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Mara viste y calza Mara viste y calza

“Algunas personas
sueñan con piscinas,
yo sueño con armarios”.
Audrey Hepburn

Resiliencia. Capítulo 9: Todo contigo

Hace años me instaron a escribir esta historia. Aunque, cuando me lo dijeron, esa historia no era esta historia. Así que supongo que, aunque no he elegido que sea de esta manera, he elegido compartirla tal cual es ahora. No es una historia personal aunque algunas vivencias son propias. Si he decidido escribirla es porque, si a mi me sirve de terapia, quizás a ti te pueda servir de ayuda.

Resiliencia te puede haber pasado a ti, a tu madre, a tu compañera del trabajo, a tu prima pequeña, a tu mejor amiga. Puede sucederle a tu hija. Es la historia de superación del mayor trauma de una vida. El maltrato puede adoptar muchas formas, pero, sobre todo, puede adoptar muchas caras.

Mia tiene 20 años, compagina sus clases en la universidad con su nuevo trabajo de azafata de eventos mientras saca tiempo para ver a Hugo, su novio adicto al gimnasio. Andrés a sus 28 años parece que tiene la vida resuelta con un trabajo fijo en una empresa de repostería y una relación de más de cinco años. Acaban de encontrase y ninguno sabe lo que se les viene encima.

Capítulo 1: Dos semanas antes de la colisión
Capítulo 2: Una semana antes de la colisión
Capítulo 3: Un día antes de la colisión
Capítulo 4: Seis horas antes de la colisión
Capítulo 5: Colisión
Capítulo 6: 30 segundos después de la colisión
Capítulo 7: No solo los aviones vuelan
Capítulo 8: Cuesta abajo y sin frenos

Capítulo 9: Todo contigo

Al coger el móvil y ver más de diez mensajes y una llamada de Andrés, Mia se temió lo peor. Había quedado con sus amigos a tomar algo y ni se había dado cuenta del tiempo que había pasado. Tras despedirse de Inés y lanzar besos al aire salió corriendo de la cervecería y llamó a Andrés. A Mia nunca se le había hecho tan larga una hora al teléfono. Después de explicarle que solo había salido a por unas cervezas no había manera de que Andrés se tranquilizara respecto a ella, algo que continuó las semanas siguientes. Cada vez que ella quería salir o quedar con unos amigos despertaba el nerviosismo de Andrés. Era algo que la chica no entendía, pero él parecía no querer dejarla nunca sola.

-Mia, me gustas demasiado. No hay nadie con quien esté mejor que contigo.-Andrés no paraba de repetírselo mientras ella trataba de hacerle entender que también quería espacio para así poder echarle de menos.

La gota que colmó el vaso fue el cumpleaños de Judith, otra de las chicas del grupo. Habían ido todos a cenar a un centro comercial para salir después de fiesta. En medio de la cena empezó a sonar su teléfono sin parar. Viendo que la llamada era de Andrés, Mia puso el móvil en silencio. Era el cumpleaños de una de sus mejores amigas y no le parecía el mejor momento para ausentarse, por lo que decidió devolverle la llamada después de la cena.

-¿Quién era, Mia?-preguntó Inés oliéndose la respuesta.

-Andrés, pero ya le llamaré luego.-dijo ella mientras posaba para el selfie cumpleañero que estaba haciendo Inés.

Después de varias llamadas silenciadas y algún que otro botellín de cerveza, salieron del restaurante listos para comerse la noche o incluso repetir al día siguiente si fuera necesario. Mia iba abrazada a Fer y a Judith cuando se topó con Andrés en la puerta del centro comercial. La mirada del chico era gélida.

-Buenas noches, Mia- dijo él mientras le cogía la cara y le plantaba un beso en la boca sin que Mia tuviera tiempo ni a decir “Hola”.- ¿No me presentas a tus amigos?- Andrés soltó el brazo de Fernando que mantenía sujeto a la chica y pasó el suyo alrededor de ella. Judith, Fernando y los demás del grupo miraban la escena esperando la reacción de Mia.

