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Mara viste y calza Mara viste y calza

“Algunas personas
sueñan con piscinas,
yo sueño con armarios”.
Audrey Hepburn

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Estas son las 5 prendas que debe tener siempre tu armario

Benditas rebajas. Son como el helado o la pizza, ¿hay alguien a quién no le gusten? Como buena hija de madre ahorradora, las rebajas son el periodo sagrado en el que comprar con cabeza cosas necesarias (y darse algún capricho también, vale).

Pero, esta vez quiero centrarme en la funcionalidad de ese querido periodo del año. Este año, las rebajas serán conocidas como las mas sabias de tu vida. Y no, no me refiero a que te compres los libros de Borges o Gabriel García-Márquez (aunque tampoco estaría de más), sino a que compres con sentido. En este post vas a aprender a hacerte con tus básicos de armario.

Mi amiga Main y yo luciendo prendas básicas de vestuario. DENIS TV

La pionera de los básicos fue Donna Karan. La neoyorquina presentó en 1985 una colección llamada “Seven easy pieces” que consistía en siete piezas totalmente combinables entre sí y básicas para el vestuario de cualquier mujer.

Pero como siete son muchas, en mi opinión se pueden reducir a cinco las opciones que toda mujer necesita tener en su armario para crear cualquier look:

Unos vaqueros: im-pres-cin-di-bles, como el aire para respirar. Mejor si los buscas de corte alto y pata un poco suelta ya que los pitillos están en decadencia y los vaqueros sueltos serán el nuevo relevo.

Blazer negra: una americana de toda la vida. Si no tienes mucha ropa arreglada, la chaqueta te salvará la vida. Le da un toque formal a cualquier estilismo. La clave para hacernos con una es que no sea muy ajustada.

Vestido negro: algo creado por Cocó Chanel y popularizado por Audrey Hepburn bien merece un espacio en nuestros armarios. El vestido corto negro es una prenda atemporal que con los complementos adecuados lo mismo nos sirve para la oficina que para ir a un cóctel.

Camisa blanca: el lienzo favorito de los diseñadores. Además de jugar con la prenda siendo la base de infinitas combinaciones, nos permite jugar con los botones, el corte, las mangas…

Perfecto: la cazadora modera creada en 1928 se reinventa cada temporada. Literalmente. No hay año en el que no se lleve la cazadora de cuero.

Desde hace unos tres años, ninguna de las prendas ha faltado nunca en mi armario. ¿Y tú? ¿Las tienes todas ?

#SiMeMatan

Si me matan de día dirán que llevaba pantalones cortos o que salía a correr a menudo por el parque que estaba cerca de mi casa. Si me matan de noche dirán que iba muy maquillada.

GTRES

Si me matan por la calle dirán que no debería estar volviendo sola a esas horas. Si me matan en el portal dirán que debería haber sido más prudente y que no debería fiarme de nadie. Ni de un vecino, ni tan siquiera del portero.

Si me matan a mí o a cualquiera de mis amigas dirán que salíamos de fiesta y que habíamos tomado unas copas. Dirán que vivíamos nuestra sexualidad libremente o que no teníamos un novio que nos ‘protegiera’. Dirán que trabajábamos de imagen o que bailábamos reggaeton, que no deberíamos haber sido tan amables con ese compañero de la oficina o de la universidad.

Si me matan en España dirán que dejé a mi ex novio con el corazón roto. Si me matan en Italia dirán que no debería haberme fiado de la gente que acababa de conocer y que vivía sola a casi dos mil kilómetros de mi familia.

Dirán que iba por la calle con las mallas del gimnasio, esas que marcan hasta los pelos de las piernas. Dirán que tenía la lengua muy larga y no me callaba ante una situación de acoso callejero, porque siempre digo lo que pienso. Dirán que fue por defenderme en vez de no ofrecer resistencia.

Si me matan, también es posible que mencionen que más de uno ya había dejado caer en el blog que escribía, que esto se volvería en mi contra, que de feminista esto pasaría. Porque claro, una mujer viva se queja, una que no lo está solo puede guardar silencio. Al menos si me matan quiero pensar que morí diciendo la verdad.

Si me matan dirán todo lo que haga falta para que tú, que lees la noticia de mi muerte, no te asustes. Que no es que haya asesinos sueltos por la calle, no te preocupes, que no te quite el sueño, es por todos los motivos anteriores.

Porque si nos matan, es más fácil buscar hasta debajo de las piedras “motivos” que expliquen que lo hayan hecho. Asumir que vivimos en una sociedad aún machista que entiende que la mujer está a merced del hombre es más doloroso, de hecho, da incluso miedo. Porque claro, es más tranquilizador pensar que porque tu hija salga con una falda larga no va a pasarle nada. Porque darte cuenta de que a ella, a tu hermana, a tu prima pequeña, a tu sobrina, a tu ahijada o a tu novia, solo por haber nacido mujer ya tiene posibilidades de ser asesinada, es más jodido.

