entrar en la plataforma. Hay de todo, incluso buenos documentales y hasta reclamos de aves, así que no te asustes. Sumérgete plácidamente en los saberes macaronésicos.

Macaronesia

 

Foto: Wikimedia Commons

Mapa: PLoS One. 2008 May 14;3(5):e2139. doi: 10.1371/journal.pone.0002139. Timing and tempo of early and successive adaptive radiations in Macaronesia. Kim SC(1), McGowen MR, Lubinsky P, Barber JC, Mort ME, Santos-Guerra A.

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El último paraíso virgen

Acabo de regresar de un viaje inolvidable al último paraíso virgen de Europa y aún no puedo quitarme de la cabeza esas aguas que Cousteau alabó como las más transparentes del mundo. Son las Islas Salvajes, un microarchipiélago deshabitado en mitad del Atlántico, a medio camino entre Canarias y Madeira.

Qué paisaje. Tan brutal como ese mar colérico y a la vez protector que convierte la navegación en una pesadilla. Reino de las aves marinas por antonomasia, las pardelas, petreles y paíños tienen aquí sus mayores poblaciones mundiales, miles y miles de parejas. La pesca no abunda, pero la tranquilidad les compensa viajes diarios de más de 500 kilómetros con tal de vivir lejos de nuestra especie.

Dicen algunos que esas islas no son portuguesas. Que los canarios siempre viajaron a ellas a cazar y pescar, que son españolas. Menos mal que no son nuestras. Nos las habríamos cargado. Habríamos montado algún hotelito. O permitido todo tipo de desmanes contra la flora y la fauna con la excusa de la tradición.

Gestionadas desde Madeira, dos parejas de guardas en los dos islotes más grandes pasan semanas enteras allí, manteniendo durante todo el año una vigilancia ejemplar. Intocables, sólo pueden acercarse a ellas quienes posean los necesarios permisos. Mientras tanto, todos los años se hacen importantes expediciones científicas. Y se han erradicado plantas y animales introducidos que dañaban el ecosistema como conejos y ratones.

En Canarias tenemos unas islas parecidas, el archipiélago Chinijo, al norte de Lanzarote. Pero aquí las cosas se hacen a la española. No hay guardas ni vigilancia. Los furtivos entran a saco, matando pardelas, arrasando marisco y pescando todo lo que pillan. Dicen que Las Salvajes son portuguesas. No es verdad. Los verdaderos salvajes somos nosotros.

P.D. Agradezco de todo corazón a Juan José Ramos, de Birding Canarias, las facilidades que me ha dado para poder enrolarme en este viaje inolvidable. Por supuesto, también al patrón Arturo Miranda y a mis compañeros de pajareo Jordi, Dani, Cristina y Marga.

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Aumenta la población de foca monje

Hace dos semanas, un buceador mallorquín vio en la reserva marina de la Isla del Toro (Calvià) una foca monje (Monachus monachus), animal extinguido hace medio siglo de las aguas baleares.

Su fugaz aparición coincide con la recuperación, lenta pero esperanzadora, de sus poblaciones, algo absolutamente infrecuente por tratarse de la foca más amenazada del planeta, apenas 500 ejemplares.

En la colonia de Cabo Blanco (entre el Sáhara Occidental y Mauritania) el año pasado nacieron 46 crías, prácticamente las mismas que en 2006, cifras que duplican las obtenidas en temporadas anteriores. Gracias a ello ahora viven 180 ejemplares, de los que medio centenar se corresponden con hembras reproductoras (Revista Quercus 268, pág. 57). Unos resultados muy halagüeños tras la muerte masiva hace 10 años de las tres cuartas partes de la colonia por culpa de una alga tóxica.

En Grecia nacieron en 2007 un total de 28 crías. En las Islas Desertas, (Madeira), quedan tres hembras reproductoras. Y en las costas argelinas y marroquíes no más de 15 individuos.

Comprenderán que la aparición ahora de una foca monje en Mallorca es, además de todo un acontecimiento, una muy buena señal, aunque aún extremadamente débil.

Los dos últimos ejemplares mallorquines de foca monje, conocida popularmente como vellmarí, fueron exterminados en 1958. Uno de ellos al engancharse entre las redes de los pescadores de Cala Mondragó, en Felanitx, y el otro muerto a tiros por la Guardia Civil en Cala Tuent, en Escorca.

Hacia 1965 se extinguieron las que sobrevivían en el Cabo de Gata (Almería) y en 1993 desapareció en las islas Chafarinas la última de España y la más famosa, Peluso.

Ahora las sensibilidades han cambiado, aunque sigo preocupado por el repentino interés de nuestros bienintencionados políticos hacia estos animales.

¿Cómo entender si no el último anuncio del conseller de Medio Ambiente, Miquel Àngel Grimalt? Este buen señor acaba de anunciar la intención de su departamento de averiguar el sexo de la foca “para buscarle pareja e impulsar un plan de recuperación de esta especie”.

¿Pondrán un anuncio en la sección de contactos de los periódicos?

Fotografía de la última foca monje observada en Mallorca, medio siglo después de extinguirse en ese archipiélago. Ahora los políticos, en lugar de garantizar la seguridad de la zona, han decidido buscarle pareja, algo aparentemente mucho más sencillo y vistoso.