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Mara viste y calza Mara viste y calza

“Algunas personas
sueñan con piscinas,
yo sueño con armarios”.
Audrey Hepburn

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¿Lista para pasarte al plástico? Tu armario sí

Admitámoslo, tú también viviste la fiebre de los paraguas transparentes. Hasta Berto Romero lo sacó en Me lo tiro, su videoclip de 2011 para Buenafuente.

ZARA

Ahora, 7 años más tarde, el furor por el vinilo ha vuelto. No sé si para quedarse, que más que posiblemente no, ya que las modas nos duran lo mismo que una tableta de chocolate abierta en la despensa, pero al menos para que la disfrutemos esta temporada.

Lo de experimentar con plástico no es nuevo, ya en los 60 los diseñadores hacían sus pinitos, pero es algo que ha vuelto a los escaparates y que, por mucho que intentemos resistirnos, nos encanta.

El vinilo mola porque en primer lugar es barato. Ninguna tienda te lo va a cobrar a precio de bitcoin, no como ciertos bordados (ejem, ejem). Nos gusta porque va con todo y por tanto te lo puedes poner en cualquier momento y lugar. Da lo mismo que vayas a clase que a comprar naranjas al supermercado porque te has quedado sin fruta, apaña en todos los ambientes.

La parte mala, sí queridos, parecía maravillosa pero es una tendencia con luces y sombras, es que genera en nuestra piel un efecto invernadero digno de la atmósfera terrestre. Atentos porque os hablé de ello aquí (del sudor por el plástico, no de la atfósfera del planeta)

MANGO

BERSHKA

STRADIVARIUS/FOREVER 21

Obviamente como la tendencia no es muy factible para llevar en prendas cercanas a la piel (por mucho que le hagan agujeros para ventilar) es ideal para complementos. ¿Te apuntas al plástico?

Cabezas cortadas, pollos de goma o palomitas: las cosas más raras de esta edición de la Semana de la Moda

Soy clásica. He tenido que seguir esta edición de la Fashion Week para darme cuenta de ello ya que no he entendido ni la mitad de las supuestas inspiraciones de muchos diseñadores.

Original para unos, de mal gusto para otros y una completa aberración extraña que me ha hecho sentir confusa, incómoda y rara de narices a partes iguales. Pero, ¿qué es lo que ha pasado para que me encuentre tan alterada?

  1. La pasarela de Gucci de moderna se pasó tres pueblos ya que presentó su colección acompañada de figuras de silicona artesanas hechas por el laboratorio Makinarium de Roma. Serpientes, camaleones, dragones y cabezas idénticas a las de algunos modelos. Fijaos si ha sido llamativo que hasta Giorgio Armani, a sus 83 años, declaró al diario italiano Il Sole que él no está para estos trotes con la moda. Si no todavía no te parece escalofriante es que no has visto el vídeo del desfile.

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  2. Las pelucas vaginales de pelo falso del desfile de Kaimin también rozan lo bizarro. Aunque la idea del show era difundir un mensaje bodypositive y sobre todo recordarnos que el pelo en ese lugar tiene una función concreta, ¿alguien se ve saliendo a la calle con un triángulo de pelos pegados al pubis (que además deberá estar adecuadamente rasurado para que se pegue en condiciones)? Next.

    ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ KAIMIN 18FW: "Oriental Garden – Utopian Discord” ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ LOOK 16 @princessgollum photographed by @hellemoos ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ Helping to realize KAIMIN’s concept on the runway were @ryburk, leading the makeup artists of @kreativekommune, and the hair stylists from @premahair, led by @daledela in collaboration with @charlielemindu, using @anti.collective hair products. ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ Overall stylistic concept of the show's looks was directed by @kurt__johnson Stylist @jessicabobince ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ Live musical performance by @ianisiah Artistic visual direction by @jon_jacobsen Live conceptual synthesizer composition by @gavinrayna (@lcdsoundsystem) ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ Special thanks to @chrishabana @myenemyjewelry @kiragoodeyfootwear and to everyone who supported the show ❤️ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ #kaiminfashion #kaimin #kaiminofficial #nyfw #nyfw2018 #OrientalGarden #UtopianDiscord

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  3. Las palomitas cubrieron la pasarela por la que desfilaron las modelos de Calvin Klein en Nueva York, y así como estéticamente tenía un sentido ya que la colección cuadraba perfectamente en un día de nieve, el gasto era casi ofensivo. Palomitas por el suelo pisadas, y por tanto, imposibles de aprovechar, en un desfile de una marca de renombre con la cantidad de gente que está viviendo hambrunas. Muy elegante. Y eso sin contar la de zapatos de asistentes que quedaron llenos de maíz.

