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Mara viste y calza Mara viste y calza

“Algunas personas
sueñan con piscinas,
yo sueño con armarios”.
Audrey Hepburn

Archivo de Mayo, 2016

‘Chain bra’, la tendencia veraniega del sujetador de cadenas

Si pensabas que no había nada más absurdo en lo que gastarte el dinero después de leer los objetos que recomienda Gwyneth Paltrow en su blog (os recuerdo que estoy hablando de la actriz que no puede vivir sin mancuernas de oro o un exprimidor de pasta de dientes) es porque aún no conocéis el chain bra o sujetador cadena.

Sujetador cadena. "Sujetador" es una forma de hablar. MARA MARIÑO Y TUMBLR

Sujetador cadena. ‘Sujetador’ por decir algo. MARA MARIÑO E INSTAGRAM.

La tendencia del chain bra ha surgido de ese lugar infernal del que nacen parte de las tendencias absurdas de la humanidad: Coachella, el mismo sitio que puso de moda los tatuajes temporales. No hay nada más perverso. Ese lugar en el que, como un día alguien vomite y se manche, pondrán de moda las camisetas con manchas de regurgitaciones etílicas.

La prenda, por llamarla de alguna manera, está compuesta de unas cadenas unidas que rodean los senos, que viene a ser lo mismo que cuando llevas un collar largo y se te mete por dentro de la camiseta, porque ni agarra ni nada, solo tiene forma de sujetador.

El otro tipo de chain bra es el que está unido por placas de metal. Algo muy agradable y cómodo sin duda. No solo terminas con la camiseta llena de ‘enganchones’ sino que posiblemente acabes con los pezones sangrando. A este ritmo de popularización de instrumentos de tortura medievales, en el Coachella 2017 veremos cinturones de castidad.

No digo que no sea una tendencia atractiva, y con atractiva quiero decir tremendamente erótica, sino que no es una tendencia muy ‘ponible’. Para empezar tienes que tener un tipo de pecho muy concreto: o pecho pequeño o pecho mediano muy bien operado, cualquier otra talla caerá irremediablemente sobre la cadena.

El otro aspecto negativo es que llevas las tetas sueltas. Ojo que no digo que no haya que llevarlas, que habrá muchas partidarias del #FreeTheNipple entre mis lectoras, digo que a mí no me resulta cómodo. Lo digo porque ayer probé el chain bra en carne propia.

Y es que por el blog me sacrifico lo que haga falta. Me puse a mirar cadenitas por internet y, al ver que de los 100 dólares no bajaba la broma, me propuse hacerla casera. Fue tan fácil como poner el sujetador estirado en el suelo y seguir su contorno con cadenas. El resultado, estéticamente hablando, fue satisfactorio, pero cómodo lo que se dice cómodo…más bien no.

Este tipo de accesorios tienen que llevarse con un escote amplio para que luzca, por lo que estuve más pendiente de mirarme dentro de la camiseta cada dos por tres que de disfrutar de la libertad que me daba no llevar sujetador. Una libertad que cuando tuve que acelerar un poco el paso para coger el autobús, ya estaba maldiciendo. Porque sí, las tetas botan aunque tengas pocas, y aquello se movía más que los torsos de las bailarinas de las tribus kenyatas en plena celebración. Además de vez en cuando notaba un pequeño pellizco de cuando la cadena se enganchaba en la piel.

En definitiva: estilo sí, comodidad no y relación calidad-precio abusiva, por lo que insisto en que antes de que os dejéis el dinero probéis a hacerlo. Yo, que ya que lo tengo hecho, me lo volveré a poner, pero os aseguro que será en otro tipo de contexto.

Resiliencia. Capítulo 19: La guarida del lobo

Cuando dos personas se encuentran pueden pasar varias cosas: todo o nada.

Y después está esta historia.

Capítulo 1: Dos semanas antes de la colisión
Capítulo 2: Una semana antes de la colisión
Capítulo 3: Un día antes de la colisión
Capítulo 4: Seis horas antes de la colisión
Capítulo 5: Colisión
Capítulo 6: 30 segundos después de la colisión
Capítulo 7: No solo los aviones vuelan
Capítulo 8: Cuesta abajo y sin frenos
Capítulo 9: Todo contigo
Capítulo 10: Lo que te mereces
Capítulo 11: No deberían hacerte llorar
Capítulo 12: Jugando las cartas
Capítulo 13: Hacer sangre
Capítulo 14: Madrid me mata
Capítulo 15: Tú tienes la culpa
Capítulo 16: Hemos terminado
Capítulo 17: No me gusta para ti
Capítulo 18: Yo jamás te haría daño

Capítulo 19: La guarida del lobo

Andrés dedicó todo el fin de semana a cuidarla. No la dejaba sola ni un minuto y Mia empezó a sentirse agobiada. Quería volver a su casa, pero Andrés insistía en que aparecer con un moratón en la frente haría pensar mal a cualquiera. “Y tú no quieres que tus padres piensen cosas que no han pasado, ¿verdad?”.

Trató de llamar a su amiga varias veces, pero Inés no cogía nunca el teléfono. Era como si, desde el plantón que le dio en la facultad, no quisiera saber más de ella. Andrés apareció por la puerta de la habitación con una bandeja llena de platos justo cuando Mia soltaba el teléfono.

-¿A quién estabas llamando?

-A Inés. Llevo sin hablar con ella desde el viernes y quería saber cómo estaba.

-¿Estás segura de que no estabas llamando a tus padres?- Mia le miró con sorpresa.

-¿Y por qué iba a llamarles?

-No lo sé- dijo Andrés mientras empezaba a cortar en trozos el filete que había hecho para su novia. Mia se incorporó y cogió los cubiertos que le ofreció el chico.- ¿Estás a gusto aquí?

-Claro. Me estás cuidando un montón.

-Podrías quedarte toda la semana. No tienes más clases y Raúl aún va a tardar en volver. Incluso puedo acercarte al trabajo en su moto.

Mia, sin dejar de comer, clavó la vista en el plato. Su cabeza aún se encontraba confusa respecto a lo que había sucedido el día anterior. Por un lado recordaba claramente a Andrés encima suyo teniéndola completamente inmovilizada. Podía incluso sentir la mano de su novio en el cuello. En una de sus visitas al baño había encontrado la marca rosada que habían dejado los dedos del chico debajo de la mandíbula. No, tenía claro que Andrés no quería que saliera de su casa hasta que las marcas desaparecieran y sabía que por muy insistente que se pusiera, a no ser que fuera por la fuerza, no iba a conseguir irse.

Los momentos siguientes se proyectaban borrosos en su cabeza. Recordaba estar a ras de suelo pero no cómo había llegado hasta ahí. El cariño y los cuidados de Andrés sin que el chico hubiera mencionado en ningún momento nada de las fotografías le hacían sospechar. No se encontraba con fuerzas como para tener un enfrentamiento, por lo que aceptó sin protestar.

-Claro… Me parece genial.

El chico se puso en pie y tras coger su cartera, salió de la habitación.

-Voy a comprarte un cepillo de dientes- dijo poco antes de cerrar la puerta del piso con llave tras él.

Mia miró a su alrededor. Andrés se había llevado su móvil. Se levantó aún algo mareada buscando infructuosamente por el piso algún teléfono. Después de revisar las paredes en busca del cable de línea se dio por vencida y volvió a la habitación de Andrés. Estaba encerrada e incomunicada, y, por primera vez en toda su vida, se sintió totalmente sola.

