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Mara viste y calza Mara viste y calza

“Algunas personas
sueñan con piscinas,
yo sueño con armarios”.
Audrey Hepburn

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¿Conoces el truco de maquillaje de Rihanna?

Voy a ser sincera, Rihanna me empezó a gustar en el momento que nos invitó a refugiarnos de la lluvia bajo su umbrella, pero desde el lanzamiento de su línea de maquillaje ha alcanzado otro nivel. Canta, baila, tiene una línea de lencería para todas las tallas y sus cosméticos tienen nombres tan reivindicativos como Cuz I´m Black.

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Y como buena seguidora suya, no me perdí la masterclass de maquillaje que dio en Instagram.

La cantante aprovechó los mini vídeos de la red social para compartir un tutorial en el que utilizaba una de sus paletas de sombras de ojos y que hace que realmente sienta la necesidad de hacerme con una de 16 sombras por lo menos (aunque luego, conociéndome, solo usaría tres de ellas)

@BADGALRIRI

Para destacar sus ojos verdes (tomad nota aquellas que tengáis el iris de ese color) eligió un maquillaje ahumado en tonos marrones claros y oscuros que se convertía en dorado según se acercaba al lacrimal.

Pero el toque, EL TOQUE (con mayúsculas), fue el brillo extra de los labios que la de Barbados logró con una barra de iluminador dejando como resultado final el matiz dorado que podéis apreciar en la foto de la derecha.

@BADGALRIRI

Y ahora es cuando me decís “Pero Mara, de los 103830 iluminadores que tengo por casa, justo uno en barra como el de Rihanna me falta, ¿qué hago?”

No hay problema, si lo tienes en polvo puedes hacer un apaño tan sencillo como untarte el dedo en iluminador haciendo círculos y luego aplicarlo sobre los labios dando ligeros toquecitos.

Puede que no sea tan cómodo como utilizar una barra y que el resultado no quede tan homogéneo, pero como lo que importa es que queden los labios con ese toque dorado, nos sirve para salir del paso y sentirnos un poco bad girls.

Si el pelo largo es de chicas, ¿el pelo corto es de los bulldogs?

Hace unos años, mi abuelo le dijo a mi hermano que se cortara el pelo, que parecía una niña. Pese a tener ya 80 años (mi abuelo, claro, no mi hermano), y aunque por lo general, tenía una mentalidad muy abierta para alguien de su generación, se le notaba la educación.

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Como os decía, puedo llegar a comprenderlo, que no a compartirlo. Porque además, lo grave del asunto no es que se diga “Córtate el pelo largo porque pareces un desgreñado”, se dice “Porque pareces una chica”, como si que un hombre se parezca a una mujer fuera algo malo.

Y que encima hoy en día, y personas “jóvenes”, sigan pensando de esta manera, es lo que realmente me preocupa.

Quería reflexionar sobre este tema porque los hijos de la actriz Megan Fox sufrieron este tipo de comentarios vía online por la foto que compartió su madre en Instagram.

“Son muy monos, pero Meghan el pelo, por favor, es importante para los niños” decía una usuaria.

Babes

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“Los niños no siempre saben lo que quieren. Les puede gustar algo y a los dos minutos querer otra cosa. Es nuestro trabajo guiarles correctamente y dejarles ser ellos mismos cuando sean lo bastante mayores para tomar sus propias decisiones”.

“Esfuérzate por no confundirles así en el futuro ellos sabrán realmente qué quieren ser porque tendrán una definición clara de todas las cosas. Pero por ahora, si es un chico es un chico, si es una chica es una chica” decían otros en la red social. Algunas opiniones, incluso, venían de mujeres que declaraban saber bien de lo que hablaban por ser madres de dos o tres hijos.

Bastante malo es que madres (o quien sea) se dediquen a juzgar a otras madres por su manera de criar a los hijos y que además se dé el hecho añadido de que se mantenga esa idea tan estereotipada.