En España fueron asesinadas en 2016 (no murieron o perdieron la vida, sino que fueron asesinadas) 44 mujeres. Solo llevamos 5 meses de 2017 y han matado a 23. Mataron a 60 en 2015, 54 en 2014, 54 en 2013, 52 en 2012, 61 en 2011, 73 en 2010, 56 en 2009, 76 en 2008 y 71 en 2007 (no me lo he inventado, podéis ver las estadísticas en la web del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad). Un total de 623 mujeres en casi 10 años. ¿Cuántas más tienen que morir? ¿Cuánto más tiempo vamos los medios a seguir indagando en la víctima y mirando hacia el otro lado?

Pero sigamos en el mundo al revés. Quizás en la próxima película de Sherlock Holmes, el detective, en vez de investigar se dedique a elaborar una lista de excusas absurdas que argumenten que la víctima al final es la responsable de su muerte. A ver si nos acordamos de que en un asesinato el culpable es el que comete el acto de asesinar.

Los caballeros las prefieren musculosas

Vivimos un cambio de era en los cánones estéticos de belleza. La mujer ideal de la época clásica era aquella de curvas generosas heredada de la Venus Prehistórica con unas caderas que hoy consideraríamos curvy. La delgadez vino con la posguerra, el siglo XX que empezó con las espigadas flappers y se ha mantenido hasta hoy pasando por el furor de las tetas (y su respectivo aumento de implantes de silicona) que llevan en auge las últimas tres décadas.

@JENSELTER Y @KAISAFIT

El éxito de las redes sociales con la exaltación de ciertas figuras (o influencers) han situado en el punto de mira y como nuevo sueño una vida basada en desayunar quinoa (o el cereal que esté de moda), llevar ropa de colores claros, hacer yoga y por supuesto, ejercicio. De ahí que los nuevos cuerpos a los que nos estamos acostumbrando ya no son rectos, tienen curvas, sí, pero no suaves, curvas de piedra esculpidas a base de peso y sudor. Os hablo de un prototipo de cuerpo como el de mujeres como Kaisa Keranen, Jen Selter, Idalis Velázquez o Patry Jordán y Vikika Costa si barremos para casa.

No hablo de que a todas les guste, por supuesto, pero sí es cierto que por primera vez se ha desarrollado una nueva fascinación hacia el músculo en el cuerpo femenino, algo que históricamente estaba relacionado con el masculino. Ahora muchas mujeres queremos estar rocosas, y no por gustar a alguien, queremos estarlo por nosotras.

Que la práctica regular de ejercicio produce un sinfín de beneficios lo doy por descontado, a lo que voy es a la creación de masa muscular, al ponerse cachas hablando claro. No es ya sentirse bien, ayudar a la piel, a la circulación, a tu bienestar, es, y aquí hablo en mi caso, sentirte fuerte porque físicamente eres fuerte, lo que hace que, por norma general, te sientas más segura.

¿Sabéis lo que es ir de viaje sola con una maleta enorme y poder subirla, bajarla, correr, parar, moverte… es decir, hacer absolutamente de todo sin tener que pedir ayuda? ¿Echar a correr porque ves llegar el metro o el bus y, por muy lejos que esté, alcanzarlo? Y ya ni os hablo del subidón de ponerte un vaquero y llenarlo, pero llenarlo bien, sin que te haga arrugas raras en el culo o en otras zonas donde antes no tenías figura (porque puedes ser fitness pero no quita que seas coqueta).

Es una pescadilla psicológica que se muerde la cola: cuando desarrollas músculo eres físicamente más fuerte, y cuando te lo ves, psicológicamente también te sientes más fuerte. Y creedme, todavía no se ha dado el caso de ninguna mujer que se haya convertido en un hombre entrenando de esta manera, que sé que es el miedo de muchas  (y aquí tenéis la prueba):

El cuerpo de una mujer con el estómago tan duro como una tabla de cortar jamón o con un bíceps el doble de grande que el tuyo, no es algo a lo que estemos acostumbrados, pero es una forma física más. Ya seamos altas, bajas, gordas, delgadas o musculosas todas tenemos derecho de estar aquí y debemos ser aceptadas y respetadas.

Más vikingas y menos princesas

Hace unos días, un post de Weloversize acerca de los vikingos me hizo reflexionar. El tema hablaba de lo atractivos que son los vikingos en general (aquellos nacidos en Finlandia, Suecia, Noruega, Dinamarca…) y en concreto los actores de la serie Vikings. Coincido con la autora en que el reparto, además de talentoso, está para cogerlo y mojarlo en chocolate, pero no son los barbudos lo que más me gusta de la serie.