Cuando Andrés volvió, Mia estaba mucho más espabilada. El chico dejó una serie de productos en la cocina, desde un cepillo de dientes a varios paquetes de compresas, y comenzó a recoger los platos en los que había servido la comida. La chica se acercó a él con pies de plomo

-Andrés, lo he estado pensando y sí que preferiría irme a casa – el chico enjabonaba los platos sin mirarla-. Quiero estar también con mi familia, echo a mis hermanas de menos.- Andrés seguía sin desviar la vista del fregadero. Mia no sabía qué más decirle, odiaba la sensación de tener que darle explicaciones para que su opinión se tuviera en cuenta.

-No sé, Andrés… No le veo mucho sentido a estar aquí sola por las mañanas mientras tú estás trabajando. Podría quedarme algún día a dormir pero preferiría poder estar en casa o haciendo cosas.- El chico saltó como un resorte.

-¿Cómo puedes ser tan desagradecida? ¿Te tengo como a una reina y quieres marcharte? De verdad que no te entiendo, Mia… En ocasiones como esta pareces un monstruo.- La chica le miró dolida.

-No soy ningún monstruo Andrés, solo quiero poder tener algo de tiempo para mí.

-¿Y aquí no lo tienes? ¿Qué hay en tu casa que no puedas hacer aquí? ¿O es que quieres estar lejos de mí?- Andrés soltó de golpe los cubiertos que estaba aclarando a excepción de un cuchillo.

Mia se encogió. Aquello era como el trueno que anunciaba la lejana tormenta y, si bien no estaba segura de cómo podría acabar, tenía la ligera sospecha.

-Andrés, por favor, ¿puedes soltar el cuchillo y hablamos de esto en el salón?-El chico se giró hacia ella mirándola fijamente sin pestañear apuntándola con el cuchillo. Mia trató de mantener el tipo.

-¿Te doy miedo, Mia? ¿Es eso?-susurró Andrés serenamente mientras a Mia se le ponía la piel de gallina.

La chica contuvo un grito de terror cuando vio a Andrés acercarse a ella andando lentamente.

-¿Te quieres ir porque te asusto?- la voz del chico era mecánica, casi inhumana.

Mia empezó a retroceder hasta la pared. El chico llegó hasta ella y deslizó la punta del cuchillo por su mano recorriendo su brazo. El metal subió por su hombro en una caricia fría y bordeó su cuello. Andrés siguió con los labios el camino que había seguido el cuchillo hasta llega a su oreja. Una parte de ella se veía protagonizando los titulares de las noticias del día siguiente.

-Te quiero- dijo él mientras le bajaba los pantalones. Mia incapaz de moverse, se quedó muda en el sitio. Cuando Andrés se los quitó la mandó a la habitación. La chica entró con la cabeza totalmente embotada.

Sin pensar en nada, de manera automática, recogió su mochila, las pocas pertenencias que había dejado en casa de Andrés y volvió a la cocina. El chico, que ya había soltado el cuchillo, terminaba de enjuagar los últimos cacharros cuando vio aparecer a Mia.

-Te he dicho que me esperes en la habitación, Caramelo.

-Me voy-dijo ella mientras recogía el pantalón del suelo. Andrés se volvió riendo.

-¿Qué?

-Me marcho, Andrés. Y esta vez para siempre.

El chico, viendo que su novia iba en serio, le arrebató los pantalones de la mano.

-No, no te vas.-Mia volvió a intentar cogerlos forcejeando con Andrés.

No sabía si era por el miedo que estaba sintiendo o por el golpe del día anterior, pero se sentía al borde del desmayo. Sin saber cómo, su cuerpo reaccionó por ella y sacó fuerzas. De un empujón lanzó a Andrés hacia atrás y le arrancó los pantalones de las manos. La chica salió de la cocina dirigiéndose a la puerta, pero Andrés la seguía furibundo.

-¡Eres una puta!- empezó a vociferar mientras le escupía en el pelo. Mia, haciendo caso omiso, giró las llaves y abrió la puerta. Andrés se quedó apoyado en el marco.

-Si te marchas, no vuelvas. Nunca.

Sin contestarle, Mia empezó a bajar las escaleras. Cuando se encontraba a punto de salir a la calle oyó cómo Andrés gritaba su nombre mientras bajaba las escaleras tras ella. “Corre” gritó una voz en su cabeza. Fue como si todas sus alarmas internas saltaran al mismo tiempo. Sin mirar atrás Mia salió corriendo buscando la parada de autobús más cercana. Afortunadamente, el que la dejaba cerca de casa, estaba recogiendo en ese mismo instante a los pasajeros a pocos metros de ella. Mia se subió de un salto y ni aún dentro, se permitió perder la calma. No estaría bien hasta que llegara a casa.

Al poco de arrancar, un coche pitaba como enloquecido al autobús. Mia se asomó a ver a qué se debía tanto escándalo. Andrés, desde su coche, seguía al autobús tratando de hacerle parar adelantándole y reduciendo la velocidad. La chica se estremeció. Sabía que no iba a darse por vencido tan fácilmente, pero ella tampoco iba a hacerlo. Si Andrés la quería la tendría que sacar a rastras. Para la satisfacción de Andrés, el autobús, se detuvo en la parada siguiente y Mia observó como el chico salía del coche. Se encogió temblando en el asiento rezando porque el autobús arrancara y, afortunadamente, el conductor, viendo que Andrés se había bajado, aceleró y dejó atrás al chico. Él buscó a su presa por las ventanas mientras el autobús pasaba por su lado. La chica se asomó en un deje de valor, o de locura. Andrés permanecía quieto imperturbable. Clavó la mirada en ella y a Mia se le helaron las entrañas.

Cuando llegó a la parada, emprendió una última carrera para llegar a su calle. Pensó que Andrés se encontraría esperándola y que tendría que oponer resistencia. La sensación de que todo había sido en vano la inundaba, pero no fue así. La calle se encontraba vacía. Conteniendo un suspiro de alivio subió a su casa.

Sus padres no le preguntaron nada. No hizo falta. Mia se metió en el baño y dejó que sus lágrimas se confundieran con el agua de la ducha. Fue ahí y solo ahí, cuando lloró por Andrés por última vez.

 

 

Los abdominales, esos malditos bastardos

Si te pregunto cómo se consiguen marcar los abdominales, tu respuesta sería…
a) Entrenándolos el gimnasio
b) En la cocina
c) Rezando y poniéndole una vela a la estampita de Schwarzenegger

Siempre he pensado que era una cuestión de gimnasio, ¡y más viendo los entrenamientos de los ángeles de Victoria’s Secret! Pero resulta que no, que se hacen en la cocina. Revolví la mía de arriba abajo buscando ese producto milagroso que los cultivara pero nada.

Los abs de Kate Hudson están tan entrenados que saludan a quien quiera que pase por su lado. GTRES

Los abs de Kate Hudson están tan entrenados que saludan a quien quiera que pase por su lado. GTRES

Os preguntaréis a qué viene esto que ande en busca y captura de abdominales. Os diré algo, queridos seguidores de tendencias, los abs, esta año, se llevan. Si algún hombre se encuentra leyendo esto, seguramente pensará: “Vaya novedad, los abs se llevan cada verano”. Entre chicos puede, pero nunca antes habían tenido tanto éxito entre nosotras.