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  4. Los alumnos de Central Saint Martins, la escuela londinense de diseño de moda, siempre suelen sorprender y esta vez no ha sido la excepción. Entre el vestido/piscina hinchable, los zapatos con la cara de Donald Trump y los pollos de goma a modo de tocado hacen que me pregunte en qué momento la moda se convirtió en un arte irreverente (pero arte a fin de cuentas).

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  5. La bolsa de plástico de casi 600 dólares que propuso Céline en el último desfile. Bolsa. De Plástico. De casi 600 dólares. Y a mí que me parece caro cuando me cobran 10 céntimos por la del supermercado.

  6. En el desfile de Chromat de la Semana de la Moda de Nueva York, varias modelos desfilaron comiendo Cheetos directamente de la bolsa. Igual que tú cuando estás viendo una película un domingo por la tarde solo que ellas, a diferencia de tu pijama, con ropa de cientos de dólares (tenéis el vídeo en la segunda imagen). La modelo le pega un bocado con tanto glamour que en vez de un Cheeto cualquiera diría que está degustando huevas de esturión.

  7. Por último, y también desconcertante aunque de una manera positiva, por primera vez en sus 91 años la reina Isabel II se presentó a la Semana de la Moda de Londres. El elegido fue Richard Quinn, ganador premio Queen Elizabeth II para el diseño británico por el British Fashion Council. Y, ¿dónde se iba a sentar la reina de Inglaterra que no desentonara? Junto a la editora de Vogue, Anna Wintour o, como la conocemos en mi casa, mi ‘ídola’. Vamos, que si me dejaran elegir al lado de quien me podría sentar, el asiento junto a la reina iba a estar vacío.

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Pendientes largos para el día y la noche: manual de uso y disfrute

No soy de pendientes, por no ser, no soy de ningún tipo de joya (ni siquiera de las de bisutería que cuesten dos euros) que pueda perder, olvidar o que se me pueda caer. Soy de esas mujeres que se agobian con accesorios y sin embargo, de un tiempo a esta parte, estoy empezando a reconciliarme con los pendientes.

No solo he perdido mi miedo irracional a que se me enganchen en algún lado y me rajen toda la oreja por el lóbulo (sí, pienso en esas cosas) sino que empiezo a verme con ellos puestos sin sentirme una señora, que es lo que pensaba que me harían parecer.

MARA MARIÑO con pendientes largos (algo nunca visto hasta ahora)

Mi madre, que me ha enseñado que en esta vida hay que ser apañada, me inspiró para que me lanzara a llevarlos en un estilismo de diario con un jersey y unos vaqueros (eso y que sino me los iba a poner menos que nada). Pensaba que quedaría raro pero, como veis, son unos pendientes que apañan para ambos momentos del día.

Combinarlos con el resto del armario, especialmente con prendas lisas que no distraigan con estampados, ya que sino robarían la atención, es una manera de aprovechar el retorno de los pendientes gigantes (algo de lo que os hablé aquí) y terminar amortizándolos.

H&M

A la hora de ponernos los pendientes también debemos tener en cuenta el peinado, ya que llevar el pelo suelto tapa el accesorio, y no tiene mucho sentido ponérselos si no se van a ver. Para eso los dejamos en casa y vamos con la oreja tan cual.

Lo ideal es llevar el pelo recogido para que acompañen la forma del cuello, pero si no terminas de verte con coleta todo el día (como es mi caso por ejemplo que solo me lo recojo para hacer ejercicio) puedes optar por llevar el pelo totalmente liso detrás de la oreja.

Gal Gadot quiere que nos despidamos de los tacones

A dónde vas, Gal Gadot, a dónde vas. Que te veo pisar las alfombras de las promociones de tu película en zapatos planos y me asusto de tanta naturalidad.