A mi abuelo no le dio tiempo a desaprender aquello que le habían enseñado de que el pelo corto es para hombres y el largo solo lo llevan las mujeres. Y digo “desaprender” porque lo que tiene crecer en una sociedad machista es que cuando identificas este tipo de comentarios, que no son otra cosa que una discriminación, como si “parecerse a una mujer” por llevar el pelo largo fuera algo malo, darse cuenta y rectificar es de gente sabia.

No pudo desaprenderlo, pero quienes leéis esto sí que estáis a tiempo de hacerlo.

La tendencia que llevó tu madre en los 80 (y vas a querer copiarle)

Hay muchas cosas para las que la vida no te prepara: cuando te subes a una montaña rusa y no tienes ni la menor idea de cómo va a reaccionar tu cuerpo a la caída, cuando te cortas el flequillo por primera vez o el estrés que sientes cuando te presentas a Selectividad.

YOUTUBE

Pero la vida tampoco nos había preparado para el retorno de los trajes de baño de tiro alto, esos que nuestras madres lucían cuando eran jóvenes antes de pasarse a anchuras más cómodas.

Yo tenía alguna experiencia con el asunto, ya que tengo un bañador de los 80 de mi madre que uso como body y tiene el corte de la ingle casi por la axila. Lo que no esperaba es que se terminaría convirtiendo en tendencia en ese caldo de cultivo que es Instagram.

Sin embargo, ha sucedido, estamos viviendo la peor pesadilla de las que amamos los tiros bajos y el sueño de las marcas de depilación que ya se están frotando las manos pensando en lo mucho que se tienen que depilar las ingles (a no ser que quieras llevarlo con toda la selva saliéndose por los lados, que es una decisión totalmente respetable y de cada una).

Wearing my fav sold out Fes suit || More 👙in my bio

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A favor tengo que decir que ese tipo de corte alarga las piernas y nos hace un efecto cigüeña maravilloso.

El gran motivo en contra a llevarlo es la higiene íntima. Lo sé, no quieres oír hablar del tema porque es mencionarlo y te entran picores (como cuando alguien suelta la palabra “piojos”), pero alguien tenía que decirlo.

Al haber tan poquita tela entre nuestra maravillosa zona personal, corremos el riesgo de coger cuanta bacteria haya allá donde nos sentemos si se nos mueve un poco la tela.

Así que si lo llevas, hazlo tranquilamente, pero ten precaución con los sitios en los que vayas a plantar las posaderas.

Que seguir las tendencias está muy bien, pero ahorrarte una infección está mejor.

💫

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El escupitajo con sabor a feminismo

Dichoso feminismo. Cómo me ha cambiado la vida. Es que ya no hay manera de disfrutar tranquilamente de los piropos callejeros.

DIANINA XL/MARA MARIÑO

Ya no puedo perderme en las licencias poéticas de aquellos que me espetan públicamente lo que harían con mi culo o con mis tetas. No.

Ahora por culpa del feminismo me tengo que valorar no solo por mi físico, sino por mi persona en su totalidad. Qué locura lo de ser mujer y ser más que un cuerpo, ¿eh?

Con lo bien que estaba yo recibiendo manos anónimas sin mi permiso en zonas de mi cuerpo y en sitios como la discoteca, el autobús el metro, la calle o un festival… Y ahora nada, ahora como soy feminista no puedo disfrutar de aquellos que se creen con el derecho de usar mi cuerpo a su antojo.

Ahora resulta que yo me tengo que hacer responsable de mí misma.

Por ejemplo, como lo que me pasó el otro día sin ir más lejos.

Iba yo tranquilamente por la calle con un pantalón corto y un chico que iba en bici empezó a decir comentarios de lo que haría entre mis piernas.

Como iba hablando con mi madre y no podía darle la respuesta que empleo desde que soy feminista (un simple “¿y quién te ha preguntado?”), le saqué el dedo corazón para demostrarle mi opinión respecto a sus insinuaciones.

Había cumplido con mi reivindicación feminista del día y ya podría dormir tranquila.