Como ya llevo un par de años yendo al gimnasio, me los propuse en Año Nuevo. “Este año tendré abs” pensaba mientras tomaba el tercer trozo de turrón en casa de mi tía. Porque en pleno siglo XXI si dices ‘abdominales’ o ‘tableta de chocolate’ quedas más pasada de moda que el botijo de arcilla. El reinado de Instagram dicta que son los abs o sino el six pack.

Así soy yo, llamadme ‘loca’. La gente en Año Nuevo se propone dejar de fumar, ver todas las temporadas de Juego de Tronos y yo me propongo trabajar los abs, llevo a una pequeña culturista en mí. Y es que, como buena fitster, me gusta probar entrenos y rutinas nuevas. Hay que probarlo todo en esta vida y el gimnasio no es una excepción.

Los abdominales siempre están ahí. Como decía el protagonista de Un paseo para recordar, “No los ves, pero se sienten”. Así que empezó mi proceso de esculpimiento estomacal. No es fácil, no os voy a engañar. Es cansado, sacrificado y requiere que tu cabeza diga “No” a cosas que tu estómago dice “Oh, sí por Dios, y con doble de chocolate por encima“. Se dice que se hacen en la cocina porque, según Ángel Carmona, entrenador personal del gimnasio Altafit de Cuatro Caminos, “la grasa de la tripa es la última que se pierde”. Mira, igualito que la esperanza.

Eso significó decirle “adiós” al queso, a la leche con lactosa, a las grasas, azúcares e hidratos de carbono a partir de la tarde y por tanto, hacerme una de las mayores consumidoras de proteínas y verduras del país. Y es que la clave para perder grasa, a diferencia de lo que mucha gente piensa, no es pasar hambre, todo lo contrario, es hacer tus cinco comidas al día. Pero cinco comidas de verdad (las barritas de cereales de BiCentury, Kellogs y demás NO cuentan como comida), y equilibradas. Pollo, pavo, pescado… todo a la plancha o al horno acompañado de verduras. En mi vida he comido tanto. Yo, que nunca he pasado los cincuenta y pocos estoy ahora en más de sesenta kilos de puro músculo.

Si eterminas de ejercitar los abdominales peinada y sonriente es que algo estás haciendo mal. GTRES

Si terminas de ejercitar los abdominales peinada y sonriente como ella es que algo estás haciendo mal. GTRES

Fijaos si estoy comprometida con la dieta que en la redacción de 20 Minutos soy la que come merluza con guisantes a las 11 de la mañana. ¡No! No es que siga la dieta Dunkan, es que las comidas que hago son así de completas. Y todo ello regado con sus dos litros de agua entre colas de caballo, tés y otras infusiones que me hacen olvidar lo poco que me gusta beberla.

Aunque tampoco os vayáis a pensar que he cortado de raíz con el resto de comida. Sigo la ley del cheatmeal, lo que significa que una vez por semana puedo comer lo que quiera. Esto sirve para ‘calmar’ la posible locura que estemos gestando internamente por comer sano. Que la vida son dos días y por muy fitness que seas, no está reñido con disfrutar.

Pero no solo de comida sana viven los abs, sino que al mismo tiempo debía seguir una rutina de abdominales que les despertara de su letargo de más de 20 años y les obligara a salir al mundo exterior. Los ejercicios que te permitirán lucir crop top son las planchas y los abdominales, tablas que ahora procuro hacer tres días a la semana.

Ojo, menudos entrenamientos, al día siguiente te duele todo el cuerpo hasta al estornudar. Así fue como, entre comidas y ejercicios, la grasa se fue marchando (de todas las zonas, eso sí, no solo de la barriga. ¡No os vayáis a pensar que solo se pierde la grasa focalizada!) y los baby abs empezaron a despuntar poco a poco, aunque claro, cada persona tiene una constitución diferente e igual con otra genética resulta más o menos difícil sacarlos a la superficie.

Pueden gustarte u horrorizarte. Yo, por mi parte, hasta que se pase el furor de los abs y se lleve desarrollar cualquier otro músculo, seguiré dándole a la tripa.

La belleza que depende de tus hábitos y no de tu genética

Piensa en algo que todos tengamos, en tu teléfono móvil por ejemplo. Los primeros días de tenerlo lo llevabas casi entre cojines de un lado a otro (y más si es un iPhone). Después empezaste a descuidarlo: le desenchufabas de la corriente sin que estuviera cargado del todo, se te cayó alguna vez por despiste al suelo… y con el tiempo empezó a fallar y a darte problemas.

Con los hábitos de belleza pasa lo mismo. Si les dedicas tiempo, mejor te verás, pero si te descuidas y empiezas a ‘maltratarte’ acabarás dañando tu producto más preciado: tu propio cuerpo.

De esto habla la farmacéutica Meritxell Martí en su libro Vivir sano, sentirse bien (JdeJ Editores). Como interesada del cuidado, en general, por el tema anti-aging y, por ende, por la belleza, sabe cómo debemos cuidarnos para evitar algunos de los errores más comunes, como el caso de algo tan básico como son las horas de sueño.

Lo de que las supermodelos recomienden dormir ocho horas me parece genial, pero entre que mañana tienes reunión/entrega de un trabajo/te despiertan los niños, acaba siendo muchas veces imposible. Martí opina que, pese a todo, “hay que intentarlo. El sueño reparador es muy importante porque es cuando se regenera el organismo, cuando se fabrica la mayor parte del colágeno”.

Dormir ocho horas es como el caminar, todo es empezar: “Es muy importante seguir una rutina de sueño. Irse a dormir a la misma hora, estar en una habitación a oscuras, con tranquilidad, que no haya mucho ruido… A partir de las tres de la tarde nada de excitantes: ni cafeínas, ni aminoácidos”, así que es mejor que vayas despidiéndote del café del postre si quieres dormir a pierna suelta.

Si no puedes renunciar a él, te pueden dar una ayuda extra “los extractos de hierbas y la melatonina”. Le pregunto por el famoso vaso de leche templada antes de ir a la cama: “Lleva componentes que ayudan a relajar, aunque hay gente a la que le cuesta digerirla”.

Además del cansancio que arrastraremos si no descansamos correctamente, el sueño se nota en la piel. Solo tenéis que comparar cómo os levantáis un día normal y un día que habéis salido de fiesta. Si ahora mismo no te lo notas tanto, ya te acordarás de mí dentro de 10 años. Porque según pasa el tiempo, la piel cambia, “se seca y presenta problemas de flacidez ya que con la edad producimos menos hormonas, que influyen en el organismo” afirma Martí.

Meritxell Martí

Hazle un favor a tu piel y dedíca un rato para mimarla, ya que una de nuestras asignaturas pendientes son “los cuidados rutinarios: no se limpia bien la piel. Hay que limpiarla mañana y noche a no ser que sea muy seca, ya que así estimulas la producción de colágeno. La limpieza de la piel con un gel que se aclare con agua seguido de un tónico” debería ser nuestro pan de cada día. Martí aconseja “para la noche un exfoliante, a no ser que se tenga piel sensible, y de día una crema hidratante y regenerante”.