-Hola Andrés, ¿qué tal? Soy Inés. Mia nos ha hablado tanto de ti…-Inés irrumpió efusivamente dándole dos besos para romper el hielo. Mia le fue presentando a los demás del grupo mientras seguía preguntándose qué hacía el chico ahí y como era posible que hubiera dado con ella.

Tras las presentaciones de rigor, todos se encaminaron al metro para ir a la discoteca. Mia y Andrés cerraban la comitiva.

-¿Por qué no has cogido mis llamadas?- preguntó el chico mientras la llevaba agarrada contra él.

-Estaba en el cumpleaños de mi amiga, no quería que nadie le robara el protagonismo. Y no hace falta que me cojas tan fuerte, que voy perfectamente.- Mia se zafó de su brazo y continuó andando a su lado.

-¿Sabes acaso para qué te llamaba?- Andrés empezó a parecer enfadado, pero bajó la voz para que sus amigos no oyeran la conversación- Tenía algo especial preparado para esta noche.

-¿Ah sí? Pues que pena, yo ya tenía planes. Te dije que era el cumpleaños de Judith.

-Ya has estado con ella, y lo menos que puedes hacer después de tener semejante feo pasando de mí es compensarme.

-¿Cómo?- Mia se detuvo incrédula – ¿Compensarte de qué? Es el cumpleaños de mi amiga y lo lógico es que esté con ella.

-Cierto, pero lo lógico es también que hagas caso a tu novio y no pases de él como de la mierda. ¿Crees que así funciona una relación, Mia?

-No creo que funcione haciendo siempre lo que a ti te da la puta gana-replicó ella. Andrés la miró cabizbajo y suavizó el tono.

-¿Sabes por qué te había llamado? Llevaba una semana organizando algo que no dependía de mí totalmente. Y no sé por qué pero el universo se ha puesto de acuerdo para que pasara esta noche. Sé que tienes lo de tu amiga, pero quería darte la sorpresa. Como no conseguía contactar contigo ví que te etiquetaron en una foto en la que salía la ubicación del restaurante, así que quise venir a buscarte. Pero no quiero que te sientas obligada. A fin de cuentas tú decides lo que haces.

-Mia, ¿vienes o qué?- Fernando la llamó a lo lejos. El grupo se había detenido en la entrada del metro esperando a que la chica se despidiera.

Mia miró al grupo y giró la cabeza hacia Andrés, que la miraba con una mezcla de ilusión y lástima. La chica suspiró para sus adentros rezando por que su decisión no la metiera en más problemas.

Cuando veinte minutos después llegaron Mia no reconoció el lugar.

-¿Un spa?- dijo mientras trataba de contener la risa viendo la persiana metálica echada. -Creo que a estas horas va a ser difícil que nos den cita para un masaje.

-Lo importante no es el momento sino el modo- dijo Andrés mientras sacaba de su bolsillo un manojo de llaves.

-Pero, ¿cómo…?- Mia presenció incrédula como Andrés subía la persiana ante sus narices. El chico la invitó a pasar y según entraron volvió a cerrar la persiana tras ellos. El interior del spa estaba oscuro. Mia reconoció el olor característico de sales de baño e incienso y casi automáticamente se relajó. Mientras tanto Andrés andaba buscando algo a su derecha. Tras un chasquido, las luces de la recepción del centro se encendieron y Mia puedo apreciar el interior. Estaba decorado como un templo asiático lleno de budas y divinidades con muchos brazos. Andrés se volvió hacia ella con varias cosas en la mano.

-Bikini, toalla y chanclas. El bikini te lo puedes quedar, pero la toalla y las chanclas tienes que dármelas a la salida- seguidamente le indicó dónde estaba el vestuario femenino-. En cuanto estés lista sal por la puerta que está al final. Nos vemos allí.