INSTAGRAM

En mi opinión lo mejor de Vikings son las vikingas, que desde el primer episodio tienen un papel relevante. No llegan a salir tanto como sus compañeros varones pero el peso en la trama es fundamental, lo que significa que no aprueban el test de Bechdel (medición de una obra evaluando si evita la brecha de género) pero tenemos voz y voto. Las vikingas van a la batalla, te meten un hachazo en la tripa, paren en casa y a los pocos minutos, nada más limpiarse la sangre, empuñan un escudo para defender a la prole (vale, esto quizás fue un poco exagerado).

Las vikingas no son reinas por ser “mujer de…”, son reinas porque mataron al gobernante previo, son reinas por derecho, son valientes, son fieras, no necesitan un marido ni un amante y al final de cada episodio me hacen sentir fuerte y poderosa. Me hacen sentir que puedo conquistar lo que me proponga.

Las vikingas son mujeres libres, eligen con quién se casan, eligen que igual no se casan, tienen sexo con otros hombres estando casadas y aquí no pasa nada, te rechazan, te dicen que no les gustas, luego te dicen que les gustas y cuando estás en la cama dándole se sacan un cuchillo Odín sabe de dónde y te intentan asesinar de risas.

Quizás la única pega (sumándola al hecho de que las quiero más tiempo en la pantalla) es que, por supuesto, todas las actrices son guapísimas. Son tan perfectas que resulta irreal que ninguna salga con un solo pelo rubio de bigote, con un vestido de la talla 40 o que por mucho que nos pongan el cartel de “Cinco años después” el tiempo no parece pasar por ellas. Aún con todo me encanta verlas ensangrentadas y armadas hasta los dientes. Me encanta oírles gritar cuando pelean porque creo que necesitamos que las niñas crezcan con este tipo de modelos a seguir de fuerza e independencia y otras herramientas necesarias para desenvolverse en un mundo que, si se dejan, se las puede comer enteras.

Why raise your daughter to be a lady..

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Adiós a un Breaking Bad en el que le fallaba que no me sentía identificada con ningún papel femenino. ESTE, este es el camino que deben seguir las series y las películas. Un camino que se aleje de los estereotipos y refleje la sociedad más igualitaria en la que vivimos, una línea como la de Orange is the New Black, Juego de Tronos… La línea que ha seguido Disney desde el momento en el que Mulán cogió la espada de su padre, Mérida se negó a contraer matrimonio, y Vaiana salvó al mundo. Ya nos hemos cansado de ser princesas, queremos ser la heroína.

Tetas sí, pezones no

Cuando te haces un tatuaje, una de las primeras cosas a cumplir es que no debes llevar ropa apretada en torno a él. Estrenando uno en el costado, iba a ser complicado el tema del sujetador, así que opté por pasar aquella primera semana sin llevarlo.

FEMEN

FEMEN

Las mujeres bien sabéis de qué os hablo, pero, queridos hombres, ¿cómo explicaros la gloriosa sensación de ir con el pecho suelto? Permitidme que os la describa como mejor se me ocurre: es como cuando después de un día nadando en la piscina te metes en la cama y aún sientes como si te mantuvieras en suspensión dentro del agua, como cuando haces algo muy bien en el trabajo y te felicitan por ello, como cuando conocéis a una chica con la que compartís aficiones.

He trabajado, he salido de fiesta y he quedado con amigos siempre sin sujetador durante una semana. Sin él me sentía ligera, libre, hasta el punto de que casi caminaba más recta al no encorvar la espalda por inercia de la presión del sujetador.

Y en uno de estos benditos momentos, en uno de mis instantes de felicidad corporal, de comodidad máxima, recibo críticas porque en una de esas ocasiones se me notaban los pezones.

Haciendo memoria, recuerdo que he recibido algún que otro comentario al respecto, de manera privada, porque en ciertas fotos de Instagram, en las que salgo con tops deportivos, sucedía lo mismo.

No sé si debería haberme sentido avergonzada pero la verdad es que no sentí pudor alguno. Las tetas tienen pezones y el sujetador es un invento que, además de colocarlas en posiciones antinaturales, da una forma irreal de seno perfectamente redondo cuando la realidad es que todos, absolutamente todos, están coronados por esas glándulas.

Y aunque entiendo que no todas tenemos la suerte que tengo yo de poder ir sin sujetador sin que me resulte incómodo o molesto (de las pocas ventajas de tener pecho pequeño), si en algún momento decidimos hacerlo, que sea sin agobios por nuestro cuerpo.

Sí, se me transparentan los pezones, llevo las largas puestas, los llevo como los timbres de un castillo y no quiero ocultarlo, porque por mucho que nos digan que es feo, obsceno o de mal gusto por provocativo, la realidad es que se trata de otra manera de desigualdad.