Empiezo a sospechar que el colágeno, que ya ha salido un par de veces en la conversación, parece ser la clave de todo. Es una proteína que fabrica el propio organismo. “Está de moda consumirlo en polvo o en pastillas y está a la venta en farmacias, supermercados o tiendas de dietética. Pero antes de comprarme un colágeno barato prefiero toma una carne o incluso un vasito de gelatina” opina Martí. La cantidad diaria recomendada por la farmacéutica es de 5.000 mg diarios, que equivale a dos vasos de gelatina al día (sin azúcar mejor, claro).

Y es que llevar una dieta equilibrada, siguiendo la pirámide nutricional, no tiene por qué necesitar consumir ningún producto extra, pero, como dice Martí los suplementos “son un plus. Siempre aconsejo tomar Omega 3 u Omega 6, que se encuentra en el aceite de borraja. El zinc, también va muy bien. Si hablamos de la piel lo mejor son los antioxidantes, que ayudan a atacar los radicales libres”.

Antes de que te vuelvas loco buscando en el supermercado la sección de superfoods –como los llama la autora en el libro- pásate mejor por la frutería: “Las superfoods son muy ricas en todos los nutrientes como las bayas de açai, el cacao, las semillas de chía… Los más antioxidantes son los que tienen más color como los mirtillos o las bayas rojas”.

Aunque también tenemos la opción de superfoods low cost para todos los bolsillos como las fresas o frambuesas. ¿La clave? “Los que tienen más colores” afirma Martí.

Por último, no podemos olvidar el ejercicio. Si te resulta difícil hacerle un hueco “mételo en el día a día. Si vas andando al trabajo anda más rápido o más tiempo. Para que sea eficaz has de sudarlo, notar que has hecho un poco más. Otra opción es subir y bajar escaleras. Hacer ejercicio al aire libre siempre es mejor sobre todo en personas con depresión”.

¿Qué conclusión podemos sacar entonces? Muévete, come sano, cuida la piel y duerme ocho horas. Solo tienes un cuerpo y es el que te va a acompañar toda tu vida. Cuanto mejor lo trates, mejor funcionará.

El autobronceador que no te deja de color naranja

A no ser que seas de los afortunados con fototipo V o VI, es decir, aquellos que están morenos todo el año, el buen tiempo te habrá pillado del tono de la tiza.

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De blanco a caribeña. MARA MARIÑO

La temporada de comuniones y bodas acaba de empezar, y aunque puede que ya tengas decidido lo que vas a ponerte, todos coincidimos en que la ropa sienta mejor con una pizca de tono en la piel.

Si el flexo nos pusiera morenos, los que tenemos exámenes estaríamos más bronceados que Flavio Briatore, pero como no es el caso, no nos queda otra que buscar alternativas para esas ocasiones en las que necesitas un tono rápido.

Puedes hacer tres cosas: la primera, saltarte las obligaciones y hacer una sesión maratoniana de bronceado vuelta y vuelta en tu terraza/parque madrileño; la segunda, darte rayos UVA (y acabar en unos años con el cutis más cuarteado que la Abuela Sauce de Pocahontas) o, por último, recurrir a los productos que dan color a la piel.

La única experiencia que tenía hasta ahora, fue de uno que probé tipo crema que me dejó las palmas de las manos más naranjas que los mejillones de la Ría de Vigo, por lo que siempre he optado por las sacrificadas maratones de tomar el sol (untada en la correspondiente crema de factor 50).

Entonces imaginad mi sorpresa cuando en los Madrid Beauty Days me descubrieron un producto que te bronceaba instantáneamente. Cuando Lola Tarazaga me ofreció probar Fresh Indulgence (Fi), y recordando mi anaranjada experiencia, me imaginaba con la piel del color del Cola Cao, pero me dejó la cara con un bronceado más resultón que si hubiera tomado el sol en la playa de Bora Bora. Es por eso por lo que quise probarlo también en el cuerpo.

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FRESH INDULGENCE

Como explican en su web, el producto está hecho “a partir de una formula libres de Parabenos y productos químicos innecesarios, llena de antioxidantes que proceden de frutos secos, con un alto poder de oxidación sobre la piel cuya función a parte de broncear es la de recuperarla con sus repetidas aplicaciones”, en definitiva para que nos entendamos: broncea sin que la piel sufra los daños de los rayos ultravioleta.

No era mi caso, pero por lo que me contó cuando me aplicó el producto, ayuda también a personas con problemas de pigmentación en la piel como el vitíligo, e incluso ayuda a calmar los picores de la dermatitis.

Lo único necesario para aplicar el producto es que estés depilada y exfoliada 24 horas antes y no te eches ningún tipo de crema. En mi caso, me eché crema solar en las piernas esa mañana, pero pasándome una toalla húmeda antes de la aplicación, no tuve ningún problema en que se me fijara el producto.

Tras la aplicación, que se echa en spray sobre la piel con una pistola, tienes que estar entre 8 y 12 horas, de reposo, es decir, sin ducharte ni sudar, algo bastante complicado en mi caso por lo menos, que veo a los protagonistas de una serie echarse unas carreras y ya sudo yo por ellos.

Una vez pasadas las 12 horas, ya puedes ducharte y hacer vida normal. Es especialmente importante hidratar la piel para que se mantenga con cremas orgánicas. Yo usé una de Aloe Vera que tenía por casa para después de la ducha. Aunque claro, no es jauja, y según pasan los días el color se va perdiendo. Aunque tenía miedo de quedarme morena ‘a cachos’ perdí el color tan gradualmente como cuando pierdes el bronceado de la playa.

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Fresh Indulgence al día siguiente de la aplicación. MARA MARIÑO

Las ventajas son que no tienes que acudir a un centro especializado, es instantáneo, apenas tardas unos minutos en aplicártelo, dura varios días y te deja un color muy natural, como si de verdad hubieras estado tomando el sol. De hecho, me dejó un color TAN conseguido que incluso conocidos me preguntaban si había ido a la playa.

Como desventaja, señalaría que, en el caso de mi estilo de vida, no es algo factible para usar normalmente ya que hago ejercicio regularmente y acabaría expulsándolo, pero para una ocasión concreta, y más ahora que vienen las celebraciones familiares, lo veo ideal para no deslumbrar a nuestros seres queridos con el blanco nuclear invernal.

Resiliencia. Capítulo 18: Yo jamás te haría daño

Cuando dos personas se encuentran pueden pasar varias cosas: todo o nada.

Y después está esta historia.

Capítulo 1: Dos semanas antes de la colisión
Capítulo 2: Una semana antes de la colisión
Capítulo 3: Un día antes de la colisión
Capítulo 4: Seis horas antes de la colisión
Capítulo 5: Colisión
Capítulo 6: 30 segundos después de la colisión
Capítulo 7: No solo los aviones vuelan
Capítulo 8: Cuesta abajo y sin frenos
Capítulo 9: Todo contigo
Capítulo 10: Lo que te mereces
Capítulo 11: No deberían hacerte llorar
Capítulo 12: Jugando las cartas
Capítulo 13: Hacer sangre
Capítulo 14: Madrid me mata
Capítulo 15: Tú tienes la culpa
Capítulo 16: Hemos terminado
Capítulo 17: No me gusta para ti

Capítulo 18: Yo jamás te haría daño

Después de llevar unos minutos esperando apoyado en una de las columnas de la puerta de la facultad de Mia, Andrés esperaba que el examen de la chica no se demorara mucho. Quería aprovechar al máximo el poco tiempo que pudiera estar con ella antes de volver al almacén. Distraído pasó su mirada por la masa de futuros periodistas y publicistas que se arremolinaban bajo una nube de humo. Una silueta conocida salió del montón y se dirigió a él furibunda. El chico reconoció a Inés y, sin darle tiempo a saludarla, ella le increpó.

