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Cómo el ataque a los derechos LGBT+ dañará la salud pública

Fernando Alvaro. Periodista Independiente

 

La votación del nuevo proyecto de ley del partido Fidesz, prevista para el 15 de junio en el parlamento húngaro, pone en peligro la salud pública y el futuro de jóvenes húngaros. Disfrazada de legislación que “protege a los menores”, esta ley en realidad prohibirá cualquier discusión sobre la identidad de género y la orientación sexual, haciendo ilegal cualquier contenido que “promueva” o “retrata” la diversidad u orientación de género, y que pueda tener consecuencias catastróficas en diversas áreas de la sociedad.

Protegiendo a los jóvenes … ¿o propaganda?

Si, como lo representa esta nueva encuesta, Budapest es la ciudad que se siente más europea de todas en el viejo continente, esta ley es un golpe bajo para los ciudadanos y sus voluntades. El martes 15 de junio de 2021, el partido de gobierno de Orban, Fidesz, propondrá una nueva ley “anti pedofilia”. Este proyecto de ley, sin embargo, además de censurar los productos pornográficos para menores, también quiere censurar cualquier situación y producto que “promueva la sexualidad para sus propios fines, promueva el cambio de género o promueva la homosexualidad hacia los menores”.

“El proyecto de ley contra la pedofilia introduce sanciones contra los profesionales e instituciones que lo violen, amenazando la libertad del derecho a la educación y el derecho a la salud. Además, es muy probable que esta ley contribuya a la violencia y otras formas de acoso de los jóvenes en la comunidad LGBT, en contra de los derechos y libertades que toda persona debería tener “. escribe Human Rights Watch.

No es la primera vez que el gobierno de Orban ataca a una minoría: solo el año pasado, Dòra Dúró, vicepresidenta del movimiento ultraderechista húngaro “Our Homeland”, rompió públicamente algunas páginas de un libro infantil llamado “Wonderland is for Everyone ”, en el que las historias tradicionales húngaras se reescriben para incluir a personas de las comunidades romaní y LGBT+, calificándola de“ propaganda homosexual ”. El gobierno húngaro ordenó entonces que se imprimiera un descargo de responsabilidad al principio del libro, que dice: “comportamiento inconsistente con los géneros tradicionales de juegos de rol”.

Una pregunta europea

En 2018, el Parlamento Europeo decidió tomar medidas contra las autoridades húngaras y polacas, votando por mayoría para sancionar a los dos gobiernos por presuntas violaciones de los valores fundamentales de la Unión Europea, incluida la discriminación contra minorías y migrantes. Ambos gobiernos insisten en que no han violado los valores de la Unión Europea, pero ante leyes como la que próximamente se votará en el parlamento húngaro, es difícil creer en sus afirmaciones.

En Polonia, el ministro de Educación, Przemyslaw Czarnek, famoso por sus comentarios misóginos y homofóbicos (como definir a las personas LGBT+ como “personas no normales” y mujeres “llamadas por Dios” para procrear y pensar primero en la familia, luego en la carrera), es implementar un cambio completo en el sistema educativo polaco.

Recientemente, ha promulgado una legislación en la que el director decidirá si las organizaciones externas en las escuelas son apropiadas, a pesar de los deseos de los padres de los alumnos. Legislación que recuerda el papel que tuvo la política en los gobiernos de régimen, en el que el gobierno dictaba cómo educar a los jóvenes, a través de la propaganda en las escuelas y escondiéndose detrás de excusas como la religión y los roles “tradicionales”.

La historia de Kyler Prescott

Un claro ejemplo de cómo esta ley dañará a la comunidad LGBT+ húngara, especialmente a los más jóvenes, es el del estadounidense Kyler Prescott, de catorce años.

Kyler fue constantemente intimidado por sus compañeros porque recientemente había “declarado” como transgénero, por lo que su madre decidió acompañarlo al hospital con la esperanza de que pudieran ayudarlo con sus tendencias de autolesión y pensamientos de suicidio que sufría.

El personal del hospital, sin embargo, se refirió a Kyler con su género de nacimiento, el femenino, y no con el que se identificó, es decir, el masculino. Además, fue dado de alta del hospital antes de lo esperado, sin haber recibido el tratamiento adecuado. Trágicamente, Kyler se quitó la vida unos meses después.