Mientras que nadie se va a quedar mirando a un hombre al que se le marcan con la camiseta, las mujeres no podemos mostrar los pezones porque no debemos tener sexualidad. Socialmente el pezón femenino no existe, ya que, una vez más, el cuerpo no es nuestro, sino que es algo que debemos ocultar por si puede causar excitación o malestar por si transmite que somos nosotras las que la estamos sintiendo.

Así que a todas aquellas rebeldes con causa o a aquellas, que como yo, vais más cómodas por la vida sin él, no os avergoncéis, porque es lo natural. Y a quien no le guste, que no mire.

No quiero una mujer real, quiero una mujer normal, común y habitual

“Quiero una persona normal” me comentaba el otro día un amigo quizás cansado de estridencias. Creo que vivir en un mundo tan condicionado por la apariencia gracias a las redes sociales empieza a pasarnos factura y acabamos queriendo un cambio. Que normal no significa que no sea extraordinario, simplemente que sea común e incluso lógico.

OYSHO

Modelo de la nueva campaña Soft Basics de OYSHO

Os diré qué me cansa a mí. Me cansa que durante septiembre tengan lugar las semanas de la moda y que las modelos que usan para desfilar juntando las dos piernas, no lleguen a ser tan gruesas como una sola de las mías. No me cansa por ellas, que son de constitución fina, me cansa que solo se vea un único tipo de físico sobre la pasarela.

Me cansa que desfilen serias. El acting, las indicaciones que les dan los diseñadores para desfilar, me transmiten incluso tristeza, que, si lo unes a lo delgadas que las veo, que casi parece que desfilan sin desayunar, la pasarela me resulta más lánguida que un pasillo de hospital.

El problema de la moda es que aún tiene muy arraigado eso de que la mujer necesita ser frágil y delicada para ser elegante, y nosotras, borregas de nosotras, seguimos viendo esas campañas publicitarias en las que las modelos aparecen tiradas, desmayadas, con la vista perdida en el infinito y los brazos caídos en gesto de sumisión, y seguimos comprando a las marcas.

¿Cómo no van a perpetuarse estereotipos si somos las primeras que, como consumidoras, no lo frenamos? Quiero modelos no de verdad, que todas somos mujeres reales, pero sí normales, comunes y habituales. Modelos con las que pueda sentirme identificada, a las que vea en una valla publicitaria y no piense: “Bueno, eso ni de coña me quedaría bien a mí”.

La campaña de Oysho Soft Basics ha apostado por este concepto y el resultado no podría gustarme más. La modelo elegida para la colección es una mujer de talla 40-42 como tú, tu amiga de la universidad, tu compañera del trabajo o tu madre.

No sale en ningún escenario más especial que una casa. Un sofá blanco y una pared de madera como marco de unas fotos en las que la modelo sale en pijama o con un conjunto de andar por casa de zapatillas y bata, como el que puede tener cualquiera de nosotras. Aparece sin maquillar (tendrá base, pero el aspecto es totalmente natural), relajada y cómoda.

Después de ver las fotografías varias veces, me doy cuenta de que solo le faltarían el portátil y las gafas, para que fuera un robado mío en casa. Solo puedo pedir que otras firmas se animen a seguir esta línea.

Por más modelos frecuentes, comunes y corrientes, porque las frecuentes, comunes y corrientes también somos extraordinarias.

‘Instagram husband’, alquiler de maridos para la Semana de la Moda

Desde que el mundo es mundo, el ser humano trata de relegar las tareas que no quiere hacer a otros, ya sea haciendo la ‘táctica de la comadreja’, es decir, mirando a otro lado y dejando que los proyectos de tecnología los haga el resto del grupo mientras tú solo compras los palillos de dientes para la maqueta, o pagando por ello.

Esto último va desde cuando le ofreces unos céntimos a tu hermano pequeño por que haga algo que te da mucha pereza hasta a pagar grandes sumas como cuando necesitas que te monten ese mueble de Ikea o que te instalen la caldera.

Un 'marido' de Instagram con las manos en la cámara. TASKRABBIT

Un ‘marido’ de Instagram con las manos en la cámara. TASKRABBIT

Uno de los nuevos empleos que podíamos encontrar en la web TaskRabbit era el de Instagram husband, es decir, un ‘marido’ (o mujer) que te hace fotos en la Fashion Week de Nueva York.

¿Y por qué iba alguien a necesitar eso? Os explico. ¿Sabéis cuando vais de viaje y empezáis a pedir a los amigos que os hagan una foto en cualquier lado y acaban mandándote a paseo a la milésima foto? Y eso si vas con gente, que cuando viajas solo no queda otra que pedírsela a los desconocidos que van tranquilamente por la calle, lo que resulta en unas fotos que nunca, nunca, NUNCA, salen bien.