-¿Qué estás haciendo aquí?- Inés respiraba agitadamente pero Andrés no dejó que eso le amilanara.

-He venido a buscar a mi novia- respondió con seguridad.

-Ya no es tu novia. Ayer lo dejasteis. Me llamó para contármelo todo -Andrés frunció el ceño preguntándose hasta dónde alcanzaba aquel todo.-. No paráis de discutir, no funcionáis y que lo mejor es que cada uno por su lado, algo de lo que me alegro profundamente. ¡Sí! ¡Por fin puedo decirlo! Porque no haces otra cosa que volverla infeliz.

-Lamento decepcionarte pero después de eso tuvimos una conversación madura y lo arreglamos como los adultos que somos.- Inés le miró incrédula sin poder creérselo.

-Eso no es posible… Ella estaba segura… Algo has hecho para que vuelva contigo y me juego lo que quieras. Pero no te vas a salir con la tuya Andrés…

El chico, que llevaba un rato tratando de contenerse, no aguantó más y agarró a la chica del brazo.

-Te voy a decir una cosa. No tienes ni idea de lo que hay entre Mia y yo. Y si tú o cualquier persona se mete por medio, acabará mal –el chico miró a ambos lados y bajó la voz-. Si me entero de que tratas de comerle la cabeza a Mia para que rompa conmigo o haga algo estúpido, le harás compañía a Fer en la cama de al lado –Seguidamente la soltó-. Y ahora sonríe, que viene Mia.

-¡Inés! Perdona, se me olvidó decirte que Andrés y yo lo habíamos solucionado. ¿Te quieres venir a tomar algo con nosotros?- Inés alzó la mirada hacia su amiga. Las ojeras que le acompañaban desde que había empezado a salir con Andrés estaban ocultas bajo unas bolsas hinchadas. Inés conocía de sobra a su amiga como para saber que solo se le ponían así los ojos después de una noche en vela.

-No, gracias. Creo que iré a casa a seguir estudiando para los exámenes.- dijo la chica. Y, tras despedirse de la pareja, emprendió el camino al metro.

Desde el episodio del suicidio, Mia estaba peor que nunca. Andrés casi podía sentir como el día a día de la chica se basaba en tratar de mantener el equilibrio entre una vida normal y una crisis nerviosa. No le gustaba verla así, pero sabía que era la única forma de que su novia se comportara. La sensación de control que tenía sobre ella le tranquilizaba.

Puede que pasaran la mayor parte de las horas del día separados, pero él sabía lo que hacía su novia en cada momento. Bastaba con que le dijera que quería una prueba para que la chica le mandara ubicaciones, fotos y notas de audio. Nada más escudriñarlas minuciosamente y quedarse tranquilo, Andrés las borraba. Pero cuando llegó el final de la semana, su calma basada en la vigilancia digital de su novia se tambaleó.

Mia tenía la última práctica del curso en los estudios de la facultad y la chica le había avisado de que estaría dos horas sin cobertura, algo que en la mente de Andrés se traducía a “totalmente ilocalizable”. El chico durmió intranquilo. No había manera de que ella pudiera demostrarle al momento que iba a encontrarse ahí, por lo que, para su tranquilidad, decidió que recurriría a la observación directa.

Nada más llegar al almacén fingió un dolor de estómago y unas náuseas lo suficientemente convincentes como para que Sanz le diera el día libre temeroso de que pudiera echar a perder algún pedido. Andrés voló con el coche hacia la facultad de su novia y se dirigió al mostrador de información para averiguar dónde se encontraban los alumnos de su clase.

La bedel, para sorpresa de Andrés, le facilitó esa información sin pedirle una acreditación. Bastó con hacerle la pregunta para que la mujer le indicara el estudio en el que estaban. Mientras bajaba hacia los platós no pudo evitar pensar en lo inseguro que era el sistema. ¿Y si él hubiera sido un loco armado con una venganza personal en mente? Suerte tenían de que se encontrara tan cuerdo.

Para no ser visto, se metió en uno de los recovecos del pasillo, donde podía ver perfectamente la puerta del aula. Esperó hasta que los alumnos empezaron a salir. El estómago se le encogió cuando no reconoció a su novia entre ellos.

Dirigió automáticamente la mano a su bolsillo y sacó el móvil para llamarla. Un mensaje que avisaba sobre que el móvil estaba apagado o fuera de cobertura, saltó al instante. Encolerizado, buscó la aplicación de rastreo que se había descargado en el teléfono y en el de Mia para recibir su ubicación cada dos minutos. La última dirección en la que aparecía la chica era aquella, por lo que no podía haber salido de la facultad.

Estaba a punto de recorrer cada clase con tal de encontrar a su novia cuando la puerta del estudio se abrió una vez más. Mia salió hablando con un chico despreocupada. Andrés vio como se alejaban y, activando la cámara, les sacó una foto.

Sin perderles de vista, les siguió por la facultad a una distancia considerable pulsando continuamente el disparador del teléfono. Entre tantos universitarios, Andrés se sentía abrigado, era casi imposible que Mia llegara a descubrirle. Por fin les vio entrar a la cafetería, donde se apresuraron a compartir una mesa doble.

Las paredes acristaladas le facilitaron mucho la tarea a la hora de poder sacarles fotos. Su novia reía sin parar y cogía al chico del brazo en numerosas ocasiones durante la conversación. Tras un rato hablando, buscó algo en su bolso. Andrés vio como encendía el móvil y fruncía el ceño al ver su llamada. Se excuso de su amigo y abandonó la mesa en busca de un lugar más tranquilo para devolverle la llamada a su novio. La llamada apareció al segundo en su pantalla. Andrés colgó y apagó el teléfono mientras se alejaba de la cafetería en busca de la salida. Mia tendría que explicarle muchas cosas cuando fuera a buscarla al trabajo esa noche.

Aprovechando que Raúl había cogido las vacaciones, Andrés disponía del piso para él durante varias semanas, por lo que decidió llevar a Mia aquella noche a dormir con él ya que la chica no tenía que madrugar al día siguiente.

Cuando llegaron, Andrés la invitó a esperarle en el salón mientras iba a buscar algo a su cuarto. Al rato volvió y plantó las imágenes sacadas a papel de las fotos que había hecho de Mia y el chico aquella mañana.

-¿Qué es esto?- preguntó mientras soltaba las fotos en la mesa. La chica, incrédula, las cogió para mirarlas una a una.

-¿Has encargado que me sigan?- dijo Mia con un hilo de voz.

-Esa no es mi pregunta- dijo Andrés con calma mientras seguía observándola.-. Te he preguntado que qué es esto. ¿Me vas a contestar?

Mia se incorporó mientras soltaba las fotos con enfado dejando que se desperdigaran por la mesa.

-¿Sabes qué es esto? ¡Esto es nuestra ruptura!-seguidamente trató de avanzar pero Andrés la lanzó con violencia contra el sofá.

-Te he preguntado que qué es esto.- Andrés se inclinó con todo su peso contra ella impidiéndole salir. Mia empezó a revolverse.

-¡No es nada, solo es un compañero!- la chica trataba de zafarse pero la fuerza de Andrés le hacía imposible moverse. –Suéltame por favor.