Mia no terminaba de creerse que aquello estuviera pasando. En esos momentos el cumpleaños de Judith era el último de sus pensamientos. Tras quitarse la ropa y dejarla amontonada a un lado cogió el bikini que Andrés le había dado. Le quitó las etiquetas sin apenas fijarse en el traje de baño y se lo puso. Por muy sueltos que había dejado los nudos de los laterales, la braga le quedaba minúscula y apenas le tapaba nada. Mia se fijó en la etiqueta que había arrancado y se lo explicó al ver que se trataba de una talla 38. La parte de arriba en cambio le quedaba perfecta. Impaciente se enrolló la toalla alrededor del cuerpo y cruzó la puerta que le había descrito Andrés. Nada más salir se encontró en una sala decorada como un templo en ruinas con vegetación natural saliendo de las grietas de las paredes. La única iluminación procedía de las decenas de velas que Andrés se encontraba colocando en el suelo alrededor de una gigantesca piscina termal. La chica le llamó desde el otro borde.

-¿Pero qué es todo esto?

-Te dije que tenía algo especial- dijo Andrés esbozando una sonrisa de felicidad. El chico dejó la última vela y se metió en el agua-. Esta es la piscina templada, pero también tenemos la de agua fría, la de agua caliente, sauna y baño turco- enumeró. Después se acercó braceando a los pies de Mia-. ¿Entras o te vas a quedar ahí plantada hasta que se nos derritan las velas?

La chica, sabiendo que los ojos de Andrés seguían cada uno de sus pasos, dejó la toalla en uno de los colgadores de la pared y entró en la piscina lo más dignamente que la braga del bikini le permitía. El agua estaba sencillamente perfecta. Lo suficientemente caliente como para relajar todo su cuerpo pero no lo bastante como para quemarle la piel. Mia dio un par de brazadas y seguidamente rodeó a Andrés. Con el agua cubriéndola se sentía más tranquila. No tenía complejos de su cuerpo. Venía de una familia de mujeres curvilíneas y siempre se había aceptado y querido tal cual era, pero el minúsculo trozo de tela no terminaba de hacerla sentir cómoda. Andrés la miraba como si fuera un tiburón y se dispusiera a pegarle un bocado de un momento a otro.

-Ese bikini te queda genial, caramelo- dijo-. ¿Has visto que bueno soy adivinando tallas?

-En realidad te equivocaste con la parte de abajo.- Andrés estalló en carcajadas que botaron por el silencioso spa.

-Si eso es lo que quieres pensar…- dijo mientras se acercaba a ella en busca de un beso. Mia se lo dio de buena gana y le rodeó el cuello con los brazos. Andrés se zafó de ellos y la agarró mientras la giraba contra el borde. La chica se clavaba el saliente de la piscina en la tripa, pero solo podía pensar en la boca de Andrés bajando por su nuca y por su espalda. Si en un principio el agua de la piscina le había parecido agradable, en esos momentos la notaba hervir. Cuando Andrés terminó de marcarla a besos la volvió a girar apretando su cuerpo contra el de ella. Mia aprovechó para deslizar sus manos por su pecho. El agua de la piscina les llegaba un poco por debajo de los hombros, por lo que tuvo que sumergirlas. Andrés tenía los hombros anchos. No tenía los pectorales ni la tripa definida, pero, después de su experiencia con Hugo, a Mia no le importó lo más mínimo, al contrario. Le encantaba su naturalidad. Entendía que Andrés prefiriera pasarse una tarde viendo series antes que levantando pesas mecánicamente, algo que a su parecer, aportaba menos que nada. Cuando Andrés empezó a explorar el interior de su bikini, Mia empezó a hiperventilar. Aquello estaba pasando demasiado rápido y no sabía si era el calor o las manos de Andrés pero no era capaz de pensar con claridad por lo que en un destello de lucidez, frenó las manos del chico.

-Andrés… para- Él se detuvo al instante-. Es que no estoy segura, está pasando todo muy rápido.- Él la miró largamente y se apartó. Tratando de serenarse el chico se pasó las manos por la cabeza humedeciendo sus rizos. Ni siquiera el agua conseguía que se le quedara el pelo liso.