Pero claro, todos somos educados (en mayor o menor medida), y ya que ha hecho el esfuerzo de pararse y disparar no te vas a poner con exquisiteces cuando ves que sales medio bizca o que tendrás un trozo del dedo de tu fotógrafo improvisado de recuerdo. Al final acabas recurriendo al selfie y tu álbum es una sucesión continua de primeros planos de tu cara ojerosa.

Por 45 dólares la hora la web te permitía contratar a un profesional que además del servicio de fotografía, se encargara de las bolsas. Algo que puede parecer una tontería, pero cuando vas a una semana de la moda, entre revistas que gorroneas, muestras y regalos aleatorios que pueden ir desde una caja de pañuelos hasta una botella de agua de edición especial, acabas más cargada que unos padres primerizos en el primer día de playa.

Para aquellos que tienen una pareja que les suele echar una mano (y mucha paciencia para hacerles fotos hasta que salga una que les guste) puede parecer una tontería de trabajo. Para todos los demás, y hablo también en mi caso, no me parece una mala idea.

“La figura femenina se ha asociado siempre a la debilidad y a la fragilidad”

Hay dos cosas que encontraremos sistemáticamente en una revista de moda femenina: en primer lugar, unas 10 o 12 páginas, situadas al principio de la publicación, de publicidad y, en segundo lugar, editoriales de moda protagonizados por (las que son ya hasta típicas) modelos delgadas.

Vogue, una de las revistas con más renombre y lectores del mundillo, es una de tantas en utilizar este tipo de formato. Sin embargo, algo huele a podrido en la gran casa de Wintour, y no son los vasos vacíos de café que toma a lo largo del día.

Si echamos un vistazo a los editoriales de 2016 de la revista esto es lo que encontramos:

YOUTUBE

YOUTUBE

Mujeres “deprimidas, débiles, muertas, locas, tiradas, cansadas, dobladas, consumidas, frágiles, enfermas, agotadas, caídas, desmayadas, encogidas, desparramadas, drogadas, endebles, lánguidas, desfallecidas, empequeñecidas, abandonadas, idas, sufrientes, perturbadas, abatidas, derrotadas, blandas, patéticas, hundidas, pasmadas, atontadas, desoladas, infelices, desdichadas…” dice Yolanda Domínguez en la petición que ha iniciado en Change.org.

Su objetivo no es otro que el de cambiar la moda de representar a las mujeres con este tipo de actitudes. Si Domínguez se encargara de estos editoriales tiene claro que “elegiría actitudes erguidas, de poder, de fuerza, con energía y diversión. También propondría diversidad a la hora de elegir a las modelos, mujeres de todas las edades y colores de piel”.

No es algo nuevo para la artista, que lleva trabajando sobre esto desde 2011: “Realicé una acción callejera llamada Poses en la que mujeres de todas las edades y tallas adoptaban poses de algunas editoriales en espacios públicos como un supermercado o un restaurante, las reacciones eran de preocupación y socorro, algunos querían llamar a una ambulancia. El último vídeo es una recopilación de las editoriales que han sido publicadas sólo en este año y se puede comprobar que la imagen de la mujer, lejos de empoderarse va a peor“.

Con unas 70.086 firmas y poco menos de 5.000 para llegar a su objetivo, Domínguez considera que su petición “ha tenido mucha repercusión, las personas somos cada vez más críticas con los mensajes publicitarios y en especial las mujeres que estamos luchando por vivir en una sociedad más justa e igualitaria. No nos sentimos representadas en absoluto en la imagen de moda, tampoco nos parece atractiva ni deseable”.

Pero, ¿por qué entonces vende tanto esta imagen? Para la artista “es algo adquirido y aprendido de la representación de las mujeres en el arte occidental, cuerpos desnudos y desparramados, sumisos y disponibles a la mirada masculina. Hoy se siguen repitiendo los mismos cánones pero nuestra sociedad no es la misma que hace 500 años, tienen que cambiar y adaptarse a nuestros tiempos. Antes eran los hombres los que generaban el imaginario. Hoy hay mujeres fotógrafas, no tiene ningún sentido que sigan repitiendo este modelo“.

Tiene éxito porque las personas se sienten cómodas en lo que ya conocen, si la figura femenina se ha asociado siempre a la debilidad y la fragilidad es reconfortante ver algo que ya sabes y que no te haga pensar ni cambiar de registro. También es cómodo y a los seres humanos nos gusta la estabilidad y esforzarnos lo menos posible”.

El precio de que nos pueda la comodidad es que “las imágenes son una parte muy importante de nuestra educación y estos modelos refuerzan una identidad femenina que no ayuda a esa igualdad por la que tanto estamos luchando. Si nuestros referentes femeninos son cuerpos extremadamente delgados, moribundos y enfermizos no vamos a considerarnos femeninas si somos fuertes, valientes y poderosas. Necesitamos modelos aspiracionales que nos aporten valores mucho más positivos” declara Domínguez.