Lo que no esperaba era que el susodicho se diera la vuelta con la bici circulando en dirección contraria y al pasar por mi lado me escupiera de lleno en la cara.

La saliva cayó sobre mí con todo el peso del feminismo. Un gapo que llevaba grabado en cada molécula de H2O “Por aquí me paso yo que no te guste que te trate como a un cacho de filete de la carnicería del Mercadona”.

¿Podéis imaginar lo triste de la situación? No, no hablo de mí parada en la calle con el cuello, la cara y la coleta empapadas de secreciones (¿pero cuánta saliva produce la boca de ese hombre?)

Sino del hecho de que se considerara con derecho de emitir comentarios de índole sexual no deseados limitándose a juzgar mi cuerpo y, en segundo lugar, por escupirme después de que yo mostrara mi desagrado a que un desconocido se me insinuara a voces por la calle, cuando, a su entender imagino, debería sentirme agradecida de que un total desconocido apreciara mi físico.

Así que el feminismo me costó un gapo y una ducha extra ese día. Fijaos si ha sido terrible la experiencia que me he dado cuenta de lo importante que es que lo siga practicando aunque me espere un camino bañándome en gargajos ajenos.

Mi yo feminista tendrá que aprender a nadar entre esputos ya que se acabó el tiempo de quedarse calladas, bajar la cabeza y seguir caminando como si nada por miedo a lo que pueda pasar si contestamos.

(Os dejo el hilo de Twitter donde relaté la “refrescante” experiencia)

¿Lista para pasarte al plástico? Tu armario sí

Admitámoslo, tú también viviste la fiebre de los paraguas transparentes. Hasta Berto Romero lo sacó en Me lo tiro, su videoclip de 2011 para Buenafuente.

ZARA

Ahora, 7 años más tarde, el furor por el vinilo ha vuelto. No sé si para quedarse, que más que posiblemente no, ya que las modas nos duran lo mismo que una tableta de chocolate abierta en la despensa, pero al menos para que la disfrutemos esta temporada.

Lo de experimentar con plástico no es nuevo, ya en los 60 los diseñadores hacían sus pinitos, pero es algo que ha vuelto a los escaparates y que, por mucho que intentemos resistirnos, nos encanta.

El vinilo mola porque en primer lugar es barato. Ninguna tienda te lo va a cobrar a precio de bitcoin, no como ciertos bordados (ejem, ejem). Nos gusta porque va con todo y por tanto te lo puedes poner en cualquier momento y lugar. Da lo mismo que vayas a clase que a comprar naranjas al supermercado porque te has quedado sin fruta, apaña en todos los ambientes.

La parte mala, sí queridos, parecía maravillosa pero es una tendencia con luces y sombras, es que genera en nuestra piel un efecto invernadero digno de la atmósfera terrestre. Atentos porque os hablé de ello aquí (del sudor por el plástico, no de la atfósfera del planeta)

MANGO

BERSHKA

STRADIVARIUS/FOREVER 21

Obviamente como la tendencia no es muy factible para llevar en prendas cercanas a la piel (por mucho que le hagan agujeros para ventilar) es ideal para complementos. ¿Te apuntas al plástico?

Cabezas cortadas, pollos de goma o palomitas: las cosas más raras de esta edición de la Semana de la Moda

Soy clásica. He tenido que seguir esta edición de la Fashion Week para darme cuenta de ello ya que no he entendido ni la mitad de las supuestas inspiraciones de muchos diseñadores.

Original para unos, de mal gusto para otros y una completa aberración extraña que me ha hecho sentir confusa, incómoda y rara de narices a partes iguales. Pero, ¿qué es lo que ha pasado para que me encuentre tan alterada?