– Ojalá dejaras de pisar el freno. – Andrés se salió del agua sin que Mia pudiera detenerle y buscó algo en una mochila que había dejado en el borde del baño. Seguidamente apuntó con un mando al techo y el sonido de violines se mezclo con los vapores.- Han pasado semanas y sigues sin entender la magnitud de esto, sin hacerte una idea de todo lo que siento por ti, de que no quiero perder un solo momento de mi vida lejos de tu lado. Quiero tenerlo todo y quiero tenerlo contigo- Mia aguantaba la respiración mientras reconocía la canción que sonaba de fondo-. Te quiero, Mia- declaró Andrés mientras Steven Tyler acompañaba de fondo sus palabras con Don´t wanna miss a thing.

La chica notó como se le encogían las tripas. Tomó aire profundamente y salió del agua dirigiéndose hacia Andrés. Por el camino soltó los nudos de la braga del bikini y se quitó por la cabeza la parte de arriba.

– Dame un beso- pidió ella.

– Te daría el puto universo si me lo pidieras.

 

Baños turcos. HAMMANALANDALUS

Baños turcos. HAMMANALANDALUS

 

6 comentarios

  1. Dice ser Rosa

    Yo quiero un Andrés en mi vida…

    17 Marzo 2016 | 10:14

  2. Dice ser Melisa

    Espero que estés de broma Rosa.

    17 Marzo 2016 | 11:39

  3. Dice ser sara

    Es una pena que en el siglo XXI nos encontremos hombres como Andres.

    17 Marzo 2016 | 16:24

  4. Dice ser Pebbles

    Pues yo discrepo de Rosa…
    Yo no quiero un Andrés en mi vida ni nada que se le parezca. Yo no quiero a nadie que me quite mi espacio, no quiero a nadie que manipule mis planes, no quiero a nadie que me sienta como algo de su propiedad, no quiero a nadie que me separe de mis amigos…es decir, por mucho spa asiático sólo para mí que me ofrezca, yo no quiero un Andrés en mi vida…prefiero a alguien que me quiera de una manera menos ostentosa pero más respetuosa.
    Pobre Mía…

    17 Marzo 2016 | 22:13

  5. Dice ser público

    Infumable, sigue con lo de la ropa, esto otro que has escrito no tiene nivel para un medio de comunicación como 20minutos, esto no se lo fuman ni los amigos.
    Hay muchísimo más nivel en blogs que casi no lee nadie. Huye de quien te diga que esto es bueno, miente o no tiene criterio.

    17 Marzo 2016 | 23:06

  6. Dice ser Moni

    A mi me gusta Resiliencia…eso quiere decir que no tengo criterio sobre lo que leo?
    Mira Público, deberías ser más respetuoso con los lectores así como con los jóvenes escritores que se lanzan, con todo el respeto del mundo, a escribir en forma de relatos cortos, largos o incluso novelas
    Sabes cómo se aprende a escribir? Te lo digo, escribiendo y , principalmente, reescribendo. Y si tienes ganas y valor para hacerlo, hay que intentarlo, como te digo, reescribiendo mucho y corrigiendo mucho también y modificando una y otra vez, y otra vez y otra…Imagino que aunque la autora de este relato sea joven, debes saber que juventud no está reñida con esfuerzo, ni con responsabilidad, ni con criterio.
    Así que , por favor, respeta a los jóvenes escritores que empiezan, con miedo pero con mucho respeto, a asomarse a la ventana que la literatura nos ofrece a todos y que algunos son capaces de abrirla e introducirse en ese mundo ,totalmente mágico , de la escritura de aficionado.
    Aquí nadie está jugando a emular e imitar a Cervantes.
    Respeto Público. Como lectora te pido respeto y ,así, seguiré leyéndote encantada.

    18 Marzo 2016 | 09:04

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