Por lo pronto, Vogue no se pronuncia al respecto. “He escrito personalmente a la directora de la revista Vogue España, Yolanda Sacristán, para hablar con ella y ni siquiera he obtenido respuesta. Con actitudes así queda bastante claro lo que le importa la opinión de sus lectoras”.

Como lectora de revistas de moda y como mujer, solo me queda esperar que la petición pueda cambiar algo. Yo, por lo pronto, ya he puesto con mi firma mi granito de arena.

 

“A las mujeres nos han lavado el cerebro con que tenemos que estar siempre delgadas, sexys, deseables o perfectas”

Así lo soltaba Alicia Keys en una carta que ha publicado en la web de Lena Dunham. La artista, que tiene repartidos por su casa más de 15 Grammys (la que canta esta canción si todavía no caes) ha dado un paso gigante en lo que a materia de belleza se refiere.

Mucho estoy leyendo a varias famosas saltar en sus redes sociales en cuanto ven sus imágenes retocadas con Photoshop. No quieren artificios, quieren ser “ellas mismas” y aunque lo veo muy respetable y las publicaciones enseguida se disculpan, no creo que se estén mostrando tan reales como pretenden en realidad.

Verte y no reconocerte, descubrir que tu imagen está en manos de personas que tienen un sentido de la belleza absolutamente irreal. Imagino que era necesario resaltar el azul cobalto del vestido, quitar algunos pliegues del mismo y subir los niveles de luz para hacer brillar más mi piel, pero no entiendo la necesidad de retocar mi cuerpo hasta dejarme casi en la mitad de lo que soy, alisar mi piel y alargar mi cuello hasta convertirme casi en una muñeca sin expresión. No es la primera vez que pasa, pero esto sobrepasa los límites de la realidad y me avergüenza. La foto de la derecha fue sacada con mi móvil directamente del ordenador en la sesión de fotos, yo al completo, sin trampa ni cartón, Inma entera, la de al lado es una invención, es eso que se supone que debería ser… los "cánones" de belleza que "deberíamos" seguir, no me acompleja, no lo entiendo como una señal de lo que lo debería ser, sencillamente me indigna como mujer y me hace reflexionar muy seriamente hacía dónde vamos y reivindicar con fuerza la necesidad de decidir y defender lo que somos, lo que queremos ser independientemente de modas, estereotipos o cánones de belleza.

A photo posted by Inma Cuesta (@inmakum) on

Sí, puede que no les quiten la celulitis del culo o que le dejen el brazo del grosor real, pero son sesiones de fotos en las que salen con un estilismo que han elegido para ellas, con un peinado elaborado por un profesional y un maquillaje que ya se encarga de tapar imperfecciones para que salgan con el cutis lo más perfecto posible.

¿De verdad por quitar el retoque digital se muestran auténticas? Permitidme que lo dude.

Pero lo entiendo, soy mujer y sé lo que es la presión social. Y eso que soy una mujer normal, no una celebrity. Desde pequeñas empezamos a recibir mensajes negativos sobre nosotras mismas “cambia esto, cambia lo otro, hazte la cera, ponte maquillaje, alísate el pelo…”

Como declara la cantante en su carta “todos llegamos a un punto en nuestras vidas (especialmente las mujeres) en el que intentamos ser perfectos. ¿Puede ser que empiece en algún momento de segundo grado después del día de hacerse la foto cuando llevas tu pelo rizado porque tu madre dice que es precioso pero todas tus ‘amigas’ se ríen de ti? Coges el cepillo y el gel y pones tu precioso pelo en la coleta más ajustada que puedes para contener tu único pelo en un recogido, escondiendo una parte de lo que eres para encajar en la imagen de lo que otros creen que debe ser la perfección.”

Antes y después del cambio. GTRES

Alicia Keys antes y después de romper con el maquillaje. GTRES

Si para mí fue brutal cuando un chico de mi colegio en primaria empezó a criticarme por tener vello facial, o en otras palabras bigote (¿recordáis ese post?), no puedo imaginarme el caso de Keys con todo lo que la fama implica: “Recuerdo cuando empecé a estar en el foco de atención. Oh Dios mío. Todo el mundo tenía algo que decir. Que si era muy bruta, que si me comportaba como un chico, que debía de ser lesbiana, que debería ser más femenina. Pero la verdad es que solo era de Nueva York, y todo el mundo que conozco se comporta así. En las calles de Nueva York tienes que ser fuerte, tienes que ser duro, la gente necesita saber que no tienes miedo de pelear”.

No fue Nueva York sino el mundo del entretenimiento el que la llevó a un juicio constante. Para sobrevivir “empecé a convertirme en un camaleón. Nunca fui totalmente quien yo era sino cambiando continuamente para que ‘ellos’ me aceptaran”.