Una ventana al futuro de Hungría: Rusia

Si la muerte de Kyler no fuera suficiente, lo que sucede en Rusia podría ser una ventana para ver el impacto que tiene tal regla en la sociedad, y que podría depender de los jóvenes húngaros si se aprueba.

En 2013 el gobierno ruso introdujo la “ley anti-gay”: la ley es particularmente similar a la que será votada por el parlamento húngaro, siempre con la excusa de “proteger” a los menores, el gobierno ruso ha decidido que este último no pueden exponerse a la homosexualidad, para no convertirla en la “norma”. Como se informa en el informe de Human Rights Watch, esta ley no ha hecho más que aislar aún más a los jóvenes de la comunidad LGBT+ de la sociedad, tal como lo hizo Kyler.

Al igual que la ley propuesta por el partido de Orban, el gobierno ruso tiene derecho a sancionar a quienes propongan “propaganda de relaciones no tradicionales”: debido a estas multas, el gobierno ha censurado sitios web, grupos en línea que ofrecen apoyo psicológico y asesoramiento a menores de la comunidad LGBT+ y clínicas de asesoramiento psicológico.

Si el gobierno de Viktor Orban está tan obsesionado con proteger a las familias y los jóvenes, siguiendo los valores de la “libertad cristiana”, ¿por qué no protege a sus propios ciudadanos de la discriminación? Un joven húngaro, de cualquier género u orientación sexual, siempre seguirá siendo un joven húngaro.

 

 

Fernando Alvaro. Periodista Independiente

fernandoalvar2110@gmail.com

 

“Touchy #gay #propaganda” by Volgar is licensed under CC BY-SA 2.0

Vidas contagiosas, aulas limpias

Rodrigo García Marina (@rodrigogmarina)

 

A efectos prácticos, si algo podemos ver con claridad tras las decisiones políticas del gobierno de extrema derecha húngaro son algunas de las debilidades de los argumentos que, en el pasado, empleamos para defender a nuestra comunidad LGTB. Hace unos meses, cuando las personas trans ponían el cuerpo en los espacios virtuales y políticos para la aprobación de la Ley de autodeterminación de género, fue común volver a una noción ingenua del derecho. Se consideraba que la razón última para la aprobación de esta misma ley era un sustrato inherente a ese cajón del desastre denominado “Derechos Humanos”, el cual pareciera contener una serie de derechos naturales obviando que la historia de la justicia es justo una historia de la lucha por alcanzarla e incluso, si decidimos ir más allá, un constante ciclo de su paulatina ganancia-pérdida. Sin dar por válida la consecución argumentativa de los multiculturalistas políticos, cabe aceptar una de sus contraargumentaciones: estos “Derechos Humanos” son un tipo de derechos que solo se exigen fuera de la comunidad occidental. Lo cual, más allá de las buenas intenciones, indica que, si las personas trans son personas, todavía queda alguien-algo en el límite que coteja lo humano y transita el plano de la monstruosidad.

Hannah Arendt en “Los orígenes del totalitarismo” nos explica que, a lo largo del siglo XX, pese a existir una noción común de ser humano, los Estados consintieron que distintos grupos sociales, étnicos, sexuales quedaran fuera de la jurisdicción. “Quedar fuera” de la regulación jurídica es ante todo estar al margen de la norma en un sentido menos obvio de lo que quizá esta frase pretende. Pues quien queda fuera, no solo está excluido por una vía negativa del disfrute de una serie de garantías que lo convierten en sujeto jurídico, sino que se expone a la vulnerabilidad de la imposibilidad real del afuera. Por eso, el margen no es un margen como tal, sino una posición política de subordinación totalizante produciendo, como señala Butler, que estas personas no solo vivan ausentes de derecho, sino que la ley misma les conduce a problemas. Por ejemplo, cuando un policía interpela constantemente a una persona racializada en la búsqueda de “los papeles”. En definitiva, en la búsqueda del afuera con el que cualquier entidad jurídica puede oponerse a quien no queda bajo la regulación positiva de la ley.