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A dónde vas poniéndote vestidos con bailarinas, sandalias o zapatos cerrados (todos planos), a dónde vas por la vida sin tacones.

Espera, yo te lo digo, vas más lejos (física, no metafóricamente) que otras que sí los llevan, porque tu velocidad al andar no depende del escaso apoyo que nos brinda el tacón de un centímetro cuadrado de unos stilettos.

Vas feliz, cómoda y tranquila, porque como tú misma dices “Los stilettos, nos desequilibran. Podemos caernos en cualquier momento. No son buenos para nuestra espalda. ¿Por qué lo hacemos?”

Quiero crear una tendencia de ir a las alfombras rojas de plano” y a mí que me encanta y yo que te secundo, y te admiro y te alabo y te aplaudo porque olé tú y tus pies libres de juanetes o callos que nos producen los zapatos altos.

En 2015 varias invitadas fueron expulsadas de la alfombra roja de Cannes por ir con sandalias, en 2016 Julia Roberts acudió al festival descalza como protesta y en 2017 tenemos a Gadot como embajadora.

“¡Llevemos zapato plano!” clama la actriz en las alfombras. Aunque por exigencias del guión deba llevarlos en la pantalla, fuera de ella reivindica la comodidad y salud. Y sus pies, y los de otras mujeres que se animen a dejar los tacones de lado a raíz de verla, que se lo agradecen.

Reventando la talla 36

Recuerdo la revisión médica que nos hacían en el colegio, poco más que controlarnos la vista, auscultarnos, y, lo más importante, pesarnos. Ese era el momento en el que nos subíamos a la báscula y esperábamos el veredicto aguantando la respiración (que por aquel entonces la cifra no solía superar los 40 kilos). Recuerdo que compartíamos los pesos con orgullo o con recelo y que incluso había compañeras delgadas que pedían al médico que no lo dijera en alto. Porque a nuestros 8, 9, 10 u 11 años los kilos ya eran una cuestión de peso.

Salían los números y enseguida eras tachada por los típicos cabrones (y cabronas) que se apresuraban a señalar aquello que se convertiría en tu mote hasta el fin de los tiempos ya fuera por peso, pelos, granos, gafas o no tener pecho.

Más adelante, en la adolescencia, no era el número de la báscula que nos arrojaba el médico, sino el de la etiqueta del pantalón el que nos importaba. ¿Adivináis cuál? El mismo que es para muchos una frontera, el 36.

La talla 36 se ha convertido en una especie de nota de corte a la hora de pensar en la belleza: o lo tienes y perteneces al club, o no lo tienes y estás fuera. Directamente fuera. Hemos convertido el número en una referencia universal para todo.

Yo, que hasta hace unos años usaba la talla 36, también sentía la presión de encajar en esa medida que parecía la apropiada, la correcta. Además del cambio de madurez que todos experimentamos desde que entramos hasta que salimos de la universidad, empecé a aficionarme por el fitness, por un estilo de vida saludable, por correr, por cargar peso y tener que soltarlo exhausta, por las agujetas de los dos días siguientes. Mi cuerpo cambió conmigo: crecieron partes como los brazos, el culo y las piernas y encogieron otras, como las tetas. Pasé de llevar una vida de persona adicta a ver series tirada en la cama a persona que ve series, sale a correr o entrena una hora al día.

Esta semana, probándome los últimos vaqueros que me quedan de la talla 36 (los otros han ido quedándose atascados a la mitad de los muslos cada vez que intentaba ponérmelos), en un giro reventaron, estallaron, se rindieron, colapsaron. Confirmaron que no estoy hecha ya para la talla 36, y os diré algo, nunca me ha importado menos el número que visto y nunca me he visto mejor con una talla 40 italiana.

De hecho prefiero preocuparme por otros números como la nota de mis ejercicios de clase, la de veces que mi pareja me dice “te quiero”, los años que estoy a una decena de días de cumplir, los kilómetros que me separan de darle un abrazo a mi hermano, el precio de los libros en inglés de la tienda que está cerca del Duomo, el peso que levanto o los minutos que tardo en derretir chocolate en el microondas por poner unos ejemplos.