-No me creo que sea solo un compañero. ¿Vas a decirme la verdad de una vez?- La chica empezó a llorar con impotencia.

-Te estoy diciendo que solo es un compañero de clase. Se te está yendo la olla, estás viendo cosas donde no las hay.

Andrés la cogió del cuello con una mano mientras se ponía en pie. Los ojos de la chica parecían a punto de salirse de sus órbitas. La incorporó sin soltarla hasta poner su cara a la altura de la suya. Mia, incapaz de respirar, boqueaba tratando de suplicar.

-Mientes, zorra.- El chico la soltó contra el suelo con la mala suerte de que Mia se golpeó con la mesa en la cabeza y perdió el conocimiento.

La sangre se congeló en las venas de Andrés. Con cuidado se agachó y presionó el cuello de la chica. Notó como su pulso latía con fuerza y se tranquilizó.

Cuando al rato Mia se despertó, Andrés la había tumbado en su cama y le aplicaba hielo en el bulto que le había salido en la cabeza del golpe.

La chica, nada más abrir los ojos y encontrar a Andrés a su lado se apartó contra la pared, tratando de alejarse de él lo más posible.

-Aléjate de mí.

-¿Qué te pasa, Mia? ¿Por qué reaccionas así?

La chica, sin creerse las palabras de su novio empezó a llorar.

-Me has agarrado del cuello y me has tirado contra el suelo.-dijo mientras sorbía con fuerza los mocos.

-¿¿Que he hecho qué??- Andrés puso su mejor cara de preocupación y le acarició la frente.- No amor mío, nada de eso. Hemos discutido por las fotos y cuando tratabas de marcharte te has tropezado con la alfombra y te has caído. Seguro que eso ha sido una pesadilla Mia, estabas mascullando un montón de cosas ininteligibles cuando seguías inconsciente. Yo jamás te haría daño. No sé ni cómo se te pasa por la cabeza. Te quiero demasiado.

Vio cómo la chica se derrumbaba emitiendo profundos sollozos. Aprovechó su confusión para acercarse a ella. Mia no rehuyó el contacto. Andrés sospechaba que la chica estaba tan débil emocionalmente que en ese momento se aferraba más a lo que quería que hubiera pasado que a lo que había sucedido en realidad. Andrés dejó que se acurrucara entre sus brazos y la meció con ternura.

-No te preocupes, amor, todo está bien. Ven aquí, deja que te abrace. Te quiero. No pasa nada. Te quiero.

PIXABAY

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Fitsters, el relevo de los hipsters

Si habías conseguido dejarte la barba por fin después de que tu novia te insistiera durante meses, si ya habías aprendido a montar en bicicleta vestida con tu falda vintage o controlabas cada rincón del Starbucks para que tu frapuccino saliera fotografiado en el encuadre perfecto, formas parte del pasado.

Nada es para siempre, y el (largo) reinado de los hipsters parece haber llegado a su fin. El relevo lo componen las fitsters. Compuesto de fit (estar en forma) y hipster define la nueva tendencia de estilo de vida que arrasa entre las mujeres jóvenes entre 20 y 35 años.

Ni barbas ni bicis. Las fitsters sustituyen el frapuccino por un zumo de frutas natural. No necesitan la bicicleta para ir a los sitios porque pueden ir corriendo en sus sneakers. La ropa de deporte ya no es solo para el gimnasio, sino que queda igual de bien en un conjunto para salir por la noche.

Las fitsters no hacen ejercicio para adelgazar o para compensar los excesos, la principal diferencia es que hacen ejercicio POR PLACER (sí, esa gente existe).  No quieren estar delgadas, quieren estar fuertes, por lo que las pesas son sus grandes aliadas. No todas, no os vayáis a pensar que tienen el brazo de un campeón de culturismo, pero sí aquellas que permiten moldear el cuerpo convirtiéndolo en una máquina tonificada que lo mismo te transmite la elegancia del cisne en el asana de Saludo al sol que te desfonda un saco de un puñetazo.

Desde musculación hasta yoga, desde boxeo hasta ballet, la fitster lo prueba todo y repite. Y al salir del gimnasio ataca un plato a rebosar de pollo y verduras. Por lo general (aunque también hay excepciones) huyen de los alimentos procesados, los fritos y el azúcar. Llevar una alimentación saludable a partir de productos naturales forma parte de su rutina, además de que se interesa por las propiedades nutricionales de lo que ingiere. Detox, antioxidante o diurético son algunas de las propiedades favoritas que buscan en ellos.

Podrás reconocer una fitster en una tienda porque suele rondar por los percheros de ropa de deporte. En rebajas no quiere la cazadora amarilla de Zara, sino que prefieren algo de Stella McCartney para Adidas o el body de la nueva colección de Beyoncé Ivy Park. La verás con algo de ropa deportiva las 24 horas. Si no es un top de Nike serán las zapatillas. No es que vayan a ir al gimnasio después de clase o de la oficina, es que van ASÍ VESTIDAS.

Además de los hábitos saludables, lo que define a la fitster es que comparte en las redes sociales su estilo de vida: desde los ejercicios más acrobáticos al último bizcocho de harina de avena, bayas de goji, chía y aguacate que se ha preparado para desayunar y que, más que un desayuno, parece una obra de arte contemporánea. Por lo general, siguen a personas con sus mismos gustos, lo que hace que formen una familia digital ultra especializada en ejercicio y en nutrición. De hecho, la mayoría de ellas tienen más interés en conocer el nuevo ejercicio que ha subido Vikika a Instagram que en comentar el conjunto de Sara Carbonero.

No deben confundirse con personas obsesionadas por el gimnasio ni con unas ‘posturetas’ de las redes sociales. Son fitsters y les gusta la vida que llevan, lo sé porque soy una de ellas.

Perdí un trabajo por tener poco pecho

La semana pasada se revolucionaban los medios al conocer que una recepcionista británica fue despedida por negarse a llevar tacones en su puesto de recepcionista. Un despido que parecía absurdo y de tintes claramente machistas ya que ese calzado no aporta ningún beneficio para las trabajadoras.

No pude evitar acordarme de una situación parecida que viví hace unos años. Los que me conocéis sabéis que al poco de empezar la carrera compaginé los estudios con trabajos de imagen.

En uno de ellos formaba parte de la plantilla de azafatas VIP del estadio de fútbol de un conocido equipo madrileño, lo que equivalía a cobrar unos 10 euros la hora. “¡Qué chollo!” pensaréis. A las cuatro horas de estar inmóvil sobre unos tacones de aguja de 14 centímetros las piernas duelen como si te estrujaran los gemelos entre dos rodillos industriales. Al día siguiente del partido, a muchas incluso nos costaba andar.

Pero eran gajes de mi trabajo y lo tenía asumido. Como también asumía que tenía que pintarme como una puerta cada vez que había fútbol. Yo, ¡que nunca me maquillo! Entre que siempre he disfrutado trabajando de cara al público y que podía ver jugar a mi equipo, estaba contenta con mi trabajo.

Estuve dos temporadas enteras taconeando de tribuna a tribuna, aguantando partidos con un uniforme de lycra que daba más calor que el infierno y otros que, del frío que hacía, no me dolían los tacones porque había perdido la sensibilidad en los pies. Dos temporadas sonriendo a la gente más maleducada, irrespetuosa, babosa y borracha que podáis imaginar. He soportado faltas de respeto que si me hubieran pillado fueran del estadio, se habrían saldado con una bofetada en la cara del sobón de turno.