La cuestión es más capciosa de lo que cualquiera primeramente pudiera llegar a imaginar. Cabe preguntarse qué se prohíbe realmente cuando se prohíbe hablar sobre cuestiones LGTB en un aula y por qué en un aula y no, por ejemplo, en la parada de autobús, el supermercado o el hospital. Lejos de lo que las campañas de desprestigio han querido vender tanto en Hungría como en España con el auge de la ultraderecha, la promoción de diversidad sexual en las escuelas son proyectos didácticos cuyos objetivos quedan difícilmente definidos en el momento en el que es complejo calibrar para quiénes sirve. En el plano de lo político ocurre que la aprobación de medidas para particulares afecta al cómputo total del grupo. Pongamos un ejemplo: si se adecúa el espacio para que personas con diversidad funcional puedan acceder más fácilmente al aparcamiento, la virtud política no se ejecuta exclusivamente sobre las personas que por sus capacidades físicas tienen una mayor dificultad para operar en carretera. También transforma la totalidad de la sociedad, haciendo entender que determinados sujetos requieren de determinados servicios de los que otros quedamos exentos. Por ello, la educación en diversidad sexual puede serle de utilidad a aquel menor LGTB que se encuentra habitualmente en una situación de exclusión escolar para entender que no es la única persona en el mundo de su condición y que, de hecho, el mundo, pese a las distintas regulaciones y persecuciones sexuales a lo largo de su historia y geografía, posee dicha diversidad. Y también sirve para desenmascarar a acosadores y cómplices, para sensibilizar a compañerxs que a partir de ese momento pueden decidir “poner el cuerpo” como escudo. Ese cuerpo que nos obligan a “poner”, no permitiéndonos salir de núcleos de auto referencialidad constante y que nos hace estar tan cansadxs. Compañerxs: ¡necesitamos tantos escudos solidarios! 

Althusser, un filósofo marxista estructuralista francés explicó que, en la medida en la que el policía dice “alto” y te para, el poder interpela a las personas. Esta interpelación en el análisis del discurso reparte unos papeles muy distintos entre conversadores. Una de las cuestiones que más pudo consternarme durante el prolongado debate de la “Ley Trans” fue el torticero cambio de tornas. Se puede, y, de hecho, por salud democrática, se debe ser críticxs con los anteproyectos de ley en términos generales. Sin embargo, lo que podría haber sido una discusión acerca de la garantía jurídica rápidamente se convirtió en una cuestión ontológica donde las mujeres trans, para la ultraderecha y algunxs activistas de izquierdas, eran simplemente hombres travestidos con infinitas ganas de entrar en las cárceles y baños públicos para así poder violar a las mujeres cis. Estas barbaridades, junto con las falacias voluntaristas de la identidad y la orientación (habría que preguntarles si acaso ellxs eligieron su condición sexual o si fue, más bien, un modo complejo de expresión con el que viven) lo único que señala es algo que, lejos de ser nuevo ocurre desde hace siglos: la imperiosa lucha por marginalizar nuestras vidas y volverlas contingentes frente a la seudonecesidad cisheterosexual. Toda esta infamia, entre otras cosas, tan solo ha servido para proporcionarle puestos de poder en redacciones a determinadas personas (espero que estén contentxs con el espectáculo montado a costa del dolor ajeno) y generar una imposibilidad de debate acerca de la garantía jurídica y la protección no exclusoria de distintos colectivos.

Sin embargo, esto no ha podido darse sin el surgimiento de una palabra contagiosa y la lucha por la toma del lugar de enunciación. Sigo observando con sorpresa cómo estxs activistxs de izquierdas llevan más de un año tuiteando diariamente sobre las vidas trans. Obviando justo lo esencial: que el anteproyecto de ley acoge vidas y que estas vidas son usualmente precarias. ¿Acaso no existían más problemas sociales? ¿No era necesario alzar la voz a raíz de otras injusticias? El absurdo es tal, que se ha llegado a exigir responsabilidades políticas a la ministra de Igualdad tras la barbarie de la violencia vicaria como una falsa consecuencia compartida con la defensa de la Ley Trans.