La hija de Michael Jackson y su flirteo con la moda

Seguramente recordarás a Paris Jackson como esa niña enternecedora de la que todos nos compadecimos que lloraba delante del micrófono en el funeral de su padre. Los años han pasado y la hija del rey del pop, que se dedicara a lo que se dedicase iba a estar en el punto de mira por ser descendiente de quien es, ha decidido abrirse camino en el mundo de la moda.

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Dejando a un lado su pasmoso parecido con Madonna de joven (y si no atentos a la foto de más abajo), la hija de Michael Jackson forma parte ahora de IMG Models, una agencia en la que se codeará con compañeras como Gisele Bündchen, Alessandra Ambrossio o Gigi Hadid, casi nada vamos.

Poco antes del fichaje estrella de la temporada, la habíamos visto en la alfombra roja de los Grammy y sentada en el front row de varios desfiles de la Semana de la Moda parisina.

thank you @imgmodels i feel very lucky and blessed

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Sus señas de identidad además de sus ojos azules son su amor por los tatuajes y pendientes, sin olvidar su corte de pelo original, lo que la convierten en un perfil diferente dentro de las figuras convencionales de las agencias de modelos.

Aunque la exposición pública profesional no le va a pillar de nuevas -Paris Jackson ha debutado como actriz en un capítulo de la serie Star- al igual que Selena Gómez, lidia en ocasiones con la presión de las redes sociales y ha cerrado sus cuentas en varias ocasiones.

Y aunque joven y nueva en el sector, tiene las cosas claras: “No todo el mundo está feliz con lo que haces. Si tú no estás feliz con lo que haces, eso es un problema. Pero si tú estás feliz, ¿a quién le importa?” (EOnline.com en la edición aniversario de la revista Harper’s Bazaar). No puedo esperar a que su trabajo me sorprenda.

@jeanpaulgoudeofficial @harpersbazaarus @glendabailey

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La moda de los abrigos que no abrigan

“Un abrigo camel” fue una de mis peticiones para los Reyes Magos de este año. “Pero que abrigue de verdad” le insistí a mi madre (como si realmente hiciera falta hacerle hincapié a una madre en eso).

Así dio comienzo una travesía casi tan larga como la que tuvo que emprender Frodo hacia el Monte del Destino. La diferencia es que mientras que él iba de un lado a otro sufriendo los efectos del anillo yo iba de tienda en tienda exasperándome cada vez más según dejaba los abrigos de nuevo en los percheros.

Al principio tenía que probármelos para comprobar si abrigaban o no, pero según fui volviéndome asidua en los Zaras, H&M´s, Pull & Bears, Bimba y Lolas, Stradivarius o Lefties de todo Madrid acabé desarrollando la capacidad de saber si una prenda abrigaba o no por el tacto.

Enganchaba la manga entre los dedos, la frotaba contra sí misma comprobando su grosor y volvía a dónde mi madre a darle la mala nueva: “Es precioso, pero no abriga“. Y así con todos.

Me llamó la atención que en pleno mes de enero, los abrigos a la venta fueran poco más gruesos que algunas chaquetas del armario y ya ni os hablo de los que están compuestos de fibra en su mayor parte. He intentado que los científicos de Harvard den respuesta a esta gran incongruencia pero es tal la confusión que les ha producido que se han rendido ante la dificultad del problema.

No sé si es que por primera vez voy a un lugar frío o que soy más consciente del valor de las cosas, de la calidad y de lo que cuesta ganar dinero que cuestan, pero ni uno solo de las decenas de abrigos que toqué me convenció.

La verdad es que NO entiendo el sentido de todo esto. ¿Para qué vender abrigos que no abrigan en invierno? Me refiero, si los sacan en entretiempo puede tener algo de lógica, pero no para cuando estamos enfrentándonos a las mínimas temperaturas del año.

Así que por favor, dueños de tiendas low cost, sed sinceros, ¿qué pretendéis con esto? ¿Es un acuerdo con las farmacéuticas para que pasemos resfriados todo el invierno controlándonos con medicamentos o para que nos veamos obligados a comprar el doble de jerséis y chaquetas para ponernos por debajo de unos abrigos finos como el papel de fumar?