Pero la peor de todas no vino de los asistentes. Durante un partido me ofrecieron trabajar en uno de los palcos privados (los que pertenecen a empresas o a los jugadores). No era la primera vez que llevaba un palco, por lo que, tras conocer las peculiaridades de aquel, no tuve problema en realizar el trabajo.

Básicamente consiste en estar de pie detrás de la barra sirviendo bebidas a los ocupantes del palco que oscilan entre 10 y 12 personas mientras de vez en cuando pasas las bandejas con canapés, tortilla y embutidos. Dificultad menor una vez controlas cómo manejarte con los tacones en un espacio tan pequeño. Al finalizar el partido, el responsable del palco me dijo que estaba muy contento con mi trabajo y que esperaba que me dejaran fija en aquel.

Después recibí un mensaje del responsable, lo sentía mucho porque le parecía una chica encantadora, pero que en el próximo partido no podría trabajar con ellos. Mi respuesta, amable, como todo lo que a trabajo se refiere, fue de decirle que lo sentía porque me había gustado estar en aquel palco, pero que agradecía la oportunidad de todas formas. No necesitaba más, sus razones tendrían y no era cosa mía preguntarlas, no obstante recibí una explicación.

No podía seguir porque al responsable le habían pedido una chica más exuberante, y mi talla de sujetador, por lo visto, no era suficiente. Recuerdo que el mensaje me sentó como un tortazo y como si me hubieran estrujado las tripas con una apisonadora al mismo tiempo. Contuve las lágrimas y dando las gracias por la sinceridad, me paré un segundo a poner mi cabeza y mi autoestima en orden. He de admitir que en ese momento fue difícil no sentirme más que un par de tetas. De hecho fue algo que me dolió interiormente por la superficialidad del asunto. Porque tener más o menos tetas no hace que seas mejor tirando una cerveza de grifo o pasando una bandeja. Te hace más llamativa, pero no mejor profesional.

“¡Qué hijos de puta!” fue lo que dijo mi novio cuando se lo conté. Esta anécdota se la comenté a mis padres y no sé si a alguien más de lo vergonzoso que me parecía el asunto por parte de la empresa que tenía el palco.

Lo que saqué de positivo fue que en ningún momento sentí que el problema fuera mi cuerpo. Aunque me hubieran echado por no tener mucho pecho, no me sentí acomplejada por mis tetas. Tengo el pecho que tengo. Es el que hay y no lo voy a cambiar. A mí me gusta y quién me quiera me aceptará con él ahora y cuando esté caído por los suelos.

Sé que trabajando en el mundo de la imagen era algo a lo que me exponía a que pudiera pasar, pero me pilló de sorpresa. Mi conclusión fue que quién de verdad me valorara por mi profesionalidad tendría tanto interés por mi talla de pecho como por la cantidad de lunares en mi piel. Que, a fin de cuentas, yo no quería vivir de mi imagen, que por lo que en realidad quería cobrar era por escribir. Y mira… tengo celulitis (ahora menos), una copa B, unos dedos de los pies enanos y un blog de moda en 20 Minutos. Jaque mate, imagen.

Cómo ser blogger de moda y no morir en el intento

Cuando hace siete meses comenzó la aventura de llevar el blog de moda de 20 Minutos, tenía claro que iba a ser un trabajo mucho más exigente que cualquiera que pudiera realizar en una oficina con sus turnos y sus horarios bien delimitados.

Miniblogger. FACEBOOK

Miniblogger. FACEBOOK

“Ser blogger de moda es una forma agradecida de ganarse la vida, porque haces lo que te gusta. Pero hay que trabajar muchísimo para ello. Sacrificas tu modo de vida al convertirte en blogger, no todo el mundo tiene tanto aguante” dice Georgina Gerónimo, “aunque lo de dar la vuelta al mundo en hoteles de lujo creo que unos cuantos lo podríamos aguantar”.

Esta catalana, ganadora de la beca Connecta’t al Còmic 2015, es la autora de Miniblogger, un libro que refleja cómo es la vida de una bloguera de moda ‘entre bambalinas’: “Como asidua lectora de blogs de moda, necesitaba empaparlos de un poco de humor porque no es crédulo que todo sea tan idílico. Quise representar como es la vida de estas personas cuando no hay una cámara delante, con un poco de documentación e imaginación”.

Cuando empiezas a llevar un blog de moda de manera comprometida (independientemente de si lo haces profesionalmente o como afición sin cobrar por ello) tu trabajo dura las 24 horas del día. Si no estás escribiendo, estarás pensando en un conjunto para combinar la nueva prenda de moda, acudiendo a un showroom a ver una colección, subiendo una foto, contestando a los comentarios…

Tenemos que estar constantemente pendientes de las redes dedicando una gran parte de nuestro tiempo a la presencia en Internet: “Recomiendo desconectar de vez en cuando. Nos sobreexponemos en las redes, ¿hasta que punto disfrutamos de lo que estamos haciendo si tenemos que estar tan pendientes de que los demás lo vean?” dice Gerónimo.

Pero para ella lo más duro es “la presión. Tienen una agenda de locos y tienen que aguantar a muchos haters“, y es que las blogueras de moda despiertan admiración y envidia cochina a partes iguales. El éxito o tráfico de unas frente a otras que quizás no han tenido tanta suerte, sin contar con aquellas que lidian con haters que atacan por temas personales, en opinión de Gerónimo hace que “aunque la postura oficial es que no les afecta, en mayor o menor medida lo hace”.

“Yo lo que no tolero por ejemplo es que una blogger sea arrogante con sus seguidores. Si se ganan la vida gracias a ellos tienen que tenerlo en cuenta. Tampoco hay que aguantar a seguidores irrespetuosos, pero he visto casos de ego muy subido para con todo el mundo” dice Gerónimo.

Miniblogger. FACEBOOK

Miniblogger. FACEBOOK

“Puedes sentir envidia de una blogger, pero si esta se dirige a sus seguidores con un tono afable, amistoso y de agradecimiento, ese sentimiento se convertirá en admiración. Si no lo hace, se convertirá en odio. Al fin y al cabo lo que tienen las bloggers que no tienen las celebrities de antaño es que son chicas salidas de la nada como tu y como yo y es más fácil sentir sentir empatía y en consecuencia antipatía también.”

Entre el lector y el blogger “se crea un lazo de “amistad platónica” por llamarlo de alguna manera. La blogger te cuenta toda su vida, como lo haría una amiga. Pero al final es una persona a la que no conoces y ella no te conoce a ti.

No puedo evitar preguntarle por la figura del novio de la blogger, extensivo a aquellos familiares o amigos que ‘sufren’ también en su piel las dificultades del ‘fashionbloggerismo’ (pendiente de aprobación por la R.A.E.): “Lo he convertido en el mártir de los mártires. En la historia de Miniblogger, a este personaje no se le conoce como el novio sino como el becario, becario que siempre va detrás de la blogger cargando el trípode, todo lo requerido para los cambios de vestuario, los zapatos de repuesto y la cámara para hacerle las fotos para el blog. Es un personaje divertido y muy querido porque despierta simpatía. Es un chico de lo más humilde que ha perdido el corazón por una blogger“. (Gracias mamá, papá, Ángel, Eva y Marcos por ser mis becarios).

