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Mara viste y calza Mara viste y calza

“Algunas personas
sueñan con piscinas,
yo sueño con armarios”.
Audrey Hepburn

Resiliencia. Capítulo 12: Jugando las cartas

Cuando dos personas se encuentran pueden pasar varias cosas: todo o nada.

Y después está esta historia.

Capítulo 1: Dos semanas antes de la colisión
Capítulo 2: Una semana antes de la colisión
Capítulo 3: Un día antes de la colisión
Capítulo 4: Seis horas antes de la colisión
Capítulo 5: Colisión
Capítulo 6: 30 segundos después de la colisión
Capítulo 7: No solo los aviones vuelan
Capítulo 8: Cuesta abajo y sin frenos
Capítulo 9: Todo contigo
Capítulo 10: Lo que te mereces
Capítulo 11: No deberían hacerte llorar

Capítulo 12: Jugando las cartas

Andrés explotó la que le pareció la milésima pompa de chicle que le ayudaba a mantener el hambre a raya y se giró por enésima vez en la noche. Aunque en la parte de atrás del coche seguían huérfanas las barritas de chocolate que había comprado para Mia, no había querido ni probarlas. Masticó el chicle con parsimonia. No le resultaba fácil coger el sueño por mucho que había reclinado el asiento del conductor. Que Mia tuviera el teléfono apagado tampoco había sido de mucha ayuda a la hora de tranquilizarle. Se encontraba en un estado de ansiedad por el que no había pasado nunca. La opresión en el pecho era tan intensa que le costaba respirar con normalidad. “Mia, ¿dónde estás?”

El reloj del coche marcaba las cinco y media de la mañana. No sabía cuánto faltaba para que amaneciera pero de un rato a esa parte la oscuridad le había parecido menos intensa. El chico se removió en su asiento incómodo. Solo quería que Mia llegara para disculparse y que todo volviera a estar bien. Se arrepentía de haber reaccionado así, pero ya no sabía como llamar la atención de su novia. Le daba la sensación de que la relación no le importaba nada, y aquello le carcomía por dentro.

Por fin vio aparecer a Mia. En vez de llamarla dejó que la chica se dirigiera a su casa para averiguar dónde vivía. Encendió el coche y siguió los pasos de su novia. Ella ni se había dado cuenta de que Andrés iba escoltándola por lo que, no fue hasta que se encontró frente al portal de su edificio, que el chico le dio las luces para saludarla. Mia dio un respingo y se le cayeron las llaves al suelo. A esa distancia a Andrés no se le escapó que la chica llevaba puesta una sudadera con la que no había salido de casa. Tras recoger el llavero Mia abrió la puerta de Andrés con cara de sorpresa. Estaba claro que no esperaba encontrarle allí.

-¿Qué haces aquí?

-Te dije que me quedaría hasta que llegaras para disculparme- El tono de Andrés era tranquilo-. No cogías mis llamadas ni leías mis mensajes. Me has tenido preocupado. Sube al coche por favor, caramelo.- Mia pareció dudar, pero, tras cerrar la puerta, rodeó el morro y se sentó al lado de Andrés.

-Estoy sin batería, pero lo que me quieras decir me lo puedes decir ahora.

-¿De quién es esa sudadera?-preguntó Andrés sin poder evitarlo. Un intenso aroma a colonia masculina emanaba de ella. Mia le puso mala cara.

-¿En serio esto es lo primero que me sueltas? Es de un amigo de la fiesta. Tenía frío y me la dejó. ¿Algún problema?-saltó la chica arisca.

-No, no, ninguno. Me alegro de que alguien haya evitado que te pusieras mala por ir tan desabrigada- el chico, viendo que Mia no se inmutaba continuó hablando-. Quería decirte que lo siento. Estuvo fuera de lugar y no volverá a pasar. Simplemente me pillaste en un mal momento, pero no quería pagarlo contigo. Es que no me esperaba que reaccionaras así con lo de la pintada en tu facultad. Únicamente quería hacerte sentir especial, Mia. En eso se basa ahora mi existencia. Solo quiero que conmigo sientas que estás dentro de una película.

Casi pudo notar cómo sus palabras conseguían el efecto deseado en Mia. La chica abrió los brazos y le envolvió en ellos. Andrés la rodeó con los suyos.

-Te quiero, caramelo.

-Yo también te quiero, chico de las coberturas- dijo Mia mientras hundía la cabeza en su pecho. Andrés la separó mirándola incrédulo.

-Es la primera vez que me lo dices- el chico la besó intensamente. Aquel era sin duda uno de los momentos más felices de su vida. Mia se separó esbozando una sonrisa.

-Alguna vez tenía que pasar, ¿no?- Al momento su gesto se tornó algo más serio- Aunque hay algo que te tengo que contar, no tiene la más mínima importancia, pero es mejor que lo sepas.

Andrés aguardó mientras notaba crecer un nudo en su estómago. No se le ocurría que podía querer contarle la chica.

-Después de leer uno de tus mensajes en casa de Fer, me vine abajo y me estuvo consolando. Yo estaba bastante afectada por lo que había pasado entre nosotros y él se mostró muy comprensivo conmigo.- Andrés notaba cómo la chica empezaba a irse por las ramas y presintió lo que se avecinaba a continuación.- Hubo un momento en el que nos quedamos muy cerca el uno del otro y…nos besamos.- Andrés contuvo el aliento. En ese momento el mundo para él había dejado de girar.-

-Fue una gilipollez- continuó Mia rápidamente viendo cómo se ensombrecía el gesto de su novio.- No tuvo ninguna importancia para mí, pero quería que lo supieras.

El nudo que se había formado en el estómago de Andrés se extendía ahora por todo su cuerpo junto a una agria sensación de odio que devoraba todo a su paso.