No quiero un plumas que me haga parecer un muñeco Michelín ni un abrigo térmico ultra especializado de la muerte por el que tenga que gastarme 200 euros. Quiero un abrigo bonito que abrigue. Y no me parece pedir tanto.

El escandaloso vestido de Chrissy Teigen que dañó mental y físicamente

Nadie, y repito, absolutamente nadie recuerda el paso de John Legend por los American Music Awards de este año, y es que su mujer, la modelo Chrissy Teigen acaparó la atención con su diseño de Yousef Akbar.

Siendo 100% sincera, lo que acaparó la atención fue la abertura del vestido que de no ser por un imperdible le habría llegado a la axila. La modelo ya lo advertía en su cuenta de Twitter, que se había depilado por encima de las rodillas porque podía ser un gran día. La depilación, láser por lo visto según aclaró posteriormente, llegó hasta la zona genital ya que a pesar de lo cuidadosa que fue a la hora de moverse con el vestido, un fotógrafo cazó de pasada el interior de la raja (de la falda) y zasca, escándalo al canto.

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Mientras que las críticas florecieron en las redes como zombies en The Walking Dead,  hubo incluso quien le recriminó que aquello no era “comportarse como una dama”. Eh, ¿perdón? Estamos en 2016, esos comentarios se quedaron en 1940. Pero como a Chrissy le importaba bastante poco la polémica que se había creado en torno al modelito, le respondió divertida que si algo había dejado claro fue que era una dama.

En mi caso, y hablo también poniendo como ejemplo a amigas mías, la ropa interior no es del todo imprescindible. Ya fuera por cuestión de comodidad o porque el diseño no permitía que se me disimularan las bragas, las he dejado alguna vez en casa. Y ya de paso también el sujetador, por lo que he ido “marcando” o desbragada sin sentirme menos “dama”.

Francamente lo que a mí me parece una vergüenza es que las criticas que recibió por ese despiste captado por un fotógrafo avispado le hicieran sentir lo bastante presionada como para llegar al punto se disculparse en su cuenta personal de Instagram por, y cito textualmente, “los que fueron dañados mental o físicamente por mi hooha“.

En primer lugar, cuando eliges ese tipo de vestido, sabes a lo que te expones. Es como cuando vas a una boda con un escote de palabra de honor o cuando llevas una falda corta y subes unas escaleras. Puede que no te haga mucha gracia pero asumes con toda la naturalidad que puedes acabar enseñando algo y ‘palante’.

En segundo lugar, vivimos en un mundo con empresas que superan constantemente los límites de emisiones de dióxido de carbono, en el que una mujer muere asesinada cada día, en el que la corrupción se practica impunemente, en el que acaecen atentados terroristas un mes sí y otro también (y estos solo son unos ejemplos); por lo que me parece un poco fuerte que una persona tenga que disculparse porque le cazaran un plano en el que se le veía ligeramente el asunto, que a fin de cuentas es algo de su propio cuerpo.

Por último, me gustaría señalar que todos, TODOS, tenemos genitales y en algún momento, los hemos mostrado sin querer, ya fuera haciendo pis en algún sitio público (no vayáis de dignos, que todos lo hemos hecho), en la playa víctimas de alguna ola traicionera o bajándonos del coche cuando llevamos falda corta.

Sí, el tema del vestido de Chrissy Teigen es una vergüenza, pero no por ella, sino por el hecho de que sigamos escandalizándonos por un cuerpo y no por otras cosas que son realmente inmorales.

Réquiem por los vaqueros favoritos

(Suena Lacrimosa de Mozart mientras cruzo la que será nuestra última mirada. Se me hace un nudo en el estómago solo de pensar en su pérdida. Siempre se van cuando menos te lo esperas, en el momento más inoportuno. Piensas que van a estar ahí en todo momento y de repente tienes que aprender a vivir sin ellos, sin tus vaqueros favoritos)

Recuerdo la primera vez que os vi, en medio de una torre de pantalones. No sospechaba lo importantes que seríais para mí un día. No podía imaginar la de momentos juntos que nos esperaban por delante.