El secreto para triunfar requiere parte de pasión, dedicación continua, “constancia y que cuiden mucho la calidad de las fotos” dice Gerónimo. “Es mejor que cuelguen una bien hecha, que cinco mal. Veo muchas chicas que intentan destacar en un mundo que ya está superpoblado con imágenes poco cuidadas o con poca resolución.”

Y es que, como afirma la ilustradora “El balcón de tu casa NO es un buen lugar para hacerte las fotos, sal a la calle y dedícale más tiempo a encontrar ese lugar interesante y con encanto en el que poder lucir tus outfits. Si llueve, puedes aprovechar la lluvia como recurso estilístico para tu foto, pero es mejor no hacerlo a subir una foto al lado de charcos embarrados”.

Miniblogger. FACEBOOK

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Los vestidos más originales (que no bonitos) de Eurovisión

Cuando al poco de pasar las 21h un desfile psicodélico inundó la pantalla de la 1, parecía cualquier cosa menos el comienzo del festival musical más importante de Europa. Pero aquellos diseños blancos (hechos a mano y algunos de hasta 40 kilos de peso), en los que se veían proyectadas las banderas de los países finalistas, eran el comienzo de Eurovisión 2016.

Qué nivel con la tijera, qué habilidad… No pude evitar acordarme de las cartulinas que usaban las madres en mi colegio para hacernos los disfraces de la fiesta del colegio. Cuántas horas de papiroflexia invertidas, madre mía. El chino en el que compraron el papel debió hacerse de oro y decidiría instalarse en Australia ya que, por lo visto, es la nueva colonia de moda para los países asiáticos.

Aunque, fijándome un poco más en los modelos, los había de todos los tipos, desde cascadas de hexágonos de más de una semana de trabajo para confeccionarlos a una cartulina básica/pelona con dos aperturas para la cabeza y los brazos.

Rompiendo el hielo en el escenario, la cantante de República Checa parecía que se había escapado del desfile ‘ladygaguesco’ (pendiente de aprobación por la R.A.E.) del principio. Todos nos manteníamos expectantes porque entre el vestido y su inmovilidad, sospechábamos que era una trampa. Un vestido de esos que quitan un cacho de aquí, otro de allá y acaba la cantante echando fuegos artificiales por las mangas.

Cuando pensábamos que el vestido era tan soso como su interpretación, hizo un cambio de hairstyle en plena actuación. Así, sin avisarnos ni nada. Acabó soltándose el pelo literalmente. Pero claro, por muy cantante de Eurovisión que seas, nadie escapa del ‘efecto coletero’.

Cuando te sueltas la coleta. GTRES

Cuando te sueltas la coleta. GTRES

Las musas Beyoncé y Jennifer López brillaron, no por presencia física, pero sí en los diseños que eligieron las representantes de Armenia y Azerbaiyán. Las transparencias con efecto tatuaje en pedrería empieza a estar más trillado que la cazadora amarilla de Zara, por lo que, si tengo que elegir a una, me quedo con la de Azerbaiyán, que “pa chula yo” debió de pensar llevando hasta el micrófono a juego con su mono en nude con lentejuelas y cristales dorados.

ACESHOWBIZ, GRES Y GUESTOFAGUEST

ACESHOWBIZ, GTRES Y GUESTOFAGUEST

Francesca Michielin, demostró lo que ya sabíamos de los italianos, que aunque no son el país de la música, son inigualables en la moda. Su representante optó por la tendencia 2016 del peto. Que seguir la tendencia está bien, pero si la sigues correctamente, porque el mono que llevaba tenía brillos hasta en el dobladillo, que con la camiseta de manga corta de algodón, era una mezcla un poco curiosa. Vamos, que pegaba menos que las verduras y flores que le pusieron alrededor clavadas en palos.

Granjera chic. GTRES

Granjera chic. GTRES

La elección de vestuario de Bulgaria también llamó mi atención. Polly Genova interpretó If love was a crime cuando lo único que merecía una pena de cárcel era la decisión del vestido inspirado en las señales de tráfico de curva cerrada. Os digo yo que si se tumba en una carretera peligrosa no vuelve a haber accidentes. Su vestido no solo se iluminaba sino que dotaba de wifi a los de Jaén que estaban en la primera fila.

Jaime-Lee, la cantante de Alemania, llevaba un estilismo otaku, no es que hubiera acudido al festival directamente de la Japan Weekeend. Algunas de las perlas de su conjunto fueron las pulseras hasta la mitad del brazo, como cuando eres una adolescente en tercero de la E.S.O., y que tenía más horquillas en el flequillo que el tocador de tu abuela. Si le hubiera regalado una horquilla a cada asistente todavía le habrían sobrado para sujetarse el flequillo.

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Nina Kraljić llevaba una capa-poncho transparente con ramas que parecía muy cómoda para ir al baño, especialmente a uno de esos portátiles de los que ponen en festivales. El diseño de inspiración japonesa solo servía para ocultar un vestido aún más feo que nada más verlo me hizo desear que se pusiera la capa otra vez.

Aquello parecía inspirado en los interiores de la nave de Alien: tenía volantes, apliques plateados, unas mangas con tul, ascensor, sala de máquinas y paneles que también servían como placas solares. De hecho no me habría sorprendido que la energía que necesitaron para hacer proyectar los hologramas de Rusia provenía del vestido de Croacia, que lo tuvieron cargando toda la mañana en el tendedero del hotel.

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Un contrapunto a la gala lo puso el vestido deportivo de Barei doradas hecho a mano por Raúl Amor con su número de la suerte. Como accesorio, escogió un brazalete metalizado hecho con piezas de latón a medida por Sierpe y Becerril rematado con unas zapatillas de cordones.Porque por mucho que no quedáramos en los primeros puestos, puedes presentarte a Eurovisión sin unos taconazos y partirlo. ¡Say yay a las sneakers!

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Sí a las zapas. GTRES

La ganadora de la gala, Jamala, llevaba un modelo tan conflictivo como el tema de su canción, del diseñador Ivan Frolov y del estilista Dmitry Kuryata. Era una especie de vestido corto por delante y largo por los lados que habría sido aceptable si no le hubieran añadido el pantalón con bordados por debajo.

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Para acabar, no podían faltar las elecciones masculinas de la gala, que fueron de lo más clásico a lo más alternativo. Me estoy refiriendo a Michał Szpak y su versión de Conde Drácula-Capitán Garfio-autorretrato de Durero (aportación de mi madre).

Los outfits masculinos de Eurovisión pueden englobarse en cuatro grandes grupos. En primer lugar están los que van de traje dándole mucha formalidad al evento aunque luego toquen una canción country que no pega con la ropa ni con cola, como el intérprete de Holanda. En segundo lugar está el arreglado pero informal, que vendría a ser Amir, de Francia, con su americana y pantalón de traje combinados con una camiseta de algodón y las zapatillas, rollo lookbook de Zara.

Un escalón por debajo se encuentra el cantante de Hungría con su camiseta de cuello de pico, sus vaqueros desgarrados y sus botas que lo mismo se va con los colegas de cañas que se pasa por Eurovisión a representar al país. Por último, está el caso de los cantantes de Chipre, la informalidad absoluta o el equivalente a la ropa que te pones los domingos para andar por casa.

Niveles de formalidad eurovisiva masculina. GTRES

Niveles de formalidad eurovisiva masculina. GTRES