  1. La pasarela de Gucci de moderna se pasó tres pueblos ya que presentó su colección acompañada de figuras de silicona artesanas hechas por el laboratorio Makinarium de Roma. Serpientes, camaleones, dragones y cabezas idénticas a las de algunos modelos. Fijaos si ha sido llamativo que hasta Giorgio Armani, a sus 83 años, declaró al diario italiano Il Sole que él no está para estos trotes con la moda. Si no todavía no te parece escalofriante es que no has visto el vídeo del desfile.

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  2. Las pelucas vaginales de pelo falso del desfile de Kaimin también rozan lo bizarro. Aunque la idea del show era difundir un mensaje bodypositive y sobre todo recordarnos que el pelo en ese lugar tiene una función concreta, ¿alguien se ve saliendo a la calle con un triángulo de pelos pegados al pubis (que además deberá estar adecuadamente rasurado para que se pegue en condiciones)? Next.

    ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ KAIMIN 18FW: "Oriental Garden – Utopian Discord” ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ LOOK 16 @princessgollum photographed by @hellemoos ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ Helping to realize KAIMIN’s concept on the runway were @ryburk, leading the makeup artists of @kreativekommune, and the hair stylists from @premahair, led by @daledela in collaboration with @charlielemindu, using @anti.collective hair products. ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ Overall stylistic concept of the show's looks was directed by @kurt__johnson Stylist @jessicabobince ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ Live musical performance by @ianisiah Artistic visual direction by @jon_jacobsen Live conceptual synthesizer composition by @gavinrayna (@lcdsoundsystem) ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ Special thanks to @chrishabana @myenemyjewelry @kiragoodeyfootwear and to everyone who supported the show ❤️ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ #kaiminfashion #kaimin #kaiminofficial #nyfw #nyfw2018 #OrientalGarden #UtopianDiscord

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  3. Las palomitas cubrieron la pasarela por la que desfilaron las modelos de Calvin Klein en Nueva York, y así como estéticamente tenía un sentido ya que la colección cuadraba perfectamente en un día de nieve, el gasto era casi ofensivo. Palomitas por el suelo pisadas, y por tanto, imposibles de aprovechar, en un desfile de una marca de renombre con la cantidad de gente que está viviendo hambrunas. Muy elegante. Y eso sin contar la de zapatos de asistentes que quedaron llenos de maíz.

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  4. Los alumnos de Central Saint Martins, la escuela londinense de diseño de moda, siempre suelen sorprender y esta vez no ha sido la excepción. Entre el vestido/piscina hinchable, los zapatos con la cara de Donald Trump y los pollos de goma a modo de tocado hacen que me pregunte en qué momento la moda se convirtió en un arte irreverente (pero arte a fin de cuentas).

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  5. La bolsa de plástico de casi 600 dólares que propuso Céline en el último desfile. Bolsa. De Plástico. De casi 600 dólares. Y a mí que me parece caro cuando me cobran 10 céntimos por la del supermercado.

  6. En el desfile de Chromat de la Semana de la Moda de Nueva York, varias modelos desfilaron comiendo Cheetos directamente de la bolsa. Igual que tú cuando estás viendo una película un domingo por la tarde solo que ellas, a diferencia de tu pijama, con ropa de cientos de dólares (tenéis el vídeo en la segunda imagen). La modelo le pega un bocado con tanto glamour que en vez de un Cheeto cualquiera diría que está degustando huevas de esturión.

  7. Por último, y también desconcertante aunque de una manera positiva, por primera vez en sus 91 años la reina Isabel II se presentó a la Semana de la Moda de Londres. El elegido fue Richard Quinn, ganador premio Queen Elizabeth II para el diseño británico por el British Fashion Council. Y, ¿dónde se iba a sentar la reina de Inglaterra que no desentonara? Junto a la editora de Vogue, Anna Wintour o, como la conocemos en mi casa, mi ‘ídola’. Vamos, que si me dejaran elegir al lado de quien me podría sentar, el asiento junto a la reina iba a estar vacío.

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Pendientes largos para el día y la noche: manual de uso y disfrute

No soy de pendientes, por no ser, no soy de ningún tipo de joya (ni siquiera de las de bisutería que cuesten dos euros) que pueda perder, olvidar o que se me pueda caer. Soy de esas mujeres que se agobian con accesorios y sin embargo, de un tiempo a esta parte, estoy empezando a reconciliarme con los pendientes.