“Antes de empezar mi nuevo álbum escribí una lista de todas las cosas de las que estaba harta. Una de ellas era como a las mujeres nos han lavado el cerebro con que tenemos que ser delgadas, sexys, deseables o perfectas. Una de las muchas cosas de las que estaba harta era del juicio a las mujeres. El estereotipo constante a través de todos los medios que nos hace sentir que tener una talla normal no es normal, y no hablemos si eres plus size. O el incesante mensaje de que ser sexy significa estar desnuda” declara Keys. “Todo esto es frustrante e insanamente imposible”.

Singer Alicia Keys in New York City, New York on September 14, 2015.

Alicia Keys. GTRES

La cantante entró en una vorágine de inseguridades que se vio reflejada en sus canciones sobre máscaras y llenas de metáforas sobre esconderse. “Estaba destapando cuántoo me había censurado a mí misma y eso me asustaba. ¿Quién era yo? ¿Sabría cómo ser honesta otra vez? ¿Quién quería ser? No conocía las respuestas exactamente, pero desesperadamente quería. Empecé a sentir que, como yo era, no era lo suficientemente buena para que me viera el mundo”.

Obsesión por la imagen, una preocupación fuera de lo normal… Si eres de las que no puede salir de casa sin estar maquillada, sufres algo parecido a lo de Keys: “Siempre que salía de casa estaba preocupada si no me había puesto maquillaje. ¿Y si alguien quería una foto? ¿Y si alguien la subía? Eran inseguridades, superficiales, pero pensamientos que tenía. Y todos ellos, de una forma u otra, estaban basados en lo que la gente pudiera pensar de mí“.

Sin embargo, llegó a un punto en el que la cantante se dio cuenta de esto y decidió combatirlo de la única manera posible, conociéndose a sí misma y “cultivando la fuerza y la convicción para aprender más de la verdadera yo. Me prometí que enfocaría las cosas de diferente manera respecto a mi imagen y permitiendo a mi verdadera yo, tal cual es, salir“.

El punto y a parte fue su primera sesión de fotos de su nuevo álbum: “Acababa de salir del gimnasio. Tenía una bufanda bajo mi gorra de béisbol y la maravillosa fotógrafa Paola me dijo ‘Tengo que fotografiarte ahora mismo. La música es cruda y real y estas fotos deben serlo también'”.

Keys relata que quedó “en shock. De repente me sentí un poco nerviosa y algo incómoda. Mi cara estaba totalmente al natural. ¡Llevaba puesta una sudadera! Era mi conjunto de ir-corriendo-a-la-sesión-para-poder-prepararme, no el verdadero conjunto de la sesión. Así que le pregunté ‘¿Ahora? ¿En plan ahora mismo? Quiero ser real, pero quizás esto es demasiado real'” pero la fotógrafa empezó a disparar.

Un fondo blanco, la fotógrafa, la cantante y “un puñado de magia invisible circulando. Y juro que es la vez que más fuerte, más poderosa, más libre y más bella me he sentido” dice Keys.

Una vez las fotografías de la sesión salieron empezó el movimiento #nomakeup (sin maquillaje) por las redes sociales: “Empezaron a subir fotos sin maquillaje en respuesta a esa yo real, al natural. Espero que sea una revolución. Porque no quiero taparme más. Ni mi cara, ni mi mente, ni mis ideas,  ni mis sueños, ni mis luchas ni mi crecimiento emocional. Nada”.

Revolución o no, la decisión de Alicia Keys invita por lo menos a reflexionar. Pensar hasta qué punto hacemos las cosas por nosotros mismos o por lo que vayan a pensar los demás. No creo que haya que declararle la guerra al maquillaje siempre y cuando no sea algo bajo lo que ocultarnos por no aceptar nuestra cara real, sino que se pueda usar con moderación en momentos determinados como un push up o un par de tacones para vernos más favorecidas.

“Una mujer que lleva un bikini no es ni más ni menos libre que una que va tapada con un ‘hijab'”

A raíz de que el Gobierno francés prohibiera la colección de H&M orientada a las mujeres musulmanas, me propusieron que escribiera un tema dando mi opinión al respecto, algo así como pedirle a un vegetariano de nacimiento que describa el sabor de la carne.

Dejando a un lado mi catolicismo no practicante abandonado a los 17 años, sentí que era un tema del que no podía opinar por varios motivos. En primer lugar por mi cultura, ya que soy occidental y he crecido en una familia española media en la que, cómo iba vestida, era algo que no tenía casi importancia más allá de que fuera limpia y aseada. En segundo lugar por mi (al igual que les sucederá a muchos) desconocimiento casi total del Islam. Lo poco que conozco se limita a lo que he leído en las noticias o a pequeñas conversaciones con amigos musulmanes, en otras palabras, casi nada. Y en tercer lugar porque quién narices soy yo para opinar de esto. Y ahí encontré mi opinión al respecto.