-Andrés, di algo.-Mia no parecía preocupada, como si para ella el tema no tuviera la más mínima importancia. Andrés, que hasta un minuto antes se encontraba masticando chicle rápidamente presa de los nervios, detuvo sus mordidas. Introdujo dos dedos en su boca y se sacó la bolita de goma húmeda. Los ojos de Mia le miraban como si le estuviera loco de atar. Aún no había visto nada.

Sin romper el contacto visual con su novia, alzó el brazo y pegó el chicle en la frente de la chica presionando con fuerza para que no se cayera. Mia, sin creerse lo que Andrés acababa de hacer se llevó la mano a la frente para quitárselo.

-Ni se te ocurra.-Siseó Andrés. Seguidamente cerró los seguros de las puertas de manera que Mia no pudiera salir del coche y haciendo caso omiso de las voces de la chica, arrancó el motor.

Después de media hora de viaje en silencio, Andrés detuvo el coche en una calle desangelada.

-Bájate del coche.-dijo sin mirar a Mia.

La chica sin mediar palabra, abrió la puerta y salió. Nada más bajarse, tiró el chicle que todavía llevaba pegado en la frente.

Andrés la vio mirando de un lado a otro buscando alguna indicación. El chico estaba tranquilo, tenía claro que Mia no tenía ni la más remota idea de dónde se encontraba y, si la chica quería volver a su casa, iba a tener que negociar con él. Por un momento los celos de imaginársela con otro, le abrasaron por dentro, pero no dejó que le dominaran, a fin de cuentas aquello había sido una niñería. Una niñería que le haría pagar cara. Tenía que actuar con sangre fría si no quería perderla.

Andrés arrancó el motor y pisó el acelerador hasta el fondo. Mia echó a correr detrás del coche que no tardó en dejarla atrás. Viendo como la silueta de la chica se hacía cada vez más pequeña en el retrovisor decidió dar un pequeño paseo. Con el móvil sin batería, sabía que Mia no podría orientarse y la parada de autobús más cercana estaba a veinte minutos largos a pie. Sí, seguramente estaría en el mismo sitio donde la habría dejado. Tras un rato dio la vuelta, pero la chica no se encontraba en el lugar donde debería.

Recorrió la calle hasta el final, pero Mia seguía sin aparecer. Manteniendo la calma empezó a circular por las calles paralelas. No podía haber ido muy lejos. Cuando la encontró, ella caminaba decidida a unas diez manzanas de donde la había dejado en un principio. Redujo la velocidad y bajó la ventanilla del copiloto.

-¿Quieres que te lleve a casa?- La chica apretó el paso sin dirigirle la mirada.- Que si quieres que te lleve a casa o prefieres seguir dando vueltas hasta que alguien poco recomendable se tope contigo- La chica pareció recular-. No seas cabezota y sube.

Mia se subió sin mirarle. Andrés sacó de la guantera un adaptador universal y lo enchufó en un puerto USB del coche.

-Enchufa el móvil y escríbele a tus padres, que estarán preocupados. Diles que vas a desayunar con tus amigos.

Mia no replicó y esperó a que el teléfono se iluminara. Tampoco es que la chica tuviera muchas más alternativas.

-Y ahora tú y yo vamos a hablar claro.-Andrés aparcó el coche donde un rato antes había hecho que la chica se bajara.- Eres una novia pésima, una niñata inmadura. Me río de tu relación con tu exnovio porque tú no sabes lo que es estar en una relación. Eres caprichosa, orgullosa y cabezona. Cuando necesito que me demuestres tus sentimientos nunca lo haces porque siempre pones tu puto culo por delante de todo. Esto que has hecho hoy solo demuestra la mierda de persona que eres-Andrés tomó aire.-. Pero aún así te quiero. Te quiero de una manera que no te puedes ni imaginar y estoy dispuesto a pasar por encima de todo este tiempo en el que te has portado conmigo como si fuera una puta basura. Estoy dispuesto a olvidarme de todo si me prometes cambiar. Pero tiene que ser un cambio real, tienes que demostrarme cada día que me quieres y hacer lo que yo te pida sin cuestionarme nunca nada. A cambio de eso, me tendrás a mí. Todo, solo tuyo y para siempre.

El chico terminó de hablar y miró a Mia. La chica miraba al suelo fijamente. Andrés la cogió de la barbilla y, alzando su cara, se enfrentó a sus ojos castaños. Los ojos de la chica amenazaban con lluvia de lágrimas.

-¿Qué me dices?

-Está bien- dijo ella tratando de aguantar el tipo-. Me esforzaré en demostrarte que te quiero.

Andrés asintió satisfecho.

-Lo primero de todo es que quiero que me la chupes.

Lo había soltado a bocajarro y la chica le miró incrédula.

-¿Cómo?

-Si me la chupas me vas a hacer sentir mejor, y es lo que necesito ahora mismo. Sentirme mejor después de la nochecita de mierda que me has hecho pasar, así que venga.- Andrés se bajó la bragueta.

Mia, con lágrimas en los ojos, se inclinó hacia la cintura del chico tratando de recordarse que todas las grandes historias de amor tenían algo de drama. Andrés mientras tanto se acomodó y dejó que Mia le relajara con la lengua. Puede que la chica no lo supiera todavía, pero, sin buscarlo, había dado con la clave para controlar a su rebelde novia, solo tenía que jugar bien sus cartas.

2 comentarios

  1. Dice ser Aurora

    ¿Felices, los “felices”?

    11 Abril 2016 | 08:49

  2. Dice ser Noe

    Estoy impaciente por leer el proximo

    11 Abril 2016 | 21:03

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