No solo he perdido mi miedo irracional a que se me enganchen en algún lado y me rajen toda la oreja por el lóbulo (sí, pienso en esas cosas) sino que empiezo a verme con ellos puestos sin sentirme una señora, que es lo que pensaba que me harían parecer.

MARA MARIÑO con pendientes largos (algo nunca visto hasta ahora)

Mi madre, que me ha enseñado que en esta vida hay que ser apañada, me inspiró para que me lanzara a llevarlos en un estilismo de diario con un jersey y unos vaqueros (eso y que sino me los iba a poner menos que nada). Pensaba que quedaría raro pero, como veis, son unos pendientes que apañan para ambos momentos del día.

Combinarlos con el resto del armario, especialmente con prendas lisas que no distraigan con estampados, ya que sino robarían la atención, es una manera de aprovechar el retorno de los pendientes gigantes (algo de lo que os hablé aquí) y terminar amortizándolos.

H&M

A la hora de ponernos los pendientes también debemos tener en cuenta el peinado, ya que llevar el pelo suelto tapa el accesorio, y no tiene mucho sentido ponérselos si no se van a ver. Para eso los dejamos en casa y vamos con la oreja tan cual.

Lo ideal es llevar el pelo recogido para que acompañen la forma del cuello, pero si no terminas de verte con coleta todo el día (como es mi caso por ejemplo que solo me lo recojo para hacer ejercicio) puedes optar por llevar el pelo totalmente liso detrás de la oreja.

Gal Gadot quiere que nos despidamos de los tacones

A dónde vas, Gal Gadot, a dónde vas. Que te veo pisar las alfombras de las promociones de tu película en zapatos planos y me asusto de tanta naturalidad.

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A dónde vas poniéndote vestidos con bailarinas, sandalias o zapatos cerrados (todos planos), a dónde vas por la vida sin tacones.

Espera, yo te lo digo, vas más lejos (física, no metafóricamente) que otras que sí los llevan, porque tu velocidad al andar no depende del escaso apoyo que nos brinda el tacón de un centímetro cuadrado de unos stilettos.

Vas feliz, cómoda y tranquila, porque como tú misma dices “Los stilettos, nos desequilibran. Podemos caernos en cualquier momento. No son buenos para nuestra espalda. ¿Por qué lo hacemos?”

Quiero crear una tendencia de ir a las alfombras rojas de plano” y a mí que me encanta y yo que te secundo, y te admiro y te alabo y te aplaudo porque olé tú y tus pies libres de juanetes o callos que nos producen los zapatos altos.

En 2015 varias invitadas fueron expulsadas de la alfombra roja de Cannes por ir con sandalias, en 2016 Julia Roberts acudió al festival descalza como protesta y en 2017 tenemos a Gadot como embajadora.

“¡Llevemos zapato plano!” clama la actriz en las alfombras. Aunque por exigencias del guión deba llevarlos en la pantalla, fuera de ella reivindica la comodidad y salud. Y sus pies, y los de otras mujeres que se animen a dejar los tacones de lado a raíz de verla, que se lo agradecen.

Reventando la talla 36

Recuerdo la revisión médica que nos hacían en el colegio, poco más que controlarnos la vista, auscultarnos, y, lo más importante, pesarnos. Ese era el momento en el que nos subíamos a la báscula y esperábamos el veredicto aguantando la respiración (que por aquel entonces la cifra no solía superar los 40 kilos). Recuerdo que compartíamos los pesos con orgullo o con recelo y que incluso había compañeras delgadas que pedían al médico que no lo dijera en alto. Porque a nuestros 8, 9, 10 u 11 años los kilos ya eran una cuestión de peso.