Mujer con hijab. ZALORA.COM

Mujer con hijab. ZALORA.COM

¿Quién soy yo o quién es el Gobierno francés para opinar sobre un tema que no nos incumbe porque no es “nuestro”? Y sí, utilizo el posesivo, porque la religión, al igual que la ideología política, son cosas que consideramos propias ya que representan una parte importante del maravilloso lienzo que nos compone como personas.

Pero empecemos por el principio. Para todos aquellos que, como yo, sois algo ajenos al Islam, explicaros que, en la religión musulmana es obligatorio que el hijab se empiece a utilizar cuando llega la primera menstruación, que es cuando se considera que se es mujer, me cuenta Fadoua Okrich.

La estudiante de 23 años de Historia del Arte me revela que, además de la cabeza y el pelo, el resto del cuerpo se debe cubrir llevando cosas largas que no sean apretadas ni transparentes: “El hijab se usa para que la mujer no provoque al hombre, que viene citado en surats (capítulos) del Corán (libro sagrado del Islam)”.

Aunque preferible, me aclara que no es obligatorio su uso. Viene a ser un pecado, pero no está reñido con la fe, por lo que son libres de decidir si quieren llevarlo o no. Y aquí, para los católicos más acérrimos, os propongo un ejercicio de introspección: ¿Cuántos dejáis de comer carne los viernes? Bien, seguimos.

“Llevar el hijab es una obligación secundaria, yo lo llevo porque no quiero cometer pecado y porque me gusta como queda estéticamente”, dice Fadoua. En su caso se limita a llevar el velo porque “las jóvenes tampoco queremos salir de la moda que se lleva”. No solo le gusta como le queda puesto sino que “creo que me favorece más que llevar el pelo suelto“.

Pese a todo, la idea de H&M le parece muy buena porque “nos cuesta encontrar ropa adecuada y que encuentres una tienda de marca con ropa así te resuelve muchos problemas”.

Si, como la estudiante, muchas mujeres musulmanas se encuentran en la misma situación, ¿cuál es el motivo del Gobierno para prohibirla? Que les parece represivo para las mujeres musulmanas. Pero para Fadoua, “el hijab no representa en ningún momento la represión de la mujer aunque muchos piensen que es un símbolo de ello o de menosprecio, al contrario, es una elección que forma parte de la libertad de cada persona. En mi caso no conozco ninguna mujer que lo lleve porque se lo impongan, siempre es por su propia iniciativa”.

La sencillez del razonamiento es pasmosa. Y es que, por mucho que el Gobierno francés sienta que está rompiendo una lanza por la libertad de las mujeres musulmanas, ellas van a seguir siendo libres de ponerse lo que les venga en gana. Nunca han tenido una línea especial en H&M y aunque no vayan a tenerla, no les hace falta.

El Gobierno francés de esta manera está imponiendo algo que ha decidido sin tener en cuenta la opinión de ellas (que yo sepa no se han parado a preguntar a ninguna). ¿Cómo nos sentaría en España que nos vetaran los suministros en bares, tiendas y restaurantes de jamón serrano porque un nuevo Gobierno, formado por budistas, ha decidido que es mejor para nuestra salud dejar de tomarlo? ¿Nos sentiríamos libres o reprimidos por el poder?

Para Fadoua esto es, en cierto modo, “la represión de los países occidentales hacia las mujeres musulmanas para que lleven lo mismo que ellos. Siempre se ha pensado que lo occidental es lo correcto y que es la moda que todo el mundo debe seguir, pero cada uno tiene sus tradiciones, su cultura y su forma de ser”. Y yo no podría estar más de acuerdo.

La ropa forma parte de la libertad de cada persona, es una forma de ser y cada uno tiene la libertad de ser como quiera”. Para mí, ampliando su declaración, es una manera de expresar no solo lo que somos sino cómo nos sentimos. Si es algo tan personal, ¿por qué la política tiene que meterse en esto? “Posiblemente por ignorancia, porque no tienen suficiente información” opina Fadoua. “Antes de opinar sobre algo que no conocen al menos tendrían que informarse”.

El momento en el que la libertad de la mujer se convirtió en algo directamente relacionado con el nudismo se me escapa, y así lo debato con Fadoua: “La que lleva un bikini no es ni más ni menos libre que una mujer tapada con hijab” me dice. No puedo evitar que me venga a la mente la foto que hace una semana Kim Kardashian subió desnuda a su Instagram titulada “Liberada”.

#liberated

A photo posted by Kim Kardashian West (@kimkardashian) on

Y es que no creo que la libertad resida en la cantidad de personas que vean tu cuerpo desnudo, ya sean 65,6 millones o una sola, siempre y cuando seas tú la que decida quién quieres que lo vea. Ahí es donde, para mí, se encuentra. Y en que elijas libremente lo que te pones por encima de él, por supuesto.