Cualquier persona es crítica frente a determinadas cuestiones del tipo que sean, incluso de aquellas que no nos interpelan directamente, pero ¿qué es aquello que nos conduce a enunciarlo día tras día? La interpelación del poderoso. En la medida en la que alguien habla, la otra persona calla pues si no, no podría mantenerse una conversación. En pocas ocasiones consentimos que alguien nos interpele durante el tiempo que quiera sin necesidad de obtener una respuesta por nuestra parte. Las palabras contagiosas, las que por lo visto pregonamos, producen un radical daño en la infancia, en la familia, en la regulación heteronormada de producción social. Necesitan fuerza de trabajo empobrecida e imágenes culturales que reproduzcan el futuro de la servidumbre. Nuestras palabras, como nuestras vidas, cumplen la virtud de ser peligrosas en su contagio. Pues en la medida en la que se expresan, evidencian otro modo de estar en el mundo permitiendo que potencialmente el testigo se libere. La transición política de orden mundial hacia un espectro más conservador requiere del borramiento de lo monstruoso: aquello cuya condición es mostrar o revelar en sueños la existencia de otra cosa. No son acciones disparejas. La paulatina precarización de las relaciones laborales y el empobrecimiento produce sumisión. La muerte del tejido sindical produce sumisión. La a-historización del mundo produce sumisión. Que nuestras vidas no puedan ser vividas produce sumisión.

Seamos víricas. Tomemos sus tribunas, pongamos nuestra voz.

 

“Happy Gay Pride?” by A.Davey is licensed under CC BY-NC-ND 2.0

Hungría: Día negro para la comunidad LGBTI al aprobarse una ley y enmiendas constitucionales homófobas y discriminatorias

Nos hacemos eco de este comunicado de Amnistía Internacional

La decisión del Parlamento húngaro de aprobar una ley que niega el derecho de adopción a las parejas no casadas y dos enmiendas constitucionales que restringen aún más los derechos de las personas LGBTI ha provocado que varias organizaciones destacadas de derechos humanos se unan para condenarla. Lee el resto de la entrada »

Una Presidencia rumana homófoba en la UE no borrará los colores del arcoíris de Europa

Por Enrique Anarte (@enriqueanarte)

Sede del Consejo de la Unión Europea

Por primera vez desde que se unió al bloque comunitario, el 1 de enero de 2007, Rumanía asumirá el próximo 1 de enero la Presidencia rotatoria del Consejo de la Unión Europea. Como de costumbre, se habla de los desafíos que afrontará el club en los seis meses en los que Bucarest será algo así como su segunda capital. Esta vez, sin embargo, para muchos de estos grandes rompecabezas del proyecto europeo es difícil, por no decir imposible, encontrar precedentes de una magnitud semejante: pensemos en la salida de Reino Unido, prevista para el 29 de marzo de 2019; o en las amenazas para el Estado de derecho en Hungría y Polonia, ambos miembros en una etapa más que tensa de sus relaciones con Bruselas.

La propia Rumanía está en el punto de mira de las instituciones comunitarias por su escasez de compromiso –por decirlo de una manera suave– en los ámbitos de la lucha contra la corrupción y la independencia judicial. En noviembre, la Comisión Europea publicó un informe en el que castigaba duramente los “retrocesos” de Bucarest, que hasta ahora había recibido evaluaciones generalmente positivas. En el centro de la polémica están unas leyes de reforma del sistema judicial que, a juicio de las instituciones comunitarias, amenazan con revertir diez años de progresos. Lee el resto de la entrada »

Rompiendo estereotipos de género y construyendo diversidad: Billy Elliot, una vez más

Por Nieves Gascón, (@nigasniluznina)

De acuerdo a los clásicos estándares de género, los comportamientos de niños y niñas no relacionados con sus rasgos biológicos y expectativas sociales de lo que ha de ser masculino o femenino, aún hoy, no se entienden como correctos. Incluso hay quienes creen que todo esto es parte de la naturaleza, cuando realmente el género se construye socioculturalmente.

En esta tiránica idea se asienta el clásico orden binario heteropatriarcal, en el que hemos crecido y asumido a pies juntillas. Realmente tremendo y mantenido en el tiempo. Cuando lo identifico como fundamento esencial tras la LGTBIfobia, siento horror e indignación a partes iguales.  Fiel representación de ello es la lucha del mítico personaje Billy Elliot, el protagonista de nuestra recomendación literaria para esta ocasión. Lee el resto de la entrada »