Cuando os llevé al probador y os abroché en mi cintura sucedió la magia. Supe que estábamos destinados por cómo os amoldábais a cada centímetro de mi cuerpo: tobillos al aire, pernera ajustada, oscuros en la parte de los muslos y con bolsillos que disimulaban el culo. Joder… erais perfectos.

No había un momento en el que no encajarais, lo mismo os sacaba en verano que en invierno (bien es verdad que con altas temperaturas algo menos). Agradecíais sandalias, botas, botines, zapatillas y hasta las pantuflas de andar por casa si me hubiera puesto a ello. La de clases en la universidad que habremos pasado juntos, la de tardes de cervezas, la de fiestas…

Erais aquellos siempre fieles que nunca cambiabais después de pasar por la lavadora. Si bien otros salían más tirantes vosotros me sentabais como siempre.

No sé si fue el tiempo juntos, el excesivo uso, vuestra composición o a qué factor le debo el luto que llevo hoy conmigo, pero aún me duele el “crack” del desgarro que os inhabilitó por completo. Miré la abertura sin llegar a creérmelo. No. Que se lleven mis americanas, sudaderas, vestidos, faldas… cualquiera, pero no a ti. No a ti que siempre que te pongo me siento yo misma y me veo estupenda.

Toca mirar hacia delante, quedarme con los buenos recuerdos y con las fotos en redes sociales que tenemos juntos y buscar un par que te sustituya, o, por lo menos, que lo intente.

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Vaqueros favoritos, Madrid (febrero de 2012-octubre 2016)

Los hombres también tienen derecho a ser conquistados

Tú, sí tú, que eres el último en salir de la discoteca cuando ya han encendido las luces, que te pasas el día jugando a los videojuegos, que te chifla el baloncesto, que te encanta el gimnasio, que eres más de bar, que tocas la guitarra en una banda con amigos, que sigues doscientas series americanas, que eres un purista del cine japonés, o que no eres ninguno de los anteriores, te escribo a ti y a todos ellos.

GREEN WEDDING SHOES

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Te escribo porque tienes derecho a ser conquistado. No digo que haya obligación, digo que tienes derecho a que te hagan sentir especial. Tienes derecho a encontrarte una persona que te ponga la luna como lámpara de noche. Tienes ese derecho porque vales, porque eres diferente, porque eres único. Porque tú, que te conoces mejor que nadie, sabes que quieres a alguien a tu lado capaz de ver todo lo que llevas por dentro pero que disfrute de las gilipolleces que haces por fuera.

Tienes derecho a ser conquistado. A que peleen por ti con uñas y dientes. A que se disculpen si la han cagado. A que te vayan detrás si te vas porque te han hecho daño. Tienes derecho a que te hagan sentir el único en el mundo, que no es algo exclusivo para nosotras. A que te miren como Angelina miraba a Brad cuando parecía que sería para siempre. A que tengan detalles, sorpresas, a que te emocionen, a que te pongan el pulso a diez mil… A que cada día te ganen por poquito que sea. Tienes derecho a que te traten, ni más ni menos, como te mereces. A que, después de media hora vistiéndote, ella aprecie que te has puesto guapo, que llevas la barba bien afeitada, que te has cortado el pelo como ese jugador de fútbol que tanto te encanta y que te queda casi mejor que a él.

Tienes derecho a todo, desde un simple “Buenos días” por Whatsapp a un regalo inolvidable de aniversario. Tienes derecho a que no te dejen escapar porque saben lo que se perderían si lo hicieran. Tienes derecho a que te cuiden, a que te protejan, a que respeten que si tienes que estudiar, estar con los amigos, hacer deporte o, sencillamente, quedarte en casa rascándote la barriga, puedas hacerlo.

Porque tienes derecho a velas encendidas para esas ocasiones en las que no es solo sexo, derecho a que te inviten a cenar, a que te regalen bombones porque a vosotros también os gusta el chocolate. Tienes derecho a que se tengan en cuenta tus gustos y que ella, de vez en cuando, también ceda para poder hacer planes en los que compartirlos.

Y si estás con alguien que no lo ve así, que considera que todo esto es cosa tuya por ser “el hombre de la relación” piénsalo, porque, te digo yo que tú también tienes todo el derecho del mundo a ser conquistado.

Estar en pareja hoy en día no se trata solo de igualdad, sino de equidad.