Salían los números y enseguida eras tachada por los típicos cabrones (y cabronas) que se apresuraban a señalar aquello que se convertiría en tu mote hasta el fin de los tiempos ya fuera por peso, pelos, granos, gafas o no tener pecho.

Más adelante, en la adolescencia, no era el número de la báscula que nos arrojaba el médico, sino el de la etiqueta del pantalón el que nos importaba. ¿Adivináis cuál? El mismo que es para muchos una frontera, el 36.

La talla 36 se ha convertido en una especie de nota de corte a la hora de pensar en la belleza: o lo tienes y perteneces al club, o no lo tienes y estás fuera. Directamente fuera. Hemos convertido el número en una referencia universal para todo.

Yo, que hasta hace unos años usaba la talla 36, también sentía la presión de encajar en esa medida que parecía la apropiada, la correcta. Además del cambio de madurez que todos experimentamos desde que entramos hasta que salimos de la universidad, empecé a aficionarme por el fitness, por un estilo de vida saludable, por correr, por cargar peso y tener que soltarlo exhausta, por las agujetas de los dos días siguientes. Mi cuerpo cambió conmigo: crecieron partes como los brazos, el culo y las piernas y encogieron otras, como las tetas. Pasé de llevar una vida de persona adicta a ver series tirada en la cama a persona que ve series, sale a correr o entrena una hora al día.

Esta semana, probándome los últimos vaqueros que me quedan de la talla 36 (los otros han ido quedándose atascados a la mitad de los muslos cada vez que intentaba ponérmelos), en un giro reventaron, estallaron, se rindieron, colapsaron. Confirmaron que no estoy hecha ya para la talla 36, y os diré algo, nunca me ha importado menos el número que visto y nunca me he visto mejor con una talla 40 italiana.

De hecho prefiero preocuparme por otros números como la nota de mis ejercicios de clase, la de veces que mi pareja me dice “te quiero”, los años que estoy a una decena de días de cumplir, los kilómetros que me separan de darle un abrazo a mi hermano, el precio de los libros en inglés de la tienda que está cerca del Duomo, el peso que levanto o los minutos que tardo en derretir chocolate en el microondas por poner unos ejemplos.

La hija de Michael Jackson y su flirteo con la moda

Seguramente recordarás a Paris Jackson como esa niña enternecedora de la que todos nos compadecimos que lloraba delante del micrófono en el funeral de su padre. Los años han pasado y la hija del rey del pop, que se dedicara a lo que se dedicase iba a estar en el punto de mira por ser descendiente de quien es, ha decidido abrirse camino en el mundo de la moda.

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Dejando a un lado su pasmoso parecido con Madonna de joven (y si no atentos a la foto de más abajo), la hija de Michael Jackson forma parte ahora de IMG Models, una agencia en la que se codeará con compañeras como Gisele Bündchen, Alessandra Ambrossio o Gigi Hadid, casi nada vamos.

Poco antes del fichaje estrella de la temporada, la habíamos visto en la alfombra roja de los Grammy y sentada en el front row de varios desfiles de la Semana de la Moda parisina.

thank you @imgmodels i feel very lucky and blessed

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Sus señas de identidad además de sus ojos azules son su amor por los tatuajes y pendientes, sin olvidar su corte de pelo original, lo que la convierten en un perfil diferente dentro de las figuras convencionales de las agencias de modelos.

Aunque la exposición pública profesional no le va a pillar de nuevas -Paris Jackson ha debutado como actriz en un capítulo de la serie Star- al igual que Selena Gómez, lidia en ocasiones con la presión de las redes sociales y ha cerrado sus cuentas en varias ocasiones.

Y aunque joven y nueva en el sector, tiene las cosas claras: “No todo el mundo está feliz con lo que haces. Si tú no estás feliz con lo que haces, eso es un problema. Pero si tú estás feliz, ¿a quién le importa?” (EOnline.com en la edición aniversario de la revista Harper’s Bazaar). No puedo esperar a que su trabajo me sorprenda.

@jeanpaulgoudeofficial @harpersbazaarus @glendabailey

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